Capítulo 25

.

"Todo cielo tiene su lucifer y todo paraíso su tentación."

José Saramago

.

Listo.

.

Había dejado caer la bomba y ahora solo restaba esperar su reacción a la noticia. Me quedé estático aguardando su respuesta, pero ella solo me observaba con las cejas en alto, las cuales fueron cayendo lentamente por su rostro, hasta juntarse en su ceño.

¿Me estás tomando el pelo? –pronunció molesta–. ¿Por qué te cuesta tanto rechazarme? No soy una chiquilla, Malfoy, sobreviviré al chasco como lo he hecho en otras ocasiones. Solo odio que me mientan, que me den señales confusas y que...

No te estoy mintiendo, Granger –la interrumpí cortante, mortalmente serio.

Si bien era improbable que me creyera de buenas a primeras, una parte de mi parecía esperar una aceptación instantánea, lo cual no ocurrió por motivos obvios. Con los nervios de punta y aguantando las ganas de gritar de impotencia, comencé a caminar de un lado a otro por el salón, pasándome la mano compulsivamente por el cabello, mientras ella me seguía con la vista, exudando incredulidad.

Dices que no eres de este universo –continuó, después de que por segundos solo se escucharon mis pasos retumbar en las paredes–. Entonces... ¿dónde esta el Draco de acá?

Me detuve y la observé con esperanza. Estábamos entrando en un diálogo y ya no en una simple negación. Me había hecho una pregunta inteligente –como era de esperarse de su parte– y saber más sobre el asunto podría servir para convencerla.

Por algún lugar de aquí –respondí, señalando mi cabeza–. Se encuentra en pausa. Mi consciencia fue la que viajó y se alojó en este cuerpo, por accidente claro está. No pretendía venir en primer lugar, así que terminando el curso, me iré en búsqueda del armario que ya conoces. Ese mito que descubriste investigando, ¿lo recuerdas? es cierto. Yo tuve ese armario en mi universo y debe tener un gemelo acá. Volveré a mi lugar y el Draco de acá tomará su sitio original. No sé en qué condiciones eso sí.

Ella parpadeaba lentamente, destrabando sus brazos y posicionándolos a los costados. Parecía estar procesando toda la información que acababa de soltarle, así que me quedé en silencio, mirándola atento, casi sin respirar para no enturbiar las conclusiones.

Ya veo... ¡Ahora todo está claro! –soltó de pronto, con evidente ironía en su tono de voz–. ¿Algo más? –añadió burlonamente.

.

¿Así que estamos con esa, Granger?

Pues prepárate para lo que vas a oír.

.

Sí –contesté, de forma hosca–. Además es necesario que sepas que no sólo mi consciente cruzó a tu universo, sino que también retrocedió en el tiempo. En realidad, tengo cuarenta años y dejé a un hijo adolescente en mi mundo. Por eso debo volver y por eso necesitaba tu investigación, la cual agradezco.

Por Merlín, Draco –suspiró, sin inmutarse, rodando los ojos–. Debes dejar de leer ficción o buscar mejores excusas...

.

Yo ya me estaba cabreando.

.

Es la última vez que lo voy a repetir –advertí, airado y bastante ofendido–. No estoy mintiéndote. Allá tú si me crees. Pero lo que te digo, es lo que es.

Algo pareció hacer click en su cerebro, pues su mirada pasó de estar repleta de escepticismo a una evidente preocupación. ¿Estaría preocupada por lo que pasó en la fiesta? ¿Estaría arrepintiéndose? ¿Estaría sintiendo asco?

Se acercó hasta a mí y yo retrocedí extrañado, hasta que choqué con el escritorio de la profesora McGonagall, no pudiendo evitar su aproximación inminente y quedando semi sentado en ese mesón. Terminamos frente a frente y observé pasmado cómo levantaba su mano derecha hasta mi nuca, acariciándola quedamente.

El golpe te debió dar muy duro... –comentó para sí misma, de forma ¿conmovida?–. ¿Por eso me dices que no es correcto? ¿Porque realmente crees que tienes cuarenta, un hijo, y que vienes de otro mundo?

.

Por los cojones de Salazar.

¿Qué tenía que hacer para que me creyera?

.

Granger, no creo, yo vengo de...

Basta –me frenó tajante, con un poder de mando que congeló mis cuerdas vocales–. Solo necesito saber si sientes algo por mí, porque a mí me pasan cosas contigo y no quiero quedarme sin hacer nada al respecto como me pasó con Harry... Así que solo respóndeme esto. ¿Te gusto aunque sea un poco?

Relamí mis labios, evaluando la posibilidad de mentirle y contrastando tal opción con decirle la verdad, mientras ella se plantaba ahí, expectante por una contestación, pero con una prestancia que estaba haciendo caer mis murallas nuevamente. Su vestido podía estar maltrecho por nuestra caída y ser una estudiante aún, pero tenía el mismo aplomo que la Hermione Granger Ministra-del-maldito-mundo-mágico de mi universo. Su expresión facial era la misma.

.

Al parecer, en todas sus versiones, ella estaba destinada a la grandeza.

.

Sí –declaré, incómodo con mis propios sentimientos y porque el cuerpo del Draco joven nublaba mi raciocinio–. Por eso es complicado. Por eso no puedo estar contigo, ¿me entiendes? No está bien, podría considerarse incluso un delito y...

.

Ella me silenció colocando un dedo en mis labios, los cuales temblaron frente al roce.

.

Yo sólo veo a un muchacho de mi edad –murmuró, arrimándose más a mí.

Me provocó un escalofrío su cercanía, pues nuevamente mis ojos adolescentes la veían como el fruto prohibido, tentación pura. Oscar Wilde decía que la mejor manera de librarse de la tentación era caer en ella, pero mi voluntad aún luchaba por mantener la cordura.

No lo soy –repliqué, aunque era incapaz de moverla pues mis extremidades no despertaban–. Aunque las hormonas de este cuerpo me jueguen en contra, aún puedo mantener a raya mis impulsos. No quiero aprovecharme de ti ni lastimarte.

Yo solo veo a un muchacho de mi edad –reiteró, esta vez, con voz más grave, apoyándose en mis rodillas para inclinarse en mi dirección–. Y no te preocupes. No te estarás aprovechando de mi ni lastimándome. Después de todo, me doy por notificada de lo que te pasa y tampoco pretendo que las cosas escalen a un nivel más comprometedor. Soy demasiado joven aún para eso...

.

¿Qué...?

¿Cómo...?

¿Estaba insinuando...?

.

Granger me tenía contra las cuerdas y era indigna la manera en que estaba perdiendo la batalla tan fácilmente. ¿Será que el Draco joven no estaba "tan en pausa" y a nivel subconsciente me jodía la existencia? ¿Esa versión mía estaría despertando de alguna forma frente a los avances de Granger? ¿Tendría ese Draco sentimientos por ella también?

¡Ya te dije que tengo cuarenta! –exclamé en una mezcla de exasperación y desesperación, en un último intento por resistir–. ¿Me estas escuchando? ¡Cuarenta, maldita sea!

Pero ella no se dio por aludida y cerró el escaso espacio que nos separaba, presionando por segunda vez en la noche su boca contra la mía, no sin antes susurrar contra mis labios aquella frase que, pronunciada por tercera vez, me desarmó por completo, entregándome en bandeja de plata.

Yo solo veo un muchacho de mi edad.
.

.

N/A: Saludines a Chanita23 y a Nonny, porque no les puedo responder directamente =(. Un abrazote. PS: me dieron ganas de comer tacos =(x2