Como bien todos los derechos sobre los personajes le corresponden a Rumiko Takahasi. Esta es solo una historia alternativa, para darle gusto a la imaginación.

*Advertencia: sube la temperatura y llega mi debut en el LEMON

Sin rastro, esa mocosa estaba jugando bien sus cartas. No habían podido dar con su paradero, ni el momento exacto en que se escabulló, solo contaban con la fecha de mi boda como punto de partida y no era gran cosa. Akane jamás fue tan social, así que no era de extrañar que hubiera tan pocas tomas de ella en la celebración, solo las necesarias para la prensa y la familia.

Nuestros propios intereses giraban en la rápida localización de Akane, así que cada uno usaba sus propios medios, para un fin común.

-Se que te había puesto a cargo de otros asuntos, Kumon. Pero por el momento necesito que te enfoques en la desaparición de Akane- comentó el patriarca al joven que se encontraba al otro lado del suntuoso escritorio -Me parece inconcebible que a estas alturas no hayan podido ubicarla. No ha salido fuera del país, Gosunkugi ya se encargó de revisar con sus "fuentes" que no haya usado otra identidad, y su pasaporte sigue estando en la caja fuerte. Tiene que estar cerca de aquí, no pudo haberse esfumado de la nada- agregó, con una ya visible molestia reflejada en su rostro.

-Me encargaré de ello, señor Tendo- afirmó el joven, quién lucía un elegante y costoso traje -Usaré todos los medios a mi alcance, para cumplir sus órdenes.

-Confío en ti, Kumon. Haz llegado muy lejos con tu lealtad y dedicación, y espero que continúes así, si quieres seguir escalando en la empresa- advirtió Soun Tendo.

El joven asintió silenciosamente y se retiró del despacho del patriarca.

Observé salir a Ryu Kumon de la oficina de mi padre, si esté lo mandó llamar era una clara señal de que iba a usar sus mejores armas, y quizás yo también podría valerme de ellas. Sigilosamente me fui acercando a Ryu pero rápidamente se dió cuenta de mi presencia, sus habilidades siempre me sorprendían, aunque nunca iba a admitirlo frente a él. Ryu Kumon comenzó a trabajar para mí padre desde hace siete años, cumpliendo a cabalidad cada órden que se le daba, ascendió hasta la posición con la que hoy contaba. A sus veintisiete años, era uno de los hombres más jóvenes del círculo de confianza de Soun Tendo.

-¿Qué es lo que ocupas Nabiki?- atajó Ryu antes de que ella terminara de acercársele.

-La educación ante todo, Kumon, ahora soy la señora Kuno- le contestó con una encantadora sonrisa.

-Y ¿qué es lo que la señora Kuno requiere de mi?- dijo sin inmutarse, ya frente a ella.

-Que descortés de tu parte suponer que solo me dirijo contigo cuando ocupo algo- prosiguió Nabiki condescendiente.

-¿Y no es así?- debatió -Que otro te crea la fachada de diplomacia, tengo prisa, así que solo preguntaré una vez más ¿Qué es lo que quieres Nabiki?

Nadie le hablaba de esa manera, aún frente a su padre él no se reprimía y la trataba así, eso la enervaba. Pero por el momento tendría que acallar su ego, ocupaba información y para ello requería de Ryu.

-Pero que sorpresa tenerte de visita, querido Ryu- saludo una despampanante y exhuberante mujer, que parecía venir de los jardines interiores de la casa.

-Ha sido algo inesperado Hinako- le respondió amablemente el joven -Luces espectacular como siempre- dijo, sonriéndole de medio lado.

Para mala suerte de Nabiki, Hinako se había hecho presente en escena. Era la amante en turno de su padre, casi tan joven como Kasumi, había durado a su lado más que el resto. Después de un par de años de morir su madre, Soun había comenzado a salir con mujeres otra vez pero no sé había vuelto a casar, solo pasaba el tiempo con ellas hasta que se aburría o lo hartaban y las dejaba. Pero con Hinako fue distinto, ya llevaban cuatro años juntos y no se le veía que fuera a terminar con ella. Y el mayor de los males era que ambas féminas no se toleraban en absoluto.

-Oh Nabiki ¿también estabas aquí?- le dijo con una falsa sorpresa -No deberías estar atendiendo a tu esposo- remató mordaz.

-Mis asuntos no son de tu incumbencia- contrarrestó Nabiki ásperamente.

Si Ryu quería desafanarse de la discusión que comenzaba a bullir entre ambas mujeres, iba a tener que intervenir.

-Te ruego nos disculpes Hinako, la señora Kuno y yo tenemos algunos asuntos que revisar en torno a la desaparición de su pequeña hermana- interrumpió Ryu, y tomando a Nabiki del brazo desaparecieron entre los pasillos.

A Hinako le complació ver cómo Ryu no tenía ninguna consideración con esa zorra, era quien más le había ocasionado problemas cuando llegó a la casa y la iba a ser pagar por ello. Ella también tenía unas cuantas cartas bajo la manga, y este era el momento de usarlas.

Habían pasado ya varias habitaciones hasta que por fin entraron a una, el insolente la había arrastrado casi por toda la casa sin ningún miramiento.

-¡Suéltame! ¿Qué te haz creído tratándome así?- gritó molesta, safandose de su agarre.

-Evitarme la molestia de estar presente, mientras ustedes dos discutían- contestó sin tapujos -Y que de una buena vez me digas lo que buscas, para que me dejes tranquilo.

Ella no se había percatado hasta que detenidamente observó a su alrededor, estaban en su antigua habitación, ésto podría usarlo a su favor si mantenía la calma. Quizás fue lo mejor estar en un lugar más privado. Recobrando la compostura se le acercó nuevamente cuál felina en celo, quedando a escasos centímetros de su rostro, con los stilettos que usaba estaba casi a su altura.

-Sabes no eres tan mal parecido, si solo no fueras tan descortés- comenzó a decirle suavemente, sus manos se paseaban por el amplio pecho de su adversario -Tú y yo, podríamos...- dejando la frase sin terminar, se acercó aún más tratando de provocarlo.

Pero la reacción en él no fue lo que ella esperaba, Ryu velozmente la tomó de las muñecas y la giro apresándola por la espalda.

-¿Crees que todos caerán en tus juegos?- le dijo mientras hábilmente se quitaba la corbata con una sola mano -¡Sorpresa, yo no soy como todos los demás con quiénes has tratado!- le dijo al oído, y con la astucia que lo caracterizaba le ató las muñecas con la corbata.

Ella se quedó estática, sin palabras, él aprovechó el momento y la tomó en brazos para después dejarla caer sobre el centro de la cama.

El cerebro de Nabiki estaba funcionando a toda velocidad pero todavía no terminaba por asimilar lo que estaba ocurriendo ¿En qué momento se habían invertido los papeles, y cómo es que se encontraba en una posición tan vulnerable?

-¿Qué estás haciendo?- dijo torpemente, saliendo de su breve estupor.

-Hago lo que deberían haber hecho contigo, desde hace tiempo- le contestó, terminando de atar sobre su cabeza el extremo sobrante de la corbata, al dosel tubular de la cama -Pero como no ha habido nadie que se haya atrevido, crees que todos caerán rendidos a tus pies- puntualizó.

-Si querías que me acostara contigo, solo lo hubieras pedido- dijo, tratando de retomar el control perdido.

Ryu soltó una sonora carcajada, realmente parecía divertirle lo que ella dijo, era una faceta que no conocía de él.

-¡No mujer, no será como tú acostumbras! Vas a rogarme para que te posea- le dijo mirándola con descarada perversión.

-Yo no le ruego a nadie, estás perdiendo tu tiempo- contestó airada.

-Tiempo tengo disponible. ¿Quisieras que le llame a tu marido para que no te espere a cenar?- dijo burlón.

Ella permanecía en silencio, está vez subestimo a su oponente, tenía que arreglárselas para salir de esa situación. Pero rogarle no iba a ser una opción, para su suerte Tatewaki salió un par de días de la ciudad por negocios, así que Ryu podía quedarse esperando.

Imperturbable, él comenzó a desvestirse, sabiendo que ella lo observaba detenidamente. Se tomó su tiempo, dejando que solo sus boxers cubrieran su cuerpo expuesto. Nabiki había tenido innumerables pretendientes y sus encuentros con algunos de ellos no fueron puros y castos, pero jamás se había topado con alguien como Ryu.

Era atractivo en todo el sentido de la palabra, aunque su carácter la enervaba; desde que lo conoció siempre la había tratado sin ningún tipo de consideración y respeto. Tampoco le trajo repercusiones con su padre por el trato que le daba a ella, a sus ojos parecía que eso le brindaba puntos ante el patriarca y aumentaba su estima por él.

Se acercó lentamente a dónde ella estaba tendida, tomándole los pies le saco los zapatos, ella continuaba quieta sin darle ninguna satisfacción por su toque. Prosiguió el camino por la parte exterior de sus piernas hasta toparse con el borde de su falda, la cuál no detuvo su trayectoria y siguió hasta que sintió la unión de las medias con el liguero. Se ahorro la molestia, bajando junto al liguero las medidas, ella opuso un poco de resistencia pero parecía no esmerarse mucho en ello. Paso sus grandes manos por la parte trasera de la falda, alzándole un poco el trasero para bajar el cierre y sacársela lentamente, dejándo la diminuta tanga a la vista. Acarició sus esbeltas y torneadas piernas, lo que le generó pequeñas descargas en su cuerpo, aún así no mostró emoción alguna. Ryu se mostraba paciente para cada acción, examinándola detenidamente, disfrutando cada movimiento que ella creía pasaba desapercibido. Su atención ahora se centraba en desabotonar su blusa, para tener una vista completa de su sexy y coordinado juego de lencería.

-No esperaba menos de ti- dijo complacido -Ahora comenzará realmente la prueba de resistencia- amenazó sonriente.

Ató una de sus piernas al dosel inferior de la cama con una de las medias, para luego posicionarse en el espacio que quedaba libre entre ellas, en esa posición quedaba completamente a su disposición sin tener que preocuparse por algún movimiento repentino por parte de ella.

Su situación parecía complicarse aún más, ya no solo estaba atada literalmente de manos, ahora otra de sus extremidades también estaba inmovilizada. Podía gritar pero sabía que no serviría de nada, ella misma había mandado reforzar las paredes para que no se escaparan ningún sonido de su habitación, esperar que la servidumbre se hiciera presente tampoco era viable cuando tenían prohibido entrar sin su autorización, aún cuando ya no viviera en la casa. Había caído en su propia trampa con un rival, que aunque le costaba admitirlo, estaba a su nivel.

Comenzó a acariciar suavemente el interior de sus muslos, sin dejar de observarla directamente, llevando las caricias cada vez más cerca de su intimidad. Su respiración la traicionaba acelerándose cada vez que él se acercaba más a su centro, se estremeció cuando al fin su dedos llegaron a su objetivo, paseándose sobre la tela ya húmeda. Una de sus manos subió sobre su plano vientre, para ir al encuentro de sus senos y atenderlos como era debido. Se inclinó sobre ella lo suficientemente cerca para sentir su aliento y su aroma, mientras bajaba la escasa tela que cubrían sus senos, cayó en picada sobre ellos mordiendo, succionando y estrujándolos sin piedad. Sin poder evitarlo un gemido se escapó de mi garganta al momento de su ataque, lo que propinó que las caricias a mi intimidad se volvieran más intensas. El calor se arremolinaba en mi interior, incendiando cada parte que él tocaba, intenté en vano alejarme sabiendome inmovilizada. De un brusco movimiento arrancó la tanga, dejándome completamente expuesta, a su merced. Mis caderas se movían por instinto propio, sus dedos ya no tenían nada que impidiera el paso hasta lo profundo de mi interior, y sin perder oportunidad se abrieron paso en mi intimidad. Un suspiro salió disparado entre mis labios, los cuales mordía sin darme cuenta, el ataque a mis senos no disminuía a pesar de la invasión hecha a mi cavidad.

De repente todo se detuvo dejándome al borde, Ryu se erguía satisfecho de lo que estaba provocando, notando mi silencioso reclamo.

-¿Por... porqué te detienes?- acusé.

-¿Me estás pidiendo que siga, entonces?- respondió altanero.

La frustración se estaba instalando en mi bajo vientre, haciéndome sentir molesta, debatiendo entre el orgullo y el deseo alcé un poco mí cadera, dándole a entender sin palabras que continuara. Acomodó su cabeza entre mis piernas, besando entre la humedad de mis partes, acercando su lengua a la fuente de placer para retomar el ritmo nuevamente. El vaivén entre sus besos y caricias volvía a encender la llama, mis pezones turgentes se erguían cual torres, los gemidos volaban libres. El éxtasis estaba próximo a llegar, cuando nuevamente todo fue quietud.

Estaba furiosa, me revolvía inútilmente entre las sábanas, esto se estaba tornando doloroso. A ella le rogaban, las migajas que dejaba caer a sus espaldas eran suficientes para que los hombres estuvieran a su disposición. No podía más, él la sujetaba firmemente de las caderas para evitar hasta el más mínimo movimiento. Su mirada la retaba, ella bufaba sabiendo que bastaban unas simples palabras para acabar con su agonía.

-¡Por favor!- dijo sin poder reprimirse más.

-Creo que escuche un susurro ¿Acaso estás pidiéndome algo?- desafió.

Ella lo miró suplicante, eso le bastó, él volvió a tomar las riendas. Su miembro más que listo, salió de entre su boxers, tomando posición para iniciar su ataque. Tomó su pierna libre y la puso sobre su hombro para darle una mejor postura, ya no hubo juegos previos, de un solo movimiento introdujo su virilidad, empalandola en el acto. Un grito ahogado salió de su garganta, su respiración de por sí ya irregular se aceleró aún más. Saco su miembro en totalidad, ella temió que volviera a dejarla en ascuas pero eso no sucedió, de un solo golpe volvió a repetir la acción anterior. Ya no se detuvo, sus estocadas eran duras, la razón la abandonaba con cada embestida. Su cuerpo se convulsionaba a pesar de lo limitado que se encontraba, sin demoras el clímax llegó y la envolvió intensamente.

Cuando sus ojos nuevamente se abrieron la oscuridad de la noche ya se había presentado, sus extremidades estaban libres de cualquier atadura y por ningún lado había señales de su adversario. Estaba hecha un desastre. ¡Maldito Ryu Kumon! Ni siquiera uso protección y le dejó marcas en sus senos. Ya se haría cargo de él, por el momento lo que necesitaba era descansar, terminó de desvestirse, acomodándose mejor entre las sábanas revueltas.

¡Maldito Ryu Kumon¡ volvió a repetir mientras sus ojos se cerraban y una sonrisa se extendía en sus labios.