Polidrama - Capítulo 48
—La verdad a mí no me importa que te hayas acostado con Lincoln.
Era uno de los tantos almuerzos entre Franco y Millie. Parecía ser un día tranquilo para ambos, con una conversación sencilla en medio de un almuerzo cualquiera. Estaban hablando de un tema aleatorio cuando al chico se le soltó aquella oración. Francó habló casi sin pensar, ni mucho menos intuir lo que estaba provocando.
Solo el rostro de Millie le comenzó a advertir lo que se venía. Primero se congeló completamente. Quedó con el tenedor a medio camino con su trozo de carne ensartado mientras le clavaba su mirada. El chico quedó de inmediato sin respiración mientras intentaba desentrañar qué había hecho mal. La palidez de la chica fue reemplazada por un rojo interno que lo asustó.
—¿Qué? —Millie lanzó su pregunta casi sin aire.
—Este… —balbuceó el chico con el estómago pesado. La había embarrado. Buscaba la salida para deshacer sus palabras, pero retroceder en el tiempo no era una alternativa. Tragó saliva imaginando cómo podría ponerse peor.
—¿Qué dijiste? —lo desafió Millie ahogándose en un volcán a punto de hacer erupción.
—Que —Franco no quería repetirlo. Simplemente quería borrar aquello último aunque fuera lo último de su vida—... ¡Yo no hice nada! —estalló desesperado—. Me lo dijo Max. Él es mi roomate y trabaja en una boutique junto con Leni. ¿No te acuerdas? ¡Él me dijo que ella le contó!
—Espera, ¿dijiste Leni? —lo detuvo la chica.
—Ajá —asintió el chico asustado cubriéndose con sus brazos de lo que fuera que iba a pasar.
Fueron los segundos más tensos de su vida. Ya podía avecinar el golpe o cualquier cosa dolorosa. El miedo simplemente no lo quiso dejar en paz. De improviso, Millie se puso de pie y salió corriendo del restaurante. Tiró su tenedor sobre el plato provocando un molesto ruido que alertó a su entorno.
—¡Espera! —asustado, Franco salió corriendo a su siga, sin importarle dejar dos almuerzos a medio comer y sin pagar.
—¡Oigan! ¡Vuelvan aquí! —un camarón gigante salió agitando sus tenazas a la siga de los fugitivos.
Millie avanzaba a grandes zancadas como un torbellino entre la multitud. ¡Ay del que se cruzara en su camino! Ya sea accidental o adrede, terminaba empujado por una chica que no estaba dispuesta a perdonar a nadie. La frase soltada accidentalmente por su amigo rebotaba por cada rincón de su cabeza. ¿Por qué? ¿Por qué Leni habló? ¿Por qué Leni soltó tamaña bomba como si estuviera comentando el clima? Para ella, su estupidez escondía una malicia que buscaba por lo bajo hacerle perder el juego. ¡Cómo no se había dado cuenta antes! ¡La había engañado completamente! Con su carita de ángel e imágen de pureza, Leni estaba realizando una de sus jugadas más sucias. Buscaba manchar su imágen, menoscabar su relación con Yang y finalmente quedarse como única ganadora del corazón del conejo. ¡Era evidente! Lo del poliamor era una simple fachada para bajar la guardia. Al final del día solo eran dos chicas en competencia por el corazón de un hombre. Leni nunca dejó de competir, y por eso le estaba ganando.
Pero ya vería ahora. No permitiría juegos sucios. No iba a tropezar de nuevo con la misma piedra. Esto se iba a solucionar en ese mismo instante.
—¿Entonces qué es ese tipo? ¿Es un caballo?
Leni y sus amigos se encontraban en la boutique junto con sus amigos conversando animadamente detrás del mostrador. Miguel había lanzado la pregunta con extrañeza.
—¡Es un goblin! —exclamó Fiona hastiada—. ¡Un goblin!
—¿Qué es un goblin? —cuestionó Leni confundida.
—Es una especie de duende —respondió Max.
—¿No era una especie de gnomo? —cuestionó Miguel.
—O un elfo —agregó Max.
En el momento en que Fiona se golpeaba el rostro cargada de frustración, oyeron la campanilla anunciando el ingreso de eventuales clientes. Los cuatro se voltearon hacia el otro lado del mostrador, topándose con la fiera mirada de Millie.
—¡Hola Millie! —Leni la saludó animada sin percatarse del ambiente—. ¿Qué t-?
No alcanzó a finalizar su pregunta cuando una feroz cachetada aterrizó sobre su mejilla derecha. La chica no supo a qué atenerse. Le regaló una interrogación con sus ojos mientras se tocaba la cachetada herida. El dolor fue directo e intenso, pero la chica se sentía inmersa en una confusión que le dificultaba comprender dolores. La mejilla de inmediato se enrojeció y comenzó a hincharse.
Antes de que existiera la menor respuesta ni la menor explicación sobre lo ocurrido, Millie la agarró del pelo y comenzó a tironearla con furia. La pobre chica comenzó a gritar con desesperación mientras se agarraba del pelo para intentar soltarse, o al menos reducir el dolor. Los demás observaban atónitos sin poder comprender lo que estaba ocurriendo. Cuando Millie estaba comenzando a darle rodillazos en la cara, Fiona decidió intervenir. Franco entró en la boutique en el momento en que Fiona intentaba separarlas.
—¡Basta! ¡Basta! —gritó desesperada mientras intentaba alejar a Millie de su amiga. Producto del intento, Millie terminó por soltarla un par de segundos, pero a punta de arañazos contra Fiona, volvió a agarrar a una Leni que solo sabía que sentía dolor. La pobre Fiona terminó con marcados rasguños en todo su rostro.
—¡Basta Millie! —Franco decidió intervenir agarrando a su amiga de los brazos. El corazón de cada uno amenazaba con explotar mientras que Franco sentía el temor tanto por intervenir como por no intervenir.
Finalmente Millie terminó por soltar a una Leni con el rostro bañado en sangre, lágrimas brotando de sus ojos y temblando de pies a cabeza.
—¡Déjala en paz! —se animó a gritar Fiona mientras recibía a su amiga entre sus brazos. Leni comenzó a gimotear con una lástima que podría romperle el corazón a cualquiera.
—Con que eso querías ¿Eh? —exclamó Millie furiosa a punto de volver a lanzarse encima. Gracias a la intervención de Max, quien decidió ayudar a su amigo, pudo evitar un segundo round.
—¡¿De qué diablos hablas?! —exclamó Fiona con el ceño fruncido mientras le prestaba el hombro a su amiga. Miguel se colocó a su lado, acercándole una caja con pañuelos.
—¡Tú soltaste lo de Lincoln! —le gritó con un dedo amenazante—. ¡Ya me dí cuenta de tu juego!
—¿Pero de qué estás hablando? —Leni se volteó y le preguntó con voz temblorosa y mirada enrojecida.
—¡Te quieres quedar con Yang! —le gritó en un nuevo intento por soltarse y escapar en su contra.
—No lo entiendo —respondió Leni con pesar—. Se supone que estamos en una relación poliamorosa…
—¡Qué poliamor ni qué diablos! —le gritó la chica—. ¡Tú solo querías alejarme de Yang! Solo eres una maldita zorra.
—¡Ya basta! —intervino Fiona acercándose a Millie con una creciente furia—. ¡No puedes venir a mi tienda e insultar a mi amiga así como así! ¡Lárgate de aquí ahora!
—¡Esto se acabó! —Millie se soltó con una fuerza que ninguno de los dos chicos que intentaba retenerla pudo contra ella. La chica se quedó en su sitio regalándole una mirada asesina a su adversaria—. Si crees que te voy a dejar el camino fácil. ¡Olvídalo! Jamás te voy a dejar ser feliz con Yang. ¡Sobre mi cadáver! —vociferó con fuerza.
Mientras Leni aún no era capaz de comprender lo que acababa de suceder, Millie dio la media vuelta y se dirigió rumbo a la salida. Las piernas de Franco le temblaban. La impresión de Max era evidente. Miguel tenía la interrogación en su ceja alzada. Fiona le regaló una mirada iracunda a la puerta de salida. Leni solo sentía dolor, tanto externo como en su corazón. Aquel torbellino la hizo pedazos.
—¡Hey! ¡Millie! —Franco repentinamente se percató de la realidad, y salió corriendo del lugar sin siquiera mirar hacia atrás.
Al chico le costó un poco encontrar y alcanzar a Millie. Por un intento de seguridad propia, decidió mantener la distancia de la chica. Sentía su aura iracunda desde hace varios metros. No sabía si era una intuición o su cuerpo tenso notado al caminar, pero algo le indicaba que era peligroso acercarse demasiado. De todas formas no la iba a dejar sola, al menos no hasta asegurarse de que ella estuviera mejor.
Millie se desvió rumbo a la Plaza Central. Su caminar era directo, sin desvíos, atropellando a cualquiera que se le cruzara, rápido, ágil. Franco sentía que sus pulmones estaban por reventar. Debía ir corriendo tras la siga de su amiga para no perderle el rastro. Por lo menos la plaza se encontraba más despejada. El aire fresco cortesía de los árboles le entregaba un poco más de tranquilidad. Franco esperaba que la chica recibiera aquella buena energía que le drenara su enojo.
Finalmente ella se detuvo frente a una banca bajo un tupido roble. Se sentó y suspiró pesadamente. Con sigilo, Franco se sentó a su lado. Repasaba los hechos una y otra vez en su cabeza mientras no era capaz de dejar de mirarla.
—¿Millie? —tras diez minutos, Franco se aventuró en iniciar un diálogo.
Como respuesta, la chica se volteó hacia él.
—¿Estás bien? —volvió a preguntar.
Millie no tenía una respuesta. Acababa de hacer una escena que jamás imaginó protagonizar. ¿Eso fue un ataque de celos? Claro, le enojó que alguien la hiciera tonta por tanto tiempo, pero, ¿qué había de fondo? Inicialmente había aceptado una relación poliamorosa, algo que jamás pensó aceptar en algún punto de su vida. ¿Qué estaba pasando con ella? Era una pregunta que martilleaba su cabeza.
—No lo sé —soltó por fin.
—Puedes contarme lo que sí sabes —Franco le sonrió con amabilidad—, y juntos podremos resolver esto.
Aquella mirada angelical deslumbró a Millie. Era la linterna que necesitaba en su vida atrapada en la oscuridad. Inconscientemente ella tomó su mano colocada sobre la banca. El chico no pudo evitar sonrojarse tras el acto.
—No sé qué acabo de hacer —confesó—. Esta no soy yo —se encogió de hombros—. Yo —su voz comenzó a titubear—... no sé qué me pasó. Jamás me pelearía de esa forma por un hombre…
—Lo sé —la interrumpió antes de que extendiera su tortura mental—. A veces actuamos sin pensar. No lo sé, un mal día —le dijo encogiéndose de hombros—. No debes castigarte tanto por esto.
—Esto va mucho más allá de la pelea de endenante —Millie lo soltó cubriendo su rostro avergonzado con sus dos palmas—. Hace mucho que llevo haciendo cosas que jamás pensé que haría y que…
Aquellos puntos suspensivos atraparon la atención de Franco.
—Y que me alejaron de quién soy —finalizó Millie.
Mientras tanto en el Hospital de Anasatero, Yin tenía el corazón atrapado en su garganta. Desde el minuto en que vio a Coop tirado en el pavimento es que el temor se apoderó de ella sin volver a soltarla. Aunque el chico no perdió la consciencia en ningún momento, y mientras esperaban a la ambulancia, insistía en que el golpe no era nada grave. A pesar de sus disculpas, ella no pudo arrancarse la culpa de encima. Aquel accidente le arrancó sus propios problemas de golpes, centrando su pesar en la preocupación por otra persona.
El choque no pareció ser grave. Coop terminó con una pierna rota que fue tratada con cirugía. Ella se encontraba en la sala de espera mientras al chico lo operaban en el quirófano. A su lado, la señorita Mushroom la observaba pasearse de un lado a otro con una calma digna del Nivana.
—No entiendo qué sigue haciendo usted aquí —le comentó Yin de improviso.
—Tu hora aún no ha terminado —respondió la hada observando su reloj de su muñeca.
—¿Y qué se supone que va a hacer ahora? —insistió la coneja molesta—. ¿Sermonearme sobre todo lo que he hecho mal en mi vida?
—No soy tu padre —respondió la hada impasible cruzándose de brazos—. Solo haré mi trabajo.
—¿Y cuál se supone que es su trabajo? —cuestionó Yin cruzándose de brazos.
—Observar.
—¿Observar? —inquirió la coneja alzando una ceja.
—Y decirte qué he observado —agregó la hada.
—¿Y qué ha observado?
—Una cadena —sentenció.
—¿Una cadena?
—Practicamente naciste con esa cadena —prosiguió suavizando su voz—. Naciste para terminar abandonada en un orfanato. Escapaste de este sitio por malos tratos y terminaste siendo entrenada para ser guerrera Woo Foo a muy temprana edad por un panda que resultó ser tu padre. Cuando por fin optaste por tu propio futuro, vino este Woo Foo a arrebatarte la oportunidad y a obligarte a una vida que nuevamente no decidiste. Es una larga y pesada cadena que jamás te ha dejado en paz. Intentas revelarte contra ella para lograr romperla, pero lo que no sabes es que eso solo la hace más fuerte.
Esas palabras quedaron en la consciencia de Yin. La amargura anudó su garganta mientras luchaba por no largarse a llorar. Miró hacia todos lados mientras intentaba ocultar su estado del mundo.
—Yin, hay una forma de escapar de allí —sentenció la hada.
La coneja simplemente la miró. No era capaz de emitir palabra alguna.
—No renuncies a la esperanza —le dijo con voz maternal—. Puede que ahora no sea el momento, pero debes creer que llegará el día en que podrás estudiar medicina, y yo sé que ese día será pronto.
Aquella sonrisa tan convincente por parte de la hada le enterraba con fuego esa lección emanada de sus palabras. Era imposible el pesimismo. Era imposible no creerle. Era una bocanada de calidez que lidiaba contra el nudo en la garganta prácticamente congelado. De haber podido y de haber tenido la oportunidad, la habría abrazado.
Ese momento tan lindo que se había forjado entre ambas fue roto gracias a un alboroto. Un grupo de chicos se acercaban en estado de shock mientras clamaban por ayuda de cualquier miembro del personal médico. Yin, al igual que todos los presentes, no pudo evitar voltear su mirada hacia el grupo. Hubiera perdido la atención en pocos segundos si no fuera porque entre ellos reconoció a Leni. El estado deplorable con que venía su rostro la impactó de sobremanera.
—¿Qué rayos le pasó? —la coneja se acercó de inmediato sin poder despejarse de la consternación. Leni lloraba desconsolada, sin poder comprender qué le habían hecho todavía.
—Alguien la golpeó —le explicó Fiona—. ¡Necesitamos ayuda médica!
—A ver, siéntenla aquí —les pidió Yin mostrándoles unas sillas plásticas que había en la sala de espera.
Con aprensión, el grupo dejó a la chica en el lugar solicitado. Leni se descubrió el rostro, topándose por primera vez con los ojos azules de la coneja. A unos cuantos metros de distancia, la señorita Mushroom observó la escena con atención. Yin, con la ayuda de su magia Woo Foo, hizo aparecer todos los implementos de primeros auxilios que requirió para su operación. Le limpió la sangre de su rostro con un trapo húmedo mientras la intentaba consolar con palabras de apoyo. La chica comenzó a calmarse, en el intertanto en que Yin le echaba una pomada sobre las heridas.
La señorita Mushroom en el intertanto se percató de la presencia de Dennis. El chico estaba pasando justo por detrás de la hada con una bata blanca puesta cargando una pesada caja de plástico.
—Mira esto —la señorita Mushroom lo agarró del cuello de su camisa y lo atrajó en dirección a la escena.
El chico inicialmente se sintió confundido, hasta que la hada empujó su mirada en dirección a la escena. Las preguntas se multiplicaron sobre su cabeza al tiempo en que se esforzaba por mantener la caja entre sus brazos.
—¿Qué te parece? —le preguntó la hada.
—Este… —Dennis simplemente no tenía idea qué responder. ¿Qué le ocurrió a Leni? ¿Qué hacía Yin allí? ¿Dónde se había metido? ¿Qué clase de opinión esperaba la hada de él sobre el caso?
—Ella es buena sanando gente, ¿no? —la señorita Mushroom lo guió en su respuesta.
—Supongo —aunque era un detalle que no pasaba desapercibido, la sangre que había manchado el vestido de la chica lo ponía nervioso.
—¿Crees que sea buena enfermera o algo así? —volvió a consultarle la hada.
—Yo… —la pregunta era por lo menos extrañísima. Revolvía su mente en busca de aquella respuesta que lo dejara en paz para continuar con su trabajo. Solo había ido para entregar unas muestras que Lisa había enviado. Lo demás que ocurriera en aquel sitio no era de su incumbencia.
Yin había finalizado la curación de la chica. Sus amigos quedaron impresionados. De no ser por el vestido, nadie podría adivinar que Leni se había involucrado en una pelea violenta. La chica se estaba observando en un espejo, regresando la sonrisa a su rostro tras ver los resultados.
—¡Increíble! —Fiona se aferró al hombro de Yin emocionada—. ¡Muchas gracias! ¿Cómo podemos pagarte?
—No es nada —le sonrió Yin—. Es lo mínimo que podía hacer por mi cuñada.
—Hablando de eso —intervino Miguel—. Quien la golpeó fue una tal Millie. Se estaban peleando por Yang que no sé qué cosa, que una pelea de celos, que la relación poliamorosa era una farsa o algo por el estilo.
—¿Qué? —cuestionó Yin con una seriedad que provocó el nerviosismo del hablante y la mirada asesina de sus amigos—. ¿Millie le hizo esto?
—Este —Miguel retrocedió ante sus propias palabras tras percatarse que había hablado de más—... ¿sí? —agregó nervioso esperando la segunda parte del torbellino.
—Chiwa —fue lo único que comentó Yin.
En el intertanto, Dennis consiguió zafarse de la señorita Mushroom y escapar.
Mientras tanto en la Plaza Central…
—¿Millie?
La chica se volteó hacia Franco con atención.
—No estás tan lejos de quién eres —le dijo—. Es cierto que has hecho un par de cosas raras como iniciar esa relación poliamorosa, pero tú eres tú, y tú eres asombrosa.
Franco no se dió cuenta que en ese momento, al igual que al inicio, comenzaba a hablar sin medir sus palabras. Era su corazón quien controlaba su boca:
—Eres fuerte, decidida, sorprendente, inteligente, empoderada, sensible. Lo que sea que te propongas lo consigues. Además, eres muy hermosa, agradable, simpática. Siempre tienes algo que contar. A tu lado me siento más seguro, tranquilo, más feliz. Si crees que no eres la misma, pues siento que ese nuevo tú no se aleja demasiado de quién realmente eres. Sé que eres honesta conmigo, y que esa chica que he conocido durante todo este tiempo no es falsa.
El brillo en la mirada de Millie le regaló más valor al chico.
—Millie, quédate con quién te valore realmente —prosiguió Franco—. No vale la pena luchar por alguien que no te valora. Si algo al contrario de hacerte feliz, te provoca lágrimas, dolor y tristezas, debes sacarlo de tu vida. Simplemente no lo merece.
Franco solo se dio cuenta de lo que acababa de hacer cuando sintió los labios de Millie posados sobre los suyos.
