Capítulo 26

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Último día y me encuentro empacando la ropa que supuestamente me pertenece, la que utilizaré durante mis días de búsqueda, aunque solo llevaré lo estrictamente necesario.

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Se acerca el momento.

Y la inseguridad de un resultado favorable me tiene tenso.

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Para no generar preocupación en mis padres de este universo, les envié una lechuza inventando un supuesto campamento con compañeros de Slytherin, inmediatamente a continuación de finalizar el curso. Sin embargo, esta versión de mi madre pronto me respondió, diciéndome que a lo menos almorzáramos antes de partir, tan pronto llegara a Londres, incluso si era en ese restaurante italiano de mala muerte en las cercanías de Kings Cross.

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Soberana mierda.

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No pude decir que no, aunque iba a ser demasiado doloroso verla joven otra vez, dado que a mi verdadera madre la habían diagnosticado recién de alzheimer y se había deteriorado notablemente desde entonces. Sus hebras rubias estaban desteñidas, su mirada un poco vacía y lo único que la alegraba, además de su nieto, era cultivar sus rosas en el jardín de la mansión. Podía pasar la tarde completa en eso.

Suspiré. En verdad esperaba que se encontrara bien dentro de lo posible en el marco de una pandemia, y que mi padre la estuviera cuidando adecuadamente, aunque él reconocía abiertamente que carecía de las habilidades para ello. Era torpe en ese aspecto.
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Después de todo, siempre fue al revés.

Mi mamá siempre nos cuidó a los dos.

Y ahora, yo no estaba ahí para ella.

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Me sentía una escoria de ser humano y una basura de hijo por no haberme dado cuenta antes de que tenía otro motivo urgente para volver lo antes posible a mi realidad. Solo esperaba tener la oportunidad de verla nuevamente antes de que me olvidara por completo. Antes de desaparecer de sus recuerdos.
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La sola idea me generaba un sabor agrio en el paladar.

Y unas ganas irrefrenables de romper algunas cosas.

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–¿Qué sugieres que llevemos?

La pregunta me sacó de mi infierno personal y me quedé procesando las palabras de Theodore sin comprenderlas. ¿En qué momento se había materializado al lado mío? ¿Por qué había hablado en plural?

–¿Ah? –esbocé, desconcertado.

El rodó los ojos mientras doblaba una camiseta de una forma tan eficiente que tenía el porte de un par de calcetines.

–Lo que oíste –bufó, sin dejar de armar una mochila negra que tenía sobre su cama–. Es decir, si vamos a Berlín, allá las temperaturas varían demasiado y hay que ser precavidos. Como no quiero ir cargado como burro, si no solo llevar lo justo y necesario, te preguntaba qué sugerías. Porque asumo que ya planeaste todo el viaje, ¿no?

Pestañeé tratando de entenderlo. Me había pillado tan de improviso que me costó unos segundos entender a cabalidad sus intenciones.

–Bájale la espuma a tu chocolate, Theodore. ¿Por qué asumes que te dejaré ir conmigo?

–Porque necesitas toda la ayuda posible –argumentó, sin dejar de empacar–. Además, ya comprobaste que tengo razón. No te puedo dejar solo. Tiendes a joderla cada vez que lo hago.

Se me escapó una carcajada, y no necesariamente porque me haya tomado sus palabras como una broma, sino porque en verdad solía joderla cada vez que estaba en ese universo por mi cuenta. No obstante, no tenía intenciones de involucrar a nadie más en mi búsqueda. Nunca fui bueno para las despedidas ni mucho menos para trabajar en equipo.

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Era una mala idea.

Y punto.

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–Olvídalo. No te voy arrastrar a esto.

–A mi nadie me obliga, Draco. No me estás arrastrando nada. Yo me estoy uniendo porque quiero –expresó ceñudo, como si le ofendiera.

Bufé. Si soy sincero, no esperaba que él intentase acompañarme en esto, especialmente cuando en conversaciones previas se había opuesto a que hiciera este viaje porque dudaba de que tuviera éxito y "porque desperdiciaría mi vida", cita textual, vale agregar.

–No –contesté, tratando de cerrar la discusión con mi negativa–. Esto es algo que debo hacer yo solo. Tú no tienes nada que ver en esto. No es negociable.

Él me miró con suspicacia y súbitamente me sentí nervioso.

–¿Qué pasa Draco? ¿Le temes al éxito? O tal vez...

Dejó la frase en el aire, con su intención implícita.

–¿Tal vez qué? –repetí con las cejas en alto.

–Tal vez me temes a mí.

Me atoré y sentí como se me coloreaban las orejas. Mi cuerpo tenía esa estúpida forma de reaccionar frente a las situaciones bochornosas, y por alguna razón, me estaba muriendo de vergüenza. A veces mi cabeza y mi cuerpo -bueno, no el mío, sino el de este Draco joven- no conversaban en lo absoluto.

–No seas ridículo. ¿Por qué debería temerte? –repliqué, dándole la espalda para seguir guardando ropa–. Solo no quiero que las cosas resulten para peor y tú te veas involucrado. Ya tuviste suficiente de aventuras con tu viaje en el tiempo.

Él se quedó en silencio y por un instante creí que se había marchado, ya que ni su respiración se escuchaba en nuestra habitación. Me giré nuevamente y di un respingo de susto. Porque claro que no se había ido. Era un maldito gato sigiloso que ahora estaba frente a mí, mirándome imperturbable, severo. Ahora que lo pensaba, desde nuestra primera conversación larga, en aquel invernadero, Theodore tenía la mala costumbre de no conocer el respeto por mi metro cuadrado. Hasta ya me había acostumbrado a ello.

–De verdad puedo hacerlo, puedo acompañarte, no tengo nada mejor que hacer –habló en tono grave–. No sé cómo será la familia del Theodore de tu mundo, pero mi casa no es un lugar acogedor y agradable. Si puedo evitarlo aunque sea por un tiempo, te lo agradecería mucho. Todavía me cuesta colocarme en la posición de un hijo adolescente que debe obedecer a sus padres. Especialmente cuando mi padre es el hijo de la gran... grande de mi abuela. Sí. Me ahorraré ese insulto porque mi Yeya no merece estar involucrada en mi odio parido.

Lo observé analizando sus palabras, estudiando sus gestos. Durante toda mi estadía, creo que no hubiera logrado sobrevivir psicológicamente si no fuera por él. En tiempo récord, Theodore se había convertido en el mejor amigo que alguna vez tuve. Y lo más extraño, era que me parecía de lo más natural estar a su lado y conversar con él, a pesar de que en mi propio mundo no intercambiamos más de diez frases durante Hogwarts, y luego perdimos todo contacto al egresar.

Con esta versión de él todo era distinto, y quizás eso se debía a que yo también no era el mismo. En las ultimas horas me había terminado de convencer que en algo se fundía la personalidad del Draco joven atrapado en ese cuerpo, a la mía.

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Es más, una parte de mí temía que fuera a despertar por completo.

Y que me fuera a encerrar en algún calabozo de su subconsciente...

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Pero había un tema adicional. La reciente conversación de él con Zabini no abandonaba mi cabeza.

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"Me gustan las personas".

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Siempre sospeché que algo me ocultaba Theodore. Siempre tuve la impresión que sus bromas y palabras, sus gestos y sus miradas, escondían un significado aún mayor de lo que aparentaba. La respuesta estaba ahí, en algún lado, y yo a conciencia la estuve esquivando hasta que cada vez se ha vuelto más inevitable.

–Primero dime algo –le solté en un arrebato de coraje–. Cuéntame cuál era la relación entre este Draco y tú en ese futuro que cambiaste. Eran amigos, colegas... o algo distinto.

Su mirada se tornó penetrante, generándome un escalofrío por toda la espina dorsal. De pronto era demasiado consciente de su presencia, del espacio que abarcaba su existencia en esa habitación. Y curiosamente el espacio se me hizo pequeño.

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Salazar, compadre, ¿Me explicas por qué me siento tan intimidado?

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–¿De verdad quieres saberlo? –preguntó de forma seria, y yo sabía que si mi respuesta era afirmativa, él me contestaría con total honestidad–. ¿Tiene alguna importancia?

¿De verdad quería saberlo? ¿Estaba dispuesto a develar algo que cada vez se hacía más evidente? ¿Podría actuar después como si nada?

–Tienes razón. No es de mi incumbencia saber lo que hizo mi alter ego –concedí, viendo como se esfumaba mi valentía–. Además, ese futuro se borró. Así que cuando yo me vaya, este Draco podrá partir de nuevo. No quiero que mi intervención contigo pueda redirigir tu relación con él, sea cual sea ésta.

Theodore retrocedió taciturno, esbozando una sonrisa alicaída. Luego de mirarme callado unos instantes, negó con la cabeza emitiendo una exhalación parecida a una risa apagada.

–Lo curioso de todo esto es que al cambiar el futuro, lo cambié a él, porque no vivió lo mismo que lo hizo crecer como persona y convertirse en alguien especial para mí –comentó abatido, y dejó de mirarme para seguir doblando su ropa–. Si te soy sincero, desde que volví me jodía verlo con esa personalidad tan distinta a lo que yo conocía y no me generó ningún tipo de interés como para acercarme a él, así que no lo hice, lo di por perdido.

Volteó a verme por última vez mientras corría el cierre para dar por finalizado su equipaje, añadiendo en un susurro que apenas pude distinguir.

–A lo que voy es que no te preocupes, no estás cambiando nada que no haya cambiado ya.

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N/A: Quería contarles que FanFiction estuvo funcionando muy, pero muy mal. Por eso no podía actualizar y recién hoy pude ver sus reviews… =(, asumo que también tuvieron problemas para dejarme comentarios y yo anhelaba tanto saber qué opinaban del último capítulo. Así que, si pueden, déjenme sus apreciaciones del interludio 5.2.

¡Saludos!