Como patitos, lamentamos lo que está sucediendo en Europa Oriental. Como humanidad, somos testigos del cruento conflicto bélico entre Ucrania y Rusia. Una guerra de la cual el planeta entero está al pendiente, puesto que nos encontramos ante un eventual inicio de una Guerra Mundial. Estos patitos no apoyan a ningún bando, puesto que abogamos por la paz. Nunca debemos olvidar que en una guerra no hay ganadores, y que las principales víctimas son los inocentes. Es un conflicto bélico que enluta a Europa y el mundo, puesto que trae al presente los horrendos conflictos bélicos del siglo XX y que ya parecían darse por superados.
Nuestro saludo va para toda latinoamérica, para quienes ven con horror, angustia y ansiedad cómo la humanidad se aproxima un poco más al precipicio. Son buenos días para abrazar a quienes queremos, para amar y perdonar, para atrevernos, intentar y probar. Son tiempos de valorar la vida y lo que realmente importa en ella.
Son días cada vez más duros para nuestra generación, la cual recién está saliendo de una pandemia mundial. Es literalmente una lluvia sobre mojado. Como dirían los memes, ya no queremos vivir más momentos históricos. Esperamos que con este capítulo tengan un pequeño oasis en medio de la lluvia de información de todo tipo. Es importante distraerse de las malas noticias puesto que desde este rincón del mundo no podemos hacer nada más.
Esperamos que nuestra región (y en particular nuestro país) no sea arrastrado ante un conflicto que amenaza con volverse global. En todo caso, nosotros como patitos nos comprometemos a continuar con nuestra publicación (casi) semanal de este fic, con el propósito de regalarles un momento de distracción en días tan oscuros.
Un abrazo patotástico, y mucho ánimo.
PD: los quiero mucho.
Polidrama - Capítulo 42
—Te confiaría hasta mi vida.
Aquellas palabras aún resonaban en mi cabeza la mañana siguiente. Es que a pesar de que ni siquiera habían transcurrido veinticuatro horas desde los acontecimientos, no podía quitarme de la cabeza la idea de que Millie quería decir algo más con esas palabras. Me llamaban especialmente la atención, especialmente luego de su extraña aparición en medio de mi batalla con Yin. Era como si tuviera consciencia del Patoverso de manera inconsciente o algo así.
—No, no, y definitivamente no —zanjó el pato.
El patito había llegado a la oficina y respondió enérgicamente a mi propuesta mientras se acomodaba en su asiento frente al escritorio.
—¡Pero vamos! —repliqué—. ¡Todo tiene sentido! Millie podría ser un personaje guardián…
—¡Basta! —me acalló el pato alzando su alita—. Apenas salvamos de milagro el Patoverso de todo el enredo provocado por Jacob como para volver a tentar nuestra suerte.
—Por si no te diste cuenta, fue Millie quien precisamente salvó el Patoverso —alegué—. ¿Acaso no te has preguntado por qué ella intervino?
—No, y no me interesa —respondió escondiéndose detrás del periódico—, y si te importa aunque sea un poquito este multiverso, dejarás las cosas como están. Punto.
—¡Pero patito! —insistí gesticulando con las manos mientras me paseaba en torno al escritorio—. Un metaverso requiere de personajes guardianes para proteger los universos que contienen y mantener la integridad y seguridad de todo el metaverso. ¡Necesitamos a Millie!
—Eso ocurre en metaversos grandes —replicó el pato bajando el periódico para lanzarme una mirada hastiada—. ¡Admítelo! El Patoverso es pequeño, joven y a nadie le importa. ¿Para qué demonios queremos un personaje guardián?
—Los personajes guardianes no se piden, aparecen —respondí insistente—. Es por eso que debemos estar atentos ante la aparición de personajes especiales, y te aseguro de que Millie es uno de ellos. ¡No debemos dejar pasar esta oportunidad!
—¡Ya córtala! —me gritó molesto lanzando el periódico sobre el escritorio—. Por favor, ¡deja en paz a Millie! Te puedo asegurar de que ella es una chica normal con una vida normal. Si le revelamos todo y al final resulta que no es nada de lo que dices. ¡Estaremos expuestos! ¿Acaso quieres que el Patoverso explote?
—Dije que era un personaje guardián, no que era Ladybug —repliqué con el ceño fruncido y los brazos cruzados.
El pato suspiró pesadamente mientras hervía frustrado.
—Te ordeno que te olvides del asunto —zanjó—. No te metas con Millie, y no hagas ninguna estupidez. Ahora ve a tu oficina y tráeme la agenda, que necesitamos ponernos al día con unas cosas. ¡Ahora!
Ese último grito casi le desgarró la voz. Ante eso se me quitaron las ganas de replicar. Aunque todavía no se me iba de la mente aquella sospecha, sabía que discutirle al pato no iba a resultar en nada limpio. En silencio, terminé por abandonar la oficina.
Mientras, en el departamento de nuestro trío poliamoroso, Lincoln y Millie salieron en silencio de la habitación de la chica. Aún procesaban en sus cabezas el hecho de haber despertado juntos. El arrepentimiento del chico se hacía evidente, al igual que la culpa de la chica. A ninguno de los dos le salía la voz como para amenizar el ambiente.
—¡Felicidades, chicos!
Apenas Lincoln y Millie se acercaron a la cocina, vieron la mesa preparada con un desayuno sencillo, cortesía de Leni. La chica los recibió con una amplia sonrisa, y una alegría que desbordaba el común del día a día.
—De verdad me alegro mucho mucho mucho que ustedes dos se lleven tan bien —la chica se acercó y los abrazó a cada uno con un brazo.
—Un momento —Millie se zafó del abrazo—. ¿Qué es lo que sucede?
—¡Oh, vamos chicos! —Leni se colocó frente a ambos sujetando a cada uno de un hombro—. Sé lo que hicieron anoche.
—¡¿Qué?! —gritaron ambos al unísono. Lincoln enrojeció y Millie frunció el ceño con furia.
—¡Relájense! —los tranquilizó la rubia—. No hicieron nada de malo. ¡Al contrario! ¡Esto hay que celebrarlo!
Antes de que los chicos pudieran responder, Leni se acercó a la mesa de medialuna, y tomó tres vasos con jugo de naranja. Los chicos solo atinaron a sujetar los vasos que traía la chica para evitar que se cayeran al suelo.
—¡Por el amor! —Leni alzó su vaso en señal de un brindis con una sonrisa—. Para que nunca falte en este hogar.
Ella bebió todo el contenido de su vaso, mientras que Lincoln y Millie la observaban como si estuvieran lidiando con un extraterrestre.
Mientras tanto, en la casa Loud, la familia despertó con un grito agudo y femenino. Todo el mundo se dirigió raudamente hasta la cocina. El pasillo del segundo piso y las escaleras temblaron ante el andar de siete chicas quienes se encontraban entre impresionadas y aterradas por el grito lanzado.
En la cocina, el señor Loud se encontraba despavorido con una carta abierta entre sus manos. Se encontraba corriendo en el mismo sitio, amenazando con pegar la carrera hasta la luna a pie. Su mirada se encontraba despavorida, con los ojos totalmente abiertos, y unas cuantas arrugas de más sobre su frente. Se encontraba comiendo las uñas de su mano izquierda con tal ahínco que en cualquier momento terminaría por tragarse la mano entera. Aún continuaba chillando como niña pequeña frente al contenido de la carta, como si estuviera viendo su peor pesadilla.
—Cariño, ¿qué tienes? —Rita se le acercó y le preguntó con cuidado. El resto de sus hijas observaba la escena desde el umbral de la entrada.
—¡Me llegó, Rita! —su esposo la tomó de los hombros, regalándole una mirada eloquecida—. ¡Me llegó la confirmación!
—¿De qué estás hablando? —su esposa comenzó a asustarse.
—Me llegó la carta de confirmación —respondió el señor Loud intentando serenarse—. Me llegó la carta del ayuntamiento. La mesa de Lynn quedó seleccionada para la cena de aniversario de la ciudad.
—¿La cena de aniversario? —preguntó Rita contagiándose de la locura de su esposo.
—¡Sí! —contestó su marido con euforia.
—¡Sí! —gritó ella.
—¡Sí! —exclamó él.
De inmediato ambos se dieron un fuerte y envolvente abrazo mientras saltaban de alegría. La algarabía aumentó cuando las chicas Loud cayeron en cuenta de las palabras de su padre, y se sumaron a la alegría. Saltaron, bailaron, gritaron, rieron, corrieron, se emocionaron. Era toda una algarabía que solo la familia Loud podía crear.
—Esto es lo más increíble que me ha pasado —comentó el señor Loud enjugándose una lágrima—. ¿Saben lo que esto significa? ¿Saben lo que esta carta significa? —agregó golpeando el papel—. ¡La mesa de Lynn se convertirá en el restaurante más cotizado de todo Anasatero! —gritó cargado de emoción.
Una nueva algarabía nació de parte de toda la familia, quienes terminaron abrazando efusivamente al padre de familia.
—Cariño —la señora Loud interrumpió el momento—, aquí dice que para confirmar la decisión, vendrá el alcalde a probar una muestra de la cena hoy a la una de la tarde.
—¡Oh cielos! ¡Tienes razón! —su esposo cayó en desesperación agarrándose la cabeza—. ¡Tengo que preparar el restaurante! Necesito los adornos, las mesas, el menú, la comida, los ingredientes, la música, ¡todo!
—¡Hay papi! ¡No te preocupes por eso! Nosotras estamos aquí para ayudarte —intervino Lola comentando con una sonrisa coqueta mientras se aferraba del brazo de su padre.
—Tenemos exámen de matemáticas —le recordó su gemela cruzándose de brazos.
—Cállate —masculló amenazante entre dientes.
—Hoy no tenemos que hacer mucho en la escuela, ¿cierto Lira? —comentó Lily con una sonrisa inocente mirando a su hermanita. La menor asintió con la cabeza.
—A ver niñas —su madre puso orden—, quienes deban ir a la escuela, irán a la escuela. Yo misma las llevaré.
Entre los alegatos de las cuatro chicas que sí debían ir a clases, su madre les anunció que les prepararía el desayuno.
—Yo no tengo clases esta mañana. Podría ayudar —se ofreció Lynn junior.
—No tengo algo más interesante que hacer —se ofreció Lucy.
—Tengo que impartir una lección hasta las diez en punto —comentó Lisa—. Posteriormente me encontraré disponible para ofrecer mis servicios en el restaurante. Mientras tanto, me contactaré con Dennis para que se adelante en el local —agregó sacando un teléfono celular de su bolsillo.
—¡Excelente idea! —comentó Lynn—. Yo llamaré a Ronnie y Polly —agregó tomando su propio teléfono.
—Yo podría llamar a Haiku —se sumó Lucy.
—¡Excelente! —exclamó su padre encantado—. Yo llamaré a Luna. Necesito pedirle un favor adicional —agregó agarrando el teléfono de la cocina.
Lincoln se tragó toda la vergüenza durante el desayuno. Leni intentaba amenizar el ambiente, mientras que Millie la apoyaba intentando seguirle la corriente. El chico apenas podía mantener la mirada erguida. Se escondió tras los huevos revueltos y su taza de café. «¿Cómo pudiste? ¿Por qué hiciste eso?» se reprendía internamente. Con la luz más clara y la mente más fría se cuestionaba cómo pudo ser tan estúpido. Las mujeres no ofrecen sexo así como así. La mirada de Millie al despertar se lo dijo todo. Él mismo la había notado enferma la noche anterior. ¿Acaso él…? El imaginarse que en el fondo simplemente se aprovechó de ella le dolía en lo más profundo. Quería llorar, quería gritar, quería arrodillarse ante ella rogándole perdón con la frente en el suelo. Se sentía como un monstruo de lo más cruel y detestable.
Afortunadamente el desayuno no duró más de diez minutos. Millie se apresuró en comer puesto que ya se encontraba atrasada para ir a trabajar. El chico la imitó a pesar de que no tenía prisa. Tenía una clase en la universidad antes de ir al trabajo, pero era lo que menos le importaba. Si no fuera porque requería de asistencia perfecta en su práctica para aprobar, tampoco habría ido. Lo último que hubiese querido era precisamente toparse con Coop.
—Tú y yo tenemos una conversación pendiente.
Lincoln se había atrincherado en su oficina, encargándose del trabajo pendiente. Rogaba silenciosamente que este día transcurriese sin novedades y lo más pronto posible.
—¿Qué sucede? —el chico se volteó con timidez e incomodidad. Frente suyo se encontraba nada menos que su jefe. Coop lo observaba con un tazón con café en la mano.
—Ayer me estuviste esquivando toda la tarde —sentenció con seriedad mientras acercaba una silla y se instalaba—. Ahora cuenta.
—¿Qué cosa? —preguntó nervioso volteando su silla.
—¿Te gusta Millie? —Coop lanzó su pregunta con una sonrisa pícara.
—¡¿Qué?! —Lincoln sabía que le preguntaría. Lo que no sabía era cuánto le iba a afectar. Dio un respingo tan fuerte que perdió el equilibrio de su asiento y se cayó hacia atrás con la silla y todo.
—Q-que-que-que tonterías dices —agregó nervioso mientras intentaba ponerse de pie.
Coop en tanto, observó con alegría el espectáculo que le estaba regalando el chico. Para él, cualquiera era mejor cuñado que ese conejo azul. ¿Y qué mejor que alguien como Lincoln? Parecía un muchacho tranquilo, esforzado, inteligente, preocupado, paciente al considerar la cantidad de hermanas que tuvo que soportar.
—¡Vamos! ¡No es para tanto! —respondió Coop con una sonrisa burlona.
—¿Por qué dices eso? —le preguntó su subordinado con una rodilla en el suelo.
—Un pajarito me contó —respondió Coop soplando a su tazón.
—Con pajarito te refieres a que Dennis te vino con el chisme, ¿no? —Lincoln logró ponerse de pie.
—Sep —confirmó Coop tras beber de su tazón.
—¡Rayos! —maldijo por lo bajo. No estaba tan seguro de qué tan chismoso era Dennis. Acababa de descubrirlo.
El silencio se apoderó del momento mientras Lincoln reubicaba su silla para tomar asiento. Mientras, pensaba en la excusa para quitárselo de encima y para que Millie dejase de ser tema de conversación entre ambos por lo menos el resto del día.
—¿Entonces? —volvió a preguntar su jefe dejando su tazón en una mesa contigua.
—¿Qué? —Lincoln intentó desviar el tema.
—¿Te gusta?
—¡Oh no! ¿Cómo crees? —el chico negó efusivamente con las manos y la cabeza—. Millie no me gusta para nada. Ni un poquito siquiera.
—¿Por qué no? —insistió Coop.
—Porque —los nervios aumentaron en el muchacho mientras buscaba con la mirada cualquier detalle que pudiera salvarlo de aquel incómodo silencio—... tengo novia.
—¿A sí? —Coop se mostró sorprendido.
—Sí, por supuesto —insistió Lincoln con ahínco—. Yo a mi novia la amo muchísimo. No tendría ojos para nadie más, aunque me cayera una bomba encima.
El silencio con la boca abierta de Coop le regalaron la confianza que necesitaba nuestro Lincoln.
—Claro, con Millie nos hemos hecho muy buenos amigos —continuó más seguro—, pero ella sabe perfectamente que yo tengo una novia a la que amo con todo mi corazón. Así que sea lo que sea que estés imaginando son nada más que rumores y mentiras baratas.
—¿Quién es tu novia? —Coop arqueó una ceja.
—Creo que esa es información un tanto personal —respondió Lincoln con una sonrisa confiada.
—Sip, supongo que tienes razón —concluyó Coop con un tono irónico—. Entonces supongo que tendré que ponerte una «efe» en el ítem de cooperación laboral en tu evaluación de práctica profesional, ¿no?
—¡¿Qué?! —exclamó el chico frunciendo el ceño—. ¿Y eso qué tiene que ver con el trabajo?
—No lo sé —continuó Coop con su jugarreta—, puede que tu novia termine entorpeciendo tu trabajo. En un acto de descuido puedes, no lo sé, borrar el trabajo editorial de todo un año, y eso es algo que no puedo permitir en mi departamento.
Lincoln quedó en silencio mientras procesaba todo lo que le acababan de decir. Coop intentó mantenerse serio mientras disparaba su mirada.
—¿Sabes qué? Iré a revisar tu evaluación ahora mismo —Coop se puso de pie y se dirigió a la salida.
—¡¿Qué?! —exclamó el muchacho. Aunque intentaba convencerse de que aquella excusa era ridícula, Coop parecía hablar en serio. Esa «seriedad» lo carcomía por dentro. Lo último que necesitaba era precisamente reprobar su práctica.
—¡Espera! —el chico se puso de pie de un salto y se fue corriendo a la siga.
Ambos pasaron a la oficina principal. Coop se quedó de pie en medio del lugar y se volteó hacia su subordinado.
—Se llama Ronnie Anne Santiago —confesó finalmente frente a su jefe—. Salimos desde la secundaria, hace unos cinco años.
—Continúa —Coop se cruzó de brazos con seguridad.
—La conocí en la primaria —agregó Lincoln rascándose la nuca—. Su hermano mayor salía con una de mis hermanas, y desde entonces nos hicimos amigos. Luego una cosa llevó a la otra, y ahora somos novios.
Coop terminó por sonreírle al chico. Sonreírle por piedad, por triunfo, por dominación frente a un chico que haría lo que fuera con tal que no lo mal evaluaran.
—Tranquilo —le dijo en tono amistoso mientras lo rodeaba con su brazo por sobre el hombro—. ¿Ves que no era tan difícil?
—¿Y tú no me hablarás de tu novia? —le preguntó Lincoln intentando equiparar la balanza.
—No tengo —respondió con sencillez mientras lo llevaba hacia su escritorio.
—¿Al menos te gusta alguien? —Lincoln arqueó una ceja.
En ese preciso instante oyeron que alguien golpeaba con algo metálico sobre la puerta de entrada de vidrio. Al voltearse, ambos chicos se encontraron con una chica muy particular. Era alta, delgada, de tez clara, con la cabellera castaña y corta peinada hacia adelante. Traía media docena de aros y aretes en cada oreja, uno en la nariz y otro en el ombligo que podía verse bajo la blusa color morado que llevaba puesta. Traía media docena de anillos entre sus manos, de los cuales utilizó uno de ellos para golpear. Llevaba puesta una delgada chaqueta de cuero negra, unos pantalones oscuros ajustados con unas cuantas cadenas colgando del cinturón, y unas botas de cuero también negras. Además traía pulseras negras con púas en ambas manos y un collar negro ajustado también con púas. En su espalda llevaba una mochila de cuero color negro bastante pequeña.
—¡Luna! —exclamó Lincoln con alegría soltándose del agarre de su jefe.
—¿Qué hay, hermano? —Luna ingresó en la habitación con una sonrisa confiada. Lincoln se acercó a ella, y la saludó con un choque de puños.
—¡Vaya sorpresa! —respondió Lincoln con una sonrisa de alivio—. ¿Cómo me encontraste?
—Preguntando se llega a Roma —le dijo cruzándose de brazos y observando el lugar. Lanzó un silbido de impresión—. Lindo sitio —comentó.
—De hecho es la oficina de mi jefe —confesó el chico rascándose la nuca—. Ven, te lo presento.
Coop se había quedado congelado ante la presencia de la chica. Fue una avalancha de emociones con tan solo la primera impresión. Un revoltijo interior que lo llenó de ansiedad repentinamente. Una impresión que jamás había sentido. Su presencia lo invitaba a lanzarse a la aventura más arriesgada jamás imaginada. Con ella iría hasta el fin del mundo con tal de mantener el golpe de adrenalina que lo atrapó volando bajo.
—Él es Coop, mi jefe —lo presentó Lincoln—. Ella es Luna, mi hermana mayor.
Luna arqueó una ceja ante la mirada de bobo de Coop. Le dio una rápida mirada a su hermano en busca de una explicación. Lincoln también notó cómo el chico la miraba. Aprovechó su venganza regalándole un codazo en las costillas que finalmente lo hizo reaccionar.
—¡Hola! Soy Coop Burtonberger, encantado de conocerla —el chico rápidamente extendió su mano para saludarla.
—Un placer —la chica le sonrió mientras estrechaba su mano efusivamente—. Luna Loud.
—Por cierto, ¿a qué viniste? —Lincoln aprovechó para lanzar su pregunta apenas vio el apretón de manos disuelto.
—Papá me dijo que te fuiste a vivir con Leni —Luna por primera vez se mostró seria.
Lincoln sintió la soga al cuello. No solo era el hecho que su hermana mayor aparentemente había llegado para regañarlo, sino que además, sin saberlo, estaba a punto de decirle a Coop que había pasado todo un fin de semana bajo el mismo techo con Millie.
—Este… yo… —Lincoln no se dio cuenta que su rostro se había enrojecido.
—Si quieres lo hablamos afuera —propuso su hermana intuyendo la situación.
—Creo que es lo mejor —aceptó Lincoln dirigiéndose raudamente hacia la salida buscando no soltar aquel salvavidas.
Luna vio cómo su hermano se encaminaba hacia la puerta de vidrio. Se volteó hacia Coop con la intención de despedirse, pero al verlo nuevamente con su cara de bobo, desistió. Simplemente se remitió a encogerse de hombros y seguir a su hermano.
¡Antes de que se me olvide! Esta semana realizamos la primera revisión de los primeros treinta capítulos de este fic, por si desean volver a releerlos.
