Polidrama - Capítulo 55
-Nos encontramos de regreso en el Matinal de las Margaritas, el matinal que despierta y entretiene con todo su brillo y energía a Anasatero y sus alrededores.
Luan se encontraba sobre el escenario con un extravagante vestido color amarillo claro con encajes blancos alrededor de las enormes hombreras que le colgaban. Su cabello se encontraba amarrado con una cinta blanca de moño, cayendo lacio por su espalda hasta sus caderas. Se presentó en medio del acogedor escenario que emulaba una hogareña sala de estar, siendo el foco de atención de las cuatro enormes cámaras y de la parrilla lumínica sobre su cabeza. La chica se encontraba llena de orgullo, con ambas manos juntas y su característica sonrisa desbordante.
-Y lo prometido es deuda -anunció tras el aviso del director de escena-. Finalmente tenemos en nuestro estudio a la pareja protagónica de nuestra próxima obra de teatro a estrenarse este sábado en homenaje al aniversario de nuestra ciudad. ¡Con ustedes, el rey Yakko y la princesa Violet!
Tras el eufórico anuncio, Luan se dedicó a aplaudir con total efervescencia, mientras que la animada música instrumental sonaba con potencia tanto dentro del estudio como a través de la señal televisiva a todos los televisores de la ciudad. Por un costado apareció nuestra pareja protagónica, siendo enfocada por las cuatro cámaras televisivas presentes en el lugar. Yin sonreía triunfante y erguida mientras saludaba agitando su mano con suavidad en dirección al estrado oculto entre las sombras. Detrás suyo, Dennis sonreía de sobremanera para ocultar su hastío por estar allí. Sus ojos se entrecerraban más de lo normal, ocultando el color rojo que delataba su cansancio. Fue una habilidad abrumadora la de la maquilladora a cargo en su misión de ocultar sus ojeras. Su cabeza latía con más fuerza que los tambores de la melodía instrumental. Intentaba mantenerse erguido, sin poder evitar mostrar un dejo de descuido en su andar.
-Meh.
Lisa se encontraba revisando algunos papeles en su oficina mientras tenía un televisor sintonizado en el canal con volumen bajo. La presencia de Dennis en escena captó su atención. De inmediato notó algo extraño en él. Podía definir en su mente un claro panorama oculto tras esta imagen. Eran teorías que debían ser demostradas de forma empírica, y que implicaba por lo menos esperar para interrogar a su asistente. Tras la trivialidad de la propuesta, a los pocos minutos regresó a sus quehaceres, dejando de prestar atención a la pantalla.
-¡Chiwa! ¡Ya era hora!
Por el contrario, Yang llevaba literalmente toda la mañana esperando la aparición de su hermana. Las sillas fueron rotando clase tras clase de estudiantes que habían llegado supuestamente aprendiendo Woo Foo, y terminaron haciendo tiempo con alguna encrucijada que el conejo les proponía con tal de que lo dejaran en paz. Fue durante las últimas clases de la mañana, pasado el mediodía, cuando finalmente la pareja del año decidió asomarse por las pantallas de ATTV. Fue en ese instante en que el conejo acalló a todo el grupo y los hizo sentarse en las sillas dispuestas desde primera hora, frente a la pantalla de plasma que esperaba junto a todos la hora esperada. Desde el exterior del gimnasio, por los pasillos del Centro Comercial, la gente pasaba observando extrañada la escena. Para ser un gimnasio de entrenamiento Woo Foo, era llamativo ver a través de las vitrinas a un montón de chicos vestidos con sus respectivos karategi sentados en diversas sillas ubicadas sobre las colchonetas repartidas por el piso, observando todos hacia una pared en la cual se encontraba el televisor. La atención hacia la pantalla era tan grande como la sorpresa de las personas que se fueron acumulando poco a poco al otro lado de la vitrina.
-Esto me parece muy extraño.
Desde la sala de descanso, Fiona y Lina se encontraban también atentas a la transmisión del canal ante un anticuado y desgastado televisor noventero. Lina se encontraba comiendo una barra de avena, mientras que su amiga y colega degustaba con lentas cucharadas de un envase celeste que contenía yogurt dietético.
-No me lo tomes a mal, pero ese chico definitivamente no es para ella -prosiguió la perrita mientras agitaba en el aire su barra a medio devorar-. O sea, entre ese chico y su ex, no sé si Yin pueda elegir a alguien peor. No me lo tomes a mal, o sea, comparado con Coop, él parece decente -agregó apuntando hacia la pantalla-, pero Yin se merece alguien mejor. Sé que puede encontrarlo con facilidad, si pudiera abrir los ojos -agregó con hastío.
Ante el silencio de su amiga, prosiguió con su monólogo:
-O sea, ¿quién podría ser? -cuestionó pensativa-. Roger y Dave son muy tontos, Jobeaux, aunque parece un buen tipo, no parece interesado en ella. ¿No podría ser alguien más que actúa en esa obra? Ellos dos no pueden ser los únicos actores -agregó molesta-. O tal vez podría ser algún alumno que vaya a su academia de Woo Foo -agregó con esperanzas-, pero, si no encontró a nadie en diez años, hmm, bueno, la esperanza es lo último que se pierde -sentenció encogiéndose de hombros.
Ante el silencio de su amiga, Lina continuó con sus conclusiones.
-Pero, ¿qué importa tener pareja a fin de cuentas? -se estiró sobre su asiento-. Uno no se va a morir sin un hombre a su lado. ¡Sólo mírame a mí! No tengo intenciones de estar con alguien más en una buena temporada…
-Lorn no dice lo mismo -Fiona interrumpió su perorata.
-¿Qué? -soltó Lina casi atragantada por sus propias palabras.
Fiona no despegó la vista de la pantalla mientras se llevaba la cuchara a la boca. No respondió. Sus ojos se encontraban frente a la pantalla de vidrio, pero su mente se encontraba mucho más allá de aquella sala de descanso.
-¡Fiona! -insistió la perrita con el ceño fruncido.
Solo un empujón por las costillas le permitió captar la atención de su amiga.
-¿Qué? ¿Qué ocurre? -exclamó Fiona entre confundida y asustada mientras dejaba su cuchara dentro del envase.
-¿Estás bien? -le preguntó su amiga con preocupación, centrando su vista y atención en ella.
-Sí, sí estoy bien -contestó Fiona sacando una nueva cucharada de yogurt.
-Lo dudo mucho -Lina se cruzó de brazos con seriedad-. Has estado distraída durante toda la mañana. ¿Ocurre algo?
-No, no. Estoy bien -respondió nerviosa antes de devorar la nueva cucharada.
-¿Es por lo del señor Garamond? -preguntó Lina sin anestesia mientras arqueaba una ceja.
Fiona enterró la cuchara en el envase, dándole a su amiga las señales correctas.
-Fue algo que no me imaginaba -comentó Lina-. No me esperé que tuviera las influencias suficientes como para salir libre tan rápido. ¡Nuestra investigación fue en vano!
-Esto es personal -agregó Fiona con la mirada perdida y empuñando con fuerza su cuchara.
Lina se quedó sin palabras, observando a su amiga con la boca entreabierta mientras intentaba descifrar sus palabras. Para la perrita, los eventos no le habían provocado más que una frustración que empujó a que su antiguo villano terminara pavoneándose por los pasillos del canal con total impunidad. Para Fiona, era mucho más complicado. Aquella imágen que vio de Coop empujado a hacer el amor bajo los efectos de una pócima no la había abandonado. De hecho no podía quitarse de la cabeza ninguna escena de él desde que había regresado a Anasatero. Su corazón no podía decidirse sobre el sentimiento a expresar ante su presencia. Lo que sí había concluído era qué no sentir: indiferencia.
-La verdad no sé cómo podemos solucionar esto -intervino Lina cruzándose de brazos tras un suspiro de frustración.
Para Fiona todo era evidente. Ella conocía aquel audio que había guardado en la bóveda del canal y que incriminaba directamente al alcalde y a su asistente. Era indudable que aquel audio fue la llave de Herman para chantajear al alcalde y pedirle el indulto. La jugada era clara, y ella se encontraba en el punto clave para desbaratarla. Su duda se encontraba en sí atreverse o callarse y dejar que las cosas pasen.
En ese momento Fiona hubiera deseado una guía que le mostrara lo que estaba sintiendo y le ayudara a tomar una decisión. Lamentablemente ella estaba sola. Había nacido bajo el alero de la soledad. Las malas decisiones ayudaron a mantener aquella cúpula de soledad a lo largo de su vida. ¿Debía ayudar a Coop? ¿Qué obtendría con eso? ¿Qué quería obtener con eso?
-Fiona, ¿qué tienes? -la preocupación de la perrita comenzaba a convertirse en miedo.
A lo único que podía echarle cuerdas la chica era a su propio corazón. Su propia intuición era el único faro a seguir en este camino de tinieblas. No importaba si era un camino erróneo. No importaba si se equivocaba. Era lo único que podía hacer.
Sin previo aviso, la chica se colocó de pie de un salto.
-¡Oye! ¡Fiona! -exclamó Lina al verla.
Fiona no hizo caso. Se dirigió rumbo a la salida. Tiró el envase medio vacío de yogurt con cuchara y todo a un basurero que había junto a la salida. Cada paso era un apoyo definitorio ante la decisión tomada.
-¡Fiona! ¿A dónde vas? -cuestionó Lina colocándose de pie.
La chica se volteó. Su mirada decidida daba claras señales de algo grande entre manos:
-Iré a salvar a Anasatero.
Lina se quedó de pie, procesando aquella frase, mientras su amiga se perdía del otro lado de la puerta.
-¡Hey! ¡Espera! -de improviso, la perrita logró recuperar el control de su cuerpo. Salió corriendo del cuarto a la siga de su amiga-. ¡No salves a Anasatero sin mí! -le gritó mientras la alcanzaba.
-¿Vendrás conmigo? -le preguntó Fiona sin detener su andar.
-Hasta el fin del mundo -Lina le sonrió.
Es así como ambas recorrieron el pasillo hasta el final. ¿Qué buscaban? Exactamente no lo sabemos. Solo sabemos que ambas pensaban enfrentar todo hasta las últimas consecuencias.
Mientras tanto, Coop finalmente arribaba a su oficina en la Editorial Internacional. Llegó caminando relajado y feliz, omitiendo por completo el hecho de que estaba llegando por lo menos cuatro horas tarde. Silbaba una tonada alegre como si estuviera llegando a su propia casa. Tenía pensado invitar a Lincoln a almorzar en compensación por el trabajo extra recibido tras su ausencia. Tenía consciencia de que se estaba abusando de su asistente, pero estaba convencido de que las circunstancias le impedían evitarlo. Su esperanza se centraba en solucionar todo con un almuerzo.
-Señor Burtonberger.
Apenas entró a su oficina, Betty, su secretaria, se le acercó presurosa. Entre manos traía por lo menos tres carpetas coloridas, engordadas por cientos de hojas cada una. Tal preocupación llamó la atención del chico, quien solía verla despreocupada detrás de su propio escritorio.
-¿Betty? ¿Qué sucede? -cuestionó el chico deteniéndose en la entrada.
-El señor Mandril concertó una reunión urgente con usted -le informó su secretaria mientras caminaban juntos hacia el escritorio del chico-. Dice que se encuentra preocupado por el funcionamiento de este departamento.
-¿En serio? ¿Para cuando?
-Para hace dos horas.
-¿Qué? -exclamó Coop sorprendido casi cayéndose de un salto-. ¿Y no podía atenderlo Lincoln?
-Él avisó que se tomará el día libre -le informó su secretaria.
-¿El día libre? -Coop arqueó una ceja-. ¿Eso es posible en una práctica?
-Me llamó en la mañana y me dijo que tenía que ayudar en un asunto familiar.
El espasmo de Coop le dió suficiente tiempo a la chica de entregarle la tonelada de hojas envueltas en las carpetas.
-Estos son los pedidos de nuestros clientes y de los otros departamentos que están pendientes -le informó Betty-. Los de la carpeta azul debían estar listos desde hace un mes.
Nuestro chico gato se quedó estático mientras recibía las carpetas con la mente en blanco. Sintiendo por primera vez el peso de la carga de trabajo, y tras el abandono de su asistente y de su propia suerte, Coop se había quedado solo.
-¿Cómo es que no has dicho nada hasta ahora?
Aquella mañana en la boutique de Leni y sus amigos, los chicos habían rodeado a la rubia ante la incredulidad del silencio de la chica. Fiona, con el ceño fruncido, era quien había sintetizado la sorpresa de todo el grupo ante la respuesta de Leni.
-Es que Yang regresó a casa tan contento -confesó la chica con culpa-, que no quise arruinarle el ánimo.
-Leni, esto es serio -le dijo Fiona sujetándola de los hombros-. ¡No puedes dejar que te pasen a llevar así como así! ¡Debes huir de ahí!
A cada lado de cada una, se encontraban Miguel y Max. El primero observaba con sorpresa la escena, sin imaginarse que era posible superar el límite del sentido común de Leni. El segundo observaba con atención de ave rapaz la escena, dispuesto a intervenir en la escena precisa frente al objetivo más importante de su presente.
-Pero, ¿qué va a pasar cuando le diga a Yang? -cuestionó Leni con aflicción-. ¿Podría irse de mi lado?
-¿Prefieres arriesgar tu vida e integridad por un hombre-. Cuestionó su amiga más asustada de lo que debería estar la propia Leni.
La chica la observó a los ojos con angustia. No sabía qué respuesta dar para que la dejaran en paz. Sí, fue horrible lo ocurrido el día anterior con Millie, pero prefería dar vuelta la hoja a amargarle el presente a Yang. Además, ¿cómo reaccionaría Millie ante esto? El miedo se multiplicaba al pensar en la confrontación. Idea que al parecer no era compartida por su amiga.
-Leni, no puedes quedarte esperando a que vuelva a suceder -le advirtió Fiona-. Es posible que a la otra no salgas tan bien parada.
-Pero, si hablo, ¿no sería peor? -cuestionó Leni.
-El silencio no puede ser mejor -insistió Fiona.
-Igual creo que tiene un punto -intervino Miguel colocando una mano sobre el hombro de Fiona-. O sea, si quiere denunciar algo, primero tiene que encontrarse segura.
-¿Y si se va de la casa? -propuso Max-. A una dirección en donde Millie no vaya a buscarla. Y desde allí puede evitar que la sigan golpeando.
-Pero el primer paso debe darlo ella -sentenció Fiona volteandose hacia sus amigos y sin soltar a Leni.
La chica observaba a sus amigos con la mente en blanco. Solo quería la respuesta correcta que le permitiera continuar con su vida con normalidad. Temas como la justicia, la autoprotección, o lo que fuera que sus amigos le planteaban era como hablarle en chino. Tenía en mente decirles que sí a todo con tal de que la dejaran tranquila. A fin de cuentas, lo único seguro era que sus amigos harían lo mejor para ella.
-¡Oigan! ¿Y si se queda en mi casa? -propuso Max-. Tengo espacio disponible en mi departamento.
-¿Quedarse en tu casa? -preguntó Fiona descolocada.
-¡Sí! -exclamó el chico animado-. Sabemos que en su casa no está segura, y donde los Loud será el primer lugar en donde van a ir a buscarla. ¿Qué mejor que en mi casa?
-Max tiene razón -secundó Miguel-. Ni siquiera nosotros sabemos donde vive.
-Además, la pasaremos muy bien -Max sonrió con confianza-. Tengo un minibar y una mini mesa de billar. ¡Vamos! ¡Nos divertiremos! -agregó abrazando a Leni con un brazo por sobre los hombros-. Además tengo Netflix.
-¿De verdad? -cuestionó la chica aún confundida por lo que estaba pasando.
-Y por mientras, esta tarde propongo que vayamos a celebrar tu libertad al bar de siempre -propuso Max-. ¡Yo invito! -exclamó con euforia alzando los brazos.
-¡Sí! -celebraron Miguel y Fiona alzando los brazos.
-¡Sí! -agregó Leni imitándolos. Sentía el alivio de finalmente ver a sus amigos contentos y de que todo se hubiera solucionado.
Lo importante era el presente.
El salón de eventos del ayuntamiento era literalmente un caos aquella mañana. Cientos de personas iban y venían a cada instante. Todo el ajetreo era dirigido ni más ni menos que por el señor Lynn Loud. Armado con un cinturón de herramientas, chaqueta de mezclilla sin mangas y un casco de constructor color blanco, dirigía a la muchedumbre con toda la seriedad que le permitía su rostro.
-¡Necesito ese florero por allá! -apuntaba hacia un rincón-. ¡Un momento! ¿Por qué solo tiene cinco rosas rojas? Te dije explícitamente que debían ser siete. ¡Cuidado con la estatua! Sí, déjenla junto a la ventana -le ordenaba a dos chicos de dudosa procedencia-. Ese mantel está sucio. Tenemos que cambiarlo -le dijo a una Polly que ayudaba a instalar las mesas. Como respuesta, la chica bufó con hastío.
-Papá, los centros de mesas llegaron sin flores de alicanto, un ducto de ventilación acaba de explotar en la cocina, encontraron un nido de ratas en la bodega, y los músicos no se han presentado para el ensayo -un Lincoln con un traje formal color gris claro junto con una camisa blanca y corbata a rayas con tonalidades café, se acercó junto a su padre con una tabla de anotaciones entre manos y un lápiz colgando de una cuerda-, y todo sin contar con una lista de invitados que ya ha rechazado asistir a la cena de Aniversario a menos que el alcalde cancele el indulto a un tal Herman Garamond -agregó el chico leyendo el nombre de la hormiga desde su tabla.
-¡Oh rayos! -su padre se agarró la cabeza con desesperación-. ¿Y en dónde están tus hermanas para ayudar?
-Era lo mismo que te venía a preguntar -Lincoln colocó sus manos en la cintura con el ceño fruncido-. ¿En dónde están todas para ayudar? Por ejemplo Lisa.
-Dijo que debía salvar a la ciudad de la explosión subatómica de los neutrinos ocultos en el fondo del manto mesoesférico -recitó su padre-, o algo así. Ya sabes cómo es tu hermana.
-¿Y qué hay de Luna? Ella podría ayudarnos con lo de la banda -insistió el chico molesto.
-Dijo que tenía que ir a una entrevista de trabajo o algo así -respondió su padre mientras continuaba revisando los detalles del lugar-. ¡Hey! -les dijo a dos cacatúas que se encontraban colgando unas guirnaldas hechas de cuerdas de terciopelo de colores entrelazadas-. ¡Es una trenza invertida! ¡No holandesa!
-¿Y qué hay de Leni? -replicó Lincoln siguiéndolo-. ¿Acaso no podría ayudar con la decoración?
-En el trabajo, hijo -respondió su padre concentrado en las cortinas-, al igual que Luan. Y antes de que me lo preguntes -el señor Loud alzó su índice-, Lynn está en un partido importante fuera de la ciudad, ni me preguntes de qué. Y tu madre no dejó que tus hermanas menores faltaran a clases.
-¿Entonces ninguna vino a ayudarnos? -preguntó Lincoln apesadumbrado mientras casi dejaba caer su tabla de apuntes.
-Suspiro -oyó cerca de su oreja.
Al voltearse y encontrarse tan cerca con una Lucy pálida como la muerte, el muchacho no pudo menos que dar un salto de respingo que lo lanzó al suelo. Justo cayó en medio del camino en que un hombre barrigudo arrastraba unos cuantos tarros con pintura blanca, las cuales se derramaron completamente sobre el chico. Lincoln quedó cubierto completamente de color blanco, pero ni aún así podía competir con la palidez de su hermana.
-¡Ahí lo tienes hijo! -exclamó su padre animado-. Al menos tienes a Lucy para que nos apoye. Por cierto, derramaste cinco tarros de pintura blanca para las pancartas de bienvenida, y de paso arruinaste el piso -agregó cambiando drásticamente su ánimo a furia-. Dudo mucho que podamos limpiar este desastre antes de… ¡cielo santo! ¡Es mañana! -agregó cambiando su enojo a desesperación en tiempo récord.
-Eso no era pintura blanca -le informó el hombre que traía los tarros antes de abandonar la escena.
-Rayos -comentó Lincoln molesto al verse completamente empapado de aquel líquido blanco.
Cerca de allí, en el ayuntamiento, la oficina del alcalde se había convertido en la trinchera para el pato y para mí. En medio de la alzada ciudadana que se empezaba a forjar a las afueras del recinto, al patito no se le ocurrió nada mejor que ponerse a jugar. Con la ayuda de un viejo televisor de no más de diez pulgadas, conectó una PlayStation 1 para comenzar a jugar Donkey Kong.
-No entiendo cómo puedes estar jugando como si nada -le recriminé-, mientras que afuera están poco menos que pidiendo tu cabeza.
-Al mal tiempo, buena cara -respondió apretando los botones del control con sus alitas-. Además, ellos no van a dejar de querer mi cabeza por dejar de jugar.
-¿Y no piensas hacer algo al respecto? -insistí.
-Entre no hacer nada y que se termine el Patoverso y hacer algo para terminar como estamos, creo que ya hemos hecho más que suficiente -contestó tranquilo-. Con el tiempo nos lo agradecerán, o tal vez no. Pero bueno, no hacemos las cosas para que nos la reconozcan. Por cierto -agregó cambiando de tono-. ¿No te había mandado a otra dimensión no recuerdo a qué?
Estaba a punto de contestar cuando el tono de llamada del teléfono fijo instalado sobre el escritorio comenzó a sonar con su ruidoso y monótono ruido.
-Contesta, ¿quieres? -me ordenó el pato.
Me quedé con las palabras en la lengua. Extendí mi mano y contesté el fono sin dejar de sentir ese malestar por haber quedado a medio camino.
-Si quieres salvar el pellejo del alcalde, ve al estacionamiento subterráneo de ATTV hoy a las cuatro de la tarde -oí una voz distorsionada del otro lado-. Ve sola.
-¿Quién habla? -pregunté.
Como respuesta, solo recibí el tono de la llamada cortada.
Lentamente, dejé el fono en su sitio mientras miraba al pato con desconcierto. El aludido pausó el juego para observarme de regreso.
Logró captar que algo se veía venir.
En estos momentos tengo demasiado que decir, pero si lo hago, quedará una nota de autor más larga que este capítulo, y este capítulo terminará por estrenarse quizás en cuánto tiempo más. Por lo anterior, iré al grano. Pido disculpas por mi desaparición de tres semanas. Pasaron demasiadas cosas en mi vida, en el plano personal, familiar, laboral y social. Dentro de lo más importante, fue un bloqueo de escritor que me mosqueó a la hora de escribir. Al menos ahora pude terminar este Capítulo tras un par de intentos. Trataré de ir poco a poco aflojando la mente para retornar a la frecuencia acostumbrada en el avance de este fic, pero si algún sábado desaparezco sin razón, es por esto.
También sé que les debo la primera revisión de los Capítulos del 30 al 50, además de un par de cuentos de Polidrama. Este fic se ha visto muy afectado por los parones, además de esta crisis actual. Lo que sí puedo prometerles es que este fic no quedará abandonado. Costará, lo sé, pero no me rendiré. Espero lograr recuperarme pronto, y volver a alegrarlos puntualmente cada sábado con un nuevo episodio de este fic.
Un abrazo!
Martita (y el pato).
