Como bien saben todos los derechos sobre los personajes le corresponden a Rumiko Takahasi. Esta es solo una historia alternativa, para darle gusto a la imaginación.
*¿Qué haces cuando falla la conexión a internet?
Escribir, escribir, escribir y ojalá de tanto hacerlo no se me hayan cruzado las palabras X /
Espero disfruten los tres capítulos continuos ; )
-¿Pasa algo?- cuestionó Ryoga al notar la expresión de Ranma después que éste revisó su celular.
-Parece que Akane cogió un resfriado, no vendrá al dojo por un par de días- respondió cabizbajo.
-¿No crees que se haya resfriado?- preguntó percibiendo la duda en el tono de voz de su amigo.
-Ayer la pasamos muy bien en el festival y de pronto ahora está resfriada y no podremos vernos- expuso meditabundo.
-Akane no es Kiima- aclaró atrayendo la atención de Ranma -Ambos sabemos que son muy distintas, Kiima jamás te habría acompañado a un lugar tan trivial como un festival, además tampoco congeniaba con Akari y conmigo como lo hace Akane- explicó -¿Estas dando por sentado que ambas son iguales?- puntualizó.
-¡No, claro que no! Solo me parece algo raro que después de haberle dicho que me gusta y nos besaramos, ahora de repente tiene una excusa para no vernos- contestó.
-Y después de besarse la presionaste para colarte en su apartamento- dedujo pensativo -¡Tanto tiempo estando a solas te volvió insaciable y por eso ahora ya no quiere saber más de ti!- agregó malicioso.
-¡Cállate cerdo pervertido! ¡Eso no fue lo que pasó!- refutó molesto -¿Cómo es que seguimos siendo amigos? Es más ¿cómo es que la tierna y dulce Akari puede ser tu novia?- atajó.
-También me pregunto lo mismo ¿cómo una mujer como Akari tiene ojos para mi?- dijo en un suspiro -¡Y somos amigos porque nadie más te aguanta Saotome!- afirmó.
Salieron del dojo para continuar la conversación dentro de la casa.
-¿Qué es en realidad lo que te molesta, Ranma?- preguntó Ryoga iniciando una vez más la conversación.
-No lo sé, en realidad ni yo lo sé- respondió sincero.
-¿Acaso tienes miedo?- insinuó, conociendo el carácter de su compañero sabía bien la reacción que conseguiría de este pero quizás era lo que necesitaba para sincerarse consigo mismo.
-¡Ranma Saotome no le teme a nada!- bufó con la mirada desafiante.
-Me consta que no le temes a ningún oponente pero en está ocasión el contrincante eres tú mismo- insistió Ryoga, dándole a entender a dónde quería llegar -Es difícil iniciar una nueva relación después de haber sido engañado por la persona que menos esperabas y a la que amabas. Si, tienes poco que conoces a Akane pero estás haciendo las cosas distinto de como sucedió con Kiima ¿no?- agregó.
Consideró las palabras de Ryoga, rememorando como su corazón quedó destrozado en aquella ocasión, fue muy duro superarlo y hubo un cambio en él después de ello. Se volvió arisco, demasiado prudente en las interacciones con el sexo opuesto, había salido solo un par de veces desde entonces y no pasaba de la primera cita, alegando que estaba demasiado ocupado haciendo resurgir el dojo como para tener una relación seria.
-Acordamos conocernos, sin prisas- confesó.
-Entonces no le dijiste que te gusta- supuso Ryoga -¡Ves que eres un cobarde!- dijo burlesco.
-¡Tú no te quedas atrás, idiota!- alegó -¿Cuándo vas a pedirle a Akari que se case contigo?- contrarrestó, avalanzándose contra él cuál si tuvieran cinco años, similar a las disputas infantiles que tenían en antaño.
-¡Chicos! ¿Que sucede con ustedes?- inquirió la madre de Ranma entrando a la habitación donde estos estaban -¡Ya no son unos niños para estar peleando así, van a terminar destrozando el lugar como hacían antes!- reprendió Nodoka.
-¡Lo siento señora!- dijo Ryoga muy serio.
-¡Disculpa mamá, no fue nuestra intención!- añadió Ranma.
A simple vista y para la mayoría de las personas Nodoka mostraba un carácter dócil pero su versión de madre era la de una mujer estricta, aunque con Ranko era más condescendiente que con Ranma y Ryoga, quién era un hijo más para ella. Aún así los amaba por igual con sus virtudes y defectos.
-Si ya terminaron de comportarse como niños pequeños, necesito que me ayuden con algunos quehaceres- ordenó.
-Yo le ayudó, Ranma tiene algo que hacer- intervino rápidamente al tiempo que le daba un empujón a esté para que espabilara.
-¿Tienes clases pendientes en el dojo?- indagó.
-No, Futaba tiene todo cubierto, es otro asunto- aclaró sin dar muchos detalles.
-Mmm... ¡Qué se le va hacer, vamos Ryoga!- dijo no muy convencida, su intuición de madre le decía que podría tratarse de una chica pero no quiso insistir y presionar a su primogénito -Te prepararé mis famosas galletas mientras haces el trabajo- añadió saliendo del lugar, seguida de un gustoso Ryoga por la recompensa que se le prometía.
Ella sabía cómo castigarlo por no darle detalles del asunto que traía entre manos, su estómago era su punto débil cuando se trataba de la comida de su madre, ya la compensaría después.
Un golpeteo insistente la saco de sus febriles sueños, a regañadientes abrió sus ojos incorporándose torpemente para dirigirse hacia la ubicación donde provenía el ruido. Entre abrió la puerta, las luces del exterior parpadeaban anunciando que la tarde estaba ya declinando, enfocando la vista se percató para su sorpresa que Ranma era quién estaba del otro lado.
-¿Qué haces aquí?- preguntó apenas audible.
-Quería saber cómo estabas, así que decidí venir a cuidarte- contestó mostrándole las bolsas con las cosas que había comprado antes de llegar.
-No era necesario que vinieras a hasta acá y descuidaras el dojo, estaré bien yo sola- objetó sosteniéndose en el marco de la puerta.
-¿Y con esa pinta crees que vas a convencer a alguien? Muy probablemente ni siquiera hayas comido algo aún ¿no es cierto?- argumento -¡Vamos te prepararé zosui mientras tomas un baño para que te baje un poco la fiebre!- dijo notando sus mejillas teñidas de carmesí y su respirar agitado, la hizo a un lado para ingresar al apartamento cerrando la puerta trás de si.
Era un lugar pequeño así que no se le dificultó dar con las cosas, preparó el ofuro rápidamente para luego hacerse de la diminuta cocina y comenzar a preparar el zosui mientras ella tomaba un baño.
-¡Vamos Akane, no debes quedarte en el ofuro hasta que el agua se enfríe!- la apuró desde la cocina.
Se oyó como ella réplicaba desde el baño pero obedeció diligente, salió enfundada en una pijama que ya había visto sus mejores días, de un tono amarillo deslucido con un estampado muy apenas visible de lo que parecían siluetas de rostros gatunos o podrían ser algo más, era difícil distinguirlo.
El zosui yacía servido en un tazón sobre la mesa baja, listo para degustarse junto con un té de jengibre.
-¿Dónde guardas la secadora?- preguntó mientras ella tomaba asiento, una cosa era hurgar entre los utensilios de cocina y otra muy distinta hacerlo entre sus artículos personales.
-Esta en el mueble junto al futón- contestó pensativa luego de considerarlo algunos segundos -¿Para que la quieres?- cuestionó no muy consciente de su húmedo cabello.
Sin responder fue en busca del aparato, una vez localizado se puso manos a la obra, tenía sus ventajas lo reducido del lugar pues consiguió una conexión cerca de donde estaban. Delicadamente comenzó a cepillar y secar los cortos y azulados mechones de Akane mientras está sorprendida alzaba la cabeza hacia él buscando una explicación.
-No te preocupes tengo práctica- dijo mostrándole su trenza -Además también solía secarle el cabello a Ranko cuando éramos más jóvenes y nuestra relación era más cercana- agregó con añoranza.
-Es triste que ya no sean tan unidos como antes- indicó dejando que él prosiguiera con su labor -Mis hermanas y yo, jamás hemos tenido ese tipo de relación, ni siquiera cuando éramos más pequeñas- añadió.
-Lamento escuchar eso- mencionó, dándole espacio si ella quería decirle algo más, no iba a presionarla.
-Desde que mi madre falleciera solo somos un trio de chicas que comparten sangre y viven bajo el mismo techo- continuo con pesar -Mi padre tampoco ha sido el típico padre, él...- se interrumpió a si misma cabeceando soñolienta.
Dándose cuenta Ranma le ayudó a llegar a dónde estaba el futón, después de arroparla se quedó observándola unos instantes. Lucía como una pequeña niña entre las mantas, no se imaginaba lo que le pudo ocurrir para terminar alejándose de su familia. Decidió quedarse hasta estar seguro que ella estaría bien, así que mientras tanto se puso a ordenar el lugar tratando de hacer el menor ruido posible.
Guardó los restos del zosui, lavó los trastos y tomando las prendas sucias las introdujo una a una en la lavadora, sin considerar que entre ellas iba la ropa interior de Akane dejándolo pasmado con las pequeñas bragas en sus manos. No se percató cuánto tiempo había estado inmóvil, frente al centro de lavado, hasta que escucho los lamentos de la jovén que yacía enferma, rápidamente terminó lo que hacía para ir junto a ella.
La fiebre no desistía, provocándole pesadillas que la mantenían inquieta entre las mantas, sollozando. Lo único que se le ocurrió para tranquilizarla fue acurrucarse junto a ella y estrecharla fuertemente en un abrazo. Había juzgado mal la situación, creyendo que ella quería evitarlo dándole excusas pero no se equivocaría otra vez, no era la misma persona que hace un par de años, iba a darse una oportunidad no solo a él si no a ambos.
Su padre jamás pudo manejar decentemente el dojo que su abuelo le heredó a su madre, y después de las falsas ilusiones que Kiima sembró en todos ellos, fue de mal en peor dándose a la bebida y a las apuestas por completo. De no ser porque su abuelo antes de morir puso el dojo a nombre de Ranma, lo hubieran perdido hace mucho en algunas de las malas rachas del viejo. Cada uno buscó la mejor manera de salir de entre los escombros que había dejado tras de si el vendaval provocado por la extranjera: su padre pasando la mayor parte del tiempo ebrio fuera de casa, ella en el bar a la espera que alguna oportunidad se presentará para salir de esa ciudad y su hermano enfocándose de lleno a las artes marciales y al dojo. Por eso le pareció bastante extraño que esté saliera tan apresurado, habiéndo todavía clases pendientes y sin haber regresado para cuando ella salió rumbo al bar.
Al estar tan distanciados sus asuntos personales transcurrían desapercibidos entre ellos, algo a lo que se habituo para que él no tuviera motivo en interferir en sus decisiones.
¿Pero cuál sería el motivo de las prisas de su hermano?
Sacudió esos pensamientos de su mente, concentrándose en su trabajo, era hora del espectáculo y nada debía distraerla. Deleitó a los espectadores con su voz, la mayoría de ellos eran clientes recurrentes, la temporada de turismo había pasado así que le fue fácil notar al guapo forastero que se encontraba en una de las mesas del centro. Al finalizar su acto emprendió camino rumbo a esté, que a pesar de la poca iluminación que se acostumbra en esos lugares, podía distinguir que era un chico atractivo, de tez perlada y una corta melena oscura.
-¿La estás pasando bien, guapo?- dijo a forma de saludo cuando se acercó a su mesa.
-Después de escucharte cantar, no me puedo quejar- respondió acomodándose en su asiento.
-Te puedo hacer compañía para mejorar tu noche- flirteo coqueta, colocándose en la silla frente a él.
-Eso ayudaría bastante, cualquiera presumiría de una acompañante tan hermosa como tú- contrarrestó galante.
-¡No muy a menudo se ven hombres como tú por aquí!- halago sonriente -Tokio ha de ser un lugar muy interesante- afirmó tomando nota de su vestimenta y afilada mirada.
-¡Interesante! Eres muy observadora, no sólo una cara bonita- dijo sin tapujos.
-¡Puedo ser linda e inteligente, a la vez!- se defendió.
-¡También atrevida, que combinación!- añadió alzando su bebida, simulando brindar con ella -Me estás cayendo bien y eso es mucho decir de mi parte- puntualizó.
-Tomaré eso como un cumplido- aclaró sin tomarse personal sus comentarios -Y dime ¿que te trae por estos rumbos? No creo que este pueblucho sea tan interesante para visitarlo por gusto- indagó curiosa.
-No menosprecies la ciudad donde vives, te podría sorprender lo que pudiera pasar entre sus calles sin que lo percibieras- aconsejó -Pero estoy aquí por negocios, estoy esperando a un socio- contestó.
-Entonces podemos tomarnos unos tragos mientras llega ¿no?- afirmó.
Estuvieron bebiendo algunas copas sin que pudiera sacarle mucha información, sabía cómo escabullirse de sus preguntas e insinuaciones, se notaba a leguas que no era cualquier hombre de negocios.
-Si no vas a compartir conmigo a qué te dedicas ¿al menos me dirás tú nombre?- insistió.
-¡Señor me acompaña por favor!- dijo Mint interrumpiéndolos -Taro lo espera- agregó mostrándole el camino.
Sin palabras se quedó al escuchar a Mint, Taro era el socio de esté misterioso hombre, eso no se lo esperaba, ni por la mente le pasó tal cosa. Al verlo de pie en su costoso traje, tomo en cuenta que era un hombre imponente, del tipo a quien no haces esperar.
-Mi nombre es Ryu Kumon, preciosa- dijo antes de alejarse por completo, rumbo a la oficina de Taro.
Se despertó siendo todavía aún muy temprano por la mañana, su cuerpo ya estaba acostumbrado a levantarse a esa hora para entrenar así que no le sorprendió en absoluto. Lo que si lo descolocó fue la compañía que tenía a su lado, tan cerca de él que podía aspirar su dulce aroma. Akane aún dormía luciendo más tranquila que hace algunas horas, la fiebre había bajado lo comprobó al tocar su frente, se veía tan vulnerable tan diferente de cómo se mostraba a los demás. Embelesado la observó un poco más antes de partir, no quería incomodarla si lo descubría a su lado al despertar, prefería que descansará y se recuperará. Ya habría tiempo para despertar en otra ocasión con ella entre sus brazos pero eso sería con ambos consientes de haber pasado la noche juntos. Dejó una nota sobre la mesa mientras ella dormía plácidamente, para luego salir del apartamento.
