Polidrama - Capítulo 31
—Bien, quiero que tú te coloques aquí, y tú acá.
Luan le daba instrucciones a su pareja protagónica para interpretar una escena de la obra durante los ensayos. Ambos tenían en sus manos el libreto abierto en la página correspondiente. Dennis solo debió leer las primeras líneas para recordar lo que se venía.
—Y… ¡Acción! —anunció Luan.
A su alrededor se encontraban todos los demás actores, algunos trabajadores del canal y algunos curiosos. Todos eran meros adornos del entorno. En ese momento, en medio del escenario, solo importaban Yin y Dennis.
—Su majestad, necesito hablar con usted —Yin se aproximó un par de pasos hacia Dennis sin despegar la vista del guión.
—Hablad, mi bella damisela —Dennis le respondió con una cortesía que atrajo todas las miradas. El chico sentía como las palabras afloraban desde el fondo de sus recuerdos.
—Esto es algo muy complicado, y siento que sería una falta de respeto hacia su persona —en un instante, Yin alzó la vista, topándose con el brillo de la mirada del chico. Era algo que no esperaba encontrar.
—Si lo desea, puedo ayudaros —lentamente, Dennis tomó de las manos a la coneja. Su libreto cayó al suelo sin darse cuenta. Sus manos temblaban envueltas entre las de la chica.
—Yo… no debería —Yin sentía que podía leer el guión en la mirada del chico. Era una sensación inexplicable. En el mundo simplemente existían ellos dos. Parecía tan natural el momento que podría jurar que no había actuación alguna entre ambos.
La coneja se intentó alejar, pero el chico la sujetó del hombro.
—Entiendo que mi corona te perturbe —le confesó con pesar agachando la mirada—. No puedo pedirte que te quedes, pero, si algún día…
El chico dio la media vuelta y se alejó de la coneja. En el entorno no respiraba ni las moscas. Luan murmuraba por lo bajo cada palabra del guión, emocionada de ver el mejor primer ensayo de su vida. ¡Ambos eran el uno para el otro! ¡Estaba frente a un verdadero milagro!
—Algún día, ¿Qué? —Yin se volteó hacia el chico. Se le oprimió el corazón verlo tan destruído. Para sus adentros afirmaba que él era un buen actor. Dio un par de pasos hacia él cuando el chico se volteó. Sus miradas ardieron al encontrarse. El chico se estaba dando cuenta perfectamente de lo que estaba ocurriendo. Interiormente, su consciencia se negaba ante los hechos que se estaban presentando.
—Mi bella damisela —le dijo el chico con voz temblorosa mientras la sujetaba de las manos—. Por favor, no quiero que te vayas de mi lado. Te quiero. Te necesito. Por favor…
El silencio se desplegó entre ambos. Lentamente, Yin posó su índice sobre los labios de Dennis, regalándole tranquilidad. Su otra mano acariciaba lentamente los cabellos que bajaban por su cuello. En ese instante ella debía actuar. Por primera vez, él notó un dejo de duda en la coneja. En su interior sintió el alivio de una esperanza. Una esperanza de que lo que él llamaba una maldición, se cumpliera.
Los segundos le ordenaron a Yin a actuar. Ella esperaba una intervención por parte de la directora para detener el momento. Esperaba que fuera suficiente. Fuegos artificiales explotaban en su estómago. Finalizar la escena era saltar de cero a mil. Con el paso del tiempo, que se hizo eterno, comprendió que debía lanzarse. ¿Cuántas veces no lo había hecho? Las batallas Woo Foo la habían vuelto valiente, tanto en la guerra como en el amor. Si era el momento de sellar su nuevo amor con un beso, lo iba a hacer.
Los gritos ahogados no se hicieron esperar. Ambos chicos sellaron el momento en un beso tierno, un beso tranquilo, un beso que poco a poco desplegaba la pasión de un verdadero amor que amenazaba con cruzar la cuarta pared. Luan mordisqueaba su copia del guión mientras la emoción la atrapaba por completo. Todo el lugar quedó sin respiración.
—¡Bravo! ¡Bravísimo! ¡Sublime! ¡Magistral! —Luan se puso de pie de un salto aplaudiendo con euforia, dando por finalizada la escena—. ¡Es la mejor actuación que he visto en mi vida! ¡Qué Broadway! ¡Qué Hollywood! ¡Esto merece el Oscar señores! ¡Será la mejor obra que he preparado en la vida! ¡La cúspide de mi carrera! ¡Ustedes, son el uno para el otro! ¡Se respira el amor! ¡El rey y yo lo hizo de nuevo!
Mientras la directora celebraba, ambos finalizaron el beso. Dennis no pudo evitar observar con vergüenza a la coneja. Yin pudo notar el sonrojo en las mejillas de su compañero, cosa que le enterneció aún más.
—No sé qué tan cierta sea aquella leyenda. Solo sé que cuando lo ví en ese papel, cuando lo vi actuar, literalmente vi a una persona diferente. A alguien que con su sola presencia me robó el corazón. ¡No puedo creer la increíble persona que había detrás de Dennis!
—Y todo esto me lo cuentas porque…
Yin le estaba contando la experiencia del día anterior a su hermano durante las clases de la tarde. El conejo parecía bastante aburrido con la perorata de su hermana, adornada de melosas metáforas y azucaradas anáforas. Yang se encontraba de brazos cruzados sentado sobre una mesa que usaban a veces de escritorio mientras observaba la clase. Le servía como medio de escape de aquel aburrido discurso.
—¡Porque me gustaría un poco de apoyo de tu parte! —exclamó remeciéndolo de un hombro.
—Un poco de apoyo —comentó pensativo mientras acariciaba su mentón y miraba al techo—... ¿Como el apoyo que me has dado con mi relación poliamorosa? ¡Claro! Con la fe que le tienes a lo mío, ¿para qué quiero enemigos? —remató con sarcasmo y enojo.
—¡No puedes compararte! —le criticó su hermana cruzándose de brazos—. Yo solo te estaba advirtiendo de los problemas que te acarrearía esa relación. ¡No puedes tomártelo como un juego!
—¡Ah claro! Pero tú sí puedes tomarte como un juego una relación proveniente de una tonta obra de teatro —respondió con sarcasmo.
Yin suspiró intentando contener su furia. Su hermano era bueno poniendo su paciencia a prueba.
—Escucha —intentó sonar seria—, soy tu hermana mayor, y por lo mismo me debo encargar de que no cometas tonterías…
Esa fue la gota que agotó la paciencia del conejo.
—¿Tú? ¿La mayor? —se aproximó furioso—. Te recuerdo que… ¡Yo soy el mayor!
—¡Yang! ¡Basta! —le recriminó su hermana en el mismo tono—. ¡Eres demasiado estúpido e inmaduro para ser el mayor! ¡Claramente yo soy la mayor!
—¡Tú no has demostrado tener una gota de madurez! —le gritó su hermano—. ¡Aún te la pasas detrás de ese pollo! ¡Y me han contado que has roto tu abstinencia al alcohol!
—¡Tú no me puedes demostrar nada! —le gritó ella de vuelta—. ¡Además con eso de Dennis te estoy demostrando claramente que estoy dejando atrás a Coop!
—¡Ja! —la encaró cruzándose de brazos—. ¡Ya te quiero ver con otro que no sea ese pollo desgraciado!
—¡Maestra Yin! ¡Maestro Yang! —la voz de Lynn interrumpió la pelea.
El lugar estaba cubierto de barro por todo el piso. Debajo del barro se notaba que habían algunas colchonetas, pero en su mayor parte solo había una inmensa capa de barro del cual ningún estudiante se salvaba. Con respecto a los estudiantes, todos vestían un ajustado traje de baño. Los chicos llevaban una zunga ajustada, mientras que las chicas llevaban un diminuto bikini. La mayoría se encontraban completamente embarrados, de pies a cabeza. Algunos llevaban un casco igualmente embarrado. Otros usaban su karategi abierto como una forma de mantener la temperatura corporal a la hora de la batalla. En el medio de la habitación ocurría la pelea principal. Ronnie Anne se encontraba sobre Lynn haciéndole una llave que amenazaba con romperle la espalda. Su contrincante en cambio había conseguido hacerse de una pierna que amenazaba con partirla. Ambas llevaban un diminuto bikini y un casco, todo cubierto por el barro.
—¿Exactamente para qué sirve esto? —preguntó Lynn.
De inmediato ambos conejos se pusieron en posición autoritaria, con sus manos en sus espaldas.
—Como dirían los Sagrados Pergaminos Woo Foo —comentó Yin levantando su índice derecho, al tiempo que un pergamino flotante apareció a su lado—, un caballero Woo Foo debe estar preparado para luchar en cualquier entorno.
—Y eso incluye lucha en el lodo —agregó Yang.
—¿Cuál es la probabilidad de que nos toque luchar en el lodo? —cuestionó Lynn incrédula.
—No lo sé —Yin se encogió de hombros.
—¡Ahora luchen! —las animó Yang.
Ronnie se encogió de hombros antes de continuar con su llave de lucha, pero Lynn consiguió quitársela de encima tirándola de su pierna. Mientras Ronnie rodaba por el lodo, su contrincante invocó dos bolas brillantes celeste claro, dispuesta a atacar.
—Ep, ep, ep —le advirtió Yang negando con su índice derecho—. Está prohibido el Woo Foo.
Lynn se volteó a mirarlo con frustración mientras sus bolas brillantes desaparecían.
—¡Eso ni siquiera tiene sentido! —alegó molesta.
Aquella fue la oportunidad perfecta para que su contrincante se abalanzara y la tirara al suelo.
—Yo creo que Ronnie puede ganarle —comentó Yang con suspicacia—. Tiene un buen equilibrio entre la magia y la fuerza.
—Lynn también lo tiene —le contestó su hermana—, pero le cuesta usarlo en escenarios nuevos.
Lynn no encontraba la forma de quitar a su contrincante de encima. Ambas forcejeaban con Lynn tomando de las muñecas a Ronnie. Repentinamente sintió un pie libre y encontró un agujero en su defensa. Le dio una fuerte patada a la altura del estómago, dejándola sin aliento. Ronnie cayó a un costado de ella adolorida mientras su contrincante escapaba de su agarre. Lynn la observó con atención, esperando cualquier respuesta de la otra chica.
Para su sorpresa, Ronnie, aún adolorida, levantó una bandera blanca.
—Parece que tenemos una ganadora —anunció Yang aplaudiendo.
—Un momento, ¿eso no fue un juego sucio? —cuestionó Yin.
—Es lucha en el lodo —argumentó su hermano encogiéndose de hombros.
—¡Bravo! ¡Muy bien! —para el asombro de los conejos, el Maestro Yo entraba a la academia cruzando la entrada mientras aplaudía con lentitud.
—¡Maestro Yo! —exclamaron los conejos al unísono.
La mirada tranquila y la amplia sonrisa del panda no dejaban entrever la importancia del evento. Desde la inauguración de la academia Woo Foo en el Centro Comercial, las visitas del panda eran esquivas. Podían ser contadas con los dedos de una mano durante más de una década de historia.
—¡Excelente lucha en el lodo! —comentó casi con paternidad.
Todos los estudiantes se pusieron de pie de un salto y saludaron al panda con una reverencia. Ante el llamado de sus maestros, intuyeron que se trataba del maestro de sus maestros. Era sin duda alguien digno de respeto.
—¿Qué hace usted acá? —fue Yin quien vociferó la más grande de las interrogantes.
—Necesito hablar con ustedes —la seriedad llegó al rostro del panda de golpe, congelando a sus hijos—, en privado.
En ese momento, Yin y Yang se miraron entre ellos en busca de una respuesta.
—Sé que tienen una oficina al fondo —les comentó el panda.
Lincoln Loud regresaba a su hogar absorto y cansado. Había llegado un nuevo pedido a la oficina y se la pasó trabajando durante toda la jornada. ¡Incluso se había saltado la hora de almuerzo! Apenas podía sentir su muñeca tras dibujar en aquellas tabletas gigantes durante todo el día. Era hermoso, ¡claro!, pero era agotador. Las tripas le recriminaba aquel día de abstinencia en honor al arte. A diferencia de la paz que ansiaba sobre el sofá cada tarde que arribaba a su hogar, se encontró con un escenario completamente diferente.
—Jovencita, usted no se mueve de esta casa. ¿Está claro? —oyó discutir a su padre.
Se acercó sigilosamente a la entrada del living, lugar desde donde provenían los gritos. Papá y mamá se encontraban de pie junto al sofá, mirando directamente a una Leni instalada sobre el sofá. La chica parecía triste, casi al borde de las lágrimas, aferrándose con sus manos al borde del sofá como intentando ocultar sus pesares.
—Pero papá… —replicó la chica.
—¡Sin peros! —zanjó el señor Loud—. Esto ha llegado demasiado lejos.
—Hija, entiende que esto lo hacemos por tu propio bien —intervino su madre con pesar.
—¿Pero qué tienen en contra de Yang? —replicó la chica con voz temblorosa.
—Es eso… eso… eso del poliamor —farfulló Lynn padre—. ¿De dónde sacaste eso?
—Hija, no queremos que ese tipo te haga algún daño —su madre se sentó junto a ella tomándola del hombro—. Creeme, nos los agradecerás algún día.
La chica pudo sonreír tristemente.
—Te puedes quedar el tiempo que quieras en la casa —su padre suavizó su voz—. Lily estará encantada de recibirte en su cuarto, que claro, antes era tuyo y de Lori.
—Gracias papá, gracias mamá —a pesar de su mirada apesadumbrada, Leni les regaló una amplia sonrisa.
El momento finalizó en un abrazo entre los tres.
Acto seguido, ambos padres abandonaron la habitación. Lincoln se hizo a un lado mientras ellos cruzaban el umbral de la entrada. Los señores Loud ni siquiera se dieron cuenta de la presencia de su hijo. Con curiosidad, Lincoln se asomó nuevamente al living. Pudo ver a una Leni cabizbaja soltando un pesado suspiro.
—¡Hola Leni! —Lincoln ingresó saludando de manera casual—. Ví que tuviste una conversación con nuestros padres. ¿Ocurre algo?
—Sí —aceptó la chica volteando hacia él—, que papá y mamá no quieren que vuelva al departamento de Yang.
—Vaya, esas sí que son noticias interesantes —comentó Lincoln sentándose a su lado.
—Es que la verdad no aceptan nuestro amor —la chica comenzó a sollozar cubriéndose el rostro con sus manos.
—Ya, ya, tranquila —Lincoln comenzó por consolarla acariciando su hombro, para luego recibir un apretado y sentido abrazo de su parte—. Es solo que para todos nosotros esto del poliamor es tan nuevo. Solo tienen miedo de que sufras.
—¡Pero estoy sufriendo ahora! —sollozó lastimeramente.
Al chico se le estrujó el corazón. Como siempre, el buen Lincoln se sentía terrible al ver sufrir a cualquiera de sus hermanas, sin importar razones, causas ni edades. Las neuronas del chico con el plan comenzaron a funcionar, llegando a un plan sencillo, pero que le prometía una sonrisa en el rostro de Leni.
—Oye Leni, ¿tienes la dirección de tu novio?
—Millie me la envió la otra vez —contestó aún entre sollozos.
—¿Y si te llevo hasta él?
Repentinamente, ella soltó el abrazo y lo miró con impresión mientras aún lo sujetaba de los hombros.
—¿Cómo dices?
—Vanzila está afuera —le comentó el chico—. Si armas tu maleta, en media hora podemos ir saliendo.
—¿De verdad? —cuestionó incrédula.
—Sip —el chico asintió con la cabeza.
—¿Y qué hay de papá y mamá?
—Si salimos sigilosos no se darán cuenta.
—¿Harías… esto por mí? —la chica se mecía entre la sorpresa y la incredulidad.
—Por supuesto —Lincoln le sonrió.
Ocurrió lo que el chico esperaba. La mirada de Leni se iluminó y una enorme sonrisa se posó en sus labios.
—¡Gracias Lincoln! —Leni lo abrazó efusivamente—. ¡Eres el mejor hermano que podría tener!
Lincoln simplemente se limitó a responder su abrazo. Su felicidad era un pago más que suficiente.
Mientras la esperaba, comenzó a meditar en todo lo que estaba sucediendo. Recordaba lo ocurrido con Luna y su pareja Sam. Sus padres jamás se mostraron tan siquiera reacios a la relación homosexual de su hermana. ¿Acaso el poliamor era algo por el estilo? ¿O algo completamente diferente? También comprendía a sus padres. Leni era bastante ingenua en todo sentido, y era fácil que ese tal Yang terminara aprovechándose de ella. Pero él conocía a su hermana. Podría parecer ingenua, pero era un error subestimarla. No acostumbraba a salir con cualquiera y era capaz de salir airosa de cualquier insistencia masculina o acoso. A diferencia de sus padres, él era favorable a dejarla vivir su relación, probar algo nuevo, y vigilar que no le hicieran daño. Era una locura pensar que era posible detener a un Loud simplemente encerrándolo. Prefería ayudarla. Prefería verla sonreir. Prefería ganarse su favor. Era así con cada una de sus hermanas. En mayor o menor medida buscaba mantener una buena relación con cada una de ellas.
Con el correr del rato fueron arribando el resto de las hermanas. Lana llegó junto con Lily, luego Lucy junto con Lira. Todas se fueron directo a la cocina a comer algo. Él recordó el hambre que tenía, pero debía estar atento al arribo de Leni.
Finalmente ella bajó con una maleta entre sus manos. Silenciosamente, ella arrastró su equipaje mientras él abría la puerta. Pronto, ambos hermanos se encontraban a bordo de vanzila.
—Vamos, enciende maldita cosa —masculló Lincoln desde el asiento del piloto.
—Oye, tú sabes conducir, ¿verdad? —cuestionó Leni un tanto temerosa desde el asiento del copiloto.
—Tengo licencia —le recordó su hermano al tiempo que el viejo motor se dignó a rugir.
Vanzila era una vieja van que amenazaba con caerse a pedazos. Sus padres la habían comprado de una tienda de vehículos usados como regalo de matrimonio. Desde entonces y por casi treinta años ha sido el vehículo oficial de la familia Loud, transportando a sus catorce miembros. Es por ello que era un milagro que pudiera funcionar con el correr de los años, la historia, la vida y las aventuras.
Apenas se encontraban retrocediendo, Lincoln vio la puerta de la entrada de su hogar abrirse.
—¡No! ¡Vanzila! —oyó el grito de su padre mientras lo veía asomarse con una mirada cargada de terror.
Rápidamente, el muchacho se centró en la conducción, y a toda la velocidad que la preciosa reliquia familiar le obsequió, pudo tomar camino perdiéndose calle arriba.
—¡Vanzila! ¡Regresa! —su padre corrió a la siga un par de metros. Lamentablemente, los años encima le impidieron llegar muy lejos—. ¡Lincoln! ¡Lo pagarás! ¡Lo pagarás maldita sea! —gritó alzando el puño al cielo.
—¿La que iba allí era Leni? —intervino su esposa corriendo detrás de él.
Tanto ella como el resto de sus hijas se asomaron lentamente, asombradas de lo que acababan de testificar. No era usual que algún miembro de la familia se llevara a vanzila sin el permiso de nadie. Era la primera vez que Lincoln realizaba esta hazaña.
—¿Qué pasó? —Lynn junior apareció desde el otro lado con su bolso cargado con su equipo de entrenamiento Woo Foo. Estaba inundada por la curiosidad tras ver solo la parte final del espectáculo.
—¡Lincoln se llevó a vanzila! —le informó Lana.
—¡Uh! ¡Va a estar en problemas! —exclamó en tono burlesco e intrigado.
Vanzila atravesó la ciudad a la luz del atardecer. Leni le había compartido la dirección por Whatsapp, y el chico la alcanzó con la ayuda de su GPS. Cuando el sol se había ocultado, dejando aún un rastro de luz sobre los cielos, vanzila arribó frente al edificio Departamental.
—Vaya… ¡No puedo creerlo! —exclamó Leni con emoción—. ¡No puedo creer que ya estemos aquí!
Lincoln sonrió conforme al tiempo que su hermana se bajaba de un salto del vehículo.
—¡Oh Yang! ¡Qué bueno que viniste a recibirme! —Yang casualmente se encontraba saliendo del edificio por la entrada principal cuando fue abrazado efusivamente por la chica. Traía un bolso deportivo negro atravesado desde su hombro derecho.
—¡Leni! —alcanzó a exclamar cuando fue callado por un apasionado beso por parte de la chica.
El conejo se limitó a corresponderle el abrazo, aún aturdido por lo que estaba ocurriendo. Su mente se encontraba absorta en la conversación que hace tan solo unas horas había tenido con su padre.
—Te extrañé tanto mi amor —le dijo Leni alegre—. No sabes cuánto deseaba poder volver a verte, a abrazarte, a sentirte a…
—Yo también te extrañé mucho mi amor —la interrumpió el conejo—, pero justo voy de salida.
—¿A dónde vas? —le preguntó la chica consternada.
—Misión Woo Foo secreta —contestó escuetamente.
Leni quedó con la interrogante en la mente mientras veía a su novio alejarse de ella. Justo delante de vanzila había estacionado un auto viejo color verde. Junto al vehículo pudo reconocer a Yin y al Maestro Yo.
—¡Oye espera! —Leni se fue corriendo hasta llegar junto a Yang.
En ese momento, Lincoln fue testigo de la escena. Se volteó, encontrándose con la familia de su cuñado.
—¿En serio te vas así como así? —la chica se interpuso en su camino.
—Lo siento, pero esto es algo que no manejo yo —el conejo se encogió de hombros con pesar.
En ese momento, tanto Lincoln por un lado, como Yin y el Maestro Yo por otro lado, se acercaron a la pareja.
—¿Sucede algo? —preguntó Lincoln.
En ese instante, el semblante de Leni se alegró.
—Te presento a mi hermano, Lincoln —se lo presentó al conejo empujándolo de los hombros.
—Hola, un gusto —se presentó el chico con un dejo de nerviosismo extendiendo su mano.
—Hola, creo que nos habíamos visto la otra vez en el hospital —respondió Yang estrechando su mano.
—Sí, pero no habíamos tenido la oportunidad de hablar —contestó el chico.
En eso Yang se percató de la presencia de su familia, y decidió presentarla.
—Hablando de eso —dijo—, ella es mi hermana, Yin, y mi padre y maestro, Yo —los presentó.
—Un gusto —Yin lo saludó con una venia con la cabeza.
El panda se limitó a saludar con una venia silenciosa.
—Hola, un placer —respondió Lincoln con una sonrisa.
—Entonces… ¿Ya te tienes que ir? —Leni abrazó a su novio mientras le acariciaba su mentón con la mano libre.
—Ya te dije que tengo una misión Woo Foo secreta —se disculpó el conejo.
—Disculpen que me entrometa, pero ¿Qué es una misión Woo Foo secreta? —intervino Lincoln.
—Es un trabajo adicional que hacemos por la comunidad —le explicó Yin—. Con mi hermano nos encargamos de cualquier peligro que pudiera afectar a la ciudad antes de que llegue hasta acá.
—¿A sí? —respondió Lincoln con interés—. ¿Como qué clase de peligros?
—Ya sabes, monstruos, villanos, Maestros de la Noche —respondió Yang rodeando a su novia con uno de sus brazos por la cintura—, cualquier cosa que los humanos sin poderes no pudieran controlar.
—Es gracias a eso que no se ha hablado de monstruos ni seres extraños desde la caída del muro —complementó Yin.
—Ah, básicamente ustedes evitan ataques como la Matanza del Centro Comercial del 73 —comentó el chico.
—Exacto —Yin sonrió.
—Desde la instalación del famoso muro, los humanos lograron protegerse de múltiples monstruos y Maestros de la Noche provenientes desde el sur —intervino el Maestro Yo con voz ceremoniosa—, hasta la llegada de este par —agregó colocando una de sus manotas sobre el hombro de su hija.
—¿En serio? —preguntó Lincoln intrigado.
—Bueno, nosotros llevamos en el negocio desde que teníamos once años, ¿verdad? —respondió Yang.
—Sí —afirmó su hermana—, más o menos desde el 2007 que comenzamos a entrenar y a vencer distintos villanos.
—Eso favoreció la política del alcalde de bajar el muro —agregó el Maestro Yo—. Ese pato prácticamente nos debe la vida y todo su gobierno —agregó con suficiencia.
—Vaya —comentó Lincoln impresionado—, ¿y todo eso lo hacen ustedes tres solos?
—Tenemos algunos aliados —contestó Yang.
—Bien, basta de charla —intervino el panda mirando su reloj de pulsera—, es tiempo de irnos.
—¿Volverás pronto? —le preguntó Leni a su novio en tono suplicante.
—Regreso entre el domingo y el lunes —Yang le contestó regalándole un beso en los labios—. Arriba está Millie. Le alegrará verte.
—Nos vemos entonces —Leni le sonrió.
Acto seguido, ambos terminaron su abrazo, no sin antes un apasionante último beso. Los hermanos Loud vieron cómo los conejos y su padre se subieron a su auto. Con unos saludos con la palma agitada a través de la ventana trasera, se despidieron antes de que el auto emprendiera la marcha.
—¿Oye Lincoln? —le dijo Leni una vez a solas—. ¿No te gustaría subir? Ya casi es hora de cenar.
En ese instante las tripas del chico le recordaron la abstinencia a la que las tenía sometido.
—Creo que no podría negarme a eso —el chico le sonrió.
Tras una sonrisa por parte de su hermana, ambos emprendieron la marcha al interior del edificio. Leni pasó su brazo por sobre los hombros de su hermano, mientras que la felicidad y tranquilidad se esparcían en su corazón.
—¡Incluso puedes quedarte con nosotras esta noche! —le propuso Leni mientras caminaban.
—¿Crees que pueda? —le preguntó el chico volteándose hacia ella.
—¡Claro que puedes! —le respondió su hermana con una efusiva sonrisa—. Podrías quedarte en la cama de Yang.
—No quisiera ser una molestia —le comentó el chico un tanto cohibido.
—¡Para nada! —exclamó su hermana—. Además yo sé que no serás bienvenido en casa luego de robarte a vanzila.
—Creo que tienes un punto —acotó Lincoln.
Bien, solo me resta decir que está todo dicho. Mañana es un gran día para Chile. A todos nuestros patitos chilenos los instamos a votar y participar de estas elecciones. Son las últimas del año. En 24 horas más ya sabremos qué futuro le deparará al país, y a nosotros como editorial. El temor se mezcla con la esperanza, generando una alta expectativa y una ansiedad de aquellas. Esta semana ha durado siglos. ¿Qué sucederá?
Lo que sí está claro es que la próxima semana tendremos un nuevo capítulo de Polidrama. Justo se estrena el sábado 25 de diciembre, último sábado del año. Es así como las festividades de fin de año se entremezclan en un momento único y especial. Por lo pronto ya comenzamos a desearles una muy Feliz Navidad, esperando que puedan pasarla junto a sus seres queridos. Disfruten de estas fiestas, y de sus seres queridos.
Con amor, patito.
