Holaaaaa! Volvi despues de mucho, para compensarlo les traigo un cap bastante largo, pensé en dividirlo en dos pero no me convencio la idea, asi que aquí esta. Por problemas con mi lap se me borro el capitulo la primera vez, pude recuperarlo pero si notan algun error avísenme en reviews para corregirlo…Ahora si, dejo que lean. Gracias por cada follow, fav y review!
August había logrado ver el rostro de la mujer rubia dentro del cuarto oscuro durante apenas unos segundos, pero eso había bastado para que un escalofrió lo recorriera por completo al notar el parecido con la descripción y dibujo en el libro de cuentos de Henry. El escritor llevaba a Henry del brazo para evitar que se le escapara, no había querido dejarlo asomar y ver a esa mujer, el mismo se había impresionado y el chico no tenía por qué pasar por lo mismo. August y Henry caminaron de prisa hasta salir del hospital tratando de no ser vistos por nadie conocido, el escritor ignoraba las múltiples preguntas de Henry, quien se quejaba por haber salido tan rápido que no tuvo oportunidad de ver a esa mujer que tanta curiosidad le daba de solo leer sobre ella. Una vez que estuvieron lejos de la entrada del hospital August pudo soltar a Henry.
- ¡Espera! -protesto Henry al lograr zafar su brazo del agarre del autor, quien al estar perdido en sus pensamientos regreso de golpe a la realidad cuando Henry se soltó. August miro al chico y frunció el ceño levemente al darse cuenta de que llevaba varios minutos caminando sin prestarle mucha atención.
-Lo siento, estaba distraído. -se excusó August tratando de relajarse un poco al ver que estaban lo suficientemente lejos del hospital. Henry lo miraba cruzado de brazos, como si aquello fuera lo más obvio del mundo.
- ¿Era ella? -pregunto Henry sin más rodeos, August trago en seco y guardo silencio. - ¡August! ¿Era ella la mujer rubia del libro? -pregunto de nuevo Henry, con aquella mirada que tenía cada vez que emprendía una nueva "operación". August supo que no podría evitar contestarle.
-No lo sé, Henry. -mintió August encogiéndose de hombros con un gesto de confusión fingido, Henry frunció el ceño inconforme. -Esa habitación estaba muy oscura y no logre verla por mucho tiempo. -se defendió August sintiéndose un poco culpable por mentirle al chico.
-Si no me hubieras sacado de ahí la habrías podido mirar mejor. -se quejó Henry en un gesto calcado a Regina. August se encogió de hombros y Henry solo pudo rodar los ojos. - ¿Estás seguro que no la viste bien? -pregunto el chico con un gesto esperanzado, pero el escritor negó con la cabeza.
-Si nos quedábamos un poco más nos hubiera visto esa enfermera, y tu madre me asesina si se entera de esto, Henry. -bromeo August para distraerlo, haciendo que Henry tuviera que darle la razón en eso.
-Es cierto. -rio el chico divertido al imaginarse a August intimidado ante su madre. - ¿Por qué alguien tendría a una persona en un lugar así? -pregunto Henry con un gesto de desagrado, August se encogió de hombros y ambos empezaron a caminar de nuevo.
-Algunas personas están enfermas y es necesario. -explico August con un gesto neutral. -Quizá esa mujer sea peligrosa, no sabemos nada de ella, mucho menos por que la tienen ahí. -medito August con un gesto pensativo.
-Pues es un lugar deprimente. -sentencio Henry con seriedad, August asintió.
-Lo es. -acepto August negando con la cabeza. -Ahora debo llevarte a casa, si tu madre se entera de que has salido sin su permiso nos ira muy mal a los dos. -ironizo August pasando un brazo sobre los hombros del chico y encaminando con un poco más de prisa.
-Bien. -gruño Henry sin más remedio que caminar. -Pero debemos volver a ese lugar, yo quiero ver si es ella. -sentencio el chico con más firmeza de la que August hubiera deseado, conocía lo terco que podía ser ese niño, tanto como la misma Regina Mills y eso no era bueno en ocasiones como esa.
-Ya lo veremos, Henry, ahora debemos correr. -dijo August con un gesto para distraerlo y que sacara de su mente cualquier idea acerca de cómo volver a ver a esa extraña mujer. Ambos emprendieron carrera hacia la mansión.
Regina y Robín habían guardado silencio durante los primeros minutos que estuvieron juntos en la misma mesa, como si no encontraran algún tema en común que los hiciera hablar sin algún insulto disimulado. La reina no se tomaba la molestia de disimular sus miradas frías y severas dedicadas al ladrón, quien se limitaba a sonreír para irritación de la morena. Robín la miraba más de lo que desearía Regina, hasta que ambos se cansaron del incomodo silencio y comenzaron a platicar un poco forzados, empezando el ladrón por contarle un poco de su campamento y ella de su empleo.
-Entonces…Eres el rey de los ladrones. -siseo Regina con una mirada maliciosa totalmente dedicada a Robín, quien arqueo una ceja y contuvo un gruñido ante el apodo, gesto que fue deleite para la reina al conseguir molestarlo un poco.
-Lo era. -corrigió Robín con un gesto serio, Regina arqueo las cejas en un gesto de no creerle nada. Robín sonrió levemente al ver su oportunidad de regresarle un poco sus atenciones. -Aunque viniendo de la Reina Malvada no suena nada mal, es casi halagador. -ironizo Robín encogiéndose de hombros y tomando su bebida para disimular su sonrisa al ver como el gesto de Regina se tensaba tanto que casi pudo jurar que sus ojos desprendían hielo.
-Te hubieras podido ahorrar la última palabra. -replico Regina con un gesto frívolo, haciendo que Robín dramatizara un gesto de disculpa, mismo que la hizo torcer el gesto. -Si estuviéramos en el Bosque Encantado eso te valdría para una ejecución, ladrón. -siseo Regina con una sonrisa maliciosa, recalcando la palabra ladrón para molestia de Robín.
-Por suerte para mí no estamos en el Bosque Encantado, Majestad. -ironizo Robín con una amplia sonrisa descarada, dejando a Regina con un gesto de resignación. -Y, además, tenemos dos copas de vino para soportarnos. -rio el arqueo tomando su copa y bebiendo un sorbo.
-Una tortura voluntaria. -corrigió Regina con un gesto irónico, haciendo que Robín arqueara una ceja. Regina sonrió para sí misma y tomo su copa sin quitarle los ojos al arquero. -Tú fuiste quien irrumpió en mi mesa, yo estaba muy bien cenando sin compañías indeseadas. -musito Regina con tal elegancia que Robín no pudo evitar preguntarse cómo era capaz de insultarlo tan diplomáticamente.
-Solo me acerque a saludar para no ser descortés. -replico Robín sintiendo la necesidad de excusarse, rogando por no sonrojarse ante la sonrisa divertida que Regina escondía detrás de su copa al beber un sorbo de vino tinto. -Acompañarla a cenar es lo menos que podía hacer después de que salvo a mi hijo. -dijo Robín aclarando su garganta con algo de nerviosismo.
-No fue nada, es un niño encantador. -aclaro Regina con sinceridad, haciendo que Robín se relajara al verla sonreír de aquella forma. El arquero se impresionaba con la facilidad de esa mujer para cambiar de expresiones en segundos, pasaba de una mirada tan fría como el hielo a dedicarle esa sonrisa cálida y dulce al hablar de Roland, era increíble, aunque el encanto solo duro unos segundos. -El pequeño no tiene la culpa de ser hijo de Robín Hood. -añadió Regina con inocencia, haciendo que el arquero torciera el gesto.
-Ese fue un tiro a traición, alcaldesa.-ironizo Robín fingiendo indignación, haciendo que Regina arqueara las cejas sin más que una expresión de satisfacción.-¿Por qué siempre es tan arrogante?.-pregunto Robín sin poder evitarlo, era una pregunta mal formulada, y se arrepintió hasta la medula al ver la mirada asesina que Regina le dedicaba, como si deseara quemarlo vivo hasta reducirlo a cenizas.-Lo dije mal, perdón.-se apresuró a disculparse Robín, haciendo que Regina torciera el gesto.-Solo digo que para ser una mujer tan hermosa no sonríe demasiado.-dijo Robín encogiéndose de hombros.
-Sonrió más de lo que se imagina, ladrón. -siseo Regina con un gesto frio, haciendo que Robín la mirara callado. -Solo que mis sonrisas son para quienes se lo merecen. -añadió la morena con altanería, haciendo que Robín tragara en seco.
- ¿Entonces, esa sonrisa fría que parece desear la muerte de su objetivo es especial para mí y el resto de los mortales? -pregunto Robín señalándola con un gesto bromista, haciendo que Regina se impresionara ante su valentía para tentarla. -Retiro lo dicho, retiro lo dicho. -rio Robín al ver que la morena estaba lista para atacarlo verbalmente. La reina tuvo que ceder al ver al arquero sonreír y encogerse de hombros en señal de rendición, una sonrisa apenas visible cruzo su rostro por fugaces segundos.
Regina y Robín cenaron sin prisa alguna. Regina sabía que David tardaría controlando los disturbios en el bar y luego en la comisaria, además de saber que Henry ya estaba en casa seguramente dormido, así que podía tomarse su tiempo en llegar a casa. Por su parte, Robín sabía que sus hombres seguramente eran los causantes de la pelea en el bar, y para su tranquilidad sabía que John estaba al cuidado de Roland, mejor niñero no podía tener. Ambos charlaron gratamente cómodos y no solo para sorpresa de ellos, no faltaron un par de miradas curiosas de ver a aquellos dos personajes cenando tranquilamente, pero nada que resultara problemático. Al pasar un par de horas Regina decidió que era hora de marcharse, Robín insistió en acompañarla al auto y ambos tomaron caminos distintos.
David había llegado al bar donde lo habían llamado y tardo poco más de media hora para calmar los ánimos, costándole un par de detenidos que se rehusaban a meterse a la patrulla. El príncipe comenzaba a preguntarse en que había estado pensando para aceptar a Hook como compañero. El pirata subió a la patrulla después de recibir una mirada severa de su jefe y no dijo una sola palabra durante el camino a la comisaria, contrario a los arrestados que iban esposados y protestaban sin parar, dejando ver cuantas copas de alcohol habían bebido. El príncipe ignoro las protestas de los hombres que provocaron la pelea y los dejo en la celda, después de cerrar y guardar la llave se dirigió a su oficina, seguido de Hook. El pirata parecía no saber qué decir, estaba cruzado de brazos, pero una sonrisa burlona adornaba su rostro al ver a los hombres del bar tras las rejas por provocar disturbios, al menos eso era bueno para él. David dejo pasar a la pequeña oficina al pirata y cerró la puerta para tener algo de privacidad.
-Te dejo unas horas solo, unas horas, Hook. -musitaba David con un gesto entre cansado y resignado. -Y lo primero que haces es pelearte en un bar, pelarte con los sujetos que debías detener. -reprocho David en su mejor tono de sheriff del pueblo.
-David, no exageres. Yo no empecé la pelea. -se defendió el pirata con despreocupación al encogerse de hombros, dejando al rubio con un gesto incrédulo, preguntándose si se estaba burlando de él o realmente no le interesaba el asunto.
-Se supone que ahora eres quien debe evitar las peleas, no participar en ellas. -gruño David con un gesto de pocos amigos, Hook torció el gesto al tener que darle la razón en aquel punto. El príncipe se llevó una mano al rostro y respiro profundo antes de ceder a sus ganas de encerrar al pirata también. -Debería dejarte en esa celda a ti también. -gruño el príncipe con malicia.
- ¡Por favor! -protesto Hook con un gesto de sufrimiento. - ¿Tienes idea de lo malos que son esos colchones? Son pésimos para la espalda. -se quejó el pirata con un gesto de negación, David tuvo que reprimir cualquier indicio de risa y mantuvo su seriedad intacta. -No volverá a pasar, te lo aseguro. -prometió Hook con seriedad, con la seriedad que podía reunir al menos.
-Tienes suerte de que sea tu primer día. -ironizo David apiadándose del pirata con gesto de sufrimiento. - ¿Qué fue lo que paso? -pregunto el príncipe con curiosidad, cruzándose de brazos y apoyándose sobre el escritorio sin dejar de mirar a Hook.
-Pelea en un bar, hombres borrachos y poca paciencia de mi parte. -gruño Hook cruzándose de brazos con un gesto de desagrado, negándose a hablar más. David rodo los ojos.
-Deje una muy buena y prometedora cena con mi esposa por ir a salvarte. -gruño David con un gesto de molestia. -Así que por lo menos quiero saber que causo que pelearas. -sentencio el príncipe con firmeza, Hook bufo por lo bajo.
-Esos tipos me provocaron. -se excusó Hook como si nada, David lo miro seriamente y el pirata tuvo que asentir. -Estaban molestando a una mujer, empezaron a pelear y el dueño del bar llamo a la comisaria, así que cuando llegué yo detuve la pelea. -explico Hook encogiéndose de hombros, David asintió y lo miro para que continuara. -No se tomaron en serio que yo estuviera trabajando aquí y lo demás ya lo sabes. -termino de contar el pirata con un gesto de resignación.
-Sí que diste un gran ejemplo de tu trabajo en la comisaria. -ironizo David negando con la cabeza y sonriendo con algo de burla, ganándose la mirada asesina del pirata. -No puedes dejarte provocar así, Hook. -dijo el sheriff rubio con seriedad. -Quizá no sea buena idea que trabajes aquí. -murmuro David con cansancio.
-No lo hagas más grande, David. -replico Hook despreocupado. -Fue mi primer día, no volverá a pasar, y en caso de que suceda prometo no volver a pisar la comisaria. -prometió Hook con sinceridad, David asintió sin más remedio.
-De acuerdo. -acepto David respirando profundo, tomando sus llaves sobre el escritorio y guardándolas en el bolsillo de su chaqueta. Hook se encogió de hombros aliviado. - ¿Por qué mujer empezó el problema? -pregunto David con curiosidad mientras se dirigía a la puerta para marcharse.
-Una pelirroja. -respondió Hook con un gesto de resignación, haciendo que David arqueara las cejas. Hook frunció el ceño y el sheriff decidió no seguir preguntando y olvidar el asunto por ahora, solo deseaba llegar a casa.
Durante el camino a casa Jazmín y Zelena estuvieron calladas. La pelirroja notaba que su sobrina estaba distraída o perdida en sus pensamientos y comenzaba a sospechar que algo le sucedía, mientras que Jazmín no había notado la mirada persistente de Zelena sobre ella. Jazmín no dejaba de pensar en que debía ocultar las cenizas de Maléfica de Zelena, la pelirroja no tardaría en sospechar que algo sucedía si se descuidaba. En cuanto Zelena abrió la puerta de la casa Jazmín entro corriendo hacia su habitación, alcanzando a escuchar un grito de Zelena, grito que ignoro y entro a su habitación, dejando a Zelena parada a mitad de la sala con un gesto de incredulidad.
- ¡Mocosa! -gruño Zelena al ser casi empujada por su sobrina cuando paso corriendo a su habitación. - ¿Qué pasa contigo? -pregunto la pelirroja con un gesto de confusión al encaminarse a la habitación de la joven y deteniéndose en la puerta, mirando a la princesa que se detuvo de espaldas a ella antes de poder abrir las puertas de su armario.
-Lo siento, tía Zelena. -replico Jazmín con un tono bromista y una sonrisa inocente al girarse a ella, fingiendo naturalidad con un talento heredado de las Mills.
- ¿Estas bien? ¿Paso algo que no me has dicho? -cuestiono Zelena cruzándose de brazos, mirando fijamente a la joven en busca de algún indicio de mentira, pero Jazmín negó con la cabeza sin titubear.
-Nada paso. -aseguro Jazmín encogiéndose de brazos y tirándose a su cama con aires de cansancio fingido, Zelena frunció el ceño y se acercó a ella. -Es solo que no tengo ganas de cenar, preferiría dormir un poco. -mintió Jazmín acomodando sus almohadas bajo su cabeza. Zelena lo medito unos segundos y se dejó caer en la cama junto a la princesa, ambas miraban al techo.
-Eso era sencillo de decir, yo también deseo descansar, ha sido un día largo. -dijo Zelena cerrando los ojos momentáneamente. - ¿Estas segura que no pasa nada? -pregunto la pelirroja mirando a la joven con curiosidad, pero Jazmín se limitó a negar con la cabeza. - ¿Estas enojada por que no quise ayudarte con lo de Maléfica? -pregunto Zelena sin ningún tipo de tacto.
-No, tu tenías razón. Es una locura tan solo pensarlo. -mintió Jazmín con inocencia perfectamente dominada, Zelena respiro profundo y asintió. Jazmín se acomodó mejor sobre su cama y Zelena también se movió un poco para estar más cómoda.
-Aunque hubiera aceptado ayudarte no sabría cómo hacerlo, lo siento. -se disculpó la pelirroja sinceramente, tomando por sorpresa a Jazmín. La princesa sintió una punzada de culpabilidad al ver a la pelirroja mirándola con honestidad.
-Lo sé, no tenías que decirlo. -murmuro Jazmín encogiéndose de hombros y sonriéndole a Zelena. La pelirroja asintió conforme y se levantó de la cama para marcharse a su habitación. La princesa sintió la necesidad de decirle algo y se incorporó en la cama, sentándose para poder mirar a Zelena antes de que se fuera. -Gracias. -murmuro Jazmín deteniendo a la pelirroja en la puerta y haciéndola girarse.
- ¿Gracias? -pregunto Zelena extrañada, la joven asintió. -Sé que soy extremadamente hábil para la magia, pero aun no soy adivina, debes ser más específica. -ironizo la pelirroja perdiendo esos segundos de debilidad que tuvo solo hace unos segundos y retomando su arrogancia
-Sé que estas intentando cambiar de verdad, sé que te esfuerzas por ayudar con todo lo que está pasando. No será fácil para ti tratar de hacerlo después de tantas cosas, pero aquí estas y hasta ahora no has intentado huir, te quedaste conmigo, eso me agrada. -confeso la princesa con una sonrisa sincera, tomando por sorpresa a Zelena. La pelirroja se había quedado sin que decir por unos segundos, nunca se le dio bien los temas de sentimientos.
-Tampoco te encariñes tanto, mocosa. -replico Zelena sonriendo maliciosamente, la joven rodo los ojos y rio. -No te amo, ni nada de eso, si es que lo crees. -dijo la pelirroja tratando de no perder su estilo y saliendo de la habitación sin más.
-Tal vez, pero yo quizá si pueda llegar a quererte. Algún día, cuando olvide lo que paso en Agrabah. -dijo Jazmín devolviéndole el sarcasmo, haciendo que Zelena gruñera y se alejara con más prisa. Jazmín solo pudo reírse un poco. En cuanto Jazmín escucho la puerta de la habitación de su tía cerrarse se levantó de la cama de un salto, cerro su puerta y saco de su bolsa las cenizas de Maléfica para ocultarlas donde Zelena no las viera por casualidad.
Regina llego a casa sin prisa alguna, había notado la ausencia del auto de David así que se tomó su tiempo para bajar del auto y entrar a la casa. La alcaldesa encendió las luces de la sala y se dirigió a subir las escaleras para asegurarse de que su hijo estuviera en su habitación profundamente dormido. Regina llego a la habitación de Henry y al entrar lo encontró dormido en su cama, la morena se acercó a él y dejo un beso en su frente, cubriéndolo con las mantas y después salió de la habitación cerrando la puerta detrás de ella. Regina entro a su habitación con la intención de cambiarse de ropa y meterse a la cama, esa noche había resultado muy sorpresiva para ella, nunca se imaginó que acabaría cenando con Robín Hood y mucho menos se imaginó que la pasaría bastante bien, aunque aquello jamás lo admitiría frente al ladrón, o frente a cualquier persona. La reina mantuvo la charla entre ellos por más tiempo del deseado en su mente, la morena trato de restarle importancia al pensar en que se debía a que paso de cenar sola a tener compañía durante la cena, por más indeseada o sorpresiva que esta fuera. La alcaldesa se puso una de sus batas favoritas y se metió a la cama bajo sus sabanas, con toda la intención de cerrar los ojos y dormir profundamente, sabía que David llegaría tarde y no tenía caso esperarlo despierta. Regina acomodo una almohada y cerró los ojos, tenía que quitarse esa sensación de "deja va" que la estaba atormentando desde que Robín la acompaño a su auto, después de todo seguramente se debía al cansancio y a la ausencia de David. Eso era todo, pensaba Regina y por eso necesitaba descansar. No pasaron más de 10 minutos antes de que la morena cayera profundamente dormida.
David llego a casa después de medianoche, cuando las luces ya estaban apagadas y el silencio reinaba en la mansión. El rubio dejo su chaqueta sobre el sofá de la sala y se dirigió a las escaleras, se detuvo ante la habitación de Henry y abrió la puerta con cuidado de no despertarlo, cuando se aseguró de que el chico estaba profundamente dormido salió del cuarto y cerró la puerta con cuidado. El príncipe respiro profundo al abrir la puerta de su habitación, no necesitaba mirar para saber que Regina ya estaba dormida. David cerró la puerta detrás de él y se acercó a la cama, encontrándose con su esposa cómodamente acostada y dormida como si nada le perturbara, le encantaba verla así, como si nada pudiera dañarla.
-Lamento llegar tarde, cariño. -murmuro David al inclinarse hacia ella y besar su frente con ternura, acariciando su cabello suavemente para no despertarla. El príncipe no evito sonreír con diversión al notar el camisón negro de seda que Regina usaba de pijama, hasta dormida era capaz de torturarlo, debió suponerlo.
-Llega a la hora que quieras, pero no me despiertes. -murmuro Regina aun medio dormida, haciendo reír a David, quien ya se había quitado los zapatos y comenzaba a quitarse la camisa. Regina sonrió al sentir un beso en su cuello. David se había metido a la cama, abrazándola suavemente para dejarse llevar por el sueño.
-Buenas noches, mi reina. -murmuro David besando su hombro y acomodándose bajo las sabanas, dejando que Regina se acomodara junto a él, como cada noche, ella sobre su pecho y el estrechándola entre sus brazos hasta que ambos cayeran dormidos.
Al día siguiente después la rutina habitual durante la mañana en la mansión, Regina llego a su oficina en la alcaldía más temprano de lo que acostumbraba, con la firme intención de hacer todos los hechizos posibles para saber de dónde provenía Rajah o que recuerdos podía extraer de él. La reina cerró la puerta de su despacho después de dejar una nota para Zelena con indicaciones de no ser molestada hasta que ella saliera, ninguna palabra más de las necesarias. Regina salió al pequeño jardín detrás de su oficina donde Rajah estaba atrapado, con cuidado de no provocar al tigre demasiado se acercó a él y al ver que el animal cedía ante ella, se tranquilizó. Rajah se recostó casi a sus pies, como si no temiera de ser dañado por la mujer, quien lentamente se acercó y paso su mano sobre el pelaje del animal. Para la alcaldesa era impresionante tener a ese animal frente a ella y no temer a ser lastimada.
-No te hare daño, tranquilo. -murmuro Regina mirando los ojos intensos del tigre. La reina respiro profundo antes de comenzar a recitar los hechizos que conocía para extraer recuerdos, para tratar de saber más de su procedencia. Regina estuvo encerrada con Rajah por más tiempo del que creyó necesario sin conseguir resultados, todo lo que pudo ver en los recuerdos de tigre eran imágenes de Agrabah, gente que no destacaba, ruinas y el palacio vacío. Nada que le diera una pista de cómo había llegado a Storybrooke, no había indicios de ser un animal mágico, nada fuera de lo normal. Regina comprendió que no tenía más que buscar y decidió dejar el asunto ahí, por más frustrante que le resultara. La alcaldesa regreso a su oficina y quito el seguro para poder salir de ahí.
-Buenos días, alcaldesa Mills. -saludo Zelena levantándose de su asiento al ver a Regina salir de la oficina. La pelirroja no tenía que preguntar que había estado haciendo su hermanita encerrada desde temprano, pero tenía que mantener la compostura y fingir algo de desconcierto. - ¿Puedo ayudarla en algo? -pregunto Zelena con una sonrisa amable que había aprendido a aparentar.
-Llama al refugio de animales y diles que envíen a alguien, es hora de mandar a nuestra mascota a donde debe estar. -dijo Regina con su habitual temple frio y arrogante. -Me encantaría chasquear los dedos y aparecerlo ahí, pero probablemente sea un poco brusco para los que trabajan ahí. -dijo Regina con una sonrisa maliciosa al pensar seriamente en cometer esa pequeña travesura.
-Sí, creo que podrían asustarse un poco. -rio Zelena despreocupada, Regina asintió y regreso a su oficina, esta vez dejando la puerta abierta. La pelirroja tomo asiento de nuevo y comenzó a marcar el número que le habían indicado, sonriendo ampliamente al saber que Regina no había encontrado nada extraño en Rajah.
August había pasado la noche casi en vela pensando en todo lo que había visto en el libro de historias de Henry, era casi como si no pudiera dejar de pensar en que era algo más que un simple libro de cuentos. El autor estuvo pensando en todas las historias que pudo leer ahí, muchas cosas que no eran reales para él y otras que tenían un parecido muy grande a las personas que conocía, las del pueblo. Cuando August pudo conciliar el sueño no fue lo que habría deseado, entre sueños imágenes lo perturbaban, una tras otra, cada una más real que otra. "Debes proteger a Emma" la voz de Marco repetía eso a un pequeño niño pelirrojo. "Yo sé que eres Baelfire" eran las letras que se leían en una hoja dentro de una caja, pero en su sueño no alcanzo a ver quién las leía. "Cree en la magia" era su propia voz quien lo decía, y lo que lo hacía perturbador en su sueño era que podía ver claramente que se lo decía a una mujer rubia, la misma que había visto la noche anterior. "¡La Reina Malvada!" era un grito general, de una multitud que celebraba la boda de Blanca Nieves y el Príncipe Charming. No, no, eso no había sucedido, esa boda nunca sucedió. David huyo junto con Regina antes de esa boda, era imposible. Una última imagen lo persiguió en sus sueños, la imagen de el mismo vuelto totalmente de madera, antes de que todo se volviera una especie de humo morado.
- ¡No! -August despertó sobresaltado y bañado en sudor cuando sintió una punzada de dolor en su pierna. El escritor trato de recuperar su aliento y tranquilizar su respiración, tratando de convencerse de que todo era un sueño, una pesadilla muy real. August trago saliva y sintió algo raro al ver en su reloj la hora que marcaba: 8:15am. August estaba seguro que el dolor fue solo imaginario, un reflejo involuntario, pero las imágenes en sus sueños no estaba del todo seguro, eran demasiado reales, aunque él sabía que nada era así, no en su realidad.
Bella estaba camino a la biblioteca para abrirla como cada día, nada fuera de lo común, nada que interrumpiera su rutina. La castaña estaba a un par de metros de llegar a la biblioteca, cuando vio que alguien la estaba observando sin disimulo desde el otro lado de la calle. Gold estaba cruzando la calle sin dejar de mirarla, poniéndola nerviosa con su temple serio e inexpresivo.
-Buenos días, señorita French. -saludo Gold como si nada, pretendiendo que no notaba lo nerviosa e incómoda que ponía a Bella con su mirada penetrante, la castaña odiaba sentirse así, no había razón para que Gold le provocara eso.
-Buenos días, señor Gold. -saludo Bella agradeciendo mentalmente el no tartamudear y así poder conservar algo de su dignidad. Gold sonrió ampliamente de forma maliciosa y Bella rogo por no sonrojarse.
-Que tengas un buen día, Bella. -musito Gold con un gesto que se debatía entre lo serio y lo burlón, como si tuviera un mensaje oculto entre palabras. Bella lo observo y estaba segura que Gold disfrutaba del efecto que causaba en ella, no solo en ella, en todos, disfrutaba intimidar a todos. No solo ella, claro, debía ser eso.
- ¿Bella? ¿Cómo puede pasar de señorita French a Bella en segundos? -se preguntó la castaña cuando lo vio desaparecer con sus aires arrogantes mientras se dirigía a su tienda. Bella saco sus llaves y abrió la biblioteca sin más imprevistos. La castaña dejo sus cosas sobre el mostrador y se sorprendió al encontrar una hermosa rosa roja sobre el mostrador, frente a su silla. Bella la tomo y sonrió sin poder evitarlo. ¿Quién la había dejado ahí? Seguramente August se las había ingeniado para dejarla ahí cuando ella no estaba mirando. No había nadie más que pudiera tener ese detalle.
Jazmín se había despedido de Zelena cuando se fue a la alcaldía para trabajar, la princesa había desayunado algo rápido y salió de la casa camino al bosque. La joven estaba dando vueltas a lo que había sucedido con Roland, el pequeño sabia de su magia, la había visto y ahora debía asegurarse de que no la metiera en problemas. Jazmín estaba dudando de cómo actuar, ese niño le había parecido encantador y estaba segura que no corría peligro alguno. Jazmín estaba buscando el campamento de los hombres valientes para acercarse a Roland, ya se inventaría alguna excusa con Robín, mientras tanto sus dedos jugaban con el collar que Zelena la obligaba a usar para cambiar su apariencia.
- ¡Princesa! -aquella voz infantil la hizo girarse con un gesto confuso, topándose con la imagen apenas visible de Roland corriendo hacia ella desde una distancia considerable. - ¡Princesa! -rio Roland al llegar a llega y lanzarse a sus brazos, obligando a Jazmín a sujetarlo y cargarlo sin mucho esfuerzo. -Si regresaste. -dijo el pequeño en brazos de la joven.
-Te gusta correr. -ironizo Jazmín al sujetarlo mejor, Roland asintió. -De acuerdo, debes dejar decirme así y de saltar hacia los extraños, enano. -murmuro Jazmín sonriéndole cómplice, Roland la miro confuso.
- ¿No puedo llamarte princesa? -pregunto Roland confundido, Jazmín iba a responder, pero el pequeño continúo hablando. -No soy un enano, Leroy y sus amigos si lo son. -musito Roland con un gesto confuso, haciendo reír a la joven.
-Es una broma, Roland, no es que seas un enano de verdad. -explico Jazmín encogiéndose de hombros, el niño sonrió. -Puedes llamarme como quieras, tu ganas. -acepto la princesa derritiéndose con los hoyuelos del pequeño. -Pero no puedes correr y saltar hacia cualquier extraño, es peligroso. -dijo Jazmín mirándolo con algo de seriedad.
-No todos los extraños me caen bien. -replico Roland con inocencia, Jazmín lo miro y negó con la cabeza. -Prometo no volver a hacerlo, si me prometes que somos amigos. -dijo el niño con una sonrisa divertida, dejando a Jazmín con una mueca de sorpresa.
- ¿Amigos? ¿En serio? -pregunto la joven con un gesto divertido, Roland asintió. Jazmín lo dejo en el suelo y se agacho para estar a su altura.
-Siempre estoy con adultos, amigos de mi papá, y me aburro. -explico Roland frunciendo el ceño y cruzándose de brazos en una posición cómica para un niño tan pequeño. -Y pensé que podríamos jugar, tu sabes hacer magia y me quiero ver las luces otra vez. -dijo Roland con total inocencia, dejando a Jazmín incrédula.
-Roland, no puedes decirle a nadie que me has visto haciendo eso. -dijo Jazmín mirando al pequeño fijamente, acariciando su cabello para no asustarlo. - ¿Puedes prometerlo? -pidió la joven mirándolo cálidamente.
- ¿Es algo malo? -pregunto Roland con algo de confusión, apartándose por instinto de Jazmín.
-No, no, cariño. -se apresuró a decir Jazmín, mientras acariciaba su cabello para no asustarlo. La joven le sonrió ampliamente. -No es malo, pero a algunas personas adultas les puede dar miedo, se asustan porque ellos no pueden hacer magia. -explico Jazmín encogiéndose de hombros, sonriendo al ver a Roland comprender. -Y no quiero que me tengan miedo. -confeso la joven guiñándole un ojo al niño.
-Te prometo que no le diré a nadie, Rose. -aseguro Roland sonriente, Jazmín sonrió conforme.
-Me agradas, Roland. -murmuro Jazmín, besando la mejilla del niño y haciéndolo reír.
- ¿Podrías hacer las luces otra vez? -pregunto el pequeño con su mejor cara adorable para convencer a la princesa. -Por favor, di que sí. -pidió Roland al ver a Jazmín negar con la cabeza. -No le diré a nadie, un rato nada más. -suplico Roland sonriendo ampliamente.
-Tal vez. -rio Jazmín encogiéndose de hombros con inocencia, levantándose y mirando al pequeño torcer el gesto. -Si logras alcanzarme quizá pueda hacerlo. -añadió la joven empezando a alejarse y haciendo correr a Roland detrás de ella.
David entro a Grannys con la intención de ordenar un café cargado para empezar el día de buena forma, no prestaba mucha atención a la gente que había en el lugar. El rubio tomo asiento en la barra para esperar que quienes llegaban primero ordenaran, mientras esperaba su turno se entretenía pensando en lo que haría al llegar a la estación, ya sería hora de soltar a los detenidos de la noche anterior, claro que no sin antes hacerlos sufrir un poco al hacer más ruido del necesario y provocarles dolores de cabeza a causa de tanto alcohol que consumieron la noche anterior. Cuando llego su turno David pidió un café y un sándwich para llevar, mientras tanto tomo asiento para esperar.
-Buenos días, David. -la voz de Blue al saludarlo hicieron a David salir de sus pensamientos y enfocarse para mirarla y corresponderle la sonrisa de amabilidad.
-Buenos días, madre superiora. -saludo David amable, Blue tomo asiento al lado de David en la barra para poder hacer su pedido, noto la gente que esperaba antes que ella y espero su turno.
-Hace tiempo que no te veía. ¿Mucho trabajo en la comisaria? -pregunto Blue sutilmente, David hizo un gesto para restarle importancia.
-Algo así, las mismas cosas de siempre. -dijo David encogiéndose de hombros relajado, Blue asintió. - ¿Cómo van las cosas en el convento? -pregunto el príncipe al ver que tenían algo de tiempo antes de que Ruby tomara el pedido de Blue.
-Todo muy bien. -asintió Blue animada. -Deberías venir a visitarnos un día y mirar tú mismo como están las cosas, te gustara. -dijo el hada. David sonrió levemente y asintió forzadamente, la idea no era de sus favoritas y conocía las intenciones de Blue, aunque intentara disimularlas.
-Blanca me hizo la misma invitación. -dijo David con un gesto neutral, Blue fingió demencia. -Quizá un día lo haga. -dijo el príncipe al no ver a Blue con intenciones de dejarlo escapar tan fácilmente. Blue estuvo a un paso de continuar convenciéndolo cuando David fue salvado por el timbre que indicaba que su orden estaba lista. El rubio se levantó y tomo su pedido, Blue iba a decirle algo más, pero fue su turno de pedir y David aprovecho para huir de ahí.
Al caer la tarde Zelena ya estaba frente a la heladería donde Ingrid trabajaba en Storybrooke, su fachada. La pelirroja arqueo las cejas y entro sin preocuparse si alguien miraba, encontrándose con la rubia detrás del mostrador en un aspecto poco usual de ella. Ingrid la miro con seriedad y le indico que pasara detrás del mostrador, ambas se encaminaron a la parte trasera.
-Lindo lugar, muy adecuado para ti. -ironizo Zelena con un gesto burlón, haciendo que Ingrid rodara los ojos. - ¿Cuál es el ingrediente secreto de los helados? ¿Veneno? -pregunto la pelirroja sonriendo y divirtiéndose al pasear su mirada por aquella bodega.
-Todo depende de quien venga a comprar. -ironizo Ingrid con un gesto serio que indicaba que no bromeaba del todo.
-Jamás comprare algo aquí. -replico Zelena con un gesto serio, haciendo que Ingrid sonriera maliciosamente. La pelirroja iba a decir algo más, pero Ingrid las hizo a ambas desaparecer en una nube de humo blanco, haciéndolas aparecer dentro de la cueva de hielo. Zelena arqueo las cejas y observo a Ingrid lucir su clásico vestido blanco, totalmente distinta a la ropa del pueblo.
- ¿Qué sucedió con el animal que Regina tiene en su oficina? ¿Pudo saber algo? -pregunto Ingrid severa, Zelena negó con la cabeza y tendió su mano, misma que fue envuelta en una nube de humo verde que apareció la piedra que Ingrid le había dado.
-Todo salió bien. Regina no sospecha nada y está empezando a confiar en mí. -dijo Zelena encogiéndose de hombros con aire de satisfacción, Ingrid tomo la piedra de la mano de Zelena. -Y todo está ahí, tal como pediste. -dijo la pelirroja con inocencia.
-Más vale que todo siga así, Zelena. -dijo Ingrid observando detenidamente la piedra que la pelirroja le había dado, asegurándose de que no hubiera nada fuera de lo normal. - Dentro de un par de semanas necesitare que tu hermanita confié en ti. -dijo Ingrid satisfecha y dejando la piedra sobre una mesa blanca.
- ¿Qué pasara en un par de semanas? -pregunto Zelena curiosa, hasta ese día Ingrid no había querido revelarle gran cosa sobre sus planes.
-Para que puedas arrancarle el corazón sin ningún tipo de problema. -dijo Ingrid como si nada, tomando asiento en su sillón preferido, dándole la espalda a Zelena, quien prácticamente se había quedado de piedra. La pelirroja solo tuvo unos segundos para reponerse y tratar de disimular su sorpresa inicial.
- ¿Disculpa? -musito Zelena sin poder evitarlo, acercándose a Ingrid con la mirada clavada en ella, deseando profundamente que solo fuera una broma. La reina de las nieves arqueo las cejas al ver a la pelirroja frente a ella.
-Quita esa cara, Zelena. -rio Ingrid despreocupada, haciendo que la pelirroja temiera un poco por su hermana. -Sera divertido, lo prometo. -aseguro la rubia con malicia, Zelena tuvo que fingir un poco de agrado y sonrió con descaro.
- ¿Qué harás tú? -pregunto la pelirroja cruzándose de brazos y tomando asiento frente a Ingrid.
-Yo me encargare de tener el corazón de Emma Swan listo para ser usado junto con el de tu querida hermanita para mis propósitos. -ironizo Ingrid con una amplia sonrisa de satisfacción, Zelena arqueo las cejas. La pelirroja debió suponer que algo así de grave planeaba Ingrid si no quería revelarle nada con anticipación.
- ¿Qué propósitos? -cuestiono Zelena con curiosidad, Ingrid rio levemente. - ¿Para qué quieres los corazones de Regina y Emma? -pregunto la pelirroja con un gesto de sospecha, Ingrid se encogió de hombros.
-Es parte de un hechizo, muy raro, porque se necesitan estos dos ingredientes y hasta ahora se podrá llevar a cabo, haremos historia podría decirse. -rio Ingrid complacida, Zelena sonrió tragando saliva.
- ¿Nunca se ha hecho? ¿Por qué? -pregunto Zelena con un gesto de curiosidad, ella había investigado cada conjuro oscuro cuando planeaba encontrar a Regina con intenciones poco amistosas, y no recordaba alguno que involucrara dos corazones como ingredientes.
-Se necesitan dos corazones únicos. Dos corazones productos de amor verdadero. Luz y Oscuridad. -explico Ingrid seria. -Emma es hija de Blanca Nieves y Regina es hija del Oscuro, son los opuestos perfectos, y ambas son hijas de amor verdadero, por lo que tienen magia poderosa. Ambos corazones son mágicos y fuertes. ¿Te das cuenta del potencial de eso? -pregunto Ingrid con emoción evidente, Zelena tuvo que asentir.
-Por supuesto. -murmuro Zelena fingiendo interés y complicidad. - ¿Cómo has conseguido el corazón de Emma? ¿La mataste? -pregunto la pelirroja con curiosidad, pero Ingrid no mostro algún gesto revelador.
-Eso es irrelevante. Solo necesito un par de semanas para conseguir un ingrediente más, ya me estoy encargando de ello. -dijo Ingrid encogiéndose de hombros, Zelena comenzaba a pensar en cómo salir de todo aquello. -Tu solo sigue acercándote a Regina, vigílala y gánate su confianza. -dijo Ingrid señalándola con una sonrisa fría.
-Cuenta con ello. -aseguro Zelena con una sonrisa maliciosa, dando media vuelta para marcharse de la cueva, en cuanto le dio la espalda a Ingrid su sonrisa se esfumo de su rostro, dando paso a una mueca de preocupación.
- ¿No es lo que tanto deseabas, Zelena? Podrás destruir a tu hermana, considéralo un regalo. -dijo Ingrid sonriendo desde su sofá, antes de que Zelena saliera de su cueva.
Henry había pasado la hora de la comida en la alcaldía con Regina, como era su costumbre cuando no tenía demasiada tarea. El chico y la alcaldesa disfrutaban esos momentos, hasta que el tiempo paso y Henry tuvo que despedirse para ir a casa y empezar con sus tareas. La alcaldesa se despidió de su hijo con un beso en la mejilla y lo acompaño a la puerta de su oficina. Henry salió de la alcaldía con la mochila abierta y tratando de guardar su pesado libro de cuentos. Jazmín estaba llegando a la alcaldía para sus clases de esa tarde y se encontró al chico luchando con su mochila, una sonrisa burlona apareció en sus labios y se acercó a él cruzada de brazos.
-Deberías mirar tu camino o te caerás, niño. -ironizo Jazmín al acercarse a Henry, haciendo que el chico dejara de luchar con sus cosas y la mirara con un gesto de pocos amigos.
-Como si te importara. -gruño Henry con un gesto de molestia, mismo gesto que Jazmín correspondía. El chico sujeto su mochila a punto de caerse, pero su libro cayó al suelo. Henry gruño por lo bajo y rodo los ojos.
-Cierto, no me importa. -replico Jazmín sonriendo con malicia, Henry arqueo las cejas. -Pero a la alcaldesa seguro que sí, y no quisiera que se preocupara por ti. -añadió la joven encogiéndose de hombros, Henry negó con la cabeza. La princesa miro el libro tirado y se agacho para recogerlo, se levantó y permaneció unos segundos en silencio mirando las páginas del libro. - ¿No eres un poco grande para cuentos de hadas? -pregunto Jazmín sin despegar los ojos de las páginas ilustradas del libro.
-Que linda. -ironizo Henry cruzándose de brazos y cerrando su mochila para después colgársela bien en la espalda. - ¿Ya me devuelves mi libro? -pregunto el chico extendiendo sus manos para recibirlo. - ¿Rose? -la llamo Henry de nuevo al notar que se había perdido en la lectura.
-Sí, lo siento. -se disculpó la joven saliendo del trance y regresándole el libro a Henry, quien comenzaba a cuestionarse sus dudas sobre ella. -Todo tuyo. -dijo Jazmín sonriendo ampliamente para recuperar su neutralidad.
- ¿Quieres leerlo? -pregunto Henry con algo de esfuerzo, Jazmín negó con la cabeza y estaba lista para negarse más pero el chico se le adelanto. -Cada vez que lo miras te quedas muda, creo que si quieres leerlo. -dijo Henry con algo de malicia que hizo a Jazmín fruncir el ceño.
-No leo cuentos de hadas desde que tenía 4 años, Henry. -musito la princesa con una sonrisa relajada al cruzarse de brazos, Henry arqueo una ceja y sonrió con descaro.
-Seguro que sí, princesita. -ironizo Henry, disfrutando al ver como Jazmín torcía el gesto en una mueca de disgusto. -Toma el libro antes de que me arrepienta, Rose. -gruño Henry tendiéndole el libro a Jazmín, quien dudo un poco.
-De acuerdo. -dijo Jazmín tomando el libro y mirando a Henry. -Gracias, supongo que si te gusta tanto es por algo. Lo leeré. -aseguro Jazmín con una sonrisa sincera, Henry hizo lo mismo.
-Deberías correr, mi madre te está esperando y ya sabes cómo es con la puntualidad. -dijo Henry señalando la alcaldía con un gesto travieso, Jazmín arqueo las cejas y rio divertida.
-Lo sé. -asintió Jazmín con un gesto divertido. -Gracias, Henry. Lo cuidare, lo prometo. -murmuro Jazmín antes de salir corriendo hacia la oficina de Regina, dejando a Henry con un gesto un poco sorprendido, seguía pensando que Rose escondía algo y su curiosidad le gritaba que averiguara que era.
En el convento donde las hadas se ocupaban de sus tareas diarias el ambiente era tranquilo. Blanca estaba cuidado a los bebés, asegurándose que todos estuvieran bien y no necesitaran nada. La maestra adoraba pasar sus tardes cuidando de todos ellos, en especial de un pequeño llamado Neal, no podía evitar sentirse bien cada vez que lo visitaba. La madre superiora estaba con ella, encargándose de lo mismo y ayudándose mutuamente, ambas tenían buena relación.
-Me encontré a David. -menciono Blue mientras supervisaba que todas las cunas estuvieran ocupadas y que ningún bebé necesitara algo. Blanca arqueo las cejas y toda su atención se centró en el hada. -Lo invite a venir. -añadió Blue como si nada, haciendo que la maestra se interesara más.
- ¿Acepto? -pregunto Blanca casi de inmediato, arrepintiéndose al ver el gesto de Blue diciéndole que era demasiado obvia. La maestra hizo un gesto para retractarse. -Quiero decir, creo que sería buena idea tener un poco de ayuda extra. -se excusó Blanca encogiéndose de hombros.
-Ha dicho que lo pensara. -dijo Blue, notando como Blanca perdía el interés. -No tienes que disimular conmigo. -dijo la castaña con una mirada fija en ella. -Sé que sigues enamorada de David, y no creo ser la única. -dijo el hada con un gesto relajado. -Lo que sucedió fue una locura, todos pensamos que lo que hizo David fue un error. -explico Blue como si nada.
-Para mí fue una pesadilla. -replico Blanca con una sonrisa amarga, ambas mujeres tomaron asiento en un par de sillas que había frente a las cunas. -Pero parece que a él le resulto todo muy bien. -dijo Blanca con resignación, con la atención de Blue en ella. -David es feliz con Regina, ella cambio y tienen a Henry. Formaron una familia. -explico la morena con un gesto neutral.
-Siempre pensé que ustedes eran perfectos uno para el otro. -dijo Blue sin más, Blanca la miro incrédula. -Dos héroes, buenas personas, muy parecidos. -explico el hada encogiéndose de hombros. -El Príncipe Charming no debió fugarse con la Reina Malvada, ella es una villana. -dijo Blue con un gesto de desagrado.
-Se enamoró. -musito Blanca con tristeza y nostalgia. -O quizá ella lo hechizo. -añadió Blanca riendo con burla, Blue arqueo una ceja. -El punto es que David me dejo por ella, y no lo veo arrepentido de su elección. -dijo la morena con un gesto irónico.
- ¿Estas segura de eso? -pregunto Blue con un gesto pensativo, haciendo que Blanca riera con sarcasmo.
-Ya han pasado muchos años, Blue. Por mucho que quisiera que David estuviera conmigo no creo que el sienta lo mismo, no dejaría a Regina. -dijo la maestra resignada, Blue torció el gesto apenas visiblemente.
-Él es un héroe. -replico Blue con un gesto serio. -El héroe debe casarse con la princesa, con la heroína, no con la villana. -indico el hada con un gesto casi contrariado, Blanca asintió y se encogió de hombros.
-Parece que el final del cuento cambio. -dijo Blanca rodando los ojos. -Él tiene a su amor verdadero a su lado. -sentencio Blanca convencida, Blue suspiro derrotada.
-Eres demasiado buena, Blanca. Te mereces algo como lo que tienen, tu deberías estar en ese lugar, no ella. -dijo Blue con más seriedad de la que Blanca deseo para sentirse bien, el hada le sonrió un poco y se relajó.
-Bueno, yo tampoco he logrado entender que fue lo que vio David en la Reina Malvada para volverse tan loco por ella, es increíble. -confeso Blanca cruzándose de brazos con un gesto más relajado, Blue asintió. -Quiero decir, él siempre está dispuesto a ayudar y es tan bueno, en cambio Regina, es un poco más complicada. -explico la maestra con una sonrisa un poco irónica.
-Como polos opuestos. -dijo Blue riendo un poco, haciendo que Blanca asintiera. -Quizá David quería sacarla de la oscuridad, quería salvarla. -medito la castaña con un gesto pensativo, haciendo que Blanca suspirara.
Bella estaba terminando de guardar sus cosas en su bolso para poder marcharse a casa. August estaba esperándola afuera de la biblioteca, como cada noche desde que empezaron a volverse más cercanos. La castaña tomo su bolso y se lo colgó del hombro, tomo la rosa roja para llevársela a casa, pero a ultimo segundo decidió que sería mejor dejarla en ahí, le gustaba mirarla en su lugar de trabajo. Bella la volvió a dejar en el pequeño florero blanco con agua y apago las luces para marcharse.
- ¿Lista, Bella? -pregunto August sonriendo ampliamente al ver a la castaña salir de la biblioteca. Bella asintió y comenzó a cerrar la biblioteca, el escritor espero a que guardara sus llaves en su bolso para acercarse. -Estas hermosa. -murmuro August antes de robarle un beso fugaz, haciendo reír a la castaña.
-Gracias. -murmuro Bella sonrojándose un poco, aceptando tomar el brazo de August para emprender camino. August y Bella comenzaron a caminar sin prisa, tomados del brazo y casi abrazados.
- ¿Gracias? ¿Por decirte que estas hermosa? -pregunto August con un gesto de broma, haciendo que Bella negara con la cabeza.
-Por la rosa que dejaste en mi escritorio, es preciosa. Me encanto. -dijo la castaña sonriéndole cálidamente, August la miro confundido y negó con la cabeza.
-Estoy seguro que es preciosa, y me encantaría decirte que fui yo quien te la dejo ahí pero no es así, Bella. -dijo August mirándola con un gesto de culpabilidad, Bella se sorprendió al pensar en quien podría haberla dejado. -Me gustaría tener el crédito, pero no es justo. Lo siento. -se disculpó August con un gesto inocente.
- ¿No fuiste tú? ¿Entonces quien fue? -pregunto Bella confundida y sorprendida, August se encogió de hombros y paso su brazo por encima de los hombros de la castaña para estrecharla un poco más.
-Parece que tienes un admirador secreto, cariño. -susurro August con una sonrisa pícara, haciendo que Bella se sonrojara y riera un poco. -No debería sorprenderte tanto, eres una mujer increíble. Tengo suerte de tenerte aquí. -dijo el escritor con un gesto sincero, haciendo que Bella sonriera y rogara por no haberse sonrojado aún más.
-Muy gracioso, August. -ironizo Bella con un gesto para restarle importancia, August se encogió de hombros. - ¿Quién pudo ser? -pregunto la castaña con un gesto pensativo, se conocía lo suficiente como para saber que no dejaría de pensar en ello.
-No busques esa respuesta tanto, solo acepta el detalle y siéntete halagada. -aconsejo August con una sonrisa honesta, Bella arqueo las cejas. August se detuvo un momento al ver un restaurant a unos cuantos metros. - ¿Quieres ir a cenar antes de ir a casa? -pregunto August mirando a la castaña.
-Claro. -asintió Bella más animada, tomando la mano de August para cambiar de rumbo para dirigirse al local. La castaña decidió olvidarse del tema de la rosa por el momento, ya después estaba segura de que sabría quien había sido.
- Una semana después
Los días pasaron con normalidad, sin problemas graves o fuera de lo común. La Reina de las Nieves estaba extrañamente tranquila para el gusto de Zelena, quien se había esforzado por acercarse a Regina y lo había estado consiguiendo poco a poco. Jazmín había aprendido a llevarse con la mayoría de los que ya conocía, se había enfocado en acercarse a Robín, Killian y David, los tres le agradaban y se llevaba bien con ellos. August había estado intranquilo respecto al libro de cuentos de Henry, muchas cosas le parecían extrañas ahora y no dejaba de pensar en ello. Regina había estado frecuentando un poco más a Robín y se la pasaban bien cuando estaban juntos, pero hasta ese momento nada serio había pasado. David y Henry estaban igual de bien con Regina, en la mansión Mills nada perturbaba su comodidad. Las cosas iban extrañamente bien.
Regina entro a Grannys con la intención de pedir un café, uno de sus vicios favoritos para empezar el día. La alcaldesa entro sin prestar mucha atención a las curiosas miradas que caían en ella, después de muchos años se había vuelto algo normal y ya ni siquiera lo notaba. La morena se acercó a la barra para ordenar, pero antes de llegar noto algo curioso. Regina se detuvo a medio camino y fijo su mirada en una mesa en particular, ocupada por aquel ladrón tan famoso, Robín Hood. Robín estaba tan concentrado leyendo un libro que no noto que Regina estaba parada frente a él con una sonrisa maliciosa en los labios.
-Y luego dicen que la vanidosa soy yo. -dijo Regina interrumpiendo la lectura de Robín y obligándolo a levantar la mirada, encontrándose con la alcaldesa sonriendo con malicia y cruzada de brazos. - ¿Leyendo tus cuentos, ladrón? -pregunto Regina señalando el libro. Robín entendió su broma y solo pudo sonreír divertido, dejando el libro sobre la mesa.
-Fue un regalo, alcaldesa. -explico Robín en su defensa, haciendo que Regina arqueara una ceja en un gesto de no creerle. -Me lo regalaron y decidí leerlo, es muy entretenido leer como exageran una gran parte de mi vida como ladrón. -rio Robín encogiéndose de hombros, Regina iba a decir algo, pero Robín se levantó de la mesa para invitarla a tomar asiento.
-Los cuentos sobre los héroes siempre son exageradamente buenos. -ironizo Regina con desdén, restándole importancia a sus méritos y haciendo a Robín rodar los ojos con resignación. Regina acepto tomar asiento y Robín le acomodo la silla, para después tomar asiento él.
-Debo decir que es extraño leer sobre uno mismo en esos libros, a veces parece que hablan de una persona totalmente distinta. -dijo Robín con un gesto, Regina asintió comprendiéndolo. -Y gracias a Roland he tenido que verme representado por un zorro, ha tenido gracia. -bromeo Robín frunciendo el ceño, haciendo reír a Regina.
-Películas infantiles, claro. - asintió Regina riendo, recordando cuando Henry era pequeño y no dejaba de ver esas películas. -Gracias a Henry he visto más películas infantiles de las que quisiera, casi todas las de Disney. -rio la alcaldesa con un gesto relajado, Robín rio divertido. -Por suerte Blanca Nieves nunca le gusto demasiado, es la peor para mi. -añadió Regina torciendo el gesto.
-La Reina Malvada real es mucho más hermosa que la de caricatura. - rio Robín sin pensar sus palabras, haciendo que la alcaldesa arqueara las cejas y sonriera. Robín trago saliva y trato de pensar en otra cosa. - ¿Cuál era su película favorita? Roland no podría elegir una. -comento el arquero como si no hubiera mencionado lo anterior.
-Lo súper héroes han reemplazado a las películas infantiles para Henry. -dijo Regina encogiéndose de hombros. -Iron Man le ha ganado a los cuentos clásicos. -se quejó la morena con resignación, Robín rio. -Disfruta a Roland mientras es pequeño, no durara para siempre. -aconsejo la alcaldesa. Robín quedo mudo por cortos segundos, siendo salvado por el ruido de la campana de la puerta al abrirse. Regina miro a la puerta igual que Robín, observando a Roland llegar de la mano de John, quien se quedó saludando a Leroy en la mesa más apartada del lugar.
-Hablando de Roland. -sonrió Robín aliviado, Regina asintió. Robín se levantó de la tierra y saludo a su hijo alzándolo en brazos y besando su mejilla. La alcaldesa los miro en silencio, se levantó de la silla y noto el cariño entre padre e hijo. Roland dejo de mirar a su padre cuando noto la presencia de la alcaldesa y sonrió ampliamente.
- ¡Regina! -la saludo Roland con una inocente sonrisa, derritiendo a la alcaldesa y permitiéndose cargar al pequeño para saludarlo con un beso en la mejilla. Roland correspondió encantado, derritiendo a su padre con la imagen de la mujer cargando a su hijo, para su buena suerte Regina no lo noto. - ¿Qué paso con el tigre del bosque? -pregunto Roland inocente, haciendo reír a Robín y Regina.
-Está bien, cariño. -aseguro Regina sonriente al pequeño. -Lo envié a un lugar especial para animales, así no causara más sustos a nadie. -explico Regina con un gesto relajado, Roland asintió conforme y Regina lo dejo en el suelo.
- ¿Vas a estar con nosotros? -pregunto Roland mirando a ambos adultos, haciendo que Robín se sonrojara un poco, y que Regina riera levemente. - ¿Papá? -pregunto el pequeño mirando a Robín, quien se encogió de hombros y dejo que Regina contestara.
-Hoy no, Roland. -dijo Regina sutilmente, Roland torció el gesto. -Voy a cenar en mi casa con mi hijo. Pero tengo un poco de tiempo. -sonrió Regina acariciando la mejilla del niño, quien se animó un poco más. - ¿Quieres un chocolate caliente? -pregunto la alcaldesa haciendo asentir a Roland feliz, tomando su mano.
-Adelante. -asintió Robín al ver la mirada de Roland para pedirle permiso, el arquero los observo encaminarse a la barra para pedir el chocolate de Roland y la cena de Regina para llevar. Robín tenía que admitir que tratar con los niños se le daban bien a Regina, era algo natural en ella.
-Tu hijo es igual a ti, amigo. -murmuro John acercándose a Robín por la espalda y dándole una palmada en el hombro, sacando a Robín de sus pensamientos. -Cuidado, Robín. Esa sonrisa es muy grande y la reina casada. -susurro John con una mueca cómplice, haciendo que Robín lo mirara incrédulo.
-No digas locuras, John. -rio Robín restándole importancia, tomando asiento en la mesa y observando a su amigo hacer lo mismo. El arqueo miro hacia la barra fugazmente, observando a Regina y Roland sentados en la barra esperando el pedido de la alcaldesa mientras Roland recibía su taza de chocolate caliente.
Jazmín llego al Jolly Roger con dos bolsas con comida recién comprada en Grannys, dispuesta a pasar la mañana en compañía de su pirata favorito. La princesa se había acostumbrado a esa rutina, a estar de un lado a otro por todo el pueblo, con la gente que le agradaba. Jazmín subió a cubierta y frunció el ceño al no encontrar a Hook despierto y al frente del timón, por el contrario, lo encontró acostado en una hamaca, con el rostro cubierto con una manta y dormido.
- ¿Aun sigues dormido? ¡Es casi medio día, Killian! -protesto Jazmín al llegar casi junto a él, sin recibir más que un quejido apenas audible del pirata. La joven rodo los ojos y dejo el par de bolsas con comida sobre una mesa que Hook tenía en cubierta. - ¡Prometiste que navegaríamos hoy! -dijo la joven con un tono más alto del necesario para molestar al pirata, quien se limitó a gruñir sin moverse.
-No dormí bien, Rosé. No hagas tanto ruido, quiero dormir. -gruño Hook arqueando una ceja al levantar un poco la manta que lo cubría con su garfio y ver que la joven dejaba la comida sobre la mesa. El pirata observo a la joven tomar un par de sillas y colocarlas frente a la mesa, después de varias visitar al Jolly Roger, Rose ya se sentía cómoda y a Hook le agradaba verla desenvolverse así.
-Traje comida. -anuncio Rose después de acomodar la mesa y girarse a mirar al pirata que seguía acostado en su hamaca, fingiendo que no había visto nada. Hook sonrió para sí mismo y aparto la manta de su rostro con un gesto fingidamente resignado.
-Sabes cómo alegrarme los días, amor. -ironizo Hook levantándose de su hamaca y sonriendo a duras penas. Jazmín lo observo y sonrió, el cabello del pirata estaba desordenado y su rostro lucia cansado, pero la sonrisa de Hook era totalmente honesta. -Y si navegaremos, podría hacerlo incluso con los ojos cerrados. -anuncio el pirata tomando asiento en mesa, frente a la joven que lo miraba divertida.
-Gracias, pero preferiría hacerlo cuando no estés caminando dormido. Me gusta la idea de seguir viviendo. -replico la joven con un gesto sarcástico, haciendo que Hook frunciera el ceño. El pirata saco de su bolsillo su inseparable petaca y bebió un sorbo de ron. - ¿Eso es alcohol? -pregunto Jazmín señalándolo.
-Agua no es, amor, es solo un trago. -rio Hook con un guiño de ojo que hizo a Jazmín rodar los ojos. -Ya lo extrañaba. -murmuro el pirata saboreando el sabor del ron en sus labios, haciendo reír a la joven. - ¿Qué? He cumplido con mi semana laboral, me lo merezco. -se defendió Hook con orgullo.
-Lo puedo imaginar, Killian. -rio Jazmín asintiendo sin más remedio, haciendo que Hook sonriera conforme. - ¿Qué tal van las cosas en la comisaria? -pregunto la princesa, sacando de la bolsa un vaso de plástico tapado que contenía su té helado.
-Es gracioso ser quien está al otro lado de las rejas. -dijo Hook con un gesto divertido, mientras sacaba el contenido de su propia bolsa de comida. -Me divierto más de lo que pensé. -confeso el pirata con una sonrisa pícara. Ambos comenzaron a mover las cosas sobre la mesa como si fuera una rutina, con movimientos rápidos para poder disfrutar de su desayuno.
- ¿Le pagaste la deuda al señor Gold? -pregunto Jazmín con un gesto curioso, ganándose un gruñido de fastidio del pirata.
-El cocodrilo ya no es un problema. -dijo Hook con un gesto de orgullo, haciendo sonreír ampliamente a la joven al saber que ya no había peligro de que Hook perdiera su preciado Jolly Roger. - ¿Por qué te preocupaba tanto? -pregunto el pirata antes de dar el primer bocado a su hamburguesa.
-Por qué me agradas, y se cuánto te gusta tu barco. -dijo la princesa encogiéndose de hombros, haciendo que Hook arqueara una ceja. -Y por qué si te quitaban el Jolly Roger yo me quedo sin lecciones de navegación. -añadió Jazmín con un tono bromista.
-Lo sé, amor. Es mi encanto natural, todas terminan rindiéndose ante mí, Rose. -bromeo Hook con una sonrisa descarada y un gesto coqueto, haciendo que Jazmín frunciera el ceño y negara con la cabeza.
- ¡Hey! -protesto Jazmín para burla de Hook. -No quiero escuchar esas historias, por favor. -pidió la joven con un gesto infantil de desagrado, haciendo que el pirata riera.
-Vamos, son las mejores. Son divertidas y tengo muchas para contar. -bromeo Hook con un gesto despreocupado, haciendo que la joven lo mirara matadoramente. -Aunque debo decir que de la mayoría ya no recuerdo su nombre, aun así, podría contarlas. -fingió Hook meditarlo.
- ¡Killian Jones! -replico Jazmín casi en modo de súplica infantil, haciendo que el pirata no se contuviera y riera a carcajadas. La princesa frunció el ceño.
-Es broma, amor. -se disculpó el pirata con una amplia sonrisa al haber cumplido con su objetivo de molestar a su acompañante. La joven comenzaba a preguntarse si Hook le contaría esas historias si supiera quien era ella, seguramente no, al menos se divertía con él.
- ¿Te has enamorado alguna vez? -pregunto Jazmín tomando por sorpresa a Hook, quien casi se atraganto con su refresco. La princesa lo observo esperando una respuesta. -Tantas historias y aventuras, pero nunca has hablado de una mujer en específico. -señalo la joven con un gesto irónico.
-Una vez, hace mucho tiempo. -asintió Hook con un toque de seriedad, indicándole a Jazmín que hablaba sinceramente. -Duro lo suficiente y dolió demasiado, pero fue lo mejor. Es una larga historia, amor. -confeso el pirata casi de corrido, haciendo que Jazmín arqueara las cejas más interesada.
-Esa historia si quisiera escucharla. -dijo Jazmín con una sonrisa dulce dedicada al pirata, quien rio por lo bajo y negó con la cabeza. El pirata señalo a la joven con su garfio y sonrió descarado.
-Pero esa historia no quisiera contarla, en otra ocasión tal vez. -respondió el pirata con un gesto bromista, haciendo que la joven arqueara una ceja y decidiera no replicar para no presionar a Hook demasiado. La princesa asintió conforme y comenzó a reír de los chistes y de las historias que el pirata le contaba, algunas reales y otras no tanto, pero todas destinadas a entretenerla.
Bella entro a Grannys con su fiel libro entre sus manos, pensaba ordenar algo ligero de desayunar y disfrutar un buen rato de lectura en paz antes de ir a trabajar, estaba por tomar asiento en una de las mesas vacías cuando noto la presencia de alguien más ahí. Gold estaba en Grannys, ocupando una de las mesas más apartadas como siempre y disfrutando su comida a solas, como prefería. Bella tardo unos segundos, pero decidió que esta vez seria ella quien lo intimidara, quien lo sacaría de su zona de confort y lo pusiera nervioso, si el hacía eso con ella, ella bien podía intentar hacer lo mismo. La castaña respiro profundo y se dirigió a la mesa de Gold, sin titubeos. Gold levanto la mirada listo para amenazar a cualquiera que quisiera molestarlo, pero se topó con Bella, quien señalo el asiento vacío y antes de que Gold respondería Bella ya había tomado asiento frente a él, dejándolo con un gesto incrédulo.
-Buenos días, señor Gold. -saludo Bella con total despreocupación, como si no notara el gesto de shock que tenía el Oscuro al verla ocupar su mesa. La castaña ignoro la mirada fija de él y dejo su libro a un lado, fingiendo acomodar su bolso sobre la silla vacía de al lado.
-Buenos días, señorita French. -saludo Gold con un gesto de confusión, mirando a Bella con la intención de saber que pretendía, pero la castaña parecía no darse cuenta o de ignorarlo con descaro. - ¿Puedo hacer algo por usted? -pregunto Gold con la intención de recibir una negación y verla marcharse. - ¿Necesita algo? -pregunto de nuevo.
-No, muchas gracias. -dijo Bella con un gesto inocente, dejando a Gold con una mueca de incredulidad marcada en el rostro. La castaña tuvo que hacer uso de toda su voluntad para no reírse y se giró para llamar con un gesto a la mesera que atendía el turno de Ruby por el momento. La mesera se acercó y la castaña ordeno su comida, bajo el estupor de Gold que veía como Bella sonreía a la mesera, misma que se marchó después de tomar su orden.
- ¿No necesita nada? -pregunto Gold solo para confirmar que no había escuchado mal, Bella negó con la cabeza y Gold frunció el ceño. -Señorita French, yo estaba comiendo solo. Hay muchas mesas vacías. -señalo Gold con un gesto un poco incómodo, Bella sonrió levemente complacida.
-Lo sé, lo note cuando llegue. -replico Bella como si fuera algo obvio, dejando a Gold con un gesto de estupefacción. - ¿Le ha gustado el libro que le recomendé? -pregunto la castaña como si nada, como si estuviera de lo más cómoda en esa mesa, en compañía de Gold.
-Sí, me ha gustado. -asintió Gold resignándose a que Bella no se marcharía de su mesa, haciéndose a la idea y recobrando su gesto de seriedad. -Buena elección. -añadió Gold con un gesto sutil, haciendo que Bella sonriera conforme.
-Cuando quiera puede pasar por la biblioteca y le prestare otro. -propuso Bella encogiéndose de hombros, Gold asintió un poco extrañado con la actitud de la castaña. La mesera se acercó de nuevo y dejo la comida de Bella en la mesa, alejándose casi enseguida.
-Lo hare. -aseguro Gold sosteniéndole la mirada a Bella, quien tuvo que concederle puntos por hacerla flaquear y tener que apartar la mirada, para diversión de Gold, quien ya comenzaba a sentirse un poco más cómodo. Ambos permanecieron en silencio por unos cuantos minutos mientras comían. Gold miraba fugazmente a Bella sin decir nada, mientras que la castaña hacia lo mismo sin saber que decir, no había pensado en eso cuando decidió molestar a Gold.
- ¿Volverá a la tienda después de comer? -pregunto Bella un poco incomoda, mirando fugazmente a Gold. El Oscuro asintió y comió un bocado de su comida, ambos volvieron a quedar en silencio durante un par de minutos que se hicieron más largos de lo que ambos hubieran deseado.
-Esto es muy raro. -musito Gold como si nada, haciendo que Bella casi se ahogara al tomar un sorbo de su té. -No puedo ser el único que se da cuenta de esto. -dijo Gold con una sonrisa maliciosa al verla un poco sorprendida.
-Lo es, supongo que bastante. -asintió Bella con un gesto más sutil, Gold asintió y volvió a fijar su mirada en su comida. -Pero que sea extraño no significa que sea malo. -dijo Bella mirando a Gold como si nada, obligándolo a que levantara la mirada y la observara. -Todo el pueblo piensa que usted es extraño. -añadió Bella encogiéndose de hombros con un gesto inocente, haciendo que Gold arqueara las cejas.
- ¿Se supone que debo sentirme bien con eso? -pregunto Gold con un gesto sarcástico, haciendo que Bella sonriera un poco.
-Solo digo que a veces los libros con portadas extrañas son los más interesantes. -explico Bella con un gesto amable, sonriendo conforme. Gold no pudo evitar reírse por lo bajo ante su gesto.
-Eso suena mucho mejor, señorita French. -acepto Gold con un gesto más suave, haciendo que Bella sonriera satisfecha. Ambos pudieron conversar un poco más cómodos, en temas que tenían en común o algo sin importancia, solamente disfrutando un rato durante la comida.
Regina estaba sentada en su escritorio, la puerta de su oficina estaba abierta. La alcaldesa miro su reloj y noto la hora, en un par de minutos Zelena entraría por la puerta para avisarle que se marcharía a comer. La pelirroja le agradaba, era algo extraño, compartían el sentido del sarcasmo y podían platicar de manera agradable, pero algo le incomodaba, le frustraba no saber mucho de ella. Regina conocía prácticamente las vidas de todo Storybrooke, menos de su secretaria, de Zelena. ¿Quién era en realidad? ¿Del Bosque Encantado? ¿Tenía familia? Recientemente se había comenzado a preguntar sobre ella, especialmente porque Zelena parecía cómoda en su presencia, así que había decidido averiguar más de ella, aunque la pelirroja no lo deseara.
-Alcaldesa, ¿Necesita algo antes de que me retire? -pregunto Zelena desde el marco de la puerta, haciendo que Regina saliera de sus pensamientos y la observara fijamente. La alcaldesa arqueo una ceja y le hizo un ademan a Zelena con la mano para que pasara a la oficina.
- ¿Tenemos algún asunto pendiente? -pregunto Regina en su mejor tono de alcaldesa, observando a Zelena tomar asiento casi extrañada.
-Excepto por las muchas quejas de Leroy no tenemos nada. -respondió Zelena con una sonrisa maliciosa, haciendo que Regina torciera el gesto ante la mención del enano que siempre tenía algo que protestar. Regina asintió conforme y Zelena se levantó de la silla dispuesta para marcharse.
-Espera. -musito Regina, deteniendo a Zelena que ya estaba de espaldas a ella. La pelirroja frunció el ceño al preguntarse ahora que le esperaba con su jefa y hermana. -Siéntate. -añadió Regina con un gesto extrañamente neutral, señalando la silla. La pelirroja arqueo una ceja y tomo asiento en silencio, preguntándose ahora que sucedía. -Llevas aquí un tiempo, sabes casi todo de mí, pero yo no sé mucho de ti. -dijo Regina con la mirada fija en Zelena.
-No hay mucho que saber, alcaldesa. -replico Zelena con una sonrisa inocente y encogiéndose de hombros para restarle importancia, para aparentar que no estaba nerviosa. Regina frunció el ceño ante su respuesta, ese gesto basto para que Zelena supiera que su hermana no la dejaría ir tan fácilmente.
-Entonces cuéntame lo poco que hay que saber. -ironizo Regina con un gesto curioso, la pelirroja no tuvo más remedio que aparentar una sonrisa inocente y mantener la calma. -Te lo ordenare si es necesario, Zelena. -dijo la morena con un gesto extrañamente suave.
-De acuerdo, jefa. -rio Zelena con un gesto despreocupado, haciendo que Regina se relajada. -Pero primero debería ir por algo de comer. -dijo la pelirroja señalando la puerta al encogerse de hombros, tratando de conseguir unos minutos para inventar algo.
-No hay problema con eso. -murmuro Regina con un movimiento de manos que hizo aparecer dos platos de comida para llevar en su escritorio, haciendo que Zelena forzara un gesto de agradecimiento. -Puedes comenzar a contarme, Zelena. ¿Tienes familia por aquí? -pregunto la reina con un gesto casi intimidante. Zelena negó con la cabeza, riendo por dentro ante la ironía del asunto.
-Mi madre me abandono cuando era una recién nacida. -dijo Zelena con un gesto de dureza, haciendo que Regina se sorprendiera un poco ante su gesto, reprimió su impulso de disculparse por su pregunta. -Pero si tuve una madre, una muy buena. -sonrió la pelirroja al recordar a la señora que la crio durante años. -Por desgracia, mi padre no lo era, cuando mi madre murió el solo se encargó de recordarme que no era su hija. Ambos murieron hace mucho tiempo, así que es todo. -dijo Zelena encogiéndose de hombros, esforzándose por mantener una cara de fortaleza, bajo la mirada fija de Regina. La pelirroja desvió su atención al plato cerrado de comida y lo abrió para examinar que había hecho aparecer su hermana.
-Lo siento. -dijo Regina con sinceridad medida, sin mostrarse totalmente suave, haciendo que Zelena le restara importancia con un gesto. -No entiendo como tu madre fue capaz de dejarte, yo jamás dejaría a mi hijo. -dijo la morena con un gesto serio.
-Lo sé. -asintió Zelena con una sonrisa honesta. -En fin, vivo sola en mi casa, trabajo en esta oficina y es todo. -dijo la pelirroja con rapidez, Regina arqueo las cejas. -Te dije que no había mucho que contar. -se excusó la pelirroja con un gesto despreocupado.
-Todos tienen algo que contar, Zelena. -replico Regina con curiosidad, haciendo que Zelena maldijera su suerte. - ¿Cómo llegaste aquí? -cuestiono Regina, tomando a Zelena por sorpresa y tuviera que tomarse un par de segundos para contestar.
-Tuve un maestro, una especie de tutor. Era un poco retorcido, pero me enamore de él, -menciono Zelena mordiéndose la lengua al pensar en Gold, y preguntándose en que rayos había estado pensando en ese tiempo. -El eligió a otra mujer sin siquiera pestañear, su otra alumna. -añadió la pelirroja observando los gestos de su hermana, riendo por dentro al pensar en que se trataba de ella. -Le dio la oportunidad de ser su aprendiz, la única. No me enorgullezco, pero deseaba desquitarme, tenía rabia, envidia y celos de ella. -confeso Zelena con algo de sinceridad disimulada, como si deseara expresar una disculpa que no salía.
- ¿La conoces? -pregunto Regina inclinándose hacia Zelena en un gesto inconsciente de interés sobre su historia. -Yo conozco a muchísimas personas, tal vez se de quien se trata. -dijo la morena con un gesto curioso.
-La conozco un poco, pero preferiría no mencionar su nombre. -rio Zelena ante la ironía de las cosas, Regina iba a protestar, pero cambio de idea. -Ella era mi hermanita, la mujer que tanto odiaba y a la que le tenía tantos celos, era mi hermana menor. La envidiaba por tenerlo todo, quería su vida. -confeso la pelirroja con un gesto serio, Regina arqueo las cejas sin poder evitarlo. -Por eso llegue al Bosque Encantado, para hacerle daño. -termino de decir Zelena con un gesto serio, haciendo que Regina sintiera algo extraño recorrerla, un sentimiento raro.
- ¿Lo hiciste? -pregunto la alcaldesa directamente, mirando los ojos de Zelena fijamente para buscar la verdad.
-No, no logre destruirla. -confeso Zelena con un gesto amargo. -Al final entendí que no era culpa suya. -dijo la pelirroja encogiéndose de hombros, haciendo que Regina se relajara. -Me aleje de esos propósitos, los deje en el olvido y ahora trabajo para ti. -resumió Zelena como si nada.
-Buen resumen, historia interesante. -acepto Regina conforme con la información. Zelena solo se encogió de hombros. -Puedes marcharte si quieres, Zelena. -agradeció Regina con un gesto sutil y fingiendo seriedad, haciendo que la pelirroja sonriera al saber que ya había logrado acercarse un poco más. La pelirroja se despidió con un gesto rápido y salió de la oficina sin mirar atrás, siendo consciente de que Regina estaba muy cerca de la verdad, pero al mismo tiempo, no lograría reconocer esa verdad hasta que ella misma la ayudara a hacerlo.
Robín estaba terminando de charlar con sus muchachos sobre las actividades que harían próximamente, aprovechando que Roland estaba bajo el cuidado de John y habían salido a dar una vuelta. El arquero dejo que los muchachos se alejaran cuando terminaron y tomo asiento cerca de su casa de campaña, no tenía mucho que hacer y a veces los ratos libres eran bastante aburridos, sobre todo cuando Roland no estaba. Robín estaba por levantarse e ir en busca de su amigo y de su hijo, pero se topó con la llegada de alguien ya muy conocida, haciendo que el ladrón sonriera y se levantara para acercarse a saludar.
- ¡Robín! -la voz alegre de Jazmín hizo a Robín sonreír ampliamente. La joven se acercaba a él con un gesto amable, su mirada paso del ladrón al suelo, los tacones de sus botas amenazaban con estancarse en la tierra y trataba de evitarlo. Robín rio al ver a la joven tan arreglada como siempre no encajar demasiado en la imagen del bosque y casas de campaña pequeña.
-Sigo preguntándome porque no usas algo más cómodo, Rose. -rio Robín apresurándose a tomar la mano de la joven para ayudarla. La princesa sonrió de forma sarcástica, pensando que primero dejaba de entrar al bosque y luego se permitía usar algo menos elegante. -La única mujer que se pasea por aquí. ¿Vienes por Roland, ¿no? -bromeo Robín cuando ambos ya estaban cerca de las sillas esparcidas entre casas de campaña y fogatas.
-Sí, le prometí a Roland que lo llevaría por un helado, y estoy segura que si no cumplo mi promesa no me dejara olvidarlo. -ironizo Jazmín encogiéndose de hombros, haciendo que Robín riera al conocer la capacidad perturbadora de su hijo para conseguir lo que quería.
-Lo sé, para ser tan pequeño puede ser muy persistente. -bromeo Robín con un gesto de seriedad fingida. -No debe de tardar en regresar, John lo llevo a dar una vuelta mientras yo hablaba con los muchachos. -explico el arquero encogiéndose de hombros. -Si quieres esperar, puedo hacerte compañía. -ofreció Robín señalando dos sillas junto a su casa de campaña.
- ¿No te interrumpo? No quiero molestar si estas ocupado en algo. -dijo la joven mirando a los muchachos dispersos a unos cuantos metros del lugar.
-Para nada. -rio Robín indicándole que tomara asiento. -Sabes que me gusta tenerte de visita por aquí. -dijo el arquero tomando asiento después de ella, notando la mirada curiosa de un par de sus muchachos. -Y parece que a ellos también, más de lo que me gustaría. -gruño Robín lanzando miradas asesinas a los curiosos, haciéndolos alejarse.
-Eres un buen líder, Robín Hood. Has hecho un buen trabajo con ellos. -dijo Jazmín con un gesto amable, haciendo que Robín se encogiera de hombros para restarle importancia.
-Lo intento. -dijo Robín algo sonrojado, Jazmín reprimió una risa. - ¿Tienes lecciones hoy? -pregunto el arquero, la joven asintió. Robín pensaba que tenía lecciones de otro tipo, casi todo el pueblo se había enterado que la alcaldesa Mills había estado reuniéndose con una joven para enseñarle algunas cosas. El detalle de que eran lecciones mágicas aun no era conocido por muchos, solamente las más cercanas a Regina sabían eso y tenían prohibido comentarlo.
-Sí, pero aún me quedan unas horas antes de ir. -dijo Jazmín con un gesto despreocupado que hizo reír a Robín. -Y me aburro fácilmente, así que mejor vine por aquí. -dijo la princesa con un gesto infantil.
-Puedes venir cuando quieras, Roland te adora. -dijo Robín honestamente, haciendo sonreír a la joven. - ¿Cómo le has hecho? Te lo ganaste en muy poco tiempo. -pregunto el arquero con verdadera curiosidad, su hijo no era muy dado a las personas desconocidas.
-Es un encanto. -respondió Jazmín sin más, encogiéndose de hombros. La verdad era que sus trucos de magia al aparecer luces que había que Roland se emocionara habían ayudado en gran parte, y el pequeño era adorable.
- ¡Princesa! -la voz de Roland al correr hacia donde estaban ellos hizo que Jazmín y Robín se levantaran. La joven agradeció ser salvada por el momento. - ¡Rose! -saludo Roland dando un brinco para que la joven lo alzara en brazos.
-Hola, Roland. -saludo la princesa besando su mejilla cálidamente, bajo la mirada de Robín y John que aún se acercaba. -Vengo para pagar mi deuda. ¿De qué sabor quieres tu helado? -pregunto Jazmín dejando a Roland en el suelo y tomando su mano.
-Chocolate. -contesto el niño como si fuera lo más obvio del mundo, haciendo reír a Robín y Jazmín. - ¿Vas a venir con nosotros, papá? -pregunto Roland mirando al arquero con una mirada traviesa. Jazmín se unió a la propuesta de Roland dejando a Robín sin más escape.
-De acuerdo, solo voy por el helado. -bromeo Robín antes de seguir a Jazmín y Roland que iban por delante platicando y riendo, no paso mucho antes de que el arquero también se uniera a la charla mientras caminaban.
David estaba entrando al convento de las monjas, o hadas, ya ni siquiera sabía cómo debía decirles. El rubio había estado evitando ese compromiso por días, pero Blue podía ser muy insistente cuando se lo proponía, y el cómo sheriff debía asegurarse de que todo marchara correctamente, así que cuando después de varios recordatorios Blue le hizo prometer que iría esa misma tarde no tuvo escapatoria posible. El príncipe se sentía incómodo, no por las hadas, menos con la idea de ayudar a otros, eso era parte de él, le agradaba ayudar y colaborar con los demás. Se sentía incómodo con el hecho de que Blanca estaría ahí también, cada que la miraba se sentía la peor persona del mundo por haberla dejado antes de la boda por Regina, no se arrepentía, jamás lo podría hacer, amaba a su esposa, pero Blanca seguía enamorada de él y cada vez que miraba a los ojos a Blanca podía darse cuenta que aún estaba enamorada de él y eso le hacía sentir mal, no corresponderle, no saber cómo tratarla para no lastimarla. David estaba caminando por el lugar en busca de Blue, pero antes de poder dar con la Madre Superiora se encontró con Blanca, quien no dudo en acercarse a él.
-David, que gusto verte aquí. -saludo Blanca sonriendo ampliamente sin poder evitarlo, David le devolvió el gesto al asentir con una sonrisa amable. - ¿Cómo estás? -pregunto Blanca al detenerse frente a él.
-Hola, Blanca. -saludo David al asentir amable. -Bastante bien, gracias. ¿Esta Blue aquí? Me hizo prometerle que vendría. -dijo el rubio con un gesto relajado al encogerse de hombros, Blanca arqueo las cejas y asintió.
-Sí, entiendo. Ven conmigo, yo te llevo con ella. -dijo Blanca sonriente, comenzando a caminar y haciéndole un gesto a David par que la siguiera de cerca, el rubio titubeo, pero termino haciéndolo.
-Supongo que puedo tomarme un tiempo. -murmuro David respirando profundo antes de dar el primer paso, Blanca sonrió al verlo caminar junto a ella.
- ¿Tienes prisa? -pregunto Blanca al ver que después de unos segundos de caminar en silencio David miraba su reloj.
-No demasiada, pensaba pasar por la alcaldía a la hora del almuerzo. -dijo David pensativo, olvidando a quien se lo decía y arrepintiéndose al ver el gesto de Blanca tensarse por unos segundos fugaces. -No importa, puedo pasar mañana. -añadió el rubio para no tensar más las cosas.
-Si no puedes llegar a tiempo puedes acompañarnos a la hora de la comida. -ofreció Blanca inocentemente, David se limitó a sonreír levemente mientras pensaba como librarse de aquello de forma sutil. Por suerte para el príncipe ya habían llegado a la puerta del salón donde esperaba Blue y no hizo falta que contestara, antes de hacerlo las puertas del salón se abrieron dejando ver a Blue.
-Madre Superiora. -saludo David con alivio más que evidente, sonriente de ser salvado. -Aquí estoy, tal como lo prometí. -dijo el rubio encogiéndose de hombros con una sonrisa, haciendo que Blue sonriera y asintiera conforme.
-Siempre cumples tus promesas, David. Me da gusto tenerte de visita. -dijo Blue sonriéndole, su mirada se fijó en Blanca y luego en David. El príncipe fue consiente del silencio que hubo por varios segundos y comenzaba a preguntarse si sería tan malo marcharse tan pronto. - ¿Regina sabe que nos visitas hoy? -pregunto Blue con un gesto despreocupado, David maldijo mentalmente.
-No, aproveche que tenía un rato libre en la comisaria para venir, pensaba decirle a Regina durante la hora del almuerzo, cuando la visito en la alcaldía. -explico David encogiéndose de hombros para restarle importancia, haciendo que tanto Blue como Blanca arquearan las cejas en gestos de curiosidad.
-Si. Eso me estaba diciendo, que pensaba darle la sorpresa en la alcaldía. -comento Blanca en defensa del rubio, quien no tuvo más que guardar silencio y mantener un gesto neutral.
-Entiendo. -asintió Blue con una sonrisa condescendiente, David se limitó a asentir. -Supongo que a la alcaldesa no la tendremos por aquí para ayudarnos como tú. -dijo Blue con un tono sutilmente irónico, haciendo que David torciera el gesto apenas visiblemente.
-Regina está muy ocupada. La alcaldía, Henry, tiene muchas cosas que hacer. -excuso David a la morena, pero nada creíble, Regina no se molestaba en ocultar su desprecio por las hadas y en especial por Blue, quien se limitó a negar con la cabeza.
-No tienes que disculparla, David. -musito Blue quitándole importancia al asunto. -La alcaldesa nunca ha ocultado o negado los sentimientos que tiene hacia las hadas. -recordó Blue con un gesto irónico, David maldijo mentalmente una vez más.
-No por todas, Madre Superiora. Ella se lleva bastante bien con Tinkerbell. -recordó Blanca encogiéndose de hombros, tratando de suavizar el tema para David.
-Claro, olvidada su amistad con Verde. -musito Blue con un gesto forzado. Los tres guardaron silencio por unos cuantos segundos, hasta que se hizo un poco incómodo para todos.
- ¿Qué puedo hacer para ayudarles hoy? -pregunto David con un gesto más relajado para terminar con la tensión.
- ¿Te parece si te llevamos a conocer a los niños que atendemos? -pregunto Blue con un gesto amable, David asintió y siguió a Blue de vuelta al salón de donde había salido. -Blanca los atiende perfectamente, cada tarde viene a ayudar. -comento la castaña.
-Lo puedo imaginar, por algo es una de las mejores maestras. -dijo David con una sonrisa leve, Blanca sonrió ampliamente.
-Es verdad, ustedes dos podrían tener más en común de lo que parece. A ambos les gusta ayudar a los demás. -comento Blue girándose a mirarlos, notando la incomodidad de David y la sonrisa sutil de Blanca.
-Ven, David. -dijo Blanca al entrar al salón donde había varias cunas. David paseo su mirada por todos los niños del salón, había desde bebés hasta niños de casi 3 años. El príncipe se dejó guiar por Blanca, mientras Blue se marchó para dejarlos solos, hasta llegar a una cuna donde pudo ver a un niño, mismo que al ver a Blanca no tardo en alzar sus brazos hacia la maestra para que lo cargara. Blanca tomo en brazos al pequeño con una sonrisa sincera y beso su mejilla. -Te presento a Neal. -dijo Blanca mirando al pequeño en sus brazos, David sonrió sin poder evitarlo.
-Hola, Neal. -saludo David acariciando al niño y sonriendo al ver como el pequeño trataba de lanzarse a él, siendo sujetado por Blanca. El príncipe rio y se acercó más para tomarlo en brazos, bajo la mirada embobada de la maestra. David observo detenidamente al pequeño y no pudo evitar sentirse bien, extrañamente bien con ese niño, como si fuera natural el tenerlo en brazos. Neal se acomodó en el pecho del príncipe.
Ingrid había estado pendiente de los movimientos de Gold, cuando estuvo segura que el Oscuro estaba bastante entretenido con Bella, fue el momento que aprovecho para entrar a su tienda. La Reina de las Nieves logro entrar a la tienda sin mayor esfuerzo, con las cosas tan calmadas en Storybrooke nadie pondría tanta seguridad en una tienda de antigüedades. ¿Quién entraría a robarle al mismo Rumplestilskin? Cosa que Ingrid agradeció y aprovecho para entrar a la tienda y cerrarla desde adentro mientras buscaba por las estanterías y cajones a la vista, frustrándose al no encontrar el objeto que deseaba.
-Debe estar por algún lugar. -murmuro Ingrid entre dientes y torciendo el gesto al terminar de revisar un armario de madera que había cerca de los mostradores. La rubia se detuvo un momento y comenzó a pensar en alguna solución más rápida. La reina de las nieves hizo un par de movimientos de manos y conjuro un hechizo para detectar donde se concentraba la mayor fuente de magia en esa habitación. Un rastro de luz comenzó a recorrer la habitación, siendo seguida de cerca de Ingrid, quien observaba con atención y cuidado donde iba a parar la magia. Los destellos chocaron contra una pared de la parte de atrás de la tienda, donde había muchas cosas, Ingrid dedujo que era una bodega. La rubia comenzó a inspeccionar el cuarto y se acercó a la pared donde las luces habían chocado y desaparecido, deslizo sus manos sobre la pared y a simple vista no parecía haber nada.
-Veamos que ocultas aquí. -murmuro Ingrid con un gesto curioso, haciendo un par de conjuros pudo revelar una caja fuerte oculta en la pared. La reina de las nieves la examino e intento abrirla con varios conjuros, pero no lo consiguió, estaba protegida por magia de sangre y eso, con ningún hechizo podría romperla. Ingrid movió su muñeca y un pequeño frasco de cristal apareció en su mano, un par de gotas de sangre pertenecientes a Regina, mismas que consiguió durante su encuentro en la torre del reloj y la había herido, sonrió al recordar que fue Gold quien la curo sin darse cuenta de sus planes.
-Aquí vamos. -murmuro Ingrid casi emocionada al verter las gotas de sangre de Regina sobre la cerradura y escuchar los mecanismos comenzar a abrirse, agradeció haber tomado precauciones y conseguir esa sangre hace tiempo. La puerta de la caja se abrió y revelo la preciada daga del Oscuro, envuelta en una manta café vieja, Ingrid no tardo y la tomo sin cuidado, observándola con un brillo de maldad en los ojos. La rubia movió sus manos y en pocos segundos todo volvió a su estado normal, como si nunca nadie hubiera estado ahí. Dado que Gold no recordaba nada, no sospecharía nada, pensó Ingrid, antes de desaparecer en su nube de humo blanco y marcharse con todo y la daga del Oscuro.
August no había podido dejar de pensar en sus sueños durante esos últimos días, las imágenes y voces con las que había soñado le parecían tan reales que le perturbaban más que una pesadilla, era como si tuviera el presentimiento de que no eran solo alucinaciones y sueños extraños. Había dejado pasar varios días, intentado olvidarlo o restarle importancia, pero nada resultaba. El escritor necesitaba encontrar una explicación lógica, pensó en ir con Bella y contarle, pero no deseaba preocuparla con sus problemas, su opción más cercana era Henry, tenía que pedirle prestado su libro de nuevo para poder asegurarse de que lo que había soñado estaba escrito en su libro. ¿Lo estaba? ¿Se estaba sugestionando? August ya no sabía que pensar, por ese motivo estaba camino a buscar al chico y pedirle su libro. El escritor espero fuera del colegio de Henry a la hora de salida, buscando al chico entre todos los que estaban saliendo.
- ¡August! -la voz de Henry detrás de él lo hizo sobresaltarse y girarse. Henry rio divertido al haberlo tomado desprevenido, el escritor saludo al chico con un choque de puños. - ¿Qué haces aquí? -pregunto Henry con curiosidad, no recordaba haber quedado con August para verse a esa hora. - ¿Todo está bien? -pregunto el chico curioso.
-Sí, todo está bien. -asintió August encogiéndose de hombros, Henry asintió aliviado. -Solo necesito un favor. ¿Podrías prestarme el libro de cuentos, Henry? Quisiera leerlo una vez más. -pidió August con un gesto inocente, el chico arqueo las cejas.
-Te lo prestare cuando lo tenga. Se lo preste a Rose hace unos días, no debe tardar en regresármelo. ¿Para qué lo necesitas? -pregunto Henry con curiosidad, notando un poco de ansiedad en su amigo.
-Solo tengo curiosidad por unos detalles que olvide. -mintió August encogiéndose de hombros, Henry dudo si debía creerle. -Necesitaba un poco de inspiración para seguir escribiendo, ya sabes cómo es esto. -se excusó August con una sonrisa inocente y revolviendo el cabello del chico.
- ¿Curiosidad? ¿Detalles? -pregunto Henry repitiendo sus palabras en un tono de evidente burla, haciendo que August rodara los ojos. - ¿Curiosidad sobre si la mujer que viste en el hospital es la misma del libro? -pregunto Henry con un gesto acusador, August frunció el ceño.
-No, y antes de que lo pidas no te llevare de nuevo a ese lugar. -dijo August con seriedad para no tentar la curiosidad imparable del chico. Henry torció el gesto. -Tu madre podría sospechar y nos meteremos en problemas. -explico August con un gesto más suave.
-Ya han pasado unos días, si dejamos que pasen unos cuantos más nadie va a sospechar. -dijo Henry como si nada, August lo miro severo. -Bien. -gruño Henry resignándose. -Solo digo que deberíamos saber si esa mujer, Emma, si existe o si solo es alguien que se parece a ella. -se defendió Henry con un gesto inocente.
- ¿Emma? -pregunto August confuso, el chico asintió.
-Es su nombre, está en el libro. La Salvadora. -explico Henry como si fuera lo más obvio, haciendo que August frunciera el ceño un poco por haber olvidado ese detalle.
-Henry, promete que no harás locuras y no te acercaras al hospital. -pidió August mirando seriamente al chico, quien parecía resistirse a la petición y a hacer contacto visual con el escritor. August lo miro severo y Henry no tuvo más que rodar los ojos y asentir de mala gana.
-Lo prometo, August. -accedió Henry con un gesto de desagrado, August asintió conforme y choco su puño con el de Henry para despedirse del chico. Henry observo a August alejarse y comenzó a pensar en lo sucedido, quizá August solo necesitaba tiempo para darse cuenta que él tenía razón y debían saber la verdad.
El despacho de la alcaldesa Mills estaba totalmente cerrado, las ventanas abajo y no había forma de que alguien interrumpiera, como cada vez que Regina y Jazmín tenían lecciones a la misma hora. La alcaldesa le había tomado rápido el gusto a ser la tutora de la joven, enseñarle a alguien más le había resultado mucho más agradable de lo que pensó. Por su parte, Jazmín no podía estar más contenta con sus clases, pasar tiempo con su madre era realmente increíble, se habían acercado mucho a pesar de que Regina no sabía la verdad de ella. Por desgracia no todo era para siempre y esa tarde era la última vez que Regina le daría clases a la princesa.
-Has avanzado mucho, Rose. -dijo Regina sonriendo complacida después de ver a la princesa manejar los objetos en el aire con total control y facilidad, sin necesidad de hacer un contacto visual permanente. -Me sorprende tu facilidad para estas cosas. -confeso Regina acercándose a la joven y permitiéndose pasar su brazo por encima de los hombros de la joven.
-Gracias. -sonrió Jazmín mirando a su madre. -Supongo que debo agradecértelo, todo es gracias a ti. -dijo la joven encogiéndose de hombros y sonriendo cálidamente, pensando en que lo que había dicho era totalmente cierto, después de todo ella había heredado sus poderes.
-No, es algo natural en ti. Las clases que te he dado solo han sido un pequeño recordatorio. -dijo Regina con un gesto relajado, Jazmín arqueo las cejas. -Es algo bueno. -añadió la morena con un gesto cálido al tocar la mejilla de la joven en una pequeña caricia.
- ¿Entonces, ya no habrá más clases? -pregunto Jazmín con cierta tristeza en su voz, se había acostumbrado a estar cerca de Regina cada tarde. La alcaldesa noto el gesto de la joven y sonrió un poco, ella también se había acostumbrado a la compañía de la joven.
-No es necesario, cariño. Controlas tus poderes muy bien, no creo que haya necesidad de enseñarte como controlarlos. -explico Regina encogiéndose de hombros y tomando asiento en una de las sillas que tenía en su oficina, la joven princesa tomo asiento frente a ella. -He disfrutado mucho estas semanas de tenerte aquí. -confeso Regina mirándola con calidez.
-A mí también me ha gustado estar aquí, diría que demasiado. Me acostumbre a venir por las tardes. -confeso la joven con un gesto inocente, Regina la miraba con cierta ternura.
-Puedes venir cada que quieras, Rose. Siempre me dará gusto que me visites. -dijo Regina con un gesto relajado, haciendo que la princesa asintiera en agradecimiento.
- ¿Zelena me dejara pasar? -pregunto Jazmín con un gesto de broma, haciendo que Regina riera divertida. -Parece un poco renuente a mi presencia. -ironizo la joven con un gesto de broma.
-Lo es. -aseguro Regina asintiendo con un gesto firme. -No es personal, solo es cuestión de encontrar la forma de tratarla. -dijo la morena con un gesto despreocupado, haciendo que la princesa sonriera un poco sarcástica.
-No creo que nadie en el pueblo haya descubierto como tratarla, nadie le agrada, es como si los congelara con la mirada. -dijo Jazmín con un gesto de ironía, Regina tuvo que darle la razón con un gesto. -Excepto tú, parece que contigo esta cómoda. -dijo la joven con un gesto sincero.
-Soy su jefa. -declaro Regina como toda explicación, haciendo que Jazmín riera. -Ven a la mansión a cenar esta noche. -propuso la reina después de meditarlo unos segundos, tomando por sorpresa a la princesa. -Estoy segura que a David le encantara tenerte ahí para poder torturarte con sus mil historias de aventuras. -ironizo la reina con un gesto de resignación.
-Son buenas historias, alcaldesa. -rio Jazmín relajada. La joven se había adaptado bastante bien con David, en realidad se había tomado el tiempo de convivir con David, Robín y Killian, así que la idea no era tan mala. - ¿Henry no se enojará? -pregunto la princesa con un gesto dudoso.
-Henry es un gran chico, no porque sea mi hijo, pero solo deben convivir para entenderse. -dijo la reina con un gesto de total instinto maternal. La joven tuvo que asentir, aunque dudaba seriamente que llegara a llevarse muy bien con Henry.
-De acuerdo, iré esta noche. -prometió Jazmín, Regina asintió conforme y se levantó de la silla.
-Una última lección antes de que te marches, pero será afuera. -dijo Regina señalando la ventana, Jazmín arqueo las cejas. -No te preocupes, a esta hora de la comida todos están en casa. -aseguro la morena con un gesto tranquilo. Jazmín asintió y siguió los pasos de la morena.
Bella, Kathryn y Ruby estaban caminando cerca de la alcaldía, aprovechando que sus rumbos se cruzaban se habían acercado para charlar mientras caminaban. La castaña estaba camino a la biblioteca para terminar su turno y cerrar, Kathryn estaba camino a su casa para encontrarse con Frederick, y Ruby se dirigía a Grannys para trabajar su turno. Las tres charlaban relajadas, hasta que se detuvieron al ver a Regina y Jazmín saliendo de la alcaldía a varios metros de donde estaban ellas. Las tres mujeres se detuvieron y observaron calladas, Regina y Jazmín practicaban un par de hechizos antes de terminar sus clases de ese día, ya no era tan secreto que la alcaldesa daba lecciones a una jovencita, aunque eran discretas con el tema de la magia, ese día Regina decidió que era hora de que Jazmín practicara fuera del área protegida de la alcaldía y salieron a la parte de adelante para tomar un poco de aire.
- ¿Pueden ver eso? -pregunto Kathryn con un gesto suspicaz, con la mirada fija en la alcaldesa y la joven al otro extremo de la calle. -Pueden decir que estoy loca, pero casi diría que se parecen. -dijo la rubia con un gesto de confusión.
- ¡Gracias, creí que era solo cosa mía! -replico Ruby con un gesto de alivio, haciendo que Kathryn riera levemente al tener su apoyo. La morena y la rubia miraban la escena con gestos de curiosidad.
-No me había dado cuenta hasta ahora. -musito Bella con un gesto de sorpresa, guardando silencio cuando vio a Regina y Jazmín hacer el mismo hechizo al mismo tiempo, haciendo los mismos movimientos. -Pero debo decir que si, tienen algo en común. -dijo Bella frunciendo el ceño y mirando a Ruby y Kathryn que la miraban esperando su veredicto.
-Físicamente no son muy parecidas. -dijo Kathryn con un gesto pensativo al fijarse en ambas mujeres a distancia. -Quizá deberíamos caminar, no será bueno si nos descubren espiando. -dijo la rubia con un gesto irónico. Las tres mujeres comenzaron a caminar a paso lento, pensando aun en el tema.
-Excepto en los ojos. -dijo Bella al recordar algo, deteniéndose después de avanzar varios metros. Kathryn y Ruby se miraron sin entender muy bien, ambas miraron a Bella que parecía haber descubierto algo. -Regina y Rose no son parecidas físicamente, excepto por sus ojos. -explico Bella con un gesto de obviedad, Kathryn y Ruby arquearon las cejas.
-Es verdad, bueno, lo note hace poco. -dijo Kathryn cayendo en cuenta de aquello, recordando la vez que conoció a Jazmín en la alcaldía, le había parecido una niña agradable. -Cuando miro a Rose es como si mirara a Regina. -murmuro la rubia meditándolo.
-Solo por sus ojos. -dijo Ruby comenzando a caminar junto con las otras dos mujeres. -Es muy extraño, o quizá solo sea casualidad. -dijo la morena encogiéndose de hombros, Bella y Kathryn se encogieron de hombros.
-Es un poco extraño, sí. -acepto Bella con un gesto irónico. -Quizá solo sea cosa nuestra, efecto causado por verlas juntas mucho tiempo y practicando los mismos movimientos, solo eso. -dijo Bella encontrando una explicación mucho más lógica que sus pensamientos locos.
-Eso es, gracias Bella por explicar todo esto. -sonrió Ruby con despreocupación, haciendo reír a la castaña. -Solo estamos imaginando cosas por pequeñas cosas que tienen en común, es todo. -dijo la morena. -Por supuesto, Rose es cálida y Regina te congela con la mirada. -ironizo Ruby con un gesto relajado y bromista. Kathryn rio sin poder evitarlo y Bella rodo los ojos resignada.
-Bueno, el sarcasmo lo comparten, eso sí. -añadió Kathryn con una sonrisa traviesa, ganándose las risas de Ruby y Bella, ambas divirtiéndose y olvidando el tema que trataban hace unos momentos. Las tres se separaron para tomar sus respectivos caminos.
Zelena estaba camino a casa después de pasar a Grannys por el almuerzo para ella y Jazmín. La pelirroja estaba recordando la charla con Regina, sabía que si su hermana había querido saber más de ella era por que comenzaba a considerarla algo cercana, eso le convenía para poder estar pendiente de lo que sucediera y también le gustaba. Zelena estaba por cruzar la calle cuando vio que Hook estaba cruzando hacia donde estaba ella, torció el gesto al ver como el pirata sonreía con descaro y diversión al verla.
- ¡Pero que tenemos por aquí! -rio Hook con total diversión y un gesto descarado, recorriendo a la pelirroja de arriba abajo mientras pasaba junto a ella y la rodeaba sin disimulo. Zelena cerró los ojos y control mentalmente hasta diez, recordándose lo mal que la pasaría con Regina y Jazmín si decidía asesinar al pirata. -Hola, pelirroja. -musito Hook con una sonrisa amplia y descarada.
-Pirata. -saludo Zelena arrastrando las letras y siseando para dejar ver su fastidio y desagrado ante su encuentro, Hook dramatizo un gesto de ofensa. -Una desagradable casualidad, tan lindo que estaba el día. -ironizo la pelirroja con una sonrisa de malicia, haciendo reír a Hook.
-A mí me parece divertido. -replico el pirata encogiéndose de hombros sin perder la sonrisa, sabiendo que eso solo irritaba más a Zelena. -Estas muy tensa, amor. Deberías relajarte. -murmuro Hook al moverse rápidamente y quedar a su espalda, susurrándole y riendo al ver como Zelena se tensaba y apartaba sin titubear. -Tranquila, no muerdo. -rio Hook con un gesto malicioso, ganándose la mirada asesina de Zelena.
-Muy gracioso, Hook. -siseo Zelena rodando los ojos y esbozando una sonrisa fría. -Adiós, pirata. -se despidió Zelena dando media vuelta para marcharse antes de perder la poca paciencia que tenía. El pirata observo a Zelena dar unos cuantos pasos para seguir su camino y cruzar la calle, una sonrisa apareció en su rostro al pensar en una idea repentina.
- ¡Te invito a cenar! -grito Hook sin preocuparse por causar escándalo, el pirata sonrió al ver como la pelirroja se detenía a medio camino de cruzar la calle. Zelena escucho esas palabras y por un segundo pensó que había escuchado mal, agradeció que no pasaran autos en ese momento. - ¿Qué dices, pelirroja? -pregunto Hook al ver que ella no se giraba hacia él. Zelena respiro profundo y con su mejor cara de malicia se giró con lentitud, se acercó a la acera donde Hook estaba para salir de la calle antes de que pasara algún auto.
- ¿Qué digo? -pregunto Zelena a un par de pasos de llegar hasta él. -Que no pienso pasar una cena en un restaurant contigo ni, aunque de eso dependiera mi vida. -ironizo la pelirroja con una sonrisa maliciosa y los ojos fijos en los del pirata.
- ¿Restaurant? -pregunto Hook con un gesto confuso, haciendo que Zelena rodara los ojos. - ¿Quién menciono eso? -pregunto el pirata con un gesto despreocupado, Zelena abrió la boca para replicar, pero Hook se le adelanto. -Te veré el próximo jueves en mi barco. En el Jolly Roger a las 8pm. No hay pretextos, pelirroja. -dijo Hook tan rápido que dejo a Zelena sorprendida. Hook soltó una risa y comenzó a alejarse, caminando de espaldas para mirar a Zelena salir de la estupefacción.
- ¿Cuándo demonios dije que sí, pirata? -pregunto Zelena al reaccionar y caer en cuenta de lo que había pasado. Hook se encogió de hombros, ya alejándose por un par de metros.
- ¿Cuándo dijiste que no? -pregunto Hook con una sonrisa maliciosa, dejando a Zelena con un gesto incrédulo. El pirata se giró y comenzó a caminar más rápido antes de recibir algún insulto de parte de Zelena.
- ¡Estúpido, pirata! -gruño Zelena con indignación, preguntando como podía ser tan irritante una persona. La pelirroja negó con la cabeza y olvidándose del tema continuo su camino, tratando de recordar en que había estado pensando antes de su desafortunado encuentro.
Regina estaba terminando de arreglar los detalles de la mesa del comedor para la cena de esa noche, su famosa lasaña estaba lista sobre la mesa de la cocina. La alcaldesa estaba terminando de dejar la mesa lista cuando escucho voces que se acercaban desde las escaleras. David y Henry estaban bajando y se dirigían a ella mientras hablaban, aunque parecía más quejas de parte del chico.
- ¿Es realmente necesario que venga a cenar con nosotros? ¿No es suficiente con que pase tiempo en tu oficina? -pregunto Henry primera mirando a David con un gesto de molestia, para luego mirar a Regina.
-Vamos, Henry. -intervino David poniendo su brazo por encima de los hombros del chico mientras seguían a Regina hacia la cocina. -Es una niña agradable, a mí me agrada. Lo siento, compañero, estas solo en eso. -dijo el rubio encogiéndose de hombros con un gesto relajado y bromista, haciendo que Regina sonriera y que Henry torciera el gesto.
-Admite que ella te ha ganado desde el momento en que descubriste que disfruta que le cuentes tus historias de aventuras siendo el Príncipe del Bosque Encantado, cariño. -rio Regina acercándose a David y depositando un fugaz beso en sus labios, para después sacar un par de copas de vino de un estante.
-Mis historias son geniales. -replico David en su defensa, aunque era verdad que Regina tenía razón. La morena dejo las dos copas de vino sobre la mesa de la cocina y se puso al lado de David.
-Espera a que las escuche todas, entonces se aburrirá. -dijo Henry con un gesto de falso aburrimiento, haciendo que Regina riera y que David frunciera el ceño en automático para diversión del chico.
-Di lo que quieras, Henry, pero mis historias eran tus favoritas. Me rogabas que te las contara cada noche. -recordó David con orgullo, haciendo que Regina asintiera dándole la razón. Henry sonrió ampliamente al pensar en su respuesta.
-Claro que las pedía, para poder dormir. -ironizo Henry con naturalidad copiada a su madre, dejando a David con un gesto incrédulo ante su respuesta y a Regina con una sonrisa de diversión en el rostro.
-Esa fue buena, cariño. -replico Regina riendo sin poder evitarlo, a pesar de la mirada de indignación del rubio que cruzado de brazos no pudo replicar nada a su hijo. Regina le dio un beso a Henry en la cabeza y tomo ambas copas de la mesa de la cocina para llevarlas a la mesa del comedor, seguida del chico.
-Es tu hijo, sin duda. Yo soy la victima de ustedes dos. -bromeo David fingiendo indignación ante la alianza de su mujer e hijo, recibiendo como respuesta solo dos carcajadas que provenían del comedor. El príncipe solo pudo reírse levemente.
Jazmín llego a la mansión Mills tal como lo había prometido, en el fondo estaba algo nerviosa por estar en el mismo sitio junto a Regina y David. Durante esos días había pasado mucho tiempo con ellos, pero nunca al mismo tiempo y en el mismo lugar, y si a eso le sumaba que Henry estaría presente. La princesa tomo aire y toco el timbre de la mansión, espero unos cuantos minutos y escucho pasos acercarse a la puerta, para después ver a David abrirle la puerta. El príncipe saludo a la joven con una sonrisa amplia, su vestimenta era mucho más relajada a cuando estaba en la comisaria.
-Buenas noches, David. -saludo Jazmín con una sonrisa discreta, el príncipe la saludo con un beso en la mejilla y se apartó para dejarla pasar. La joven miro de reojo a Regina salir de la cocina y a Henry sentado cómodamente en el sofá.
-Eran buenas noches. -ironizo Henry con un gesto resignado desde el sofá, ganándose un golpe leve de Regina, quien iba camino a la puerta para recibir a su invitada. El chico se quejó por lo bajo y rodo los ojos.
-Muy gracioso, Henry. -ironizo David desde la puerta, para después mirar a Jazmín. -No le hagas caso, adelante, Rose. -invito el príncipe a pasar a la joven. Regina ya estaba al lado de ellos, saludando a la princesa con un beso en la mejilla y una sonrisa. David cerró la puerta y le indico a Henry que se levantara del sofá.
-Si quieres estar cómoda puedes dejar tu abrigo. -dijo Regina sonriéndole a la joven y pasando su mano suavemente por su cabello, apartando un mechón de su rostro. Jazmín asintió y se despojó de su chaqueta negra para dejarla sobre el sofá por indicaciones de David, quien ya se había encaminado a la mesa del comedor con Henry. Regina y Jazmín esperaron un poco y después de intercambiar un par de frases se dispusieron a seguirlos para tomar asiento.
- ¿Qué tal el último día de tortura? -pregunto David al dejar la botella de vino sobre la mesa. Jazmín rio levemente y se encogió de hombros, Henry ya estaba sentado en la mesa y Regina le dedico una mirada asesina al príncipe. -Es broma, cariño. -rio David robándole un beso fugaz a la morena al pasar junto a ella para acomodarle la silla a ambas mujeres, después el mismo tomo asiento junto a Regina y Henry.
- ¡Hey! -protesto Henry desde su asiento, dejando su bebida sobre la mesa. -Estamos en la mesa, y no están solos. -recordó el chico con un gesto divertido, haciendo que Jazmín arqueara las cejas en un gesto divertido.
-Voy a extrañar las lecciones. -dijo Jazmín como toda respuesta, encogiéndose de hombros. Henry no perdió tiempo y comenzó a servirse su plato de comida, mientras que David siguió su ejemplo. Regina le hizo un gesto a Jazmín para que hiciera lo mismo y se relajara un poco, la joven sonrió e hizo caso, la morena también tomo su plato de comida sobre la mesa y David sirvió dos copas de vino para los adultos, la jarra de jugo sobre la mesa era para los adolescentes.
-Adelante, Rose. -dijo David al ver que solo faltaba ella por empezar a comer. -Te encantara la lasaña, es algo clásico en esta casa y Regina solamente la prepara para personas especiales. -dijo David con una sonrisa amable, Regina le dio la razón con un gesto de asentimiento.
-Es deliciosa. -musito Jazmín después de probar un bocado de la comisa, haciendo que Henry y David asintieran al encogerse de hombros y que Regina disimulara una amplia sonrisa de satisfacción al beber de su copa de vino.
-Mamá adora que halaguen su comida. -dijo Henry sin tomarse la molestia de terminar de masticar bien su comida, haciendo reír a David y ganándose una mirada de regaño de Regina. La princesa rio levemente, parecía un ambiente cálido y agradable, lo difícil era estar ahí sabiendo que todo era parte de una mentira por un hechizo.
-Solo tenemos que rezar por que la Abuelita no se entere de que te ha gustado esta lasaña. -dijo David con un gesto casi serio, haciendo que Henry asintiera y que Jazmín arqueara las cejas. -Esa mujer se toma muy en serio su reputación como la mejor cocinera. -bromeo David continuando con su comida. Las risas de los cuatro integrantes de la mesa se hicieron presentes, a partir de ahí el ambiente fue más relajado, risas, bromas, charlas informales y poco profundas, solo estaban pasando un rato agradable y sin pretensiones.
- Una semana después.
Jazmín entro a la casa sin mucha prisa, se quitó la chaqueta y la dejo sobre una silla del comedor. La joven arqueo las cejas al ver que la mesa estaba puesta y que Zelena había dejado servidos dos platos con comida. Jazmín se giró y vio a Zelena salir de la cocina con dos vasos con jugo, mismos que dejo sobre la mesa. La pelirroja saludo a su sobrina con un gesto rápido y continúo acomodando los cubiertos, bajo la mirada sospechosa de Jazmín. La princesa intuyo que algo pasaba y comenzaba a preguntarse que era.
-Buenas noches, tía. -saludo Jazmín con un gesto de sospecha, observando a Zelena moverse por la cocina sin mirarla. La joven no necesitaba leer mentes para saber que algo estaba pasando o iba a pasar.
-Buenas noches, mocosa. -saludo Zelena tratando de ser neutral, había estado guardando en secreto lo que sabía sobre los planes de Ingrid y esa noche pensaba decirle a Jazmín todo. La pelirroja dejo de mover cosas y miro a Jazmín para indicarle que tomara asiento. - ¿Cenamos? -pregunto la pelirroja con inocencia, tomando asiento después de su sobrina.
-Conozco esa cara, no me gusta. -dijo Jazmín sin rodeos, mirando a Zelena fijamente. - ¿Qué paso? ¿Qué hiciste o que planeas hacer? -pregunto la princesa directamente, haciendo que la pelirroja la mirara incrédula y rodara los ojos.
- ¿Así de desconfiable soy? -pregunto Zelena con la mandíbula casi descolocada, haciendo que Jazmín hiciera un gesto irónico. -No importa, ahora no.-dijo Zelena respirando profundo, Jazmín frunció el ceño y presto más atención. -Van a pasar cosas malas, mocosa, muy malas. -dijo la pelirroja con un gesto serio.
- ¿Ahora qué? -pregunto Jazmín con un gesto resignado. - ¿Ingrid nos descubrió? ¿Le dijiste algo a esa loca? -pregunto Jazmín con ansiedad, haciendo que Zelena negara con la cabeza en repetidas ocasiones.
-No, no sabe nada de ti, al menos no quien eres. -replico Zelena con un gesto algo sarcástico, Jazmín asintió. -Pero ya sé que es lo que está planeando, al menos una parte. -dijo la pelirroja con un gesto de desagrado.
-Nada bueno, seguramente. -murmuro Jazmín casi tragando saliva, Zelena asintió. - ¿Te pidió hacer algo malo? -pregunto Jazmín mirando a Zelena, la pelirroja negó con la cabeza. - ¿Entonces? ¿Qué es lo que planea? -pregunto la joven con curiosidad y nervios. Zelena trago saliva antes de hablar, respiro profundo y miro a la princesa fijamente.
-Quiere que le arranque el corazón a Regina. -confeso Zelena sin más titubeos, notando como su sobrina palidecía considerablemente y quedaba muda ante la sola idea. -Quiere el corazón de Regina para usarlo junto con el de Emma Swan para lograr un hechizo. -termino de decir Zelena casi titubeando, Jazmín había quedado casi en shock. -No sé qué hechizo es o que más necesita para lograrlo, solo sé que necesita esos corazones. -confeso la pelirroja con un gesto de sinceridad.
- ¿El corazón de mamá? -repitió Jazmín con la mirada fija en algún punto de la mesa, con los pensamientos comenzando a correr a mil por hora, pensando en qué clase de hechizo se lograba con esos ingredientes. Zelena noto los ojos de Jazmín un poco cristalinos, estaba tensa y nerviosa.
-Cálmate, mocosa. -pidió Zelena al ver un par de lágrimas silenciosas traicionar a la joven y caer por sus mejillas. La joven las seco rápidamente con el dorso de su mano y trato de despejarse. Zelena se levantó de la silla y se acercó a su sobrina, tomando asiento en una silla más cercana a ella y acercándose hasta tomar su mano para que la mirara a los ojos. -No pienso lastimar a Regina. Te lo prometo. -aseguro Zelena estrechando la mano de la joven, haciendo que Jazmín confiara en ella. La princesa asintió más tranquila. -Solo tenemos que ganar un poco de tiempo. -dijo la pelirroja pensativa. Ambas mujeres guardaron silencio por un momento.
- ¿Ella tiene el corazón de Emma? -pregunto Jazmín con un gesto casi temeroso. - ¿Emma está muerta? ¿Ingrid la mato? -pregunto la princesa confundida.
-No lo sé. -respondió Zelena con un gesto de frustración. -Ingrid no me dijo nada más. Solo sé que ella conseguirá el corazón de Emma y yo debo llevarle el de Regina. -explico Zelena con un gesto de desagrado. Jazmín pareció perderse un segundo, sus pensamientos se habían detenido en un hecho en específico.
-Yo sé dónde está Emma.-murmuro Jazmín con la mirada perdida en algún punto, haciendo que Zelena frunciera el ceño al no comprenderla. -Emma está aquí. -recordó Jazmín levantándose de la silla sin detenerse a mirar a Zelena, quien seguía en la silla con un gesto de no comprender nada.
- ¿Qué fue lo que hiciste, Jazmín? -pregunto Zelena con un gesto de resignación, preguntándose qué locura había cometido su adorado tormento. La princesa había salido corriendo a su habitación, la pelirroja escucho cosas caer y moverse, después de un par de minutos Jazmín regreso con un gran libro entre sus manos. Zelena no tuvo que preguntar, reconocía el libro.
-Emma.-repitió Jazmín ignorando la pregunta de su tía, como si todo hubiera dejado de existir. La joven dejo el libro sobre la mesa de la cocina y lo abrió en busca de la página que deseaba.-Esta en el hospital de Storybrooke, en el psiquiátrico.-dijo Jazmín encontrando la página que lo indicaba, Zelena ya se había levantado y miraba el libro junto a Jazmín.-Sabia que lo había leído, aquí esta.-dijo Jazmín con un tono triunfante al señalar la página del libro que mostraba a una mujer rubia encerrada en una habitación oscura, Zelena había quedado sorprendida.-Podemos salvarla.-dijo la princesa con un poco más de optimismo.
- ¡¿Salvarla?! -casi grito Zelena mirando a Jazmín como si hubiera perdido la cordura, la joven asintió. Zelena negó con la cabeza, apartándose un poco de la mesa y alejándose del libro. - ¡Emma Swan es la maldita Salvadora, es ella quien debería estar salvándonos! -replico Zelena con un gesto de molestia evidente y frustración, señalando el libro. Jazmín frunció el ceño ante su negativa y tuvo que darle un poco de espacio para que se desahogara un poco.
-Entiendo, y tal vez sea cierto. -dijo Jazmín acercándose un poco a Zelena, quien caminaba casi como león enjaulado. -Por favor, tía. No la podemos dejar ahí y esperar que Ingrid la mate. -dijo Jazmín con un gesto firme, Zelena rodo los ojos y bufo casi con sarcasmo. -Mamá no lo haría, hay que ayudarla. -pidió la princesa con un gesto cálido.
-Lo dudo, tu madre seguramente me agradecería si dejamos a Swan. -ironizo Zelena cruzándose de brazos, Jazmín la reprendió con la mirada. La pelirroja rodo los ojos y termino por torcer el gesto en una mueca de disgusto. -De acuerdo, pero solo porque no tenemos más remedio, no quiero ser parte de los héroes. -aclaro Zelena con algo de orgullo, Jazmín asintió reprimiendo una risa burlona. -Tenemos que tener cuidado, no quiero perder todo por la rubia irritante. -gruño Zelena con un gesto resignado.
- ¡Gracias! -rio Jazmín un poco más animada, lanzándose a abrazar a Zelena y casi tumbándola al tomarla por sorpresa. La princesa rodeo a la pelirroja de la cintura y la estrecho casi sin darse cuenta de su acción, provocando que Zelena tragara saliva y se sorprendiera, le tomo un par de segundos adaptarse y acariciar la espalda de la joven. -Mamá estaría orgullosa de ti. -murmuro Jazmín sonriéndole cómplice a su tía. La joven se apartó un poco y noto lo incomoda que se ponía Zelena con su muestra de afecto, pensó que nunca fue algo común para ella tener ese tipo de afecto hacia ella.
-Aún falta mucho, mocosa. ¿Recuerdas? -dijo Zelena tratando de sonar seria y no mostrarse suave, haciendo que la joven asintiera. -Aún no hemos salvado a nadie, y tu madre me asesinara cuando se entere de todo esto. -añadió la pelirroja con un gesto irónico. Jazmín sonrió satisfecha, quizá no todo pintaba tan mal, quizá todo resultaría bien y podrían volver a la normalidad. Zelena asintió y le indico tomar asiento para poder cenar y tratar de pensar en que harían por lo pronto, al día siguiente tenían que empezar a actuar, era el tiempo que necesitaban. Esa noche ambas intentarían descansar, ya que al día siguiente tenían muchas cosas que hacer.
Esa mañana Robín Hood estaba sentado en una de las mesas de Grannys, la misma de siempre, la que estaba junto a la pared y ventana frente a la barra. El arquero fingía leer el periódico mientras bebía su café, pero en realidad estaba esperando que en cualquier momento la campana de la entrada sonara y Regina hiciera su entrada directo a la barra para ordenar su café. Robín Hood no se había dado cuenta en que momento, pero ahora deseaba con ansias mirar a esa mujer cada mañana, justo como ahora, se le había vuelto una costumbre extraña. Quizá fue porque durante casi una semana habían coincidido en ese lugar y habían charlado muy cómodos, quizá en los encuentros casuales por las calles del pueblo, o quizá porque Roland siempre se le soltaba de la mano para correr hacia Regina cada vez que la alcanzaba a ver de lejos. El ladrón no era tonto, sabía que estaba mal, pero no lo podía evitar.
-Solo un par de minutos. -murmuro Robín al mirar de reojo el reloj en la pared, y como cada mañana la puerta del local se abrió y la campana sonó para indicar un nuevo cliente. Robín se giró esperando ver a la alcaldesa, pero su rostro se tensó un poco al ver pasar primero a David, quien detenía la puerta para que Regina pasara junto a él. Ambos murmuraban algo al estar cerca, haciendo que Robín se sintiera obligado a apartar la mirada.
-Buenos días, Abuela. -saludo David con una amplia sonrisa a la dueña del lugar, ordeno dos cafés y comenzó a charlar con ella. Regina se permitió pasear la mirada por el lugar, detectando enseguida a Robín, una sonrisa sincera se formó en sus labios y le dedico un saludo rápido. El arquero devolvió el saludo y la sonrisa.
-Que tengan buen día. -se despidió Regina de la Abuela con un gesto rápido y una sonrisa, recibiendo una mirada cálida de ella. David rodeo a la morena por la cintura y le dio su café, ambos encaminaron a la salida. La reina miro fugazmente a Robín como despedida, en un gesto amable. Robín asintió y observo la puerta cerrarse detrás de ellos.
- Flashback
En el Fuerte Prohibido dos nubes de humo habían aparecido al mismo tiempo dentro del castillo, dejando ver a Regina y Maléfica. La hechicera rubia estaba herida y su vestido estaba manchado de sangre, mientras que Regina la ayudo a tomar asiento en un sofá que tenían en el salón de visitas. La morena lucia más preocupada que la rubia, cosa que no se explicaba del todo, ambas acaban de escapar de los hombres del Rey Estefan, todo gracias a los deseos de venganza de Maléfica contra esa familia.
-Quita esa cara, no es tan grave. -musito Maléfica torciendo el gesto al ver su vestido manchado por su sangre, Regina la miro como si bromeara. -Son heridas de dragón, lucen peor de lo que en realidad son. -explico la rubia con un gesto de seriedad, Regina frunció el ceño.
-Casi te matan, Maléfica, casi nos matan a ambas. -replico Regina negando con la cabeza, Maléfica rodo los ojos y con un par de movimientos de muñeca sus heridas dejaron de sangrar. La rubia hizo un movimiento más y una nube morada la envolvió, dejándola ver impecable de nuevo y como si nada le hubiera pasado.
-Ventajas de ser un dragón, mi querida Reina. -ironizo Maléfica extendiendo sus brazos para que Regina viera que no había rastro alguno de sus heridas. La morena arqueo las cejas sorprendida y un poco confusa. -No puedo morir del todo siendo dragón. -explico la rubia encogiéndose de hombros.
- ¿Del todo? -pregunto Regina sin comprenderla, Maléfica asintió. -No entiendo a qué te refieres, Maléfica. -dijo Regina frunciendo el ceño y cruzándose de brazos en un gesto de frustración.
-Es difícil matar a un dragón, Regina. -dijo Maléfica encaminándose a servirse una copa, Regina la observaba atenta a sus palabras. -Pero puede pasar, si yo muero en mi forma de dragón hay forma de que yo reviviera. -explico la rubia con un gesto soberbio, girándose con su copa en la mano para mirar a Regina. -Pero si muero en mi forma humana, es el fin para mí. -añadió Maléfica antes de beber de su copa.
-Creí que no había remedio para la muerte. -musito Regina confundida, sin poder evitar pensar en que quizá aún tenía esperanza de devolver a Daniel a la vida. Maléfica pareció leer sus pensamientos, o quizá sus gestos la delataron.
-No hay remedio para la muerte. -replico Maléfica seriamente, acercándose a ella. -En mi caso es diferente por mi condición de dragón, como dije, si muero siendo humana no hay regreso. -dijo Maléfica mirándola severa.
-Me imagino que no es tan sencillo como suena. -dijo Regina arqueando una ceja con una sonrisa maliciosa, Maléfica asintió con un gesto de molestia.
-Es un hechizo complicado. -dijo la rubia torciendo el gesto. -Se necesitan ingredientes específicos, como la sangre de alguien especial, quien debe hacer el hechizo. Cabellos del responsable de mi muerte, cosas así, por eso no es común. -explico Maléfica con un tono de aburrimiento, Regina asintió al comprender.
-Supongo que ese hechizo lo tienes muy bien guardado. -dijo Regina sonriéndole cómplice, la hechicera rubia sonrió ampliamente y asintió.
-Por supuesto, querida. -sonrió Maléfica con malicia, haciendo que Regina negara con la cabeza ante las precauciones de Maléfica. La rubia sirvió una copa de vino más y se la dio a Regina, quien la acepto con gusto, no tenía prisa alguna para volver a estar en el palacio.
-Fin flashback
Poco después del medio día Henry estaba sentado en una de las mesas de Grannys, disfrutando de un chocolate caliente con canela mientras terminaba de hacer una tarea. El chico estaba concentrado, su mochila abierta sobre la mesa y su libreta frente a él, estaba tan ajeno a todo que no se molestó en girarse cuando la campana de la puerta sonó dando paso a Jazmín. La princesa busco al chico con la mirada y se acercó a él, llevaba el libro de cuentos para devolvérselo a su dueño. Jazmín se acercó a la mesa de Henry, sacándolo de sus tareas por un momento.
-Hola, Rose. -saludo Henry con un gesto de amabilidad forzada, sin molestarse en fingir naturalidad con Jazmín. La joven devolvió el gesto en una sonrisa resignada y arqueo una ceja, recordándose que debía tratarlo decentemente.
-Hola, Henry. -saludo Jazmín con un asentimiento de cabeza, Henry arqueo una ceja, la incomodidad entre ambos no era un secreto. - ¿Mucha tarea? -pregunto la joven señalando la libreta sobre la mesa, el chico sonrió irónicamente.
- ¿Realmente te importa o es solo cortesía? -pregunto Henry directamente, sonriéndole con malicia. Jazmín arqueo las cejas y sonrió de igual forma.
-Cortesía, en realidad no estoy interesada. -explico Jazmín encogiéndose de hombros, la tensión entre ambos se disipo un poco. - ¿Puedo sentarme? -pregunto la joven señalando el lugar vacío en la mesa, frente a él. Henry se encogió de hombros y la dejo tomar asiento, la princesa se sentó en la mesa.
- ¿Quieres algo de tomar? -pregunto Henry con su mejor rostro de amabilidad, Jazmín arqueo una ceja en un gesto de broma. -Mi madre es persistente en el tema de los modales con los demás. -dijo Henry como toda explicación, haciendo que Jazmín riera con su sinceridad.
-La alcaldesa es persuasiva. -admitió Jazmín con un gesto para restar importancia. -Un chocolate está bien, no te quitare mucho tiempo. -acepto la princesa con un gesto despreocupado, Henry asintió y se levantó de la mesa.
-Lo pediré para llevar. -replico el chico con un gesto malicioso, haciendo que Jazmín se mordiera el labio inferior para no reír. Henry tardo un par de minutos en volver con un chocolate caliente, mismo que dejo en la mesa frente a Jazmín.
-Gracias, Henry. -musito Jazmín tomando el vaso de café, el chico se encogió de hombros. La princesa tomo el libro de cuentos que dejo sobre una silla vacía y lo dejo sobre la mesa, haciendo que Henry sonriera ampliamente. -Todo tuyo, buen libro. -dijo la princesa empujando el libro hacia el chico.
- ¿Buen libro? ¿En serio, Rose? -pregunto Henry con un gesto incrédulo, la princesa hizo un gesto de no entenderle. -Cada vez que lo mirabas prácticamente te quedabas muda. ¿Dónde habías visto este libro antes? -pregunto Henry directamente, mirándola a los ojos. -Y no mientas, es muy obvio que lo habías visto. -añadió Henry antes de dejarla hablar. Jazmín torció el gesto.
-Lo vi de pequeña, en mi palacio. -explico Jazmín con un gesto forzado, Henry arqueo las cejas, comenzando a interesarse. -Solo había leído un cuento, un par de páginas, hasta ahora que pude leerlo con más detenimiento. -explico la princesa encogiéndose de hombros.
- ¿Algo que te llamo la atención? -pregunto Henry con curiosidad, deseando saber si solo él tenía ese sentimiento de que su libro era especial. La princesa pensó unos segundos su respuesta, preguntándose si debía responder con la verdad.
-Un par de historias son interesantes, supongo que es especial. -se excusó Jazmín fingiendo despreocupación, Henry arqueo una ceja, dudando si creerle. La princesa se levantó de su silla y se detuvo antes de dar un paso, girándose para mirar a Henry, dejando que su mano se posara sobre el libro de cuentos. -Cuida el libro, Henry. -pidió Jazmín con una sonrisa maliciosa, haciendo que Henry la mirara desconcertado, sin notar que la mano de la joven princesa había desprendido unas pocas luces que desaparecieron en el libro.
-Sí que es extraña. -murmuro Henry al ver marcharse a Jazmín con su vaso de chocolate, el chico devolvió su atención a sus tareas, preguntándose porque sentía que esa chica ocultaba algo, aunque seguramente solo eran imaginaciones suyas.
Regina estaba ocupada en su oficina, su mirada estaba clavada revisando un par de presupuestos y otros documentos. Fuera de su oficina, estaba Zelena en su propio escritorio, mirando la hora del reloj para levantarse y entrar a interrumpir a la alcaldesa. La morena escucho el toque de su puerta y observo a Zelena entrar, acercarse a ella y esperar su indicación para hablar.
-Alcaldesa, tiene un mensaje urgente del señor Gold. -informo Zelena con inocencia y seriedad fingida, Regina arqueo las cejas en un gesto de confusión y sorpresa. La morena estaba acostumbrada a esperar lo peor de Gold, y tener mensajes suyos no eran buena señal para ella.
- ¿Qué quiere? ¿Está aquí? -pregunto Regina con un gesto de evidente desagrado a la idea de recibir a Gold en su oficina. La pelirroja negó con la cabeza.
-No, solo envió un mensaje conmigo, colgó la llamada antes de que pudiera preguntarle algo más. Quiere verla en su tienda. -dijo Zelena con una tarjeta entre sus manos, Regina rodo los ojos y supuso que así de misterioso solía ser Gold.
- ¿Qué dice exactamente? -pregunto la morena con la esperanza de no tener que hacer esa visita, al menos no sin más información.
-Que por favor vaya a su tienda, necesita verla y hablar con usted. -repitió Zelena con un gesto neutral, ganándose una mirada incrédula de la morena.
- ¿Por favor? ¿Necesita? -pregunto Regina repitiéndolo, Zelena se encogió de hombros. -Gold jamás diría eso, mucho menos al pedir algo. -sentencio la reina tendiendo su mano para que la pelirroja le entregara el papel donde había anotado el mensaje.
-Citando "Te veo en mi tienda en menos de dos horas, tenemos que hablar. No me obligues a ir por ti, querida.". -musito Zelena mientras Regina leía esas mismas palabras en el papel, la morena rodo los ojos un poco más convencida.
-Eso si suena exactamente como él. -ironizo la morena dejando el papel sobre su escritorio y mirando a Zelena, la pelirroja la observaba con curiosidad.
- ¿Ira a verlo? -pregunto Zelena con un gesto curioso, Regina se encogió de hombros.
-Gold está loco, es un diablillo retorcido, pero he aprendido que siempre tiene algo de interés que decir. Al menos la mayoría del tiempo, probablemente me haga perder el tiempo, pero prefiero quitarme la duda. -respondió Regina con un gesto neutral, Zelena sonrió para sí misma y asintió. La pelirroja dio media vuelta y salió de la oficina para tomar asiento en su escritorio.
Jazmín estaba sola en casa, aprovechando que Zelena estaba ocupada llevando a cabo los planes que tenían para Regina esa tarde. La princesa buscaba una caja blanca escondida dentro del armario de su habitación, cuando la encontró la dejo sobre su cama y respiro profundo antes de abrirla.
-Debo estar loca. -murmuro Jazmín para sí misma al observar el contenido de la caja, las cenizas de Maléfica, las mismas que había recuperado hace un par de semanas y que había estado ocultando de Zelena. La pelirroja seguramente la asesinaría si conocía sus intenciones, pero no veía otra opción y sus sentimientos puede que nublaran su juicio, medito la joven con un gesto de resignación. Jazmín tomo las cenizas guardadas en el contenedor y las guardo en su bolso, pensaba llevar a cabo sus planes esa misma noche, después de ver a Zelena y asegurarse de que no sospecharía nada.
Zelena estaba sentada en su escritorio afuera de la oficina de Regina. La pelirroja estaba contando los minutos para poder salir y perseguir a Regina hasta la tienda de Gold, pero debía ser cuidadosa de que su hermanita no la viera. Dentro de unos minutos se encontraría con Jazmín a unos cuantos metros de la tienda de Gold. Zelena estaba a punto de pararse para marcharse cuando vio a David llegar a la oficina con un ramo de rosas y un gesto relajado, la pelirroja arqueo las cejas y se quedó sentada, disimulando su ansiedad.
-Buenas tardes, Zelena. -saludo David con su habitual sonrisa amable y cálida, haciendo que Zelena devolviera el gesto.
-Buenos días, sheriff Nolan. -saludo la pelirroja con un gesto cordial, David señalo la oficina con la puerta cerrada. - ¿Regina está ocupada? -pregunto el rubio a un paso de ir a tocar la puerta. -Quería darle una sorpresa. -dijo David alzando el ramo de flores, Zelena forzó una sonrisa al pensar en donde estaba la alcaldesa.
-La alcaldesa no se encuentra en su oficina. -menciono Zelena con un gesto inocente cuando el sheriff abrió la puerta de la oficina, David torció el gesto en una mueca infantil al ver la oficina vacía.
- ¿Sabes dónde está o si tardara demasiado? -pregunto David con un gesto pensativo, debatiéndose si esperarla en la oficina o marcharse a la mansión.
-Creo que ya sabe esas respuestas, sheriff. -ironizo Zelena con un gesto de broma, haciendo que David asintiera y riera levemente.
-Es verdad, lo siento. -rio el rubio encogiéndose de hombros, Zelena le restó importancia al imitarlo. -Regina jamás da explicaciones. -recordó David con una sonrisa resignada y divertida. Zelena asintió.
-Así es ella. -asintió la pelirroja con un gesto de compartir el sentimiento de David, quien asintiendo se acercó de nuevo al escritorio de Zelena.
-Me da gusto que aún no te haga renunciar. -dijo David con un gesto honesto, haciendo que Zelena riera. -Creo que le agradas más que sus otras secretarias. -confeso el rubio con un gesto pensativo, la pelirroja sonrió discretamente.
-Me gusta mi trabajo, y la alcaldesa no es tan mala como pudiera creerse. -dijo Zelena encogiéndose de hombros, David arqueo las cejas y asintió con una sonrisa sutil.
-Me da gusto que Regina tenga alguien confiable tan cerca de ella. -menciono David con un gesto sincero, Zelena se mordió la lengua para no decir nada. -Debo irme, me dio gusto saludarte, Zelena. -se despidió David antes de marcharse de la alcaldía, dejando a Zelena con un gesto serio y pensativo.
Regina estaba en la tienda de antigüedades de Gold, su mirada se paseó por todo el lugar y se extrañó al no encontrar a Gold frente al mostrador, esperándola, como siempre que parecía estar haciéndolo cuando ella entraba a ese lugar. La alcaldesa lo llamo un par de veces, pero parecía que el lugar estaba vacío. La puerta de la tienda se abrió y Robín Hood entro, sorprendiéndose gratamente al encontrarse con Regina ahí, la alcaldesa arqueo las cejas al verlo acercarse con una sonrisa.
-Robín. -lo saludo Regina con un gesto sorprendido, el arquero se acercó. - ¿Tu igual vienes a buscar a Gold? -pregunto la alcaldesa con un gesto curioso, dudando que fueran esas sus intenciones. El arquero abrió la boca para responder, pero se dio cuenta que en realidad no tenía un motivo claro para estar ahí.
-No, yo solo estaba pasando por aquí y quise entrar a mirar. -explico Robín encogiéndose de hombros, Regina asintió. -No creo que Gold este aquí. -dijo el arquero con un gesto inocente, Regina lo miro confusa. -Lo vi hace un par de minutos caminando, creo que iba a la biblioteca. -dijo el ladrón.
- ¿Se fue? Él fue quien pidió verme aquí. -dijo Regina confusa, Robín se encogió de hombros. - ¿Para qué pedir que viniera si no iba a estar? -pregunto la morena con un gesto de molestia, Robín solo la observaba. -Debería irme, si me quedo a esperar a Gold va a ocurrir un homicidio. -ironizo Regina con un gesto de broma para no alarmar a Robín.
-Supongo que yo haré lo mismo. -dijo el arquero asintiendo, cediéndole el paso a Regina hasta la puerta. El arquero hizo el intento de abrir la puerta, pero la encontró cerrada. Robín frunció el ceño al intentar abrir la puerta y no conseguirlo, la alcaldesa noto lo que sucedía y se acercó a él, observando de cerca como Robín usaba toda su fuerza para intentar forzar la puerta sin éxito. -Es imposible, acabo de entrar por esta puerta y no estaba con seguro. -dijo Robín intentando una vez más empujar la puerta.
-No puede ser, Gold no está aquí como para jugarnos esta broma. -se quejó Regina dando media vuelta y pasando a la bodega, encontrándola vacía, no había rastro de alguien más. La alcaldesa regreso junto a Robín, quien había dejado de intentar abrir la tienda.
- ¿Crees que es una broma? -pregunto Robín mirándola con duda, cruzándose de brazos y esperando una respuesta. La alcaldesa lo pensó un poco y negó con la cabeza, ese tipo de bromas no eran del estilo de Gold, no al menos sin ganar algo.
- ¡Gold si esto es una broma tuya te asesinare! -gruño Regina casi gritando, sin recibir respuesta alguna. Robín arqueo las cejas y Regina frunció el ceño. - ¡Maldición! -se quejó la alcaldesa torciendo el gesto.
- ¿Realmente estamos encerrados? -pregunto Robín solo para confirmar, Regina suspiro y lo miro con un gesto de frustración. - ¿Cómo? -pregunto el arquero confundido, los temas de la magia no se le daban bien.
-No tengo idea. -replico Regina siseando al pensar en las muchas maneras en las que podía torturar a Gold. -Permíteme, Robín. -pidió la alcaldesa con un gesto para que se apartara del camino y ella pudiera tener el camino libre hacia la puerta. Regina alzo sus manos y comenzó a intentar quebrar el hechizo que mantenía a la puerta cerrada, espero un par de minutos y un destello de luz, pero nada, la puerta seguía igual de cerrada. Robín intento forzar la puerta una vez más pero no lo consiguió. -Es magia, un hechizo de protección para evitar robos, supongo. -se quejó la alcaldesa con un gesto de pocos amigos. -Gold lo debió haber puesto para atrapar a posibles ladrones. -dijo Regina con un gesto de broma al señalar a Robín, quien hizo una mueca de broma. -Estaremos atrapados hasta que el diablillo regrese y nos saque de aquí. -protesto Regina con un gesto de resignación.
-Tal vez Gold pensó que vendrías sola, o esperaba poder hablar a solas contigo. -dijo Robín tratando de encontrar un motivo para ser encerrados ambos. Regina arqueo las cejas en un gesto de pensar esa idea.
-Es posible, suele tener métodos poco usuales para hacer cosas sencillas. -ironizo Regina con un gesto de ironía, Robín negó con la cabeza. -Detesto a ese hombre. -gruño Regina cruzándose de brazos al pensar en que debía dejar de caer en las trampas de Gold, debía aprender las lecciones. Robín se dejó caer al suelo, apoyando su espalda contra las vitrinas, bajo la mirada curiosa de Regina.
-Vamos a esperar, ¿no?.-se excusó Robín como si nada, con su habitual gesto de paciencia.-Al menos no estarás sola, puedo hacerte compañía.-dijo el arquero tendiéndole la mano para que Regina tomara asiento junto a él, la reina se acercó pero dudo si debía sentarse en el suelo, era una idea que no le agradaba.-¿O preferirías haber estado sola cuando esto sucediera?.-pregunto Robín con una sonrisa agradable, Regina rodo los ojos y esbozo una sonrisa sutil, ignoro la mano de Robín y tomo asiento junto a él. El arquero la observo y no pudo evitar reírse un poco.
Zelena y Jazmín estaban ocultad detrás de una pared a unos cuantos metros de la tienda de Gold, desde ahí podían ver como las ventanas de la tienda estaban cerradas, habían llegado justo a tiempo para ver a Robín y Regina llegar por separado. La pelirroja había lanzado un pequeño hechizo para cerrar la puerta y bajar las cortinas, así nadie podría verlos o interrumpirlos. La princesa y la pelirroja estaban esperando curiosas algún indicio de magia por parte de Regina para intentar irse, un par de destellos y después todo volvió a la normalidad. La magia de Zelena funciono, solo les restaba esperar a que Regina y Robín permanecieran tranquilos y que Gold no apareciera por ahí.
- ¿Estas segura de esto? ¿No llegara Gold? ¿No pasara nada malo? -preguntaba Jazmín comenzando a ponerse nerviosa, mientras que Zelena estaba tranquila y con la mirada clavada en la tienda de antigüedades.
-Todo saldrá bien, mocosa. -dijo Zelena con un gesto para tranquilizarla, pero sus ojos seguían clavados en el frente. -Solo falta que llegue Hood. -murmuro la pelirroja buscando al ladrón por algún lado de la calle.
- ¿Y si no pasa por aquí? ¿Qué tal si decidió no salir del bosque hoy? -pregunto Jazmín con un gesto inquieto, nunca había sido buena para mantenerse en el mismo sitio sin moverse por más de 5 minutos.
- ¡Ahí esta! -señalo Zelena a Robín, quien estaba a un par de metros de la tienda de Gold, la princesa se giró para mirarlo desde lejos. -Es tan predecible. -rio la pelirroja al verlo pasar frente a la tienda, un movimiento de muñeca de la pelirroja y unos destellos se dirigieron a Robín, haciéndolo cambiar de opinión y llevándolo a entrar a la tienda de antigüedades. Ambas mujeres guardaron silencio durante unos cuantos minutos, hasta desde de ver el destello de magia de Regina al intentar irse.
-Mamá nos va a matar cuando se entere de todo esto. -musito la princesa negando con la cabeza y suspirando, haciendo que Zelena pensara muy seriamente esa posibilidad. - ¿No les pasara nada estando encerrados? -pregunto la joven con un gesto pensativo.
-Es algo muy posible, mocosa. -respondió la pelirroja con un gesto bromista, haciendo que Jazmín sonriera levemente. -No les pasara nada, Regina y Robín podrán salir cuando deban hacerlo, es magia de sangre la que puse en la puerta. -explico la pelirroja con un gesto de satisfacción. Si conocía bien a su hermana, solo tocaría la puerta cuando estuviera desesperada por salir, primero intentaría con magia.
- ¿Nos quedaremos a observar que pasa? -pregunto Jazmín mirando a Zelena concentrada en tratar de ver que sucedía dentro de la tienda, sin éxito alguno.
-Me gustaría ver, pero no quiero que veas algo que te deje marcas de por vida, mi querida sobrina. -bromeo Zelena mirando a la joven y dramatizando un gesto de preocupación, ganándose una mirada asesina de la princesa.
- ¿En serio? ¿Después de tantas cosas que han pasado y he visto, temes que algo me perturbe demasiado?. -pregunto Jazmín con sarcasmo evidente, haciendo que Zelena riera y se encogiera de hombros.
-Cierra la boca, mocosa. -rio la pelirroja dando media vuelta para marcharse de ahí, Jazmín dio un último vistazo a la tienda.
-No puedo mirar, no sin pensar que estamos haciendo algo malo. -dijo la princesa dando media vuelta y siguiendo a Zelena. Ambas caminando en dirección a casa.
- ¿Si sabes que Regina y David no están casados de verdad, ¿no? -pregunto Zelena con ironía, ganándose una mirada resignada de su sobrina. -Todo es falso. -recordó la pelirroja sin detener su camino, la joven frunció el ceño ante su despreocupación.
-Nosotras sabemos que todo es falso, para ellos todo es real. -añadió la princesa con un gesto de preocupación, Zelena rodo los ojos con un poco de frustración y continuo su camino. Jazmín decidió olvidar el tema por un momento y siguió el camino junto a Zelena.
-Para acabar con el hechizo tenemos que actuar, mocosa. -replico la pelirroja con un gesto resignado, Jazmín asintió. -Esta noche iremos por Emma, tú te vas a encargar de ella como querías, yo estaré con Ingrid mientras tú la buscas. -dijo Zelena cambiando el tema y mirando a Jazmín con seriedad. La princesa asintió, tenía planeado lo que haría esa noche muy bien.
Bella estaba sentada en su escritorio en la biblioteca, sobre el escritorio tenía un libro abierto. La castaña estaba concentrada leyendo, perdiéndose entre las historias del libro, sin darse cuenta que la puerta de la biblioteca se abría y daba paso a Gold. El Oscuro entro silenciosamente y arqueo las cejas al ver a Bella con los ojos clavados en el libro y frunciendo el ceño de vez en cuando, espero unos segundos y se dedicó a observarla en silencio. La castaña noto la mirada de alguien fija en ella, cuando levanto la vista se sorprendió al encontrarse con Gold, quien ahora si se había acercado hasta el escritorio.
-Buenos días, señor Gold. -saludo Bella un poco sonrojada por haber estado distraída, Gold asintió con un gesto sereno y neutral, no pretendía intimidar a la castaña, al menos no por ahora. - ¿Lleva mucho tiempo ahí? -pregunto Bella con un poco de duda, Gold negó con la cabeza para restarle importancia.
-Buenos días, señorita French. -devolvió el saludo Gold, sonriendo ampliamente al llamarla por su apellido, era casi como una broma personal. La castaña arqueo una ceja al notar su sonrisa maliciosa. -Como siempre es un placer verla. -añadió el Oscuro con un gesto más relajado, Bella sonrió en forma agradecida.
- ¿En qué puedo ayudarle? -pregunto la castaña desde su lado del mostrador de la biblioteca, dejando su libro de lado y concentrándose en Gold.
-Solo vine para devolver esto. -dijo Gold dejando ver el libro que llevaba en las manos, dejándolo sobre el mostrador. -Muy bueno, aunque el final es un poco extraño, me gusto. -comento Gold encogiéndose de hombros, sin despegar sus ojos de los de Bella, haciendo que la castaña se intimidara un poco ante el contacto visual.
-Los finales nunca nos terminan de gustar, suele pasarme a menudo. -respondió Bella encogiéndose de hombros y tomando el libro para después acomodarlo en las estanterías.
-Es verdad. -asintió Gold con un gesto sutil. - ¿Le gustan los finales felices? -pregunto Gold con un gesto curioso e inocente, poco usual en él. Bello arqueo las cejas y asintió, era un poco extraño ver a Gold con interés real por algún tema casual.
-Supongo que sí. ¿Quién no adora un buen final feliz? -replico Bella encogiéndose de hombros con una sonrisa amable, Gold arqueo las cejas. - ¿Quiere que le preste otro libro? -pregunto Bella señalando las estanterías de la biblioteca, aunque sabía que Gold no necesitaba de ello, seguramente tendría tantos libros en su casa como ella en la biblioteca.
-Por supuesto. -asintió Gold con un gesto relajado. Bella asintió y se encamino a las estanterías para buscar algún libro que pudiera recomendarle a Gold. El Oscuro espero en su lugar, su mirada se paseó por el lugar de trabajo de la castaña, notando una peculiar taza rota a un lado de la computadora de Bella. Gold arqueo una ceja con interés y se acercó lo suficiente para alcanzar la taza, la tomo y la observo detenidamente, pasando sus dedos cuidadosamente por sus bordes y notando que estaba rota, no demasiado, pero si lo suficiente para ser notado.
-Creo que encontré un libro que le gustara. -musito Bella al regresar a su escritorio, extrañándose al ver a Gold concentrando en mirar a detalle su taza rota. La castaña regreso frente a él, separados por el mostrador y dejo el libro sobre el escritorio. Gold alzo la mirada para mirar a Bella y no se molestó en explicar o regresar la taza a su sitio.
-Una taza peculiar, una elección muy curiosa para adornar su escritorio. -señalo Gold con un gesto irónico, dejando la taza sobre el mostrador y mirando a la castaña. Bella se encogió de hombros, mirando la taza de nuevo. - ¿Es de la suerte? -pregunto Gold con curiosidad.
-La encontré aquí mismo, y decidí conservarla. -explico Bella tomando la taza y mirándola con curiosidad, Gold arqueo las cejas interesado. -Supongo que alguien debió olvidarla, es extraño. -dijo Bella con un gesto confuso, dejando la taza sobre el mostrador.
-Yo colecciono objetos extraños, señorita French. -recordó Gold con un gesto relajado y bromista, haciendo que Bella riera un poco.
-Es famoso por esas colecciones, señor Gold. -replico la castaña con una sonrisa irónica, Gold sonrió con orgullo de su no respetable reputación. La castaña salió de detrás del mostrador y se acercó a Gold, quien aprovecho para tomar la taza en su mano.
- ¿Me la vendería? -pregunto Gold señalando la taza entre ellos, Bella se sorprendió un poco ante la petición. -Como ya mencioné, colecciono cosas raras y esa taza me ha gustado para mi colección personal. -se excusó Gold con un gesto serio, para dejar claro que era una petición real.
- ¿Vendérsela? -pregunto la castaña desconcertada, Gold asintió. -Es solo una taza rota, no creo que tenga valor alguno. -dijo Bella tomando la taza de las manos de Gold, sintiendo un escalofrió extraño y dejándola caer, por suerte Gold sujeto la taza antes de que tocara el suelo y se hiciera pedazos. Bello suspiro aliviada. -Lo siento. -se disculpó Bella con un gesto apenado, Gold negó con la cabeza.
-No pasó nada, fue un accidente. -dijo Gold con una sonrisa despreocupada, Bella se sonrojo un poco. - ¿Ves? No le sucedió nada, ya estaba rota. -ironizo Gold mostrándole la taza blanca y rota, Bella rio sin poder evitarlo.
-Yo no podría venderle esta taza, señor Gold. -sentencio Bella con un gesto serio, Gold se tensó un poco a causa de la decepción. Bella sonrió ampliamente. -Puede llevársela, ahora es suya. -dijo la castaña encogiéndose de hombros, Gold arqueo las cejas y sonrió sinceramente.
-Muchas gracias, Bella. -murmuro Gold con un gesto de asentimiento, la castaña rio un poco al escuchar su nombre, no se acostumbraba a tratar al Oscuro de esa manera. -Gracias por el libro, y por la taza. -menciono Gold tomando el libro del mostrador.
-No es nada. -replico Bella restándole importancia, pero Gold asintió en forma de agradecimiento una vez más. El Oscuro se despidió con un gesto relajado y se dio media vuelta para marcharse con su nueva adquisición y un libro prestado, Bella también se giró para regresar a su silla detrás del mostrador y continuar su lectura.
Robín y Regina estaban sentados en el suelo de la tienda de Gold, mientras charlaban sin darse cuenta pasaron poco más de dos horas encerrados, las risas y la conversación tan cómoda los había hecho perder la noción del tiempo. La alcaldesa y el ladrón parecían tener más en común de lo que habían pensado, y las cosas entre ellos eran extrañamente familiares, de tal forma que no les tomo más de cinco minutos entenderse de buena forma.
-No puedo creer que le hayas robado a tantas personas sin que te atraparan. -dijo Regina riendo después de escuchar una de las historias de Robín Hood durante sus días de robos. El arquero igual reía divertido, orgulloso de sus técnicas de escape.
- ¿Qué puedo decir? Soy el Rey de los ladrones. -ironizo Robín encogiéndose de hombros, dramatizando un gesto de broma para divertir a la reina. Regina negó con la cabeza. -Pensé que estabas enfadada conmigo. -confeso Robín después de un par de segundos de silencio, haciendo que Regina lo mirara extrañada. -No coincidimos demasiado estos últimos días, pensé que te habías arrepentido de hacerte amiga de un ladrón. -dijo Robín encogiéndose de hombros.
-Claro que no, es solo que tuve más trabajo del habitual. -explico Regina mordiéndose el labio inferior. -No has hecho nada para enfadarme, si lo estuviera te darías cuenta. -dijo Regina con un gesto malicioso, Robín sonrió divertido.
-Es bueno saber eso. -replico Robín con un gesto de fingida seriedad, Regina arqueo una ceja. -Y me alegro, Roland no me dejaría tranquilo si tuviera que dejar de cruzarse contigo. -explico el ladrón con un gesto de resignación. Regina sonrió halagada, sus ojos se cruzaron con los de Robín, quien no dejaba de mirarla directamente, perdiéndose en lo oscuro y profundo de sus ojos y guardando silencio, haciendo que Regina se pusiera un poco nerviosa.
- ¿Qué pasa? -pregunto Regina al notar la mirada de Robín sobre ella, algo en los ojos azules de Robín le producía escalofríos, como si el arquero pudiera leer sus pensamientos. Robín salió del trance un momento y negó con la cabeza con una sonrisa. -Vamos, me has mirado así varias veces y es extraño. -musito Regina mirándolo acusadoramente, pero con una sonrisa, dándole a entender que no era un reclamo real, era una pregunta.
-No pasa nada. -respondieron rogando por no haberse sonrojado, Regina rodo los ojos sin creerle. -Es solo que me gusta mirarte, me gusta escucharte. -confeso Robín sin otra salida ante la mirada acusadora de la morena, quien al escucharla había quedado muda. - ¿Te puse nerviosa con mi respuesta? -pregunto Robín un poco sorprendido, acercándose un poco más a ella y sin notar que su mano había quedado casi sobre la de Regina, rozándose.
- ¿Por qué debería ponerme nerviosa? -replico Regina mirando fugazmente su mano junto a la de Robín, el arquero se encogió de hombros y volvió a mirarla a los ojos. La reina iba a retroceder, pero Robín fue más rápido y acorto la distancia para besar sus labios, un beso casi con miedo. El arquero llevo su mano al rostro de Regina para intensificarlo, notando que la alcaldesa estaba tensa y no terminaba de corresponderle, pero tampoco se apartaba, estaba sorprendida. Robín beso sus labios y una sensación de comodidad lo embargo, como si ya hubiera hecho eso antes. Regina no terminaba de reaccionar, el beso la tomó por sorpresa y la sensación de familiaridad la hizo estremecer, sus ojos se cerraron y dejo que el ladrón besara sus labios por un par de segundos, antes de reaccionar y apartarlo al empujarlo con sus manos.
-Lo siento, Regina. -murmuro Robín recuperando el aliento, alzando la mirada y observando a Regina salir del trance. La alcaldesa estaba tensa y confundida, como si todavía no procesara el hecho de haber besado a Robín, quien tampoco parecía muy cuerdo en ese momento. -Perdón, no debí hacer eso, yo no sé por qué lo hice. -se disculpó Robín evidentemente apenado, pero no podía decir que arrepentido.
-No, no.-murmuro Regina negando con la cabeza, sin atreverse a mirar directamente a los ojos a Robín. -Esto no está bien, no.-musito la alcaldesa al levantarse del suelo, siendo seguida por Robín, quien mantuvo su distancia para no perturbarla aún más.
-No estaba pensando en lo que hacía, lo siento, Regina. -se disculpó Robín una vez más, pero Regina parecía no escucharlo. Robín comenzó a preocuparse al verla en trance y trato de acercarse a ella, pero Regina reacciono al apartarse de el para evitar que la tocara.
-No me toques, por favor. -pidió Regina apartándose un par de pasos, Robín asintió. La alcaldesa no quería tocarlo, no después de haber sentido esa sensación tan extraña cuando la mano del arquero había quedado sobre la suya, no cuando había sentido una descarga eléctrica cuando sintió sus labios sobre los suyos, una sensación difícil de entender y de explicarse. -Tengo que salir de aquí. -murmuro Regina dando media vuelta y tocando la puerta, olvidando la magia que protegía la puerta y sorprendiéndose al ver que la puerta cedía ante su contacto y se abría como si nada. Regina se sorprendió y tardo unos segundos antes de salir por la puerta y marcharse sin mirar atrás, dejando a Robín en la puerta con un gesto de confusión total.
- ¿Qué rayos acaba de pasar? -se preguntó el arquero confundido, llevándose una mano al rostro y torciendo el gesto. El arquero cerró la puerta y camino hacia el bosque, sintiendo una sensación extraña aun, como si algo hubiera pasado cuando toco a Regina, como si algo familiar lo estuviera perturbando, como si hubiera olvidado algo importante y no lograra recordar que era.
La noche ya había caído cuando David entro a la mansión con un gesto un poco serio, se sentía un poco decepcionado de haber podido sorprender a Regina, pero supuso que algo urgente la había ocupado. El príncipe cerró la puerta de su casa y dejo el ramo de rosas sobre la mesita de la sala, se quitó la chaqueta y la dejo sobre el sofá. El rubio estaba por ir a la cocina para buscar un vaso de agua antes de subir y causarle un susto a Henry, le gustaba gastarle bromas a su hijo. David sirvió un vaso de agua, bebió un poco y dio media vuelta para ir a las escaleras, topándose de frente con Henry, causando que casi se ahogara con su agua.
-Llegaste antes que mamá. -rio Henry con inocencia, ignorando la mirada asesina del rubio por haberlo asustado con total premeditación. El chico se encogió de hombros y arqueo las cejas, David le concedió un punto por adelantarse. -Pensé que estaban juntos. -dijo el chico con un gesto despreocupado.
-Estaba ocupada en la oficina. -explico David bebiendo su agua y dejando el vaso sobre la meseta de la cocina, para después saludar al chico revolviendo su cabello cariñosamente. -Y yo salí antes de la comisaria, pasé un momento al convento y cuando fui a buscar a tu madre no estaba. -dijo David explicándose mientras encaminaban a la sala, Henry frunció el ceño confuso.
- ¿Fuiste al convento? ¿A visitar a las moscas? ¿Otra vez? -pregunto Henry sorprendido, arrepintiéndose al ver como David lo reprendía con la mirada. -A las hadas-monjas, quiero decir. -rectifico Henry, ganándose la aprobación de David.
-Tu madre las llama polillas, no moscas, chico. -ironizo David encogiéndose de hombros, tomando asiento en el sofá de la sala, Henry hizo lo mismo a su lado. -Y si, estuve ahí. Blue me hizo prometerle que iría, y me agrado mucho hacerlo, así que cuando puedo ir lo hago. -dijo el príncipe sonriendo complacido.
- ¿Y qué hiciste ahí? -pregunto Henry con curiosidad sobre las actividades de las hadas del pueblo, no recordaba haber estado en ese lugar, seguramente porque Regina siempre repetía que primero muerta que ir a pedir algo de esas polillas, recordó Henry con una sonrisa maliciosa.
-Hay niños que cuidar, fue agradable ayudar. -dijo David encogiéndose de hombros, Henry arquero las cejas con una sonrisa cálida.
-Suena bien, solo no traigas alguno a casa. Los 3 estamos muy bien solos. -ironizo Henry al conocer el lado sentimental de su padre, David lo miro y rio sin poder evitarlo. - ¿Podría ir contigo un día? Igual puedo ayudar. -dijo Henry con un gesto curioso.
-Claro, serias de mucha ayuda. -acepto el príncipe sonriéndole. -Tu maestra igual estaba ahí, tengo entendido que suele ir por las tardes. -dijo David con un gesto inocente, Henry arqueo una ceja y David rodo los ojos. -Bien, yo intente llegar cuando ella no estuviera, pero calcule mal. -se defendió el rubio apenado.
-Cobarde. -tosió Henry entre risas, haciendo que David torciera el gesto. - ¿Mamá sabe que Blanca Nieves estuvo contigo? -pregunto Henry con un gesto sospechosamente amable, haciendo que David leyera sus intenciones y rodara los ojos.
-No, ella no estuvo conmigo, fue casualidad. -se defendió el príncipe, haciendo reír a Henry. -Nos cruzamos un poco, no llegamos juntos, eso es diferente, Henry. -explico el rubio con un gesto serio, sin dejar de observar como Henry seguía riendo.
- ¿Cuál es la diferencia? -pregunto el chico con curiosidad, David arqueo las cejas.
-La diferencia es que con una de esas dos opciones yo acabaría durmiendo en este sofá por un mes, y tu madre me asesinaría durante una de esas noches. -ironizo David con una sonrisa traviesa, haciendo que Henry negara con la cabeza en un gesto resignado. David le dio un ligero golpe en el hombro para callarlo, pero el chico se negó a ceder, haciendo que el rubio riera y se levantara del sofá, tomando a Henry sin mucho esfuerzo y cargándolo sobre su espalda para subir a su habitación y continuar su inocente juego ahí.
Jazmín estaba en la parte más solitaria del bosque de Storybrooke, lejos del campamento de los hombres valientes y lejos del pueblo, había elegido ese lugar para evitar que algún curioso la descubriera. La princesa tenía el tiempo contado si quería llegar a tiempo para salvar a Emma y luego con Zelena sin que sospechara lo que estaba haciendo. Jazmín abrió su bolso y saco le cenizas de Maléfica, cerró los ojos y respiro profundo, tratando de recordar con exactitud los pasos y las palabras que debía recitar para que todo funcionara como debía ser.
-Por favor, tía Maléfica, ayúdame. -pidió la princesa con un gesto de preocupación por equivocarse, mirando y deslizando sus dedos sobre su pulsera de oro que le había regalado la hechicera rubia hace tanto tiempo. La joven respiro profundo y dejo caer las cenizas sobre un mismo lugar, para después dejar caer sobre las cenizas un par de cabellos rubios que había robado del cepillo de Emma, mismo que había encontrado entre las cosas del Jolly Roger durante sus visitas a Hook. La joven después agrego dos cabellos oscuros que pertenecían a Regina, esos habían sido más difíciles de conseguir, pero se las había ingeniado para lograrlo. Jazmín estaba tratando de recordar cada ingrediente, la princesa saco de su bolsillo una pequeña navaja y se hizo un pequeño corte en la mano, dejando caer un par de gotas de sangre sobre las cenizas de Maléfica.
-Aquí vamos. -murmuro Jazmín para sí misma antes de usar su magia para revolver los ingredientes, comenzó a recitar el hechizo tal como lo recordaba. La princesa desprendió un par de rayos de luz de sus manos, mismos rayos de luz que revolvieron los ingredientes y después de un par de minutos de magia hizo una nube de humo violeta envolviera las cenizas y desaparecieran al mismo tiempo que la nube de humo. Jazmín espero pacientemente por casi 5 minutos alguna reacción, algún indicio de que había funcionado, pero nada, parecía que había fracasado. La princesa trago saliva y sintió un golpe en el pecho, estaba decepcionada, preguntándose que se le había olvidado del hechizo.
-Lo siento, tía Mal.-murmuro Jazmín al mirar el lugar vacío que habían dejado las cenizas, espero un par de minutos más y al ver que no sucedía nada decidió marcharse. Jazmín tomo su bolso y encamino de vuelta al pueblo, tenía poco tiempo para llegar al hospital por Emma y luego encontrarse con Zelena si todo salía bien.
David estaba bajando las escaleras de la mansión, estaba por meterse a la cama después de beber un poco de agua, llevaba unos pantalones blancos cómodos y una camisa sin mangas como pijama, su cabello estaba revuelto. El príncipe se iba a encaminar a la cocina cuando la puerta de la mansión se abrió, justo cuando estaba por terminar de bajar las escaleras, sorprendiéndose un poco al ver a Regina entrar con prisa, extrañado de ver el gesto que tenía su esposa. Regina había entrado a la mansión y se giró para cerrar la puerta, ignorando el hecho de que David estaba a poca distancia de ella en las escaleras, la alcaldesa lucia totalmente inmersa en sus pensamientos.
-Te esperaba más temprano, cariño. ¿Resolviste todo en la alcaldía? -pregunto David como si nada, con un tono despreocupado y una sonrisa cálida para recibir a Regina, quien se sobresaltó al escucharlo, girándose de inmediato y encontrándolo a mitad de las escaleras.
- ¡David! -musito Regina sorprendida, respirando un poco agitada. David arqueo las cejas al notar su gesto tenso. -Me asustaste, no note que estabas aquí. -se excusó la alcaldesa con un gesto de fingida naturalidad, David se apresuró a terminar de bajar las escaleras para acercarse a ella.
-Llegue hace bastante, estaba esperándote. -explico David con una sonrisa relajada, despreocupado y extrañándose al ver el gesto serio de Regina. El príncipe iba a bromear, pero antes de que pudiera decir algo Regina se lanzó a sus brazos, abrazándolo fuertemente y aferrándose a él con los ojos cerrados, David se extrañó, pero la estrecho aún más, comenzando a asustarse al verla así.
-Te amo. -murmuro Regina con los ojos cerrados y el rostro oculto en el pecho del príncipe, quien deslizaba su mano por la espalda de la morena. David sintió una sensación extraña, como un presentimiento, se aferró aún más a Regina y beso su frente sin apartarla de él.
-Yo también te amo, Regina. Te amo. -repitió David estrechándola contra él, deseando protegerla de todo al verla tan frágil. - ¿Estas bien? ¿Ha pasado algo? -pregunto David sin soltarla, pero Regina negó con la cabeza, sintiéndose culpable por lo sucedido con Robín.
-No pasó nada, tranquilo. -dijo Regina al separarse de él y mirándolo con una sonrisa fingida, pero David no le creyó demasiado. -No me mires así, estoy bien, solo quería abrazarte. Te extrañe. -dijo Regina como excusa, haciendo que David la mirara aun con duda.
-Yo siempre puedo abrazarte, Regina. -sonrió David sinceramente, acercándose a ella y pasando sus manos por los hombros de la morena para reconfortarla. -Puedes decirme cualquier cosa, sabes que es así. -recordó David mirándola a los ojos, Regina sonrió levemente y asintió.
-Lo sé, cariño. -asintió Regina con una sonrisa débil, acortando la distancia para besarlo fugazmente y distraerlo. -Solo deseo meterme a la cama, demasiado trabajo. -explico Regina encogiéndose de hombros, David arqueo las cejas.
-Fingiré que te creo, esperare a que me cuentes que paso. -ironizo David con un gesto bromista, haciendo que Regina negara con la cabeza. -Sube a darte una ducha y yo te subiré la cena. -dijo David besando su frente con cariño, Regina asintió. -Henry ya está dormido. -informo David conociendo los pensamientos de la alcaldesa.
-No tengo hambre. -dijo Regina, el rubio iba a protestar. -Solo me daré una ducha. -dijo la morena encaminándose a las escaleras. David la miro cruzado de brazos, la morena se giró antes de subir a su recamara. -Por cierto, las flores son hermosas. -sonrió Regina señalando las flores sobre la mesa de la sala, David sonrió ampliamente y la observo subir a su recamara.
Jazmín estaba corriendo por las calles de Storybrooke, agradeciendo que a esas altas horas ya nadie merodeaba por las calles, rogando porque Zelena no descubriera que había salido de la casa y comenzara a buscarla. La princesa estaba demasiado apurada como para fijarse en los detalles de su camino hacia el hospital, estaba ocupada pensando en su improvisado plan para rescatar a Emma, tenía que arriesgarse antes de que fuera más tarde. La princesa estaba perdida en sus pensamientos que no se fijó que alguien venia caminando en sentido contrario a ella, una persona igual de distraída que ella, causando que ambos chocaran de frente y casi cayeran al suelo. Por suerte, la persona con la que Jazmín había chocado la sujeto con fuerza de la cintura y casi la hizo girar al detener su caída. La joven se sorprendió y permaneció en silencio por unos cuantos segundos para recuperarse de la sorpresa.
-Buenas noches. -murmuro una voz un tanto pretenciosa para el gusto de Jazmín, quien pudo notar una sonrisa muy sutil asomando los labios de ese desconocido que la sujetaba sin esfuerzo. La princesa frunció el ceño al notar que seguía aferrada a la camisa del sujeto y lo soltó, causando que el la soltara con sutileza. Ambos quedaron de frente, pero Jazmín se concentró más en recuperar su dignidad y se acomodó las mangas de su blusa y arreglo su cabello un tanto revuelto.
- ¡Demonios! -gruño Jazmín con un gesto de pocos amigos al notar una rasgadura apenas visible en sus botas. - ¿Quién camina por las calles sin mirar por donde va? -reprocho Jazmín casi indignada al levantar la mirada hacia el desconocido, quien arqueaba las cejas ante la queja de la princesa. Jazmín lo observo detenidamente. Era un hombre unos cuantos años mayor que ella, de cabello oscuro y sonrisa arrogante, con la poca luz no alcanzaba a decidir si sus ojos eran verdes oscuro o café.
-Al parecer tu eres quien hace eso, señorita. -ironizo el desconocido con un gesto al encogerse de hombros, haciendo que Jazmín comenzara a preguntarse quién rayos se creía que era. La princesa agradeció que él se acercaba un poco para poder mirarlo mejor, definitivamente sus ojos eran color verde oscuro, interesantes.
- ¿Yo? ¡Pero si has sido tu quien me ha casi tirado! -se quejó Jazmín con altanería, aunque sabía que era una mentira. El tipo frente a ella se limitó a negar con la cabeza y reír con burla por lo bajo, haciendo que Jazmín comenzara a cuestionarse si debía agradecerle que le evitara un buen golpe o ser ella quien lo golpeara por pretencioso.
-Tu eres quien venía distraída, no fue culpa mía. -replico el hombre de ojos verdes con un tono sarcástico, aunque al parecer la mirada de Jazmín debía ser poco más que asesina ya que su sonrisa se esfumo. -Bueno, podemos decir que fue culpa de los dos. -dijo el con un gesto inocente.
-Es discutible. -murmuro Jazmín con una sonrisa forzada. -Pero puedo vivir con ello. -añadió la joven encogiéndose de hombros, mirando sin disimulo al extraño frente a ella, nunca lo había visto, al menos no que recordara.
- ¿Pasa algo? -pregunto el extraño al notar que Jazmín miraba su reloj y su gesto cambiaba un poco.
-Nada. -mintió la joven encogiéndose de hombros. -Solo que tiendo a ser poco paciente. -ironizo Jazmín como si nada, haciendo reír al hombre de cabello oscuro.
-Lo pude notar. -rio el cuándo se encogió de hombros más relajado. - ¿Siempre andas corriendo? -pregunto con un gesto de curiosidad, no pasaba desapercibido que la joven tenía prisa.
-Se ha vuelto un habito, por desgracia. -replico la princesa rodando los ojos con un gesto de resignación.
-Siento haber sido un obstáculo, entonces. -bromeo el, haciendo que Jazmín riera un poco. -Soy Alí. -se presentó tendiendo su mano hacia ella, quien lo miro unos segundos antes de decidir estrecharle la mano.
-Rose. -musito la princesa con un gesto despreocupado, Alí la miro y asintió. -Debo irme, ya es tarde. -dijo Jazmín después de mirar una vez más su reloj, Alí no tuvo tiempo de replicar al verla correr pasando junto a él, desapareciendo en las calles oscuras.
-Un verdadero placer verte, princesa. -sonrió Alí de forma traviesa antes de dar media vuelta y emprender el camino contrario a donde había salido corriendo Jazmín.
August había dudado durante todo el camino al hospital, pero había terminado por decidirse y no seguir titubeando. El escritor se las ingenió para burlar la vigilancia de la enfermera del psiquiátrico y hacerla dejar su puesto para poder entrar sin mayor contratiempo, era consciente de que no tardaría en volver y descubrirlo, así que corrió hasta la que recordaba era la habitación de la mujer rubia del cuento. August tomo el juego de llaves que había sobre el escritorio de la enfermera, pero al intentar abrir la puerta no lo logro, intento con cada llave del juego y ninguna llave lograba abrir la puerta, era como si algo mas protegiera esa puerta. Los minutos pasaron y el escritor comenzó a temer por su propia seguridad, intento forzar la puerta, pero nada.
- ¿Qué crees que estás haciendo? -la voz de Jazmín hizo que August dejara de forzar la puerta y se girara para mirar a la extraña que lo había descubierto. La princesa había llegado corriendo y se había sorprendido al encontrar a alguien más en la habitación de Emma, su rostro no ocultaba su sorpresa, miraba a August esperando una respuesta inmediata. El escritor estaba procesando lo ocurrido y comenzaba a preguntarse que debía hacer ahora.
- ¿Quién eres tú? ¿Qué haces aquí, niña? -preguntaba August con evidente prisa en la voz, tratando de devolver su atención a la puerta que intentaba abrir con desesperación, August dejo de mirar a Jazmín y se concentró en intentar empujar la puerta, pero no tuvo éxito. La princesa dedujo que no tenía tiempo de averiguar quién era él y decidió encargarse de las presentaciones formales después de salvar a Emma.
-Supongo que he venido a hacer lo mismo que tú. -ironizo Jazmín apartando a August de la puerta con un gesto arrogante, August se apartó un momento. La princesa sujeto la puerta y sintió la magia que tenía el lugar, no le hizo falta más tiempo para saber que alguien había protegido la celda de Emma con magia.
- ¿Qué estás haciendo? -pregunto August extrañándose al ver a Jazmín retroceder un par de pasos y mirar la puerta de arriba hacia abajo, sus ojos parecían escanear la puerta para intentar abrirla. El escritor frunció el ceño y estuvo a punto de ponerse en medio, pero Jazmín volvió a acercarse a la puerta.
- ¿Por qué quieres ayudar a Emma? ¿De dónde la conoces? -pregunto Jazmín apartando un mechón de cabello de su rostro, mirando a August con curiosidad. El escritor frunció el ceño confundido, la joven supuso que no recordaba, que seguía bajo el hechizo como todo el pueblo.
- ¿Ese es su nombre real? -pregunto August ignorando su pregunta, de igual manera que la joven había ignorado las suyas. Jazmín sonrió irónicamente y antes de que continuara hablando se concentró en su magia, dejo que de sus manos fluyeran destellos dorados y rojos que chocaron contra la puerta de metal, haciendo que el hechizo de Ingrid se debilitara en pocos segundos.
-Hay que sacarla de aquí. -musito Jazmín al bajar sus manos cuando el hechizo hizo efecto. August tenía un gesto de incredulidad marcado en el rostro, sin dar crédito a la magia de la princesa. Jazmín rodo los ojos al ver que August no se movía y ella misma tomo las llaves y empujo la puerta para abrirla, August tardo un par de segundos en reaccionar
- ¿Cómo…Como has hecho eso? -pregunto August al salir del trance, deteniendo a Jazmín, quien ya estaba por entrar a la celda y tomar a Emma para salir de ahí. - ¿Quién eres tú? -pregunto August una vez más, comenzando a ponerse nervioso. La princesa rodo los ojos y acorto la distancia entre ellos para mirarlo fijamente. -Responde, niña. -pidió August desconcertado, Jazmín lo sujeto del brazo para darle un poco de confianza.
-No hay tiempo, Pinocho. -dijo Jazmín guiñándole un ojo y sonriendo con cierta malicia, disfrutando un poco al ver palidecer al escritor. -Te explicare todo, pero primero hay que terminar con esto. -dijo la joven con un gesto autoritario, entrando a la celda seguida de August. Apenas entraron vieron a Emma sentada en el pequeño colchón, pegada a la esquina con el rostro oculto entre sus rodillas, su cabello rubio lucia despeinado y su rostro más pálido de lo normal.
- ¿Por qué la tienen aquí? -pregunto August mirando la celda carente de cuidado, la princesa se encargó de acercarse a Emma con lentitud para no asustarla. Jazmín puso una mano sobre la rodilla de Emma y la hizo alzar la mirada, encontrándose con un gesto de confusión y sorpresa, casi como si Emma sintiera temor.
-Tranquila, Emma. Te sacare de aquí, no te preocupes. -susurro Jazmín sonriéndole para darle confianza, Emma no respondió, estaba asustada. La princesa miro a August y el asintió, cuando lograron que Emma se levantara ambos la sujetaron de cada costado para guiarla fuera del hospital. Jazmín se aseguró de que nadie los viera o los siguiera, mientras que August prácticamente estaba arrastrando a Emma, quien no tenía la voluntad para resistirse o protestar. Jazmín no dejaba de pensar en lo cambiada que lucía, tan apagada y pálida, totalmente contrario a la Emma divertida y despreocupada que había conocido en Agrabah.
- ¿A dónde iremos? -pregunto August cuando los tres salieron del hospital y caminaban entre las sombras para no ser vistos. La princesa arqueo una ceja y comenzó a pensar, de la misma forma que August lo hacía. Ambos tenían que dejar a Emma en un lugar confiable y a salvo de todo, además, Zelena estaba esperando ser informada de cómo había resultado todo.
La noche era totalmente oscura y silenciosa, especialmente en la parte más alejada del bosque, donde apenas y se podían distinguir sombras de los árboles y no había ningún ruido que perturbara el silencio. En el mismo lugar donde hace un par de horas Jazmín había estado, de las sombras emergió una figura femenina que camino hasta el punto exacto donde las cenizas de Maléfica habían estado. Una mujer que vestía un vestido largo color negro, apenas se podía apreciar su rostro y su piel pálida, tenía una expresión difícil de interpretar. Esa mujer se detuvo y miro al suelo donde estuvieron las cenizas, una sonrisa de malicia cruzo su rostro y paso su mano por la superficie de la tierra, haciendo que una nube de humo violeta volviera aparecer, esta vez con más altura y dejando ver una figura femenina dentro de ella.
-Bienvenida al mundo, Maléfica. -murmuro la voz de esa mujer misteriosa al ver que el humo morado se disolvía y dejaba ver a la hechicera de cabellos rubios con un gesto desconcertado y aliviado, como si se estuviera saliendo de un hechizo que la hubiera mantenido en la misma posición por años. La rubia miro a la mujer frente a ella y guardo silencio, tratando de recordar lo ocurrido y poniendo en orden todos sus pensamientos, regresando al último momento que recordaba.
-Morgana. -murmuro Maléfica arqueando las cejas y mirando fijamente a esa mujer, sorprendiéndose al tener a esa bruja frente a ella. Aun desconcertada y confundida por lo que había pasado, buscando respuestas a sus múltiples preguntas y tratando de encontrarle un sentido a todo, observo a su alrededor y no reconoció el lugar, ese no era el Fuerte Prohibido, ni siquiera era el sótano donde estuvo prisionera en forma de dragón, ese lugar no lo conocía y odiaba estar en territorios desconocidos. Morgana miro a Maléfica y una sonrisa apareció en su rostro.
Eaaaaaaaa! Si han llegado hasta aqui dejen un review con todas sus opiniones! Y gracias por leer jajaja
Rosalie end jacob….Regina y David como pareja parecen estar muy comodos, no les iria mal juntos, hasta lo disfrutan jajaja
Clau23…Holaaaaa! Si, en el cap hubo situaciones OQ jajaja Jazmín y Henry no se llevan bien, y eso que uno de ellos no sabe que son hermanos. Pobre Regina, le tocara estar en medio de esos dos jajajaja ¿Quién diría que Regina podría dar clases? Al final acabo agarrándole el gusto jajaja Hook trabajando! Eso es aun mas increíble que ver a Regina de tutora jajaaaaaa Morgana, explicare sus motivos en el próximo cap muahahaha Hoy hubo OQ y EC…El hechizo no tarda en romperse, no lo alargare mas muahaha
AbyEvilRegal4Ever123…Eaaaaaaa! Que bueno que te gusta :3 El EC esta en paz por ahora, pero a ver cuanto les dura muahahaha Rumbelle igual esta avanzando, no es que necesitaran mucha ayuda jajaja Gold SIEMPRE disfrutara molestar a Hook, no importa dnde estén jajajaja Ruby es de mis favoritas 3 August, como lo extraño en la serie 3 Y si, encontraron a Emma muahaha ¿Baby Neal? El pobre bebé siempre esta al cuidado de alguien, incluso en la serie desde que nacio jajaja ¿Quién romperá la maldición? Eso esta por verse muahahaha Todas seriamos como Jazmín en cuanto a los hermanos, todas nos enamoramos de Roland y todas, al menos yo, le tenemos cierta resistencia a Henry desde la temporada 1 jajaja MALEFICA VOLVIO, YEAH!
Lina Montoya…Graciasssss! Nunca se sabe con Zelena y Hook jajaja Seria de familia entonces, empezar odiando al galan jajaja
Mell…EC esta muy solicitado jajaja Seria tremendo shock para Regina y para todos si eso pasara, que podría ser, Regina y David han estado muy cariñosos muahahaha
jossedith1…Eaaaaaaaaaaaaaa! Siempre tardo en actualizar, debo mejorar eso jajaja El EC esta bien por ahora, seguirán tan tranquilos? Muahahaha Henry y Jazmín son esos hermanos que no terminan de llevarse bien jajajaja Morgana apareció, y explicare mas de ella en el próximo cap…Emma y Jazmín tienen mas en común de lo que podría parecer 3 Gracias por la propuesta, prometo tomarla en cuenta a partir del próximo cap, los hare mas cortos y mas seguidos, es la costumbre de dejar pasar tanto tiempo entre capítulos y por lo tanto mas largos. Besooooo!
MariaLynch14…Holaa! El EvilChrming ha estado muy tranquilo y amoroso, ojala les durara, no?muahaha Eres libre de mandar a Robin a donde sea jajajaja Sin planearlo he cumplido tu peticion de momento entre Regina, David, Jazmín y Henry jajaja GRACIAS! 3
ludiferLana…Hola! Que gusto leerte, si, Rumple padre de Regina, te entiendo, yo llevo esperando esa revelación desde la temporada 1 y si, despues de ver la serie creo mis deseos se han ido por tierra :( Beso!
