Disclaimer: Todo lo que aparece en el fic es de Rowling, incluidas sus contradicciones.
Recordad que el próximo capítulo será el martes. ¡Como siempre, muchísimas gracias a todas por las lecturas y los comentarios! ¡Abrazos y besos!
Trigger Warning: Narración con acciones sexuales explícitas.
Una conversación al amanecer
El hechizo los despertó al amanecer. Draco se quejó con un gemido lastimero al oír el aviso, enterrando más la cara en el hueco de la axila de Harry. Somnoliento, Harry se incorporó, manoteando en busca de su varita por encima de Draco, que seguía acurrucado junto a él. Cogiendo la suya y la de él a la vez, movió suavemente a Draco para avisarle de que era la hora de comenzar el hechizo. Draco volvió a protestar, pero se incorporó secándose la barbilla con el dorso de la mano. Harry sonrió con alegría, notando la camiseta húmeda, sabiendo a ciencia cierta que eso significaba que este había descansado profundamente durante ese rato.
Harry le pasó la varita, pero le frenó poniéndole la mano en la muñeca cuando Draco se apuntó con ella al pecho. Este le miró desconcertado, parpadeando todavía con sueño.
—Espérate unos segundos para estar más despejado, aún no ha salido el sol —murmuró Harry a modo de explicación. Draco asintió, conforme, y bostezó frotándose los ojos. Harry se contagió de él—. Hay que asegurarse de que lo hacemos bien, no podemos fastidiarla ahora.
El manual era muy claro en ese punto. La conclusión de la realización de la poción no era garante de nada. Si fallaban en recitar el conjuro aunque fuese una sola vez, algo que debían hacer todos los días al salir y ponerse el sol, tendrían que volver a empezar el proceso desde el principio, la poción no serviría y tendrían que fabricar otra con una hoja de mandrágora nueva. Draco le había intentado explicar la teoría mágica que enlazaba el conjuro que iban a recitar con las pociones guardadas en el cofre del armario, pero Harry todavía no tenía el nivel suficiente para entender todos los conceptos adecuadamente.
Harry soltó la muñeca de Draco y se sentó a lo indio encima de las sábanas. Draco le imitó, colocándose enfrente de él, rodilla con rodilla. Cuando Harry consideró que él mismo estaba lo suficientemente despierto asintió a Draco, que miró su varita con concentración. Habían practicado el hechizo bastantes veces para asegurarse de que no confundían ninguna sílaba y pronunciaban adecuadamente todas las palabras. En una de sus incursiones, Draco había recogido un par de palos pequeños y delgados del bosque. Harry los había tallado mágicamente durante sus tardes en la sala común, dándoles la tosca forma de sus varitas y habían practicado con ellos el conjuro hasta la saciedad, procurando que les saliese sin pensar.
—¿Deberíamos hacerlo sin camiseta? —preguntó Draco repentinamente, mirándole con los ojos abiertos de pánico, como si se le acabase de ocurrir la idea.
—No tengo ni idea. Funcionará igual, ¿no? —Harry frunció el ceño. No habían leído nada al respecto.
—En los manuales no ponía nada —negó Draco, relajándose—. Creo que no tiene importancia.
—Prefiero no arriesgarme —determinó Harry, quitándose la camiseta rápidamente y echándola a un lado. Draco asintió e hizo lo mismo un segundo después.
—¿Preparado? —Harry se apuntó al pecho con la varita, rozando en el centro de su pecho—. Un centímetro más a la izquierda, Potter. Tu izquierda.
—De acuerdo. ¿Así? —dijo Harry, fijándose en cómo lo estaba haciendo Draco y corrigiendo la posición de la varita. Draco asintió, aprobándolo.
—Amato animo animato animagus —pronunciaron los dos simultáneamente, despacio y claramente.
—¿Ya? —Ambos se habían quedado unos segundos callados, expectantes, esperando que pasase algo—. No ha ocurrido nada. ¿Tú has sentido algo?
—Creo que está bien hecho —le tranquilizó Draco—. No hemos leído en ningún sitio que debiéramos sentir ninguna señal o que el hechizo debiera de tener un efecto visible la primera vez. Con el tiempo sí tendríamos que sentirlo, pero ahora todavía es pronto.
Harry bajó la varita, sintiéndose emocionado ante la perspectiva de que, a partir de ese momento, era sólo cuestión de tiempo que el proceso finalizase.
—Entonces, únicamente queda esperar una tormenta.
—La verdad es que prefiero que tarde en llegar —admitió Draco en voz baja, agachando la mirada—. Así podré practicar más el patronus. Quizá consiga vislumbrar la forma que tiene.
—Ya sabes que no es necesario que consigas un patronus corpóreo —le tranquilizó Harry una vez más.
—Pero ayudaría. Incluso McGonagall dio a entender que debería intentar conseguirlo. Quiero estar lo más seguro posible —musitó Draco, todavía cabizbajo.
Harry movió la varita silenciosamente para que las cortinas se cerrasen y así crear una agradable penumbra en la habitación antes de lanzar la varita de vuelta hacia la mesita de noche. Posó las manos en las rodillas de Draco, inclinándose hacia adelante en un gesto de consuelo.
—Vas a conseguirlo, Draco. —Este levantó la mirada, clavándola en sus ojos. Harry leyó en las chispas azules que brillaban sobre el gris plateado la incertidumbre de Draco, así que continuó—: Las dos cosas. Yo tengo fe en ti, deberías creer en ti mismo tú también.
Draco forzó una sonrisa y asintió con un leve suspiro, luciendo todavía un poco inseguro, pero algo más animado.
—¿Quieres seguir durmiendo otro rato más? —propuso Harry que, aunque estaba despejado, estaba seguro de que cogería rápido el sueño al lado de Draco.
—Prefiero que hablemos ahora que estamos despiertos —dijo Draco, apretando los dientes. Volvió a bajar la mirada durante un segundo, pero levantó la cabeza inmediatamente, con decisión—. Salvo que quieras que lo hagamos más tarde.
—Por mí está bien —asintió Harry, sonriendo en lo que esperaba que fuese una expresión tranquilizadora.
Draco parecía tenso, pero Harry no estaba excesivamente preocupado por aquella conversación. Imaginaba, por las palabras que Draco había pronunciado antes de dormirse, que el malentendido del día anterior estaba solucionado. Además, Harry dudaba que Draco hubiese accedido a dormir con él de aquella manera de haber seguido enfadado. Y cuando le había besado Draco no le había rechazado, así que ahora estaba seguro de que había sido un idiota pensando que quizá era porque Draco no quería besarle y era evidente que estaba esperando que él diese el primer paso
—Supongo que estarás enfadado conmigo —comenzó Draco, bajando la vista de nuevo y empezando a jugar con los pelos de sus piernas, pellizcándolos y tironeando de ellos suavemente—. ¿Hablas tú primero?
—Como quieras. —Draco asintió, así que Harry pensó unos segundos qué quería decirle antes de empezar—. Lo primero de todo: perdón haberte llamado idiota. Estoy tan acostumbrado a nos pinchemos con ello que ni siquiera lo pensé. No es excusa: intentaré por todos los medios que no vuelva a ocurrir. No pienso que seas idiota y me siento muy culpable por haber contribuido a herir tu autoestima utilizándolo como arma en la discusión.
—Ya lo habías dicho, pero te lo agradezco. Quizá yo también me lo he tomado demasiado a pecho. Todo está bien con eso por mi parte —dijo Draco con una cara compungida que despertó el instinto protector de Harry, que deseó abrazarlo para borrar la tristeza de su rostro.
—Segundo: no estoy enfadado contigo. No lo he estado en ningún momento, Draco —continuó Harry con voz tranquila, intentando imprimir sinceridad a sus palabras—. Dicho esto, no soy tu amigo porque McGonagall me lo pidiese. Ella hizo lo que tenía que hacer como directora, asegurarse de que yo estaba dispuesto a enterrar el hacha de guerra y darte una oportunidad en lugar de acabar a puñetazos en cualquier pasillo.
—Ya lo sé —murmuró Draco, frotándose con el dedo en el sitio donde se había arrancado algunos pelos de la pierna.
—No me hice amigo tuyo porque ella me lo pidiese Draco —insistió Harry, observándole atentamente, pensando una vez más que el vello dorado de Draco tenía esa cualidad de brillar y parecer invisible a la vez—. Aunque evidentemente ayudó, realmente me hice amigo tuyo porque eres interesante, gracioso y buena persona.
—¿Crees eso de mí? —Draco levantó la mirada durante un segundo, incrédulo.
—Por supuesto. Y muchas más cosas, todas buenas, aunque confieso que al principio desde fuera me parecías un imbécil; en cuanto rasqué un poco, sólo había vulnerabilidad disimulada con altanería fingida. Ya en nuestra primera noche pude comprobar que, en el fondo, no eras tan diferente de mí. Únicamente… estábamos en puntos diferentes, yo ya había encontrado gente en la que apoyarme y tú aún estabas perdido.
—Hermione y Weasley. —A Harry no se le escapó que Draco seguía utilizando el nombre de pila de su amiga y sonrió. Draco dejó de acariciarse la pierna y pasó a tironear de los pelos oscuros y morenos que cubrían la de Harry.
—Y ahora en ti. Me gusta ser tu amigo —confesó Harry, sonrojándose.
—No debí haber dicho lo que dije sobre el comentario de McGonagall. Fue injusto contigo —dijo Draco cuando vio que Harry no iba a añadir nada más—. Llevaba unos días sintiéndome un poco inseguro sobre nosotros. Cuando estaba contigo pensaba que todo era estupendo, pero a veces me asaltaban las dudas. Idioteces, en realidad.
—¿Por qué? —preguntó Harry con curiosidad, bajando la mirada cuando Draco dejó de pellizcarle los pelos de la pierna y empezó a acariciársela con los dedos.
—No sabía cómo llamar a lo que teníamos. A ratos pensaba que querías ser mi amigo solamente, pero los amigos no se comportan entre ellos como lo hacemos nosotros, ¿verdad?
—No —negó Harry con una risita irónica—. Yo también he pensado mucho acerca de eso.
—Pero tampoco hacíamos nada mas —continuó Draco en voz baja y repentinamente insegura—. No soy un experto en estos temas. La guerra fue una mierda y no tuve tiempo de preocuparme por mi cuerpo, ni por las sensaciones que sentía durante la adolescencia. Todo era demasiado estresante, demasiado oscuro y había demasiada ansiedad para que hubiese deseo alguno. Me besé con Pansy en cuarto y con Theo en quinto, pero fue más experimental, más…
—Más emocional y puntual —le ayudó Harry, comprendiendo que había pasado por experiencias similares a las de él. Draco asintió—. Conozco la sensación, a mí me pasó con Cho y Ginny. Contigo, en cambio, es diferente.
—Sí, lo es. —Draco sonrió con menos tristeza, casi feliz—. Sin embargo, tú no me besabas y no sabía si querías que yo lo hiciese. Pensé que sí, que te gustaba, pero que por alguna razón no querías nada más conmigo, que no te aclarabas. En los peores momentos mi ansiedad me gritaba que cómo iba a querer besar Harry Potter a un exmortífago. —Draco levantó una mano para detener la protesta de Harry antes de que se produjese—. Ya sé que eso es una idiotez. Pero la ansiedad funciona así, ¿no? Se mete por los resquicios de tus peores miedos y los amplifica de manera terrorífica.
—Claro que quería besarte —dijo Harry, intentando espantar los miedos de Draco—. Quiero hacerlo, por supuesto. Yo tampoco estaba seguro de que quisieras que lo hiciese. Lo siento, yo también soy un poco torpe para esto. Digamos que… algunos de mis anteriores besos no salieron muy bien y no estaba seguro de estar leyendo las señales correctas.
—Sí quería que lo hicieses. Quiero. —Draco levantó la vista y le sonrió con cariño—. El de ayer salió muy bien, aunque me resultó demasiado breve.
—Sí —asintió Harry, sonriendo de vuelta también.
—El otro día me llegó una carta de mi padre —continuó Draco, volviendo a ponerse serio. Se inclinó hacia adelante para subir la mano por la pierna de Harry y acariciarle la rodilla. Este se movió, liberando la pierna y metiendo el pie en el hueco de las de Draco, acariciando el calzoncillo de Draco con el dorso del pie, para facilitárselo. Este empezó a acariciarle el muslo, peinándole la pierna con la yema de los dedos, parándose solo cuando llegaba al borde del bóxer y volviendo hasta la rodilla. Harry suspiró, complacido—. De mi padre, no de mi madre.
—Pensaba que sólo te escribía tu madre.
—Mi padre no sabe que ella lo hace. Él la prohibió hablar conmigo cuando decidí aceptar la oferta de McGonagall de venir aquí. Por eso nunca contesto sus cartas, no quiero que mi padre se entere y se lo haga pasar mal. Creo… creo que mi padre esperaba que si me sentía solo y aislado, volvería a casa con el rabo entre las piernas.
—Tu padre es un cabrón —gruñó Harry, que había imaginado que pasaba algo raro con la familia de Draco, pero no había esperado algo como aquello.
—Se había enterado de que tú y yo estábamos juntos —continuó Draco, sin reprenderle por el insulto—. No sé quién se lo habrá dicho, imagino que alguien de los cursos inferiores. Algún otro sangre pura que se mueva en esos círculos, ni siquiera tiene por qué ser Slytherin. Alguien que querrá algo de mi familia, ya sea negocios, dinero, el favor de mi padre o qué sé yo. Da igual, no importa.
—Parece que todo el colegio lo pensaba, desde luego —resopló Harry con ironía. Draco se rio con una mezcla de diversión y resignación.
Excitado e inusitadamente relajado por las caricias de Draco, Harry metió el otro pie entre sus piernas cruzadas a lo indio, pidiéndole sin palabras que siguiese acariciándole de aquella forma también la otra pierna. Movió los dedos de los pies con gusto antes de darse cuenta que lo que notaba encima de sus dedos debía ser la entrepierna de Draco y que ese era un contacto mucho más íntimo de los que habían tenido conscientemente, pero este le miró con media sonrisa de conformidad antes de volver a ponerse serio.
—Insinuaba que únicamente accederías a juntarte conmigo por algún interés oculto —dijo Draco, haciendo una mueca de fastidio—. Que cuando obtuvieses de mí lo que querías, me rechazarías. Que dudaba que llegases a profundizar nada porque las personas como tú sólo toman lo que les interesa y luego lo desechan. Que el Salvador del Mundo Mágico nunca querría nada de alguien con una marca en el brazo como la mía salvo una satisfacción sexual antes de echarme a un lado como un pañuelo usado.
—Eso no es cierto —protestó Harry, indignado.
—Lo sé. Lo siento —murmuró Draco, deteniendo sus caricias—. Se juntó todo: mi inexperiencia en esto de las relaciones, mis propias inseguridades, mi ansiedad, las palabras de mi padre… Los pensamientos de que quizá no querías besarme por ser lo que soy, que mi padre tuviera un resquicio de razón y realmente no quisieses hacer la animagia conmigo… Todo se me vino encima de golpe. —Harry deseó interrumpirle para negarlo de nuevo, pero Draco meneaba la cabeza con pesar—. Lo de McGonagall fue el último clavo de un ataúd que yo solito había cerrado con mis pensamientos destructivos.
—No me diste ninguna pista. Yo habría intentado consolarte, asegurarte que no era cierto. Si hubiese sabido que te sentías así… —Harry se sintió impotente. A pesar de todo el tiempo que pasaban juntos, todo aquello le había pasado desapercibido.
—No me sentía así cuando estaba contigo. En cierto modo, cuando estábamos juntos lo hacías: me consolabas, me cuidabas, me demostrabas que las palabras de mi padre no eran ciertas. Era cuando tenía tiempo de pensar, de odiarme por lo que hice en la guerra, de preguntarme por qué alguien tan bueno como tú estaría con alguien como yo.
—Draco, no soy mejor que tú. No considero que…
—Eso fue lo que me dijo ayer Justin —dijo Draco, reanudando de nuevo las caricias en las piernas de Harry, acariciando la parte interior de sus muslos, dejando que sus dedos retirasen parte de la tela del calzoncillo hacia atrás para acceder a más porción de piel.
—¿Justin habló contigo? —preguntó Harry, alzando las cejas.
—Sí, se cruzó conmigo en un pasillo cuando bajaba a cenar y yo volvía al dormitorio para meterme en la cama. Morag también estuvo un rato conversando conmigo en el campo de quidditch. Ambos me recordaron que ahora éramos parte del mismo grupo y que podía contar con ellos. Que era igual a todos vosotros.
—Así es.
—Me gustaba cómo estabas moviendo antes los dedos de los pies —cambió de tema Draco, sonriendo de nuevo—. Es muy excitante.
—Entonces, ¿ya no crees que no pueda estar contigo? —Harry volvió a mover los dedos, acariciándole por encima de la tela, consciente de que ahí debían estar los huevos de Draco y de que nunca habían llegado tan lejos en sus caricias, sintiendo que él también se excitaba a pesar de lo serio de la conversación.
—Supongo que debo seguir trabajando en ello —suspiró Draco—. No es fácil, ¿verdad?
—No lo es. Ya sabes que yo fui a un psicólogo muggle para trabajar en ello.
—Quizá debería hacerlo yo también —dijo Draco, pensativo. Los dos se quedaron en silencio un rato, acariciándose lenta y consoladoramente, intentando enterrar con sus caricias los miedos que sentían—. No me levanté y me fui de la mesa en el desayuno porque estuviese enfadado contigo, realmente. Estaba triste, dolido y las palabras de McGonagall me habían afectado más de lo que deberían, pero no fue por eso —confesó Draco.
—¿Qué fue?
—La carta que llegó… era un Vociferador de mi padre. No contesté a su primera carta, limitándome a ignorarla, y creo que buscaba avergonzarme delante de todo el colegio para obligarme a hacerlo. Quizá incluso delante de ti. Supongo que realmente cree las cosas que dice. Él es así, ve el mundo en su cabeza de una forma y se niega a pensar que algo no pueda ser como el piensa.
—No veo cómo podría conseguir avergonzarte delante de mí —dijo Harry, negando con la cabeza.
—Si hubiese sido totalmente sincero contigo, con todos vosotros en realidad, no lo habría podido conseguir. Pero yo no quería que tú te enterases de esa manera.
—¿De qué? —Harry frunció el ceño, sintiendo que el verdadero problema de Draco todavía estaba ahí y que este aún no lo había verbalizado.
—¿Recuerdas la cena en Hogsmeade? —Harry asintió, acordándose del ataque de ansiedad que Draco había sufrido—. No sé muy bien qué hacer con mi vida cuando salga de Hogwarts.
—Lo suponía. —Para Harry era obvio que gran parte de la ansiedad de Draco provenía de la inseguridad que sentía hacia su futuro laboral.
—Mi padre espera de mí que me case en un bonito matrimonio con alguien sangre pura con quien continuar la estirpe y el negocio familiar y, con suerte, limpiar y devolver el lustre perdido por los errores de mi padre a la familia. Al menos tener un hijo varón que porte el apellido de los Malfoy y herede su fortuna después de mí. Quizá con alguna de las hermanas Greengrass, que no apoyaron a Voldemort; tienen buena posición y son bonitas.
—Y tú no quieres hacer eso —dedujo Harry. Draco negó con la cabeza—. No es tan sencillo, ¿verdad?
—No. Mi padre ha amenazado con tener otro hijo varón con mi madre que pueda ocupar mi posición y desheredarme cuando cumpla sus deberes conyugales. Todavía son jóvenes, no es descabellado.
—¿Puede hacerlo? —preguntó Harry, cabreándose cada vez más con Lucius Malfoy por tratar así a su hijo.
—Probablemente, sí. Quizá la parte de la herencia que me corresponda por parte de mi madre no, pero desde luego gran parte de la de los Malfoy sí.
—Tu padre es un gilipollas que no ha aprendido nada de la guerra ni de sus errores —gruñó Harry antes de preguntarse si Draco se molestaría por aquellas palabras.
—Es lo que tiene sobrevivir dos veces a ella sin consecuencias reales, Harry. —Apesadumbrado, Draco meneó la cabeza—. Gracias a tus declaraciones en el juicio, su influencia y el dinero de los Malfoy, pudo salir prácticamente indemne una vez más, a pesar de que no se lo merecía.
—Declaré a tu favor y el de tu madre —dijo Harry, puntualizando las palabras de Draco.
—Y eso le vino como agua de manantial a la poción. Ya no eran los Malfoy. Habían sido errores personales de Lucius.
—Actitudes como la suya sólo acabarán desembocando en más enfrentamientos —murmuró Harry, apretando la mandíbula.
—Por eso no quiero saber nada de él ni ser parte de los planes que ha hecho para mi vida —dijo Draco con determinación—. Tuve suficiente con ser marcado para un loco con ansias de poder sólo porque mi padre creía en él. Vine a Hogwarts huyendo de su influencia, intentando ganar tiempo, labrarme un futuro. Mi padre no estaba de acuerdo, dijo que no necesito mis EXTASIS para manejar los negocios familiares, que él me enseñará lo que necesito.
—Lo que quiere es aislarte y controlarte —aseguró Harry, apretando más la mandíbula para disimular la rabia que sentía.
—Creo que soy consciente de ello. Yo no quiero seguir ese camino. Ya lo hice una vez: recorrí los pasos que me había marcado, hice lo que esperaba de mí y acabé haciendo cosas que mi conciencia me dictaba que no debía hacer y con esto grabado de por vida. —Draco extendió el brazo hacia adelante, presentándoselo. La marca se veía muy desvaída, completamente inmóvil. Harry se preguntó si la muerte de Voldemort la habría debilitado lo suficiente para que siguiese difuminándose cada vez más—. Ahora quiero hacer como tú, como todos vosotros: dejar atrás la guerra y contribuir con mis actos a construir una sociedad que sea capaz de convivir en paz.
Siguiendo uno de sus impulsos, Harry agarró la muñeca de Draco y se inclinó hacia adelante. Depositó un beso en el centro del tatuaje, con cariño. Después, la acarició con los dedos.
—Es una parte de ti. De tu vida. Aprendemos de nuestras experiencias y equivocaciones —susurró Harry antes de volver a besarle el antebrazo y levantar la cabeza. Draco le miraba con los ojos desorbitados y una lágrima recorriéndole silenciosamente la mejilla. Soltándole la muñeca, se inclinó hacia adelante y se la enjugó con el dedo—. Eres mucho más que una marca tenebrosa en el brazo, Draco.
—¿Puedo pedirte algo?
—Claro —asintió este, preocupado por el tono acongojado de Draco.
—No quiero volver a casa. Tampoco voy a casarme con alguien a quien no amo sólo por dinero —dijo Draco con determinación y la voz estrangulada por las lágrimas—. Mi madre tendrá que decidir qué hace si quiere verme y estar conmigo, y estoy seguro de que sabrá hacer lo correcto, pero no voy a vivir la vida de un Malfoy. No como mi padre quiere que sea esa vida; puedo ser un Malfoy a mí manera.
—Me parece bien. Yo también opino que es lo más sano para ti —aprobó Harry.
—Pediré una beca cuando salga de Hogwarts. McGonagall ya me habló de ellas y me explicó qué debía hacer, incluso se ofreció a intervenir personalmente. He decidido que haré una residencia en el departamento de pociones de San Mungo. Es hora de ayudar a sanar las heridas que causé.
—Draco, sé que no es necesario que yo lo apruebe, pero eso está genial —dijo Harry, sorprendido por la decisión de Draco y pensando que, con su habilidad con las pociones, sería un aliado muy útil en el hospital.
—Lo que quiero pedirte es… —Draco tragó saliva y le miró a los ojos con esperanza—. ¿Me apoyarás, Harry? Sé que esto que tenemos entre nosotros puede acabar algún día, por mil razones. A lo mejor ni siquiera quieres intentarlo, no pasa nada. Pero… si lo intentamos… mientras estemos juntos, ¿puedo seguir pidiéndote ayuda?
—Por supuesto que sí. —Harry sintió que los ojos se le inundaban de lágrimas a él también. Cogió la mano de Draco y se la llevo a los labios, besándole la palma y luego envolviéndola en sus propias manos—. Estamos juntos, Draco, y estaré contigo en esto. Tenemos casi todo el curso por delante para planear qué podemos hacer. Ya compartimos habitación aquí y se nos está dando bien, puedes venir conmigo a Grimmauld Place y así podrás utilizar tu beca exclusivamente para los estudios. O si la casa nos resulta demasiado horrible, podemos alquilar un apartamento, ni siquiera necesitamos algo demasiado grande. No tienes que volver a Malfoy Manor si no lo deseas, mi casa está abierta para ti, así como todo lo que pueda hacer por ti.
—No es necesario que planifiquemos todos los detalles ahora. Podemos ir negociando los detalles más adelante, no quiero… —negó Draco, súbitamente inseguro.
—O puedes dejarte ayudar sin protestar, Draco Malfoy —le interrumpió Harry con una mueca feroz. Draco resopló, intentando contener un bufido.
—No quiero que pienses que sólo estoy contigo porque puedo sacar un beneficio de ti —murmuró Draco. Harry comprendió que, de nuevo, era la ansiedad la que hablaba por él. Identificando los primeros síntomas de un posible ataque, intentó atajarlo.
—Draco… Mírame a los ojos —susurró Harry. Este obedeció, levantando la mirada. En las chispas azules que bailaban en el iris plateado, Harry vio el enorme cariño que empapaba sus ojos desde hacía varias semanas—. Puedo ver en tu mirada que no es así. No necesitas convencerme de lo contrario.
—Tampoco deseo que esto te fuerce a estar conmigo —se apresuró a aclarar Draco—. No es lo que quiero decir. Si puedo ayudarte en algo también quiero hacerlo, en realidad.
—Te he entendido —le tranquilizó Harry—. Quiero estar contigo Draco. Si algún día esto no funciona y acabamos de tal manera que no podamos soportarnos, tú tendrás que continuar por ti mismo y yo por mi cuenta. Pero hoy por hoy, puedes apoyarte en mí para empezar a trabajar en ello y espero que, por mal que se den las cosas, esa situación tan drástica no llegue a ocurrir nunca y podamos seguir siendo amigos.
—Eres una persona estupenda, Harry. —Draco le miró con una sonrisa resplandeciente en la cara. Harry se alegró de verle tan feliz por primera vez en tantísimo tiempo.
—Tú también eres genial —sonrió Harry, feliz de que Draco hubiese confiado en él tanto como para dejar caer sus barreras.
—Te voy a confesar una cosa de mis pesadillas —dijo Draco más animado. Intrigado, Harry ladeó la cabeza. Draco no parecía circunspecto ahora como pudiera pensarse por el tema que iba a tocar—. En la pesadilla de la Sala de los Menesteres me angustia que no llegues a salvarme. Veo el fuego avanzar hacia mí, inexorable y comprendo que voy a consumirme si no llegas a tiempo. A veces, incluso puedo ver el cuerpo de Vincent consumirse en las llamas. Te busco y te llamo, pero no te encuentro.
—Eso ya me lo habías contado. Me llamas en sueños y te relajas al creer que vuelvo cuando te contesto o te hablo. —Draco le miró con una ceja levantada, pareciendo divertido—. Lo siento, no quería interrumpirte.
—Esa es la cuestión. ¿Recuerdas que te dije que no siempre volvías a por mí? —Harry asintió, intuyendo qué iba a decir Draco a continuación—. Nunca volvías. Por eso es una pesadilla tan horrible. Ahora… desde que estás conmigo… siempre vuelves. Hay veces que me despierto durante una milésima de segundo, consciente de que la pesadilla ha empezado pero, antes de que se ponga seria, recuerdo que estás aquí, a mi lado, y vuelvo a descansar. Y las pocas veces que la tengo, apareces antes de que el fuego se acerque a mí, subiéndome a tu escoba.
—La de ayer fue mala —dijo Harry señalando el desastre de la otra cama.
—Ayer te echaba mucho de menos y la pesadilla utilizó ese sentimiento en mi contra —confesó Draco, pareciendo culpable—. Me había comportado como un idiota por no haber sido sincero contigo sobre mis problemas y no sabía cómo arreglarlo sin contarte todo esto. Me daba miedo que si lo hacía salieses huyendo, considerases que quería aprovecharme de ti o me mirases como un loco. También se me ocurrió que quizá, como era luna llena, me buscarías y vendrías a por mí. Luego comprendí que si hacías eso me enfadaría porque no habrías respetado mi espacio. Lo siento, mi cabeza era un lío de contradicciones. Todavía lo es.
—Estuve a punto de hacerlo. De buscarte en el mapa —matizó Harry—. Pero pensé que sería mucho peor y que cuando estuvieses listo volverías y podríamos hablar. Sólo te busqué en el dormitorio y en la sala común después del desayuno, porque estaba preocupado.
—Casi perdiste la oportunidad de hacer la poción de animagia por mi culpa —dijo Draco en tono de disculpa.
—La hubiéramos podido hacer más adelante —replicó Harry, quitándole importancia con un gesto—. Es más importante lo que hay entre tú y yo que una estúpida poción. Ser animago es una cuestión de tiempo y esfuerzo unido a un talento que ya tenemos. Nuestra relación implica trabajar en ella y tener paciencia. Ambos tenemos mucho bagaje detrás. En cualquier caso, no podía anteponer un hechizo, por importante que sea para mí, a nosotros.
—¿Tenemos una relación oficial, entonces? —preguntó Draco con media sonrisa.
—Si tú quieres —le invitó Harry, correspondiéndole.
—Claro que quiero, Potter idiota.
—Yo también. —Harry sentía que el corazón le latía a toda velocidad con una fuerza increíble.
—Tengo que advertirte que es la primera vez que soy el novio de alguien, no tengo mucha experiencia en esto.
—Supongo que no será tan difícil si Ron y Hermione o hasta Dean y Seamus pueden con ello. —Harry rememoró su breve noviazgo con Ginny, dándose cuenta de que no le servía de ejemplo. Él se había limitado a dejarse llevar, alejándose de ella cuando la situación le fue propicia y evitando todo tipo de confrontación después. Su gestión emocional de todo aquel asunto había dejado mucho que desear—. Creo que en mi caso tampoco puedo presumir de ser un experto, así que tendremos que averiguarlo juntos.
—No suena mal —bromeó Draco, sonriendo más ampliamente.
—¿Te encuentras mejor ahora? —preguntó Harry, que no quería dar la conversación por concluida sin estar seguro de cómo estaba Draco.
—Sí. Mucho mejor.
Ambos se quedaron varios segundos en silencio, mirándose sonrientes. Draco volvió a acariciarle las piernas, como minutos atrás, llevando cada caricia más cerca del inicio del muslo y Harry volvió a mover los dedos, provocando que Draco volviese a suspirar con placer, que Harry correspondió con una sonrisa pícara.
—Es domingo, no tenemos por qué bajar a desayunar si no queremos. ¿Quieres que intentemos dormir un rato más? —volvió a proponerle Harry, sintiendo que la conversación le había quitado un peso enorme de encima.
Draco asintió y ambos se levantaron para meterse de nuevo debajo de las sábanas, acurrucándose el uno contra el otro. Poniéndose de frente a Draco, se acercó lo más posible a él, pegando sus cuerpos. Al sentir el calor del pecho desnudo de Draco recordó que ambos se habían quitado la camiseta, pero decidió no mencionarlo, apreciando que aquello le resultaba mucho más agradable. Excitado, Harry pensó que era la primera vez que ambos se acostaban con tan poca ropa.
Metió su pierna entre las de Draco, profundizando hasta que su muslo rozó dónde minutos antes había estado su pie. Draco hizo lo mismo y Harry sintió cómo su pierna tocaba sus testículos y su pene reaccionaba rápidamente. Pasó sus manos por la espalda de Draco, enganchando las yemas de los dedos en la cinturilla del calzoncillo y le atrajo más hacia sí, decidido a dormir de esa manera. Draco le imitó al momento, haciendo que sus narices se rozaran.
—Hueles muy bien —susurró Harry con los ojos cerrados, inspirando con fuerza. Draco no contestó, limitándose a frotar su nariz contra la de él.
Aunque había cerrado los ojos, Harry seguía muy despierto. Era consciente de cada uno de los centímetros de piel descubierta de Draco que estaba tocando con su propio cuerpo. Sentía bajo los dedos el fino vello rubio que, similar a una pelusilla, comenzaba justo en el lugar donde las nalgas se le redondeaban. Sentía deseos de acariciarle con las manos un poco más abajo, pero, por otro lado, también estaba disfrutando aquella especie de anticipación, seguro de que tarde o temprano acabaría haciéndolo. Draco se frotó contra él, mimoso. Sus erecciones se rozaron a través del calzoncillo y Harry suspiró con placer, hundiendo los dedos en la piel de Draco.
—Tengo mucha hambre —murmuró Draco al cabo de un rato. No sonaba dormido, así que Harry abrió los ojos, con curiosidad, resignándose a levantarse para bajar al desayuno cuando fuese la hora—. Quiero darte un beso. Eres muy guapo.
Harry rio entre dientes. Hacía semanas que no jugaban a aquello, superada la incomodidad inicial para comenzar conversaciones que implicaban temas personales. Draco le sonrió de vuelta con picardía.
—Espero que no estés insinuando que bajemos a desayunar porque no estoy dispuesto a ser el novio feo de esta relación —Draco estalló en risas con una carcajada por su respuesta—. Tendríamos que romper dramáticamente y armar una escena en medio del Gran Comedor.
—Con suerte mi padre se enteraría y de la alegría puede darle un infarto —bromeó ácidamente Draco.
—Además, hoy tocan tortitas. Todo son ventajas.
—Potter… —La voz de Draco sonó más ronca.
—¿Qué? —preguntó Harry, todavía riendo. Draco adelantó la cabeza y juntó sus labios con los de Harry como este había hecho unas horas antes, en un roce ínfimo, pero que provocó que el estómago de Harry diese un vuelto de emoción. Lo prolongó varios segundos antes de separarse—. Se ha sentido igual de bien que el de ayer.
—Cállate, Potter —se quejó Draco con una sonrisa y volvió a besarlo, esta vez más profundamente.
Harry le devolvió activamente el beso, entreabriendo los labios. La punta de la lengua de Draco se introdujo entre ellos, acariciándolos y contorneándolos. Harry movió la boca, abriéndola y cerrándola, intentando devorarle al tiempo que Draco le seguía lamiendo los labios. Moviendo la cabeza más agresivamente, se abalanzó hacia adelante, introduciéndole la lengua, explorándole la boca, intentando saborear todos los detalles. Lamió la lengua de Draco, dejando que él hiciese lo mismo con la suya y después siguió la línea de sus dientes antes de esconderse en busca del frenillo y volver a lamerle.
Se separaron durante un segundo, jadeando, pero Draco no le dio tregua y volvió a besarlo, tomando de nuevo la iniciativa y aprovechando para ser él quien le metiese la lengua en la boca. Harry disfrutó de la sensación húmeda, del sabor del otro chico en su boca, del cosquilleo que sentía en el estómago, en el abdomen y debajo de los calzoncillos. Venciendo la timidez, Harry aventuró las manos, que todavía tenía en la frontera de la cinturilla de Draco, hacia abajo, ahuecando las palmas para adaptarlas a la forma de sus nalgas y apretarle contra él.
Draco gimió dentro de su boca, besándole con más desesperación. Harry notó que apretaba el culo en intervalos cortos, lo que hacía que sus erecciones se frotasen, enviándole oleadas de placer por todo el cuerpo. Le acarició el culo, masajeándoselo y deslizando sus dedos por él, trazando líneas invisibles en su piel. Le separó los glúteos cuando le intentó apretar más contra sí, clavándole los dedos. Aflojó la presión cuando su dedo corazón rozó un trozo de piel de tacto más rugoso y se hundió ligeramente en un hueco. Comprendiendo que era su ano, Harry soltó las nalgas de Draco, haciendo ademán de separar las manos rápidamente, avergonzado por si se había extralimitado, pero Draco le cogió de las mejillas con sus manos, apretando tanto los labios contra los suyos que sus dientes chocharon, gimiendo contra ellos.
—Ni se te ocurra dejar de hacer eso, Harry —jadeó Draco contra su boca antes de seguir besándole—, porque lo último ha sido genial. Sigue tocándome así, por favor.
Espoleado por sus palabras y todavía más excitado, Harry siguió acariciándole el culo, esta vez con menos dudas al contar con el permiso explícito de Draco. Volvió a apretar sus nalgas, masajeándolas y separándolas, anticipando el momento en el que se atrevería a deslizar el dedo de nuevo entre medias. Draco gimió dentro de su boca, animándole, y Harry obedeció, utilizando el dedo corazón para recorrer la línea que separaba las nalgas de Draco de arriba hacia abajo repetidas veces, muy lentamente, notando el tacto rugoso de su culo cada vez que pasaba por él y haciendo que Draco sollozase cada vez que le acariciaba justo allí.
Draco metió las manos entre sus cuerpos como pudo, sin dejar de besarle, cediéndole la iniciativa del beso apenas unos instantes. Deslizando las palmas de las manos por los pectorales de Harry, Draco le rozó los pezones con los dedos pulgares, acariciándolos con delicadeza en círculos, provocando que se endurecieran y apretándolos como botones cuando lo hicieron y después pellizcándoselos. Con un sollozo de placer, Harry volvió a lamerle la lengua, intentando retomar la iniciativa del beso, pero Draco se opuso con firmeza y ambos se comieron a bocados, intentando ganar terreno sobre la boca del otro.
De los pectorales, Draco pasó las manos a su espalda. Unos segundos después, Harry sintió cómo los dedos de Draco se apresuraban a acariciarle a lo largo de la columna vertebral hasta llegar a la cinturilla de su bóxer, levantarla sin preámbulos y metiéndose debajo de sus calzoncillos, acariciándole el culo. Harry volvió a gemir de placer, apretando las nalgas de Draco entre sus dedos y sintiendo cómo este le correspondía sin dejar de besarle.
Las manos de Draco se deslizaron por su piel y Harry percibió que estaba imitando los mismos movimientos que él le había hecho. Con un estremecimiento de placer cuando notó que Draco masajeaba sus nalgas y las separaba para apretarle contra él, se preparó mentalmente para recibir la caricia que había hecho que Draco se excitase tanto. Cuando sintió su dedo rozarle el ano y hundirse apenas en él, sin hacer más que una leve presión durante un segundo, un suspiro involuntario abandonó su boca. La sensación fue momentánea, pero se quedó marcada en su mente mientras seguía devorando los labios de Draco, comenzando a morderlos y estirarlos hacia él, invadiéndole de nuevo la boca con la lengua, lamiendo sus dientes y retirándose solo un segundo para volver a encontrarse a medio camino entre sus dos bocas. Draco repitió la caricia varias veces más, apretándose contra Harry en una muda súplica para que él también lo hiciese.
Unos minutos después, Draco sacó las manos de debajo del calzoncillo Harry con una última caricia, dejándolas en la parte baja de su espalda, acariciándole más lentamente. Ambos redujeron el ritmo del beso paulatinamente, bajando la intensidad y la agresividad hasta convertirlo en un intercambio más tranquilo y placentero. Moviendo los labios con más suavidad, Draco y Harry siguieron besándose sin separarse, cada vez más despacio, disfrutando de todas las sensaciones ahora que la urgencia ya no les instaba a ir a más, más y más. Finalmente, se detuvieron, manteniéndose unos segundos con los labios unidos, ligeramente entreabiertos, antes de separarse. Harry se sentía como si acabase de bajar de una montaña rusa, lleno de emociones por dentro, muy caliente y estaba tan duro que le sorprendía que tanto él como Draco hubiesen sido capaces de aminorar aquella oleada de excitación de una manera tan natural.
—Guau —admitió Harry en voz baja.
—Para mí también ha sido bueno, sí —confesó Draco riéndose.
—Para ser unos novios inexpertos no parece que se nos dé mal —bromeó Harry, frotando su nariz contra la de Draco—. Ayer no sabíamos si queríamos besarnos y hoy no parece que vayamos a ser capaces de quitarnos las manos de encima.
—Tampoco es que antes tuviésemos las manos quietas, sólo fuera de los calzoncillos —dijo Draco, riéndose.
—Punto para ti. —Harry le besó la punta de la nariz para remarcar sus palabras.
—¿Te ha gustado lo que te he hecho? —preguntó Draco con voz tímida, pero segura.
—¿Lo del pecho? —Draco asintió—. Sí, me ha gustado mucho.
—Me he acordado que me lo hiciste el otro día, ¿lo recuerdas? Bueno, y alguna vez más. —Harry entrecerró los ojos, haciendo memoria y recordando las ocasiones en las que, efectivamente, había metido la mano debajo de la camiseta de Draco—. En la sala común.
—Sí, claro que lo recuerdo —asintió Harry, reconociendo avergonzado que el resto tenía razón, los dos se habían estado metiendo mano en la sala común.
—Me gustó mucho y pensé que también te gustaría a ti.
—¿Quieres que te lo haga ahora? —preguntó Harry, sacando una de sus manos de los calzoncillos de Draco para hacerlo, pero Draco le paró con un gesto.
—¡No!
—Pensé qué… —dijo Harry, confundido.
—Sí, sí quiero que me lo hagas —explicó Draco con voz paciente, poniendo los ojos en blanco—. Pero ahora me gusta más que me estés tocando el culo. Se siente genial.
—Por aquí también es genial —dijo Harry, apretándole las nalgas una vez más—. Me ha gustado mucho a mí también. Sobre todo…
Se calló, avergonzado. Riéndose mentalmente por parecer tan tímido cuando unos minutos atrás se estaban metiendo mano sin pensar, reflexionó sobre que tenía sentido que el culo fuese muy placentero. En las sesiones de besos con Ginny también le había metido las manos debajo de la falda para agarrárselo, por supuesto, aunque no de aquella manera tan íntima, ni siquiera bajo la ropa interior. Ella nunca había hecho lo mismo, prefería pasarle las manos por el cuello, así que Harry no lo había experimentado en primera persona. Supuso que esa escasa experiencia era la que le había llevado a hacer esa caricia en primer lugar, aunque con Ginny no hubiera llegado tan lejos.
—Un knut por tus pensamientos, Harry —murmuró Draco, repartiendo algunos besos cortos encima de su nariz y labios.
—Pensaba que nunca me habían tocado el culo así, pero es agradable. Me refiero cuando… —Draco asintió, ayudándole al indicarle que le había entendido, pero Harry estaba decidido a vencer su estúpida vergüenza—. A cuando te he rozado el culo. No las nalgas, sino el culo.
—Te he entendido, Potter —se burló Draco con una sonrisa, recogiéndole un mechón de pelo detrás de la oreja.
—Se ha sentido bien cuando te lo he hecho yo y también cuando me lo has hecho tú.
—Podemos repetirlo —asintió Draco con una sonrisa esperanzada. Harry levantó las cejas y, aprovechando que todavía tenía las manos dentro de los calzoncillos de Draco, volvió a deslizar el dedo entre sus nalgas, parándose justo al llegar a la zona rugosa que hizo que Draco cerrase los ojos con un suspiro—. Sí, justo ahí. No lo quites.
Harry tragó saliva, sintiendo otra oleada de excitación invadirle el vientre y su pene se apretó con más intensidad. Había esperado que fuese una broma pícara, no una caricia sensual, pero la cara de Draco le animó a presionar suavemente el dedo y obedecerle. Había pensado que hacerlo fuera del fervor del beso se sentiría extraño, pero no fue así.
—Es genial —suspiró Draco unos segundos después—. Ibas a decir algo más, Harry. Sigo escuchándote.
—Sólo iba a decir que nunca he estado con un chico. Tampoco me lo había planteado. Y no había hablado de esto con nadie. Ni siquiera con Ron. Supongo… que nuestra adolescencia fue extraña por la guerra.
—Nos ha pasado a todos —confirmó Draco, todavía con los ojos cerrados.
—Estaba pensando en eso… y he caído en la cuenta de que seguramente algún día lo haremos por ahí. —Harry volvió a deslizar el dedo de arriba abajo, lentamente, deteniéndose de nuevo allí—. Quiero decir, cuando los dos estemos preparados y nos apetezca.
—Claro que sí.
—¿Tú lo habías pensado? —preguntó Harry, con curiosidad.
—A diferencia de ti, yo sí he hablado de esto con Blaise hace tiempo.
—Yo le pregunté el otro día a Dean, por curiosidad. Bueno, realmente quería preguntarle otra cosa y él creyó que quería preguntarle sobre tener relaciones sexuales con un chico y me dio un libro muggle que habla de ello.
—Blaise hizo algo parecido —se rio Draco. Harry retiró la mano a un lugar más inocente y Draco, aunque hizo un mohín decepcionado, no perdió la sonrisa—. Yo quería hablarle de Theo y él me explicó cómo prepararse para el sexo anal.
Ambos se echaron a reír, pensando en lo absurdo que debían haber sido cada situación para el otro y que era otra cosa que podían considerar que tenían en común.
—Tienes razón, Potter —dijo Draco con cariño, volviendo a besarle en la punta de la nariz—. Algún día nos apetecerá hacerlo por ahí. De hecho, te admito que a mí ya me apetece, pero preferiría que fuésemos despacio. No tenemos por qué hacerlo todo de golpe. Podemos explorar poco a poco.
—Estoy de acuerdo —concordó Harry con una sonrisa feliz—. Me daba un poco de reparo decir que me apetecía hacerlo y que me tomases por un pervertido o algo así, porque tampoco quiero que sea ya mismo.
—Más pronto que tarde —le prometió Draco acariciándole la mejilla.
—¿Podemos besarnos otra vez? —preguntó Harry con un gesto de súplica en el rostro.
—¿Quieres recuperar el tiempo perdido?
—No considero perdido ningún tiempo pasado a tu lado, pero ahora que sé que quieres besarme tanto como yo a ti, prefiero hacerlo —dijo Harry, sintiéndose idiota cuando hubo terminado de hablar.
—Eso ha sido muy romántico, Potter. —Draco se sonrojó, pero volvió a besarle dulce y cadenciosamente.
Animado por las palabras de Draco, Harry siguió tocándole el culo con caricias largas y suaves, hasta que dejó cada mano aposentada en una nalga, apretándolas de vez en cuando, disfrutando de los sonidos de placer que Draco hacía cada vez que se atrevía a acariciarle más íntimamente.
—Estoy pensando que realmente es una tontería que estemos así a estas alturas —comentó Draco, que había empezado a mover la cadera frotándose contra su entrepierna cada vez que intensificaba las caricias en su culo. Harry podía notar su erección, igual de dura y caliente, contra la suya, que sentía que estaba húmeda por el líquido que ya había manchado el bóxer—. Yo no voy a ser capaz de dormir ahora mismo y, aunque pudiera, íbamos a despertarnos mojados como casi todos los días.
—Pensé que habías dicho que querías esperar e ir poco a poco —dudó Harry, un poco inseguro.
—No he dicho que vayamos a follar como animales, Potter, so bestia —bromeó Draco—. Pero, puestos a mancharnos, que al menos sea conscientemente.
—Nunca he hecho eso —confesó Harry, avergonzado al darse cuenta de lo que quería decir Draco y que, en ese tema, tenía menos experiencia que muchos adolescente más pequeños que él—. Cuando estuve con Cho estábamos más pendientes de practicar hechizos de Defensa y con Ginny todo se fue al garete un par de semanas después de empezar a salir.
—¿Tampoco a ti mismo?
—Creo que estaba más preocupado por sobrevivir a Voldemort. Tener pesadillas por las noches porque podía ver dentro de su mente lo que hacía tampoco ayudaba mucho a desarrollar el deseo sexual —se justificó Harry, sonrojándose.
—No te estoy juzgando, Harry —le tranquilizó Draco, incorporándose—. No te preocupes, es instintivo. Quítate los calzoncillos y túmbate bocarriba.
—Pensaba que tú tampoco lo hacías —dudó Harry, pensando en todas las veces que ambos se habían despertado húmedos—. Como ambos nos levantamos mojados…
—No lo hacía últimamente —le confirmó Draco—. Me pasaba un poco como a ti este último par de años: la guerra mataba cualquier deseo que no fuese el de sobrevivir. Pero cuando empecé a desarrollarme, en una época en la que todavía no había señores tenebrosos a los que servir, sí lo hacía, como cualquier adolescente sano.
—Yo… —Harry se sonrojó con tristeza al percatarse de todo lo que había dejado de disfrutar durante aquellos años.
—Tú no eras un adolescente sano, Potter. Los adolescentes sanos no pelean contra magos tenebrosos —dijo Draco, tratando de alejarle ideas raras de la cabeza.
—Tienes razón.
—Hubo un momento en que el que yo también estaba más preocupado por sobrevivir a esa mierda de guerra que en comportarme como un adolescente normal —continuó Draco—. Cuando acabó, no tenía deseo alguno, creo que por el trauma. Luego llegaste tú y estaba cachondo todo el tiempo, pero estábamos juntos, ya sabes, aunque no fuese oficial, y me gustaba que estuviésemos así, aunque implicase levantarse mojados. Era excitante.
—Era un fastidio —dijo Harry arrugando la nariz.
—Era excitante —insistió Draco—. Una especie de anticipación de lo que podría estar por venir. Quítate los calzoncillos, venga —le ordenó de nuevo.
Harry le obedeció, quitándose el bóxer y tumbándose bocarriba. Draco retiró la sábana hacia atrás y se situó entre sus piernas, que abrió para poder arrodillarse con comodidad.
—Si algo te incomoda, me lo dices, ¿vale?—le indicó Draco, mirándole con intensidad.
Harry asintió, nervioso. Se sentía expuesto y vulnerable desnudo delante de Draco que, además, lo estaba observando con atención y un brillo de deseo y excitación en los ojos.
—Eres muy guapo, Harry.
—Ya me lo has dicho, pero me gusta que lo vuelvas a hacer. Tú también eres muy guapo. —Draco debió notar el nerviosismo en su voz, porque se inclinó y le acarició el pecho, igual que antes, deteniéndose en los pezones.
—Tranquilo, Harry. Sólo relájate y si algo no va bien, dímelo y pararé —insistió Draco.
Paseó las manos una vez más por el pecho de Harry, bajando lentamente hacia su abdomen y siguiendo la línea del hueso de la cadera. Con temor a saber qué podría opinar Draco de su pene, observó atentamente su reacción, pero Draco lo miraba golosamente, mordiéndose el labio y sonriendo con placer. Cuando lo agarró, Harry echó la cabeza hacia atrás con un suspiró, sobrepasado por la sensación.
—Se… siente… genial… —jadeó al sentir que Draco empezaba a mover la mano de arriba abajo lentamente.
El placer que sentía le inducía a cerrar los ojos, pero Harry se decidió a mantenerlos abiertos, mirando a Draco sin perderse ningún detalle, recreándose en su torso y en su rostro. Draco le devolvió la mirada con los ojos empañados de cariño y Harry se sintió arropado, notando cómo su vergüenza desaparecía a cada segundo que pasaba. Draco le soltó el pene y se llevó la mano a la boca, escupiendo en ella, antes de volver a agarrárselo, extendiendo su saliva por el glande, lubricándolo.
—Para facilitar el roce —le explicó Draco cuando le vio la cara de sorpresa—. Voy a hacer algo que creo que te gustará, pero si no es así o voy demasiado rápido, párame.
Harry asintió, totalmente confiado, abandonándose a la sensación de urgencia que le atenazaba los testículos. Draco bajó la otra mano precisamente hasta ellos, cogiéndolos y masajeándolos, jugando con ellos entre los dedos. Dejándolos caer suavemente, bajó la mano todavía más y Harry notó que uno de los dedos de Draco se deslizaba por la hendidura de su culo, llegando hasta el ano en una caricia similar a la que habían hecho antes, pero más pausada.
Más curioso que inseguro, Harry se preguntó si, a pesar de lo que había dicho antes, pretendía avanzar tanto de golpe, pero Draco no fue más lejos. Se limitó a seguir masturbándolo con una mano, aumentando la velocidad poco a poco, con movimientos largos y firmes, mientras con el dedo que tenía entre sus glúteos frotaba suavemente su ano en una caricia placentera pero sin más pretensiones.
A pesar de que se había propuesto no hacerlo, Harry volvió a dejar caer la cabeza sobre la almohada y cerró los ojos, sintiendo como un cúmulo de placer blanco estallaba detrás de sus ojos, presionando en su abdomen. El orgasmo llegó, potente, y espesos hilos de semen salieron en una interminable sucesión de chorros. El primero fue tan potente que cayó en su ojo derecho, cruzándole parte de la cara. El segundo llegó hasta el pecho. Los demás perdieron fuerza, formando un pequeño charco en su abdomen alrededor del ombligo.
—Guau… —suspiró Harry cuando por fin consiguió recobrar el aliento, sintiendo que las piernas le temblaban de emoción.
—Es la segunda vez que dices eso hoy, Potter —bromeó Draco dejando de mover la mano paulatinamente cuando Harry terminó de correrse. Siguió tocándole el culo un poco más, algo que Harry agradeció, pues se sentía muy bien—. ¿Ha estado bien?
—Ha estado genial, ha sido… —No encontró palabras para describirlo—. Guau…
—Me alegro. —Harry abrió el ojo que no tenía manchado y vio a Draco mirándole todavía con aquella expresión de cariño y sintió que, a pesar de lo que le había dicho a Hermione, Draco no sólo le gustaba. Era más bien que estaba comenzando a enamorarse de él—. ¿Te atreves a devolverme el favor? —le preguntó Draco con un guiño sugerente antes de añadir—: No tienes por qué decir que sí, puedo hacerlo yo solo si no te apetece y no te molesta que lo haga.
—¡Claro que quiero! —se apresuró a contestar Harry, incorporándose sobre los codos.
—Espera un momento —le indicó Draco, inclinándose para coger una de las camisetas que se habían quitado un rato antes.
Con mimo, se inclinó hacia Harry y le limpió la cara, el pecho y el abdomen con la camiseta, convirtiéndolo en una caricia sensual y relajante al mismo tiempo, tirándola al suelo cuando terminó. Harry se levantó, impaciente por hacerle sentir a Draco lo mismo que le había hecho sentir a él.
—¿Puedo hacerte lo mismo que me has hecho a mí? —preguntó Harry con un poco de timidez, pero decidido a hacer que Draco sintiese un placer idéntico al suyo.
—¿Lo del culo? Sí quieres, sí. —Draco ocupó su sitio, poniéndose bocarriba.
—Quiero que te guste tanto como a mí —dijo Harry, tragando saliva e intentando recordar todo lo que Draco le había hecho a él. Draco le sonrió y Harry se sintió un poco más seguro.
—Sólo el hecho de que me toques va a ser fabuloso, Harry. Puedes tocar lo que quieras y como quieras, créeme que disfrutaré —contestó Draco. Harry sintió el pecho lleno de emoción al oírle confiar así en él y asintió, colocándose entre las piernas de Draco igual que había hecho él.
Empezó acariciándole el pecho y pellizcándole los pezones. Draco se estremeció de placer y Harry sonrió complacido, espoleado por sus suspiros.
—Creo que me va a resultar difícil mantener las manos lejos de ti —le dijo Harry en voz baja.
—Tampoco es que las hayas apartado mucho durante estas semanas —se burló Draco.
—Tienes razón —admitió Harry con una carcajada—. Pero ahora te voy a toquetear tanto que me va a dar miedo que te desgastes.
Harry examinó el pene de Draco con atención antes de cogerlo, evaluándolo. Era la primera vez que veía uno que no fuese el suyo y no había sabido qué esperar. Decidiendo que le parecía muy bonito y que el vello rubio oscuro que lo rodeaba contrastaba genial con la palidez de su cuerpo y el dorado del resto del pelo que le cubría, lo cogió con la mano y disfrutó de la textura suave y esponjosa de su tacto. Levantó la vista y descubrió en la mirada de Draco la misma preocupación que había sentido él unos minutos antes.
—Tienes una polla muy bonita —le felicitó Harry con una sonrisa sincera.
—Tú también —replicó Draco, mordiéndose el labio antes de gemir con placer cuando empezó a mover la mano igual que él.
Le acunó los testículos con suavidad, antes de introducir el dedo corazón entre sus nalgas, buscando el pequeño agujero que tanto placer le había dado a él. Presionando con cuidado, Harry hizo vibrar la yema del dedo contra él, haciendo que Draco gimiese más alto.
—Saliva —le indicó Draco con voz sollozante.
Harry se apresuró a escupirse en la mano y extender la saliva por el glande, repitiendo el movimiento envolvente cuando vio que Draco se estremecía de placer, doblaba las rodillas hacia arriba para facilitarle las caricias en el culo y se mordía los labios.
—Más rápido —suplicó Draco—. Harry, más rápido.
Le obedeció, comenzando a masturbarle con movimientos rápidos e intentando acompasarlos con el movimiento del dedo sobre su ano, que empezó a deslizar en espirales que acababan justo en el centro del agujero.
—Empuja un poco con el dedo, sólo un poco —le pidió Draco entre gemidos jadeantes—. El del culo, empuja… —Se corrió con un grito largo cuando, al hacerle caso Harry y empujar el dedo contra su ano, este se deslizó medio centímetro dentro con cierta facilidad. Sólo había entrado la punta, ni siquiera hasta la altura de la base de la uña y, cuando Draco apretó al culo al correrse, el dedo resbaló de nuevo hacia fuera, pero Draco parecía extasiado—. ¡Sí! Perfecto —suspiró complacido.
Harry siguió masturbándole, despacio, un poco más. Sin retirar el dedo, consciente de que a él le había gustado que Draco lo dejase ahí un poco más, echó mano de la otra camiseta y empezó a limpiarle el pecho y el abdomen con el mismo cuidado que Draco había puesto en él. Cuando terminó, secándose las manos con la camiseta, la tiró a un lado y se dejó caer encima de su cuerpo. Draco se removió, alcanzando las sábanas que habían retirado y cubriendo el cuerpo de ambos antes de abrazarle con un suspiro de satisfacción.
—¿Ha estado bien? —preguntó Harry con un susurro inseguro.
—Ha sido lo mejor del mundo —contestó Draco con voz somnolienta.
—Me alegro, porque me gustaría que quisieras repetir.
—En cuanto nos despertemos, te lo prometo —dijo Draco en un murmullo complacido—. Porque realmente espero que cumplas tu promesa de no apartar las manos de mí. Que sigas abrazándome y acariciándome cuando te apetezca. Me gustaba antes cuando no nos corríamos y me gusta más ahora, así que espero que sigas haciéndolo.
Harry buscó los labios de Draco una vez más, pensando que no iba a cansarse nunca de besarlos. Este le correspondió durante unos segundos antes de volver a suspirar con satisfacción. Harry oyó cómo su respiración se estabilizaba y, con la oreja pegada en el pecho de Draco, cómo su corazón bombeaba a un ritmo cada vez más tranquilo. Feliz, se abandonó al sueño y se quedó dormido.
