Como bien todos los derechos sobre los personajes le corresponden a Rumiko Takahasi. Esta es solo una historia alternativa, para darle gusto a la imaginación.

Cada movimiento, por más insignificante que esté sea, no pasa desapercibido. Me mantengo alerta, mientras advierto el siguiente ataque y me preparo para contrarrestarlo. La patada viene directo a mi flanco derecho, rápidamente la esquivo y a la vez me impulso hacia adelante para arremeter contra mi oponente sin que esté alcance a reaccionar. Pero el encuentro no es contra cualquier principiante, no por nada somos rivales desde hace muchos años, él no se amedrenta ni retrocede y con uno de sus brazos intercepta mi golpe. Hacemos espacio entre nosotros nuevamente, buscando la oportunidad de atestar el golpe que de la victoria y concluya el enfrentamiento.

Así he pasado mi vida desde que tengo memoria; entrenando, aprendiendo cada técnica, combatiendo contra cualquier obstáculo. Creyéndome indestructible, inflando mi ego y obteniendo lo que he querido con ello; pero la caída fue dura y el golpe vino de quién menos lo esperaba.

Escucho algunas voces a mis espaldas, pero mantengo mi concentración, lo que no sucede con mi oponente y esa fracción de segundos en lo que él se distrae, yo la aprovecho. Barro su pierna izquierda, mientras sostengo su brazo del mismo flanco haciéndolo caer de bruces sobre el tatami e imprimiendo presión hacia atrás en la palma que tengo aprisionada, termino el encuentro. Veo en su rostro la furia por haber perdido, pero ha sido su culpa por distraerse tan fácilmente, y lo sabe. Dejo que recupere la compostura antes de ofrecerle la mano y ayudarle a levantarse, es un estúpido en ocasiones pero ha sido mi único amigo, y esto es solo entrenamiento como para quedar en malos términos.


Llegamos al dojo, a mitad de lo que parece una batalla más que un entrenamiento, la tensión es palpable en el ambiente y los presentes lo confirman con el silencio sepulcrar que guardan. Para ambos contrincantes pareciera que no hay nadie más, que ellos mismos en el lugar, y que está pelea es de vida o muerte. Tal intensidad no se percibía en el gimnasio donde aprendí Karate, es muy distinto tanto en las instalaciones como en el tipo de personas que hay aquí. Veo que Akari presta especial atención al encuentro, así que también me dispongo a observarlo. Noto que uno de los contrincantes luce una trenza en su azabache cabellera, es ágil; su contrincante no se queda atrás, también es hábil y sus colmillos sobresalen cuando da el grito de ataque. Parece que esto no tiene para cuando acabar, ambos están en igual de condiciones. Alcanzo a oír que Akari me comenta que uno de ellos es su novio, pero por estar atenta a la pelea no escucho bien cuál de ellos es, así que le pido me repita lo que dijo; en eso se oye un golpe y me percató que la pelea ha terminado, todo sucedió muy deprisa.

El chico de los colmillos luce molesto, mientras él otro con una sonrisa altanera le tiende la mano para ayudarlo a levantarse. Una vez fuera del tatami, lucen como si nada hubiera pasado, conversando tranquilamente. Akari me toma del brazo para acercarnos a ellos, y presentarnos.

-Hola, chicos- inicia Akari la conversación -Espero no se hayan tomado muy en serio el entrenamiento- les dice.

-Si este tonto distraído lo hubiera tomado en serio, quizás, y solo quizás no hubiera perdido. Aunque dudo mucho que alguna vez me gane- responde de forma socarrona el chico de la trenza.

-¡Cállate Saotome!- responde molesto el otro -Sabes que estamos en igual de condiciones y puedo ganarte cuando quiera- afirma.

-¡Basta de peleas! Van a espantar a una futura alumna del dojo- les dice divertida Akari.

-¿Por fin te decidiste a qué te entrene, Akari? Te dejaría lista para que le des una paliza a este tonto distraído- dice arrogante quien parece ser instructor en el dojo.

-No, Ranma. No soy yo- prosigue Akari, sin tomarse personal los comentarios que esté hace -Es ella a quien me refiero- y me sitúa frente a ellos -Ella es Akane, una amiga- me presenta.

Ambos chicos se quedan callados, observándome, haciéndome sentir algo incómoda con la situación; hasta que uno de ellos reacciona y se presenta.

-Hola, mucho gusto. Mi nombre es Ryoga- dice algo nervioso el chico de los colmillos -Y aquí mi amigo, es Ranma- termina, presentando a su compañero, quién ha cambiado por completo su semblante y luce una mirada gélida.

-También es un placer conocerlos- contesto algo dubitativa -Me gustaría entrenar en el dojo ¿si pudieran informarme que es lo que se requiere?- pregunto.

-No se admiten alumnos nuevos, si estos no pasan la prueba de iniciación- contesta firme Ranma.

-¿Cuál prueba, Ranma?- debate Ryoga sorprendido.

-¡Es una nueva regla del dojo!- insiste visiblemente molesto -¿Prácticas alguna técnica?- pregunta, dirigiéndose a mi.

No entiendo a que se debe su cambio de actitud, pero tampoco me va amedrentar.

-Práctico Karate y Naginata, comencé cuando entré a la preparatoria- le informo.

-Te haré una prueba ahora mismo- dice irritado -En los vestidores hay gi que puedes usar, Akari puede mostrarte donde están- indica.

Akari permanece quieta, esperando mi respuesta y no la hago esperar. Giro en su dirección, para que me guíe y avanzamos hacia los vestidores en silencio.

-¿Qué estás haciendo, Ranma?- cuestiona Ryoga una vez que las chicas se han alejado lo suficiente -No hay ninguna regla de acceso al dojo ¿porqué le dijiste eso?

Este ignora las preguntas de Ryoga, mientras impertubable revisa que los pocos alumnos que quedan a esa hora terminen de limpiar, para que puedan irse.

De regreso al área de entrenamiento, noto la aflicción de Akari por los acontecimientos.

-No te preocupes, no estoy molesta- le digo -Se que hay reglas o cuotas que se tienen que cubrir para ingresar a un dojo- ella solo asiente -Espero que ese no sea tu novio- le comento muy seria, mientras avanzamos, ella se queda quieta unos segundos riendo al instante.

-Mi novio es Ryoga- aclara, ya más tranquila, y continuamos el trayecto.

-¡Que bueno, ya decía yo que alguien tan arrogante no podría estar con una chica tan gentil como tú!- le afirmo, ella vuelve a reír, retomando su habitual humor.

Llegamos de vuelta con los chicos, veo que ya solo estamos nosotros en el dojo, el resto de los alumnos se han ido.

-¡Veamos de que eres capaz!- me incita Ranma desde uno de los extremos del tatami, listo para el enfrentamiento.

No retrocedo ante su declaración, y me planto también en el extremo opuesto a él, lista para dar lo mejor de mi. Nos medimos uno al otro, tomando las posiciones iniciales; no he perdido en ningún entrenamiento que hice en Tokyo, pero por lo poco que he visto quizás en esta ocasión sea muy diferente el resultado. Y no tardo en comprobarlo, es muy rápido y preciso; también se que está controlando la fuerza con la que imprime cada golpe, cuidando de no lastimarme. Me queda claro que está en otro nivel, cuando el encuentro rápidamente termina conmigo de espaldas en el tatami y el sobre mi, viéndome fijamente con sus profundos ojos azules. Al instante se aparta, dando por concluida la prueba, permitiéndome recobrar el aliento.

-Revisa los horarios y cuotas, con Futaba- mencionó, mientras que por arte de magia, aparecía un escuálido joven -Estás a prueba un mes, llegarás a tiempo a tus clases, con la vestimenta apropiada, ayudarás a limpiar antes de irte y obviamente deberás cubrir las cuotas correspondientes. Si fallas en alguna de esas condiciones, estarás fuera del dojo- terminó de agregar, sin ningún tipo de emoción en su voz, saliendo del lugar.

Le haya impuesto las mismas condiciones o no a otros es lo que menos me interesa; realmente necesito estar preparada para cualquier cosa que pudiera suceder, y aún cuando él sea un arrogante, es un muy buen artista marcial de quién aprender. No voy a desaprovechar esta oportunidad.