Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meyer, la historia salió de mi hermosa y ya no tan pelirroja cabeza. Favor de preguntar si se desea subir en otras plataformas. Vamos a divertirnos. Muchas gracias a mi chica Nadeshiko Himuro por tenerme paciencia y discutir conmigo miles de veces los detalles de esta historia, la diosa sabe cuánto tiempo llevo planeando esto.

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Un año después.

Con todo el pesar del mundo, la pequeña Bella bajó las escaleras de su silenciosa casa. Iba bastante abrigada con su suéter rosa favorito, se aferraba a sus solapas como si su joven vida dependiera de ello. Se acercó al marco de la cocina.

Su madre se movía lentamente, como ya era su costumbre, por la cocina. El plan inicial había sido preparar un desayuno especial para Bella, siendo que hoy era su cumpleaños, quería que su pequeña hija tuviera más razones para sonreír.

Sin embargo, la tristeza y nostalgia habían invadido su mente cuando, en lugar de preparar huevos con mucho tocino (como Bella siempre le rogaba que hiciera), se había encomendado de forma casi inconsciente a hacer panqueques.

Los panqueques eran los favoritos de Alexander.

O lo habían sido antes de…

Bella miró a su madre, la confusión inundó su rostro y cuando Renee la miró llena de vergüenza, Bella quiso salir corriendo de esa casa.

Fue eso, más o menos, lo que hizo.

Salió al pequeño parque que estaba frente a su casa, y ocupó su acostumbrado lugar en los columpios. Con aquel frío, ninguna de las otras madres dejaba salir a los niños a jugar. Solo su madre lo hacía.

Aquel sábado sería el más duro de su existencia.

Era su cumpleaños número siete.

Y, también sería el primero de muchos que pasaría sin Alexander.

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Charlie Swan conducía su patrulla por las calles del pequeño pueblo, sentimientos extraños parecían llenar su interior.

Por un lado, se sentía emocionado y alegre, pues ese día su pequeña princesa cumplía años, pero… él sabía que alguien importante hacía falta en aquel cuadro.

Sacudiendo la cabeza, sin querer dedicarle un pensamiento más a aquello que no tenía remedio. Miró de reojo el enorme oso que había comprado para Bella. Estaba seguro que le gustaría, ella amaba los peluches.

Cuando estuvo a punto de estacionarse frente al portal de su casa, creyó ver movimiento por el rabillo de su ojo. Salió del coche patrulla y observó con atención el pequeño parque cercano.

Una pequeña niña se balanceaba desganadamente en un columpio. Miraba al suelo.

Bella.

El corazón de Charlie se estrujó al percibir, por primera vez, de forma tan cruel, la soledad que rodeaba a su pequeña niña. Bella. Su Bella. ¿Cómo era posible que, con apenas siete años, tuviera que sufrir pérdidas y dolores como aquel? Ella no debía estar expuesta a situaciones como esta.

Se supone que los niños debían ser felices, debían jugar y rasparse las rodillas, debían aprender cosas nuevas y divertidas, no acerca de lo que era el luto y que las personas mueres.

Con un suspiro, se dio aliento a sí mismo y caminó hacia su tesoro más preciado.

Se sentó en el columpio de junto. Un escalofrío le atravesó cuando Bella tardó algunos minutos en reparar de su presencia. Charlie hizo el esfuerzo de sonreírle.

— Feliz cumpleaños, cariño. — murmuró por lo bajo Charlie, no queriendo perturbar a Bella. Tomó su pequeña y pálida mano (que siempre les recordaban a las manos de su propia madre, la abuela Swan) y la sostuvo entre las suyas por unos momentos.

Bella se apresuró a ponerse en pie y sentarse en el regazo de su padre, buscando su agradable calor corporal, respirando el aroma tan característico de Charlie. Café, cigarrillos y su loción habitual. Respiró profundamente, apoyándose contra el grande pecho cuando este le rodeó con sus grandes brazos.

Charlie los meció por algunos minutos, solo disfrutando la paz y quietud que sentía junto a su hija pequeña.

— ¿Crees que Alex está feliz allá donde está? — preguntó por primera vez Bella.

Durante ese año, Bella nunca se había atrevido a hacer ninguna clase de pregunta, había tenido que presenciar muchas veces las discusiones entre sus padres y, como ya era común, las crisis que su madre tenía al encontrar algo que le recordara a su hijo perdido.

Bella simplemente, había dejado de buscar respuestas.

— Creo que está tranquilo. — comenzó a decir Charlie, ¿cómo le explicas algo así a una niña de siete años? — Aunque, estoy seguro de que te extraña. — continuó, dejando su barbilla en el tope que la pequeña cabeza castaña, tan parecida a la de él. Suspiró, conteniendo sus propias lágrimas. — Nosotros seguimos aquí y, si lo recordamos todos los días, él seguirá viviendo dentro de nosotros.

— Él dijo que siempre me encontraría. — comentó Bella, no muy consciente de que lo estuviera diciendo en voz alta. — ¿Eso significa que lo volveré a ver algún día?

La inocencia de la pregunta y, todo el dolor que significaba para él ese tipo de preguntas, lograron que Charlie derramara algunas lágrimas.

— Estoy seguro que, algún día, todos estaremos juntos de nuevo. — Charlie intentó tomar aire, puso a Bella en pie y la giró para que le mirara. — Pero, quiero que hasta que eso pase, me prometas algo. — Bella asintió, frunciendo el ceño ante el llanto de su padre. — Quiero que intentes ser feliz, que conozcas a muchas personas, que te enamores. Sé que aún eres muy pequeña, sé que tu madre parece estar siempre triste, pero siempre estaremos a tu lado, Bells. Somos una familia, y lo estamos intentando. No quiero que nos olvidemos de divertirnos y ser felices.

— ¿Tu seguirás luchando contra los malos? — preguntó Bella, sabiendo que eso era lo que más hacía feliz a Charlie.

Charlie sonrió y asintió.

— Lo haré. Siempre debemos intentar dejar este mundo como un lugar mejor del tuvimos cuando llegamos. — dijo solemne.

— ¿Crees que Alex lo hizo? — Bella miró hacia su casa, creyó ver la silueta de su madre en la ventana.

— Estoy seguro de que así es. — aseguró con confianza su padre.

Ambos permanecieron unos minutos más en el parque hasta que el frío los obligó a entrar a la protección de su hogar.

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Esa noche, luego de una cena algo incómoda por parte de Renee, todos los miembros de aquella familia fueron a dormir.

Bella, como cada noche, habló por unos minutos con la luna, le gustaba imaginar que Alex se sentaba sobre la brillante rueda del cielo y la protegía mientras dormía. Y, siguiendo esa creencia, procuraba pasar algunos momentos antes de dormir hablando con su hermano. Imaginándose lo que él podría querer responderle.

Siempre se sentía mejor después de eso, y aquella noche no fue la excepción.

Alguien, sin embargo, aún permanecía despierto dentro que la casa Swan. Alguien a quien los cambios no le agradaban en lo más mínimo.

Para Renee, haber presenciado el momento íntimo de padre e hija que habían tenido su esposo y su pequeña le había sentado bastante mal. No solo había perdido a Alexander, sino que sentía que también estaba perdiendo a su pequeña Bella.

Ella sabía que solo necesitaban tiempo de calidad juntas. Sí, eso sería suficiente.

Renee tomó la improvisada maleta que había hecho de manera rápida y descuidada, tomando frenéticamente lo que encontraba a su paso, lo que ocupara menos espacio, lo necesario.

Intentando no despertar a nadie, metió las cosas que había preparado aquella tarde y las metió dentro de su vieja camioneta.

Subiendo por última vez aquellas desgastadas escaleras, Renee tomó a su hija, aun dormida en brazos y salió al abrigo de la noche.

Una simple nota fue lo único que ambas dejaron atrás.

Eso y un corazón roto.

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Les juro que no creí que este capítulo terminaría así xd Los personajes se mueven solos, y todo salió tan orgánicamente que no quiero hacerle ningun cambio jajaja solo seguiré mi instinto y lo dejaré tal y como está.

¿Ustedes también lloraron? Porque, la verdad, yo si la sufrí un poco con este capítulo. Veremos qué es lo que pasa en el siguiente jajajaja

¡Les prometo que el drama terminará pronto y empezará lo divertido! XD

No se les olvide dejar un lindo comentario y pasarse por nuestro lindo grupo de Facebook 'Twilight Over The Moon'.

¡Nos leemos pronto!