Polidrama - Capítulo 47

—¿Está todo bien?

Durante el recreo de la mañana en la escuela primaria de Anasatero, Lily y su hermana Lira decidieron sorprender a Emilie con un par de regalos sorpresas. Lira le había regalado un paquete de papas fritas de los más caros, exclusivos y sabrosos que vendían en la ciudad, todo gracias a los ahorros de su mesada. Su hermana en cambio decidió asesorarse con el resto de sus hermanas y terminó consiguiendo un poster holográfico del grupo «Four Town».

A pesar de que Emilie le agradeció a sus amigas el gesto, y de la alegría por sus regalos —sumado al saludo del resto de sus amigos y compañeros—, Lily notó un dejo de tristeza en su mirada. La niña decidió preguntarle una vez que estuvieron a solas en la cafetería luego de comprar un snack y escapar del tumulto de niños dispuesto a conseguir su colación diaria.

—¿Ah? ¿Qué? —Emilie por su parte fue tomada por sorpresa con la pregunta. A pesar del disgusto de la mañana, ella sentía haberlo olvidado con el transcurso del día. Si había alguna señal que la hubiera delatado, sin duda era algo que solo un ojo agudo como el de Lily habría notado.

—No, nada —Lily retrocedió en sus intenciones sintiendo que aquellas ideas eran producto de su imaginación.

Ambas niñas salieron al patio mientras esperaban a Lira, quien se había quedado adentro haciendo quién sabe qué. El sol alumbraba brillante en aquella gloriosa mañana en que la niña asiática estaba cumpliendo sus doce años.

—Esta tarde la fiesta es en tu casa, ¿verdad? —consultó Lily fingiendo naturalidad.

—¿En mi casa? ¡Claro que no! —exclamó su amiga—. Es muy pequeña. Mi mamá consiguió un centro de eventos. Habrá pastel y juego inflables.

—¡Genial! —exclamó su amiga con emoción—. ¿Nos vamos juntas después de clases?

—Nos vamos juntas después de clases —Emilie le sonrió.

Tras otro silencio que comenzó a tornarse incómodo, Lily volvió a intentarlo.

—¿Está todo bien?

—Sí, sí. Está todo bien —Emilie contestó con un evidente nerviosismo que no pasó desapercibido.

—¿Tiene que ver con tus papás? —Lily intentó probar suerte identificando qué le pasaba.

Emilie quedó prácticamente sin respiración. Su amiga se había acercado al problema que buscaba tapizar durante todo lo que iba de mañana. Lily por su parte, conocía los problemas familiares de su amiga, y temía que aquello empañara ese día tan especial para ella.

—Lo siento mucho —agregó Lily con nerviosismo jugueteando con sus dedos sin saber cómo arreglarlo—. Yo no quise…

—¡No te preocupes! —exclamó su amiga esbozando una sonrisa—. No voy a permitir que los problemas arruinen este día.

—¡Así se habla! —la animó su amiga—. De todas formas cualquier cosa que necesites, puedes contar conmigo.

Emilie se remitió a sonreírle de regreso. Prefería dejar lo malo en el pasado gracias a la distracción de su día a día. No quería preocupar a sus amigas y arruinar aquel día tan especial. No quería amargar aquel instante en compañía de Lily con cosas malas que no podía evitar ni mucho menos remediar. Lily en cambio, prefería mantenerse silenciosamente atenta al momento en que su amiga necesitase más que palabras de aliento.

—¡Voalá! —Lira intervino interrumpiendo el momento cargada con bolsas de helados de todas las clases y tipos—. ¡Helado gratis!

—¿Cómo lo conseguiste? —le preguntó su hermana mientras recibía una bolsa pesadísima y heladisima.

—Frederich convenció a la señora Norris que la heladera se había descompuesto, así que le regaló todo el helado que tenía para vender —le explicó la pequeña—. Ahora tenemos para celebrar. ¡Vamos! ¡Comámoslo antes de que se derrita!

—No-creo-que-pueda-con-tanto-helado —balbuceó Emilie antes de caer ante el peso de su bolsa.

Ambas chicas la observaron mientras Lily intentaba ayudarla a quitarse aquel enorme peso de encima.

—O quizás podamos repartirlo en el colegio —propuso Lira rascándose la nuca.

Mientras tanto, en la escuela secundaria, Lana se encontraba aburrida en su asiento de clases. Lola y Carl no habían ido ese día a clases. Con lo cerca que estaba la obra de aniversario, ya no le quedaba tiempo a su gemela para arrebatarle el puesto a la coneja en su rol protagónico. Aunque Lana se sorprendía que su gemela aún conservara las esperanzas, era de esperarse el espíritu inquebrantable de Lola Loud. Ella, en compañía de su fiel compañero, decidió faltar a clases con tal de alcanzar su cometido. ¿Qué se traían entre manos? Era preferible no saberlo.

Hubiera sido un momento ideal para acercarse a Nataniel sin los molestos comentarios de Lola, si tan solo él hubiera venido. Lastimosamente, su puesto junto a la ventana se encontraba vacío. Lana suspiró frustrada mientras se preguntaba en dónde se podría encontrar. Los minutos se hacían densos en la soledad de su alma frente a la ausencia de aquel pelirrojo. Su mente divagante se topó con el recuerdo de aquella tarde en la que Dennis mencionó algo respecto a la madre de Nataniel. Dijo algo como que era extraña, ¿sospechosa? o algo por el estilo. ¿Podría ella tener algo que ver en todo eso? Lana mordisqueaba su lápiz sin siquiera darse cuenta. A su vez, buscaba en su mente alguna pista respecto de la madre de Nataniel.

Probablemente su imaginación la llevaba por caminos más alejados de lo que podía ofrecer la realidad.

Quien también se encontraba con su mente divagando por cosas que no estaban en el aquí y ahora era Coop. El chico giraba con su silla mientras evitaba enfrentar el trabajo que le esperaba en la pantalla de su computadora. El ventanal a su espalda parecía ser más llamativo aquella mañana. La ciudad se desplegaba a sus pies bañada de los rayos dorados del sol de verano. El chico en cambio se quedó pegado en la noticia que vió aquella mañana. Su propio padre le ofreció quedarse en casa aquel día. Había sido un golpe periodístico que no solo se comentaba por entre los barrios de viejas chismosas y gente sin arte ni parte. Había sido un golpe directo a todo lo que significaba su persona. Prefería meditar en su lujosa oficina con la posibilidad de distraerse a encerrarse en su habitación.

El hecho de que el caso en que lo acusaban de violación hubiera tenido un vuelco demostrando su inocencia y su victimismo era de por sí un tema digno de congelación. La suma de la presencia de Fiona en el caso terminaba de regalarle el giro escabroso digno de una película de terror. El sentirse atrapado en medio de los hechos le regalaba un constante escalofrío por la nuca. Sabía que el tiempo le podría ayudar a dejar todo atrás, pero el segundero amenazaba con comenzar a retroceder en cualquier momento.

—¿Coop?

El chico logró captar una voz que lo llamaba, dando la media vuelta en dirección a su escritorio. Del otro lado se encontraba un muy extrañado Lincoln, observándolo en silencio con una ceja levantada.

—¿Sí? —preguntó el chico igual de extrañado.

—¿Está todo bien? —le preguntó el chico.

—Sí, sí, está todo bien —contestó nervioso intentando fingir que tomaba café, pero al tomar la taza, esta se le resbaló de las manos, cayendo directamente sobre su camisa.

El chico observó a su subalterno aterrado, temiendo haberse delatado con ese pequeño acto. Se puso de pie de un salto mientras el calor hirviendo penetraba a su piel. El dolor por la quemadura era ínfimo al lado del remolino que circulaba por su cabeza.

—Cre-creo que iré al-al al baño —se apresuró Coop a salir corriendo aprovechando la excusa.

Lincoln ni siquiera alcanzó a percatarse de lo que estaba sucediendo cuando se quedó completamente solo. No tuvo tiempo de meditar sobre aquel nuevo acto de su jefe cuando vio entrar a alguien a la oficina. Era una chica rubia de ojos turquesas y que venía con un vestido sencillo color azul cielo.

—Buenos días —lo saludó con amabilidad desde la entrada—. ¿Aquí trabaja Coop Burtonberger?

—Este… sí, ¿qué necesita? —Lincoln se acercó hacia ella para atenderla con amabilidad. Mientras, apenas podía con la curiosidad de todo lo que estaba transcurriendo.

—Sí, lo estoy buscando porque necesito hablar con él —le explicó la chica—. ¿Puedo hablar con él ahora?

—Recién acaba de salir —respondió el chico—. Si gusta puede esperarlo.

—Este… sí, prefiero esperarlo —respondió la chica.

Lincoln la guió hasta el escritorio de su jefe y le pidió que la esperara sentada allí. Silenciosamente, Lincoln se alejó rumbo a su oficina. Desde la distancia, la observaba con suspicacia. Intentaba concentrarse para revisar su mente, puesto que era lo más llamativo que le había pasado desde que había arribado a su nuevo trabajo. Lo único que podía descifrar era un ruido ininteligible. Afortunadamente, cuando la llamaron por teléfono, pudo leer su mente con claridad. Se afirmó detrás de la puerta quieto cuan estatua, atento a la información que le pudiera sonsacar.

—Sí, entiendo que debería estar en el canal, pero tengo una visita urgente —le oyó replicar en su mente—. Te prometo estar para el almuerzo. De todas formas te recomiendo salir de allí. ¡Todo es un caos sin el jefe! Hmmm… Ajá, sí. ¿Sabes? Hay algo que me parece sospechoso y quisiera hablarlo contigo. ¿Nos vemos en…? No, no creo que sea bueno que te lo diga por aquí. Sabes que las paredes tienen oídos. Mira, ¿veámoslo mañana? Sí, sí, okey, adiós.

—¡Vaya! Esto es muy sospechoso —meditó Lincoln en su oficina. Se alejó de la puerta y comenzó a pasearse de aquí para allá pensativo—. No puedo leer su mente con claridad, a menos de que ella esté hablando con alguien más. Es muy extraña. ¡Ni siquiera puedo saber su nombre!

De improviso el chico se animó. Si no podía sacarle información leyendo su mente, la ayudaría un poco a través del diálogo. Como siempre dicen, la curiosidad mató al gato.

—Este, disculpe señorita… —Lincoln finalmente se acercó a la chica. Ella se encontraba revisando con la vista cada rincón del lugar.

—¿Sí? —con amabilidad, la chica se volteó hacia él.

—Me preguntaba quién es usted y para qué está buscando a mi jefe —Lincoln se atrevió a preguntar a pesar de aquella avasalladora mirada que parecía juzgar cada arruga de sus pantalones de lino.

—¿Él es tu jefe? —la chica contestó antes de que Lincoln pudiera prepararse para algo.

—Sí, él es mi jefe —contestó el chico.

—¿Desde hace cuánto es tu jefe? —le preguntó la chica con un interés que lo invitaba a soltar absolutamente todo.

—Desde hace un par de semanas —respondió Lincoln—. Estoy haciendo una práctica profesional.

—¿En serio? ¿Y de qué? —volvió a preguntar la chica.

—Estudio diseño gráfico —le explicó Lincoln—. Conseguí esta práctica de diseño y edición de cómics aquí en la Editorial Internacional en este departamento que lidera Coop.

—¡Vaya! ¡Qué interesante! —exclamó la chica—. Y cuéntame, ¿desde hace cuánto conoces a Coop? ¿Qué es lo que me puedes contar de él?

—Bueno, lo conocí cuando comencé a trabajar aquí —le explicó Lincoln relajándose—. Él es una persona amable, para nada autoritario, pero aquí entre nosotros, es muy irresponsable. Suele desaparecer jornadas enteras, dejarme toda la responsabilidad del departamento a mí, y luego reaparece como si nada. Eso hace que este trabajo sea estresante por momentos —se quejó cruzándose de brazos—. Por ejemplo, ahora se acaba de ir porque derramó café en su ropa, y seguramente no regrese en todo el resto del día. Es que se acaba de enterar de una noticia que sin duda es la noticia del día en Anasatero. Verá, resulta que hace un tiempo lo acusaron de violar a una de mis hermanas, pero luego resultó ser que a él lo forzaron a tener relaciones con ella por culpa de una poción mágica. Esta mañana detuvieron a la banda que los había secuestrado y los había forzado a todo eso. El pobre Coop está hecho una bola de nervios. Sencillamente hoy no es su día —sentenció encogiéndose de hombros.

—Te agradezco por toda tu información —al ver la sonrisa de la chica, Lincoln se percató que había hablado de más.

El discurso de Lincoln fue distractor suficiente para que Coop decidiera no entrar en su propia oficina. El chico había secado su ropa en el secador de manos que había en el baño. De la mancha no se había salvado, pero era más que suficiente para sobrevivir el resto del día. Cuando estaba a punto de entrar de regreso a su oficina, se encontró a Fiona hablando con Lincoln. El chico aprovechó la perorata de su subalterno para dar la media vuelta y arrancar de allí. Tras dar la vuelta en una esquina, se detuvo en seco mientras sentía que su corazón le latía con una fuerza tal que amenazaba con liquidarlo con un ataque en ese mismo instante. Cerró los ojos con fuerza mientras se agarraba el pecho e intentaba tranquilizarse. Era un hecho que no volvería a esa oficina durante el resto del día, cumpliendo con la palabra de Lincoln.

—¿Maestro Yo?

—Hmmm

—¿Maestro Yo?

—Hhmmm!

—¡Maestro Yo!

El grito de Yang despertó de golpe al viejo panda, quien por poco salía disparado desde su sillón favorito. Una vez despierto y aterrado de que el apocalipsis se les viniera encima, se encontró con un Yang muy molesto observándolo con seriedad, los brazos cruzados y una pata agitándose con nerviosismo.

—¿Eh? ¿Qué? ¿Cuán? —preguntó confundido mirando para todos lados—. ¡Cielos Yang! ¿Qué rayos ocurrió?

—¿Dónde está Yin? —el conejo preguntó directo al grano.

—¿Qué? —el panda se rascó la nuca confundido. Pudo ver a su hijo aún vistiendo su karategi del trabajo—. ¿Por qué no estás en tu trabajo? ¿Qué hora es?

—Es la una de la tarde —contestó Yang aún molesto—. Cerré la academia del Centro Comercial porque Yin no llegó.

—Bueno, tú sabes que ella suele llegar tarde —el panda se encogió de hombros.

—Nunca después del mediodía —alegó Yang—. ¿Ella pasó la noche aquí?

—No —le respondió su padre tras dar un largo bostezo—. ¿No estará en eso del ensayo? Supe que están con ensayo completo en estos últimos días.

—Acabo de pasar por allí —respondió Yang impaciente extendiendo sus brazos—. Encaré al chino ese con quien actúa. No tiene idea de dónde está.

—Vaya, eso es extraño —contestó el panda—. Creo que ya aparecerá. Solo hay que tener paciencia.

—¿Estás seguro que ella no pasó por aquí? —insistió Yang cruzándose de brazos.

—Sí, vino esta mañana a eso de las siete —contestó el Maestro Yo irguiéndose sobre su asiento—. Venía de ver al pollo ese. Discutimos un rato y luego ella se fue diciendo que iba al trabajo. ¿Estás seguro que no llegó al Centro Comercial?

—¡¿Qué?! —exclamó el conejo impactado—. ¿Y no pensabas decírmelo? ¿De qué hablaron?

—Ya sabes, aún está sentida por lo de no poder ir a estudiar a Timberlake —el panda contestó relajado recostándose sobre el sillón.

—¡Ah! ¡Chiwa! —exclamó Yang con frustración paseándose por la habitación—. ¿Sabe? Esto no habría ocurrido si la hubiera dejado ir a estudiar. ¡Yo podría haberme encargado solo de la academia del centro!

—¡Ja! Ya te quiero ver cuadrar la caja con tus tontas matemáticas —comentó el panda adormilado.

—Hubiera aprendido tarde o temprano —replicó el conejo—. ¡Tampoco soy tan idiota!

Tras aquella réplica, se percató de que su padre dormía plácidamente sobre su sillón.

—¡Maestro Yo! —el conejo se lanzó contra el panda remeciéndolo con furia. Como respuesta, su padre activó un Campo Foo que lo envolvió en una resistente esfera translúcida color celeste claro mientras lanzaba al conejo hasta chocar contra la pared contraria.

—¡Chiwa! —gritó molesto poniéndose de pie.

Él sabía que su padre no era el padre más preocupado del mundo. De hecho esta filosofía negligente fue la única que podía ayudarlo a entrenar a sus hijos con dureza. Pero ahora, que el peligro podía ser serio y los resultados eran nefastos, seguir con esa despreocupación le resultaba por lo menos molesto. Cargado en su furia, Yang se acercó a la esfera, le regaló un par de patadas soltando toda su frustración, para terminar retirándose con el doble de frustración y los pies adoloridos.

Yin en cambio había partido en su auto aquella mañana rumbo al centro de Anasatero. Terminó estacionada a un costado de la Plaza Central. Desde su ventanilla se podía ver la punta de las espadas al aire de la estatua del Caballero Desconocido. Se quedó en silencio durante gran parte de la mañana. No quería moverse de allí. No quería ser parte del mundo. Simplemente quería flotar en el vacío de su mente, olvidándose de cualquier cosa que le recordara su presente. Se quedó en el asiento del piloto, dejándose llevar por la chirriante señal de la radio del vehículo. Poco y nada le importó lo que fuera que se estuviera perdiendo allí afuera. Poco y nada le importaba todo en todo caso.

—Hola Yin —una voz interrumpió su tren vacío de pensamientos con un obstáculo que provocó un estridente choque.

—¡Señorita Mushroom! —exclamó la coneja volteándose tras verla reflejada en el espejo retrovisor—. ¿Qué hace aquí?

—Se supone que tenemos una cita —contestó la hada—. Por mi no hay problema tenerla aquí y ahora.

—¿Una cita? —respondió confundida arqueando una ceja.

—Sí, una cita —contestó la hada—. ¿No te acuerdas? La concertamos el domingo pasado mientras te bañabas con tu hermano…

—Está bien, está bien —la interrumpió hastiada—. Si quiere la cita ahora, pues la tendremos ahora.

—Eso me gusta —la señorita Mushroom le sonrió mientras pasaba al asiento del copiloto.

Antes de que el silencio comenzara a hacerse incómodo, la hada tomó la palabra:

—Veo que hoy no fuiste a trabajar.

—No quise ir —sentenció Yin.

—¿Por qué?

—No estaba de ánimo.

Tras un nuevo silencio, la hada nuevamente lo rompió.

—¿Qué ocurrió anoche?

—Nada —Yin se apresuró a contestar.

—¿Tiene que ver con Coop? —volvió a lanzar.

—No —insistió la coneja.

—¿Estás segura?

—Sí, estoy segura —contestó molesta volteándose hacia la hada.

—No te creo —contestó la señorita Mushroom en un tono desafiante.

Antes de que a Yin se le ocurrieran las palabras para continuar, la hada prosiguió:

—Hay un dicho que dice que «los sueños verdaderos rara vez mueren». No te rindas.

El rostro desafiante de la coneja cambió a una abismal sorpresa.

—Me encontré con tu postulación a la universidad vecina de hace unos años entre el papeleo del ayuntamiento —le explicó la hada regresando la vista al parabrisas—. No creo que debas renunciar a tu sueño.

—Ya es muy tarde para mí —Yin se aferró al volante del vehículo.

—Nunca es tarde para estudiar —insistió la hada.

—Han pasado muchas cosas desde entonces —insistió la coneja con la vista al frente.

—¿Cómo cuáles? —le preguntó la hada.

Yin simplemente apretó con más fuerza el volante. La respuesta había llegado a su mente de una forma difícil de describir.

—Ya es pasado —respondió finalmente—. Las oportunidades no regresan.

—Lamento tu negativismo —la hada suspiró—. Solo me queda decirte que no todo está perdido. Más allá de lo que tú estás viendo ahora existe un mundo de posibilidades. Yo misma te puedo asesorar para postular nuevamente a la beca este año. Conozco los trámites burocráticos como la palma de mi mano…

—¡Ya basta! —el grito de Yin taladró en el cerebro de la hada.

No hubo tiempo de mareos producto del grito. Yin encendió el motor y pisó a fondo el acelerador, al tiempo en que el auto arrancaba dejando a la señorita Mushroom enterrada en su asiento.

—¡Ya no hay oportunidad para mí! —exclamó la coneja.

—¡Que Coop no te quite esta oportunidad! —insisitió la hada sacando la cabeza de su asiento.

—¡Que Coop no tiene nada que ver con esto! —estalló Yin.

Mientras, el auto corría como un bólido por entre la calle atestada de autos y peatones. Fue un verdadero milagro que lograra avanzar por cuadra y media sin chocar. Lastimosamente, su suerte no duraría mucho tiempo.

—¡El verdadero amor no te roba el futuro! —alegó la hada mientras luchaba contra el miedo al exceso de velocidad.

—¡Usted nunca entendió na-! —replicó la coneja al tiempo en que sintió haber chocado contra un bulto grande y duro. Sintió como volteaba aquel bulto y las ruedas le pasaban por encima.

Ella frenó en seco. Horas de modorra y meditación se esfumaron gracias al horror aterrizado con el golpe. El frenazo ayudó a la señorita Mushroom a escapar de su prisión. El rechinar de las ruedas sobre el pavimento rasgó los oídos de absolutamente todos los presentes.

—¡Chiwa! Espero que no sea un perro —comentó la coneja asustada mientras lentamente bajaba de su asiento.

Ella no quería enfrentarse a la idea de haber herido a algún animal. Sentía el dolor del golpe como propio. La hada la acompañó por detrás mientras se dirigían hacia la parte trasera. El miedo se multiplicó al encontrarse con la causa del golpe. Con un grito ahogado, la coneja se cubrió la boca con ambas manos mientras sus ojos no daban crédito de lo que presenciaba.

—Definitivamente no es un perro —comentó la señorita Mushroom.

En el suelo se encontraba tirado inconsciente Coop, y no precisamente el pollo.


Patitos! Primero que todo, debo disculparme por no haber publicado la semana pasada. He estado ocupada y bueno, lo avisé en las redes sociales. Lo que sí es realmente grave es el silencio que he tenido durante la semana, especialmente este fin de semana. Lamento el retraso en esta semana, y encima no decir nada. Debo confesar que debido a esta irregularidad al publicar estuve bordeando un bloqueo de escritor que me duró el fin de semana, y por eso este retraso. Lo bueno es que se me ocurrió esta forma de cerrar el capítulo y escapar de este bloqueo, y aquí me tienen. Para los que siguen Amor Prohibido, me dedicaré a sacarlo durante la madrugada para tenerlo listo mañana lunes. No bajaré los brazos en cuanto a la publicación de mis fics, cueste lo que cueste.

Por lo pronto me queda desearles Felices Pascuas! Y espero sí o sí actualizar la próxima semana.