Polidrama - Capítulo 53
-Buenos días.
Tras el insistente golpe de la puerta de entrada al departamento, fue Yang quien se ofreció a abrir. Eran las seis y media de la mañana de aquel jueves, y la interrogante sobre quién venía a molestar con tanta urgencia tan temprano se había hecho presente en nuestro trío poliamoroso.
Del otro lado del umbral se encontraba un Burt aprensivo. Se protegía con sus brazos cruzados mientras luchaba por mantener su mirada fija. Sus cejas arqueadas delataban un pesar que apenas podía ocultar.
-¿Sí? -le preguntó Yang con total interrogante. El conejo solo llevaba puesto unos boxers color azul marino. Gracias a su vestimenta, se podía apreciar su cuerpo delgado, peludo y con escasa presencia muscular.
-Eh -los nervios se sumaron al mar de aprensiones de Burt tras toparse con la facha del conejo-... ¿Está Millie?
Yang arqueó una ceja mientras se cruzaba de brazos ignorando completamente que parte de la causa de la reacción de su suegro era culpa de su presencia.
-¡Millie! ¡Te buscan! -gritó hacia el interior del departamento.
-¿Quién es? -Millie apareció por la sala abrochándose su bata de levantar color crema.
-¡Es tu papá! -le gritó hacia el interior.
La impresión golpeó de manera inesperada a la chica, quien no esperaba ver a su padre de visita en el departamento de Yang. Considerando además la hora, temía que las razones fueran las peores. Más de un escenario cruzó por su cabeza, cada uno peor que el anterior. Desde que había descubierto su beso con Franco, y venía a obligarla a abandonar a Yang, hasta que un tercero lo obligase a obligarla a terminar con su relación poliamorosa. La verdad no quería enfrentar esta discusión con él. No quería confrontar posturas con su propio padre, ni mucho menos abanderarse a un bando del que en el fondo no estaba totalmente segura.
-¿Papá? -balbuceó impresionada al toparse frente a frente con su progenitor.
-Hola hija -saludó temeroso jugueteando con las asas de su maletín-. Necesito hablar contigo de algo importante.
-¿Ocurre algo? -el corazón le dió un vuelco a la chica. Para estar así, debe estar ocurriendo algo muy grave, incluso más grave que el peor de los escenarios que ya había imaginado.
-Este… -Burt observó de reojo al conejo, quien no se daba por enterado que estaba sobrando en la escena.
-Yang -Millie lo aterrizó al presente, en busca de hacerle ver que era momento de la retirada.
-¿Qué? ¡Ah! Sí, te veo adentro, amor -trastabilló el conejo antes de entrar al departamento.
-¿Qué ocurre? -se apresuró en preguntar la chica comenzando a ser contagiada por la aprensión de su padre.
-Millie, ¿has visto a Coop? -preguntó su padre.
-No -se apresuró en contestar-. ¿Por qué? -agregó con intriga.
-Es que anoche no vino a dormir a la casa -respondió confundido-, además lo he llamado y no contesta.
-¿Otra vez? -soltó Millie sin saber cómo reaccionar.
-Solo quería saber si por casualidad estaba contigo -agregó su padre-, antes de llamar a la policía.
-Ojalá Coop jamás llegue a este departamento -comentó Millie-. Voy a llamarlo.
-No creo que conteste…
La advertencia de Burt no logró detener a su hija, quien se adentró hacia el interior del departamento. Se quedó meditando los siguientes pasos a seguir, cuando Leni salvaje apareció.
-¡Buenos días señor Burtonberger! -exclamó la chica rodeándolo con un brazo sobre los hombros-. Llegó justo a tiempo para el desayuno. Tenemos hot cakes con miel que mi hermano cocinó durante el fin de semana.
Por más que la incomodidad empujaban al hombre a resistirse y retroceder, al parecer la fuerza a insistencia de la chica eran avasalladoras. Burt se vió forzado a ingresar al departamento y guiado hasta la cocina por la cortesía de la rubia.
-Me gustan los waffles con miel de maple -comentaba la chica-, aunque ya se nos acabó, y en los supermercados no han repuesto todavía. ¿Por qué es tan difícil encontrar miel de Maple? Luan dice que en Timberlake es lo que más sobra. ¿Por qué no traerán un poquito hacia Anasatero? ¿Es que tendremos que conducir más de treinta kilómetros solo por una botella? ¡Y ni siquiera tengo licencia de conducir! ¡Es que eso del exámen es algo de otro mundo! Como que está hecho solo para que los extraterrestres puedan conducir…
En eso Burt ya se encontraba sentado sobre la mesa de medialuna con una torre de hot cakes y un tazón de café servido. A pesar de las preocupaciones, no podía negarse a lo que se presentaba frente a sus ojos. Tras la incómoda perorata de Leni, el olor de la comida bajaba de sobremanera sus niveles de ansiedad.
-No contesta -Millie apareció con su celular en la mano.
-Te lo dije -respondió su padre-. Espero que no le haya pasado nada malo -agregó con pesar.
-Nah -le respondió su hija con tranquilidad mientras se instalaba en la mesa junto a él-. Coop se ha metido en problemas cada semana desde que tengo memoria y ha sobrevivido a todas. Esta vez no será la excepción.
-¿Tú crees? -cuestionó su padre.
-Si me preocupara por Coop cada vez que le pasara algo, no tendría vida propia -respondió la chica mientras Leni le servía un plato con hot cakes humeantes.
-Bueno, pues… creo que tienes razón -aceptó pensativo intentando tranquilizarse con dicho argumento.
-¡Yang! ¡Ponte pantalones! -repentinamente, Millie gritó molesta al ver al conejo paseándose con boxers por la cocina sirviéndose un café de la cafetera.
Mientras tanto, Coop salía del hospital por su propia cuenta. Solo tenía unos cuantos vendajes en sus brazos y piernas ocultos por su ropa. A pesar del atropello, su cuerpo era fuerte gracias a las múltiples desgracias que había vivido en su vida. Las fracturas fortalecieron sus huesos, los golpes fortalecieron sus músculos, las malas decisiones fortalecieron su corazón, y sus enfrentamientos con Señor Gato fortalecieron su piel. Lo anterior, sumado a la visita de Yin y su curación Woo Foo, le permitieron encontrarse de pie aquella mañana.
El sol matutino le dio la bienvenida a la vida real. El chico intentó mantenerse optimista desde que despertó hasta este punto, intentando olvidar los problemas pendientes con que lo recibiría la vida. El primer golpe fue recordar que no le había informado nada a su familia respecto de su accidente. Era poco probable que Yin le hubiera dicho algo a alguien, especialmente porque se le olvidó pedírselo. Además su teléfono quedó destruído tras el accidente, por lo que comunicarse con su padre era imposible. Ni menos ocupar el teléfono de un tercero para llamar a su familia, porque no recordaba los números.
Mientras caminaba por la calle, se hacía la idea de ir a ver a su padre a la Casa del Canje. Seguramente lo encontraría ahí. Lamentaba haberlo preocupado, pero conocía a su padre. Era un hombre sensato, optimista y comprensivo. Sin duda era el mejor papá del mundo.
El chico paseaba por las calles con tranquilidad. Era como si no estuviera preocupando a su progenitor debido a su exabrupta desaparición. La despreocupación llegaba a ser molesta. Colocaba un pie delante del otro sin siquiera percatarse si estaba pisando suelo.
Desde la vuelta de la esquina, una Luna iba corriendo a toda la prisa que le permitían sus piernas. Iba a la oficina de su hermano para entregarle el encargo que él le había pedido el día anterior. Sentía el peso de la urgencia de su misión, que la impulsaba a agarrar una velocidad digna de su hermana Lynn. En el camino con suerte lograba evadir a los transeúntes, mientras repetía constantes disculpas en caso de molestar con su paso -y eventualmente empujar a alguien-. Tal era su velocidad que no se esperaba el golpe de frenar repentinamente tras chocar de frente con un despreocupado Coop.
La chica terminó por tacklearlo por la izquierda, empujándolo tanto a él como a ella misma hacia la calle. Justo venía un bus por dicha calle, que se acercaba peligrosamente hacia nuestro par. El chofer, un castor enano, pisó el freno de la máquina con todas las fuerzas que le permitían sus patitas. El chirrido del freno cruzó toda la calle mientras la máquina se aproximaba a nuestra pareja. Coop maldijo su mala suerte mientras temía no salir vivo esta vez. Luna alcanzó a abrir la boca y los ojos víctima de un terror que recorrió cada célula de su cuerpo. La muerte se aproximaba a nuestra escena, amenazando nuevamente con llevarse a uno de nuestros personajes.
Afortunadamente el accidente no pasó a mayores. La máquina sólo alcanzó a tocar la cabeza de Coop antes de detenerse completamente. En el interior, todos los pasajeros se encontraban revueltos. El público que circulaba por las calles detuvo su andar para girarse hacia el espectáculo. La sangre de todos se congeló al notar lo cerca que estuvieron de ser testigos de una horrenda muerte. Ambos chicos no pensaban en descongelarse de aquel momento en que sus almas pretendían irse con San Pedro. Luna se encontraba encima de un Coop que estaba acostado sobre el cemento.
-¡Perdón! ¡Perdón! -el chofer descendió del bus y con su voz chillona se disculpaba reiteradamente.
Recién en aquel momento ambos chicos se percataron de la situación en la que se encontraban. Ambos se miraron a los ojos aterrados, mientras sus cerebros cuestionaban la realidad de lo vivido. Ninguno era capaz de moverse, ni de pensar más allá del presente.
-De verdad lo siento mucho -el castor insistió con su perorata afligida-. Yo no quería hacerles daño. ¡De verdad! ¡Por favor no me demanden! -lloriqueó.
Poco a poco y con el correr de los minutos y del discurso del chofer, ambos chicos recuperaron el aliento. Lentamente, se pusieron de pie mientras la gente se les acercaba poco a poco.
-¿Estás bien? -Luna fue la primera en hablar mientras aún tenía sujeta la mano del muchacho.
-Yo… creo que sí -tartamudeó aún temeroso.
-Yo… lamento mucho lo que ocurrió -se disculpó la chica-. Tenía prisa y… Oye, ¿tú no eres el jefe de Lincoln?
-Sí -contestó Coop confundido con la pregunta.
-¿Podrías hacerme un favor? -lanzó Luna.
Antes de que el chico lograse procesar la respuesta, Luna se quitó la mochila que traía a la espalda, la abrió y comenzó a hurguetear con ahínco. A su lado, el chofer continuaba con su rosario de disculpas y lamentaciones. Las personas poco a poco comenzaban a retirarse, mientras que la luz verde empujaba a que el tránsito vehicular se pusiera en marcha.
-¡Aquí está! -Luna le entregó el blister al chico-. ¿Se lo podrías entregar a Lincoln apenas lo veas? Es muy urgente, por favor.
-¿Qué es esto? -Coop recibió el blister y lo escaneó con detalle con su vista.
-¡Gracias!
Cuando el chico alzó la vista, Luna se despedía gritando y agitando su mano desde el otro lado de la calle.
Los planes cambiaron para el chico. Lentamente, sus pies se dirigían hacia la Editorial Internacional sin que su dueño se percatase. Mientras, observaba distraídamente el blister. No se demoró demasiado en darse cuenta de qué se trataba. Las conclusiones llegaron por sí solas. La pregunta que le surgía ahora era a quién podría Lincoln haber dejado eventualmente embarazada. Podría tratarse de su novia, como podría no serlo. La verdad se encontraba por delante, y olía a chismecito.
-¡¿Cómo que no ha llegado?!
Luan se colocó de pie de un golpe sin dejar que la maquilladora terminara con su trabajo. Se quitó el paño que tenía colgado al cuello de un tirón y se volteó hacia Yin. La coneja se sorprendió ante la repentina reacción de la chica. Aún no se convencía del repentino cambio de actitud que podía protagonizar. Tampoco le cabía en la cabeza las razones de la reacción actual. No esperaba que fuera para tanto la ausencia de Dennis, más aún luego de lo ocurrido.
-Este -respondió con la duda en su voz-... Dennis me comentó que anoche se sentía mal y es por eso que no podrá venir hoy.
-Sabes perfectamente en lo que quedamos anoche -Luan la amenazó molesta con su índice derecho apuntando directo hacia la nariz de la coneja-: si deseaban volver a la obra, tenían que presentarse a una entrevista exclusiva en mi matinal durante la mañana promocionando mi obra. Si no aparecen, no volverán a la obra -zanjó cruzándose de brazos.
-¡Pero si no tienes más actores! -alegó Yin.
-Puede que en el caso de Dennis, él sea indispensable -Luan comenzó a pasearse pensativa-, pero en tú caso no es igual -agregó volteandose hacia la coneja.
-¿Cómo? -había algo más que no convencía a Yin.
-Si ustedes dos no quieren terminar separados por una obra de teatro, será mejor que en las siguientes tres horas se encuentren ambos presentes sobre el escenario del Matinal de las Margaritas. En caso contrario, mañana en la noche, tu rey Yakko estará besuqueandose con Lola Loud en frente de todo Anasatero.
El gélido silencio se esparció entre ambas chicas. La furia de Luan Loud se proyectaba frente a una Yin envuelta entre la sorpresa, la impresión y el temor. Aquella última advertencia fue lo único que quedó colgado en su ser. Era una señal más que suficiente para traer de regreso a Dennis.
-Vo-vo-voy -farfulló la coneja retrocediendo y abandonando los camerinos.
Luan suspiró pesadamente, expulsando de golpe todas sus malas vibras. Sabía que la maldición de El Rey y Yo hacía efecto en sus actores. Era una llave maestra para alcanzar sus objetivos. Posteriormente regresó a su asiento mientras nuevamente se colocaba su paño y así continuar con su proceso de maquillaje.
Mientras Yin se apresuraba en salir, sacó su teléfono y llamó a Dennis. Corrió en dirección al estacionamiento subterráneo del canal y se dirigió a su auto. Tras el décimo intento, cuando ya se encontraba a bordo de su auto lista para partir, la llamada fue respondida.
-¿Dónde estás? -fue la primera pregunta que soltó.
-Está durmiendo -contestó una voz infantil.
-¿Qué? -la coneja quedó descolocada ante lo que oía, mientras su mano quedó a centímetros de las llaves colocadas del motor del auto.
-Dennis llegó super tarde anoche -continuó la voz del otro lado del fono-, y mamá lo retó porque venía con olor a alcohol. Dijo que le dolía la cabeza y se sentía mareado. Simplemente se quedó dormido, y esta mañana mi mamá no pudo despertarlo.
-Un segundo -balbuceó Yin-. ¿Tú no eres la hermanita de Dennis?
-Síp -afirmó animada-. Soy Emilie.
-¿Y por qué tienes el teléfono de tu hermano? -cuestionó la coneja.
-Estoy en casa -respondió la niña-. Mi padres me dejaron para que lo cuidara.
-¿Tú? -exclamó Yin con un respingo.
-Síp -respondió la chica con ingenuidad-, ya sabes, para que no lo asalten estando solito.
-No lo creo -sentenció la coneja-. Iré a tu casa. Dame tu dirección.
-Este… anota -Emilie fue atrapada por la sorpresa ante la petición de Yin-. Calle los Polinesios 2334.
-Un momento -intervino Yin, quien se había conseguido un lápiz y una pequeña libreta de la guantera-, primero, la calle Los Polinesios termina a la altura del 2000, y segundo, tu hermano me pidió que lo fuera dejar en el sector de los edificios verdes, al otro lado de la ciudad. Díme cuál edificio es y el número del departamento.
En ese momento, la niña cortó la llamada.
Dennis se encontraba durmiendo sobre su cama. Se encontraba abrazado a su almohada completamente babeada. Emilie dejó con sumo cuidado el celular junto a la mesita de noche. Sin hacer ruido, abandonó la habitación de su hermano. Ella había entrado tras las insistentes llamadas que habían entrado a su móvil. Al principio tenía la esperanza de que el ringtone dedicado a la pequeña mariposa lo despertara, pero cuando la pegajosa canción se hizo molesta, decidió ir a contestar.
-¡Chiwa! -exclamó Yin con frustración. Aunque había sido una jugada arriesgada preguntarle a una niña que apenas conocía la dirección de su casa, ante el peligro de perder a su rey Yakko todo estaba permitido.
Se quedó un instante en su auto al interior del estacionamiento subterráneo pensando en sus próximos pasos a seguir. El sector de los edificios verdes era enorme con miles de departamentos. Encontrar a Dennis era como encontrar una aguja en un pajar.
Reintentó con la llamada, pero esta vez nadie contestó. Mientras, intentaba pensar en alguna alternativa para encontrar al chico.
-¡Yang! ¡Al fin contestas! -en su desesperación, la coneja optó por llamar a su hermano.
-¿Qué tal la entrevista del matinal? -oyó la voz del conejo.
-¡Fatal! -se quejó-. Dennis no apareció. Necesito su dirección. ¿Por casualidad la tienes?
-¿Aún no sales al aire? ¡Llevamos horas esperándote! -alegó Yang mientras movía una silla.
El ruido sordo de las conversaciones expectantes se entremezclaban con el vaivén del Centro Comercial y cruzaban la señal telefónica hasta llegar a una Yin sin respuestas. El gimnasio se encontraba lleno de sillas de todos los materiales, modelos y marcas posibles. Cada una era ocupada por un estudiante presente durante la mañana. Todos se encontraban mirando hacia una pantalla gigante que habían instalado bajo el reloj de pared ubicado en una de las paredes del lugar. La televisión se encontraba sintonizando el matinal que recién había comenzado con la conducción de Luan Loud.
-¡Yang! -insistió Yin-. ¡Te estoy diciendo que no puedo salir al aire sin Dennis y ni siquiera sé donde vive para saber qué le pasó!
-Bueno, pero no se enoje -respondió el conejo encogiéndose de hombros.
Yang se percató de que no podía ayudar a ordenar el lugar con una mano ocupada. Pronto, vio en el suelo una coleta negra que se le había caído a una chica. Sin preguntar tan siquiera, agarró la coleta, y en un par de segundos se amarró el teléfono a las orejas.
-¡Por favor es urgente! -rogó Yin.
-¿Y no has pensado en googlearlo? -propuso el conejo.
-¿Qué? -la respuesta la tomó por sorpresa.
En ese momento, Yang se percató que su idea no era la mejor. Podía oír la llamada, pero no podía hablar con el micrófono tan lejos de su boca. Dejó tirada una silla recién recogida y soltó su teléfono para reiterar su propuesta.
-¡Googlearlo! -insistió alejándose de la muchedumbre y así alcanzar algo de silencio-. Busca su nombre en internet. Te podrías sorprender de lo que llegues a descubrir.
-¡Ja! Como si fuera posible encontrar su dirección con el simple hecho de buscar su nombre en internet.
En el intertanto, y sin cortar la llamada, la coneja abrió el navegador Web de su teléfono. Google la saludó homenajeando a Victor Hugo. Sin hacerle mayor caso al doodle, la coneja ingresó el nombre completo. El primer resultado prometía entregar un perfil completo del chico. Inmensa fue su impresión al percatarse de que entre la lista de datos que le entregaba el sitio Web, se encontraba la dirección completa del chico.
-No puede ser -balbuceó aún incrédula.
-De nada -respondió Yang en tono burlesco.
Aún incrédula, Yin revisó la página completa. No solo aparecía la dirección completa del chico, sino además el nombre completo de sus padres, abuelos, fecha y lugar de nacimiento, direcciones anteriores, lugares en donde había estudiado desde el jardín infantil, entre otra larga e increíble lista de datos. Una cantidad de detalles dignos solo de un psicópata.
-¿Cahuin punto ce ele? -cuestionó la coneja tras ir a la página principal del sitio y encontrarse que el sitio no sólo reunía la información de Dennis.
-¿De ahí lo sacaste? -cuestionó su hermano mientras entraba a la oficina para escuchar mejor.
-No solo tienen a Dennis -la alarma en la voz de Yin se hacía más evidente-. ¡Sino que tiene a todo Anasatero! ¡No puede ser! ¡Estoy yo! ¡Y también estás tú!
-Bienvenida a internet -respondió Yang con sarcasmo.
-¡Pero esto es demasiado! -alegó la coneja-. ¡Debería ser ilegal! Un momento, ¿por qué aquí sale que tú eres el mayor? -agregó molesta.
-Los cahuineros sí que saben -contestó el conejo.
-Estos idiotas deberían estar presos -alegó Yin con una mezcla de tristeza y temor amarrada en su garganta.
-Al menos tienes la dirección de Dennis que era lo que querías, ¿no? -le dijo Yang encogiéndose de hombros-. Ahora apúrate, que el matinal de por sí es aburrido.
La coneja prefirió dejar el misterio del sitio Web en segundo plano. Cortó la llamada, encendió el motor de su automóvil, y se dirigió rumbo a salvar a su amado rey Yakko.
Estos patitos van por el "Apruebo" este 4 de Septiembre. ¿Por qué? Son tres las claves que rodean nuestra opción:
1.- Busca borrar la Constitución de 1980, escrita por un puñado de maniáticos auspiciados por una sangrienta dictadura militar y aprobada por la fuerza, el miedo y el fraude. Desde el inicio del retorno a la democracia en 1990, ha sembrado un sistema que se ha olvidado de la gente y ha sembrado una desigualdad que tras treinta años enojó a los Chilenos.
2.- La nueva Constitución fue escrita por primera vez en su historia en un proceso democrático, en donde los Chilenos escogimos a 155 Convencionales provenientes de distintas realidades del país, quienes debatieron durante un año el contenido de esta constitución. Como resultado, la propuesta recoge todas las preocupaciones, deseos, anhelos y sueños del país, con una visión enfocada en los desafíos presentes y futuros de la sociedad Chilena. Estos patitos revisaron la propuesta, y aprueban su contenido y el espíritu expresado en pos de cumplir el principal objetivo de una constitución: un acuerdo entre los ciudadanos de un país para construir una sociedad mejor.
3.- La campaña del "Rechazo" ha estado llena de polémicas. Entre estas, se encuentran la difusión de noticias falsas, amenazas, violencia, mentiras e intentos de censura. Centrándonos en esto último, la gota que rebalsó el vaso y empujó a la editorial a mencionarse, se centra en la declaración de la Asociación Nacional de Fútbol Profesional (ANFP).
En su declaración oficial emitida el día 6 de Agosto, muestran su desacuerdo por el uso de los logos de los equipos de fútbol profesional en pos del Apruebo. Acusan a una diputada de su creación, siendo que el orígen proviene de la hinchada, ergo, de las personas comunes y corrientes.
Editorial El Patito Feliz, de forma similar al caso de los fanfictions, apoya al uso creativo de elementos y conceptos basados en productos con o sin derechos de autor, siempre y cuando su uso provenga de personas naturales, su propósito no sea lucrativo y sus intenciones sean comunicativas. Esta editorial aboga por la libertad de expresión en todas sus formas, y se opone a todo acto de censura injustificada. Es imposible detener la expresión del sentir de las personas comunes y corrientes, independiente de los mecanismos que se pretendan implementar. Los Chilenos tienen derecho a expresar su sentir respecto del presente y futuro de su país. De igual forma, los escritores tenemos el derecho de escribir fanfictions y expresar su sentir independiente de la temática y del fandom.
¡Por la libertad de expresión, derecho sagrado para nuestra editorial, estos patitos aprueban! (Consagrada en la Nueva Constitución en el artículo 82).
