Como bien todos los derechos sobre los personajes le corresponden a Rumiko Takahasi. Esta es solo una historia alternativa, para darle gusto a la imaginación.

La cereza del pastel se presentaba ante sus ojos, la culminación a un día de "imprevistos" si se les pudiera llamar de alguna manera.

¿No podía darle la vida un respiro?

-¿Crees que es agradable ver cómo te humillas a ti misma, de está manera?- insistió Ranma.

-¡No tengo porque darte explicaciones!- contestó airada Ranko.

Una caldeante batalla surgía entre ambos, férreos en sus posturas sin ceder un apice, más parecidos en carácter que físicamente. Los hermanos Saotome se enfrentaban.

Hace dos años...

La temporada de turismo comenzaba y con ello un trabajo de medio tiempo como guía en el lago Kinrin. El turismo había aumentado en los últimos años, no solo con visitantes de otras ciudades, si no también de otros países.

El trabajo le venía de maravilla, su atractivo y galantería le servían para sumar yenes, y con ello hacer las reparaciones pertinentes al dojo. Su padre lo había descuidado bastante, ya ni siquiera impartía clases, solo se la pasaba holgazaneando, jugando yogi con los ancianos del pueblo. Había crecido en el dojo y toda su vida giraba en torno a esté, desde pequeño comenzó su entrenamiento, siendo las artes marciales su todo. O eso creía, pues la chica que conoció en ese entonces, puso su mundo de cabeza.

Conoció a Kiima en uno de los paseos al lago, era imposible no notarla, una chica hermosa y extravagante llegada de otro país. A leguas se notaba que era distinta del resto, no tan solo por ser extranjera, su elegante porte la hacía resaltar haciéndola inalcanzable pero Ranma Saotome la conquistaría.

Sigilosamente se fue acercando a la chica de rasgos delicados y mirada desafiante.

-¿Haz disfrutado del paseo?- le pregunto, llamando su atención.

-Como no disfrutarlo contigo como guía- contestó coqueta.

El sonrió ladino, quedando con ella para tomar unos tragos más tarde.

Por la noche paso al hotel donde se alojaba, ella ya estaba esperándolo, enfundada en un seductor y corto vestido morado, dejándo al descubierto sus largas piernas. Había reservado un lugar en el Iron Flat con anticipación, así que no fue necesario esperar para entrar, los condujieron directamente a su mesa ubicada en un privado rincón del lugar.

-¡Luces espectacular!- le comentó, mientras que caballeroso le ayudaba a tomar asiento.

-¡Lo sé!- exclamó complacida con su halago -Creí que no habría buenos lugares nocturnos, para pasar el rato en está ciudad- expresó, observando todo a su alrededor.

-Pues aunque no lo parezca, también tenemos una divertida vida nocturna- le confirmó tomando asiento él también -¿Te apetece probar la bebida local o prefieres algo más a tu altura?- pregunto sarcástico.

-¡Muéstrame lo que tienes, guapo!- contestó divertida.

-Una botella de Junmai- ordenó al mesero, que presto se acercó a la mesa.

-¿Cliente frecuente del lugar?- inquirió.

-Vengo de vez en cuando a distraerme- confesó -No está de más relajarse un poco. ¿No crees?

-¡Por supuesto, siempre es bueno divertirse un poco!

Kiima le contó que se estaba tomando vacaciones de su ajetreada agenda de trabajo como modelo, dándose un respiro en otro país para no ser reconocida. Era una chica extrovertida, que sabía exactamente lo que quería y se lo hacía saber sin inhibiciones. La noche transcurrió, entre sensuales bailes y tragos, calentando el ambiente.

Era muy entrada la noche cuando salieron del bar, con algunas copas encima, la acompañó hasta donde se hospedaba. Trató de despedirse una vez llegando pero los candentes besos le impedían irse, aumentado más la temperatura, permitiendo que ella lo guiará a su habitación culminaron la noche fogosamente.

Despertó con la chica entre sus brazos y la resaca rezumbando en su cabeza. Así transcurrieron varios días, ocupando Kiima la mayor parte de su tiempo, presentándola a toda su familia y amigos. Ella y Ranko rápidamente congeniaron, deslumbrando a mi pequeña hermana con su mundo de fantasía y envolviéndola en el, se volvieron inseparables. Solo Ryoga y Akari no parecían muy convencidos de mi relación con Kiima. A Ryoga le preocupaba que fuera muy deprisa con alguien que acababa de conocer, me recordaba que ella solo estaba de vacaciones y que el mundo en el que se desenvolvía era muy distinto al nuestro. No confíe en los consejos de mi amigo y la cuota que me cobraron por ello, fue alta.

Los días se convirtieron en semanas y ella parecía reacia a marcharse, yo estaba más que complacido por ello, deseaba que se quedará pero muy dentro de mi sabía que si me lo pedía, me iría con ella sin dudarlo.

Sabía cuánto me importaba el dojo, hacerlo surgir nuevamente como antaño, mostrarles a todos que las técnicas de la familia Saotome seguían vigentes. Fue así como surgió la idea de su parte, de participar en algunos torneos, me dijo que en China se llevaban a cabo con frecuencia y eran muy populares, y que tenía algunas conexiones para hacerme entrar directamente. Me deje llevar por sus palabras, mi ego se infló buscando la fama y el reconocimiento; comencé a entrenar casi a tiempo completo, a ella no parecía molestarle demasiado, pues si no estaba conmigo pasaba el tiempo con Ranko. Ambas empezaron a frecuentar el bar cada noche que yo no estaba con Kiima, sobornando a los guardias para que le permitieran la entrada a Ranko, pues está solo tenía diecinueve años, tarde me enteré de esto. Todo parecía ir viento en popa, mi padre también mostró interés en participar en los torneos, estábamos imparables.

Pero de pronto algo cambio, Kiima empezó a lucir inquieta, nerviosa; comenzó a darme excusas para vernos y si nos veíamos no salíamos de su habitación en el hotel. Me dijo que su representante la había mandado buscar, se había reunido con la persona que había enviado y le había explicado que quería rescindir de su contrato pero que esté no se lo tomo de buena gana. Había cláusulas que todavía debía cumplir, haciéndola volver a China de inmediato, para mi no generaba inconvenientes, iría con ella. A final de cuentas ya estaba casi listo para participar en los torneos, lo que ella veía como un problema para mi era la oportunidad perfecta. Sin embargo ella lucía molesta, no le emocionaba que fuera a partir con ella, me daba evasivas cada vez que le cuestionaba la razón.

Ese día discutíamos cuál nunca lo habíamos hecho, los gritos se elevaron cada vez más ocasionando molestias entre el resto de los huéspedes, estando el personal de recepción a nuestra puerta en más de una ocasión. Nuevamente tocaban a la puerta, enfurecido me acercó para abrir pero quién está del otro lado no es el personal del hotel, un desconocido se apostaba en el pasillo, con rostro ceñudo me apartó para acceder a la habitación.

-Pero ¿qué te has creído?- digo acercándome a él.

-¡Espera Ranma!- me dice Kiima, desde el otro lado de la habitación.

-¿Lo conoces?- digo enfurecido -¿Es la persona que mandaron para buscarte?

-¿Te has divertido lo suficiente?- dijo el desconocido, dirigiéndose a Kiima -¿Creías qué no te encontraría?

-No te permito que le hables así...

-Le habló como quiero a mí mujer- dijo con expresión sombría -Y si ya se te pasó el berrinche, es hora de irnos. Empaca tus cosas- agregó.

El silencio se apoderó del lugar, no daba crédito a lo que acababa de escuchar, estaba atónito.

-¿Qué... qué está pasando aquí?- dijo tratando de salir de su asombro, cuestionando a Kiima.

-Lo que pasa niñito, es que mi mujer hizo uno de sus tantos berrinches y para desquitarse de mi, te uso a ti- dijo el desconocido, contestando por ella -O ¿creías que realmente estaba interesada en ti? Kiima está acostumbrada a estar rodeada de lujos, no va a dejar su estatus social por alguien como tú- puntualizó mezquino.

-¡Basta Saffron! ¡Es suficiente!- alzó la voz la mujer, viéndolo fijamente.

-Es la verdad, preciosa. Te conozco a la perfección- dijo y sonrió altanero.

-Ranma, yo... - intentaba en vano explicarse.

-Solo dime- la interrumpió -¿Es verdad lo que esté hombre dice? ¿Te irás con él?- todavía incrédulo le preguntó.

Su silencio y cercanía con Saffron le dieron las respuestas a sus preguntas.

Lentamente se fue girando rumbo a la salida, alejándose de lugar, abriéndose paso entre las personas que se interponían en su camino. Respiraba pesadamente, como si el oxígeno no alcanzará a llegar a sus pulmones; deambuló sin rumbo, sin prestar atención a nada. No fue hasta que se encontró a si mismo junto al lago que tomo consciencia de lo ocurrido, del engaño de la persona a quien amaba y de lo ingenuo que había sido. El tiempo transcurrió sin él darse cuenta, solo había oscuridad a su alrededor, se sentía vacío y perdido; lloró como no había hecho desde pequeño pero en vez de sentir alivio, las lágrimas lo ahogaban y el nudo en su garganta no aflojaba.

Volvió al dojo ya de madrugada, Ryoga lo esperaba en la entrada.

-¿Dónde has estado?- inquirió -Nadie ha sabido de ti en todo el día, Akari me dijo que vió a Kiima irse acompañada de unos hombres. ¿Qué pasó Ranma?- cuestionó preocupado.

¿Cómo contestaba a sus preguntas? Había sido un imbécil que no escucho sus consejos y se dejó llevar por su ego. El me observaba detenidamente, estaba hecho un guiñapo, mi mutismo confirmó lo que el sospechaba y no cuestionó más.

Los días pasaron con tal lentitud, mientras me sumergía de lleno en los duros entrenamientos, no me quedaba más que las artes marciales. La temporada alta había concluido así que me dedicaba en cuerpo y alma al dojo, ya que mi padre lo desatendió por completo, no bastandole holgazanear si no ahora también perdiéndose en la bebida. Ryoga y Akari me motivaban a tomar las riendas del dojo, animandome a dar clases y a organizar exhibiciones para atraer alumnos. Ellos también empezaron a entrenar pero en horarios distintos, como si su cercanía les causara algún malestar pero como podría ayudarles o aconsejarles si yo mismo era un desastre. Al final pudieron superar sus dificultades y me alegraba por ellos.

Ranko fue otro cantar, me culpaba de la partida de Kiima y de que no la hubiese detenido, me culpaba de que no la dejase irse con ella. No entendía que mi corazón estaba hecho pedazos y que ella solo jugó con nosotros, que solo fuimos sus peones mientras ella se divertía a costa nuestra. Ahora cada vez que coincidíamos en el mismo lugar, era una discusión segura, lo que angustiaba a mi madre; se alejó de sus amistades y comenzó a llegar a altas horas de la noche. También me enteré que estaba trabajando en el bar, eso me enfureció pero a ella le pareció que era una victoria sobre mi, ya no era mi pequeña hermana ahora era una mujer totalmente distinta a la cuál yo no conocía.

-Ranko estoy cansado de estar discutiendo contigo siempre- dije sinceramente -Te estás destruyendo a ti misma ¿no lo ves?

-A ti no te interesa nadie más que tú, así que no te metas en mis asuntos- dijo sin ceder a su postura -¡Eres un conformista pero yo no!. Yo voy a salir de este pueblucho, no voy a pasar el resto de mi vida aquí. Ocúpate de tu nueva conquista porque parece que ya la auyentaste- añadió duramente.

Había olvidado por completo que estaba acompañando a Akane, volvió sobre su espalda pero ella ya se había ido, era un tonto aunque eso por demás ya estaba más que comprobado. Volvió su atención con Ranko pero está también ya se alejaba junto con su acompañante.

-Su día no pudo haber terminado mejor- dijo al viento.


Agradezco infinitamente sus reviews, no crean que pasan desapercibidos.

Y si, aunque ustedes no lo crean, el capitulo anterior era mi debut en lemon, hace tiempo escribí algunos poemas eróticos pero no están en ninguna plataforma así que no cuentan.

Desde que concebí la historia tenía planeado incluirlo, solo que no me había decidido cual sería la pareja afortunada para hacerlo.

Creo que fue acertado haber escogido a Ryu y a Nabiki para "mi primera vez" porque me permitieron ser más audaz y me divertí escribiéndolo.

¿Va haber más lemon? Obvio si, de acuerdo a como la historia lo solicite.

Ya sé que me metí en camisa de once varas publicando un fic nuevo, teniendo dos más pendientes pero tengan por seguro que todos tendrán su debido final.

Saludos.