Polidrama - Capítulo 56
-Muy bien, tarado. Esta vez soltarás la cuerda ¡Sin distracciones! Cuando te dé la señal, la sueltas.
Lola y Carl se habían fugado de clases aquel día precisamente para colarse al edificio de la televisora. La chica estaba al tanto de la propuesta de Luan, y sabía que le había dado una oportunidad a Yin de usurpar su papel como la princesa Violet en la obra. Aunque los había vigilado durante la noche anterior, los había seguido hasta el bar pirata, y le había pagado al cantinero para que le diera al chico unas pastillas que lo adormecieran hasta el final de la obra, al parecer nada de eso los había detenido en su afán por recuperar su lugar en El rey y yo. La chica sonreía maliciosamente imaginando si un yunque en la cabeza los haría cambiar de idea.
-¡Sí señora, señor! -exclamó el aludido haciendo una venia militar que casi provoca que soltara el yunque. Como respuesta, Lola le lanzó una mirada asesina.
Ambos se encontraban en una plataforma sobre el escenario, lugar desde donde colgaba la parrilla de luces. Era increíble que dicha parrilla metálica pudiera sostener el peso de un yunque metálico y negro de por lo menos doscientos kilos. También se puede destacar el desafío de las fuerzas de la gravedad al permitir que dicho yunque pendiera literalmente de un hilo. Era una cuerda demasiado delgada para las proporciones del objeto contundente. Del otro extremo, un Carl intentaba mantener el peso sujetando dicha cuerda con ambas manos. Un desafío que parecía superarlo con creces, pero que a la chica poco y nada le importaba. La inescrupulosa Lola esperaba con malicia el minuto perfecto para realizar su acto. Mientras, Carl sudaba frío mientras sentía que la piel de las palmas de sus manos amenazaba con ser arrancada con cuerda y todo.
-¡Hey! ¿Qué hacen allí?
Desde el suelo, a un costado del escenario, Lina los observaba con autoridad. La sorpresa y molestia se mezclaron en la chica, quien intentaba convencerse de lo que le mostraban sus ojos. Era una performance inusual, aunque característica de un villano novato. Pero, ¿justo allí? ¿En el matinal? ¿En plena entrevista? ¿A su amiga? ¿En medio de las celebraciones del aniversario?
No lo pensó dos veces. Extendió su palma en dirección de los malhechores, y la iluminó con su magia Woo Foo. En breve, envolvió a la pareja con yunque incluído con la luz turquesa de su magia, y de un tirón, los arrancó de las parrillas luminosas, lanzándolos al suelo, a un costado de ella, evitando molestar el cuadro de la escena. El yunque cayó junto a ellos, casi aplastando la cabeza de Lola. La chica dio un respingo al ver que el trozo metálico cayó a centímetros de su cara, dejando un forado de medio metro de profundidad.
-¿Se puede saber qué están haciendo? -los reprendió Lina con ambas manos en su cintura.
Ambos chicos terminaron por mirarse entre ellos temerosos.
-No me importa lo que piensen. Tendrán que dar explicaciones muy serias -Lina los levantó a cada uno tomándolos de las orejas, y tironeando de estas, intentó llevarlos de la escena.
-¿Qué está ocurriendo aquí?
Cuando Lina se volteó rumbo a la salida, se topó ni más ni menos que con Herman Garamond. La hormiga observaba la escena con seriedad y con sus dos pares de brazos cruzados.
-Bien, a ver si entendí. Ustedes dos se encontraban sobre la parrilla de luces del estudio del matinal con un yunque gigante dispuestos a aplastar a uno de los invitados del matinal. ¿Verdad?
Herman había arrastrado a Lina junto con Carl y Lola hasta su oficina, lugar en donde se encontraba dispuesto a aclarar la situación. El jefe se encontraba instalado en su asiento cuan trono de rey, con la mirada seria y los dedos de sus manos entrecruzados. Del otro lado del escritorio, Lola y Carl se encontraban sentados en una eterna lucha de miradas contra la hormiga. Detrás de ambos, Lina se encontraba de pie, con un dejo de ansiedad. Había quedado de reunirse con Fiona para el almuerzo, y temía que aquel retraso pusiera en peligro sus planes.
Ambos chicos comenzaron a balbucear incoherencias, atropellando sus palabras mutuamente, y sin lograr sacar nada en limpio.
-¿Saben que el costo del agujero que hicieron es de aproximadamente mil dólares? -volvió a preguntar Herman.
-Bueno, ese yunque iba directamente sobre la cabeza de la coneja, no contra el piso -alegó Lola con el ceño fruncido.
-¿Lina? -la mirada gris de la hormiga se alzó hacia la perrita.
-¿Qué? -cuestionó ofendida-. ¿Acaso quería que le cayera a Yin en la cabeza? ¿Acaso quería televisar una sangrienta muerte en vivo y en directo?
-Sería bueno para el rating -contestó Herman observando sus uñas.
-¿Sabes que eso es por lo menos ilegal? -comentó Lina con el ceño fruncido.
-¿Y quién me va a detener? ¿El alcalde? -ante aquella pregunta, Herman lanzó una larga, estruendosa y molesta risotada. Todo gracias a su recuerdo de su superioridad ante el mismísimo alcalde de Anasatero.
-Bueno, si nos deja regresar, podemos volver a intentarlo -aprovechando el minuto de confianza, Lola se colocó de pie-. Si tenemos suerte, la entrevista no ha terminado…
-Alto, alto, alto -Herman levantó su palma mientras se enjugaba las lágrimas de risa-. Por ahora lo que me importa es saber cómo van a pagar los daños del escenario -su alegría había transitado a una ira atemorizante a una velocidad vertiginosa-. Nadie se moverá de aquí hasta que me den soluciones.
-Podría trabajar para usted -se ofreció Lola con ímpetu-. Quizás usted no lo sepa, pero yo soy una excelente actriz -agregó con petulancia-. Me encuentro estudiando actuación en la Universidad de Anasatero, y soy una de las mejores. ¿Eh?
-¿De veras? -Herman comenzó a balancearse sobre su asiento con interés en lo que oía.
-Puede dejarme trabajando de prueba en alguna producción televisiva de su cadena. ¡La que sea! -agregó Lola-, hasta cubrir la deuda. Luego, me encuentro disponible para un contrato indefinido en televisión.
-Hmm, interesante -comentó la hormiga-. ¿Y qué hay de tu amigo? -agregó regalándole una mirada despectiva a Carl.
-¡Oh! Si lo desea también puede contratarlo -comentó Lola-. No es tan buen actor. Apenas ha logrado ingresar a la universidad, pero puede servir como mi asistente personal. Así también podrá abaratar costos.
-¿Él? ¿A la universidad? -tras aquella pregunta, Herman nuevamente fue víctima de otro ataque de risa. Las lágrimas le brotaban como si fueran una regadera en pleno verano. Llegaba a golpear la mesa provocando una algarabía que por primera vez tomó a los tres invitados por sorpresa a la vez.
-Sé que la universidad no acepta animales antropomórficos -le explicó la hormiga-. ¿Cómo van a aceptar a este mono en actuación?
-¡Oiga! ¡Eso es racista! -gritó Carl ofuscado.
Herman se lanzó con un segundo ataque de risa, esta vez tentando a Lola a que se uniera.
-Pero bueno, me convencieron -agregó Herman con una sonrisa de oreja a oreja por su hazaña del día-. Podrán pagar su incidente con trabajo para el canal.
-¿En serio? ¡Muchas gracias!
Con una grácil delicadeza, Lola se acercó a Herman, envolviéndolo en un inesperado abrazo. La hormiga pudo sentir que el cuerpo de la chica caía con todo su peso encima suyo. Sin siquiera pedirlo, pudo sentir la suavidad de su piel sobre sus mejillas, y el sutil aroma a banana y fresas de su perfume.
-Le prometo que no se arrepentirá -agregó la chica a tan solo un par de centímetros del rostro del insecto.
Herman no pudo evitar estremecerse ante esa actitud. Era avasalladora. Sus bajos instintos lo invitaban a atraparla entre sus brazos y hacerla suya. Su sentido común le recordaba que se encontraba con compañía. Su raciocinio lo calmaba diciéndole que pronto tendría una oportunidad mejor.
-Por lo pronto, necesito un pequeñísimo favor -comentó la chica alejándose con coquetería.
-¿Qué necesitas? -a la hormiga le salió la voz temblorosa mientras que su mente se cuestionaba sobre qué acababa de salir de su boca.
-Me gustaría comenzar mi prueba en un proyecto en particular de su canal -le dijo la chica-. ¿Podría participar como la princesa Violet en la obra de teatro "El Rey y Yo"? -lanzó su pregunta mientras jugueteaba con su cabello.
A la hormiga le tomó unos cuantos segundos procesar aquella petición. Solo el grito de impresión por parte de Lina lo empujó a aterrizar nuevamente en la Tierra.
-Lo siento, no puedo -se apresuró en responder desviando la mirada y cruzando sus dedos sobre el escritorio-. Ese proyecto lo dirige Luan Loud a nombre del ayuntamiento. Yo solo les presto el espacio.
-Por favor -Lola no se demoró en sentarse en las piernas de la hormiga, rodeándolo con sus brazos por el cuello-. Luan Loud trabaja para tí, además sé que tú puedes doblegar al alcalde para que me acepte, porque sé que tú eres fuerte y poderoso.
-Sí -contestó Herman embriagado de su propio egocentrismo.
-Entonces, podrás hacerme fácilmente ese favor -Lola comenzó a juguetear delicadamente con las antenas de la hormiga. Herman sentía una mezcla de placer y confusión ante aquella nueva y repentina situación. Frente a ambos, Carl y Lina los observaba con una impresión desbordante.
-Este… veré qué puedo hacer -las miradas de los presentes le regresaron la cordura a la hormiga. No quería mostrar ningún rastro de debilidad frente a ojos extraños.
Acto seguido, empujó a Lola para que saliera de su metro cuadrado. La chica se alejó con tranquilidad, no sin antes voltearse y regalarle un beso en el aire.
-Bien, bien -respondió Herman nervioso, carraspeando para alcanzar un poco de tranquilidad inmediata-. Necesito que ahora se vayan todos de mi oficina. Luego conversaremos de la obra y del yunque. ¡Ahora, largo!
Aquella última orden sonó al Herman Garamond a los que todos estaban acostumbrados. En silencio, los tres invitados abandonaron la oficina. Finalmente, con el silencio del lugar, Herman se recostó sobre su asiento, y comenzó a balancearse con lentitud mientras repasaba lo que acaba de suceder.
-¿Qué rayos fue eso? -le recriminó Carl a Lola en voz baja. Ambos se habían encargado de alejarse lo suficiente de Lina como para no ser escuchados. La perrita a los pocos pasos había tomado otro camino, por lo que les fue fácil alcanzar la privacidad.
-¿Sobre qué? -Lola fingió extrañeza.
-Eso con… ese tipo -alegó Carl-. Ese coqueteo, y los abrazos, y todo eso…
-Mira Carl -Lola se mostró molesta amenazándolo con su índice-. Haré literalmente cualquier cosa por lograr el papel de mis sueños y la fama que merezco, y no quiero que ni tú ni nadie intervenga en mis planes. ¿Entendiste?
Aquella última frase sonó tan chirriante y de ultratumba que Carl sintió que aquel dedo era una daga que acababa de atravesar su garganta. Tragando saliva, asintió aterrorizado, a su vez que podía ver la furia ardiente del infierno en sus ojos.
-Bien -la voz tranquila de la chica lo regresó a la realidad de este mundo. El corazón latiente del pobre diablo comenzó a calmarse, al tiempo en que Lola se encaminaba rumbo a la salida.
-¡Vaya que demoraste!
Lina fue recibida en la cafetería por una Fiona que ya se encontraba instalada en una mesa. Frente a ella se encontraba servido un enorme plato de tallarines con salsa.
-Lo siento. Tuve un incoveniente con el jefe -contestó Lina tomando asiento junto a ella.
-¿Te encontraste con Herman? -preguntó Fiona con interés.
-Lamentablemente -contestó Lina con hastío.
Estaba a punto de detallarle su aventura, cuando fueron interrumpidas.
-¡Hey Fiona!
Lorn y Harley se aproximaban a la mesa de las chicas cargando una bandeja con tallarines cada uno. Sin esperar invitación alguna, ambos se instalaron en las dos sillas vacías que sobraban en la mesa.
-¿Qué tal todo? -preguntó Lorn.
-¿Supiste que Dennis estuvo en el canal esta mañana? -secundó su medio hermano.
-No se le veía muy bien -agregó Lorn con tono burlesco.
-Quizás qué clase de noche vivió -agregó Harley en tono pícaro.
-¿Les contó algo? -cuestionó Lina con interés.
-No mucho -respondió Harley mientras su hermano comenzaba a devorar sus tallarines como una bestia-, pero se le veía adormilado. Ya se imaginarán el resto -zanjó su intervención con una sonrisa.
-¡Oh vamos! -intervino Fiona-. Ustedes conocen a Dennis mejor que yo. No tendría sexo con una chica ni aunque le regalaran la oportunidad.
-Puede que tengas razón -intervino Lorn tras sorber un tallarín ruidosamente-. Recuerdo que la otra vez Dennis se escondió debajo de la mesa cuando se encontró con Yin. Dudo que haya cambiado de parecer tan rápido.
-Seguramente esa coneja le hizo algo para que viniera -comentó su hermano pensativo-. Por lo que noté de su entrevista, está obsesionada con la obra o algo así -agregó rascándose la mejilla con el tenedor.
-Eso puede tener sentido -apoyó Lina-, pues es conocida esa leyenda sobre la obra de que los protagonistas se enamoran fuera del escenario.
Ante aquella observación, ambos chicos se largaron a reír descontroladamente. Lo peor fue que lanzaron restos de salsa de tomate ensalivada por toda la mesa, provocando repulsión en ambas chicas.
-¿Dennis? ¿Enamorado? -balbuceó Lorn intentando controlar su risa.
Las risotadas se extendieron mientras aguantaba la paciencia. Fiona en el fondo comprendía la reacción de los chicos, puesto que era imposible que no conociera al mejor amigo de su ex. Habían pasado tantas aventuras durante su infancia que Dennis ya formaba parte de sus recuerdos. Y ni hablar de aquella experiencia en donde a ella le tocó ocupar el lugar de la princesa Violet. Sabía de primera mano que ninguna maldición podía enamorar a Dennis. Lina en cambio, no solo jamás se había topado con el chico, sino que ya había pasado por una mañana muy extraña como para aguantar a dos idiotas que se rieran en su cara.
-¡Ya basta!
La perrita golpeó molesta la mesa. Las risas se detuvieron de golpe a su vez que atrajo la atención de comensales vecinos.
-Quiero saber en ese instante qué saben sobre ellos dos -advirtió con el ceño fruncido.
-No mucho -comentó Lorn encogiéndose de hombros.
-Solo que Dennis incluso es inmune a eso de la obra -agregó Harley.
-¿No le contaste? -Lorn se dirigió a Fiona.
La perrita se volteó hacia su amiga.
-Vamos, eso pasó hace tiempo -contestó nerviosa-. Además ustedes saben bien que salía con Coop en esos días.
-Como si eso te importara alguna vez -comentó Harley para sorpresa de su hermano.
-¡En serio! -insistió Fiona-. Además ustedes tienen razón en reírse. Dennis no tiene la capacidad de enamorarse. Creo que primero lloverá hacia arriba antes de ver a Dennis enamorado.
-Hablan de él como si fuera un robot -intervino Lina.
-No es un robot -comentó Lorn-, pero sí es tímido con las chicas.
-Creo que nunca ha hablado con una -agregó Harley-, claro, salvo Fiona y Millie -agregó pensativo.
-Espera -intervino Lina-. ¿Dijiste Millie?
-¿Sí? -respondió Harley extrañado arqueando una ceja.
-¿Millie… Burtonberger? -volvió a cuestionar la perrita imitándolo.
-Eh… ¿Sí? -respondió Harley.
-No puede ser -la vista de Lina se volteó de súbito hacia Fiona.
-Creo que me perdí -intervino Lorn deteniéndose tras abalanzarse sobre su plato de tallarines. Se veía cubierto de manchas de salsa de tomate como víctima de un asesinato-. ¿De qué estamos hablando?
-¡Ah! ¡Ya me acordé! -comentó Fiona chasqueando los dedos-. Resulta que Lina había salido con alguien que la dejó por Millie. Es por eso que le tiene mala.
Lorn y Harley se miraron incrédulos entre ellos, para luego desatar nuevamente su ola de risotadas. La algarabía comenzó a molestar a los comensales de las mesas vecinas. Más de alguno se puso de pie, dispuestos a buscar un lugar más tranquilo para comer.
-¿Qué es tan gracioso? -bufó Lina.
-Pues si odias a tu ex, quedarse con Millie es el mejor castigo -comentó Lorn a duras penas mientras su estómago era golpeado por el ataque de risa.
-Mis condolencias por ese tipo -secundó Harley.
-Oye, ¿no era ese conejo azul al que Coop le tiene mala? -comentó Lorn finalmente apaciguando su risa.
-¡Oye sí! -contestó su hermano-, y tal parece que Yin es su hermana, ¿no?
-Y al parecer Coop se fijó en ella -secundó Harley jugueteando con su tenedor-. Al menos fue por culpa de ella que golpeó a Dennis.
-¿De veras? -cuestionó Lorn impresionado mientras casi dejaba caer los tallarines que ya se encontraba masticando.
-¡Sí! ¡Y eso provocó una explosión que casi destruye el centro de Anasatero! -exclamó su hermano con emoción mientras extendía sus brazos.
-Yo pensé que eso le había provocado el atropello del otro día -respondió Lorn pensativo.
-Bueno, el chico gato se mete en problemas cada cinco minutos -zanjó su hermano metiéndose un puñado de tallarines a la boca para luego devorarlos ruidosamente.
El silencio se extendió por primera vez sobre la mesa, para dar paso a las silenciosas miradas de desconcierto de las chicas.
-Este… no entendí -confesó Lina.
-¡Un brindis por esta ciudad! -de improviso, Lorn tomó su vaso plástico lleno de Coca Cola y lo alzó en señal de celebración-. Por sus casi doscientos años y por su tamaño tan pequeño que al final todos terminamos coincidiendo con todos.
-¡Salud! -sus acompañantes lo imitaron alzando sus vasos.
Y es así como nuestros personajes celebraron la esencia de la vida. Un vaivén de acontecimientos que entrelazados conforman una obra mayor, que como un boomerang, nos golpea en la cara día a día. Un equilibrio del karma que responde cuando lo mereces y te entrega placer cuando lo ves actuando en otros. Una realidad alterna que te sorprende sin miramientos y te conecta con los que amas.
-¿Qué rayos es eso?
Me encontraba escribiendo este capítulo cuando el pato saltó sobre el escritorio para luego inspeccionar el último párrafo que escribí.
-Debo rellenar hasta llegar a las tres mil palabras -comenté encogiéndose de hombros.
-Sabes que dejó de ser obligatorio el mínimo de las tres mil palabras tras el parón de junio -respondió el pato-. ¡Del 2021!
-¿A sí? -comenté extrañada-. ¿Entonces cuál es el mínimo?
-No hay mínimo.
-¿O sea siempre pude hacer un capítulo de dos palabras y hubiera pasado piola? -alegué.
-Tampoco te pases -el patito frunció el ceño.
-En fin -me volteé con mi silla de madera -aprovecharé lo que queda de relleno para celebrar el día del fanficker.
-¿Día del fanficker? -el patito arqueó una ceja mientras bajaba del escritorio.
-Sip -respondí con orgullo.
-¡Eso ni siquiera existe! -alegó aleteando con sus alitas.
-Por eso puedo decidir cuándo celebrarlo -le expliqué-, y elijo que sea hoy -agregué apuntando al suelo.
-¿Hoy? -el pato arqueó una ceja.
-Sip.
-¿Dieciocho de Septiembre?
-Sip -insistí.
-¿No te estarás olvidando de algo?
El tenso silencio se extendió a través de una lucha de miradas que amenazó con resecar nuestros ojos.
-¡Ah! ¡Me acordé! -exclamé de pronto golpeando mi cara con mi palma-. ¡Un saludo a nuestros amigos de Brasil, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, México, Chile y Bélice que en estos días están celebrando sus Fiestas Patrias!
-¡Un abrazo patotástico para todos nuestros lectores que sean de esos países! -agregó el pato saludando con su alita hacia la cuarta pared.
-¡Esperamos que lo estén pasando súper bien y no se olviden que nos volveremos a leer la próxima semana! -agregué saludando hacia la misma dirección que el pato.
-¿Ya terminaste con el relleno? -el pato me miró discretamente.
-Sí -contesté.
