Como bien todos los derechos sobre los personajes le corresponden a Rumiko Takahasi. Esta es solo una historia alternativa, para darle gusto a la imaginación.
*Advertencia: descripción de abuso sexual, leer a discreción.
Mis caderas revoloteaban desnudas sobre el regazo de Taro, sus manos deambulando en mi espalda, su erecto miembro entrando y saliendo de mi interior. Estábamos en su casa, no había planeado quedarme pero después de toparme con Ranma y discutir con él, no quería volver al dojo. A Taro le divertían mis discusiones con mi hermano, las llamaba "su hobbie favorito" porque lo distraían de su rutina, jamás interfería se limitaba a observar burlón. Se levantó del sofá donde retozabamos, alzándome en vilo sin perder nuestra unión, para dirigirnos a un lugar más cómodo.
Ranma y yo habíamos crecido con la típica relación de hermanos, peleábamos por cosas triviales pero de eso hacía mucho tiempo, ahora era todo tensión cuando estábamos cerca uno del otro.
Todo comenzó con la llegada de Kiima a nuestras vidas, deslumbrando y cautivandonos, en especial a mi que vi en ella un modelo a seguir para conseguir salir de esta ciudad. La pertenencia que Ranma siente por este lugar jamás ha sido igual para mi, así que la oportunidad llegaba con su nueva conquista, aunque resultó efímera.
Pasabamos cada vez mas tiempo juntas y las conversaciones que compartíamos sobre mi futuro eran ambiciosas pero también realistas, sabía que me falta pulir mis habilidades para sobresalir y deje que ella fuera mi mentor. Lo primero que cambió fue la manera de vestirme, como proyectaba mi presencia, saber resaltar mis atributos físicos sin dejar de lado la astucia. Me mostró como obtener sencillos favores con tan solo un sexy gesto. Así ambas comenzamos a frecuentar el bar Iron Flat, a escondidas de Ranma, conseguir entrar jamás fue un obstáculo para Kiima, en ocasiones con un simple coqueteo era suficiente para acceder al lugar y en otras algunos yenes solucionaban el inconveniente. Una vez dentro no faltaba quien se hiciera cargo de invitar los tragos.
-¿Ves a ese par de chicos apuestos que están en la barra?- comentó Kiima desde la mesa donde se situaban.
-Si, los veo- le respondí, mientras los veía de soslayo.
-Ellos se encargarán de nuestros tragos está noche- afirmó guiñendome un ojo.
A los minutos ya estaban junto a nosotras, invitándonos a bailar, oferta que no rechazamos. Pasamos la velada entre risas y coqueteos, aunque para mi gusto Kiima ya estaba pasando los límites, pues su cercanía con el chico que tenía al lado rayaba en casi estar sentada en su regazo y las manos de él le acariciaban las piernas. Lo que no me pareció para nada, ya que se suponía era la novia de mi hermano pero el chico que yo tenía por acompañante tiró de mi para ir a la pista nuevamente antes de poder protestar. A esa hora la música era lenta, oportunidad que aprovechó el chico para adherirse a mi. Perdí de vista nuestra mesa y a Kiima, la iluminación era escasa desde la pista, en mi distracción el chico con el que bailaba comenzó a aprisionarme entre sus brazos mientras sus manos recorrían mis curvas. Me susurro al oído lo que quería hacer conmigo, si no quería dejar sola a mi amiga, podíamos tomarnos unos minutos en los baños, concluyó con el deseo ardiendo en su mirada. Como pude me zafe de él, haciéndole notar mi molestia por su insinuación y abandonandolo a mitad de la pista. Nuestra mesa estaba vacía, recorrí el lugar con la mirada pero no daba con la ubicación de Kiima, tome los bolsos y me dirigí al baño esperando encontrarla allí. Había pocas chicas en los baños pero ninguna era ella, inquietándome por su ausencia, salí a prisa de allí. La note del otro lado del corredor dirigiéndose hacia mi, con una sonrisa radiante, contoneandose como si estuviera en la pasarela.
-¿Dónde estabas?- le reclamé.
-No eres mi sombra, Ranko. Voy y vengo como me place- contestó agria.
-¿Estabas con ese chico? Eres la novia de mi hermano- proseguí molesta.
-Una chica también tiene sus necesidades y tú hermano ha estado muy ocupado entrenando- contestó sin mucha importancia -Deberías estarte divirtiendo tu también con ese apuesto chico con el que estabas- puntualizó.
-Yo... yo... No necesito estar con él para divertirme- contesté, intentando sonar indignada.
Ella me observó detenidamente mientras una sonrisa se formaba en sus labios.
-Nunca has estado con nadie, no has tenido sexo ¿verdad?- dijo entrecerrando los ojos, mirándome fijamente.
Mi silencio confirmo sus sospechas mientras con su mano ocultaba las risitas que escapaban de su boca.
-Creo que es hora de pasar a la siguiente lección- señaló -Ya hemos terminado aquí, al menos yo- mencionó pervertida -¡Vamos!
Pasaron un par de días desde ese incidente, sin volver al bar y sin que tuviéramos contacto, Kiima había estado ensimismada en otros asuntos. Hasta que me buscó para invitarme un café, me contó que un amigo llegaba a visitarla desde China y qué el podría ser el indicado para "enseñarme" mi siguiente lección. Sabía que en algún momento volveríamos a tocar el tema pero no era algo que me entusiasmará demasiado, claro que quería salir de la ciudad y obtener un mejor status pero ingenuamente todavía creía en los cuentos de hadas donde un apuesto y adinerado príncipe se enamoraba de mi, para luego vivir juntos en su lujoso castillo.
¡Qué estúpida e ilusa era!
Sus palabras siguieron envolviéndome, convenciendome al final, quedando el encuentro pactado para el día siguiente a medio día. Los nervios se instalaron permanentes sin permitirme conciliar el sueño aquella noche, sin mejorar una vez llegada la mañana.
Llegué a la hora pactada al hotel donde se hospedaba Kiima, el tipo se llamaba Masara, su habitación quedaba a unas cuantas de la Kiima. El tipo no demoró en abrir la puerta y dejarme entrar a la habitación, una vez dentro me observó de pies a cabeza, esbozando una amplia sonrisa cerró la puerta tras de sí. Masara era alto de anchos hombros y rostro atractivo, con una mirada penetrante que me inquietaba aún más de lo que ya estaba, vestía de forma casual. Por mi parte me había esmerado en mi arreglo personal, recogiendo mi cabello en un moño alto, lucía una mini falda a juego con un top tipo halter, conjunto que resaltaba aún más mis curvas con los altos tacones que había aprendido a usar. Mientras observaba el interior de la habitación, Masara comenzó a desvestirse, dejando al descubierto su trabajado cuerpo quedándose solo con los interiores puestos. El desconcierto que visiblemente se reflejaba en mi rostro le divirtió.
-Luces como un ciervo asustado- dijo con un acento marcado -¡Vamos no seas tímida!- continúo diciendo, mientras se acercaba a mi.
-No soy tímida- dije tratando de mantener firme mi voz -Es solo que no nos conocemos.
-Eso es lo de menos, muñeca- dijo inclinándose un poco, acortando la distancia que aún con los altos tacones había, para alzar mi barbilla.
Me condujo hasta donde se encontraba la cama, indicando que me sentará mientras él se ubicaba frente a mi, su pelvis frente a mi rostro con su ya erecto miembro expuesto, a la espera de mi atención. Lentamente acerque mis manos para tomarlo entre ellas, acariciándole como me había instruido Kiima con anterioridad, sus ojos expectantes indicaban que no era suficiente. Acerqué mi boca al palpitante miembro, introduciéndolo de a poco sin disminuir las caricias de mis manos sobre el, ahondando la intrusión cada vez más. Inmovilizó mi cabeza con sus manos mientras sus caderas acrecentaban el vaivén, sentía que me atragantaba con su miembro. Trate de detenerlo pero fue en vano me sujetaba con firmeza, solo se detuvo hasta que su simiente se derramó en mi boca. Las arcadas no se hicieron esperar una vez me liberó de su agarre, esto había sido un terrible error, tenía que salir de allí pero Masara fue más veloz. Tomándome de una de las muñecas me puso en pie, sacándome la ropa sin miramientos, dejándome totalmente desnuda ante él. Me tumbó de lleno sobre la cama, colocándose rápidamente un preservativo se instaló sobre mi, restringiendo mis movimientos, por más que intentará no podía sacármelo de encima, su fuerza y complexión me superaban por completo.
Sus ásperas manos repartían bruscas caricias por todo mi cuerpo, su boca devoraba violentamente mis senos mientras su miembro buscaba impaciente introducirse en mi cavidad. Arañaba, pataleaba, trataba de gritar pero su peso me oprimía dificultando hasta el respirar. En un rudo movimiento logro vencer el obstáculo que impedía la entrada a mi interior, rasgando todo a su paso, me penetró por completo. Un dolor agudo se instaló en mi bajo vientre, los ojos me escocían por el daño hecho a mi cavidad pero Masara no aminoraba el ritmo ni la intensidad de sus embestidas. Mientras mi cuerpo sufría los duros embates del hombre que tenía sobre mi, por un breve momento mi mente se desconectó, deje de resistirme y pedí al cielo que ésto terminará pronto.
No sabía con certeza cuánto tiempo había transcurrido pero todo terminaba tan brusco como había iniciado. Una bocanada de aire llegó como alivio a mis pulmones cuando él se apartó de mi, me hice un ovillo con cada parte de mi ser resentida.
De pronto la puerta de la habitación se abrió, dándole paso a otro hombre, que confiadamente entraba.
-Espero ya hayas terminado Masara- dijo el desconocido inquisitivo.
-Si, he terminado- dijo desperezadóse y saliendo de la cama.
Arranque una de las sábanas para cubrir mi magullado cuerpo, alerta a cualquier movimiento de ambos.
-Así que ¿está es la zorra con la que Kiima quería intercambiar tú silencio por la lealtad hacia el señor Saffron?- dijo airado el desconocido.
-Como si realmente pudiera convencerme- dijo Masara con grandes carcajadas -La deje creerlo para divertirme un poco mientras ustedes llegaban Koruma- asintió.
-No luce nada mal para pasar el rato- expresó interesado Koruma.
-Es una fierecilla, dio un poco de batalla pero nada de lo que no pudiera ocuparme- afirmó dirigiéndose al baño -Supongo que el señor Saffron ya está arreglando sus asuntos ¿no?- inquirió antes de ingresar por completo a esté.
-¡Por supuesto! Ya lo conoces, no se anda por las ramas- respondió -Y mientras él termina creo que voy a aprovechar la oportunidad que tenemos aquí antes de irnos- dijo observando lascivamente a Ranko.
Masara comprendiendo los planes de su compañero, cerró la puerta tras de sí.
Se negaba a entender lo que había escuchado de esos tipos, de como había sido intercambiada, usada como un objeto. Y la pesadilla que creía terminada se volvería a repetir si no hacía algo al respecto y reaccionaba rápido. En un instante de descuido que el tal Koruma usó para deshacerse del traje que portaba, golpeó su cabeza con una de las lámparas que estaban junto a la cama, aturdiéndole lo suficiente para tomar sus cosas y salir rápidamente de la habitación sin mirar atrás. El cuarto de limpieza se hallaba al final del pasillo, veloz ingresó en el pasando de inmediato el seguro a la puerta, su corazón martillando en su pecho. Se quedó en silencio atenta a cualquier sonido que indicará que la perseguían mientras torpemente se vestía, dejó pasar varios minutos que le parecieron una eternidad antes de tomar el valor suficiente y asomarse por una breve abertura de la puerta. No vió a nadie y antes de que su mente reaccionara ya estaba corriendo descalza lejos de aquel lugar. Solo se detuvo hasta que estuvo encerrada en su habitación en el dojo, no había nadie en casa así que pasó desapercibido el estado en que llegó.
Pasaron varios días hasta que se enteró que Kiima estaba casada con al parecer alguien muy importante en China, el cuál se la había llevado de inmediato, alejando el peligro que ella y la gente a su alrededor representaba. Pero aquella noticia no le brindaba alivio, se había recluido en su habitación alegando un resfriado, tratando de olvidar lo ocurrido sin éxito. Así que cuando vió a Ranma lo culpó de todo, descargó sobre él toda la rabia contenida, a final de cuentas él había traído la desgracia a su familia con esa mujer. Las discusiones entre ellos no cesaban, Ryoga trato de apaciguar los ánimos pero eso solo trajo peores consecuencias.
Ya pasaba de media tarde cuando tocaron a la puerta de su habitación, Ryoga estaba del otro lado, sintiéndose sola lo dejo entrar. El quería ayudar pero no sabía el motivo real de mi enojo desmedido, así que había venido para inquirir al respecto. Los detalles aún son un poco borrosos en mi memoria pero lo que si está claro es que terminó tumbado en el suelo, conmigo desnuda sobre él. Su rostro desencajado no daba crédito a lo que estaba sucediendo, hizo lo imposible para alejarme de él pero ya era tarde el daño estaba hecho. Akari nos observaba desde el marco de la puerta, pues está se quedó abierta, sus ojos anegados en lágrimas. Se alejó veloz mientras Ryoga me apartaba bruscamente para ir tras ella, me quedaba nuevamente sola, vacía.
Deambuló por la ciudad sin rumbo fijo, deteniéndome finalmente frente al bar Iron, paso largo rato considerando si entrar o no. En eso una de las chicas que trabajan allí, que había salido a despachar un cliente, me pregunta si vengo por el puesto de mesera. No fue sencillo llegar a dónde estaba ahora pero no iba a abandonar tan fácil su sueño de irse de aquella ciudad y enterrar su pasado.
Taro dormía plácidamente a su lado pero ella no contaba con esos beneficios, los demonios que habitaban en su interior la mantenían despierta hasta altas horas de la noche. Ranma creía que era desdichado porque le rompieron el corazón pero este aún puede sanarse, no quedará igual que antes pero se puede arreglar.
¿Qué arreglo podría tener ella?
Si estaba rota desde los cimientos, mancilló su propio cuerpo, traicionó e hirió a sus amigos, vendería su alma por su propio beneficio.
¡No, para ella ya no había vuelta atrás!
