Polidrama - Capítulo 45

—¡Vamos Yin! Date prisa, ¿quieres?

Yang se encontraba listo para retirarse del gimnasio del Centro Comercial. Se encontraba en la entrada del local impaciente y de brazos cruzados. Hacía más de una hora que habían finalizado las clases, y él solo quería irse a casa. Se hubiera ido de todas formas si no fuera porque su hermana le pidió expresamente que lo esperase. De haber sabido todo lo que iba a esperar, no hubiese aceptado.

—¡Ya van! ¡Estoy casi lista! —oyó la voz de Yin proveniente desde los camerinos del fondo.

—¡Chiwa! —masculló el conejo hastiado mientras fruncía el ceño y golpeteaba el piso con su pie derecho.

Siguió paseándose por su alrededor como una forma de bajar su ansiedad. El local con la luces apagadas solo recibía una pobre iluminación amarillenta proveniente del exterior. La gente afuera iba y venía alegre. No solo era por cuestión de las fiestas de Aniversario que aún se sentían en el ambiente. También a esa hora muchos salían de sus trabajos y querían aprovechar el momento de disfrutar de aquel rato libre comprando alguna chuchería en el Centro Comercial.

El conejo por su parte solo quería volver a reunirse con sus novias. Desde el viernes que no las había visto. Era su primera separación desde que habían comenzado su relación poliamorosa. En el fondo las extrañaba, y no quería extender más su separación de ellas. Recordar aquello simplemente lo frustraba más.

—¡Chiwa! ¡Llevas más de una hora allí! ¿Cuánto te falta? —vociferó molesto a punto de perder la paciencia.

—¡Ya van! —oyó la voz de Yin.

El conejo respiró hondo cuando justo oyó abrirse la puerta. Al voltearse y toparse con su hermana, se quedó sin respiración.

La coneja llevaba puesto un hermoso vestido color calipso con estampados de hortensias amarillas que le llegaba hasta cuatro dedos sobre la rodilla. Tenía un par de tirantes en los hombros, y un atrevido escote en uve. El vestido le quedaba ajustado, marcando su cintura y sus caderas. También venía recién maquillada, con labios rojos, sombra púrpura en sus ojos, un leve rubor en sus mejillas y con las pestañas curvadas y remarcadas. Su pelaje brillaba lustrosamente, emanando un suave olor a fresas. Llevaba una delgada cadena dorada colgando en su cuello, y un par de pulseras en cada brazo. Se había colgado unos pendientes en la base de sus orejas. Tenía en su mano su bolso de gimnasia medio abierto.

—¿Y? ¿Cómo me veo? —le preguntó con una sonrisa haciendo un giro completo.

—Chiwa —fue lo único que pudo balbucear Yang.

—¿Crees que le guste a Dennis? —volvió a preguntar Yin.

—¡Un momento! —Yang logró escapar de su impresión—. ¡¿Lo haces por ese tipo?!

—El ensayo de hoy estará supervisado por el alcalde —le explicó la coneja mientras reordenaba sus cosas al interior de su bolso para luego cerrarlo—. Solo quedan un par de días para presentar la obra, y si no aprovecho estos días se me puede escapar. Además, creo que hoy es mi día de suerte —finalizó su discurso con una sonrisa de emoción.

Yang quedó perplejo sin saber qué responder. Simplemente la miraba con los ojos totalmente abiertos y con la boca un poco abierta.

—¿Tú qué dices? —le preguntó su hermana.

—Que… si él no cae rendido a tus pies apenas te vea, es porque es gay —sentenció Yang.

—Awwwn, Yang —Yin le respondió emocionada.

—¿Ya… nos vamos? —balbuceó el conejo comenzando a sentirse incómodo mientras apuntaba hacia la salida.

Tras el cierre del local y de camino hacia la salida del Centro Comercial, Yin invitó a su hermano a ver el ensayo de la obra. Todos los ensayos eran abiertos al público, y él podía perfectamente quedarse a verlos. Yang por su parte, rechazó la oferta, argumentando que prefería llegar temprano a casa y compartir con sus novias. En el camino, más de alguien se volteó hacia Yin. La impresión y la sorpresa eran predominantes en todas aquellas miradas. Definitivamente Yin no pasaba desapercibida entre la gente. Su tenida y su maquillaje resaltaba su porte y su figura esbelta. Yang intentaba ignorar todas esas miradas intentando centrar su mirada en cualquier detalle llamativo de las vitrinas. A la salida del Centro Comercial, ambos se despidieron, emprendiendo la marcha por caminos opuestos.

—Bien, este es el plan: apenas veas a esa tonta, tú vas y cortas esta cuerda. Esa estúpida coneja terminará aplastada por esa caja fuerte que está colgando allí, ¡y no podrá interpretar a la princesa Violet nunca más!

Detrás del escenario, Lola Loud se relamía emocionada por el simple pero efectivo plan que tenía en mente. Junto a ella, un emocionado Carl Casagrande se frotaba las manos emocionado por la emoción de su amada. Junto a ellos, una cuerda se encontraba amarrada a una polea empotrada en el piso. Era solo cuestión de desatarla, y la caja fuerte colgando oculta en el techo caería al suelo. El ostentoso y pesado objeto se encontraba colgando sobre la entrada al teatro de ATTV.

—¿Está claro? —le preguntó Lola al chico con mirada inquisidora.

—¡Por supuesto mi princesa! —exclamó con una sonrisa melosa mientras intentó abrazarla, para recibir un empujón por parte de la chica.

Mientras tanto, en un costado del escenario, Lisa, Luan y una maquilladora observaban con detención el rostro de Dennis. El chico se encontraba instalado en una silla mientras un par de focos iluminaban todo su rostro bajo la mirada inquisidora de las tres chicas. Tras las curaciones de Lisa, el chico se veía mucho mejor de lo que lo había dejado Coop. A pesar de aquello, se le notaba la nariz un tanto ladeada y el ojo derecho tan morado como si se tratara de un mapache.

—Sí, creo que lo del ojo se puede arreglar con maquillaje —le comentó la maquillista—, ahora lo de la naríz dudo que lo noten —agregó pensativa.

—La operación podrá reajustar la nariz —explicó Lisa—, pero con lo encima que se encuentra la obra, es mejor dejarla para después de la presentación.

—Entonces si las marcas se pueden ocultar, entonces no habrá problemas —agregó Luan aliviada.

—Eso sí, el ocultamiento de ese ojo morado requiere bastante maquillaje, así prefiero guardarlo para la presentación —acotó la maquilladora.

—¡No se preocupe! —exclamó Luan con su ánimo acostumbrado—. Lo importante es que tenemos de vuelta a nuestro rey Yakko —agregó rodeando con un brazo a Dennis mientras esbozaba una de sus más enormes sonrisas—. ¿Cómo te sientes, amigo? —agregó dirigiéndose al chico.

—Pues ya no me duelen los golpes —contestó—. Suturaron la hemorragia en la nariz y en la lengua, además de darme analgésicos y echarme ungüento en los moretones.

—¡Pues bien! —exclamó Luan alejándose de un salto y juntando sus manos—. ¡El show debe continuar! ¿Dónde está mi princesa Violet?

En eso, la coneja hacía ingreso al teatro. Apenas sus tacones pisaron la entrada, los presentes comenzaron a voltearse hacia ella. Caminaba con ímpetu y seguridad. Vista al frente, daba un paso seguido del otro, generando una profunda impresión en todos los presentes. Con una sonrisa en los labios, y una mirada decisiva, la chica tenía un objetivo en mente.

—¡Ya llegó! ¡Suéltalo ahora! —exclamó Lola tras bambalinas observando el espectáculo con unos binoculares—. ¿Carl? —preguntó extrañada observando hacia donde se encontraba el chico—. ¡Carl! —gritó molesta al notar que el chico no se encontraba por ningún lado.

—¡Buenas tardes, señorita! —Yin fue detenida de improviso por un chico, quien con una rodilla en el suelo, la saludó con una amplia reverencia para luego tomar su mano derecha—. Mi nombre es Carl Casagrande, y es un placer conocerla. Cualquier cosa que necesite, literal, cualquier cosa, puede contar conmigo —agregó para luego besar el dorso de su mano.

—Este… muchas gracias —un tanto incómoda, Yin le arrebató su mano para luego continuar su camino.

—¡No lo olvide! ¡Carl Casagrande! —exclamó el chico detrás de ella agitando su mano en un saludo con toda la emoción que tenía.

Yin habría continuado con su camino sin mirar atrás si no fuera porque un fuerte golpe la obligó a voltearse. Una enorme caja fuerte metálica había quedado inserta en el piso justo en el sitio en donde se encontraba el chico. Lanzó un grito ahogado mientras cubría parcialmente su boca semiabierta con su mano.

—Estoy bien —se oyó una voz suave desde la caja fuerte. Esta se abrió, dejando salir a un golpeado y mareado Carl. Aunque apenas podía mantenerse de pie, el chico luchaba por mantenerse estoico—. Carl Casagrande es fuerte —agregó antes de caer desmayado.

Yin se habría acercado a ayudarlo si no fuera porque otras personas más cercanas a él se habían acercado. Al notar que se encontraba en buenas manos, se encogió de hombros y prosiguió con su rumbo.

Tras bambalinas se encontró con Dennis junto con Luan y Lisa. Su corazón latió con fuerza al toparse con el chico con la mirada.

—¡Hola Dennis! —se acercó a toda velocidad hacia él sin siquiera preocuparse de las chicas que la rodeaban. Apenas se encontraba a menos de dos metros de él se topó con la nariz chueca y el ojo morado. Se detuvo de golpe mientras que abría la boca y los ojos presa de la impresión—. ¡Cielos! ¿Qué te pasó?

—No, no es nada —balbuceó intentando desviar la mirada.

Yin, lejos de olvidar el asunto, inspeccionó el rostro del chico. Ocultando su inmensa emoción al sentir la suave piel de su cara, observó cada detalle con ojo clínico. El chico se sentía cada vez más incómodo. Ya había tenido más que suficiente aguantando la inspección y curación de Lisa, sumado a la revisión de Luan y de la maquilladora.

—¡Chiwa! ¡Mira cómo te dejaron! —exclamó absorta en su impresión.

—Tranquila —intervino Luan—, no es nada que no pueda cubrir el maquillaje y una operación en la nariz. Por ahora hay que prepararnos. Hoy vienen desde el ayuntamiento para inspeccionar el avance de la obra.

—¿Quién le hizo esto? —Yin se volteó dirigiéndose hacia Luan sin soltar el rostro de Dennis.

—Fue el idiota ese… ¿cómo era que se llamaba? —respondió Luan molesta cruzándose de brazos—. Fue esta mañana al restaurante de mi papá y no solo golpeó a mi rey Yakko. ¡Además hizo explotar el restaurante! ¡Y casi hace que mi papá perdiera el auspicio para la cena de Aniversario de la ciudad! —alegó agitando sus brazos.

—¿Quién? —preguntó Yin claramente confundida.

—Es ese amigo tuyo, Dennis —agregó Lisa—. Los vi subiendo juntos al tejado del restaurante durante los preparativos.

—Un momento —Yin cayó en cuenta de quién podría tratarse—. ¿Fue Coop?

—¡Ese era su nombre! —exclamó Luan tronando sus dedos mientras su hermana afirmaba con la cabeza.

—¿En serio fue Coop? —Yin lanzó un grito ahogado para luego quedarse sin respiración ante la mención de los hechos. Su mirada quedó clavada en un Dennis que a cada segundo se ponía más ansioso. Intentaba decir algo, pero terminaba balbuceando sin soltar nada.

—¡No puedo creerlo! —exclamó la coneja molesta al convencerse de los hechos—. ¡No puedo creer que te haya hecho esto! —agregó revisando detenidamente el rostro del chico—. Me había prometido no volver a actuar con violencia. ¡Pero mira cómo te dejó!

Dennis palideció por los nervios, dejando aún más marcado el morado de su ojo. Quería decir algo para calmar la molestia de Yin, pero su lengua había quedado trabada.

—Ese idiota es un maldito troglodita —continuó Yin aún molesta con el chico—. ¿Cómo es posible que alguien tan delicado y caballeroso como tú sea amigo de un monstruo idiota como ese tipo? ¿Cuántas veces antes te ha hecho esto? ¿Hasta cuándo piensas aguantarlo?

—Bueno, bueno —intervino Luan dando un par de aplausos—. Es momento de prepararse para el ensayo. ¡Vamos! ¡Andando! ¡Andando!

Es así como la chica correteó a los actores junto con el resto del elenco para comenzar con los ensayos.

Mientras tanto, yo había arribado al edificio de ATTV. Había que cruzar un lobby y un hall antes de llegar al teatro del canal. El lugar se encontraba lleno de vida, con gente yendo y viniendo en sus ocupaciones. Varias de ellas entraban y salían desde el teatro. Al parecer el interés por la obra era grande. Había oído lo importante que es la obra para el aniversario, y tenía todas las ganas de poder verla. ¡Increíble que pueda ver los ensayos! La emoción me abordaba, especialmente tras la convincente descripción de Luan.

Estaba a punto de ingresar al teatro, cuando me encontré con lo más hermoso que había visto en mi vida. A un costado de la entrada había una máquina expendedora. En una de sus ubicaciones, se encontraba reluciente una fila de latas de Tula. ¡La famosa bebida energética! Me acerqué rápidamente a la máquina chocando con el vidrio. ¡No tenía idea que las vendían en Anasatero! La dichosa lata azul verdosa me saludaba tentándome a agarrarla a través del vidrio.

De inmediato metí mi mano al bolsillo trasero de mis pantalones de mi billetera, descubriendo con pesar de que no estaba allí. Recordé que para la fiesta de Aniversario de la Editorial, Brick se robó mi billetera junto a sus secuaces. Seguro deben estar felices disfrutando de mis billetes. Aunque, considerando que la máquina aceptaba dólares estadounidenses, no me hubieran servido de mucho las lucas de mi billetera.

La lata continuaba tentándome a través del vidrio. ¡Parecía tan fácil ir y sacarla! Pegué mi rostro en el vidrio mientras pensaba en algo. ¿Usar mis poderes del Patoverso? Nunca me había sentido tan tentada de ir y agarrar la lata rompiendo todas las reglas de la física y del metaverso. ¡Oh, amada Tula! ¿Qué importa el nombre?

Me encontraba babeando el vidrio cuando me percaté que el colector de abajo era tentadoramente amplio. ¿Y si metiera mi mano? ¿Podría alcanzar mi tan ansiada lata? Parecía peligroso, y estúpido, pero ahí me tienen, intentando agarrar una lata desde abajo. No importaba el dolor ni el ridículo que estaba haciendo en medio de tanta gente. Ahí me tienen intentando agarrar una lata.

Canté victoria en el momento en que por fin pude agarrar una lata de mi tan ansiada Tula, pero a la hora de tirar mi brazo de regreso, noté que se había atascado. Intenté un par de veces mientras los nervios comenzaban a apoderarse de mis pensamientos. Mi brazo había quedado atorado en alguna parte dentro de la máquina que no podía ver. Decidí soltar mi Tula para no perder mi brazo, pero ni aún así me pude liberar. Intenté tironear con fuerza, pero solo conseguí que me doliera el hombro. Desistí de todo derrotada, mientras me imaginaba una vida con un brazo menos.

—¿Qué rayos estás haciendo? —una voz me preguntó desde detrás mío. Al voltearme, me encontré con la última persona que me hubiera querido encontrar en esta circunstancias.

Coop Burtonberger se encontraba a mi lado, observando absorto la situación mientras intentaba aguantarse la risa. Del ladrillazo que recibió, solo le quedaba una ligera cicatriz sobre su ceja izquierda. ¿Qué demonios estaba haciendo aquí? ¿Acaso venía a hacer explotar el canal de televisión?

—Yo… —me sentía atrapada como un cerdo en un chiquero. Más por mero instinto que por otra cosa, intenté escapar olvidándome de todo. Mi brazo atrapado y un fuerte dolor en el hombro me recordaron que aún seguía atrapada en la máquina expendedora.

—¡Espera! ¡No lo hagas! —Coop se arrodilló a mi lado con preocupación al ver mi rostro de dolor tras el tirón—. Podrías herir tu brazo.

El chico examinó el poco brazo que aún se encontraba afuera con seriedad, mientras yo solo deseaba salir de allí.

—Hay una forma de sacar tu brazo —contestó—, pero tienes que seguir mis instrucciones al pie de la letra.

Yo no dije nada. Me quedé observándolo aún confundida por cómo terminé así.

—Primero, tienes que soltar lo que sea que querías agarrar —me pidió.

—Ya lo hice —contesté.

—Bien, ahora gira el brazo así —continuó guiándome con sus manos.

Con lentitud, giré el tronco de mi brazo según sus indicaciones. Antes de que me dijera nada, tiré un poco y mi brazo salió hasta casi llegar al codo.

—¡Muy bien! —celebró el chico—. Ahora gíralo de esta forma.

Nuevamente lo giré pero esta vez hacia el otro sentido. el brazo salió un par de centímetros. Gracias a un tercer giro, finalmente mi brazo salió completamente. Ambos nos miramos impactados. Bueno, más impactada estaba yo, incrédula de tener mi brazo en mi poder luego de incluso haber perdido las esperanzas. El chico me sonrió de vuelta.

En eso, escuchamos un golpe metálico. En el depósito del producto cayó la tan ansiada lata de Tula. Coop la sacó de allí y la observó con curiosidad.

—¿Esto era lo que querías sacar? —preguntó extrañado—. ¡Es asquerosa!

—¡Oye! —repliqué con el ceño fruncido.

En eso ambos nos pusimos de pie, y él me entregó la lata.

—Por cierto, ¿a qué viniste? —le pregunté mientras recibía la lata.

—No, a nada importante —se disculpó.

Tras la despedida, yo me quedé disfrutando de mi tan ansiada lata en la entrada, mientras que el chico se adentró al teatro. Mientras, Luan se encontraba en el escenario entregando instrucciones y organizando todo para un primer ensayo general. Entre tanta batahola, Coop pasó completamente desapercibido. Se instaló silenciosamente en uno de las butacas, y vio pasar todas y cada una de las escenas de la obra. Fue gracias a esto que logró ser testigo de lo que le habían contado. Dennis danzaba estrafalariamente con una Yin que se veía más radiante que nunca. Era verdad. Ahí estaban. Emanando una química que ya los sentenciaba como pareja para el resto de la eternidad. En ese instante se cuestionó por qué golpeó a Dennis. ¿Qué sacó con eso? Como si de esa manera los separaría o algo por el estilo.

No había terminado el primer acto cuando los interrumpí. Había llegado justo cuando comenzaba el ensayo, y me instalé silenciosamente en otra butaca más cercana al escenario. Fue la emoción la que me impidió dejarlos terminar el acto. ¡Era impresionante! La química se podía notar en cada mirada, en cada contacto, en cada abrazo. Fue en el primer beso en donde intervine para felicitarlos a todos por tan flamante performance. Fue en ese momento en que Coop aprovechó para retirarse del lugar.

El chico se sentía abrumado. Simplemente caminaba como una esperanza de que el movimiento le ayudara a despejar la mente. Caminaba con rapidez, con la vaga idea de escapar de lo que había visto. El beso entre ambos era el sello definitivo. Debía ser estoico, pedir disculpas por los golpes y desearle lo mejor a la futura pareja. Dennis había ganado. Había corrido con suerte. Él no actuó a tiempo. No tenía que quejarse de los resultados de su mala jugada.

—Hola Coop.

El chico alzó la vista, topándose con los ojos turquesas de Fiona Manson. La chica se detuvo a medio camino, regalándole una sonrisa. Coop se quedó de pie, congelado, sin saber cómo reaccionar.

—¿Cómo estás? —la chica aprovechó el momento para acercarse hacia él.

Coop simplemente la miró sin decirle nada. No quería irse así sin más, pero tampoco su cerebro le ayudaba con alguna pista sobre lo que debía responder. Fiona notó la tristeza en su mirada, lo cual fue un dardo de culpa directo a su corazón. Ella estaba consciente del pasado entre ambos, y en el fondo, esperaba que estos cuatro años fueran un borrón y cuenta nueva. Claramente cuatro años —y tal vez una vida entera—, no era suficiente como para el perdón definitivo.

—Coop, yo —los nervios se apoderaron de la chica al notar que el juicio recaía sobre ella—... sé que ha pasado mucho tiempo desde que no nos vemos —continuó buscando palabras sobre la marcha—, y en estos años me han pasado muchas cosas. Ya sabes, esto de la guerra no es fácil —se detuvo por un suspiro que le ayudó a sacar fuerzas—. Quiero aprovechar primero que todo de pedirte disculpas por lo que ocurrió en el pasado entre nosotros. Sé que te hice mucho daño, y en estos últimos años me he dado cuenta de eso. De verdad lo siento.

La chica extendió su mano hacia el chico. Coop la siguió mirando aún perplejo. Aún se preguntaba cómo es que no se echaba a correr o simplemente no se iba de allí. Los segundos pasaron, y Fiona, derrotada, bajó su mano, intentó sonreír, pero se sintió demasiado torpe frente a lo que estaba haciendo. No iba a ser tan fácil que Coop la disculpara de todas formas.

—Yo, me tengo que ir —continuó con nerviosismo rascándose la nuca—. Si algún día quieres hablar conmigo, ya sabes donde vivo. También me puedes encontrar aquí, porque bueno, aquí trabajo —agregó lanzando una risilla nerviosa —no te quito más tiempo. ¡Nos vemos!

La chica se alejó de un perplejo Coop sintiendo la estocada de la culpa encima. Había sido demasiado inmadura con él. ¡Demasiado estúpida! Ella solo se conformaba con la certeza de que él había sanado todas las heridas del pasado. No importaba si la odiaba. No importaba si cada uno seguía con su propia vida. Solo quería dejar de sentir ese horrible pesar causado por los recuerdos.


En la plaza central de Anasatero se oyó desde unos enormes parlantes ocultos la canción «We Go Together». De cada rincón aparecieron todos los personajes de este fanfiction, y cuando digo todos, son todos. Los hombres vestían una camiseta impolutamente blanca y unos pantalones de tela ajustados de un solo color. Las mujeres vestían la misma camiseta blanca junto con una falda de un solo color. El color tanto de los pantalones como de la falda oscilaba entre los siete colores del arco iris. Cada quien tomó una pareja y comenzó a bailar siguiendo la coreografía de la película original.

En el medio del baile, apareció nuestro trío protagónico. Yang bailaba con cada una de sus novias tomada cada una de una de sus manos. El resto comenzó a rodearlos mientras hacían el trencito. Desde la punta de las espadas de la estatua del Caballero Desconocido se desplegó un cartel gigante con letras negras que decía «¡Feliz 1° Aniversario, Polidrama!».

—¡Feliz primer aniversario! —exclamó Yang sujetando a cada una de sus chicas por la cintura.

—Espero que hayan disfrutado de esta historia —secundó Leni con una amplia sonrisa.

—¡Sí! Y esperamos que continúen disfrutando de esta historia —terció Millie feliz.

—Al igual que todo lo que han visto, aún queda mucho por disfrutar —agregó Yang—, como lo que queda del Aniversario de la ciudad, mucho drama entre parejas.

—Infidelidades, triángulos amorosos, enamoramientos, corazones rotos —enumeró Leni.

—También tendremos acción, aventuras, misterios. ¡Esto está recién comenzando! —exclamó Millie.

—Pero lo importante aquí es que siempre prospere el amor —agregó Yang—. El amor poliamoroso.

—Awwwn —exclamaron sus novias antes de abrazarlo.

En eso interrumpí la escena a bordo de una patineta gigante. Me encontraba acostada de bruces con un casco de seguridad en la cabeza.

—¡Gerónimo! —gritó el pato instalado sobre mi espalda, mientras que yo gritaba como loca presa de la adrenalina.

—Bueno, tampoco podemos olvidarnos de que esto no sería posible si no fuera por Martita y su pato —comentó Yang mirando hacia dónde nos dirigíamos a bordo de la patineta.

—Ni tampoco sería posible gracias a ustedes, nuestros queridos lectores —agregó Leni.

—Le agradecemos principalmente a Jonas Nagera —dijo Millie—, Brick88, gmido jakeperro, ferservera, erickshakespeare20089, y a todos quienes siguen este fanfic cada semana.

—Ojalá que disfruten de este aniversario, y esperamos cumplir muchos años más —agregó Yang.

—¡Que disfruten la fiesta! —exclamaron los tres al unísono antes de ser atrapados por la fila del trencito.

We're for each other

Like a wop baba lumop. And wop bam boom

Just like my brother

Is sha na na na na na. Yippity dip deboom

Chang chang. Ah chang-itty chang shoo bop

We'll always be together

Wha ooh, yeah!

We'll always be together

We'll always be together

We'll always be together

We'll always be together

We'll always be together

We'll always be together

¡Editorial El Patito Feliz se une a esta fiesta! Un día como hoy hace un año atrás publicamos el inicio de esta aventura que por decir lo menos es más que alocada. Una premisa difícil de creer que poco a poco ha buscado ganarse su espacio en este mundo del fanfiction a través de sus capítulos cargados de sorpresas inesperadas. Todo esto se suma además al contexto del segundo aniversario de nuestra editorial. ¡Es temporada de fiesta!

¿Qué esperas para este fanfic? ¿Cuál ha sido tu momento favorito hasta ahora? ¿Crees que este momento favorito sea superado en el futuro? ¡Dejen sus comentarios! Por mi parte, espero que este fic tenga cien capítulos más, y que entre ellos conozcamos a la madre de Coop y Millie, que Dennis le rompa el corazón a Yin, y más problemas para nuestro trío poliamoroso. Mi momento favorito fue el primer beso entre Millie y Franco al final del Capítulo 26. Entre nos, ese capítulo es mi favorito, porque pude meter un chillón de referencias a la nueva ola. Y sí, creo que en futuro nos encontraremos con sorpresas aún más impresionantes que aquel momento.

¡Un abrazo patotástico! Y nos veremos en abril (haremos un parón la próxima semana por un nuevo cuento de Polidrama que estoy preparando).