Bueno, tengo ganas de aprovechar de responder las preguntas que han dejado en los comentarios.
¿Cuál será el flechazo de Yo? Es alguien que ustedes ya conocen porque ya fue presentada en este fanfic.
¿Qué estarán haciendo nuestros conejos favoritos? Cazando lobos.
¿Volveremos a ver a Martita? Sí, sale en este capítulo.
¿Por qué hago tantas preguntas? Para que te las pueda responder.
¿Cuándo me callaré? No lo sé.
¿Cuándo estrenan la obra El rey y yo? A este paso se va a estrenar primero en Amor Prohibido.
¿Es la obra el final de la historia? ¡Por supollo que no! ¡Hay mucho más después de eso!
Pueden dejar sus preguntas en los comentarios para más respuestas.
¡Ah! Antes de que se me olvide, tengo un anuncio muy importante, pero se los dejaré al final.
Polidrama - Capítulo 34
—Millie, no puedo ir sin tí.
Aquel domingo por la mañana tocaron a la puerta del departamento de nuestro trío poliamoroso. Millie fue a abrir, topándose de frente con Franco. El chico se veía despeinado, con enormes ojeras y ojos entrecerrados. Su chaqueta de mezclilla estaba colocada de forma descuidada, mientras parte de su camiseta se encontraba metida dentro del pantalón. Jadeaba frenéticamente mientras se afirmaba del marco de la puerta. La chica lo observaba sorprendida desde el otro lado. Vestía un camisón largo color beige con encajes blancos en las mangas y el dobladillo de su falda. Con aquella simple oración, Millie captó las intenciones de su amigo. A diferencia de él, no tenía ni la menor intención de reencontrarse con aquella cucaracha.
—Franco, no puedes hacer esto… —intentó razonar con él.
—¡Tengo que hacerlo! —exclamó desesperado—. ¡No puedo quedarme aquí!
—Franco —Millie frunció el ceño—, ese tipo es malo. Te hará daño.
—¡Entiende Millie! —gritó al borde de las lágrimas—. Yo… no puedo seguir con esto en mi cabeza. ¡Es un infierno!
La chica no encontraba argumentos. Si pudiera, lo hubiera amarrado con tal de evitar que lo volvieran a dañar, pero sabía que eso era inútil. Quería amarrarlo con las palabras. Quería lanzar las palabras mágicas para sanar sus pesares. Lamentablemente, por más que estrujaba su mente, no encontraba nada útil. A falta de palabras, ella lo atrapó en un abrazo. Dejó que sollozara en su hombro. Esperaba que fuera suficiente para que se calmara. Pretendía invitarlo a desayunar, esperando a que la compañía de Leni y Lincoln fuera de ayuda. Aquella tarde pretendía compartirla con él, olvidando por un instante la cita con su psicóloga. Todos eran castillos en el aire. Ideas que prefirieron quedarse solo en eso, en ideas.
En ese momento comenzó a temblar. Rápidamente ambos se sujetaron del marco de la puerta. Apenas podían mantenerse de pie. El mundo les daba vueltas, el mareo se hacía inevitable. Los gritos comenzaron a multiplicarse hasta el momento de escuchar los gritos de Leni provenientes desde el interior del departamento. El caos y la desesperación pronto se apoderó de las almas de ambos chicos.
—¡Buenos días!
Dennis se golpeó en la cabeza con el chasis de Terremoto. El chico se veía completamente desalineado con aquella camiseta desteñida y manchada, la jardinera cubierta de grasa, los guantes de cuero oscuros y los bototos de cuero. Se encontraba debajo de la tortuga metálica haciendo algunas cuantas reparaciones. Al salir de allí, se pudo apreciar las bolsas y ojeras debajo de sus ojos. El chico se había pasado todo el día anterior ayudando a Lisa a reparar a vanzila y a Terremoto, hasta quedarse muy tarde en la noche. Al día siguiente lo había mandado a regresar a la casa Loud a continuar con su trabajo. Eran las siete de la mañana y el chico ya se encontraba con las manos en la grasa.
Tras enderezarse, pudo ver a Lily y Lira juntas. Habían coreado un saludo, y lo observaban con una sonrisa pícara y sus manos en la espalda.
—¿Qué hacen despiertas tan temprano? —preguntó mientras aún se sobaba la cabeza producto del golpe. Su cansancio doloroso apenas le permitía permanecer despierto. Lisa ni siquiera le había dado tiempo para ir al hospital para revisar sus eventuales heridas internas.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó Lira con ingenuidad.
—Intento reparar a Terremoto —respondió el chico mientras le regalaba un par de palmadas al montón de hojalata.
Los tres se encontraban en la cochera de la casa Loud. Era un desastre desorganizado, con cajas, herramientas, charcos, entre otras cosas, repartidos por todo el lugar. El montón de extrañas piezas, motores, hojalata y demás se extendían por toda la entrada hasta dar a la calle. Apenas quedaba espacio para agregar nuevas piezas mecánicas. Las chicas recorrieron todo un laberinto para llegar a ubicarse frente a Dennis.
—¿Podemos ayudar? —preguntó Lily con emoción.
—No —zanjó el chico frunciendo el ceño—. Ustedes ni siquiera deberían estar aquí.
—¡Oh! ¡Por favor! —rogó Lira—. Prometemos no meternos en problemas —agregó con una amplia sonrisa.
—No —insistió Dennis—. Apenas Lisa regrese las sacará de aquí.
—¡Por favor! ¡Por favor! ¡Por favor! —corearon ambas hermanas al unísono colocándose cada una a un lado del chico.
—Ya les dijo que no —la voz nasal de Lisa atrajo la atención de todos hacia la entrada de la cochera. La chica venía empujando un carrito que tenía una caja cuadrada metálica de aproximadamente un metro por lado—. Espero que este plutonio radioactivo acelere las cosas —agregó con una sonrisa mientras le daba unas palmadas a la caja—. Dennis, el equipo de seguridad. Vamos a sistematizar eso —le ordenó a su asistente.
El chico obedeció de inmediato. Se puso de pie de un salto y corrió hacia un viejo armario que había en un rincón. Se introdujo casi por completo antes de comenzar a extraer unos trajes similares a los de un astronauta.
—¡Vamos Lisa! —esta vez los ruegos de Lily iban para su hermana—. Esta vez lo haremos bien.
—¿Y para qué quieren ayudarme? —les preguntó la chica con seriedad en su mirada.
—Estamos aburridas —contestó Lira.
—Además lo que ustedes hacen es tan increíble —completó Lily acercando su mano a la caja metálica, sólo para recibir un manotazo de parte de Lisa para evitar que la tocara.
—Escuchen —anunció Lisa con autoridad—, ustedes no tienen ni la menor preparación para tan siquiera acercarse a las herramientas que utilizamos. Nosotros…
En ese minuto el temblor interrumpió sus palabras. La enorme estructura de Terremoto comenzó a mecerse y a amenazar con caerse encima. Dennis se sujetaba del armario, el cual también se movía de un lado para el otro.
—¡Ustedes salgan ya! —Lisa le ordenó a sus hermanas. Ambas chicas obedecieron de inmediato.
Lisa corrió hacia el rincón junto a la entrada a la cochera. Un lente de periscopio pasaba desapercibido entre tantos objetos y herramientas en las paredes. Lo tomó de inmediato y observó a través de este. El otro extremo ascendió por un agujero en el tejado. Su altura aumentaba más y más mientras que el lente giraba en trescientos sesenta grados en busca de alguna pista. Cuando la altura del aparato llegó a los cien metros, la chica encontró la causa del temblor.
—¡Dennis! ¡Espectrum! ¡Salero! ¡Lluvia! ¡Ya! —la chica se volteó y le gritó a su asistente.
El chico asintió con la cabeza y se dispuso a correr siguiendo a su jefa. El temblor mientras poco a poco iba mermando, lo que evitó que ninguno se tropezara.
A las afueras de la ciudad, Yin y Yang se encontraban en problemas. Ambos se encontraban espalda contra espalda, con su karategi puesto y en guardia para luchar. Yang tenía desenvainada su espada de bambú cargada de energía Woo Foo percibida como un brillo ardiente color celeste claro. Su hermana en cambio, tenía sus puños cerrados rodeados con un brillo similar. A su alrededor había miles de lobos gigantes de grandes fauces. Cada uno tenía por lo menos cinco metros de altura. Eran de colores oscuros, entre el azul marino, pasando por el gris, café y negro. Alrededor de cada uno brillaba flameante un aura color azul oscuro. Observaban a los conejos como su próximo desayuno, con ojos brillantes y malignos. Los gemelos se hallaban rodeados de estos seres que emanaban un poder increíble. Un movimiento en falso y ni siquiera quedaría el recuerdo de ellos.
—Recuérdame cómo llegamos a esto —le pidió Yang a su hermana.
—No tenemos tiempo para flashbacks, Yang —le recriminó Yin.
—Creyeron que podrían salirse con la suya —lentamente, fue descendiendo una especie de demonio hasta quedarse a un par de metros de los conejos—. Entrar a mi guarida fue el último error de sus vidas.
El ser era alto, delgado y de complexión normal. Tenía dos cuernos en su frente y unas enormes alas de murciélago. Observaba a sus enemigos con una seriedad hiriente. Tenía la piel color rojo oscuro y ningún cabello sobre su cabeza. Aparentaba ser un hombre de unos cincuenta años. Vestía una armadura medieval completamente dorada. El demonio flotaba en el aire con los brazos cruzados.
—¡Deja al pueblo en paz! —lanzó Yin en un acto de valentía.
—¡Esos son mis territorios! —exclamó el demonio apuntando hacia la ciudad—. ¡Y los voy a recuperar! No va quedar absolutamente nada vivo. ¡Ni siquiera el espíritu del Caballero Desconocido!
—Sí, como no —bromeó Yang con sarcasmo—. Ni siquiera puedes recuperar tu melena perdida, señor pelón.
—De todos los enemigos que he enfrentado, eres el más irritante —respondió el demonio extendiendo su mano hacia el conejo.
En ese momento un fuerte dolor en el pecho atrapó al conejo. Era un dolor tan fuerte que ni siquiera podía respirar. Se lo apretó con una de sus manos mientras tras el dolor venía el mareo. Pronto cerró los ojos con fuerza mientras no podía evitar soltar un par de quejidos suaves.
—¡Yang! —exclamó Yin alarmada al ver que su hermano caía de rodillas mientras el brillo de su espada de bambú se apagaba.
—Lobeznos. Ataquen —ordenó el demonio con voz tranquila.
La orden encontró a una Yin que había bajado la guardia. Se había hincado junto a su hermano mientras intentaba sostenerlo y se preguntaba qué estaba pasando.
Los segundos transcurrieron en cámara lenta. La marcha de los lobos trajo de regreso el temblor. A trote limpio, se acercaron como una enorme masa oscura dispuesta a aplastarlos. El círculo se fue reduciendo cada vez más hasta tornarse asfixiante. Presa del terror, Yin se aferró a Yang mientras invocaba con su palma abierta algún campo Foo para protegerse. La hora de la embestida había llegado.
Comenzó a llover. Fue una lluvia repentina y potente. Parecía como si fuera invierno y estuvieran lanzando el agua con un balde gigante. Lo peor es que Yin se percató que el día se encontraba perfectamente despejado. ¿Cómo era posible?
La lluvia detuvo el ataque. Los lobos detuvieron su andar al tiempo en que empezaban a aullar de dolor. Sus auras desaparecieron tras el contacto con el agua, y pronto se podía apreciar un humo oscuro emanar de sus pelajes. Muertos de dolor, los animales escaparon despavoridos. Su huída aumentó la intensidad del temblor.
Yin notó que su campo Foo también se deshacía con el agua. Pronto, sintió la debilidad en su cuerpo. Intentó invocar su energía Foo, pero le fue imposible. Estaba completamente empapada junto a su hermano. El conejo comenzó a toser mientras sentía cómo el dolor se iba.
El demonio también fue sorprendido por la lluvia. En contra de su voluntad, fue descendiendo hasta tocar el piso. A él no le gustaba flotar, pero sentía que aquella agua le había anulado sus poderes mágicos. Observaba sus manos mientras intentaba invocar distintos tipos de poderes inútilmente.
—¡Ustedes no me han vencido! —vociferó el demonio sacando sus garras de sus manos.
Mientras ambos conejos se preguntaban qué estaba sucediendo, el demonio se fue corriendo en dirección a ellos, dispuesto a destrozarlos con sus propias garras. La furia y la decisión se leía en su rostro. Cuando se encontraba a tan solo un par de metros de ellos, de la nada apareció un astronauta con un traje amarillo. Se colgó de su espalda con firmeza, dispuesto a no soltarlo más.
—¡Hey, tú! —exclamó el demonio molesto—. ¿Qué rayos haces?
Intentó forcejear con el astronauta por un instante. Logró enterrar sus garras en sus brazos, pero aparentemente no logró penetrar hasta la piel. Daba vueltas en círculos para quitárselo de encima, pero el astronauta parecía estar pegado a él. Durante el forcejeo, perdió la atención sobre los conejos. Cuando volvió a verlos, Yin le regaló una verdadera golpiza. De inmediato el astronauta se alejó lo más que pudo, hasta tropezarse con Yang y caer junto al conejo.
—¿Qué rayos? —preguntó Yang extrañado al verlo retorcerse en el suelo.
El conejo se encontraba recuperado, pero notó que ya era tarde para cobrar su versión de la golpiza.
—¡Volveré! ¡Les juro que volveré! —lloriqueó el demonio adolorido. Había conseguido escapar del agarre de Yin, y con una uña que había conseguido secar, rasgó el aire, abriendo un portal brillante de colores oscuros para huír.
Yin apretó los puños por la frustración. Solo se encontraba con unos cuantos rasguños repartidos por su cuerpo cortesía de los arañazos del demonio. Su mirada furiosa mostraban su malestar por verlo escapar.
—¡Oye Yin! —su hermano llamó su atención detrás suyo—. ¡Tienes que ver esto!
En ese momento se volteó y pudo notar al extraño astronauta amarillo en el suelo. Yang intentaba quitarle el casco inútilmente. La coneja se aproximó corriendo para ayudarlo con la tarea. Ninguno de los dos pudo. El propio astronauta, con un botón secreto oculto bajo el casco logró quitárselo.
—¡Dennis! —exclamaron al unísono al reconocer al chico. Dennis simplemente les regaló una sonrisa nerviosa.
—¡Buenos días, patito!
Yo iba entrando a la oficina del alcalde luego de un llamado de él. ¡Tener que trabajar un domingo! Era una verdadera lata, pero él me dijo que era importante.
—¿Sentiste los temblores? —me saludó desde su escritorio.
—¿Cuáles temblores? —pregunté.
—¡Los que han estado ocurriendo durante toda la mañana! —insistió impaciente.
—Yo no sentí nada —contesté.
—¡¿Cómo que no sentiste nada?! —exclamó exasperado—. ¡Estuvo temblando toda la mañana! ¡Fueron por lo menos unos cuatro o cinco temblores grado seis!
—Soy de Chile —me encogí de hombros—. Si no es arriba de siete no lo siento.
El pato me lanzó una mirada furibunda.
—Te daría tu buena lección si no fuera porque tenemos una reunión urgente —respondió dirigiéndose hacia la salida—. Los gemelos Chad acaban de regresar de su misión Woo Foo y necesito el reporte de daños.
—¿Usted cree que ellos están involucrados con esos temblores? —le pregunté.
—No, creo que ellos se fueron a tomar el té a china —respondió con sarcasmo—. ¡Claro que fueron ellos! —refunfuñó.
—¿Y no deberían hablar con su padre primero? —volví a preguntar mientras salíamos al pasillo alfombrado.
—Él ya viene en camino —contestó a secas.
Al igual que yo, se encontraba de malas pulgas por tener que lidiar con asuntos de gran envergadura un día domingo. Por otro lado, las misiones Woo Foo del panda no suelen acarrear buenas noticias para la ciudad. La principal tarea del alcalde de Anasatero es precisamente velar por la seguridad de la ciudad. Lo anterior lo obligaba a estar atento ante cualquier novedad relacionada con el futuro de la ciudad.
Entramos a otra oficina similar a la del pato, aunque más pequeña. Paredes tapizadas color damasco, alfombra color granate, un escritorio de madera lustrada, unas cuantas sillas acolchadas alrededor. Los gemelos Chad se encontraban en un costado de la habitación. Del costado opuesto se encontraba Lisa y su asistente Dennis. El chico parecía como si hubiera dormido en medio de un bosque durante una semana.
—Bien, quiero que me cuenten de una vez qué pasó —el pato ingresó con autoridad hasta instalarse sobre el escritorio y observar a todo el mundo con seriedad autoritaria. De inmediato yo me coloqué junto al escritorio, pasando revista a todos los presentes con la mirada.
Lisa se aclaró la garganta y colocó sus manos en su espalda.
—Señor alcalde. Hasta donde tengo entendido, esta es una reunión confidencial —me regaló una mirada frígida como el ártico.
—¿Qué? ¿Lo dices por ella? —el pato me miró de reojo—. Es mi asistente personal. Es de mi total confianza. Además, por su cargo, es su obligación estar aquí. Para eso le pago.
—Pero si usted no me paga… —repliqué antes de que me mandara a callar con su alita de goma.
La dureza en la mirada de la chica empeoró. Intenté mantenerme impasible ante el momento. Tenía la venia del alcalde, y absolutamente nadie en la ciudad podía contradecirlo.
—Si no desea hablar, pues habrá alguien más aquí que me explique qué pasó —continuó el alcalde—. No lo sé… ¿Yin?
—¿Eh? ¿Yo? —la coneja se mostró sorprendida ante la repentina mención—. Este… desde hace un par de semanas recibimos el reporte de la presencia de un lobo con poderes Woo Foo en la ciudad…
—Sí, eso del lobo en el sur ya me lo contó tu padre —la interrumpió el pato.
—Es por eso que con mi hermano partimos en busca de su guarida el viernes por la noche… —continuó un tanto dubitativa.
En eso la puerta se abrió de par en par, dejando entrar al mismísimo Maestro Yo.
—Disculpen el retraso —explico entrando mientras las puertas se cerraban detrás suyo—. Había un tráfico de los mil demonios.
—¡Excelente! —exclamó el pato triunfante—. ¡Ha llegado justo a tiempo! Su hija nos estaba explicando qué es lo que acaba de ocurrir con esto de los temblores.
—¿Ella no debería hablar conmigo primero? —el panda frunció el ceño.
—No hay tiempo —zanjó.
—¿Y quiénes son ellos? —agregó aún molesto apuntando a Lisa y a su asistente con el pulgar.
—Es una buena pregunta —contestó el patito dirigiendo su mirada hacia el par.
Lisa nuevamente aclaró su garganta tomando la palabra.
—A las siete cincuenta y dos se sintió un temblor grado seis punto cinco en escala Richter con una duración de un minuto y treinta y dos segundos. Con ayuda de mi periscopio pude encontrar la causa de los temblores: una ola de espectrum.
—¿Una qué? —interrumpí casi sin darme cuenta.
La chica suspiró con fastidio.
—Es energía mística de algún tipo —me explicó el pato—. Usualmente se le atribuye a entidades del más allá.
—¿O sea fantasmas?
El pato afirmó con su cabeza.
—Inmediatamente activé uno de los satélites que tengo en órbita —Lisa prosiguió con su historia—, uno en particular llamado SALERO. Tal como el cloruro de sodio sobre los moluscos, SALERO deposita grandes cantidades de hidróxido peróxido de anfreno.
—¿O sea ANTM? —intervine.
—Aleluya, sabe algo —respondió con sarcasmo.
—¿No que esa cosa quedó prohibida en el simposio de 1929? —pregunté mirando al pato.
—¡Por supuesto que sí! —exclamó el Maestro Yo completamente molesto—. ¡Esa cosa inhibe todo poder Woo Foo!
—De hecho inhibe todo poder mágico y espectral de cualquier tipo —agregó Lisa sacando pecho con orgullo—. De hecho si me hicieran caso y repartieran ANTM en el agua potable, acabarían con todo el problema de los Caballeros Oscuros y todo eso.
—¡¿Acaso enloqueciste?! —explotó el pato furioso—. ¡Con eso acabarás con la esencia de Anasatero!
—Meh —la chica se encogió de hombros despectiva—. Eso de la esencia es simple charlatanería barata de siglos pasados.
El pato comenzó a cambiar de color pasando al naranja, cosa que jamás había pasado. Su mirada furibunda me daba una pista de lo que estaba pasando. Se podía venir un súper grito, o simplemente explotar.
—¡Oiga! ¡Tranquilícese! —exclamé con voz temblorosa retrocediendo un par de pasos—. Olvide lo que dijo. Ella no sabe lo que dijo.
Mi temor se contagió al resto de los presentes, quienes con miradas temerosas también retrocedieron.
—Recuerde que tenemos que resolver el problema de los temblores —proseguí intentando hacerlo entrar en razón—, y estallado no va a resolver nada.
—Bien, bien, bien —el pato logró recuperar su habitual color amarillo—. Entonces, tras el primer temblor identificaste una ola de espectrum y le mandaste ANTM. ¿Luego qué?
—Envié a mi asistente al lugar de los hechos para verificar qué había ocurrido, encontrándose con estos conejos —respondió presentándolos con su mano.
—¿Es todo? —la mirada del pato se dirigió a Dennis.
—Es todo —respondió Lisa.
—¿Dennis? —el pato no despegó su vista de la chica.
—Además de ellos, me encontré con un demonio —confesó el chico con inseguridad en su voz.
—¿Un demonio? —cuestionó el pato.
—Él fue el que provocó el ataque —intervino Yang.
—Y el que controla a los lobos —agregó Yin.
—¿Los lobos? —el Maestro Yo se volteó hacia su hija.
Era el turno de escuchar la versión de los conejos.
—Yang y yo fuimos en busca de la cueva del lobo —prosiguió Yin—, y nos encontramos con su jefe. Esta mañana nos atrapó en una redada con un ejército de lobos…
—Un momento —intervino el alcalde—, ustedes me dijeron que ese lobo que se encontraron en la ciudad tenía el poder de un Maestro de la Noche. ¿Esos lobos tenían el mismo poder?
El silencio se repartió en la habitación. Fue un silencio que podía herir los oídos y todo lo que tuvieras en el interior.
—Sí —Yin se atrevió a confirmar la noticia.
El rostro del panda se desencajó completamente. El pato no podía abrir más el pico de la impresión. Hasta yo sentí como si una aplanadora me hubiera pasado encima.
—¿Cuántos lobos eran? —el pato lanzó su pregunta como una bala de cañón.
—Eran alrededor de quinientos —respondió Yin con temor.
Otra aplanadora pasó por encima mío.
—¿Lo dices en serio? —preguntó el panda con desesperación.
—Yo… yo tampoco lo entiendo —contestó su hija en el mismo tono.
—¿Y su jefe? —intervine tras ver que el patito quedó congelado—. ¿Era igual de poderoso?
—No mucho —respondió Yang.
—Eso es un buen punto —le dijo el Maestro Yo con el alma regresando al cuerpo—. Si acabamos con su jefe, los lobos se irán.
—¿Ven que tuve razón? —intervino Lisa—. Lo que a ellos les causa tanto miedo, yo lo pude acabar en un instante con un par de botones —agregó con sorna—. Señor alcalde —se acercó ceremoniosamente al pato—, Es evidente que estos animales ya no se encuentran capacitados para enfrentar este problema. Déjenos a mí y a Dennis, y en una semana ya no sabrá de ningún peligro que amedrente a la ciudad. ¿Cierto Dennis?
—Sí —el chico agitó su cabeza afirmando con tal vehemencia que en cualquier momento esta iba a salir disparada.
—¡¿Qué?! —intervino el panda acercándose cargado de furia—. ¡Yo he protegido esta ciudad de los Maestros de la Noche desde hace más de sesenta años! ¡Mis hijos han hecho lo mismo desde hace casi veinte años! ¡Usted sabe el significado y las implicaciones históricas de nuestro trabajo! ¡No puede dejar que cualquier idiota se meta en esto! ¡Especialmente si son humanos!
—Tranquilícese, Maestro Yo —le respondió el pato con calma—. Yo más que nadie conozco el trabajo de los Woo Foo, y en particular de usted y sus hijos, y de los importantes aportes realizados a la ciudad de Anasatero. Martita también lo sabe —se volteó hacia mí—. Le regalé un libro de historia la Navidad pasada —le susurró al panda.
—Entonces supongo que dejará esto en nuestras manos, ¿verdad? —le dijo el Maestro Yo.
—De hecho, lo dejaré en manos de los seis —contestó en tono ceremonioso—. Es evidente que ustedes tres no podrán con esto por sí solos —agregó mientras el pánico aterrizaba sobre el panda y la sorpresa aterrizaba sobre los conejos—. Les guste o no, van a trabajar todos en equipo. Recuerden que lo más importante es la seguridad de Anasatero y de cada uno de sus habitantes.
—Un momento —intervine—. ¿Dijo seis?
—Tú también estás involucrada en esto —respondió sin dejar de mirar al grupo frente a ellos—. Estás a cargo de evitar que se terminen matando entre ellos.
¿Qué? ¿Yo también? ¿Qué se supone que voy a hacer en medio de todo este asunto? Seguramente espera que los vigile o algo por el estilo. ¡Pucha que fome!
—Y como bien sabrán —prosiguió el pato—, esta es una misión secreta. Lo último que deseo es interrumpir el normal desarrollo de la ciudad, especialmente con rumores que repartan el miedo.
—No le fallaremos —respondió Lisa con una sonrisa triunfal—. Vámonos, Dennis —le ordenó a su asistente mientras emprendía la retirada.
El panda se quedó un par de segundos más regalándonos una mirada de pocos amigos, antes de retirarse de la habitación seguido de sus hijos.
—Esa Lisa es muy pesada, ¿no te parece? —le comenté al pato una vez a solas.
—Martita —me habló con seriedad sin despegar la vista de la puerta—, te autorizo a usar los poderes del patoverso para este asunto.
—¡¿En serio?! —exclamé impresionada. El pato siempre ha sido el primero en prohibirme usar esos poderes, debido a la peligrosidad de los mismos. ¡¿Y ahora me permite usarlos?!
—Sólo no te pases —me respondió volteando hacia mí—. Sabes las limitaciones.
A mi ya ni me importaban las advertencias. Las ideas atacaron mi cerebro hasta casi freírlo. Esto se va a poner bueno.
—La única persona en sacar algo bueno en todo esto eres tú —le dijo Yang a su hermana.
Ambos habían regresado a la academia junto a su padre. Se encontraban en el patio trasero inmersos en una piscina de madera llena de agua. El ANTM se quita con un baño profundo, para quitar hasta el más mínimo rastro del químico. Luego de eso podrían usar sus poderes con normalidad.
—¿A qué te refieres? —le preguntó extrañada.
—¿No que ese tal Dennis es el tipo que te gusta?
La coneja en ese instante abrió los ojos como plato.
—¡Oh chiwa es cierto! —exclamó hundiéndose en la piscina, para luego volver a sacar la cabeza—. Con todo esto de los lobos ni siquiera me había dado cuenta —agregó con nerviosismo—. ¡Oh chispas! ¡Me vio hecha un desastre! ¡Y con rasguños! ¿Qué pensará de mí?
—Relájate —le respondió su hermano—, él se veía peor que tú, y ni que se hubieran topado en una fiesta de gala —agregó sarcástico.
—Sí, pero… pero —la coneja nuevamente se hundió en el agua.
—Chiwa —contestó Yang aburrido.
En eso frente a él apareció flotando la señorita Mushroom.
—¿Te importa? Me estoy bañando —la saludó.
—Hola Yang —le respondió haciendo caso omiso a sus palabras—. Solo te quería comentar que hoy puedes faltar a tu cita a mi consulta con tus chicas. Haré la reunión sin tí.
—¿En serio? En todo caso tampoco pensaba ir —contestó Yang—. No es que no me importe, pero…
—Lo sé, lo sé —lo interrumpió con tranquilidad—, Martita ya me contó los pormenores. Sé que tu relación con tus chicas es importante, pero la seguridad y la vida de toda la ciudad lo son mucho más.
—¿En serio no le molesta? —cuestionó el conejo.
—En serio —la hada le sonrió—. De hecho me gusta eso de estar viva. Te deseo mucha suerte en esto. A ambos —agregó luego de voltearse y ver a Yin.
—¡Señorita Mushroom! —exclamó la coneja presa de la sorpresa—. ¡Hace mucho tiempo que no la veía!
—¡Qué casualidad! Aprovechando que estoy aquí, ten —le respondió la hada extendiéndole una tarjeta.
Yin la recibió y la observó mientras la hada continuaba su relato.
—Nos vemos el miércoles a la una de la tarde en mi consulta.
—¿Qué? ¿Por qué? —preguntó arqueando una ceja.
—¡No faltes! —se despidió desapareciendo con un poof.
Ambos conejos se miraron mutuamente interrogándose con la mirada.
—¿Para qué me citó? —cuestionó la coneja.
—No lo sé, ¿para celebrar tus tres años completamente libre de alcohol? —respondió su hermano con sarcasmo.
Yin le regaló una mirada asesina mientras Yang luchaba por aguantarse la risa.
—Eres un grandísimo estúpido —le dijo molesta.
Bueno, es hora del anuncio: se viene nuestro primer crossover entre Polidrama y Amor Prohibido: «Amor poliamoroso». Este crossover tomará capítulos de ambos fics para contar una historia que se interrelaciona, conectando de cierta forma ambos mundos. No necesitas leer el otro fanfic, puesto que trataremos que las descripciones autocontengan la historia, pero será más disfrutable si lees ambos fics. En Amor Prohibido comienza mañana (olvidé mencionarlo por allá) con un prólogo, mientras que en Polidrama comienza el próximo sábado. Tomará solo uno o dos capítulos por fanfic, y será un experimento interesante que espero pueda resultar.
¡Hasta entonces!
