¡Regresamos! Espero que no nos hayan olvidado. ¡Tanto que decir! ¡Tantos meses! ¡Tanto tiempo! ¡Tantas lunas! Y lo único que se me ocurre decir en esta madrugada es que ojalá disfruten de este episodio.
Con amor, patito.
Polidrama - Capítulo 52
-¿Qué tal si aprovechamos la noche?
La ciudad de Anasatero se encontraba sumida en el aire de la alegría festiva de una noche de verano. Bajo el contexto de las festividades de aniversario, surgía la innata invitación de disfrutar de la jornada nocturna. Eran apenas las nueve de la noche, y había mucho por disfrutar. Dennis y Yin acababan de salir del edificio del canal de televisión tras conversar con Luan respecto de sus papeles en la obra de aniversario. Al día siguiente tendrían una árdua jornada preparándose para la presentación. Por lo pronto, la noche era libre.
Dennis fue sorprendido por la pregunta con las manos sobre las cadenas que protegían su bicicleta. Había encadenado su medio de transporte al pasamanos de las escalinatas de la entrada del edificio. El chico se detuvo y se volteó hacia ella incrédulo de la propuesta. Como respuesta, Yin le sonrió inocente con sus manos en la espalda. Su camiseta azul con tirantes junto con sus jeans ajustados lo decía todo.
-Este -contestó nervioso-... mañana será un día un tanto pesado, y quisiera descansar -se excusó-. Además de que tengo que revisar unos exámenes y adelantar trabajo para que mi jefa no se enoje por mi ausencia -le regaló una sonrisa nerviosa al tiempo en que tanteaba su cadena en busca del candado para desatarla.
-Tranquilo, te prometo que será corto -le respondió la coneja juntando sus manos-. Además, necesito hablar con alguien.
La única excusa que disponía el muchacho acababa de irse al tacho de la basura. Dennis no se pudo negar a la rogativa de la chica.
A un par de cuadras del lugar se toparon con un pequeño bar de estilo pirata. Las mesas eran barriles, el cantinero tenía un parche en el ojo, las redes y anclas colgaban entre los pilares, la madera del piso parecía humedecida, había olor a sal de mar, y la música de fondo estaba saturada con acordeones. Las paredes se encontraban tapizadas de cuadros y objetos marinos. Un cuadro central mostraba en tamaño gigante una fotografía del mismo cantinero junto a Bob Esponja. La sonrisa del cantinero no podía ser borrada ni por la peor decepción.
Ambos se instalaron en torno a una mesa ubicada en una esquina junto a una ventana que daba a la calle. Yin pidió una botella de ron para ambos. A pesar de la negativa del chico, ella le sirvió un vaso con alcohol. El chico mientras prefería distraerse con el paisaje que le ofrecía tan peculiar lugar. Afuera, la gente transitaba como si estuvieran en pleno día.
-Entonces trabajas para la Universidad de Anasatero, ¿no? -Yin comenzaba con su conversación.
-Sí -contestó con simpleza-. En la Facultad de Ciencias e Ingeniería.
-Y ¿En qué trabajas? -prosiguió la coneja con su conversación mientras bebía de su vaso.
-Pues ayudo a mi jefa en sus investigaciones, me encargo de realizar algunas clases variadas, y eso más que nada.
-¿En serio? ¿Y cómo llegaste a eso? -le preguntó la coneja con curiosidad.
-Pues, saqué un bachillerato en ciencias con mención en medicina -contestó el chico-. Aunque trabajando para la doctora Lisa ha sido todo un desafío. Necesitas saber de química, mecánica, ingeniería, física, mecatrónica, informática, biología, en fin, muchas cosas. Ella es la mejor profesora e investigadora no solo del condado sino que de todo el estado. ¡Incluso del país! -agregó con emoción.
-¿Mención en medicina? -Yin se había quedado pegada en la primera parte del discurso.
-Bueno, es que cuando entré a la universidad, alcancé a estudiar tres años de medicina antes de que descubrieran que tenía hematofobia -contestó un tanto incómodo.
-¿En serio? -Yin alzó sus orejas víctima de la sorpresa.
-Desde siempre le tenía pánico a la sangre -le explicó-, pero quise ocultarlo porque ya me encontraba dentro de la carrera. Cuando me desmayé en una clase práctica, la decanatura me expulsó de la carrera.
-Increíble -Yin no se imaginaba el vuelco que había tomado la conversación. En un inicio pretendía aprovechar la oportunidad de obtener más información sobre la carrera de Medicina de la Universidad de Anasatero mientras conocía un poco más a Dennis-. Pero si tenías hematofobia, ¿por qué entraste de todos modos a medicina?
-Fue más bien presión familiar -contestó el chico-. Era la carrera más cotizadas de la universidad junto con derecho, y definitivamente no me veía como abogado.
-Entiendo -comentó la coneja observando su vaso medio lleno.
-Afortunadamente la doctora Lisa me ayudó con ese tema -prosiguió Dennis-, y me guió hacia una salida alternativa para salir de la universidad con algún grado sin que se perdiera lo que ella valoraba en mí, mientras evitaba todo contacto con la sangre -le regaló una tímida sonrisa.
-Pues… me cuesta creer que esa niña sea tu jefa -comentó Yin-, y que sea tan importante como dices.
-No te creas -acotó Dennis decidiéndose inconscientemente a llenar su vaso con ron-. Con apenas trece años ha ganado tres premios Nobel junior, una medalla Albert Einstein y dos premios Wagener. Además tiene miles de patentes, cientos de artículos y un inmenso aporte a la ciencia. La verdad a mí me sorprende demasiado todo lo que puede lograr de un momento a otro.
Luego de esto, el chico se largó con una larga perorata explicando con lujo de detalles su relación completa con Lisa Loud. Se conocieron cuando él había entrado a la universidad hace diez años, quedando impresionado con aquella niña tan pequeña y tan sabia. Era un mar de conocimientos y él quería ser su esponja. Fue así como con el correr de los años fueron entablando una amistad hasta conseguir el cargo de mayor confianza para la chica.
-¿Qué le dice un payaso a otro payaso?
En el departamento del Edificio Departamental, Yang se encontraba muy feliz describiendo su convivencia con los payasos de la fiesta de cumpleaños de Emilie. Ambas chicas lo escuchaban en silencio. La risa contagiosa que interrumpía su narración era única y contagiosa. Definitivamente la risa de Yang es única y todos esperamos que jamás muera. Los tres se encontraban en la mesa de medialuna cenando. Millie repartía el postre mientras que Leni se distraía con la risa del conejo.
-¡Payasadas! -se respondió solo antes de largar su risotada.
Leni parecía contagiada de la felicidad de su novio. Su sonrisa jovial parecía un tesoro de pureza e inocencia. Una belleza que se quebró de improviso cuando su mirada se topó con la presencia de Millie. La chica observaba al conejo en silencio esbozando una débil sonrisa. Gracias a las curaciones de Yin, la chica no presentaba secuelas físicas de la golpiza gratuita recibida por parte de Millie. Por otro lado, el trauma psicológico se encontraba a la orden del día. No podía menos que sentirse atemorizada en la misma habitación con la chica.
Millie en tanto mantenía su mente a años luz de la habitación. Una abrumadora batahola de ideas y confusión hacían nido en su cabeza. La culpa por haber besado a Franco presidía la confusión. No podía imaginarse nuevamente en aquella situación. ¿Qué pensaría él de ella ahora? Sentía que lo había perdido definitivamente. Pretendía pedirle disculpas apenas lo volviera a ver. Sabía que tenía suficiente con el trauma que le había dejado ese intento de terapista. No quería perder el status quo con él por un arrebato inseguro. Aunque, una parte de ella no se arrepentía, y eso la asustaba. También se había arriesgado a una relación poliamorosa y no quería abandonarla tan pronto, al menos no con el juego sucio de Leni. No podía apostar por los dos caminos al mismo tiempo.
Yang por su parte se encontraba en su mundo. Se sentía feliz y agradecido de estar en casa. Había disfrutado de una fiesta de payasos, algo que lo tomó completamente de sorpresa. Los payasos eran su afición desde que tenía memoria y había estudiado el tema desde sus años tiernos. Se sentía en su miel con hojuelas. Nunca se le había visto tan feliz y emocionado. Era tal su felicidad que había ignorado todas las señales de sus novias. Aunque, normalmente habría ignorado dichas señales debido a su distracción.
Absolutamente nada podría malir sal.
-A mí me hubiera gustado estudiar medicina.
La botella de ron se encontraba medio llena mientras que la conversación entre Yin y Dennis había entrado en calor. Lentamente la confianza se hacía presente entre los dos. La alegría de Yin iba en incremento. Dennis se estaba olvidando de que alguna vez le había temido a la coneja.
-¿De verdad? -preguntó el chico tomado por la sorpresa.
-Sí, pero ya sabes -contestó Yin agitando su vaso casi vacío mientras rodaba sus ojos-, las restricciones de la Universidad de Anasatero.
-Muchos animales antropomórficos estudiaron en Timberlake debido a la restricción de Anasatero -explicó el chico antes de terminarse su vaso.
-Yo no pude ir -comentó Yin con un suspiro nostálgico-, mi padre me pidió que me hiciera cargo de la academia Woo Foo que tengo en el Centro Comercial.
-¿Y no puedes ir ahora? -volvió a preguntar el chico volviendo a servirse otro vaso.
-Él quiere que me quede con Yang en la academia Woo Foo -respondió la chica.
-Lamento eso -le dijo Dennis con voz apagada-. Igual encuentro injusto eso de prohibir a los animales antropomórficos en la Universidad de Anasatero. Digo, es una de las únicas tres en todo el estado que tiene ese tipo de restricciones. ¡Si ya estamos en pleno siglo veintiuno!
-Es algo que nos tienen acostumbrado -comentó Yin-. La escuela primaria y secundaria es muy esquiva en el sur. Yo la terminé asistiendo a cursos dos en uno a los veinte años. Incluso fue ahí en donde conseguí una beca para ir a Timberlake.
-Debiste haber ido -comentó el chico-. Eres buena en eso de curar con magia.
-¿Cómo lo sabes? -Yin arqueó una ceja.
-Te ví esta tarde sanar a Leni -a pesar de los nervios, el alcohol le ayudó al chico a destrabar su lengua.
-¿En serio? -Yin arqueó ambas cejas mientras entrecruzaba sus dedos.
-Esta tarde fui a dejar unos papeles al hospital y me encontré con la escena -Dennis se bebió casi todo el contenido de su vaso de un trago-, bueno, fue la señorita Mushroom quien me presentó la escena.
-¿A sí? -cuestionó la coneja.
-Por cierto, ¿qué le pasó a Leni? -preguntó el chico comenzando a sentir los efectos del alcohol.
-Millie la golpeó -respondió la coneja con dureza en su voz.
-No me digas -contestó el chico sintiendo el mareo más fuerte.
-La verdad no sé qué está pasando -prosiguió Yin un tanto molesta mientras buscaba desquitar su mirada asesina en un esqueleto de pez espada que había en un aparador a un costado de su asiento-, pero por lo que ví, Yang debe tener un desastre en su relación poliamorosa.
Tras voltearse hacia el chico, ella continuó:
-Por cierto, ¿qué piensas de esa relación poliamorosa?
-No lo sé -Dennis tenía la mente en blanco-, es raro, pero me da igual lo que hagan.
-¿Millie siempre ha sido tan violenta? -Yin lanzó su pregunta con la molesta interrogante.
-¿Cómo? -por más que lo intentaba, Dennis no podía concentrarse. Interiormente se lamentaba por haber hecho aquella parada.
-Tú mismo dijiste que viste cómo curé a Leni -insistió Yin ofuscada-. ¿Ella suele ser tan violenta como su hermano?
-No, no, no, no -Dennis comenzaba a arrastrar las palabras-, digo, Coop es a quien le gusta enfrentarse a puño limpio -acotó levantando su índice derecho-. Millie es más de usar el ingenio, lo que puede ser mucho peor. Además ella tiene superpoderes.
-¿Qué? -el enojo de la coneja se detuvo de golpe ante aquella revelación.
-Eso -repitió el chico tomando la botella y bebiendo directamente de esta-. Con sus gritos podía romper la tierra y provocar tormentas eléctricas, sin contar los tímpanos reventados. También tenía una superfuerza con la que podía romper concreto y levantar autos.
-¿Es en serio? -Yin frunció el ceño con seriedad.
-¡Sí! -exclamó el chico-. Era atemorizante. Bueno, aún sigue siendo atemorizante. Tiene un genio del demonio.
-Pero eso de los superpoderes, ¿es real o lo estás exagerando? -insistió Yin.
-Es real -insistió Dennis volviendo a beber de la botella-. Una vez literalmente mandó a un tipo al hospital empujándolo por los aires -agregó reforzando su idea extendiendo sus brazos-. Llegó a ser temida por todos durante la secundaria.
-¿Superfuerza? -meditó Yin-, ¿y desde cuando que tiene esas habilidades?
-Desde que tengo memoria -recordó Dennis-. Cuando era bebé, sus llantos eran de temer.
-Pero… no puede ser real -insistió Yin-. Los humanos no nacen con superpoderes.
-¿Y los animales antropomórficos sí? -replicó el chico.
-Bueno, al menos tienen un poco de poder innato -respondió la coneja aún consternada por la idea-. Los humanos si es que tienen algo, es algo muy oculto que puede ser liberado con entrenamiento Woo Foo-. ¿Millie recibió alguna clase de entrenamiento?
-Estuvo con las chicas ambientalistas durante su infancia -contestó el chico observando por la boca de la botella ya vacía.
-Eso no cuenta -contestó Yin intrigada.
-¿Pero por qué hablamos de Millie? ¡Hablemos de nosotros! -Dennis tiró la botella al suelo. Afortunadamente no se rompió.
-¡Cielos Dennis! -recién en ese minuto la coneja se percató que el chico se encontraba totalmente ebrio. Se balanceaba sobre su asiento mientras apenas podía mantener los ojos abiertos.
-¡Brindemos por nuestro futuro en la obra! -el chico intentó arrebatarle el vaso a la coneja, pero ella alcanzó a arrebatárselo a tiempo.
-¡Chiwa! ¡Estás borracho! -exclamó aún incrédula por lo que estaba viendo.
-Eso no importa -contestó arrastrando aún más las palabras-. ¡Estamos de fiesta! Tú eres mi princesa Violet y yo tu rey Yakko. Por favor acéptame en tu cama.
El chico intentó colocarse de pie, pero apenas su trasero abandonó el asiento, perdió el equilibrio, amenazando con caerse de cabeza al suelo. Yin alcanzó a sujetarlo y a ayudarlo a ponerse de pie. Dennis aprovechó la oportunidad para abrazarla efusivamente, cosa con la que se sentía contrariada. Por un lado, sus impulsos más viscerales la empujaban a responder el abrazo y a aumentar de grado aquella noche. Por otro lado, su conciencia y autocontrol le dictaban que en esa condición, el chico solo podía ir a parar a descansar a su casa.
-¡Oh mi dulce princesa! -recitaba hipando-... Eres… eres… la flor de la dulce princesa…
La coneja mientras se cuestionaba cómo era posible que se emborrachara tanto. Tan solo habían pedido una botella de ron de un litro de la cual se habían tomado a medias. Al parecer el chico no era tan resistente al alcohol. A su alrededor, los pocos visitantes del bar observaban interesados el espectáculo. El cantinero había detenido la limpieza de su barra para observar con atención lo que presenciaba su parche.
-Ya, vamos -le dijo Yin mientras dejaba un billete sobre la mesa.
El chico canturreaba animado mientras que la coneja lo arrastraba hacia la salida.
-¡Oiga!
En el momento en que ambos se encontraban cruzando el umbral de la salida, una voz rasposa los interrumpió. Al voltearse, la coneja se encontró con el cantinero.
-Dele esto -el hombre le entregó un par de cápsulas brillantes color mostaza-. Apresura los efectos del estado de ebriedad. En media hora estará en la fase de la resaca.
-Este… gracias -la coneja recibió las cápsulas sin poder evitar sentir la desconfianza a flor de piel. Aunque conocía técnicas para ayudar al chico a pasar aquel mal trago, ninguna prometía la rapidez de aquellas cápsulas. Era fácil no creerle a la primera.
-Llevo treinta años en el negocio -le dijo el cantinero adivinando sus pensamientos-. Sé de lo que le hablo -agregó una sonrisa intentando entregarle confianza.
independiente de todo, al parecer no tenía otra alternativa. Tampoco quería dejar a Dennis en casa y que su familia lo viera en ese estado. Quizás eso la alejaría de su anhelo de tener algo más allá de las tablas con el muchacho.
La noche lentamente se fue apagando con el correr de las horas. Millie terminó en la intimidad de su habitación. Lo único que llenaba su mente era aquel beso de la tarde. La noche era el momento perfecto para aflorar los pensamientos que el día ensordece por las preocupaciones diarias. Era el momento ideal para cuestionarse lo que estaba haciendo con su vida. Sentía que cada paso que daba la llevaba por el camino correcto y equivocado al mismo tiempo. Eso no le parecía como algo posible, pero dilucidar la verdad era un desafío para el que no estaba preparada.
Franco por su parte se sentía mejor. Tras una tarde compartiendo con Max, el chico sintió su confianza más recompuesta que nunca. Había alcanzado un sueño que no creía posible. Acostado sobre su cama, el chico no pudo evitar sonreír. Desde que Carl había entrado en su vida, estaba comenzando a alcanzar sus sueños.
El siguiente paso era ir por ese aumento.
La mañana del día jueves llegó sutilmente sobre la ciudad. La televisión se encontraba encendida con un volumen bajo al interior del departamento que compartían Sam con Luna. El lugar era pequeño, un tanto desordenado, pero acogedor. Los colores terracotas predominaban en el ambiente, a su vez que varias plantas y enredaderas adornaban los rincones. La ventana abierta al fondo le daba la bienvenida a un aire fresco cortesía de aquella mañana de verano. Las noticias mostraban a una Fiona informando de unos incidentes ocurridos en el ayuntamiento, tras arribar el alcalde durante aquella mañana.
-Lo que hizo el alcalde es terrible -comentaba Sam mientras le echaba crema de maní a sus tostadas.
-Como siempre, las autoridades se terminan corrompiendo -contestó Luna concentrada en arreglar su mochila para partir.
-Sí, pero esta injusticia es horrible -insistió Sam tirando el cuchillo sobre el plato, dejando un ruido sordo-. Es que sabiendo que se trata de la pobre de Leni se me estruja el interior.
-Probablemente Leni lo superó antes de lo que imaginamos -contestó Luna aún concentrada en su tarea.
-Ojalá el pato se de cuenta del error -comentó Sam antes de proseguir con su desayuno.
-¡Rayos! -la frustrante declaración de Luna detuvo en seco a su novia.
-¿Qué? ¿Qué tienes? -preguntó la chica.
Luna se había topado con un blister que había comprado el día anterior. Lo tenía en sus manos mientras horribles recuerdos pasaban por su cabeza.
-¿Eso no es…? -comentó Sam percatándose del contenido.
-¡Se lo tenía que dar a Lincoln ayer! -exclamó alarmada volteándose a su novia-. Espero que no sea tarde.
De un salto se puso de pie, abandonando el departamento como alma que se la lleva el diablo.
