Capítulo 20
.
–Llevas una hora ahí, literal. ¿Estás respirando siquiera?
La voz de Theodore me sobresaltó, sacudiéndome de la ensoñación. ¿Cuánto tiempo llevaba mirando mi estúpido armario? no tenía idea, pero lo más curioso era que, a pesar de que mis ojos estaban posados en el mueble con el fin de buscar algo que usar esa noche, en realidad se encontraban fijos en una pequeña marca en la madera, al costado de los cajones, mientras tenía la mente en blanco, ausente.
Masajeé mis sienes un poco superado y retrocedí sobre mis pasos para caer sentado en mi cama, dejando escapar un jadeo exhausto al echar la cabeza hacia atrás.
–¿Te das cuenta que acabándose la fiesta, solo dos días y termina el colegio? –esbocé ensimismado.
¿En qué momento habían pasado las horas que ya era la celebración de fin de curso? ¿Por qué sentía una punzada de angustia?
–Pensaba que estabas ansioso de que se acabaran las clases para ir en búsqueda del dichoso armario mágico –comentó él con voz neutral desde el marco de la puerta del baño, concentrado en terminar de amarrar su corbatín.
–Lo estoy, y mucho, pero es una sensación rara –confesé, dejando caer mi espalda en el colchón, tapándome los ojos con el brazo derecho–. Un día estoy celebrando solo mi cumpleaños número cuarenta en plena pandemia global, ebrio como cosaco, y luego estoy acá, despidiendo sexto año en Hogwarts con un baile estudiantil, como un jodido adolescente... No sé, Theo –suspiré sonoramente–, estoy consciente que han pasado pocos días, que llegué para los exámenes y ya, pero siento que ha sido una eternidad. No en el mal sentido, sino muy por el contrario, me he encariñado con esta versión de las personas. Además, acá te tengo a ti...
–¿Allá no somos amigos? –indagó de inmediato, con una especie de pasmo en la voz.
–Lamentablemente no, solo compañeros. Mejor dicho, ex compañeros. Nada más. Amigos en mi realidad, los puedo contar con los dedos de una mano.
Escuché sus pasos acercarse y luego pude percibir como el colchón se hundía con su peso, dejándose caer al lado mío. Permaneció en silencio unos segundos antes de tomar mi brazo y sacarlo de mi cara para que pudiera voltear a mirarlo directamente a los ojos.
–Me vas a extrañar si logras volver –aseguró en tono jocoso, aunque la broma no llegó a su expresión facial.
–Sin duda.
El movió su cabeza en pequeños asentimientos y llevó su atención al techo, aunque sabía que estaba pendiente de nuestra interacción. Giré el rostro en esa misma dirección y coloqué ambas manos detrás de la nuca para quedar cómodo. Cualquiera diría que parecíamos mirando las estrellas cuando en realidad, estábamos pegados en un punto café que reposaba y contrastaba con el blanco arriba, probablemente una polilla vieja.
–Creo que no te lo he dicho, pero mi sexto año fue una bazofia –admití con algo de aflicción–, una verdadera mierda, de esas que uno quisiera olvidar pero que están tatuadas en el cerebro. Hice cosas que todavía me pesan en la consciencia y si bien era un crío ahogado por sus circunstancias, aún no logro perdonarme del todo.
Tomé un gran respiro antes de continuar. No solía hablar de ello con nadie, pero me era tan natural contárselo que no me sentí incómodo al hacerlo. Por el contrario, apreciaba como la carga se iba disipando en mi cuerpo hasta hacerse más liviana.
–Tú siempre hablas de lo oscura que era esta realidad antes de que la intervinieras –añadí pensativo–, bueno, la mía no fue una taza de leche tampoco. Es más, estuve del lado incorrecto de la historia la mayor parte del tiempo. Vi morir a muchos y por mi culpa le hicieron daño a mucha gente...
–Ya basta. Frena tu escoba en este instante –me interrumpió en seco, severo–. Las cosas terminaron bien allá, ¿no?
–Sí...
–Entonces no sacas nada con seguir torturándote –resolvió de manera autoritaria–. Supongo que ya sufriste lo suficiente. No es lo tuyo la auto-compasión, Draco, no te combina con la personalidad. No te conviertas en Sísifo.
.
Sonreí por la referencia.
.
Sísifo en la mitología griega tenía fama de ser sumamente astuto e inteligente, pero por sus crímenes, traiciones y mentiras fue castigado por los dioses, debiendo empujar cuesta arriba una gran roca en el inframundo. Sin embargo, cada vez que Sísifo llegaba a la cima, la roca rodaba de regreso para comenzar de abajo, lo que se repetía una y otra vez.
.
Era increíble.
.
Theodore en una sola palabra había resumido cómo me había sentido durante años. Luchando contra mis propios demonios para lograr la felicidad, creyendo alcanzarla pero volviendo a cero otra vez, con la misma carga pesada y mis sombras.
–Mi punto era otro en realidad, me desvié –reconocí, retomando la conversación–. Lo que quería decir era que finalizar otra vez sexto año pero sin Voldemort de por medio, sin sentirme una cagada de ser humano y sin temer por mi vida, es algo que no sabía que necesitaba y que de alguna forma agradezco.
Pero él no respondió. Lo observé incorporarse, arreglar su traje y estirar la mano para ayudarme a levantarme. La tomé enseguida algo confundido por lo abrupto de sus acciones, quedando pasmado por su fuerza, ya que de un jalón me dejó de pie con facilidad.
–Deja de filosofar y mejor anda a vestirte, que no puedes dejar esperando a tu falsa novia –me recordó, mientras iba a mi armario, elegía algo para mí y me lo entregaba–. Apúrate, que ya estamos en la hora –añadió, palmeando mi espalda para darme prisa.
Asentí entendiendo sus motivos para cortar mi desvarío y me di una ducha rápida, enfundándome en el traje de riguroso negro que él había elegido para mi. Cerré los puños de mi camisa con colleras plateadas y me acerqué para pedirle ayuda con el moño de la corbata, pues nunca aprendí a amarrarlo, siempre alguien lo hacía por mi. Él rodó los ojos pero no reclamó, estirando sus manos para moverlas ágilmente alrededor de mi cuello.
–¿Tú no irás con nadie? –pregunté mientras lo veía concentrado en lograr el moño, reparando recién que no me había comentado sobre su pareja.
Lo vi reprimir una extraña mueca.
–La única persona con la que me interesaba ir ya va con alguien más, así que la respuesta es no –respondió, y antes de que pudiera preguntarle quién era, agregó–. Es hora, vamos.
Lo seguí y nos unimos al mar de adolescentes que caminaban de etiqueta desde nuestra Sala Común al Gran Comedor. Con Granger habíamos quedado de encontrarnos en la esquina previa a la puerta, frente a la última armadura, lugar al que me dirigía solo ya que Theodore tuvo que devolverse a nuestra habitación pues había olvidado algo. No obstante, al llegar al lugar, ella no estaba ahí.
Me preocupé ya que no era una persona impuntual. Es más, estuve a segundos de ir a buscarla cuando vi que todos se encontraban en el Gran Comedor. Pero no fue necesario, ya que justo el sonido de unos tacones anunciaron su pronta llegada.
Arreglé un poco mi traje y volteé en dirección al ruido, notando como mis labios se despegaban de asombro al verla acercarse a mi, desde el otro extremo del pasillo. Venía abrazada por un refinado vestido blanco y negro, mientras que su cabello, siempre rebelde, ahora estaba tomado de forma ordenada y elegante, muy parecido al estilo de los años cincuenta.
Al notar que yo ya me encontraba en el lugar pactado, esperándola, me regaló una sonrisa avergonzada por su retraso y apuró el paso hasta mi encuentro, mientras yo me preguntaba porqué mis latidos comenzaron a sonar al mismo ritmo que sus tacos. ¿Tendré que visitar al médico? ¿Estaré con problemas cardíacos? Sin embargo, bastó con tenerla frente a frente para comprender el motivo...
.
Su presencia me había dejado sin aliento.
Y eso no podía estar pasando.
.
.
N/A: Lamento tanto que no les estén llegando mis respuestas… no sé que pasa =(
