¡Patitos! Es primera vez que me toca estrenar justo para un 25 de diciembre. ¿Ahora qué hago? ¡A sí! ¡Feliz Navidad! ¡Y un próspero Año Nuevo! Disfruten del último capítulo del año.


Polidrama - Capítulo 32

—Lo que aún no entiendo es cómo funciona esto de la relación poliamorosa que tienen.

Lincoln había sido invitado a cenar al departamento de nuestro trío poliamoroso. Aprovechando que Yang acababa de salir, el muchacho había sido invitado por su hermana en compensación por haberla ayudado a escapar de casa. Tras revisar su teléfono con cientos de llamadas perdidas por parte de sus padres, sospechaba que su visita sería más larga de lo que cualquiera podría esperar. No hubo problemas por parte de Millie, quien lo recibió con amabilidad. En un principio se sorprendió al volver a toparse con aquel chico de cabellera tan blanca como las canas de un ancianito. Lincoln no pudo evitar darle una revisión a sus pensamientos. Al menos no se encontró con los nubarrones negros con los que se topó en el restaurante.

El silencio se esparció sobre la mesa de medialuna. La mirada, hasta ahora amable, de Millie se tornó a una sorprendida, y no de una sorpresa agradable. Hasta Leni se hallaba sorprendida por el tipo de intervención de su hermano.

—¡Oh vamos Lincoln! —Leni escapó de su asombro—. ¿Qué es lo que exactamente no entiendes?

—Pues… ¿Cómo ustedes pueden compartir novio? —especificó el chico mientras terminaba de limpiarse la boca con su servilleta—. Digo, por el tema de los celos y eso.

—¡Ah! ¡Eso! —exclamó Leni encajando todas las piezas en su cerebro—. Pues los celos son solo inseguridades, y el amor, el verdadero amor, no exige exclusividad.

El silencio se extendió mientras Lincoln movía los engranajes de su cerebro.

—No lo entiendo —concluyó.

—Cuando ames de verdad lo entenderás —sentenció su hermana—. Bueno, ¿quién quiere postre? —agregó poniéndose de pie.

—Yang dejó preparado Pie de limón en la cocina —comentó Millie.

—¡Uy! ¡Mi favorito! —exclamó emocionada la chica antes de partir corriendo hacia la cocina—. ¡Les traeré un poco! ¡No me tardo! —agregó de camino.

En esos breves instantes en que quedó a solas con Millie, Lincoln la observó con la misma curiosidad que tenía respecto al poliamor.

—¿Tú también crees eso de las inseguridades y esas cosas? —el chico no perdió el tiempo con su pregunta.

—Para mí es un poco más difícil manejar todo esto —confesó desviando la mirada hacia la entrada de la cocina—, pero es imposible enojarse con Leni.

—¿A sí? —cuestionó el chico aún más confundido.

—Tú sabes mejor que yo cómo es ella —Millie le regaló una sonrisa—. Es por eso que no tengo problemas con que Yang salga con ella.

—¿No crees que eso es llegar un poco lejos? —soltó Lincoln su pregunta, la cual no pudo ser respondida.

—¡Aquí está! —Leni llegó radiante con una bandeja entre sus manos—. Una porción de Pie de limón para cada uno. Te cuento Linky que Yang es muy bueno para los postres. ¡Papá debería contratarlo para su restaurante!

—Ya veremos —respondió el chico con una ironía que su hermana no captó.

Leni continuó con su perorata, cargada de emoción por regresar al lugar que consideraba su nuevo hogar. Lincoln seguía su conversación asintiendo y haciendo nuevas preguntas. Fue Millie quien poco a poco se fue apagando hasta casi ni hablar durante el resto de la velada.

Las chicas le entregaron la habitación de Yang para que pernoctara esa noche. Era un cuarto estrecho, sencillo y sin ventanas. A pesar de ser más grande que el suyo propio, la sensación de claustrofobia estaba presente. Era como sentirse en casa.

Se encontraba sentado sobre la cama,asimilando su nuevo entorno, cuando alguien golpeó a la puerta.

—¡Millie! —exclamó al verla desde el otro lado tras abrir.

—Te vengo a dejar unas sábanas —la chica traía sábanas limpias color mostaza—. Las que tiene la cama,Yang no las ha cambiado desde que se mudó aquí hace más de un mes.

El chico no pudo evitar mirar de reojo la cama detrás suyo.

—Muchas gracias —le dijo el chico con amabilidad recibiendo la entrega. En ese momento no pudo evitar observar los primeros nubarrones entre sus pensamientos.

—¿Está todo bien? —lanzó el chico.

—Sí, está todo bien —Lincoln notó la realidad tras su falsa sonrisa.

—¿Estás segura de todo esto? —volvió a preguntar el muchacho.

—¿Sobre qué?

—Sobre tu relación poliamorosa.

Millie podría haber dado media vuelta y haberse dirigido hacia su cuarto ofuscada, pero la mirada de aquel chico le impidió moverse. La sentía como un par de rayos equis que podían observar hasta su alma. Había un algo que le impedía retroceder. Sentía que él sabía la respuesta mejor que ella, sin siquiera haber abierto la boca.

—Yo… lo siento —Lincoln decidió retroceder incómodo.

—No te preocupes —Millie respondió nerviosa—. Aprovecho de agradecerte por traer de regreso a Leni. Ella está feliz, y eso me alegra mucho.

—De nada. Es lo mínimo —Lincoln le sonrió—. Si a mi hermana le hace feliz quedarse aquí, pues yo siempre la ayudaré a que sea feliz.

Ambos se quedaron observándose unos largos segundos sin decir absolutamente nada. Aquellas palabras retumbaron en la mente de Millie, quien se sorprendió del chico que tenía frente a ella. Lincoln se distrajo leyendo su mente. No era una actividad usual en el chico, pero en el caso de ella casi no podía evitarlo.

—Bueno, ya debo irme —Millie consiguió romper el momento—. Mañana debo levantarme temprano para ir a trabajar.

—Mañana es sábado —le recordó Lincoln.

—Es una reunión especial —le aclaró—. Nos obligaron a todos a ir a una charla motivacional o algo así. Durará todo el fin de semana.

—¿Todo el fin de semana? —se sorprendió el chico.

—Así es —Millie afirmó con la cabeza. Su mente confesó el hastío por el evento—. Te vas a quedar solo con tu hermana todo el fin de semana.

—No hay problema —aceptó Lincoln—. Espero que te vaya bien este fin de semana.

—Gracias —Millie no pudo evitar un dejo de nerviosismo en su sonrisa.

Finalmente. Ambos lograron separarse. Lincoln sintió un revoltijo en todo el cuerpo. Una confusión que comenzaba con un remezón en el cerebro y terminaba con un temblor en los pies. Se restregaba la cara una vez cerrada la puerta. Se abalanzó sobre la cama cubriéndose la cabeza con la almohada. Sencillamente no se entendía a sí mismo.

El golpeteo en la puerta lo arrastró hasta la realidad. Lanzó lejos la almohada. Arrastrando sus pies, se acercó a la puerta. La nula presencia de pensamientos le advertía que no se trataba de Millie.

—¡Mi Linky! —apenas abrió, Leni se le abalanzó en un apretado abrazo y una amplia sonrisa de satisfacción. Traía un camisón de algodón color verde agua y un antifaz para dormir del mismo color usado de cintillo.

—Leni… que… haces… —el pobre muchacho se sentía falto de aire y de respuestas frente al repentino atraco.

—Acabo de ver salir a Millie de tu habitación, digo, la de Yang —Leni soltó su abrazo y le guiñó el ojo.

—Sí, me vino a dejar unas sábanas —le explicó su hermano.

—Yo se lo sugerí —confesó con una sonrisa cómplice.

El chico arqueó una ceja confundido.

—¡Oh vamos Linky! —su hermana lo sujetó de los hombros—. Ya me dí cuenta. Ella te gusta, ¿cierto?

—¡¿Qué?! —el chico se sorprendió a sí mismo con ese grito—. ¿De qué hablas? —exclamó arrancando sus manos de sus hombros.

—¡Oh, vamos! —Leni contestó con tranquilidad—. ¡Se te nota en la mirada! Cuando la viste hace poco, tus ojos decían a gritos que ella era la indicada.

—¿Qué? —alegó el chico sin poder escapar de su impresión—. No, no, no, no, no, no,no —negó reiteradamente retrocediendo un paso y negando con la cabeza.

—¡Relájate hermanito! —exclamó Leni trayéndolo de regreso rodeándolo por el cuello con su brazo—. ¡Esta es la magia de una relación poliamorosa! ¡Millie no está prohibida para tí! Claro, tendrías que aceptar que ella está con Yang también —agregó pensativa—, pero esos ojitos tuyos hablan de un amor sincero —le sonrió antes de apretarle la nariz con su mano libre.

—No, no, ¡basta! —Lincoln forcejeó hasta escapar de su hermana—. Ella no me gusta. ¿Está claro? —zanjó con el ceño fruncido.

—¡Claro! —Leni le guiñó un ojo—. Tómate tu tiempo. Aunque, si quieres colarte al cuarto de Millie esta noche, yo no diré nada. ¡Lo prometo! —agregó con una señal de silencio con su dedo sobre sus labios.

—¡Ya basta! —hastiado, Lincoln cerró la puerta con fuerza. No pudo evitar sentir un calor en sus mejillas.

—¡Y no! ¡No me gusta Millie! —molesto, el chico se dirigió a la audiencia—. Todo lo que les diga ese pato es mentira.

A la mañana siguiente, Millie se levantó muy temprano. Aquella extenuante charla motivacional no era el mejor panorama para un fin de semana. Lo único que la consolaba era poder compartir con Franco. Esperaba poder pasar el fin de semana junto a él o sencillamente el fin de semana sería un martirio. Mientras se peinaba frente al espejo del baño, no pudo evitar recordar aquel momento en la feria. Se encontró frente a su reflejo cuestionándose sobre qué había sido ese momento. Aunque habían acordado mutuamente no volver a mencionar el tema, no podía borrarlo de su memoria. Se sorprendía a sí misma sonriendo mientras recordaba aquellos segundos mágicos. Sí, le había gustado, pero seguir con eso la arriesgaba a perder a su mejor amigo. Además, su situación amorosa estaba demasiado complicada como para enredarla aún más.

—¿Sabes? Te encuentro la razón con ese peinado.

A la chica casi se le paralizó el corazón ante aquella repentina intervención. Su cepillo para el pelo saltó lejos, cayendo en la bañera.

—¡¿Señorita Mushroom?! —alegó entre asustada y molesta tras voltearse y toparse con la hada.

—Me alegra muchísimo que te estés tomando esto del poliamor en serio —la hada juntó sus manos con orgullo haciendo caso omiso de la reacción de la chica—, estás colocando a Yang en su lugar, y planificando futuros amores, dándoles el tiempo y espacio que se requiere. Lo que me preocupa es que te sientas cohibida frente a tu nuevo estatus. Déjame decirte que no estás haciendo nada malo. Absolutamente nada de lo que estás haciendo o sintiendo es un pecado capital.

—¿De qué estás hablando? —le preguntó aún confundida.

—Sé que temes a lo que te pueda decir tu padre, ¿verdad? —la hada fue directa al grano.

—Este… —el repentino instante solo confundía cada vez más a Millie.

—Creeme, tu padre no muerde, y tú bien lo sabes —continuó la hada—. Cuando hables con él, sé que tendrás la confianza suficiente para seguir adelante. ¡No rehuyas de él!

—No estoy rehuyendo de él —Millie se volteó para enfrentarse a su propio reflejo—, es solo que… no creo tener la suficiente seguridad para seguir con eso —confesó con un suspiro.

—Nadie dijo que esto sería fácil —la hada le habló a su reflejo—, te van a cuestionar siempre. Por todo. Lo sabes, ¿no?

El espejo se convirtió en un reflejo de su propia vida. Tantos momentos en que ha sido cuestionada por cualquier cosa. Desde su decisión de ir a participar de la competencia de pesca en el Lago del Búho a los ocho años, hasta su decisión de estudiar Ingeniería en Informática. Cuestionada principalmente por Coop. Su vida básicamente era demostrar que ella podía, que ella era capaz. Su hermano mayor toda la vida era el primero en la fila para liderar los cuestionamientos en su contra. Finalmente todo lo que era y lo que había logrado era gracias a eso, pero no era algo para agradecerle a su hermano. Al final del día,esto era un desafío más. No iba a dejarse amedrentar por gente como Coop.

La sorpresa cayó en su rostro al percatarse de todo el tiempo que había dejado pasar sin hablar con su padre. Papá vivía con Coop. Le había dado una ventaja increíble a su hermano. La señorita Mushroom tenía razón. Mientras más pronto hablase con papá, mejor.

—Tienes razón… —alcanzó a pronunciar la chica volteando hacia atrás, para descubrir que la hada ya no se encontraba allí.

Mientras aún se cuestionaba la presencia de la hada de hace instantes, la chica llegó al comedor. Enorme fue su sorpresa al percatarse del banquete que había sobre la mesa de medialuna. Leche recién caliente, cereales, frutas, hot cakes con miel de maple, café de grano, pan tostado, mantequilla, mermelada, jamón, tocino con huevos. La mezcla de aromas abrió el apetito de Millie mientras su mente apagó todos los cuestionamientos.

—Buenos días —Lincoln apareció de la cocina con una bandeja con rollos de canela. Traía guantes de cocina, un delantal blanco y un gorro de chef.

—¿Tú hiciste todo esto? —Millie le preguntó mientras no podía escapar de la sorpresa frente a la mesa digna de un monarca.

—Sip —contestó con una sonrisa dejando su bandeja sobre un hueco que quedaba sobre la mesa—. Me gusta cocinar. Muchas veces en la casa me ha tocado hacer el desayuno para toda mi familia.

La chica no supo qué responder. El hambre comenzó a dominarla mientras se embriagaba por tan deliciosos aromas. Lincoln sonreía silenciosamente al ver la sorpresa de la chica. No entiendo por qué sigue negando que le gusta.

—¡Oh cállate! —me dijo por lo bajo.

—¿Esto es… para mí? —balbuceó Millie aún incrédula.

—Tómalo como una atención —respondió el chico separando una silla e invitándola a tomar asiento—. ¡Ven! O se va a enfriar.

—Dudo que me pueda comer todo esto —contestó la chica tomando asiento sin perderse detalle de la mesa.

—Le dejamos algo a Leni —contestó Lincoln—. Ella suele dormir hasta tarde cuando puede.

El tiempo pasó sin que Millie se diera cuenta. Probando cada uno de los manjares y disfrutando de la conversación y compañía de Lincoln, había llegado a perder la noción del presente. Por casualidad miró el reloj de la pared y se percató que faltaban diez minutos.

—¡Oh cielos! ¡Estoy atrasada! —exclamó poniéndose de pie de un salto.

—Si quieres yo te llevo —se ofreció Lincoln también colocándose de pie—. Traje a vanzila.

—¿A quién? —cuestionó la chica extrañada.

—A la van de mi familia —le explicó el chico—. Es una vieja van familiar, pero siempre nos ha cumplido.

—¿Y me puedes llevar?

—Estaremos allí en menos de cinco minutos —le prometió el chico con una sonrisa confiada.

Un par de minutos más tarde, vanzila estaba saliendo del estacionamiento subterráneo del edificio. De la radio salía una suave y chirriante melodía que poco se podía entender. Millie se encontraba en el asiento del copiloto, admirando cada uno de los detalles que tenía el vehículo. Olía a oxidado. El asiento se sentía duro y pegajoso. Había stickers y manchas por cada rincón, y una docena de adornos colgados desde el espejo retrovisor.

Una luz roja los obligó a detenerse. Las calles estaban totalmente vacías. Eran poco más de las siete de la mañana de un día sábado. Era imposible que hubiera alguien de pie a esa hora. La modorra amenazaba con hacerlos dormir en ese instante. Parecía un soleado día cualquiera de un día naciente. Nada parecía prever que pudiera ocurrir algo interesante.

De repente, un retumbar seguido de otro, y de otro, y de otro, se hizo cada vez más fuerte. Los chicos hubieran hecho caso omiso si no fuera porque cada retumbar venía seguido de un temblor que amenazaba con trizar todo a su alrededor. La luz cambió a verde, pero vanzila no se movió.

Lincoln observó hacia atrás a través del espejo retrovisor del medio. Millie hizo lo mismo desde el espejo de su puerta. Los cables del tendido eléctrico comenzaron a mecerse junto con los postes. La tensión aumentaba horriblemente en la medida en que el retumbar se colaba hasta los intestinos. ¿Acaso venía un tiranosaurio rex? ¿Un gigante? ¿Un ogro?

Sus dudas quedaron resueltas a los pocos segundos. Una enorme tortuga gigante metálica saltó desde detrás de unos edificios para rugir con fuerza. El salto que trizó el cemento bajo sus pies, sumado con el fuerte rugido, fue suficiente para sembrar el pánico en nuestros protagonistas. Lincoln pisó el acelerador sin pensarlo dos veces. Vanzila aceleró derrapando, mientras que la tortuga la siguió sin perderle el rastro.

Aquella maquinaria era del porte de un bus de dos pisos, de un verde claro brillante y prolijo. Tenía un par de agujeros de vidrio como ojos y una boca mecánica. Sus patas eran largas como las de un felino. Tenía una pequeña cola en la parte trasera que se agitaba con energía. Junto a esta, se podía apreciar la patente del vehículo y el tubo de escape trasero.

—¡Vamos! ¡Se nos escapa! —desde el interior de la cabeza de la tortuga, se encontraba Lisa Loud instalada en un asiento de cuero. En torno a ella había unos cuantos comandos repartidos entre botones, teclados y palancas. Además, frente a ella se proyectaban unas cuantas pantallas holográficas que le mostraban toda clase de información geográfica.

—Recuérdame por qué estamos haciendo esto —Dennis se encontraba en el interior de la tortuga. Estaba instalado sobre una especie de asiento de motocicleta, sujetando dos manubrios con firmeza. Cerca de él también había unos cuantos botones y palancas adicionales. Tenía la mirada centrada en el lente de un periscopio que se conectaba a los ojos de la tortuga gigante.

—Mis padres quieren de regreso a vanzila —le explicó Lisa centrada en sus pantallas.

—¿Pero por qué tuvimos que traer a Terremoto con nosotros? —cuestionó Dennis.

—¡No cuestiones mis métodos! —le ordenó.

Mientras tanto, vanzila avanzaba raudamente por las vacías calles de Anasatero. A pesar del peligro, Lincoln no se había desviado ni un milímetro de la ruta original. Solo buscaba llegar de una pieza a su destino.

—¡¿Qué rayos es eso?! —preguntó una muy asustada Millie.

—Es Terremoto, la mascota de mi hermana —le explicó Lincoln sin despegar su tensa mirada del camino.

—¡¿Qué?! —exclamó la chica aún más sorprendida de que alguien pudiera llamarle «mascota» a eso.

—Lisa trabaja con cosas científicas y tecnológicas —agregó Lincoln girando el volante con violencia, para terminar virando la van bruscamente. Millie se afirmó de su propio asiento al sentir que saldría volando por el parabrisas. El cinturón de seguridad parecía no ser suficiente.

—¿Y qué demonios hace acá? —cuestionó Millie.

—De seguro mis padres la enviaron —respondió el chico apretando los dientes.

La carrera siguió por unas calles más. Lisa apretó los puños. Comprobó que la velocidad de su máquina y vanzila eran similares, cosa que le sorprendió. No se esperaba que la vieja van familiar pudiera hacerle competencia a su querido Terremoto.

La tortuga gigante rugió furiosa, empujando a la van a que comenzara a derrapar por la calle como si el piso fuera de hielo. Lincoln luchó incansablemente por recuperar el control de su máquina, pero el volante se había trabado.

—Hora de darle el golpe final —musitó Lisa con una sonrisa—. ¡Dennis! ¡Misiles!

—¿Qué? ¿No crees que estás exagerando? —replicó el chico con temor quitando la mirada del periscopio.

—¡Ya te dije que no cuestiones mis métodos! —le recriminó la chica—. ¡Y vuelve la vista al frente!

Al momento de regresar la vista, Dennis no encontró a la van al frente.

—¡No están! —exclamó presionando el manubrio.

Lisa no requería avisos. Sus pantallas le informaban que vanzila les había ganado ventaja en dos cuadras.

—¡Maldición! —masculló en voz baja—. Nadie le gana a Lisa Loud y su flamante Terremoto.

Efectivamente, el chico había recuperado el control de la máquina, y había conseguido suficiente ventaja. Lo mejor de todo es que estaban cerca del edificio en donde trabajaba Millie, y estaba a poco de conseguir su misión. Se sentía como un conductor en el GTA.

—¡Sujétate! —le ordenó a la chica—. Tengo un plan.

Su sonrisa confiada brillaba por sobre los problemas.

—¡Máxima potencia! —ordenó Lisa con desesperación.

Aunque no necesitaba pedalear, Dennis llegaba a sudar desde su puesto. Mezcla por el calor que se acumulaba al interior de la máquina, por los nervios por tener que subirse a dicha máquina, y por la ansiedad del momento. Lentamente, aumentaba la velocidad, evitando desestabilizar a la tortuga y terminar en el suelo.

—¡Ahí está! —anunció Lisa con un grito autoritario.

Efectivamente, a través del periscopio pudo observar a vanzila estacionada al costado derecho de la calle. Lincoln se había bajado, y ayudaba a Millie a bajarse desde el asiento del copiloto cuando todo ocurrió. A unos cuantos metros de vanzila, en el camino de Terremoto, el hombre con el plan les había dejado un pequeño regalo. Era una tira cómica, pero no era cualquiera. «Ace Savvy: Deuces Wild» anunciaba su portada, acompañada de un musculoso superhéroe luchando contra un monstruo deforme. Ni Lisa, ni mucho menos Dennis lograron percatarse tan siquiera de su presencia. Cuando la tortuga puso un pie sobre el cómic, se resbaló perdiendo el equilibrio. La máquina comenzó a desestabilizarse mientras patinaba por la calle sin control. Millie alcanzó a bajar de un salto antes de que la tortuga terminara chocando con vanzila y la arrastrara por la calle. El chirrido del metal derrapando por el suelo amenazaba con quebrar todos los vidrios. Finalmente, y gracias al roce, la amalgama de chatarra consiguió detenerse, no sin antes usar a vanzila como amortiguador de los golpes y obstáculos que venían del frente. La van parecía que jamás volvería a ser lo que había sido hasta ahora.

Lisa escapó con facilidad gracias a la cabeza de la tortuga que se desacopló apenas detuvo su marcha. A Dennis le costó más salir. Escapó tras golpear la puerta de salida de emergencia, mareado y adolorido. Observó hacia atrás, y pudo ver a tan noble mole como un montón de hojalata humeante.

—Ahora lo entiendo todo —Lisa se aproximó hacia su hermano con autoridad—. Todo era por una chica.

En ese momento Lincoln se descubrió a sí mismo tirado en el suelo. Sobre él se encontraba Millie, quién había caído encima suyo antes de que la tortuga arrasara con vanzila. En ese instante ambos se encontraron cara a cara, aún procesando lo que acababa de ocurrir.

—¿Millie? ¿Qué haces aquí? —le preguntó Dennis aproximándose a la escena. Tenía una mano en la cabeza, averiguando dónde tenía algún chichón. Aún sentía el mareo y el agotamiento tras aquel momento tan intenso.

Aquella pregunta la trajo de regreso al presente. De inmediato rodó haciéndose a un lado para luego ponerse de pie. La confusión la abrumaba como para darle una respuesta a Dennis. En el fondo tenía la misma pregunta para él.

—¡Lisa! ¡¿Qué rayos pretendías hacer?! ¡Casi nos matas! —furibundo, Lincoln se puso de pie y se aproximó hacia la chica.

—Nuestros padres querían a vanzila de regreso —le informó ajustándose sus lentes y una frialdad que no dejaba de impresionar.

—¡Y por tú culpa ahora vanzila está destrozado! —alegó su hermano apuntando hacia la bola de chatarra consecuencia del incidente.

—Nada que pueda reparar —contestó Lisa con simpleza—. Vamos Dennis —se dirigió a su asistente—, tenemos que llevar a Terremoto a reparación.

El chico no podía creer la ligereza con que su hermana se tomaba las cosas. Años conviviendo con Lisa, y no podía tragarse el cómo cosas sorprendentes, impresionantes, hasta peligrosas, eran tomadas por ella como si fuera el pan de cada día. La vio voltearse alejarse seguida por Dennis, quien caminaba torpemente.

—¡Ah! —Lisa se volteó hacia su hermano—, no tenías que ocultarnos tus verdaderas intenciones.

—¿De qué demonios estás hablando? —Lincoln aún sentía hervir la sangre.

—El hombre con el plan siempre tiene todo bajo control —Lisa le sonrió.

El chico se quedó con la interrogante, cuando oyó que Dennis le hizo la misma pregunta.

—Se nota que lo hizo por esa chica —le respondió Lisa.

—¡¿Qué?! ¡¿Por Millie?! —el chico casi se cae al suelo tras la exclamación.

—¡Qué no es por Millie! —gritó Lincoln desahogando toda su frustración, pero su sonrojo lo delató—. ¡Qué no es verdad! —le gritó a la audiencia.

De inmediato se volteó hacia la chica, esperando dar las disculpas pertinentes. Millie ya se había ido.


Y aquí concluye el último capítulo del año de Polidrama. Esperamos que hayan pasado una linda Navidad junto a sus seres queridos y que el Viejito Pascuero les haya llevado el regalo perfecto. ¿Qué? ¿Quién es el Viejito Pascuero? ¡Ah verdad! Por acá en Chile le decimos así. Sí, es gracioso y curioso XD.

Este sí que ha sido un gran año. Incluso le hicimos una entrada de blog, revisando qué ha ocurrido en el patoverso y qué se nos viene. Por parte de este fanfiction, comenzamos con una extraña historia de poliamor, para terminar contando las crónicas de una extraña ciudad dirigida por un pato de hule. Conocimos un montón de personajes, con sus motivaciones, historias, y metas. ¡Pero hey! ¡Las risas no faltaron! En lo que se viene para Polidrama… ¡Nuevos episodios! ¡Nuevas aventuras! Esperamos acompañarlos cada sábado tal y como ha sido este año, esperando reducir los parones y aumentar las sorpresas. De hecho para el próximo capítulo, les puedo spoilear que Millie se encontrará con alguien interesante. No diré más.

¡Feliz Año Nuevo! Un saludo especial al Jaime, a MartyChoco, a Brick88, a J0nas Nagera, al Quesillo Loud y a toda la Crew, a erickshakespeare20089, a ferservera, y a todos nuestros lectores fantasmas. Los invito a comentar el momento más sorprendente que han leído de lo que va de Polidrama y si creen que el próximo año este fic les traerá algo que lo supere.

Un abrazo Patotástico!