Como bien saben todos los derechos sobre los personajes le corresponden a Rumiko Takahasi. Esta es solo una historia alternativa, para darle gusto a la imaginación.

Su molestia aún latente proponía a Ranma el reto de contentarla así que el domingo por la noche pasó por ella elegantemente vestido y con un gran ramo de rosas rojas, esperando con ello compensar el mal rato que su pasión desbordante ocasionó.

Claro que él suponía que su reacción había sido algo exagerada pero también sabía que las chicas reaccionaban distinto con ese tipo de cosas, en fin no podía hacer más que disculparse y prometer que se contendría la próxima vez. A pesar del ofuscado reclamo de Akane sobre el tema en cuestión, él lo había tomado con una tranquilidad y gracia que se plasmaba en una radiante sonrisa sobre su rostro, obviamente lo disimuló frente a ella pues no quería encender aún más su enojo. Pero considerando el contexto general era su primera pelea de pareja y por muy extraño que pareciera, eso lo ponía de muy buen humor porque entonces se podría decir que eran novios. Para otros sería irrelevante ese tipo de formulismo pero para él era un asunto importante porque realmente quería una relación permanente con Akane, a sabiendas que podría haber diferencias entre ellos no iba a dar todo por sentado, no cometería los mismos errores del pasado.

Lucía preciosa con ese vestido rosa que acentuaba perfectamente las curvas de su cuerpo, el escaso maquillaje y la delicada joyería que portaba no hacían más que resaltar su belleza natural. Dejémoslo claro estaba prendado de ella sin importar lo que trajera o no trajera puesto, el destino le brindaba una nueva oportunidad y él con gusto la tomaba.

-Podríamos tomarnos unos cuantos minutos antes de irnos ¿no crees?- insinuó tomándola por la cintura después que hubo puesto las flores en un viejo jarrón que por suerte encontró en una de las alacenas.

-¡No, Ranma! No vamos a hacer esperar a Ryoga y Akari- atajó firmemente -¡Además unos minutos no serían suficientes y lo sabes!- agregó pícara.

Para su suerte ella ya había dejado atrás el enfado pero aún así no pudo convencerla de aceptar sus pervertidas insinuaciones. Partieron entonces rumbo al bar Stir donde ya los esperaban sus amigos, también elegantemente vestidos.

-¡Vaya, vaya! Hasta pareces otra persona- saludo de forma burlona Ranma, entretanto que rodeaba a su amigo para no perder detalle de su atuendo -¡Lo que se consigue con un buen baño y ropa nueva- aguijoneó frente a él.

-¿Nunca vas a madurar y dejar de ser un idiota, verdad?- contestó Ryoga sin perder la compostura.

-¡Mira quién lo dice, el señor Hibiki!- agregó.

-¡Compórtate de una vez, que es una noche importante!- arremetió contra él, golpeándole el hombro con el puño.

-¿Qué sucede?- cuestionó, su amistad de años les permitía conocerse tan bien uno al otro, es por ello que notó el nerviosismo de Ryoga.

-Esta noche es la indicada- contestó serio al tiempo que le mostraba disimuladamente una pequeña caja negra -¡No voy a dejar pasar más tiempo!- añadió soltando un suspiro para armarse de valor.

-¿Es en serio, hermano?- indagó -¡Me da mucho gusto por ti, por ustedes!- añadió tratando de no alzar demasiado la voz, gracias al cielo las chicas estaban enfrascadas en su propia conversación que no notaron su entusiasmo -Cuenta conmigo para lo que necesites- aseguró.

-¡Gracias Ranma! ¡Serás un buen padrino!- dijo dejando sin palabras a su tormentoso amigo -¡Vamos es hora de entrar!- apuró tomando la mano de su novia y próxima prometida.

En el lugar habían puesto una pequeña pista de baile para atraer nuevos clientes y dar un toque juvenil al bar, con lo que a Akari le fascinaba bailar no tardó en hacer uso de ella en compañía de Ryoga, mientras ellos permanecieron en la mesa. La noche no podía ser mejor, disfrutando la velada en compañía de la chica que lo hacía sentir feliz y renovado, junto con sus amigos a quienes consideraba también parte esencial en su vida.

-¡Luces muy contento!- mencionó Akane muy cerca de su oído, atrayendo su atención.

-¡Cómo no estarlo con tan bella compañía!- respondió acortando la distancia entre ellos -Además sé un secreto- insinuó misterioso.

-¡Ah! ¿Y no vas a contarmelo?- preguntó curiosa.

-No sé, quizás debas esperar para verlo tu misma- respondió fingiendo indiferencia.

-¡Qué malo eres, me vas a dejar en ascuas!- reprendió haciendo un mohín.

-Con la cara que haz hecho me convenciste- dijo riéndose alegremente -¡Los tortolitos que están en la pista, van a dar el siguiente paso!- confesó orgulloso.

-¡¿Qué?!- soltó soprendida -¡Qué alegría, Akari se pondrá tan feliz!- agregó con fervor.

La música romántica se hizo presente en el momento justo, Ryoga se apoyó en una de sus rodillas ante la atónita mirada de Akari entretanto que la pequeña caja negra hacia su aparición nuevamente. Cuando de pronto un brillante destello, seguido de un fuerte estruendo sacudió el lugar, dónde antes reinaba la algarabía ahora todo se tornaba confuso y caótico. Tardaron unos breves instantes en asimilar lo que estaba ocurriendo, una nube de polvo se alzaba ante ellos, así mismo se alcanzaban a vislumbrar unas ardientes llamas no muy lejos. Por instinto Ranma la había protegido con su cuerpo pero sus oídos aún zumbaban por lo que parecía haber sido una explosión, rápidamente se cercioró que no estuviesen heridos, a excepción de algunos golpes y rasguños ambos estaban ilesos. Pero no podía decir lo mismo de sus amigos, los distinguió en lo que antes fuese la pista de baile, Ryoga acunaba a Akari entre sus brazos, inerte. Ranma se apresuró hacia ellos, con ella siguiéndole los pasos pero alguien más la paro en seco tomándola por el antebrazo haciéndola girar sobre sus talones.

-¡Con lo hermosa que lucias, mira como haz terminando!- exclamó el hombre que la sujetaba fuertemente -Aunque debo reconocer que ese corte te sienta bien, y que decir del plan tan elaborado que creaste para escapar de tu padre, saca a relucir tu parentesco con Nabiki ¿Quién lo diría verdad?- indicó con vehemencia Ryu Kumon.

Qué alguien la despertará, esto no estaba pasando, era una pesadilla, una de tantas que la atormentaban al dormir ¿Verdad? ¡Había planeado esto por años, no podía terminar así, no iba a volver a los abismos del averno!

El duro castigo que su padre le dió aquella ocasión que escapó sin rumbo, la hizo darse cuenta de lo que le esperaba si se quedaba en aquella casa. Terminó su año escolar anticipadamente, sin extrañarle a nadie el hecho pues siempre obtuvo muy buenas calificaciones, aunado al hecho que su padre hizo correr la noticia que la había mandado al extranjero como premio por su desempeño en la escuela. Sin amigas verdaderas que pudieran buscarla de manera desinteresada, permaneció encerrada en su habitación recuperándose de la reprimenda y la traición de su entonces novio Shinosuke. Jamás creyó que llegaría un día dónde sus propias lágrimas se negaran a derramarse, se sentía hueca, vacía, sin nada más porque vivir.

Hasta que por azares del destino encontró una foto de su madre entre sus pertenencias, la imagen las mostraba a ellas dos solamente. La fotografía había sido tomada cuando ella era pequeña, y la reflejaba llorando quizás por alguna caída mientras era consolada por su amorosa madre.

Al reverso de está había unas palabras escritas:

"Nunca te rindas, mi pequeña Akane.

Siempre estaré a tu lado."

Un gritó desgarrador emergió desde lo profundo de su ser, al tiempo que caía de rodillas sobre el suelo, el llanto resurgió de sus áridos ojos pero está vez no iba dirigido a su auto conmiseración, si no a la determinación de no darse por vencida. Saldría de ese lugar tarde o temprano, sería libre de las cadenas que Soun Tendo quería imponerle.

Trabajó arduamente para ganarse cierta confianza por parte de su padre, acatando al pie de la letra sus órdenes; también comenzó a guardar dinero en efectivo, si usaba las tarjetas iba a ser muy sencillo que la rastrearan por medio de ellas. Se hizo de otro celular, el cual mantenía oculto a su familia. En la universidad mantuvo las buenas notas que la precedían, consiguió hacerse de una vida social con algunas chicas de su nivel para evitar cualquier sospecha.

Así pacientemente fue esperando la más mínima oportunidad, la cuál llegó con el compromiso de Nabiki con el acaudalado empresario Kuno Tatewaki. Usaría la boda de su hermana como distracción para escapar pero no era suficiente un día para hacerlo, un evento como ese la mantendría ocupada la mayor parte del tiempo, necesitaba un par de días más para aumentar las posibilidades de no ser descubierta. Consideró varias opciones pero la solución llegó como caída del cielo, Nabiki buscaba destinos para la luna de miel y ella aprovechó el ego de su hermana para sutilmente influir en la fecha de la boda pues al haberle sugerido las paradisíacas playas de Hawái los planes de vuelo no se acoplaban al día de la ceremonia. No teniendo más remedio que modificar la fecha para un fin de semana antes de la Golden Week solucionando el inconveniente, también programó un pequeño viaje con sus amigas al famoso ryoken Kusatsu ubicado en la prefectura de Gunma con la reservación a su nombre, la excusa que dió fue la de querer relajarse después de tan ajetreado evento y festejar su cumpleaños, así obtuvo no solo los días que requería si no casi dos semanas más para que pudieran notar su ausencia. Aprovechó su buena racha para arreglar vía telefónica el alquiler de su nuevo hogar, asi mismo consiguió una peluca y ropa que no acostumbraba usar para poder salir sin problemas de Tokio.

El día tan esperado llegó por fin, el ajetreo era visible por toda la mansión Tendo y su buena fortuna se hacía presente otra vez, su padre saldría del país después del festejo por negocios llevándose consigo a Hinako, no podía estar más que feliz por ello. Todo estaba saliendo mejor de lo planeado, su visible felicidad era confundida con la dicha del evento así que no había razón para ocultarla. Al día siguiente partiría al viaje con sus amigas pero se excusó con estás de tener asuntos familiares que arreglar personalmente, las quejas fueron mínimas por parte de ellas al enterarse que Akane había pagado todos los gastos del viaje como compensación, prestándoles también su tarjeta de crédito para lo que quisieran comprar. De esta forma pudo escabullirse rápidamente para tomar el primer tren hacia su destino; el disfraz lo desechó después de estar bastante lejos de la ciudad. Los boletos y demás gastos que hizo en el camino fueron pagados en efectivo, manteniendo así un bajo perfil hasta llegar a Yufuin.

-Tienes dos opciones- indicó Ryu -Me acompañas sin el menor alboroto o tus amigos sufren las consecuencias si te resistes- amenazó feroz.

Habría luchado con uñas y dientes antes de permitir que la llevarán de regreso a su prisión de oro pero no podía darse ese lujo ahora que tenía a su alrededor a personas que la estimaban realmente y a quienes ella también amaba. No iba a arrastrarlos en sus peligrosos asuntos, aunque quizás ya era muy tarde para eso, dando una última mirada hacia atrás se despidió en silencio dejándose llevar por Ryu.