Holaaa! Esta vez si que me he tardado para actualizar, no tengo excusa valida. Pero bueno, aquí estoy y espero que les guste lo que van a leer. Sobre el rumbo de la serie no puedo decir nada que no se haya dicho ya, no me gusto la manera en que manejaron la historia de Robín Hood y tampoco como arruinaron una historia tan linda como la de Regina y Robín, arruinaron la imagen de Robín desde el final de la 3T. En fin, como había mencionado no voy a influenciarme por esto en el fic, yo ya se cómo va esta historia y como quiero que continúe, ojalá les vaya gustando. Por mi parte le dije adiós a Robín Hood con un video: watch?v=UESw1yaSMFE ...Bueno, atrás el corte comercial, les dejo el nuevo capítulo para que lean y comenten que les pareció. GRACIAS enormes a todas las que preguntaban e insistían por twitter en que actualizara, comienzo a creer que escribo y trabajo mejor bajo presión jajajaja Gracias por cada follow, fav y review!


-Cap. 24

La mañana en Grannys se había pasado de lo más relajado. Regina y David respondieron las preguntas de todos, a excepción de las de Ruby, quien sutilmente hacia comentarios picaros que le hacían ganar una reprimenda de parte de su Abuela. La pareja de esposos estaba cómodamente sentados juntos y con las manos enlazadas viendo como su hijo reía ante el reporte de Bella y Kathryn sobre sus días sin sus padres. Al caer la noche todos comenzaron a despedirse y cada quien tomo su rumbo.

-Se tardaron más de lo que pensé. -comento Henry caminando en al lado de David, quien tenía un brazo por encima de los brazos de Regina. La reina estaba cómodamente abrazada por el príncipe, quien enlazo su mano con la de ella. Henry estaba al otro lado del rubio, negándose a ser apretado por los brazos del sheriff.

-Todo ha sido culpa de tu madre, amigo. -dijo David encogiéndose de hombros, mirando al chico con aires de desinterés, ganándose una mirada asesina de su mujer. -Yo quería volver contigo mucho antes pero ya la conoces, es muy insistente y ha usado técnicas muy efectivas para persuadirme. -dijo el rubio con aires de debilidad, haciendo que Henry arqueara las cejas y contuviera una carcajada al ver como el príncipe ahogaba un grito al sentir las uñas de su mujer enterrarse en su mano. El chico ya estaba acostumbrado a esos juegos, se divertían como niños y eso le gustaba de cierta forma, a excepción de cuando se ponían demasiado cariñosos frente a él.

- ¿Cómo es que sigo casada contigo? -pregunto Regina mirando a David con burla, haciendo que el príncipe la mirara con inocencia y tratara de robarle un beso, pero Regina lo evito rápidamente con un gesto de picardía. Henry negó con la cabeza, conociéndolos tan bien era fácil saber que todo había sido al revés y que David había sido quien había terminado por convencer a su madre de tomarse unos cuantos días más de vacaciones.

-Por qué me amas. -respondió orgullosamente David con una sonrisa de victoria antes de acortar la distancia entre ellos y besar los labios de su esposa por varios segundos que hicieron que Henry rodara los ojos al verlo venir. Regina no pudo evitar sonreír y beso de nuevo cortamente los labios del rubio, dejándose abrazar por la cintura por David.

- ¡Hey! Sigo presente. -se quejó Henry para recordarles que no estaban solos, haciendo que David y Regina rieran. -Han tenido días para hacer eso sin que me traumen de por vida. -les recordó Henry para defender sus inocentes ojos.

- ¿Es que te has puesto celoso, Henry? -pregunto David arqueando las cejas para molestar un poco a su hijo, haciendo que Regina tuviera que esforzarse por no reír ante la mirada asesina de su hijo. -Creí que eso había quedado atrás después de que dejaste de colarte en nuestra cama durante la noche, hijo. -dijo David fingiendo pensar, esforzándose por no reír ante el gesto de indignación del chico, haciéndolo lucir como la miniatura de Regina. La reina no pudo evitar reír, de igual manera que el príncipe había reído, mientras que Henry negó con l cabeza.

-Son imposibles. -se quejó Henry, aunque jamás lo diría en público había extrañado muchísimo a sus padres, incluso esas bromas que nunca diría le divertían. -Suficiente he leído de ustedes durante estos días. -dijo el chico encogiéndose de hombros, notando como ambos adultos lo miraban con curiosidad. -En el libro que les conté, ahí está su historia. -dijo Henry como si nada, David y Regina arquearon las cejas. El príncipe sonrió pícaramente al ver la oportunidad de hacer rabiar a su mujer e hijo.

- ¿Nuestra historia? ¿Y la leíste? ¿Es apta para todo público o solo para mayores de edad? -pregunto David dramatizando su interés, provocando que las mejillas de Regina enrojecieran y que Henry lo mirara incrédulo para tratar de comprender como era posible que su padre tuviera la madurez que él.

- ¡David Nolan! -grito Regina indignada, propinándole un no sutil golpe en el pecho a su marido para callar sus carcajadas. -Te prometo que si no dejas de reír dormirás en el baño por toda la semana. -amenazo Regina mirándolo severa, haciendo que David tragara en seco, conocía lo suficiente a su mujer para saber que no bromeaba y que era capaz de torturarlo de maneras muy específicas.

- ¿Cómo es que los adultos son ustedes y yo soy el menor? -pregunto Henry con un gesto de indignación fielmente calcado a su madre, quien lo miro con una sonrisa de disimulada diversión, contrario a David, quien miro al chico con un gesto incrédulo y tuvo que asentir ante su derrota.

-Muy bien, niño listo, tu ganas. -murmuro David pasando su brazo por encima de los hombros del menor y abrazándolo, de igual manera que busco cautelosamente tomar la mano de Regina. La alcaldesa decidió molestarlo después y dejo entrelazar sus manos, sonriendo levemente al ver como Henry gruñía ante el abrazo asfixiante de David. -Bien. -rio el rubio al soltar a su hijo y mirarlo con curiosidad. - ¿Qué tanto leíste de nosotros? -cuestiono el príncipe disimulando su interés y sonriendo pícaramente a Regina, quien no tuvo que preguntar para saber que estaba recordando algunos de sus momentos más indecorosos.

-Su historia. Como se conocieron, como se enamoraron. -dijo Henry encogiéndose de hombros, sonriendo levemente al ver como David miraba embelesado a su madre al mencionarles aquello y como Regina se sonrojaba levemente. -Tu fingiste ser tu hermano, James. Mamá era una princesa y estaban comprometidos, luego huyeron cuando sus padres rompieron el compromiso y querían casarlos con otras personas. -dijo Henry torciendo el gesto ante la sola idea de ver a esas dos personas con alguien más. -Fue divertido imaginarlos huyendo de Blanca Nieves y su padre. -dijo Henry con un dejo de broma que hizo a la pareja arquear las cejas.

- ¡Qué tiempos aquellos! -rio David arqueando las cejas al darle una mirada cómplice a Regina, ganándose un golpe en sus cosquillas. -Solo a alguien tan retorcido como George se le pudo ocurrir querer casarme con Blanca Nieves y convencer a Cora de casarte con Leopold. -gruño el rubio con evidente indignación. - ¡Ja! Habríamos acabado siendo familia después de comportarnos como todo menos como eso. -ironizo David recordando esos momentos, Regina y Henry rodaron los ojos al ver al príncipe entusiasmado al recordarse a sí mismo montado en su caballo y con espada en mano. Regina noto que David seguiría hablando sin parar y decidió librar a su hijo de esa tortura callando a David con un corto beso en los labios.


Fuera de Storybrooke, a pocos metros de la línea que daba entrada al pueblo estaban Zelena y Jazmín. Ambas mujeres estaban tratando de pensar en algo que hacer, tan preocupadas en su posición que ni habían notado que la noche estaba por caer. La pelirroja decidió que no podían pasar más tiempo ahí esperando y que tenían que empezar a actuar.

-Quédate quieta, mocosa. -pidió Zelena con un gesto de poca paciencia, haciendo que la joven princesa se detuviera un momento y se girara hacia Zelena, regalándole un gesto arrogante y una ceja arqueada. -No me hagas inmovilizarte, niña. -bromeo Zelena para relajarla un poco, aunque ella tampoco estaba en mejor estado.

-Perdóname, pero me pongo nerviosa cuando no sé qué sucede. -replico Jazmín destilando ironía al cruzarse de brazos, Zelena rodo los ojos y asintió.

-Te diré que sucederá. -dijo Zelena respirando profundo y acercándose a la joven para mirarla de frente. -Me esperaras aquí, voy a entrar al pueblo para distraer a Ingrid y tomar algo que nos servirá, luego volveré por ti. -dijo la pelirroja seria, la princesa arqueo una ceja.

- ¿Cómo sé qué volverás? ¿Qué vas a buscar? -cuestiono rápidamente Jazmín sin dar tiempo a Zelena de replicar, haciendo que la pelirroja recordara porque había prometido no tener hijos.

-Por qué se lo he prometido a tu madre, mi hermana. -recordó Zelena con un gesto de resignación, el gesto de Jazmín le gritaba que no era suficiente. -Y por qué la Reina Malvada es capaz de romperme el cuello si dejo que te suceda algo malo. -añadió la pelirroja con ironía, Jazmín rodo los ojos.

- ¿Tardaras mucho? Ya casi es de noche y no me agrada la idea de quedarme aquí sola. -dijo la joven con un gesto infantil, recordándole a la pelirroja que por muy madura que pareciera la joven solo tenía 16 años.

-No te preocupes no te pasara nada, y prometo no tardar demasiado. -dijo Zelena tratando de sonar segura, la joven asintió. -En cuanto pueda venir por ti sin que Ingrid se dé cuenta lo hare, mientras tanto debes quedarte aquí. -sentencio la bruja con un gesto firme. La princesa asintió sin más remedio y camino junto a Zelena hasta el límite del pueblo, la bruja saco el pergamino arrugado de su bolsillo y pudo entrar a Storybrooke, dejando atrás a Jazmín, quien comenzaba a preguntarse si realmente debía confiar en la mujer que intento matarla.


August y Bella caminaban tomados del brazo hacia casa de la castaña, August había esperado que Bella terminara en la biblioteca para acompañarla y pasar un rato juntos. Ambos disfrutaban pasar tiempo juntos, tenían muchas cosas en común y su carácter era parecido. Ambos eran tranquilos y disfrutaban de la lectura, él era escritor así que la opinión de Bella para mejorar y de la misma manera Bella disfrutaba escuchar todo lo que el escribía. August y Bella podían pasar horas charlando y bebiendo café, aunque no fue hasta hace un par de meses que empezaron a salir como pareja.

- ¿Te sucede algo? Te ves cansado. ¿Has dormido bien? -pregunto Bella al llegar a la puerta de su casa y notar que August había estado un poco callado. El autor sonrió levemente al notarla preocupada y estrecho su mano entre la suya, el carácter cálido y dulce de Bella era capaz de derretir hasta al más frio corazón.

-No te preocupes, Bella. -dijo August encogiéndose de hombros y tomando su rostro para besarla cortamente. -No sucede nada, solo me he pasado la noche leyendo el famoso libro de Henry. -comento August sonriendo, Bella arqueo las cejas y rio un poco.

- ¿Tan bueno es? -pregunto la castaña con curiosidad mientras se giraba para abrir su puerta y pasar a la casa seguida de August. Bella cerró la puerta y ambos se encaminaron a la sala. -Henry está encantado con ese libro y todas sus historias, y por lo que veo tu igual. -dijo Bella después de dejar su abrigo sobre la mesa y tomar asiento en el sofá junto a August.

-Admito que es intrigante. -dijo August encogiéndose de hombros. -Cada historia es tan detallada y diferente a otras, son especiales. -dijo el escritor con un gesto de emoción que pocas veces sentía, Bella lo miraba atenta. -Sé que es imposible pero no deja de ser curioso. -musito August confuso.

-Sin duda son diferentes y curiosas. -replico Bella sonriéndole divertida. - ¿Que yo me case con la bestia? ¿El señor Gold? No puedo imaginarlo, ese hombre da miedo, siempre esta tan serio y callado. -dijo Bella como si la idea fuera sumamente loca e imposible. August la miro con una ceja arqueada. -Henry me conto mi historia según el libro. -explico Bella sin más.

-Cierto, es imposible, porque estás conmigo. -sonrió August cálidamente, acortando la distancia rápidamente para besar a Bella, tomándola del rostro para intensificar el beso. Bella se sintió cómoda y correspondió el beso, le agradaba la sensación de calidez que sentía, como si August no le ocultara nada, se sentía confiada. -Además, las historias son especiales, cada una es distinta. -comento August para responderle.

- ¿Diferentes? ¿No son todas iguales? Ya sabes, con su final feliz. -pregunto Bella confundida, podía notar el interés de August en ese libro, era igual que el de Henry.

-No. Unas historias si tienen final feliz y otras no parecen acabar. -dijo August confundido, Bella imito su gesto al no comprender. -Como si aún no estuvieran terminadas o le faltaran páginas, es como si estuvieran esperando su final. -dijo August tras meditarlo un poco.

- ¿Cómo cuál? -pregunto Bella comenzando a interesarse en el tema. August sonrió comenzando a notarlo, le agradaba poder compartir sus impresiones con alguien, y Bella era perfecta para ayudarle a acomodar las piezas de ese rompecabezas.

-Por ejemplo, mi historia en el libro es muy exacta, con muchos detalles de lo que en realidad paso, lo mismo pasa con la historia de Kathryn y Frederick, en el libro está escrito como se conocieron, como se enamoraron y lo que paso después.-dijo August tratando de explicarse lo mejor posible, Bella asintió.-Pero la historia de Regina, ya sabes, la Reina Malvada, es muy confusa.-dijo August frunciendo el ceño, Bella lo miraba expectante.-Tiene partes que no coinciden con lo que paso, es como si todo estuviera revuelto, aun no tiene un final.-dijo el escritor con un gesto casi de frustración.

-Bueno, hablas de un libro de cuentos. Tu sabes que hay muchas versiones de nuestras vidas en el mundo sin magia, no veo por qué este sea especial, hay libros donde la Reina Malvada muere, otros es Blanca quien muere. Puedes tomar de ejemplo a Ruby, en los cuentos ella no es el lobo. -dijo Bella tratando de restarle importancia y de regresar a August a la realidad.

-Lo sé, por eso sé que suena loco. -asintió August torciendo el gesto, lo pensó durante un par de segundos. -Quizás tengas razón, pero debes admitir que es curioso la forma en que las historias están escritas. -dijo August sonriendo más cómodo, Bella asintió y lo beso cortamente. Ambos se quedaron platicando unos minutos más antes de que August se despidiera y se marchara a su habitación en Grannys.


Ingrid estaba en su escondite en el bosque, su cueva oculta estaba útilmente protegida contra intrusos, aunque en ese momento la Reina de las Nieves estaba deseando que una bruja cruzara la entrada para responder sus múltiples preguntas. La rubia estaba sentada frente a su gran espejo, desde ahí podía ver a quien quisiera dentro de Storybrooke, pero no había señales de Zelena, en parte no le sorprendía, pero la curiosidad y las ansias comenzaban a aparecer. La rubia se levantó del sofá blanco que tenía ahí y comenzó a caminar en círculos para mantenerse en calma y no salir de ahí a buscar a la pelirroja, por suerte para ella en ese momento Zelena hizo su entrada.

- ¿Dónde estabas? El Jolly Roger llego ayer. -siseo Ingrid mirando a Zelena duramente, acercándose a ella a paso firme. Zelena le sostenía la mirada como si nada, manteniéndose tan segura como lo era, arqueando las cejas y acercándose también para no hacerla sospechar.

-Lo lamento, querida, pero ha salido de mi alcance.-ironizo Zelena con una mirada inocente, torciendo el gesto antes de continuar.-Me he retrasado gracias a esos estúpidos héroes y a mi retorcida hermanita.-gruño Zelena con desprecio, en un gesto perfectamente dominado que hizo que Ingrid se relajara solo momentáneamente.-Regina se ha enfadado y ha intentado exiliarme de Storybrooke, pretendía dejarme en el mundo sin magia, al parecer los héroes y Gold son un poco rencorosos y no perdonan tan fácil.-ironizo Zelena cruzándose de brazos, dramatizando un gesto de inocencia.

-Bueno, no se puede decir que no te lo merezcas, has hecho enfadar a la Reina y ella no es famosa por perdonar. Te has portado mal con nuestros héroes.-replico Ingrid con venenoso sarcasmo, sin importarle el destino de la pelirroja. Ingrid negó con la cabeza y miro fijamente a Zelena, tratando de detectar algún indicio de mentira.

-Tan compasiva. -replico Zelena forzando una sonrisa burlona. -Gracias a tu pergamino he podido cruzar la maldita frontera, así que debo decir gracias, supongo. -ironizo la pelirroja como si nada, en su mejor pose de descaro.

-Luego te quejas de tus problemas familiares, no me importa. -dijo Ingrid comenzando a perder la paciencia. - ¿Dónde está ella? ¿La niña? ¿Dónde el corazón? -cuestiono la Reina de las Nieves con los ojos destellando ante sus deseos de venganza, la pelirroja trato de mantenerse inexpresiva y lo logro sin mayor inconveniente.

-Sí, sobre eso, no lo tengo. -dijo Zelena con un gesto de inocencia practicado por años, observando como los ojos de Ingrid se clavaban en ella como dagas y como su gesto se tensaba esperando más de ella.

- ¡¿Qué?! ¡¿Cómo que no lo tienes? -grito Ingrid comenzando a desesperarse, Zelena no se inmuto ante la mirada intimidante de su compañera, espero un par de segundos para responder, pero Ingrid se le adelanto. - ¿Regina trajo el cuerpo de su hija? Eso no es problema, yo misma puedo encontrarlo y sacarle el corazón. -musito Ingrid comenzando a plantear sus pasos.

-Siento decepcionarte, querida, pero no, no es eso. -dijo Zelena negando con la cabeza, Ingrid la miro confusa. -No encontramos el cuerpo, no estaba donde la deje, no había rastro de ella. Cuando llegamos usamos un hechizo para rastrearla y nada, no había nada. -dijo Zelena seriamente, como si realmente le confundiera todo eso. -Todo en Agrabah estaba desierto, no había ni un alma ahí, como si no hubiera vivido alguien ahí por años. -dijo la pelirroja frunciendo el ceño.

- ¡No es posible! -grito Ingrid enfureciendo, provocando que varios trozos de hielo cayeran del suelo al piso con su magia, Zelena rodo los ojos y se mantuvo tan neutral como siempre. -Solo necesitabas encontrar a esa niña y traerme su corazón. ¿No querías vengarte de tu hermana? ¡Esta era tu oportunidad! -reprocho Ingrid enfurecida.

- ¡Claro que quiero mi venganza! -replico Zelena indignada, agradeciendo ser tan buena para fingir de maravilla. - ¡Yo cree este hechizo para tener a todos lejos de tus planes! -recordó Zelena endureciendo el gesto para mostrarse intimidante. -Pero no estaba ahí, ella se evaporo igual que todos en Agrabah. -siseo la pelirroja torciendo el gesto en una mueca de frustración. -La busque, pero nada, no es mi culpa. -gruño la bruja con indignación.

-Tendré que buscar una solución, solo tengo que pensar.-siseo Ingrid más para sí misma que para Zelena, quien comenzaba a notar que Ingrid no desconfiaba aún. Zelena espero un rato más para escuchar las ideas de Ingrid, pero nada concreto pudo idear la Reina de las Nieves, al menos no en ese momento. La pelirroja salió de la cueva con solo decir que prefería irse a su granja que quedarse en la cueva de hielo, cosa que Ingrid agradeció para poder quedarse a solas y pensar en su siguiente movimiento, solo era cuestión de acomodar unas piezas y tendría claro su plan.


La mansión Mills por fin volvía a estar habitada por sus dueños después de un buen tiempo vacía. Regina y David estaban sentados en el sofá de la sala con un par de copas de vino tinto en mano mientras conversaban un rato, Henry había subido a su habitación después de que le recordaran que al día siguiente tenía colegio. David estaba sentado en el sofá con los pies sobre él, con la espalda apoyada en una esquina, mientras que Regina estaba cómodamente sentada en su misma posición, pero sobre David, dejando que su espalda descansara sobre el pecho del rubio. La reina podía sentir el aliento del príncipe en su cuello, y él podía sentir el aroma de su perfume. Ambos cómodamente sentados en el amplio sofá disfrutando de la calma de la noche.

-Dejamos a Henry con Bella por unos días y cuando volvemos ya es adicto a los libros de cuentos de hadas. -rio David después de dejar su copa de vino en el suelo y rodear a su reina con sus brazos, haciendo que la morena riera.-Me agrada que conozca la historia, al menos la versión infantil.-susurro David teniendo tan cerca a su mujer, haciéndola negar con la cabeza en modo de resignación.

-Hay detalles que prefiero que Henry nunca conozca.-admitió Regina con un gesto divertido, haciendo que David se acomodara un poco contra el respaldo del sofá para poder moverse y besar los labios de la morena.

-Está creciendo. Es muy obvio que le gusta Grace, yo creo que es hora de darle un par de consejos para conquistarla. -comento David con un gesto de orgullo, haciendo que Regina frunciera el ceño, para ella Henry siempre seria su pequeño príncipe. La morena dejo su copa en el suelo.

- ¿Grace? ¿La hija de Jefferson? Esto tiene que ser una broma.-replico Regina girándose un poco para poder mirar a David, quien negó con la cabeza diciéndole que era verdad. Regina se giró de nuevo y se volvió a acomodar en el pecho de David, quien comenzó a jugar con su cabello, enredando sus dedos en él.

-¿Qué puedo decir? Al chico le gustan los retos, supongo que es de familia. -ironizo David encogiéndose de hombros, haciendo reír a Regina. -Por suerte el tendrá más suerte que yo. A mí me costó sangre y mucho trabajo hacer que una Reina Malvada volviera a mi. -musito David dejando un beso en el cuello de Regina y estrechándola contra él. La reina alzo el rostro un poco y miro los ojos azules de David, quien aprovecho para besarla cortamente.

-Eres un idiota, príncipe Charming. -murmuro Regina arqueando las cejas y sonriendo descaradamente, haciendo que David rodara los ojos con resignación ante los cariñosos insultos de la alcaldesa.

-Te amo, mi Reina Malvada. -replico David mirándola fijamente y moviéndose para obligarla a mirarlo de frente. Regina arqueo una ceja ante su apodo, mismo que ahora solo David usaba para ella. El rubio la miro detenidamente, hasta que, bajo la mirada a su escote nada discreto, ganándose la mirada resignada de Regina. - ¿Qué te parece si vamos a nuestra recamara y recordamos viejos tiempos? -sugirió el príncipe arqueando las cejas y acortando la distancia entre ellos para rozar sus labios, pero sin llegar a besarla.

-Te amo, mi estúpido Príncipe. -replico Regina con un gesto pícaro y descarado, haciendo que David arqueara las cejas y se levantara de un salto del sofá, antes de que Regina pudiera hacer lo mismo David ya la había tomado de la mano y como si no pesara más que una pluma la alzo en brazos con una sonrisa divertida.

-Vamos a averiguar si ese famoso hechizo insonorizador sigue funcionando. -murmuro David con descaro antes de besar los labios de Regina, mordiendo sus labios de la misma forma que ella hacia a los suyos. Regina rio sin poder evitarlo cuando el rubio comenzó a caminar hacia las escaleras, obligándose a ahogar sus risas para no traumatizar a su hijo, la morena enredo sus brazos en el cuello del príncipe y comenzó a corresponder sus besos intensamente. David subió las escaleras con prisa hasta su habitación, donde dejo a Regina sobre la cama y la recorrió por completo toda la noche, deleitándose besando la piel desnuda de su esposa, haciéndola gemir de places y sintiendo como las uñas de la reina dejaban marcas en su espalda, de la misma forma que sus labios mordían y eran mordidos por la alcaldesa, ambos agradeciendo que los sonidos de su habitación no fueran escuchados desde fuera.


-Flashback

Después de que Jazmín y Zelena saltaron del Jolly Roger todos comenzaron a sujetarse al ver el límite de la ciudad cada vez más cerca. Regina fue abrazada por Robín de forma protectora, estrechándola con fuerza y besando sus labios intensamente, como si temiera soltarla y perderla. La reina se aferró a el de la misma manera, después del beso oculto su rostro en el pecho del ladrón, quien acaricio su cabello tiernamente, tratando de mostrarse fuerte por ella.

-Esto no parece real.-murmuro Robín abrazándola fuertemente, besando su cabello al tenerla pegada a él. Regina asintió y dejando atrás las lágrimas levanto la mirada para mirarlo a los ojos, perdiéndose en ellos por un momento. -Hemos pasado por esto antes, podemos hacerlo y saldremos bien de todo. -aseguro Robín llevando sus manos al rostro de Regina para reconfortarla, quitando todo rastro de lágrimas de sus mejillas.

-Tenemos un historial bastante largo de mala suerte, especialmente yo. -replico Regina con ironía y un gesto arrogante, haciendo que Robín sonriera resignado. El ladrón la tenía abrazada por la cintura, acorto la distancia y la beso cortamente.

-Al final todo saldrá bien y habrá valido la pena, Regina.-murmuro Robín a escasos milímetros de ella, pegando su frente a la de la morena.-Te amo, eso no cambia.-aseguro el arquero sonriéndole cálidamente.-No importa si se lo tengo que decir a la alcaldesa Regina Mills o a la Reina Malvada, te amo a ti.-recordó Robín tragando saliva para no ser traicionado por las lágrimas en sus ojos, la morena le sonrió y asintió.

-Te amo, Robín Hood, Robín de Locksley, te amo.-respondió Regina con una sonrisa cálida, Robín sonrió al escucharla y la beso intensamente, como si fuera la última vez, consciente de que tal vez así era. Ambos miraron al horizonte y notaron que en escasos segundos estarían sin recuerdos una vez más, sin saber qué pasaría con ellos.

-Te veré en Storybrooke. -dijo Robín tomando la mano de Regina y abrazándola nuevamente, Regina arqueo las cejas y rio con sarcasmo.

-No me recordaras, no recordaras nada de mí. -le recordó Regina con un dejo de amargura, pero el ladrón la miro con una sonrisa cálida para tranquilizarla.

-No creo que pueda olvidarme de ti. -rio Robín arqueando una ceja en un gesto pícaro, Regina rio sin poder evitarlo. -Volveremos a vernos, y romperé las maldiciones que sean necesarias para que me recuerdes. -aseguro Robín encogiéndose de hombros, Regina sonrió levemente, sabía que solo eran palabras para reconfortarla, pero le hizo sentir mejor, aunque sabía que nada era tan fácil y que Robín no podría recordarla después.

- ¿Sabes? Odio que seas tan optimista, ladrón. -replico Regina con un gesto infantil para hacerlo reír. -Es irritante. -añadió Regina con una sonrisa descarada, tratando de no quebrarse al último momento.

-Lo sé, pero alguien debe serlo y obviamente no serás tú. -dijo Robín mirándola y sonriéndole cálidamente, cada vez más nerviosos sobre lo que venía. - ¿Recuerdas cuando no tenías tu corazón? Yo puedo sentir por ambos, Regina, y lo hare, siempre.-prometió Robín tomándola del rostro y besándola intensamente, abrazándola contra su pecho cuando vio que el barco comenzó a pasar la frontera hacia Storybrooke, Regina oculto su rostro en el pecho de Robín. Luego todo se volvió negro.

-Fin flashback.


Zelena espero escondida en el bosque hasta ver a Ingrid salir de la cueva y desaparecer en una nube de humo blanco, solo necesitaba que estuviera lejos del espejo así que ella también se esfumo en una nube de humo verde y apareció en el límite de Storybrooke. La pelirroja respiro profundo y antes de cruzar conjuro un pequeño objeto que necesitaría, lo guardo en su bolsillo y salió del pueblo, sintiendo como perdía su magia. Zelena camino un par de metros hasta ver la silueta de la princesa, Jazmín se giró al escuchar pasos y respiro aliviada al ver que se trataba de la pelirroja, de inmediato comenzó a caminar hacia ella.

-Creí que me dejarías aquí. -dijo Jazmín con un tono burlón, Zelena sonrió maliciosamente.

-Lo pensé, pero soy demasiado bella y joven para morir a manos de mi hermanita pequeña. -se burló Zelena con aires arrogantes, Jazmín sonrió levemente y se mordió el labio para no reírse. -Tenemos que darnos prisa, te quedaras en mi casa y después pensaremos como haremos para salvar a tu madre y a la partida de idiotas que tiene como amigos. -gruño Zelena caminando hacia la línea de Storybrooke.

- ¿Vivir contigo? ¿Después de como termino eso la última vez? No sé si me entusiasma. -ironizo Jazmín con una sonrisa burlona, Zelena conto mentalmente hasta diez, comenzaba a pensar que esa mocosa era su penitencia.

-No seas tan rencorosa, se supone que las princesitas deben perdonar y todas esas estupideces de bondad, ¿No? -replico la pelirroja con un gesto despreocupado. Jazmín negó con la cabeza y siguió a Zelena hasta el límite de Storybrooke. Jazmín espero a que Zelena usara el pergamino y ambas cruzaron la línea, sintiendo al mismo tiempo como la magia de ambas volvía a ellas.

- ¿Qué haces? -pregunto Jazmín confusa al ver a Zelena mover su muñeca para envolverla en una nube de humo, cuando se disipo su ropa había cambiado por algo más al estilo de Storybrooke. La joven arqueo una ceja, era mucho más cómodo. -Olvidaba eso. -ironizo Jazmín devolviendo su atención en Zelena. - ¿Ahora qué? -pregunto la joven de cabellos negros.

-Si Ingrid te llega a ver me matara a mí, a ti y a todos en Storybrooke. -dijo Zelena con seriedad y algo de sarcasmo cruel al girarse para mirar seriamente a Jazmín, quien tenía la misma mirada que la pelirroja.

-Como si no pudieras acabar con ella, tía. -se burló Jazmín mirándola con los brazos cruzados, Zelena la miro severa. - ¿No puedes? -pregunto Jazmín sorprendida, Zelena torció el gesto en un gesto de pocos amigos.

-Ella me hizo volver, ella me revivió. -dijo Zelena con frustración. -No es tonta, mocosa, ella uso protección para que no pudiera volverme contra ella. -explico Zelena con fastidio, la joven entendió. -No debe reconocerte, no debe verte. -murmuro la pelirroja pensando en alguna solución temporal.

-No me conoce, nunca me ha visto, no podrá saber quién soy. -dijo la princesa encogiéndose de hombros tratando de pensar en algo más, Zelena la miro como si estuviera burlándose de ella.

-Como si fuera necesario preguntar siquiera, mocosa. -se burló Zelena mirándola de arriba a abajo, Jazmín llevaba unos jeans y una blusa blanca como las que acostumbraba a usar Regina pero más ceñidas al cuerpo, complementando su atuendo con una chaqueta de cuero café, el cabello lo llevaba largo y suelto con suaves ondas, mientras que sus ojos resaltaban aún más con el delineador en ellos. -Eres el clon de tu madre, pequeña princesita malvada. Y tienes mi sonrisa. -se burló Zelena recordando el apodo de su sobrina, haciéndola fruncir el ceño.

-Que graciosa, tía Zelena, recuerda reír cuando la loca de los helados comience a matarnos a todos. -se quejó Jazmín torciendo el gesto y sonriéndole con descaro, Zelena retomo su seriedad.

-No aprendes a moderar tu lengua, mocosa. -ironizo Zelena arqueando las cejas, Jazmín no respondió. -Ella no nos matara si no sabe que estas aquí. -murmuro la pelirroja para sí misma, con un movimiento de muñeca en su mano apareció un conocido collar. -Usaras esto. -dijo Zelena tendiéndole el collar de trébol a Jazmín.

- ¿El collar para cambiar de forma? -pregunto Jazmín con una mueca de desagrado al tomarlo. - ¿En serio es necesario? Odio cambiar de apariencia. -se quejó Jazmín dejando salir su lado caprichoso que Zelena reconoció como familiar.

- ¿Prefieres ataúd de cristal o en cenizas, sobrina? -pegunto Zelena mirándola con ironía al cruzarse de brazos, Jazmín rodo los ojos.

-Bien jugado, tía. -se quejó la princesa al ponerse el collar y de inmediato adoptar otra forma, Zelena la observo con una sonrisa de diversión. - ¿Rubia? -protesto Jazmín notando sus cabellos, Zelena asintió con una sonrisa burlona. -Prefiero otra cosa, menos…rubia. -dijo Jazmín mirando a la pelirroja con inocencia, la bruja estuvo tentada a negarse, pero decidió acceder. Zelena se acercó a ella y toco el collar, en un segundo los cabellos de Jazmín cambiaron de color igual que su rostro.

-Así tendrás que quedarte-dijo Zelena aprobando su apariencia, la joven rodo los ojos y asintió de mala gana. -Puedes quitártelo por ahora. Debemos pensar como acabar con una heladera.-gruño Zelena frustrada, ambas guardaron silencio mientras pensaban en algo.

-Con fuego. -murmuro Jazmín al alzar la mirada hacia su tía, quien la miro con burla.

-Ingrid es mucho más fuerte que eso, mocosa.-replico Zelena negando con la cabeza, pero Jazmín parecía firme.

-Fuego de dragón. -dijo Jazmín sonriendo ampliamente, Zelena arqueo las cejas y la miro sin convencerse, no había dragones en Storybrooke. -Maléfica. -musito la princesa sonriendo, Zelena rodo los ojos y negó con la cabeza.

-Un dragón vivo nos serviría, no uno que lleva un buen rato vuelto cenizas. -dijo Zelena con arrogancia, pero la joven no parecía rendirse.

-Podemos traerla de vuelta. -dijo Jazmín comenzando a idear su plan, Zelena la miraba sin convencerse. -Ingrid lo hizo contigo, podríamos hacerlo. -dijo la princesa firme.

-Ingrid uso algo mío, niña. Los hechizos así no son nada fáciles, por eso no se hacen muy seguido, no siempre resultan. -dijo Zelena mirándola con seriedad. -Necesitaríamos algo de Maléfica y no lo tenemos, la sangre de la persona que la mato y otras cosas. -dijo Zelena negándose, Jazmín arqueo las cejas y bajo la mirada a su muñeca, Zelena hizo lo mismo y rodo los ojos. Jazmín llevaba puesta la pulsera de oro que la Emperatriz del Mal le había regalado hace unos años.


Ingrid era una mujer astuta y cautelosa, había mantenido un perfil bajo por mucho tiempo hasta que llegó la hora de empezar sus planes, por desgracia para ella nada había salido como planeaba, empezando por la llegada de Elsa y Ana, quienes ignorando que no había sido derrotada habían vuelto a Arandelle, incluyendo a Emma negándose a ser su hermana y poniéndose en contra suya. Esas eran algunos de los motivos que habían hecho que la Reina de las Nieves estuviera tan decidida a tomar venganza y acabar con el pueblo donde había vivido esperando por una hermana que se negó a serlo.

- ¿Alguna novedad con mi hermana? -pregunto Ingrid al llegar al escritorio donde una enfermera cuidaba el área psiquiátrica del hospital. La enfermera negó con la cabeza, nunca había visitantes ahí, ni debía haberlos.

-Nadie visita este lugar, solamente yo estoy aquí y ni siquiera sé por qué. -comento la empleada del lugar, con un gesto de aburrimiento. La Reina de las Nieves agradeció la información con un gesto amable y continuo su camino hacia la habitación donde estaba recluida una paciente en especial. Ingrid recorrió los pasillos sin prisa alguna, su mente estaba repasando todo lo que había pasado para tratar de encontrar alguna fuente de inspiración y esclarecer como actuaria. La rubia llego a una puerta de metal cerrada y casi oxidada, era deprimente por fuera, pero por dentro era aún peor. Ingrid abrió la ranura para observar al paciente dentro y busco a la persona recluida ahí, el pequeño colchón viejo estaba vacío.

- ¿Me harás entrar? -pregunto Ingrid con una voz que provocaba escalofríos, no recibió respuesta alguna así que saco de su bolsillo una vieja llave y la introdujo en la cerradura casi oxidada, después recito un hechizo y paso su mano por la puerta. La rubia entro a la pequeña habitación y cerró la puerta. Detrás de la puerta, en una esquina estaba Emma Swan, vestida con una vieja bata azul destintada y con el rostro escondido en sus rodillas, alzo la mirada al ver a Ingrid frente a ella. - ¿Hoy tampoco me hablaras? -pregunto Ingrid cruzándose de brazos, Emma no reacciono. - ¿Sabes algo? Las hermanas no deberían tratarse así, tu deberías contarme tus cosas. Si hubieras sido una buena hermana estarías viviendo en otra parte y seriamos felices, tendrías una familia. -mencionaba Ingrid con un tono reprobatorio, Emma parecía no escucharla, ajena a la realidad con la mirada perdida en algún punto de la pared.

-No me gusta la magia. -murmuro Emma como si de una niña asustada se tratara, ocultando su rostro de nuevo entre sus brazos sobre sus rodillas, Ingrid la miro seria. Ese era el castigo de la Salvadora, esa era la vida que el hechizo le había otorgado a Emma, vivir encerrada en el psiquiátrico sin conocimiento de quien era, sin saber siquiera que tenía magia dentro de ella, sin saber su nombre, nada.

-Nunca creíste en la magia. -replico Ingrid con una sonrisa amarga al recordar sus primeros encuentros con la magia, Emma no comprendió y siguió ignorando todo. La Reina de las Nieves arqueo las cejas satisfecha al ver que todo seguía como quería. Ingrid abrió la puerta de la pequeña celda y salió de ahí, poniendo llave de nuevo y restaurando el hechizo de protección por cualquier cosa.


Esa noche fue especial para Storybrooke, para unos como Jazmín y Zelena se hizo eterna al no poder conciliar el sueño para descansar un poco, para otro como Ingrid fue relativamente tranquila al estar poniendo sus planes en perspectiva y empezar a ver las cosas de otro modo para llevar a cabo lo que deseaba, para los demás en el pueblo bajo el hechizo fue una noche más en que pudieron dormir sin preocupación alguna. Por ultimo a Regina y David la noche se les hizo demasiado corta entra caricias y besos, ninguno pensando en algo más que en el cuerpo del otro, amándose como si no existiera un mañana.


Zelena estaba sentada en la cocina de su granja, en la mesa solo tenía una botella de whisky y una copa a medio beber. La pelirroja había pasado la noche sin poder dormir bien, al amanecer había desistido de intentarlo y se levantó a preparar algo de comer para ella y para la mocosa que seguramente seguía dormida en el cuarto de visitas. Zelena estaba segura de que todo debía ser una pesadilla, ella no podía estar a cargo de la hija de su hermana, la mocosa a la que había casi matado por accidente, no podía ser posible. Hace un par de semanas la pelirroja habría estallado en carcajadas si alguien le habría dicho que le tocaría cuidar a su sobrina y salvar a su hermana de la maldición que ella misma creo, se habría reído hasta llorar y luego le rompería el cuello al idiota que se atrevió a decirle eso.

-Odio las ironías. -gruño Zelena para sí misma al tomar su vaso y beber el resto del licor de un trago. La pelirroja torció el gesto al pensar en todo lo que tendría que hacer. ¿Cómo demonios se suponía que iba a ayudar a Regina? No se preocupaba tanto por la partida de irritantes héroes, pero Regina era punto aparte, Zelena le prometió ayudar y aunque sonó todo muy bien en su momento la verdad era que no tenía idea de cómo hacerlo ahora. ¿Cómo iba a convertirse en la persona que ayudara a los héroes? Si, una heroína, aunque prefería morir quemada en una hoguera después de una larga tortura a permitirse llamar "héroe" ¡Eso no! Ayudaría, pero ese título no era para ella.

- ¿Qué estás haciendo? -la voz de Jazmín apareciendo en la cocina saco a Zelena de sus pensamientos. La pelirroja se giró y miro a la joven, quien se acababa de levantar y tenía el cabello revuelto, vistiendo solo unos pantalones blancos sueltos y una ligera blusa blanca.

-Despertó la bella durmiente. -se burló Zelena con una sonrisa sarcástica, la noche anterior había tenido que aparecer unas cuantas prendas de ropa para que Jazmín dejara de usar los vestidos de Agrabah, eso sería poco usual en Storybrooke.

- ¿No esa es la princesa Aurora? -pregunto la joven tomando asiento en la silla vacía frente a Zelena, quien rodo los ojos y reprimió una burla. -Emma me conto de su encuentro. -se explicó ella inocentemente, Zelena asintió.

-Te acostumbraras. ¿Has dormido bien? -pregunto la pelirroja levantándose de la silla para servirse una taza de café y tomar el plato con el desayuno de la joven. Jazmín la observaba extrañada, habían vivido juntas durante un mes, pero ahora después de tantas cosas era muy extraño verla así.

-No demasiado, estuve pensando. -dijo Jazmín encogiéndose de hombros, Zelena dejo un plato de comida y un vaso con jugo frente a la joven, quien arqueo una ceja en un gesto perspicaz, preguntándose si no habría veneno escondido por ahí. -Quiero ir por Rajah. -dijo la joven mirando a su tía.

-Iremos, pero tendrá que ser después, no podemos arriesgarnos tan pronto. -dijo Zelena sin aparente reacción, la princesa arqueo las cejas y tuvo que asentir, tomo el vaso de jugo de manzana y bebió un sorbo.

-¿Pensaste lo que te dije de Maléfica?.-pregunto Jazmín tratando de sonar sutil, aunque no lo era. Zelena frunció el ceño al no gustarle la idea, la joven noto como su rosto se tensaba en una mueca de negación.

-Imposible. -respondió Zelena seriamente, negando con la cabeza. -No se revivir viejas brujas, y no pienso hacerlo para que esa bruja me asesine solo al verme.-continuo Zelena con una sonrisa de arrogancia antes de llevarse la taza de café a los labios y beber un poco.

-También era imposible viajar en el tiempo y tu lograste abrir un portal.-menciono Jazmín inocentemente, dirigiendo su mirada al plato de comida para no reír ante el gesto de Zelena, ganándose una mirada asesina de la pelirroja.

-Con mi muerte en el proceso.-recordó Zelena mirando severa a la joven, quien rodo los ojos ante ese "pequeño" detalle.

-Era una buena idea.-se lamentó Jazmín bajando la mirada, le encantaría poder tener de vuelta a Maléfica. Zelena noto su semblante triste y frunció el ceño levemente.-Si tú no puedes detener a Ingrid tendremos que buscar otra manera de hacerlo, que todos recuerden.-dijo la joven tratando de pensar en algo.-¿No tienes algún libro de hechizos? La abuela Cora tenía uno, la tía Maléfica igual, quizá pueda servir de algo. -recordó la princesa comenzando a entusiasmarse un poco.

-Tu abuelo también tenía uno y muy útil. -murmuro Zelena solo para sí misma al recordar el libro que le descubrió en Agrabah, Jazmín no alcanzo a comprenderla. -No tengo, mocosa. -resoplo Zelena frustrada, era verdad. Jazmín frunció el ceño. -Tal vez tengas razón, necesitamos información. En la biblioteca o en la tienda de Gold debe haber algo que sirva, tú te encargas de eso, no podemos usar las cosas de tu madre porque es sospechoso. Yo debo ver cómo me acercare a Regina sin que sospeche. -gruño Zelena al ver que se complicaba todo.

-Supongo que no puedo llegar con Gold y decirle que soy su…-Jazmín no termino de hablar por que Zelena se apresuró a interrumpirla.

-No, a nadie. El pueblo es pequeño y no tardaras en encontrar la biblioteca, si vas a la tienda de Gold solo pregunta sutilmente, no seas muy directa. -sentencio Zelena, la joven asintió sin más. -Tienes ropa en tu habitación, cuando salgas no te quites por nada del mundo el collar. -le recordó Zelena mirándola severa, la joven asintió.

-Odio usar el collar. -se quejó la princesa al pensar en que debería usarlo al salir, por lo menos dentro de la casa podía ser ella. - ¿Qué harás para conseguir estar cerca de mamá? -pregunto Jazmín al ver a Zelena levantarse de la mesa con intenciones de marcharse.

-Improvisare algo en el camino. -dijo Zelena con frustración, Jazmín asintió. -Te deje una carta en tu cuarto con algunas cosas que podrían ayudarte en el pueblo, que nadie sepa que estás conmigo aquí. Nos vemos al rato, mocosa. -dijo la pelirroja arqueando las cejas en una mueca sarcástica antes de marcharse, dejando a Jazmín con un gesto pensativo.


Bella iba camino a la biblioteca sin prisa alguna, disfrutando de la brisa de aquella mañana tan refrescante. La castaña disfrutaba de los pequeños detalles y era una eterna enamorada de los días como aquel donde la calma reinaba. Bella estaba distraída buscando en su bolso las llaves para abrir la biblioteca, así que no se dio cuenta que alguien venia caminando en dirección contraria a ella, la castaña estuvo a punto de caer cuando chocó de frente con alguien más.

-Lo siento tanto, no vi por donde caminaba. -se disculpó Bella cuando respiro aliviada al no tener que sufrir una caída al ser sostenida por alguien. La castaña levanto la vista para agradecer y se topó frente a Gold, quien con un semblante serio la sostenía de la cintura con firmeza. -Señor Gold. -murmuro Bella perdiendo el habla momentáneamente, sonrojándose al verse tan cercana a él y con sus manos en su cintura, pero el parecía totalmente neutral.

-Note lo distraída que venía, señorita French. -contesto Gold con un semblante serio, Bella no supo si era regaño o comentario, solo sabía que Gold no parecía tener inconveniente al tenerla sujeta de la cintura y a escasos centímetros de distancia. La castaña siempre sintió curiosidad y al mismo tiempo se intimidaba ante el. -No tiene que disculparse, a cualquiera le podría pasar. -se relajó Gold con ella al notar su tensión. Bella agradeció aquel gesto y se relajó notablemente, Gold por fin la soltó y retomaron distancia.

-Sí, es verdad. -rio Bella por lo bajo, notando como la penetrante mirada de Gold seguía clavada en ella, poniéndola nerviosa sin saber por qué. La castaña le sostuvo la mirada unos segundos que le parecieron eternos, no sabía que decirle, pero le provocaba algo raro estar frente a el. -Supongo que debo darle las gracias por evitar que cayera. -dijo Bella rompiendo el incómodo silencio y tendiéndole la mano de forma amable con una sonrisa cálida.

-Un placer. -respondió Gold esbozando una sonrisa sutil, sin saber por qué Bella se sintió cómoda. Gold le tomo la mano y la estrecho cortamente, pero eso basto para que la castaña sintiera un escalofrió recorrerla por completo. -Solo evite que se vuelva costumbre, por su bien. -dijo Gold con un gesto sarcástico, Bella arqueo las cejas.

- ¿Que usted me sujete para que no acabe en el piso? -pregunto Bella con un gesto entre confusión e inocencia que hizo que Gold riera levemente, el negó con la cabeza y la miro directo a los ojos. Los ojos azules de Bella le producían escalofríos por decirlo de una manera, solo sabía que la calidez de esa mujer era agradable.

-Que usted tropiece, podría lastimarse y nadie quiere eso. -dijo Gold con un aire relajado poco usual en él, pero la castaña le producía cierta sensación de comodidad que era extraño para el. - Al menos evítelo cuando no esté cerca para evitarlo. -añadió Gold con un gesto más serio, haciendo que Bella casi abriera la boca y se le desencajara la mandíbula, por suerte para su dignidad pudo controlarse muy bien.

-Claro, yo debería irme a la biblioteca. -dijo Bella tomando las llaves del suelo y señalando la dirección hacia la biblioteca con cierto nerviosismo, mientras que Gold parecía inexpresivo y neutral como siempre. -Nos vemos, señor Gold. -dijo la castaña mirándolo a los ojos una vez más, un poco tensa.

-Adiós, Bella. -musito Gold con una leve sonrisa maliciosa al pronunciar su nombre, como si disfrutara del desconcierto de la mujer. Bella enmudeció un momento. ¿Acaso lo vio sonreír? ¿Estaba burlándose de ella? La castaña se giró y lo observo caminar en dirección a su tienda, así que saliendo del trance ella también se encamino a la biblioteca, dispuesta a olvidar el incidente y concentrarse en su trabajo.


-Flashback

Cora siempre supo a donde quería llegar, cuáles eran sus objetivos y siempre supo que iba a conseguirlos tarde o temprano, no estaba equivocada. La joven estaba a un día de contraer matrimonio con un príncipe, Henry, el mismo que era capaz de besar el suelo por donde ella pisaba, pero era una pena que Cora no sintiera lo mismo. Cora estaba más atraída por su maestro, Rumplestilskin, el mismo que desde hace un tiempo le había enseñado todo sobre la magia, después de haberla salvado de morir por no poder volver la paja en oro. Su relación era poco más que extraña, pero Rumplestilskin ignoraba que la mujer de la que se había enamorado no tenía las mismas intenciones que él, por suerte esa lección no se volvería a repetir para él. Pero en esos momentos ninguno pensaba más que en el otro, sobre todo teniendo en cuenta que Cora estaba disfrutando de la última noche a solas en su habitación, al día siguiente seria la esposa de Henry Mills.

- ¿Estas segura de hacer esto, Cora? Seguir juntos te podría costar la cabeza. -musito Rumplestilskin frente a una joven y hermosa Cora, quien arqueo las cejas meditando sus palabras. Ambos sabían que era verdad, pero también sabían que Rumplestilskin no permitiría que le tocaran un solo cabello a su aprendiz.

-No voy a dejarte, no podría vivir con Henry y no volver a verte. -respondió Cora firme y sincera, su corazón nunca se lo permitiría. Rumplestilskin sonrió maliciosamente y la sujeto con firmeza, besándola sin recato.

-Suele pasar, es un encanto natural. -ironizo el Oscuro con un gesto arrogante, haciendo reír a la joven. -No me agrada la idea de verte casada con otro, soy muy egoísta. -susurro Rumplestilskin con un gesto burlón que hizo a Cora arquear las cejas y esta vez ser ella quien lo sujetara y besara sus labios intensamente, gustosamente Rumplestilskin correspondía, hasta que se separaron por falta de aire.

- ¿Me amas? -pregunto Cora con los ojos clavados en los de su amante, quien la miraba de igual manera, negándose a romper silencio. Cora esperaba su respuesta, Rumplestilskin seguía inexpresivo.

-Soy el Oscuro, querida. -respondió Rumplestilskin con un aire burlón característico en el, Cora lo miro astutamente.

-Esa no es una respuesta, querido, es evadir la pregunta. -replico Cora con un gesto firme, Rumplestilskin se sentía atraído por ella como nunca le había pasado, sentía pasión, amor y se sentía capaz de darlo todo por esa mujer si lo pedía.

-Dejaría que me arrancaras el corazón. ¿Es suficiente? -pregunto Rumplestilskin tenso, sintiendo que si demostraba sus sentimientos perdería poder sobre el mismo, pero Cora pareció satisfecha, sonriéndole ampliamente.

-Tomare eso como un si. -murmuro Cora acercándose a él, rozando sus labios para tentarlo. -Sé que no quieres decirlo porque tienes miedo, y el Oscuro no debe tener miedo, no es débil. Pero no te arrancare el corazón, Rumple. Te amo. -declaro Cora totalmente convencida, mirando los ojos del Oscuro fijamente para no dejarle dudas.

-No tengo miedo de ti, Cora. -declaro Rumplestilskin sin titubear, sorprendiendo un poco a la joven hija del molinero. -No podría, tú tienes poder sobre mí, y sé que yo tengo el mismo poder sobre ti. -murmuro Rumplestilskin mirándola fijamente, enredando un mechón suelto de la joven entre sus dedos.

-Tenemos un trato, Oscuro. -recordó Cora con una traviesa sonrisa. -Tendrás a mi primogénito, bueno, mi primogénita. -dijo la joven con doble intención, recordando que él había mencionado que tendría una hija que sería importante. -Una digna heredera de ti y de mí. ¿No suena mejor que el trato anterior? -ironizo Cora con un gesto pensativo, haciendo que Rumplestilskin riera burlonamente. Esa noche Rumplestilskin le enseño a su amada aprendiz como arrancar un corazón para que lo hiciera con el Rey Javier, sin saber que sería su perdición, que una vez que Cora no tuviera su corazón latiendo en el pecho todo cambiaria.

-Fin flashback


El colegio de Storybrooke estaba abriendo sus puertas, todos los alumnos comenzaban a llegar, unos corriendo otros acompañados de sus padres, todos saludando a la maestra más conocida del colegio, Blanca Nieves. La maestra tenía la costumbre de darle la bienvenida a los alumnos desde la entrada, así era su vida ahí, le gustaba enseñar. Blanca Nieves no tenía un amor en el pueblo, nadie le interesaba para ser mas exactos, ella solo había querido a un hombre y lo había perdido, David. Estuvo a punto de casarse con el gracias a los acuerdos de su padre, pero el príncipe había escapado poco antes de la boda, después de revelar que él no era el verdadero James y que prefería morir a casarse sin amor. Blanca intento ponerle trabas en el camino, pero no funciono, monto una rabieta porque su capricho no se cumplió, aunque nadie la culpo de eso, ni siquiera Regina, después de todo ella sabía que Blanca no tuvo una madre que le enseñara lo que era correcto, y durante su corto periodo como su madrastra no fueron cercanas.

-Buenos días, maestra. -saludo Henry al llegar acompañado de Regina y David, quienes al ver a la mujer se soltaron de su abrazo y solo dejaron sus manos entrelazadas. La tensión era evidente entre los adultos, después de todo Regina y David se habían fugado días antes de la boda de Blanca y David, desconcertando a la princesa que creía que su madrastra odiaba al príncipe.

-Alcaldesa Mills. -la saludo Blanca tratando de ser cordial, forzando una sonrisa para no ser tan dura, Regina asintió con la cabeza para devolver el saludo. Henry estaba jugando con David, quien le revolvió el cabello para molestia del chico.

-Nolan. -corrigió David en automático, olvidándose por un segundo de con quien estaban hablando. Regina se mordió el labio inferior levemente al ver como Blanca se tensaba un poco, la morena intervino.

-No, Mills está bien. Nunca me acostumbre a escuchar que me llamaran por tu apellido. -se excusó Regina con despreocupación, encogiéndose de hombros. David la miro con curiosidad, no era un secreto para nadie, pero el príncipe solía llamarla así a veces.

- ¿Por qué no? A mí me gusta escucharlo. -comento David concentrándose en la morena que negaba con la cabeza y trataba de no sonreír demasiado, por su parte Blanca trago saliva y desvió su mirada.

-Creo que es hora de irnos, Henry. -dijo Blanca para salir de ahí, forzando una sonrisa para los dos adultos que la observaron marcharse casi corriendo junto con Henry. Regina negó con la cabeza sin quitar los ojos de Blanca y Henry, de la misma manera que David lo hacía cruzado de brazos.

-Me odia. -dijo Regina arqueando las cejas en un gesto irónico y negando con la cabeza en señal de resignación, a su lado David solo pudo asentir para darle la razón.

-Profundamente. -dijo David quitándole seriedad al no poder evitar reír levemente, ganándose una mirada asesina de la morena. -Aunque para ser justos también me odia a mí, quizá mas que a ti. -le recordó David encogiéndose de hombros, dando media vuelta junto con Regina para dirigirse al auto de la reina.

-Todo es culpa tuya, Charming. -replico Regina con arrogancia, deteniéndose un momento para mirar al rubio con descaro. David la miro con incredulidad y frunció el ceño.

- ¿Mia? Yo no la obligue a enamorarse de mi. -se excusó David con inocencia, haciendo que Regina arqueara las cejas en un gesto burlón. - Además, tú te casaste con tu padre y luego huiste conmigo. -recordó David pícaramente, tomándola de la cintura y pegándola a él.

-Su padre le prometió que se casaría contigo, George le prometió lo mismo y tu secuestraste a su madrastra para que huyera contigo. -recordó Regina con altanería, haciendo que David frunciera el ceño en un gesto infantil. Después de la muerte de Leopold y de su periodo de Reina Malvada se había distanciado de Blanca, quien había ganado el favor de George prometiéndole la boda que uniría los reinos y derrotaría a la Reina Malvada, aunque ninguno vio venir que David no apoyaría eso y terminaría del lado de Regina.

-Tu no amabas a Leopold, te obligaron a casarte con él y no iba a casarme con una chiquilla caprichosa. -se justificó David rápidamente, Regina tuvo que darle un punto, además el príncipe jugaba sucio, la estaba tentando con su cercanía. - Y se desquitaron con ganas, casi nos matan esos guardias, por suerte tu dominas muy bien la magia. -recordó David deslizando sus dedos en el cabello de la reina para besarla suavemente.

-Te odio tanto. -murmuro Regina a escasos centímetros del príncipe, quien sonrió complacido y volvió a besar sus labios. La reina correspondió y enredo sus brazos en el cuello del rubio, quien la estrecho fuertemente.

-Te amo. -murmuro David antes de besarla cortamente por última vez y observarla subir al auto para marcharse a la alcaldía, él prefería caminar a la comisaria, no sin antes pasar por su habitual café a Grannys.


Jazmín había seguido las indicaciones de Zelena, después de darse una ducha y pasar un buen rato eligiendo que ponerse había salido de la granja y ahora estaba en el pueblo. La princesa lucia unos cómodos jeans, una blusa de mangas largas color blanco y para completar unas botas negras altas que le llegaban hasta poco antes de la rodilla. La joven se sentía extraña al volver a vestir ropa de ese mundo, sin contar lo mucho que odiaba cambiar su apariencia normal, sus cabellos castaños caían ondulados sobre su espalda dándole un aspecto más casual, su rostro lucio casi igual, solo había optado por un maquillaje rápido y discreto, con un poco de lápiz labial pálido. Jazmín había cambiado un poco el hechizo de Zelena y todo lo que había cambiado de su rostro habían sido sus ojos, ahora lucia unos ojos verdes muy lejos de sus preciosos ojos oscuros.

-Odio esto. -murmuro la joven entre dientes al sacar un papel de su bolsillo y comenzar a leer lo que Zelena le había dejado de ayuda para moverse en el pueblo. Jazmín tomo rumbo hacia la biblioteca, tenía experiencia buscando en bibliotecas grandes, de pequeño paso mucho tiempo en la del palacio y después en la que Maléfica tenía en su propio palacio. La joven de cabellos ahora castaños entro a la biblioteca dispuesta a buscar algún libro que pudiera ayudarle.

-Buenos días. -la voz de Bella llamo la atención de la joven que ya se había encaminado a buscar las estanterías de libros. Bella noto que la joven se había sorprendido un poco y le dedico una sonrisa amable, animándola a que se acercara al mostrador donde ella estaba.

-Buenos días. -devolvió el saludo Jazmín con una sonrisa un poco forzada a causa de la desorientación. -Yo solo voy a buscar...-la joven señalo el corredor que daba a los libros, pero Bella asintió y la interrumpió.

-Me imagine. -bromeo Bella cálidamente, pero Jazmín estaba un poco confusa como para reírse. -Lo siento, tienes que registrarte, es una biblioteca pública. -dijo Bella con un gesto amigable, Jazmín abrió la boca para hablar, pero no dijo nada, arrepintiéndose al segundo. La castaña mayor la miro con curiosidad, nunca había visto a esa chica por ahí, o tal vez si y no se acordaba.

-Sí, perdón, es algo nuevo para mí. -se justificó Jazmín al salir del trance momentáneo, recordándose que debía comportarse normal. Bella le restó importancia con un gesto, no le importaba realmente, prácticamente nadie visitaba la biblioteca y agradecía que alguien mostrara interés en sus preciados libros.

-No te preocupes. ¿Cómo te llamas? -pregunto Bella tratando de disimular su curiosidad por esa jovencita de ojos verdes pero de rostro que se le hacía familiar, Jazmín trato de pensar con rapidez al ver a Bella tomar una pluma para anotarla en el registro.

-Rose. -mintió ella, la princesa trato de pensar rápido y solo pudo recordar una rosa que vio en las manos de Regina una vez en el palacio, no era muy original, pero serviría en momentos de crisis. Bella asintió conforme y al ver que la chica no iba a continuar hablando decidió anotar solo eso.

-Yo soy Bella. -se presentó la castaña tendiendo su mano hacia Jazmín, quien sonriendo cálidamente la tomo y estrecho por unos segundos. - ¿Eres del Bosque Encantado? No logro recordar si te he visto antes. -se animó a preguntar Bella por fin, la princesa sonrió levemente y tuvo que recurrir a su preciado talento para mentir como si nada, una gran herencia de su lado familiar materno.

-Sí, pero no suelo visitar este lugar frecuentemente. -mintió Jazmín con total descaro, Bella no noto que mentía. -Era demasiado pequeña como para andar sola pero ahora pretendo cambiar eso. -siguió con la mentira la joven princesa, mordiéndose el labio inferior ante la inocencia de la castaña. Jazmín asintió a modo de despedida y antes de que a Bella se le ocurriera seguir preguntando prácticamente salió corriendo a perderse entre los libros.


Zelena llego a la alcaldía poco después de que Regina entrara a su oficina y se concentrara en firmar papeles que dejo pendientes durante su ausencia. La pelirroja se cuidó de no ser vista y entro a la alcaldía, con un movimiento de muñeca hizo que la puerta de la oficina de Regina se cerrara discretamente y sin hacer ruido al ver que su hermana se levantaba para buscar algo en los cajones del otro lado de su oficina. Zelena se acercó a donde estaba la secretaria de Regina y con su mejor sonrisa de inocencia hizo notar su presencia a la empleada.

-Buenos días. ¿Puedo ayudarle en algo? -saludo la empleada con su mejor tono de amabilidad, gesto que Zelena devolvió con una sonrisa inocente y un gesto descarado.

-Saliendo de mi camino, querida. -ironizo la pelirroja antes de mover su muñeca y ver caer a la joven inconsciente al piso. Zelena la miro por un par de segundos y sonrió levemente. -Lo siento, pero solo estarás dormida, nada grave. -murmuro Zelena con descaro y despreocupad, dando un vistazo rápido hacia donde estaba Regina y al verla de espaldas se tranquilizó un poco. -No pasa nada, un pequeño desliz que no afectara a nadie. Seguro que Regina y Jazmín comprenderán. -se dijo Zelena encogiéndose de hombros, con un movimiento de muñeca mando a la secretaria de Regina a un lugar donde despertaría y olvidaría su trabajo, pero seguiría con su vida. La pelirroja miro su escritorio y con un segundo movimiento de muñeca hizo aparecer una nota de renuncia para la alcaldesa, sonriendo satisfecha la pelirroja hizo un tercer movimiento y desapareció de la alcaldía.


En una de las celdas de la comisaria de Storybrooke se encontraba un pirata que dormía profundamente en el pequeño colchón contra la pared. El capitán Hook había sido arrestado la noche anterior después de una pelea en un bar, todo causado por besar a la mujer equivocada, nada novedoso, el pirata ya había perdido la cuenta de cuantas veces se había metido en líos gracias a sus desastres con mujeres comprometidas, casadas, o incluso las que se aferraban tanto a él que prefería huir de ellas. La debilidad del pirata era el ron, las mujeres bellas y gracias a su encanto podía obtener ambos gustos. Killian Hook no pasaba desapercibido entre el género femenino, después de dejar de navegar y quedarse en Storybrooke gracias a la maldición sus conquistas se le volvieron más complicadas al ser el pueblo tan pequeño, en especial si se topaba seguido a cierta alcaldesa que desde hace mucho le había retirado cualquier beneficio placentero que involucrara a los dos metidos en una cama en alguna habitación del palacio de la reina, pero eso había sucedido hace mucho, cuando ella aún era la reina malvada. Ahora las cosas eran diferentes, cada uno tenía sus asuntos, aunque para el que siempre estaba al acecho de una oportunidad para causar líos le gustaba pensar que algún día recuperaría sus beneficios.

- ¡Hora de despertar, Hook! -la voz de David al entrar a la comisaria hizo que el pirata gruñera y se despertara de golpe, limitándose a levantar la cabeza un poco para ver al sheriff que abría cajones y los cerraba haciendo más ruido del que hubiera preferido.

- ¡Mi querido sheriff Nolan! -se burló Hook acomodándose mejor en su colchón dentro de la celda, poniendo sus manos detrás de su cabeza para no tener que levantarse para mirar a David. El rubio lo miro con seriedad. -Pero que placer tenerlo de vuelta en el pueblo. ¿Cómo le ha ido en su viaje con nuestra querida alcaldesa? -cuestiono Hook con una amplia sonrisa burlona dirigida a la rubio.

-Eso no es de tu incumbencia, pirata. -replico David recordándose por décima vez que no debía tomar en serio al pirata, ignorando su sarcasmo y tomando asiento frente a su escritorio. - ¿No te cansas de pasar tus noches en la celda? -pregunto el sheriff jugando con sus esposas.

-Para ser honesto ni siquiera recuerdo como he llegado aquí. -rio Hook con un gesto despreocupado, haciendo que David negara con la cabeza. August había ayudado en la comisaria los días que estuvo fuera, ya después le preguntaría que había pasado. -Lo último que recuerdo es estar pasándola bien con una mujer muy guapa en un lugar que no debería. -dijo el pirata en un intento por acomodar sus memorias, David no pudo evitar reírse un poco.

-Supongo que has cumplido tus horas de castigo, Hook. -dijo David tomando las llaves de la celda y levantándose de la silla para liberarlo, siempre la misma rutina. Hook seguía tan relajado como cuando estaba dormido, al ver a David acercarse a su celda se levantó en silencio. -Solo trata de dejar de acosar o besar a las mujeres equivocadas y si lo haces que sea en lugares privados, no en público. -pidió David con un gesto serio al abrir la celda.

-Yo no acoso a las mujeres, ellas me acosan a mi. -se jacto Hook con arrogancia y vanidad, David rodo los ojos y se hizo a un lado para dejarlo salir. -Si quisiera perseguir a una mujer sería una que estuviera casada. -dijo Hook con dobles intenciones al tomar del escritorio su garfio y sonreír ampliamente al colocárselo de nuevo.

-Cierra la boca, pirata y fingiré que no escuche nada. -gruño David mirándolo de mala gana, el pirata arqueo las cejas y dando media vuelta se encamino a la salida.

-Dale mis saludos a Regina, sheriff. -comento Hook antes de llegar a la salida, David torció el gesto sutilmente. -Tal vez debería saludarla, hace tanto tiempo que no la veo que podría olvidarse de mi. -ironizo Hook al abrir la puerta, pero antes se dio media vuelta para mirar a David con diversión.

-Cuidado con tus pensamientos, pirata. -advirtió David al verlo reír y marcharse de la estación, dejándolo con un gesto de reprobación. El príncipe sabía que durante el periodo de Regina como Reina Malvada había estado demasiado cercana a Hook, por suerte hace mucho tiempo que no tenían problemas con él.


-Flashback

El país de las maravillas era un lugar que nunca se terminaba de explorar y conocer, pero si algo era sabido por todos era lo malvada que era la Reina de Corazones, rumores corrían de su historia, no había quien no temblara ante la mención de su nombre. Cora había logrado tener el reino bajo su dominio sin complicaciones gracias a su magia, y no había quien se atreviera a desafiarla, ni siquiera su propia sangre. La reina de corazones tenía un huésped ocasional dentro de su palacio, Jazmín. La princesa lograba escaparse de la vigilancia de Cora y recorrer el lugar, encontrándose con Cheshire, quien no reparaba en hablar de su abuela con bromas pesadas, haciendo que la curiosidad de la princesa comenzara a incrementar, aun mas al ver el temor de todos los habitantes. Jazmín sabia de lo dura que podía ser Cora, pero no lograba comprender que no se mostrara así con ella, con su nieta siempre se mostraba lo más suave que podía, como si la quisiera, aunque fuera un poco. Por su parte, Cora no podía sentir tan intensamente sin su corazón, pero lo hacía, y pensaba constantemente en su hija, recordándose cada vez que todo lo hacía por ella. La reina de corazones compartía momentos fugaces que nunca pudo tener con Regina, de haberlo hecho no habría logrado convertirla en reina.

- ¿Que sucede, abuela? Estas ausente. ¿Que estás pensando? -pregunto Jazmín sonriéndole inocentemente a Cora, quien detrás de ella cepillaba su cabello largo cabello negro suavemente. Jazmín estaba sentada frente al tocador en su habitación, mirando por el espejo que su abuela lucia pensativa, callada.

-Solo pensaba en lo mucho que te pareces a ella, querida. -respondió Cora sin más expresión, regresando a la realidad y cepillando el cabello de la joven. Jazmín se tensó un poco ante ello, casi nunca le hablaba de su madre. -Cada vez que te miro es como si la estuviera mirando a ella. -confeso Cora sin poder callárselo, incluso ella podía permitirse ciertos momentos de sinceridad.

- ¿Por qué no dices su nombre? -pregunto Jazmín mirándola con cierta tristeza en el rostro, a sus ojos Cora sufría por la pérdida de su hija a causa del Oscuro, si tan solo supiera el resto de la historia. -Lo siento. -murmuro Jazmín llevando su mano a su cabello, posándola sobre la de Cora, quien tuvo que reprimir el impulso de apartarse de cualquier gesto cariñoso, recordándose que debía ser buena frente a ella.

-No te disculpes, cariño, no has hecho nada. -musito Cora con un tono suave, como si quisiera encantar a la joven con su voz. Jazmín le sonrió con calidez y después de darle un ligero apretón en la mano y notando la tensión de su abuela la soltó, regresando su mirada al espejo. -Has la pregunta que tienes en mente, Jazmín. -añadió Cora con una sonrisa maliciosa, la joven a veces se preguntaba si la mujer era capaz de leer su mente.

- ¿La amabas? -pregunto la princesa girándose en el banco frente al espejo para mirar a su abuela, quien la miro inexpresiva. Jazmín había querido hacer esa pregunta por mucho tiempo, preguntándose como había sido su relación, tenía muchas preguntas sin respuesta.

-Era mi hija. -respondió Cora retomando su frialdad en su expresión, endureciendo su gesto, contrario a Jazmín, quien frunció el ceño en un gesto de inconformidad.

-Esa no es una respuesta. -replico Jazmín mirando a Cora con astucia, en un gesto que la reina sin corazón deseo jamás ver en ella, era la réplica en pequeña de Regina, si tuviera un corazón seguramente se habría derretido.

-Sí, querida, la amaba.-contesto Cora con un gesto duro, Jazmín no dijo nada.-La amaba, hice todo para darle lo mejor, quería que tuviera lo que yo no.-confeso Cora con toda la sinceridad que tenía, no era mentira, hizo cosas terribles pero todo para ver a su heredera en el trono.-Y nada funciono, Regina me odio al final.-termino de decir Cora con un gesto de tristeza fingida, causando la reacción deseada en su nieta. Jazmín se levantó de su asiento y la abrazo con calidez, sin poder ver que Cora no estaba siendo del todo sincera con ella.

-Por culpa del Oscuro.-comento Jazmín aun en brazos de Cora, quien con una sonrisa oculta asintió dándole la razón.-Yo no te odio.-murmuro la princesa al oído de su abuela, quien sonrió satisfecha al escucharla, acariciando sus cabellos con aparente ternura.

-Lo sé, mi princesa.-susurro Cora estrechando a su nieta contra su pecho, acariciando su cabello al ver que podía manipularla tan fácil, justo como tantas veces hizo con Regina.-Tu eres especial, tú me acercaras a tu madre, a Regina.-dijo Cora sin pensar demasiado, con una sonrisa en los labios.

- ¿Cómo has dicho?. -pregunto Jazmín al separarse de ella y mirándola confusa, Cora rio levemente y le tomo las manos para mirarla a los ojos y que no dejara dudas en su mente.

-Me refiero a su recuerdo, solo eso, querida. Tú me haces estar más cerca de ella de esa forma. -dijo Cora con total inocencia, como si nunca hubiera mentido en su vida, lo que la joven no se imaginaba era que esa no era la única forma en que acercaría a Cora con Regina.

-Fin flashback


Ingrid estaba mirándose en el gran espejo que tenía en su cueva, una sonrisa maliciosa estaba fija en sus labios al pensar en cómo acomodar sus planes y conseguir lo que deseaba sin impedimentos, solo tenía que asegurar un par de cosas y conseguir lo necesario para ver a todos en Storybrooke matarse unos a otros sin piedad. La reina de las nieves no necesito girarse para saber que alguien había entrado al lugar, desde su espejo pudo ver a Zelena detrás de ella.

-¿Ya se te ha pasado el enojo o debo usar magia para protegerme de los daños?.-pregunto Zelena con su habitual tono despreocupado y sarcástico, haciendo que Ingrid se girara para mirarla fijamente.

-No puedes usar magia contra mí, lo sabes. -recordó Ingrid mirándola con satisfacción, Zelena esbozo una sonrisa irónica y asintió en un gesto de resignación. La reina de las nieves tomo asiento en su cómodo sillón blanco y miro a la pelirroja frente a ella.

-Nunca dije que pensaba usarla contra ti. -replico Zelena con un gesto descarado, Ingrid arqueo las cejas sin sospechar. -No estoy contra ti, lo sabes. -dijo Zelena señalándola y tomando asiento en el pequeño sillón blanco frente al de Ingrid, quien la escuchaba atentamente.

-No voy a olvidar mis planes, Zelena. Solo tengo que modificarlos un poco y buscar la forma de llevarlos a cabo con este pequeño inconveniente.-dijo Ingrid con un gesto frio y serio, Zelena arqueo las cejas en un gesto de interés.

- ¿De qué manera? -pregunto la pelirroja con un gesto de aparente desinterés, tratando de disimular sus ansias al pensar en que estaba contra reloj.

-Aun no termino de acomodar las piezas, pero creo que puedo hacerlo. -dijo Ingrid sonriendo con satisfacción, Zelena arqueo las cejas y tuvo que forzarse a sonreír ampliamente.

-Puedo ayudar si lo deseas, nada me gustaría más que ver a la estúpida familia de héroes muertos.-dijo Zelena mirando a Ingrid con un gesto malicioso, la rubia asintió.-Pero me gustaría encargarme yo misma de mi hermanita, le debo esa cortesía y lo he deseado por mucho tiempo, si puedo contar con eso tienes toda mi disposición a ayudarte.-comento Zelena con un gesto de malicia.

-Lo sé, creo que es justo que tú misma acabes con nuestra alcaldesa. -dijo Ingrid encogiéndose de hombros y mirando a Zelena fijamente. -Te necesitare tu ayuda en algún momento, por ahora puedes divertirte viendo a todos bajo tu hechizo. -comento la rubia.

-Ya que lo mencionas, pensaba acercarme a Regina. -dijo Zelena mirando a Ingrid con seriedad, la rubia arqueo las cejas. -Quiero vigilarla de cerca, asegurarme de que no pase nada inesperado que pueda ser un problema para nosotras. -dijo la pelirroja con un gesto convincente.

-Claro. Es tu hechizo, deberías disfrutarlo. -sonrió Ingrid con maldad al pensar en lo que pensaba hacer, Zelena sonrió conforme y tuvo que recordarse lo mucho que ponía en peligro su preciada vida si Ingrid la descubría.


Henry salió del colegio a la hora normal, poco después de mediodía, en cuanto tocaron el timbre de salida tomo rumbo hacia la biblioteca, había avisado a su madre la noche anterior que pasaría a hacer unas tareas a la biblioteca y luego llegaría a casa. Henry entro a la biblioteca y saludo a Bella con una sonrisa y un saludo rápido mientras corriendo seguía de largo hasta las estanterías de libros, en realidad solo debía esperar a que August llegara para devolverle su libro de cuentos. El chico dejo su mochila sobre la gran mesa entre estanterías, sin prestar atención gracias a los audífonos que llevaba puestos no noto que había dejado su mochila sobre un par de libros abiertos en la mesa, haciendo que unos más cayeran al piso. Henry se extrañó al encontrar la mesa ocupada, usualmente nadie más estaba en la biblioteca a esas horas, después de dejar su mochila en el suelo para poder acomodar de nuevo los libros busco a quien los dejo ahí.

- ¿Moviste algo? -pregunto la joven detrás de Henry, haciéndolo girarse y negar con la cabeza rápidamente. -De todas maneras, no importa, no he encontrada que sirva realmente. -se quejó Jazmín dejando sobre la mesa un libro pesado y devolviendo su atención a la estantería de enfrente. Henry arqueo las cejas con curiosidad, no conocía a esa chica, pero tenía una sensación extraña.

- ¿Quién eres tú? -pregunto Henry con poco tacto, algo arrogante y mirándola con un gesto desconfiando. Jazmín estaba dándole la espalda, ocupada buscando otro título que pudiera servir, torció el gesto ante el interés del chico en ella. La princesa sabía quién era ese niño, Regina le había mostrado un par de fotos de su querido y precioso príncipe Henry, aunque esperaba no tener que cruzarse con el tan pronto. Jazmín trato de ignorarlo.- ¿Me has escuchado?.-insistió Henry con un gesto de altivez que era raro en él, Jazmín rodo los ojos y después de respirar profundo y con su mejor sonrisa descarada se giró para observarlo.

-Te he escuchado, de la misma manera he decidido ignorarte, niño. -respondió Jazmín con una sonrisa amable que chocaba contra el sarcasmo que destilaba, dejando a Henry con un gesto de indignación estampado en la cara. Jazmín se giró con gracia para darle la espalda y seguir revisando los libros, notando como Henry parecía no dispuesto a irse.

-Solo intentaba ser educado y amable. -replico Henry con un tono mordaz, pero Jazmín no tenía intenciones de buscar su lado amable. La actitud de ambos era poco más de tensa, ninguno parecía estar siendo muy amable con el otro.

-Por lo que escuche no eras tan amable con tu madre. -murmuro Jazmín entre dientes, haciendo que Henry frunciera el ceño al no ser capaz de escuchar que había dicho. Henry no pensaba marcharse, en todo caso que fuera ella quien se marchara, pensó. -Estoy ocupada. -dijo Jazmín sin mayor tacto, no tenía tiempo de usar paciencia en él.

- ¿Haciendo qué? No pareces conforme con lo que sea que hagas. -dijo Henry cruzándose de brazos con un gesto de reprobación, Jazmín sintió deseos de golpearlo, pero se contuvo para no mostrar sus emociones.

-¿Siempre eres tan entrometido?.-cuestiono Jazmín girándose hacia él y mirándolo con superioridad y burla, ganándose la mirada indignada de Henry.

-Yo no soy entrometido-se defendió Henry casi indignado, Jazmín arqueo una ceja. - ¿Y tú siempre eres tan odiosa? -pregunto Henry con el mismo sarcasmo que la joven había usado contra él.

-Es un talento familiar. -ironizo Jazmín con una sonrisa descarada al disfrutar alterar los nervios del chico, quien respiro profundo para no perder la compostura.

-La tía Bella trabaja aquí, así que yo paso mucho tiempo aquí y podría ser de ayuda si dejaras de ser tan odiosa conmigo, no tengo nada que hacer. -dijo Henry con falsa modestia para quitarse la curiosidad sobre lo que buscaba esa joven. Jazmín noto la mentira de Henry y no pensaba darle el gusto de contarle sus planes.

-A diferencia de ti yo si tengo cosas que hacer, si me disculpas.-sentencio la joven castaña dando media vuelta y regresando su atención a la estantería que le faltaba por revisar, ignorando a Henry, quien seguía mirándola curioso.

-No te conozco. ¿Cómo te llamas? Yo soy Henry Mills.-dijo el chico mirándola aun con desdén, Jazmín resoplo aun de espaldas a él, tenía que admitir que el chico era persistente y sabía que no se lo quitaría de encima tan fácilmente, aun así decidió tratar de ignorarlo un poco más.-¿Eres del bosque encantado?.-cuestionaba Henry imitando la pose de sheriff de David, Jazmín rodo los ojos y resoplo antes de girarse, ya se había cansado de eso.

-Me llamo Rose, soy la princesa de A…-Jazmín reacciono antes de decir algo más que no debería, notando como Henry sonreía satisfecho al haberla hecho perder la paciencia. -Algún lugar que ni siquiera conoces, enano. Así que déjame en paz.-pidió Jazmín con una sonrisa sarcástica.

-Mi madre es la alcaldesa de Storybrooke, ella era la Reina del Bosque Encantado…Si tú eres una princesa de ahí, tal vez la conozcas.-dijo Henry comenzado a pensar en el asunto, Jazmín rodo los ojos y sintió deseos de desaparecer al chico que insistía en preguntar.

-No me conoce, enano. -dijo Jazmín encogiéndose de hombros. -Y deberías agradecer que sea tu madre, no andar llorando por ahí. -ironizo la joven entre dientes para que no la escuchara Henry. Jazmín siguió con su búsqueda en los últimos libros que le quedaban por revisar y frunció el ceño al ver que no había nada que sirviera.-No hay nada que sea útil.-gruño Jazmín con frustración.

-¿Puedo hacer algo por ti?.-pregunto la voz cálida y amable de Bella al aparecer en donde estaban los dos chicos, Jazmín se giró para mirarla un poco sorprendida y Henry negó con la cabeza inocentemente.-¿Tienes algún problema, Rose?.-pregunto Bella acercándose a ella y dando un vistazo a los libros que tenía abiertos sobre la mesa.

-No pasa nada, es solo que no encontré lo que buscaba.-se excusó la princesa con un tono tan suave que Henry arqueo las cejas sorprendido, Bella le sonrió y puso una mano sobre el hombro de la joven para que siguiera hablando.-Buscaba algún libro sobre magia y hechizos, pero aquí solo hay historias de amor que tienen que ver con magia.-se quejó la joven encogiéndose de hombros, haciendo referencia a las historias de amor que estaban en las estanterías.

-Buscas nuevos títulos. -dijo Bella, creyendo que la joven se refería a que ya había leído esos libros y no que buscaba otro tipo de libros en especial. Jazmín decidió mentir una vez más y asintió como si nada. -Entonces te gusta leer. ¿Qué tanto? -pregunto la castaña mirando curiosa a la joven.

-Supongo que bastante.-dijo Jazmín meditándolo y recordando sus días en la gran biblioteca del palacio.-En el palacio teníamos muchos libros, una gran biblioteca y yo podía leer el que quisiera, no pude leer tantos como deseaba porque había algunos en idiomas raros.-conto Jazmín con un gesto nostálgico, haciendo que Bella arqueara las cejas.

-Me sucedía lo mismo. -rio Bella comenzando a interesarse en la joven, quien le dedico una de sus mejores sonrisas amables. Henry las observaba totalmente incrédulo. -Extraño poder leer ese tipo de libros, los de este mundo son muy diferentes.-lamento Bella con un gesto nostálgico, Jazmín sonrió levemente.-¿Eres hija de algún rey? ¿En qué palacio vivías? -pregunto Bella sin poder evitarlo.

-Yo tengo en casa un par de libros de ese tipo, pero no son los que necesito ahora. Podría prestártelos, quizá no los has leído-dijo la princesa encogiéndose de hombros para distraer la atención de Bella, obteniendo resultados al ver a Bella sonreír ampliamente.

-Sería un gusto, yo igual tengo varios libros muy buenos en casa, supongo que en algún momento podríamos intercambiar. -dijo Bella sonriendo más animada, Jazmín sonrió y asintió. Henry las observaba cruzado de brazos y en silencio, preguntándose si eran ideas suyas o esa joven si estaba manipulando a Bella con tal descaro sin que Bella lo notara.

-Sería un placer, pero ahora debo marcharme. -dijo Jazmín viendo su oportunidad de huir antes de tener que responder más preguntas, se despidió de Bella con una sonrisa y al pasar junto a Henry le dedico una sonrisa de arrogancia, dejando al chico con una mirada de pocos amigos hasta verla marcharse de la biblioteca.

-Parece una niña agradable. -dijo Bella cerrando los libros de la mesa y devolviéndolos a su lugar, Henry la miro como si estuviera bromeando pero decidió no decir nada, algo le decía que esa joven era más de lo que decía y quería descubrir que pasaba.


Hook estaba caminando por una de las calles principales de Storybrooke, camino al muelle a buscar una forma de colarse en su preciado Jolly Roger sin ser delatado con el señor Gold por invadir su ahora propiedad. El pirata estaba por seguir su camino cuando alguien apareció en su vista, la alcaldesa Mills estaba bajando de su auto en la esquina de Grannys para reunirse con David. Hook esbozo una sonrisa traviesa y decidió que aún estaba a tiempo de cometer alguna travesura antes de la comida así que cambio de dirección y se apresuró a alcanzar a Regina antes de que llegara a Grannys.

-Mi querida reina malvada ha vuelto.-ironizo Hook acercándose a la morena con una sonrisa descarada, haciendo que Regina detuviera su camino y torciera el gesto en una mueca de disgusto.-¿Ya no saludas a los viejos amigos o más que amigos?.-pregunto el pirata con un gesto descarado al ver a Regina girarse para mirarlo de mala gana.

-Con tu permanente olor a ron ni siquiera tengo que girarme para ver que eres tú. -replico Regina con un gesto de pocos amigos, Hook dramatizo un gesto de ofensa. - ¿Así es como pretendes recuperar tu barco? -pregunto la alcaldesa cruzándose de brazos y mirándolo con seriedad.

-No lo he perdido aún. -respondió Hook seriamente, ese tema era serio para el pirata, el Jolly Roger tenía que seguir siendo suyo.

-Lo perderás si no le pagas tu deuda a Gold. -recordó Regina con un gesto sarcástico, haciendo gruñir a Hook de solo pensar en esa posibilidad. Regina rodo los ojos y estaba por girarse para marcharse, pero el pirata se apresuró a acortar la distancia y a sujetarla del brazo para poner su garfio en su cintura y pegarla a él.

-Después de toda la ayuda que te brinde en el pasado esperaba un poco más de agradecimiento. -susurro Hook al oído de la alcaldesa, quien fríamente mantuvo la compostura y se apartó del pirata sutilmente. -La ayuda de tu príncipe no me interesa, me deja salir ileso de la comisaria, pero es todo. Yo quiero a una reina. -insinuó Hook intentando acercarse de nuevo, pero Regina lo esquivo sin dificultad.

-Lo que haya pasado entre nosotros está en el pasado, Hook. -recordó Regina sin perder su postura firme, haciendo que Hook arqueara la ceja en un gesto descarado. -Sé que fueron buenos tiempos para ti, pero ya deberías superarlo. -ironizo la reina con un gesto sarcástico y triunfante, haciendo enojar a Hook.

-Me usaste como tu peón hasta que decidiste perdonar y volver con tu estúpido príncipe Charming.-gruño Hook aun herido en su orgullo por el cambio, Regina rodo los ojos con fastidio, el tema ya era viejo y el pirata insistía en recordárselo.

-David lucho por mí, me saco de la oscuridad. -dijo Regina con un gesto severo, larga historia, complicada y enredada. Hook arqueo las cejas y miro descaradamente el escote de la alcaldesa, quien frunció el ceño.

-La oscuridad te sentaba de maravilla. -murmuro Hook mirándola con picardía, Regina negó con la cabeza. -No puedes negar que la pasamos bien siendo cómplices. Y el principito es muy aburrido para ti, a estas alturas ya deberías haber vuelto a mí para divertirte como te gusta, amor.-susurro Hook mirándola sin recato alguno, Regina conto mentalmente hasta diez para recordarse que el homicidio era un crimen castigado en Storybrooke.

-Yo no te hice nada que tu no le hubieras hecho a todas esas mujeres que seguramente dejaste llorando en cada puerto.-ataco Regina para terminar con la charla y poder marcharse de ahi, dejando a Hook con un gesto de diversión.

-Eso es juego sucio, Regina.-ironizo Hook señalándola con el garfio, la morena sonrió satisfecha y estuvo por marcharse, pero Hook se apresuró a acortar la distancia y sujetarla con sus brazos, usando su garfio para tensarla y poder besarla sin que pudiera huir.

-Quita tu mano de ahí o la perderás también, Killian Jones. -amenazo seriamente Regina al intentar empujarlo y sentir la mano de Hook deslizándose de forma que nadie debería ver. El pirata deslizo su mano por la cintura de la morena mientras su garfio la mantenía pegada a él, estuvo a punto de besarla una vez.-Te lo advertí, pirata.-siseo la morena cansada de no poder moverse y empezando a conjurar fuego en su mano que estaba detrás de la espalda de Hook. El pirata sintió el calor del fuego en su espalda y por instinto de supervivencia se apartó de Regina, quien ya apuntaba una bola de fuego en su contra.

- ¡Hey, no hace falta llegar al homicidio! -la voz de Zelena llegando justo a tiempo hizo que Regina se girara para mirarla y que Hook suspirara aliviado. Regina miro a la pelirroja con desdén y devolvió su mirada al pirata que trataba de recobrar la poca compostura que tenía. -No creo que haga falta llegar a esos extremos, alcaldesa. Es obvio que este hombre solo esta borracho y no sabe lo que hace. -intervino de nuevo Zelena acercándose más de lo que Regina deseo, poniéndose entre ambos para evitar cualquier intercambio dañino.

-Aun así, se merece un buen escarmiento. -gruño Regina volviendo a conjurar una bola de fuego, Zelena arqueo las cejas y pensó seriamente si valía la pena salvar a Hook, no era que se perdiera mucho si dejaba a su hermana chamuscarlo un poco.

-Prefería un poco de golpes o rasguños, sabes que nunca me queje de eso. -ironizo Hook con un gesto descarado dirigido a Regina, quien tuvo el impulso de lanzarse en su contra, pero Zelena no tuvo más remedio que sujetarla sutilmente para no ser ella la que muriera, ganándose la mirada asesina de Regina por tocarla.

- ¿Es que eres suicida, idiota? -pregunto Zelena soltando a Regina antes de provocarla más y girándose a mirar a Hook con ganas de ser ella quien lo matara por idiota. Zelena rodo los ojos y discretamente con un movimiento de muñeca hizo que Hook cayera desmayado al suelo, como si de repente se hubiera quedado dormido. Regina miro a Hook con sorpresa y Zelena suspiro aliviada. -Lo que dije, esta ahogado en ron. -dijo la pelirroja con un gesto de alivio, girándose para mirar a Regina.

-No me sorprende, puedo sentir el olor a ron desde kilómetros de distancia. -replico Regina con un tono sarcástico, mirando a Zelena fijamente para tratar de recordar si la había visto antes. La pelirroja le sonrió inocentemente para no provocarle más dudas y desvió su mirada a Hook que dormía plácidamente en el suelo.

-¿Deberíamos dejarlo aquí?.-cuestiono Zelena mirando a Hook con curiosidad y luego a Regina, quien no parecía muy preocupada.

-No me interesa. -respondió Regina rodando los ojos y encogiéndose de hombros como si nada, Zelena la miro y reprimió una sonrisa, en cualquier tipo de realidad su hermana seguía destacando ese retorcido sarcasmo y arrogancia que resultaba casi irritante.

-De acuerdo, usted es la alcaldesa. -replico Zelena encogiéndose de hombros restándole importancia, Regina la miraba con curiosidad. - ¿Pasa algo? -pregunto la pelirroja notando la mirada de la morena.

-¿Te conozco?.-pregunto Regina con un tono poco sutil, haciendo que Zelena arqueara las cejas y negara con la cabeza, tendría que mentir y fingir ser alguien muy diferente a su verdadera personalidad.

-No lo creo-dijo Zelena con un gesto amable, pero la alcaldesa seguía con el semblante inexpresivo.-Zelena, no soy tan famosa como otras personas pero llevo viviendo un tiempo aquí, soy del Bosque Encantado.-mintió Zelena descaradamente, tendiendo su mano hacia Regina, quien la miraba con cierto recelo, ignorando la mano de la pelirroja.

-Regina Mills.-dijo la reina después de un incómodo silencio, estrechando la mano de Zelena cortamente.-Supongo que la historia no me favorece demasiado.-ironizo Regina con una sonrisa sarcástica que hizo a Zelena suspirar un poco aliviada.-Gracias por la ayuda con...eso.-dijo Regina señalando a Hook que seguía inconsciente.

-No fue nada.-dijo la pelirroja encogiéndose de hombros con satisfacción.-Debo marcharme, tengo que buscar empleo.-mintió Zelena con un gesto de fastidio, Regina asintió y observo a la pelirroja dar media vuelta y desaparecer al doblar en la esquina. La alcaldesa arqueo las cejas un poco extrañada por tan raros encuentros y encamino hacia Grannys.


Zelena espero escondida detrás de la esquina a que Regina entrara a Grannys, no había querido extender su encuentro para no ser tan sospechosa, por lo pronto ya había dado el primer paso. Zelena se aseguró que nadie estuviera observando y se acercó a donde habían dejado a Hook, con un movimiento de manos ambos desaparecieron en una nube de humo verde y aparecieron en el muelle del pueblo.

- ¡Ni siquiera así dejas de ser un grandísimo idiota! -se quejó Zelena al ver a Hook dormido sobre una incómoda banca cerca al muelle. -Supongo que has vuelto a ser el pirata seductor de mujeres.-ironizo la pelirroja al ver a Hook dormido como si nada, la pelirroja rodo los ojos y se apresuró a marcharse, tenía que encontrarse con Jazmín dentro de poco.


-Flashback

En el Fuerte Prohibido el ambiente era un poco turbio, el salón principal estaba iluminado por el fuego de la chimenea. Maléfica estaba acompañada de Regina, ambas sentadas en un par de sillas frente al fuego como se les había vuelto costumbre después de su pequeña aventura contra la familia de Aurora. La Emperatriz del Mal y la Reina Malvada solían compartir conversaciones largas y a menudo desahogarse cuando sus planes fallaban, de igual forma que encontraban la manera de idear alguno nuevo.

- ¿En serio te dejaste manipular por un hada? -pregunto Maléfica con un gesto incrédulo, después de casi escupir el vino tinto que bebía al escuchar a Regina contarle lo sucedido hace tiempo con Tinkerbell. -Creí que odiabas a las polillas. -espeto la rubia con una mirada incrédula dirigida a la morena.

-Lo hago, no me agradan. -confirmo Regina como si nada, con su temple intacto.-Era otro momento, y Tinkerbell era buena para ser un hada, no como la mosca azul.-ironizo Regina con un gesto de desagrado, Maléfica arqueo una ceja.-Esa polilla nunca me ha dado buena espina.-se quejó la Reina con un gesto burlón dejando su copa de oro sobre una pequeña mesa entre ambas.

-Lo sé, es un hada nosotras hacemos magia negra. ¿Te preguntas por que la odiamos?.-replico Maléfica con un gesto de superioridad, Regina rodo los ojos.-Respecto al hombre de tatuaje. ¿Era atractivo?.-pregunto Maléfica con curiosidad, Regina la miro casi indignada.

-No lo sé, no lo vi.-respondió Regina como si nada, fijando su mirada en el fuego de la chimenea.-No me atreví a entrar a esa taberna.-dijo la morena duramente, Maléfica no dijo nada durante unos segundos.

-¿Por qué?-pregunto Maléfica sin poder evitarlo, tenía que aceptar que tanto tiempo de soledad hacían que su curiosidad fuera más fácil de conseguir.-El hada verde te llevo hasta tu supuesta alma gemela, no perdías nada entrando y viéndolo.-dijo la hechicera mirando a Regina fijamente.

-Lo sé, pero no pude.-dijo Regina negando con la cabeza antes de mirar a la mujer rubia de al lado.-No pude abrir la puerta, algo me lo impidió.-confeso la reina mirando a Maléfica.-No sé, sentí que podría perder lo único que me queda. No podía entrar y empezar de nuevo tan fácilmente.-musito Regina en un momento de debilidad, Maléfica la miro callada.-Además, no me perdí de nada. Era un hombre bebiendo en un bar, yo soy la Reina, era estúpido siquiera pensarlo.-dijo la morena retomando su arrogancia.

-Ese es un buen punto.-dijo Maléfica para no atormentarla más, Regina agradeció el gesto.-¿Y que sucedió con el hada?.-pregunto la rubia con una mueca de curiosidad.

-Prefiero la cabeza de Blanca Nieves decorando mi palacio. -ironizo Regina con un gesto malicioso, haciendo que Maléfica riera.-La última vez que la vi la corrí del palacio, ella creía que éramos amigas.-dijo Regina encogiéndose de hombros.-Se le olvido que los villanos no somos amigos.-dijo la reina rodando los ojos.

-Gracias por eso. -replico Maléfica mirándola con malicia.-Lo recordare la próxima vez que quiera divertirme quemando algún palacio.-dijo la rubia con burla, Regina sonrió con arrogancia.

-Tu y yo somos amigas solamente porque te ayude, casi te obligue a ponerte los cuernos de nuevo. -ironizo Regina con descaro. -De otra manera me habrías matado en el instante en que pise tu castillo. ¿Tienes algún otro ejemplo en mente?.-pregunto Regina con satisfacción al tener la razón.

-Cierto, pero al menos conocer otras brujas es bastante útil, nunca se sabe cuándo las puedes necesitar.-dijo Maléfica con una sonrisa descarada, capturando el interés de la reina.-Y yo conozco a un par de brujas que no me desagradan tanto.-cometo la rubia con desinterés.

-No creí que conocieras más brujas.-dijo Regina sorprendiéndose, ganándose una mirada resignada de Maléfica.-¿Quiénes son?.-cuestiono la morena con curiosidad, pero Maléfica negó con la cabeza sin dejar de sonreír.

-Un par de brujas que ayudaron a conseguir la maldición oscura que Rumplestilskin te entrego.-dijo Maléfica con un gesto inexpresivo, Regina arqueo las cejas.-Sobrevivimos por suerte y compartimos un odio hacia ese maldito diablillo.-gruño Maléfica al recordarlo traicionándolas.

-El diablillo sabe elegir. -replico Regina con arrogancia, haciendo que Maléfica rodara los ojos.

-Hubiera querida ver su cara cuando supo que cambiaste su maldición por la mía. -ironizo Maléfica con un gesto burlón, sonriendo ante la sola idea de ver a Rumplestilskin perdiendo la cabeza ante ese hecho.

-Fin flashback


Henry seguía en la biblioteca pensando en la curiosa chica que había conocido momentos atrás, le seguía molestando su actitud y el hecho de que parecía arrogante y pretenciosa, además había tardado solo unos minutos para conquistar a su tía Bella. ¿Quién rayos era esa que nunca había visto? Se preguntaba Henry con molestia, el conocía a casi todos en Storybrooke, no por nada era el hijo de la alcaldesa del pueblo, pero Rose le había caído mal, pésimo, aunque eso era mutuo dedujo el chico con un poco de burla. Henry no se consideraba alguien presumido, bueno, tal vez a veces sí pero su madre era la Reina, la alcaldesa de Storybrooke, y su padre era el Príncipe Charming, el sheriff del pueblo, no podían culparlo por estar acostumbrado a ser el centro de atención durante tantos años. ¿Cierto? Henry decidió no dedicarle más pensamientos a esa joven tan altanera y se concentró en adelantar algunos de sus deberes en la biblioteca.

-¿Qué tal la escuela, Henry?.-pregunto August al aparecer en la biblioteca después de unos minutos de estar con Bella, sacando al chico de la concentración en sus tareas. Henry dejo de escribir en su cuaderno y se fijó en August, quien ya había tomado asiento junto a él.

-Aburrida, pero bien.-respondió Henry con un gesto bromista, haciendo reír a August.-¿Qué tal el libro?. -Pregunto Henry cerrando su cuaderno y libro.

-Nada aburrido.-respondió August con una sonrisa amable, Henry sonrió satisfecho y asintió.-Me lo quedare solo un poco más, aun no acabo de leer todas las historias y quisiera revisarlo un par de días más.-pidió August encogiéndose de hombros.

-Sabía que te interesaría igual que a mí. Te lo dije. -replico Henry señalándolo con aires de satisfacción, August asintió de acuerdo.

-Lo acepto, tenías razón. -dijo August rodando los ojos para hacerlo reír. -Sé que sonara loco, pero es como si fuera mágico. -comento el escritor con un gesto confuso, Henry lo miro incrédulo.

-No suena loco para mí, yo pensé lo mismo después de leerlo. -dijo Henry con emoción al ver que no solo era el. -No sé cómo explicarlo, pero las páginas de ese libro no son como otras que yo haya visto. -decía el chico con un gesto confuso, August lo escuchaba y comenzaba a entenderlo.

-¿Notaste algo en especial?.-pregunto August tratando de no demostrarle demasiado interés, no quería emocionar al chico por algo que resultara una broma de alguna persona, pero August sí que había notado lo mismo que Henry.

-Las paginas, las historias…Es como si algunas estuvieran esperando su final, como si las hojas en el libro cambiaran de lugar o las historias cambiaran igual.-medito Henry, August comprendió a que se refería.

-Al menos no solo yo estoy loco. -murmuro August para sí mismo, haciendo que Henry frunciera el ceño al no comprenderlo.-¿Leíste todo el libro?.-indago Augusto deseando saber si el chico había leído toda la historia de su madre, era la que más trabajo le había costado a el entender.

-Casi, la historia de mamá es confusa, no entendí muchas cosas.-se quejó el chico con un gesto frustrado, August arqueo las cejas al pensar en que tal vez había algo que no estaban comprendiendo bien sobre ese misterioso libro.


Jazmín estaba camino a la alcaldía, estaba decidida a ver a Regina aunque fuera de lejos para asegurarse de que estaba bien, Zelena le había dejado instrucciones de donde se encontraba trabajando y no tardó mucho en encontrar el lugar. La princesa estaba a unos cuantos metros de la alcaldía cuando vio algo que la dejo clavada en el suelo de la calle, Regina había aparecido camino a la entrada de la alcaldía cuando David la alcanzo corriendo solo para tomarla de la cintura y girarla con agilidad para besarla intensamente, sujetándola del rostro para intensificar el beso. Jazmín arqueo las cejas sorprendida, su mandíbula casi se lastimaba al abrir la boca de golpe ante esa imagen. Regina y David en pleno beso nada casto, hasta que Regina pareció recordar que estaban a la vista de cualquier persona y riendo cómplice había apartado a David con un regaño discreto por ser tan arrebatado, lo que solo hizo al rubio reír antes de robarle un último beso y alejarse de ella con una sonrisa, la morena negó con la cabeza sonriente y entro a la alcaldía, desapareciendo de la vista de Jazmín, quien aún estaba tratando de comprender lo sucedido.

- ¡¿Pero qué rayos ha sido eso?!.-grito Jazmín sin poder evitarlo, ocultándose detrás del auto de la alcaldesa, pero antes de que pudiera gritar y salir de su escondite alguien la sujeto por detrás y cubrió su boca reprimiendo un par de oraciones más. Jazmín se sorprendió y trato de pelear, pero al girarse se dio cuenta de que era Zelena quien le hacía señas para que guardara silencio antes de soltarla.-¿Que ha sido eso? David y mi madre...¿No ella estaba con Robín?.-pregunto la joven princesa mirando a Zelena confusa, la pelirroja torció el gesto un poco.

-Es complicado, mocosa.-replico Zelena con un gesto renuente, Jazmín le dio una mirada severa para hacerla hablar.-Están bajo un hechizo, bajo el cual Regina y David están casados desde hace varios años y tienen un hijo, Henry.-conto Zelena con una despreocupación alarmante para la joven.

-¿Que? ¿Y que sucedió con Robín?.-pregunto Jazmín confundida.-¿Y Killian?.-pregunto la joven al recordar al simpático pirata que le había caído tan bien, Zelena rodo los ojos.

-Robín y Regina no se conocen aquí, o al menos no se han visto. No se recuerdan, seguramente él debe estar en el bosque de nuevo.-dijo Zelena con una mueca de frustración, Jazmín arqueo las cejas.-Y de Hook prefiero no hablar, hoy tuve que salvar su pellejo de ser vuelta cenizas así que lo deje tirado en el muelle cerca de su amado barco.-se quejó la pelirroja torciendo el gesto, Jazmín la miro sin comprender.-Intento besar a Regina y ella casi lo mata.-explico Zelena como si nada, pero de nuevo Jazmín casi deja caer su mandíbula ante la imagen en su mente, ese día no paraba de sorprenderla.-Lo sé, yo puse la misma cara cuando pensé en salvarlo, debí dejarlo en manos de mi hermanita.-bromeo Zelena encogiéndose de hombros.

- ¡¿Qué fue lo que hiciste?!.-casi grito la princesa mirando a Zelena torcer el gesto ante sus gestos de reclamo.-Hechizaste a todos y ahora son como prisioneros en una vida que no es la verdadera.-protesto Jazmín al comprender todo por fin, Zelena solo escuchaba.

-Yo...le avise a tu madre antes de que estuviera bajo el hechizo. -se defendió Zelena con total inocencia y un gesto casi descarado, ganándose la mirada incrédula de Jazmín.-Bien, lo hice un poco tarde pero esos son solo detalles.-añadió Zelena de mala gana.

-¿Que paso con Emma? ¿Ella está bien?-cuestiono Jazmín comenzando a inquietarse, Zelena titubeo un poco.

-No sé dónde está, Ingrid se encargó del destino de ella. -admitió la pelirroja con un gesto serio, Jazmín arqueo las cejas y comenzó a preguntarse como saldrían bien de todo ese enredo. - ¡Oh, vamos! Tienes que admitir que al menos fue un gran plan el que hice.-dijo Zelena tratando de destensar a su sobrina un poco.-Con estas vidas que les di evitaba el beso de amor verdadero de el Príncipe Charming y Blanca Nieves, y el de Regina y Robín Hood.-dijo Zelena casi orgullosa, Jazmín la miraba incrédula.-Claro que eso fue antes de saber que David estaba enamorado de tu madre.-gruño Zelena negando con la cabeza.

- ¡Tía Zelena! -la regaño Jazmín con un gesto serio, Zelena rodo los ojos y se cruzó de brazos mirándola en silencio. -Bien, fue astuto de tu parte. -admitió Jazmín de mala gana, haciendo sonreír a la pelirroja. -Pero ahora mismo, tu grandísimo plan está a un paso de matarnos a todos. -gruño la joven preocupada.

-Error de cálculo. No creí que podría reconciliarme con Regina, tampoco creí que tu estarías viva. -confeso Zelena con un gesto de disculpa.

-Un gran consuelo. -ironizo Jazmín rodando los ojos. -Tenemos que arreglar esto. -sentencio la joven severa, Zelena asintió de acuerdo.

-Un beso de amor verdadero rompe cualquier maldición o hechizo. -dijo Zelena pensando en lo obvio. -Emma no es quien la puede romper esta vez, Henry tampoco creo que lo haga, cuando cree este hechizo pensaba en herir a Regina, así que creo que debe ser ella quien rompa el hechizo. -medito Zelena.-Solo debemos estar seguras de cómo funciona esto y luego idearemos algo para lograrlo.-dijo la pelirroja suspirando.

-Suena más sencillo de lo que es. -gruño Jazmín rodando los ojos.

-Lo es.-dijo Zelena de mala gana.-Se dónde puede haber un libro que nos ayudara, quizá en el Jolly Roger yo pueda encontrar algo, y tu buscaras en la tienda de Gold.-dijo Zelena señalando a su sobrina, quien arqueo las cejas con curiosidad.-Pero tendrá que ser mañana hoy ya casi anochece, mañana nos encargamos de esto.-dijo Zelena pensando las cosas.

-Mientras resolvemos todo este asunto, tu deberás encargarte de Killian. -dijo Jazmín señalando a Zelena, quien de inmediato abrió la boca para quejarse, mirándose totalmente indignada.

-¿Yo? ¿Por qué? Sabes que detesto al pirata. -se quejaba Zelena negándose rotundamente a merodear cerca de Hook, pero Jazmín torció el gesto, trabajar juntas no sería fácil.

-Por qué no podemos dejar que siga tentando la suerte con mi madre.-recordó Jazmín preocupándose por la integridad física del que podría ser su padre.-Y es tu hechizo, por lo tanto debes encargarte.-dijo Jazmín con una irritante sonrisa de arrogancia y superioridad.

-Es mi hechizo, debería poder disfrutarlo.-se quejó Zelena frunciendo el ceño, Jazmín respiro profundamente, necesitaría paciencia para no terminar volviéndose loca.-Escucha, niña. Por hoy ha sido suficiente, buscare la cena y te veré en la casa.-dijo Zelena con resignación, Jazmín asintió y la observo marcharse.


La noche había caído sobre Storybrooke y era la hora en que todos volvían a casa después de un día de trabajo. Regina ya estaba en su mansión, esperando a David que no tardaría en llegar de la comisaria, y a Henry, a quien Bella había acordado dejarlo en casa. En cuanto tocaron el timbre de la mansión Regina bajo las escaleras sin mucha prisa y abrió la puerta, topándose con Bella y Henry.

-Buenas noches, mamá, iré a cambiarme.-dijo Henry rápidamente, dándole un beso en la mejilla a su madre y despidiéndose de Bella con un gesto rápido para después salir corriendo hacia su habitación, dejando a Regina y Bella a solas.

-Ha hecho su tarea y me ofrecí a traerlo. -dijo Bella señalando al chico que había desaparecido escaleras arriba, Regina devolvió la mirada a la castaña y asintió en modo de agradecimiento, dejando que Bella entrara a la casa.-August Y Henry están fascinados con el famoso libro de cuentos.-dijo la castaña tomando asiento en el sofá de la sala frente a Regina.

-Lo he notado, mi hijo no para de hablar de esas historias.-respondió Regina sin darle más importancia. Bella asintió con un gesto y guardo silencio, debatiéndose entre decir algo o quedarse callada, Regina noto su seriedad y arqueo una ceja.-¿Sucede algo?.-pregunto Regina mirando a Bella salir del trance.

-Nada.-dijo la castaña para no alarmarla.-Bueno, yo...-Bella no sabía cómo explicarle el asunto así que decidió ser directa.-¿Puedes saber si un objeto tiene magia?.-pregunto la castaña casi forzándose, haciendo que Regina la mirara con burla.

-Sabes perfectamente que si.-replico Regina mirándola fijamente, la alcaldesa sabia lo inteligente que era la castaña, así que supuso que solo no se atrevía a pedirle o preguntar algo mas.-¿Qué es lo que quieres preguntar realmente?.-termino por decir Regina para ahorrarle tiempo a ambas.

-¿Puedes decirme si esto tiene magia?.-pregunto Bella tomando su bolso y sacando de él la taza rota que había encontrado en la biblioteca y luego llevado a su casa. Regina la miro como si estuviera jugando, pero su rostro no tenía indicios de broma, así que tomo el objeto y lo miro detenidamente.

-No es nada mágico, Bella. -dijo Regina después de observar el objeto en sus manos y tratar de detectar algo mágico en la taza, Bella se sintió extrañamente aliviada.-Es solo una taza rota. ¿Que tiene de especial?.-pregunto la alcaldesa al entregarle la taza a Bella.

-Nada al parecer. -ironizo Bella guardando el objeto en su bolso, Regina la miraba con curiosidad.-Es solo que la encontré en la biblioteca hace poco y me dio curiosidad.-dijo la castaña encogiéndose de hombros.

- ¿Una taza rota te dio curiosidad?.-replico Regina con un gesto incrédulo, Bella asintió.-Creo que debes dejar de pasar tanto tiempo encerrada entre libros.-ironizo la morena con una sonrisa maliciosa, ganándose un gesto de regaño de Bella.

-Me dio curiosidad por que estaba en la biblioteca, yo no la deje ahí.-dijo Bella firme, Regina arqueo las cejas con resignación.-Y casi nadie visita la biblioteca así que no se quién pudo dejarla ahí.-se quejó Bella con un gesto confuso.

-Te creo, con lo maniática que eres con la limpieza de tus libros dudo que dejaras a alguien llevar algo de beber ahí.-ironizo Regina con un gesto sarcástico, Bella frunció el ceño pero tuvo que darle la razón en ese punto.

-Gracias por sacarme de la duda.-agradeció la castaña después de suspirar y darse cuenta que solo había estado dejándose sugestionar por los cuentos de August y Henry.-Buenas noches.-se despidió Bella antes de salir de la mansión, dejando a Regina con un gesto confuso, ese día habían pasado varias cosas raras.


Jazmín estaba en el bosque, quería buscar indicios que la llevaran al lugar donde se escondía la Reina de las Nieves. La princesa sabía que Zelena se enfadaría si se enteraba, pero tenía que hacer algo más que solo buscar en libros y fingir que nada pasaba, no estaba en su carácter quedarse quieta, quizá esa actitud explicaba que se metiera en tantos líos durante si vida. Aunque seguramente cuando llegara a casa y la pelirroja no la encontrara iba a enfadarse, ya luego se encargaría de eso.

-Oh vamos, debe haber algo por aquí. -murmuro la joven para no darse por vencida aún. Jazmín camino un par de metros más dentro del bosque cuando sintió crujir algo bajo el tacón de su bota, la ahora castaña bajo la mirada y vio un pedazo de hoja cubierta de hielo hecha pedazos al haberla pisado. La joven de ojos oscuros respiro profundo y se concentró en sentir la magia dentro de ella, forzándose a recordar un hechizo para detectar la magia en otra parte cercana que Maléfica le había enseñado una vez que se había perdido cerca del Fuerte Prohibido por jugar a aparecer y desaparecer sin controlar su magia aún. Jazmín arqueo una ceja un poco inconforme al ver que el rastro era débil y no tuvo más que seguirlo, cuando la parte mágica desapareció se empezó a guiar por los copos de hielo que había en la tierra hasta llegar a lo que parecía ser la capa oculta que mantenía a salvo el lugar de Ingrid.

-Muy interesante. -murmuro la joven sonriendo ligeramente al ver que con un movimiento de manos varias hojas y enredaderas desaparecían de una pared de piedra que seguramente ocultaba el escondite de Ingrid. Jazmín quiso tocar lo que parecía ser el muro de piedra y sintió el frio de tan solo acercar su mano, pero cuando toco el muro de inmediato la quito al sentir un hechizo de protección.

-Yo debo poder con este hechizo. -se dijo la joven tratando de convencerse a sí misma, cerró los ojos un momento y se concentró en el muro de piedra frente a ella, comenzando a ver que de sus manos se desprendían rayos rojos de luz que impactaban contra el muro y parecían debilitar el hechizo de protección y de ocultamiento para la guarida.

- ¡Si! -casi grito Jazmín cuando vio que el hechizo estaba por funcionar, pero antes de lograrlo el hechizo dejo de hacer el efecto deseado y el muro destello haciendo que Jazmín saliera volando por los aires sin poder evitarlo y cayera estrepitosamente contra un árbol y aterrizara en el suelo. La joven perdió el conocimiento a causa de una herida en la cabeza que sangraba, el hechizo en la guarida de Ingrid estaba intacto, nunca sufrió daño por la magia de Jazmín, había sido un truco para los intrusos que trataran de mirar donde no debían.


El campamento de loa hombres valientes estaba ubicado en el bosque de Storybrooke, un territorio que nadie conocía mejor que ellos y su líder, Robín Hood. El famoso arquero llevaba una vida relativamente tranquila, a veces cometían un par de robos para ayudar a los necesitados, pero nada que causara gran revuelo para no ser reprendidos por la policía, siempre eran casos que no podían probarse. En su vida estaba Roland, su pequeño hijo y lo que más le importaba en el mundo.

- ¡Hey, eso es trampa! -grito Robín al ver que su hijo corría para no ser capturado por su padre. Robín pretendió estar indignado para hacerlo reír a carcajadas mientras corría alejándose del campamento, seguido de cerca por su padre.

-¡Roland! Ya sabes que no debes alejarte demasiado del campamento. -reprendió Robín al ver a su hijo correr más rápido y casi perderlo de vista.

- ¡Atrápame, papá!. -grito el pequeño disfrutando de los juegos, hasta que se detuvo en seco al ver a unos cuantos metros a una joven de cabellos castaños que parecía desprender luces de sus manos, parecía magia. Roland la miro asombrado y sonrió emocionado ante la magia, dio media vuelta y corrió a buscar a su padre para que el también lo viera.

-Te atrape, pequeño tramposo. -rio Robín al atrapar a su hijo que se lanzó a sus brazos y alzarlo en el aire haciéndolo reír.

- ¡Tienes que venir conmigo, papi! -dijo Roland en cuanto estuvo de vuelta en el suelo, tomando la mano de su padre y arrastrándolo hasta donde había visto a la joven hechicera. Robín no entendía nada y creyó que solo estaba jugando, pero cuando llegaron ambos vieron a la joven inconsciente en el suelo. Robín y Roland corrieron a su lado y el arquero comprobó que solo estuviera inconsciente. -Papi, la niña está herida. ¿Podemos ayudarla? -pregunto Roland mirando el rostro de la joven con una herida en la frente, Robín miro la cara tierna de su hijo y no pudo negarse, derritiéndose ante la mirada preocupada de su pequeño.

-Claro, Roland. La llevare con un doctor, pero tú debes volver al campamento. -dijo Robín tragando saliva al sentirse alarmado por la salud de una desconocida cuando la toco para observar su herida. El arquero la tomo en brazos como si no pasara nada y hasta ver a su hijo correr y llegar con John se encamino al hospital lo más rápido que sus piernas le permitían.


Regina estaba en su habitación, había cenado con Henry y después se dio una ducha para relajarse, no podía evitar pensar que había sido un día extraño, pero no le tomo más importancia. La alcaldesa estaba terminando a punto de meterse en su cama cuando la puerta de su habitación se abrió y una sonrisa se formó en sus labios al saber que David ya estaba en casa. El príncipe se quedó unos segundos en la puerta, observando la perfecta anatomía de su mujer, especialmente con la vista que ofrecía con ese ligero camisón de seda negro, esa mujer era capaz de tentarlo aun sin proponérselo. David se quitó la chaqueta negra y la dejo cerca del armario antes de acercarse a su esposa.

-Buenas noches, alcaldesa. -murmuro David cerrando la puerta y dando un par de pasos hasta ella, rodeando su cintura por detrás y besando su cuello suavemente. Regina sonrió y no pudo evitar estremecerse al sentir las manos de David deslizarse por su cuerpo con lentitud. David amaba a Regina, con suavidad la hizo girarse para poder mirarla a los ojos y besar sus labios.

- ¿Día complicado, sheriff? -pregunto Regina con un tono provocativo, pasando sus brazos por el cuello de David, ambos a escasos milímetros de distancia. David no la soltaba, la tenía sujeta por la cintura y ella estaba aferrada a su cuello, ambos mirándose.

- ¿Que puedo decir? Un pirata encerrado por disturbios, un par de llamadas por bromas de niños, y pude haber llegado temprano, pero Leroy decidió que era una buena noche para buscar pelea en un bar así que tuve que ir a poner orden. -decía David como si nada, deleitándose al bajar la mirada hacia el generoso escote que ofrecía su mujer. - ¿Qué tal te ha ido a ti? -pregunto David deslizando su mano hasta el escote de Regina, jugando con el pequeño listón que tenía su camisón.

-Me he quedado sin secretaria. -informo Regina con un gesto de resignación, haciendo que David arqueara las cejas y la mirara con una sonrisa divertida.

- ¿Ya la quebraste? ¿Cuánto duro? Creo que duro un poco más que las anteriores. -dijo David con un tono bromista, ganándose una mirada asesina y un golpe en la nuca de parte de Regina, quien rodo los ojos y fue callada momentáneamente por los labios de David.

-Muy gracioso, Charming. -siseo Regina con un tono de pocos amigos, pero David arqueo las cejas y la pego aún más a el. -Renuncio con una carta firmada, ni siquiera me dio motivos. Tendré que buscar a otra que ocupe su puesto. -se quejó Regina de solo pensarlo, David rio por lo bajo y beso sus labios suavemente.

-No tienes que preocuparte, te encargaras de eso mañana, te conozco. -menciono David encogiéndose de hombros y besando su cuello con toda la intención de estremecerla. -¿Ya te dije hoy que te amo?-pregunto David con un gesto confuso, haciendo reír a Regina, quien fingió meditarlo.-Te amo, mi sexy reina.-murmuro David besando sus labios, pasando a su cuello y terminando mordiendo la oreja de Regina, quien no tardo en

-Sabes que cuando haces eso no puedo pensar.-murmuro Regina correspondiendo al beso fugaz de David, quien con agilidad la alzo en brazos, haciendo que Regina enredara sus piernas en su torso, la morena ya había comenzado a arrancar los botones de la camisa del rubio.

-No pienses.-murmuro David mirándola divertido, devorando los labios de Regina, quien mordió su labio inferior haciéndolo intensificar sus besos.-Henry está dormido, pase a verlo y tenemos un muy útil hechizo en esta habitación.-recordó David sonriendo maliciosamente al ver que Regina daba un vistazo rápido a la puerta ya cerrada con seguro.

-Te amo.-rio Regina al darse cuenta de que David se adelantaba a sus pensamientos sobre su hijo, la reina lo tomo del rostro y beso sus labios intensamente, antes de que David la tumbara sobre la cama y le permitiera quitarle la camisa con movimientos agiles y rápidos. El rubio ya se estaba quitando el cinturón y sus zapatos ya estaban fuera de la cama. Regina pasos sus manos por el pecho desnudo de David, deleitándose con su cuerpo y besando su pecho, lo tomo del cabello y lo atrajo a ella para besarlo. El príncipe la sujeto de la cintura y sin pensarlo mucho el camisón de seda salió volando por los aires sin más, de la misma forma que los pantalones de David no tardaron demasiado en acabar en algún rincón de la habitación.


El hospital de Storybrooke rara vez veía emergencias que causaran un gran alboroto, era un pueblo tranquilo que tenía los accidentes habituales como alguna herida en un pleito de borrachos, alguna caída accidental, cosas por el estilo. El doctor Whale aprovechaba que tenía momentos libres para pasarlos en compañía de Ruby, quien lo visitaba a menudo en sus descansos. La morena estaba sentada muy cerca de Whale en la entrada del hospital para tomar un poco de aire fresco, entre ambos había un ambiente agradable, risas coquetas, frases insinuadoras, un par de besos fugaces para no enrojecer a las enfermeras y provocar quejas por conducta inapropiada. Ruby acorto la distancia prudente entre ella y Whale para besarlo intensamente aprovechando que estaban solos, hasta que las puertas de emergencia se abrieron y ambos prácticamente saltaron para separarse pensando que se trataba de alguna enfermera, pero se encontraron con otra situación.

- ¡Robín! ¿Qué fue lo que paso?.-pregunto Whale comenzando a alarmarse al ver al famoso arquero entrar por las puertas del hospital con una joven en los brazos inconsciente y con rastros de sangre en el rostro. El rostro de Robín tampoco ayudaba, el arquero tenía el semblante marcado por la preocupación, así que Ruby y Whale corrieron a él.

-¿Quién es ella? ¿Qué le paso?.-pregunto Ruby sorprendida al ver al arquero sosteniendo a una joven que nunca había visto antes.

-Tienes que ayudarla, Whale. -pidió Robín sintiéndose extrañamente mal al pensar que algo pudiera pasarle a esa desconocida. -No sé quién es, Ruby. Yo solo la encontré en el bosque, estaba inconsciente y herida así que la traje. -explico Robín dejando a Jazmín cuidadosamente sobre la camilla que un par de enfermeras le llevaron a Whale.

-No parece nada grave.-dijo Whale después de examinar de cerca la herida en la frente de la joven, suponía que el golpe había sido fuerte y tanta sangre alarmaba a cualquiera.-Debo ir a revisarla mejor, pero no creo que sea para preocuparse, solo es una herida en la cabeza por eso la sangre.-explico Whale para alivio de Robín y Ruby que se había contagiado de su preocupación, ambos observaron a Whale desaparecer junto a Jazmín que seguía inconsciente.

- ¿Sabes qué fue lo que le paso? -pregunto Ruby cruzándose de brazos, la curiosidad era una de sus debilidades.

-La verdad no.-respondió el arquero encogiéndose de hombros, el susto inicial ya se había desvanecido. -Estaba en el bosque con Roland y escuchamos un ruido, luego la encontramos. Roland dijo que vio luces y hielo.-relato el ladrón con un gesto confuso. Ruby frunció el ceño al pensar en luces en el bosque, recordaba haber visto a Regina provocar luces cuando hacia magia.

-Tal vez solo resbalo, el bosque no es para todos. -bromeo la morena para desviar los pensamientos de Robín, quien sonrió un poco.-¿Y Roland? No han ido a Grannys últimamente. -comento la mesera con una sonrisa amable, las ventajas de ser pueblo pequeño era que la mayoría se conocían.

-Quizá, es solo una niña. La traje porque si algo le sucediera a Roland yo querría que alguien lo ayudara. -dijo Robín encogiéndose de hombros.-Roland se quedó en el campamento con John, y creo que debería volver ya.-dijo el arquero después de ver la hora en el reloj de la pared del hospital. Ruby asintió y se despidió de él, observándolo marcharse. La morena no pudo evitar sentir curiosidad por la desconocida que acababa de entrar al hospital, en especial después de escuchar acerca de las luces que vio Roland.


Ruby estaba sentada en un pequeño sofá en una de las habitaciones del hospital de Storybrooke, observando con curiosidad a la joven castaña que dormía en la cama. La mujer lobo siempre había sido directa y pocas veces prudente, así que en cuanto imagino que la joven desconocida poseía magia se las ingenió para convencer a Whale de dejarla cuidar a la niña y esperar en su cuarto a que despertara. Ruby estaba distraída mirando sus uñas color rojo cuando se percató de que la niña comenzaba a moverse, la morena presto atención y la observo abrir los ojos con un gesto de confusión. Jazmín abrió los ojos y por instinto se llevó la mano a la frente, notando una pequeña venda, la joven estaba por levantarse cuando noto que no estaba sola en ese extraño cuarto.

- ¿Dónde estoy? -pregunto Jazmín notando que su ropa estaba manchada de lo que parecía ser tierra, sus ojos se clavaron en la mujer de cabellos negros y mechones rojos frente a ella. La princesa recordó que había estado en el bosque y saco sus conclusiones, Ruby se levantó y la miraba cruzada de brazos. - ¿Que hago aquí? -pregunto la joven comenzando a inquietarse.

-Tienes una herida pequeña en la frente, nada grave, niña.-dijo Ruby observándola detenidamente con curiosidad.-Ni siquiera habría hecho falta que te quedaras aquí pero estabas dormida.-dijo la morena encogiéndose de hombros, la joven arqueo las cejas.

- ¿Y tú quién eres?.-pregunto la princesa con curiosidad al ver a esa mujer que se vestía tan peculiarmente, le gustaba el color rojo y al parecer a esa extraña también.

-Tranquila, niña.-dijo Ruby al verla incorporarse con un gesto incomodo.-Me llamo Ruby, no te hare daño si eso crees.-rio la morena con diversión, por alguna razón Jazmín le creyó.-¿Tu cómo te llamas? ¿Te duele algo?.-pregunto la mesera curiosa, pero la joven negó con la cabeza.

-Estoy bien. -aseguro Jazmín, Ruby se encogió de hombros. -¿Quién me trajo aquí?.-pregunto la joven acordándose de Zelena, la pelirroja la asesinaría cuando se llegara a casa.

-Estas en un hospital, me las arregle para que te dejaran aquí dormida, no te paso nada.-dijo Ruby como si nada, Jazmín la escuchaba callada.-Un amigo, Robín Hood, te trajo aquí. Al parecer él te encontró herida en el bosque.-conto Ruby sin dejar hablar a la niña, quien al escuchar el nombre de Robín trato de no demostrar emoción alguna para no delatarse.-¿Eres nueva en el pueblo? No recuerdo haberte visto antes. -dijo la morena animadamente, abrumando a Jazmín con su rápido hablar. -Aunque quizá eras más pequeña y no lo recuerdo. ¿Tienes magia, no es así?.-pregunto Ruby con un gesto inocente y despreocupado, haciendo que Jazmín casi dejara caer su mandíbula.-No te preocupes, no es nada malo. A menos que no la controles y acabes herida. ¿Es reciente?.-pregunto la morena al necesitar aire para respirar, dejando a Jazmín casi muda. Ruby permaneció en silencio, dándole oportunidad a Jazmín de hablar por fin.

-Yo…-Jazmín intento hablar, pero callo unos segundos para pensar algo rápido, sin perder de vista a Ruby, quien esperaba una respuesta con un gesto de curiosidad que no se podía ocultar. -Soy del Bosque Encantado. Y si, esto de la magia es reciente, no salía tanto porque creía que era peligroso, yo vivo sola.-dijo Jazmín bajando la mirada, sintiendo algo de culpa por mentir tan descaradamente.

-No te preocupes, nena.-dijo Ruby cayendo en las redes de la joven que lucía cual niña desprotegida y temerosa, le salía natural.-Sé que debe ser difícil tener un poder que no controlas y no tener quien te enseñe a usarlo.-dijo la morena con un gesto compasivo al acercarse a ella y tomar asiento en el pequeño colchón, haciendo que Jazmín se mordiera el labio inferior por mentir.

-Yo no quiero lastimar a nadie con mis poderes, lo prometo.-musito Jazmín para no arriesgarse a que todos la creyeran una amenaza y el secreto se revelara tan pronto, su gesto de inocencia pareció surtir efecto en Ruby, quien la miro cálidamente.

-Te creo, no tienes que decirlo.-dijo Ruby sintiendo confianza, la joven le dedico una de sus mejores sonrisas inocentes.-Además, yo sé de alguien que puede ayudarte a aprender sobre tus poderes.-dijo Ruby con una sonrisa traviesa, la joven arqueo las cejas al no ver venir aquello.-La alcaldesa también tiene magia, es la única que podría ayudarte con esto.-dijo Ruby encogiéndose de hombros, Jazmín enmudeció momentáneamente.

-¿En serio?.-pregunto Jazmín fingiendo ternura, Ruby asintió despreocupadamente. La princesa tuvo que contenerse para no emocionarse, esa mujer le acababa de brindar la solución para poder acercarse a su madre sin levantar sospechas, no sabía quién era Ruby pero definitivamente le agradaba.

-Claro.-aseguro Ruby con un gesto relajado, pensando como haría para convencer a Regina de eso.-Solo falta un detalle, no me has dicho cuál es tu nombre, niña.-recordó Ruby con un gesto relajado, Jazmín rio para tener unos segundos más para pensar.

-Rose. -mintió Jazmín con una sonrisa cálida y amable al tender la mano hacia Ruby, quien arqueo las cejas con una sonrisa y estrecho la mano de esa curiosa oven de ojos oscuros y cabellos castaños. La princesa no tardó mucho en marcharse del hospital, después de acordar con Ruby que la buscaría al día siguiente.


Esa noche nada interrumpiría los sueños de todos en Storybrooke. En la mansión Mills el silencio reinaba, Regina dormía cómodamente sobre el pecho de David, quien la abrazaba y dormía sin nada que lo perturbara, en la habitación siguiente Henry dormía plácidamente. Por otro lado, en el bosque Robín dormía dentro de su tienda junto con Roland, su pequeño hijo dormía en la misma postura que su padre, ambos dormidos sin más preocupaciones. En el muelle, Hook había logrado colarse en el Jolly Roger con la compañía de una guapa mujer, de la cual no recordaba el nombre, ambos dormían cómodamente en el camarote principal con un par de botellas de ron vacías tiradas en el piso. Lejos de ahí, en la granja de Zelena, la princesa había tenido que aguantar los regaños de Zelena por arriesgarse, pero después de un par de minutos y de tomar en consideración que podría acercarse a Regina comenzaron a darse cuenta que quizá no era malo lo sucedido y ambas se metieron a sus habitaciones para tratar de descansar. La madrugada paso sin problemas.


Regina estaba sentada frente a su escritorio en la alcaldía, la puerta de su oficina estaba cerrada, gracias a la repentina y muy inoportuna renuncia de su secretaria, para no ser molestada con cualquier cosa. La alcaldesa siempre se había sentido orgullosa de llevar de buena manera Storybrooke, las cosas eran tranquilas, pero para eso necesitaba alguien que cumpliera sus órdenes respecto a la oficina, y alguien a quien gritarle de vez en cuando.

-Buenas tardes, alcaldesa Mills. ¿Se puede? -la voz bromista de Ruby hizo que Regina levantara la vista de unos papeles cuando la mesera apareció en su puerta sin tocar, haciendo a la reina esbozar una sonrisa nada amistosa. Ruby no espero respuesta alguna y entro a la oficina cerrando la puerta detrás de ella.

-Ya estas adentro, Ruby.-replico Regina con un gesto irónico, haciendo a la mujer lobo rodar los ojos y restarle importancia con un gesto. Regina la miro con curiosidad, Ruby se dejó caer en una silla frente al escritorio y dio una vuelta como si fuera una niña en la oficina de un extraño.

-Me gusta tu oficina. ¿Ya te lo había dicho?.-pregunto Ruby girando en la silla y observando la gran oficina perfectamente decorada al gusto de la reina, quien contando mentalmente hasta diez asintió en silencio.-¿Y tu secretaria? He tenido que entrar sin anunciarme, arriesgándome a ver algo que no debería, por suerte el sheriff tiene trabajo hoy.-bromeo Ruby con un gesto pícaro, haciendo que Regina abriera la boca para interrumpirla y sacarla de ahí pronto.

-Que graciosa, Ruby. Mi secretaria renuncio. -resoplo Regina sonrojándose por un momento, entre Ruby, Kathryn y Bella jamás la dejarían de molestar sobre la única vez que había olvidado cerrar con llave su oficina durante un descanso de David. Ruby arqueo las cejas al escuchar de la renuncia de la secretaria, detalle que Regina noto y sintió curiosidad.

-Entonces no vas a querer ayudarme si tienes trabajo extra. -murmuro Ruby más para ella que para Regina, quien frunció el ceño. Ruby lo medito unos segundos, quizá era mala idea, quizá estaba haciendo lo correcto.

-¿Ayudarte? ¿Qué sucede? -pregunto Regina comenzó a preocuparse, esperando que la mesera hablara de una vez. - ¿Pasa algo malo? -cuestiono la alcaldesa mirando a Ruby expectante, pero ella negó con la cabeza.

-No, nada malo, creo.-dijo Ruby aliviando momentáneamente la preocupación de Regina, quien la miro con ganas de asesinarla por no ser clara.-Bien, te contare.-dijo la mesera rodando los ojos al ver que la paciencia de Regina estaba a punto de agotarse.-Estaba con Whale en el hospital y...-Regina comenzaba a ver de qué se trataba y rodo los ojos al pensar que algún empleado había encontrado al doctor y a la mesera en una situación comprometedora y pronto recibiría una queja.

-¿En el hospital? Ruby, debes respetar ciertos lugares.-replico Regina con una sonrisa descarada al ver a la morena sonrojarse sin poder evitarlo para disfrute de la alcaldesa, quien satisfecha espero a que Ruby se recuperara.

-¡Regina! No me refería a eso.-protesto Ruby completamente sonrojada, sorprendente dado el historial amoroso de la mesera, pensó Regina.-Como decía, estábamos en el hospital cuando llego una niña herida, no tendría mas de 16 años, nada grave. Pero lo curioso es que se hirió por hacer magia.-termino de contar Ruby, sonriendo satisfecha al ver los ojos de Regina destellando de curiosidad.

-¿Que?.-replico Regina procesando la información obtenida, Ruby asintió.-¿Magia? ¿Quién es esta niña? Se supone que aquí solamente Gold y yo tenemos magia, y las hadas no cuentan por que no sirven para nada y antes de usar magia tienen que pedirle permiso a la madre superiora, no sabía de nadie más. -dijo Regina frunciendo el ceño, odiaba perderse de información que era útil.

-Sabía que te interesaría, por eso creí que debías saberlo.-comento Ruby sonriendo satisfecha, Regina arqueo las cejas.-Hable con ella y parece agradable, creo que tener magia es algo nuevo para ella y al no saber cómo controlarla salió herida.-dijo la mesera con un gesto serio, Regina lo medito unos segundos y podía ser posible, ella tuvo magia sin saberlo y dominarla le costó trabajo.-Y por eso yo creí que tu podrías ayudarla.-termino de decir Ruby con su mejor gesto de inocencia, haciendo que Regina la mirara incrédula.

-¿Yo?.-replico Regina señalándose a sí misma, Ruby asintió.-¿Qué te hace pensar que yo voy a ayudar a una perfecta desconocida?.-pregunto la alcaldesa con arrogancia, haciendo que Ruby torciera el gesto al saber que si todo seguía así tendría que suplicar.

-Oh, vamos, Regina.-protesto Ruby con un gesto resignado, Regina siguió sin ceder.-Ella está sola y necesita controlar su magia, tú la podrías ayudar a controlar sus poderes y luego te olvidas de esto.-pidió Ruby encogiéndose de hombros, Regina negó con la cabeza pero solo consiguió que Ruby siguiera dando argumentos cada vez más desesperados.

-Si cierras la boca ayudare a esta niña.-la interrumpió Regina para callarla, haciendo sonreír a la morena.-¿Quién más sabe de ella?.-pregunto Regina con curiosidad.

-Nadie, ella me dijo que nadie sabe que tiene magia. -dijo Ruby levantándose de la silla, Regina asintió.

-Que siga así, y puedes decirle a esa niña que venga mañana a la hora que quiera. -dijo la alcaldesa con resignación, el tener que darle clases a una chiquilla que seguramente estaría hecha un manojo de nervios ante cualquier hechizo no era muy agradable. Ruby asintió y dio media vuelta para marcharse antes de que la alcaldesa se arrepintiera. -¡Ruby!.-la voz de la alcaldesa la detuvo antes de salir, la mesera se giró para mirarla.-No me has dicho su nombre.-recordó Regina con un gesto burlón.

-Rose.-dijo Ruby sin mucha importancia antes de salir de la oficina, dejando a Regina sola con sus pensamientos.

- ¿Rose?.-repitió Regina confusa, nunca había escuchado de alguna niña llamada así en su pueblo.-Es un lindo nombre.-pensó la alcaldesa sonriendo para sí misma, ese nombre siempre le gusto, en menos de un minuto su mente había olvidado el tema y se concentró en su trabajo.


Esa mañana Blanca había salido tarde de su casa para marcharse a la escuela a dar su clase, el día anterior había pasado la tarde ayudando a la madre superiora con los bebés a su cuidado. La maestra salió de su casa casi corriendo pensando en cuanto tiempo le tomaría llegar hasta la escuela, esa mañana no podría pasar por su café como acostumbraba. Blanca estaba casi a mitad de camino cuando algo la hizo detenerse en seco y dejar caer su bolso a causa de la sorpresa, quedando muda ante lo que veía. Justo en medio de la calle frente al reloj del pueblo estaba Rajah, el imponente tigre caminaba dejando a más de uno con ganas de gritar al verlo. Blanca pareció entrar en trance al toparse de frente con Rajah, sintiendo que todo su cuerpo se congelaba.

-¡No, no, no!.-murmuro Blanca tratando de retroceder lentamente para no atraer la atención del animal que la observaba fijamente, como queriendo lanzarse contra ella. Blanca permaneció totalmente inmóvil por varios segundos, paralizada de miedo, hasta que el animal siguió su camino por las calles dejando a Blanca al borde de un ataque cardiaco. La maestra respiro aliviada, sintiendo que sus piernas apenas le respondían, no tardó mucho en escuchar un par de gritos de personas que seguramente habrían visto lo mismo que ella.


David estaba en la comisaria cuando el alboroto no tardó en llegar hasta el, llamadas informándole de la alerta y la preocupación de las personas por haber visto a un tigre nada amigable rondando sus calles. El sheriff se extrañó ante esos relatos, salió a patrullar las calles y se sorprendió al encontrar a gente que corría en la misma dirección alegando haber visto al mismo animal. David lidio con las personas y las tranquilizo rápidamente, cuando se aseguró de tener todas las indicaciones para proceder tomo su celular para avisarle a Regina de lo sucedido, la alcaldesa no tardó mucho en atender su llamada.

- Regina, ¿estás en tu oficina?.-pregunto David mientras observaba por la ventana de su patrulla por si aparecía el famoso animal que causaba pánico en las personas. El sheriff pensaba rondar por la escuela para asegurarse de que Henry estuviera bien.

-Si, como siempre a esta hora. -ironizo Regina notando tenso al sheriff.-¿Qué pasa? ¿Henry está bien? -pregunto la alcaldesa sospechando que algo sucedía.

-Henry está bien, estoy patrullando por su escuela, no te preocupes por él. -dijo David para calmarla antes de soltarle lo demás. -Parece que hay un tigre en el pueblo.-dijo el rubio con un tono casi incrédulo, notando el silencio al otro lado de la línea.

-¿Hay un qué?.-replico Regina como si no hubiera escuchado bien, pero cuando David confirmo lo dicho ella corto la llamada. David torció el gesto y trato de llamarle de nuevo pero nadie contesto, conocía a Regina lo suficiente como para saber que ya estaba tratando de encargarse del asunto, así que continuo su camino para buscar donde estaba el tan mencionado animal para que dejara de preocupar a la gente.


Zelena y Jazmín habían salido juntas de la casa de la pelirroja, ambas tenían cosas de las cuales encargarse ese día y pretendían empezar desde temprano. La pelirroja iba regañando a Jazmín por lo que había pasado la noche anterior, mientras que la joven que llevaba puesto el collar para cambiar su apariencia solo la escuchaba con resignación.

-Anoche tuviste mucha suerte, mocosa. -regañaba Zelena con un tono serio, haciendo que Jazmín rodara los ojos al tener que escucharla de nuevo.

-Lo sé, ya dije que lo siento.-replico Jazmín con un gesto aburrido, Zelena rodo los ojos esta vez.

-Cuando estés en la tienda de Gold ten mucho cuidado con lo que dices y haces, ese hombre es desconfiado por naturaleza.-dijo Zelena con un gesto de pocos amigos al pensar en el.-Yo iré a revisar el Jolly Roger para ver si encuentro algo.-dijo Zelena, provocando que Jazmín estuviera a punto de interrumpirla.-Y si, mocosa, prometo que me encargare de Rajah.-dijo la pelirroja haciendo a Jazmín sonreír conforme.

- ¿Cómo haremos que mi mamá rompa el hechizo? -pregunto Jazmín con un gesto pensativo, Zelena la miro y suspiro con burla. -Sí, ya sé que con un beso de amor verdadero. ¿Tenemos que hacer que se acerque a Robín? -pregunto Jazmín inocentemente, Zelena torció el gesto levemente.

-Supongo que sí, Regina lo eligió a él. -dijo Zelena odiando la idea de tener que juntar a dos personas, pero obligándose a pensar en cómo lo harían. -Lo complicado será hacerlo, Regina está casada con David y por lo que vi están bastante cómodos. -ironizo Zelena.

-Ya pensaremos en algo para que recuerden. -dijo la joven encogiéndose de hombros, confiaba en que entre ambas podrían idear algo. - ¿Y qué pasa con Emma? ¿Cómo la encontraremos? -pregunto Jazmín recordando que aún no sabía que sucedió con la rubia.

-Ingrid ya tiene un plan trazado, tratare de que me diga que pretende y que fue lo que hizo con Emma.-dijo la pelirroja torciendo el gesto ante la idea de arriesgar su integridad física por la Salvadora. -Debo encontrarme con ella en un par de horas. -dijo Zelena casi con pesar, Jazmín asintió. Ambas habían llegado al pueblo más rápido de lo que pensaron, extrañándose al ver el ambiente un poco extraño.

- ¿Qué es lo que pasa aquí? -pregunto la princesa al ver calles vacías y luego a varias personas que caminaban de prisa y hacia la misma dirección. Zelena se hizo la misma pregunta, parecía que huían de algo en particular, ambas iban en dirección opuesta a los demás.

-No deberían ir por ahí, hay un tigre suelto y el sheriff ha pedido que nadie se acerque. -dijo una de las mujeres que caminaba sin detenerse, dejando a Jazmín y Zelena mudas y sorprendidas. Zelena y Jazmín se miraron de inmediato, ambas llegando a la misma conclusión.

-Rajah. -murmuraron ambas al mismo tiempo, torciendo los gestos. - ¿Cómo pudo salir del Jolly Roger? -pregunto Jazmín en voz baja a la pelirroja.

-Ayer deje a Hook en el muelle, si el brillante pirata estuvo en su barco tal vez sin querer lo libero. -gruño Zelena al pensar seriamente en asesinar a Hook, Jazmín arqueo las cejas y negó con la cabeza.

-Tenemos que encontrarlo. -dijo Jazmín seria, Zelena asintió y ambas se dispusieron a emprender su búsqueda, justo cuando vieron a Regina pasar a un par de metros de distancia camino al bosque. Ambas mujeres se miraron fugazmente y no hizo falta más, comenzaron a ir detrás de la alcaldesa para ver qué pasaba, era más seguro que buscar a ciegas. Zelena y Jazmín siguieron a Regina cautelosamente hasta el bosque, donde se ocultaron para ver que sucedía.


Roland estaba jugando con una de las flechas de Robín, quien lo había estado supervisando desde el campamento para asegurarse de que no se alejara demasiado de él. Robín se distrajo un momento cuando escucho que uno de los muchachos traía noticias acerca de algo que sucedía en el pueblo y no noto que Roland había empezado a alejarse un poco más del campamento. Roland jugaba a lanzar la flecha lo más lejos que pudiera tratando de darle a un objeto en específico, una roca o un árbol y ver qué tan buena era su puntería, así que sin darse cuenta ya se había alejado considerablemente de la vigilancia de su padre.

-Tigre. -murmuro Roland abriendo sus ojitos y dejando caer la flecha de sus manos al ver al imponente tigre que caminaba y se había detenido ante el pequeño, Roland sintió miedo ante el gran animal, quiso correr, pero no fue capaz. El pequeño miraba al animal con miedo, pero eso solo duro unos pocos segundos que parecieron horas, en la inocencia del niño se acercó despacio para tocar al animal, sin saber que al no reconocerlo el tigre podría hacerle daño.

-¡Pequeño, no te muevas!.-la voz de una mujer hizo que Roland se girara y se encontrara con la figura de Regina, quien a pasos rápidos se acercaba a él, haciendo que Rajah retrocediera por instinto y comenzara a gruñir al sentirse nervioso y observado.-Quédate quieto.-pidió Regina mirando a Roland fijamente, cuando se aseguró de que el pequeño estaba suficientemente lejos del animal se apresuró a acortar la distancia y con movimientos agiles tomo a Roland en brazos, al mismo tiempo que Rajah gruñía y rugía ferozmente al sentirse extraño en ese lugar. Roland se asustó con los ruidos del animal y aferro sus brazos en el cuello de Regina, ocultando su rostro en el hombro de Regina, quien cálidamente acaricio sus cabellos para tranquilizarlo. La reina sintió que su corazón se derritió con aquel pequeño de hoyuelos que la abrazaba fuerte, olvidándose por un segundo de que aún tenía que controlar al animal que estaba a un par de metros de ellos.

- ¡Roland! -la voz de Robín Hood en busca de su hijo hizo que Rajah se inquietara y comenzara a moverse bruscamente, asustando a Roland y haciendo que Regina lo estrechara más para calmarlo. Por un momento pareció que Rajah se lanzaría contra la reina y el pequeño pero una certera flecha paso cerca del rostro de Regina sin tocarla y ahuyento a Rajah, haciendo que el animal saliera en dirección opuesta a ellos y en pocos segundos desapareciera de su vista.

- ¡Papá! -grito Roland aun en brazos de Regina al ver a Robín acercarse a ellos con su arco en las manos, el arquero dejo caer el arco y sonrió aliviado al ver a su hijo, permitiéndose detener sus ojos en la atractiva mujer que sostenía a su hijo. Regina se giró con los ojos encendidos hacia aquel hombre que parecía haber descuidado a su pequeño y luego casi la había herido con su maldita flecha, pero tuvo que contener todos sus insultos por el pequeño. -Gracias, señorita. -dijo Roland con un tono educado y tierno, dedicándole su mejor sonrisa a Regina, derritiéndola por completo al ver sus hoyuelos. La reina le dio un beso en le mejilla y Roland la estrecho fuertemente en agradecimiento.

- ¿Están bien? -pregunto Robín al acercarse a la reina y a su hijo, ambos asintieron. El arquero tomo en brazos a Roland y noto la mirada asesina de la reina. -Lo lamento, mi hijo estaba jugando y en un segundo lo perdí de vista, gracias por ayudarlo. -musito Robín abrazando a su pequeño, Regina lo miraba tan severa como miraba a todos.

-Supongo que esas cosas pueden pasar con niños pequeños, por eso no deben andar en el bosque, no es lugar para niños. -dijo Regina con frialdad dedicada al arquero, haciéndolo arquear las cejas y mirarla fijamente. Robín dejo a Roland en el suelo un momento y revolvió su cabello. -Debes tener más cuidado, Roland. -dijo Regina cambiando radicalmente al dedicarle al pequeño una sonrisa cálida y un beso en la mejilla.

-Eres muy bonita, me agradas. -dijo Roland inocentemente, como todo niño con sinceridad, dejando a Robín con un gesto orgulloso y a Regina aún más sonriente. - ¿Puedo ir con el tío John y contarle que vimos a ese tigre? -pregunto Roland mirando a Robín con emoción, el arquero asintió y vio a su hijo alejarse hasta verlo llegar a donde estaba John esperando. En cuanto Roland desapareció, Robín noto que Regina perdía toda ternura del rostro y endurecía su gesto solo para él, supuso que iba a empezar a recibir algún reclamo.

- ¡Es usted un completo idiota, casi me da a mí con su flecha! -reclamo Regina con su mejor tono de autoridad, haciendo que Robín frunciera el ceño levemente ante sus gritos, pensando que para ser tan atractiva era bastante intimidante.

-Lo lamento, lo hice para ahuyentar a ese "gatito". -ironizo Robín con un gesto de disculpa e inocencia, haciendo que Regina arqueara una ceja en su mejor gesto arrogante y duro. - ¿Esta bien? -pregunto Robín mirando a Regina, recorriéndola con la mirada sin recato alguno lo más rápido que pudo para no ser recriminado por ello.

- ¿Quién eres tú? -pregunto Regina con desdén, mirando al arquero detenidamente, sin perder detalle de esos penetrantes ojos azules.

-Robín de Locksley, un placer. -se presentó el arquero con una amplia sonrisa y tendiendo su mano hacia la alcaldesa, quien miro su mano con un gesto altanero. El arquero sonrió ante el gesto de la alcaldesa, y retiro su mano al no ser correspondido.

-Así que tú eres el ladrón. -dijo Regina recordando el nombre, haciendo que Robín torciera el gesto de forma despreocupada. -Eso explica el arco y las flechas. -dijo la morena señalando el objeto tirado, Robín se encogió de hombros.

-Viniendo de la Reina Malvada lo tomare como un halago. -replico Robín sin intimidarse con su mirada de pocos amigos. La alcaldesa rodo los ojos ante esa sonrisa del arquero, quien parecía disfrutar de cada segundo que la miraba.

-No te emociones, ladrón. -ironizo Regina destacando la última palabra, haciendo que Robín riera por lo bajo. -Pude haber hechizado al tigre si no lo hubieras espantado, no te hubieras metido en mi camino. -siseo Regina con autosuficiencia, haciendo que Robín rodara los ojos.

-Lamento meterme en su camino para salvarla, majestad. -ironizo Robín con un tono por demás sarcástico, haciendo que Regina torciera el gesto con su atrevimiento.

-No deberías meterte en mi camino, nunca. -dijo Regina duramente, cruzándose de brazos y mirándolo fijamente a esos ojos azules que parecían hechizar.

- ¿Es eso una amenaza? -pregunto Robín acercándose un paso solo para mirar mejor esos ojos oscuros de la alcaldesa.

-Una recomendación, Hood. -respondió Regina sin titubear, sosteniéndole la mirada al arquero.

-Como menciono, soy un ladrón. No soy bueno siguiendo órdenes o recomendaciones. -dijo Robín con una sonrisa burlona que irritaba los nervios de Regina. -Me gusta improvisar y hacer lo que creo que es correcto. -declaro Robín con sinceridad.

-Lo sé, trate de capturarte por hacer lo correcto y robarles a las personas. -ironizo Regina con una sonrisa maliciosa, haciendo que Robín frunciera el ceño. -Debo irme, aún tengo un asunto que atender. -añadió Regina dispuesta a marcharse de ahí, pero Robín la detuvo al tomar su mano en un impulso y hacer que la reina lo mirara sorprendida. Robín noto lo que había hecho y de inmediato soltó la mano de Regina, ambos se habían sentido raros ante el contacto.

-Solo quería decirle gracias una vez más, por ayudar a mi hijo. -se excusó Robín, tratando de evitar el hecho de haberse atrevido a tocar a Regina, quien lo miraba fijamente y con severidad.

-Es un niño muy dulce y lindo. -dijo Regina como toda respuesta, dando media vuelta y comenzando a alejarse de Robín, quien la observaba alejarse con una pequeña sonrisa traviesa en los labios.

-Sí, es lindo. ¡Algunos dicen que se parece a su padre! -bromeo Robín solo para irritar a la alcaldesa, quien solo reacciono deteniéndose un momento y el arquero pudo jurar que la vio apretar los puños tan fuete que agradeció que llevaba guantes o de lo contrario sus uñas le habrían causado daño. Robín la observo desaparecer y borro la sonrisa de su rostro, debía regresar al campamento.


Heyyy! ¿Qué les pareció? ¿Muy enredado o no? Bueno, si han llegado hasta aquí agradecería muchísimo un review aunque sea pequeño para que me cuentes que piensan! Trate de dar guiños a la serie y en el próximo cap las cosas comenzaran a moverse mas para Regina muahahaha ¿Qué creen que sucederá?...Me he propuesto actualizar dentro de 10 días! Si dentro de 10 días hay 10 reviews actualizo muahahaha Besoooo!

Clau23…Wow!jajaja

OQFaith…En toda historia la felicidad se tarda en llegar, seria muy facil de otra manera. ¿Cómo no se va a sentir en una cuerda floja? Tiene a dos hombres que la adoran, que ella quiere y debe elegir a uno, creo que hasta yo tendria mis dudas jajaja Respeto tu opinión de marcharte y solo puedo decir GRACIAS por seguir la historia hasta este punto y comentar siempre, realmente es genial. Toda clase de review me encanta leer, asi que gracias por compartirme tu opinión. Besoo!

Rosalie and Jacob…Gracias! Bueno, en este cap las cosas giraron y ahora las miradas fueron entre OQ y los besos EC jajaja

MaLu-OUAT…Gracias!...He querido poner a Zelena de forma creible su redención, al menos intentarlo, por que adoro al personaje. Pobre Robín, aunque me has hecho reir con eso jajaja En este cap si que gano bastante con la reina jajaja Besooo!

AnniieCH…Eaaaaaa! Gracias!

EQLuisa….Eaaaaaaa! Ahí vamos avanzando jajaja Ahora si no puedes regañarme…Hubo bastante EvilCharming jajajaja

AbyEvilRegal4Ever123…Amonosss! Somos dos, ando en la universidad con todo y es pesado. Gracias!...El OQ siempre se divierte jajaja Jazmín no hubiera querido irse pero no tenia caso quedarse donde ya no hay nadie v.v Gold tendra que probar que realmente esta cambiando y no quedarse en el intento muahaha ¿Quién no quiso matarla? Zelena es una loca jajaja Habra relación WikedQueen sisters! Pobre Jazmín, se entero de golpe -.- ¿Quién no temblaría de miedo ante un regaño de la Reina Malvada? Justo como dices, asi quise que se lo imaginaran jajaja Por ahí tengo un fic Regina-August jajaja Queria poner un poquito de mas personajes y Kathryn siempre me agrado en la 1temp…EVILCHARMING hubo en este cap. ¿Te gusto? Zelena esta tratando, pero falta ver si resiste muahaha Ese regalito de Cora tendra repercusiones muahaha

Lina Montoya…¿A poco no son divertidas las tentaciones? Regina tiene karma y nada seria tan facil muahahaha Gracias!

Saray…Nunca nada es tan facil muahaha Al final si hubo dos escenitas OQ y vendrán mas. ¿Regina le sera infiel a David? Seria divertido que las cosas en esta "nueva realidad" resultaran al revés que en la "verdadera realidad" Karma para David jajajajaja Besoooo!

Jossedith1…GRACIASSSSS! ¿Qué tal este cap? El CaptainWiked gusto mucho mas de lo que pensé!jajaja Si, habrá mas de Emma-Jazmín muahaha Ame escribir esa parte con todos contra Zelena, la amo pero me la querían matar ahí jajaja Todos dudan de la PsicoGreen…Y con justa razón, es medio bipolar jajaja Malefica seguirá presente seguro! Me he dado cuenta que trabajo mas rapido bajo presión, intentare hacerlo seguido. Te adoro, besooooooo!