Digimon tamers no me pertenece.
BUFANDA
(Sentimientos del corazón)
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– Me gustas... me gustas mucho, yo...
La jovencita que escuchaba aquellas palabras no hizo más que suspirar de cansancio, ésta era la tercera declaración en una semana y a decir verdad ya estaba fastidiada de oír balbucear a esos chicos que ni de chiste le interesaban. Cerró los ojos y sin sentir ningún tipo de lástima ni emoción alguna, abandonó el lugar dejando al joven con las palabras en la boca y demasiado triste al ser rechazado por la chica más hermosa e inalcanzable de todo el instituto.
Con diecisiete años, Rika Nonaka empezaba a desarrollarse de una manera increíble, sus facciones de niña iban desapareciendo, dando paso al de una joven de belleza indomable pero con una actitud excesivamente fría. Todos estaban al tanto de su temperamento; orgullosa, de carácter fuerte y algo ruda, solo los más valientes se atrevían a encararla, se le declaraban y terminaban con el corazón roto; por ende, muchos de sus compañeros empezaron a murmurar que la chica no tenía ningún tipo de sentimientos. Lo que ellos ignoraban es que aquella pelirroja únicamente tenía ojos para un joven castaño, de piel bronceada, ojos azules y sumamente guapo; sin embargo su orgullo le impedía abrirse ante él, escondiéndose detrás de su faceta ruda. Solamente su mejor amiga Juri Katou se percataba de ello, era más que obvio, y por más que la joven Nonaka lo negara, su actitud decía todo lo contrario.
– Y luego Takato... ¿Rika?
La pelirroja se había quedado parada frente a un aparador observando detalladamente una hermosa bufanda roja, sabía que a Ryo le encantaban esos accesorios y con el invierno a cuestas no estaba demás otra para su colección.
– Pronto será el cumpleaños de Ryo – susurró al aire sin tomar en cuenta que Juri se encontraba con ella.
– Es cierto, cumple veintiún años ¿Verdad? ¡Wow! ¿Y qué le piensas regalar? Dime.
– ¿Que?
– Oh vamos, Rika, no te hagas la desentendida conmigo. Admítelo, andas que suspiras por él. Y como no, si el hombre se ha convertido en todo un adonis.
– ¡De qué diablos hablas! ¿Suspirar por ese? ¡No digas tonterías! – refunfuñó molesta, no le quedó de otra que seguir su camino para que no se diera cuenta del sonrojo en sus mejillas.
La joven Katou rio por lo bajo, era tan testaruda. Ya estaba acostumbrada a esa forma de ser de ella y siendo honesta también algo aburrida de escuchar siempre lo mismo. Apreciaba a Rika y también a Ryo y no permitiría que por la actitud huraña y aniñada de su amiga se perdiera del hermoso sentimiento de amar ¿Sería correcto decírselo? ¡Por supuesto! Le diría lo que sus ojos presenciaron hace unos días; aunque le doliera le hablaría con la verdad. Sería el empujoncito perfecto que necesitaba para actuar de una vez por todas.
– Rika... – se animó, hablándole seriamente – ¿No crees que ya es tiempo de dejar tu orgullo atrás y admitir que estás enamorada? – la susodicha se detuvo en seco.
– No sé de qué hablas.
– Si lo sabes... ¿No te has puesto a pensar que él puede estar interesado en otra? – Juri de reojo detectó el pequeño respingo que dio – No quise contártelo pero he escuchado rumores, al parecer está saliendo con una chica de su clase – la pelirroja dejó de respirar por unos segundos ¿Sería cierto? Imposible.
– Me negué a creerlo, sin embargo el otro día lo vi muy a gusto con ella y los vi... los vi... ¡Los vi besarse! – Rika apretó los puños abriendo desmesuradamente los ojos ¿Los vio que? – No sé si llegaron a formalizar, lo dudo, conociendo a Ryo...
– Él puede hacer lo que le venga en gana. No es mi asunto – le cortó amargamente.
La castaña harta de su comportamiento se desesperó.
– ¡Rika, ya basta! ¡Deja de negar tus sentimientos! De seguir así, él se cansará, créeme. No esperes a que se refugie en brazos de otra, él también gusta de ti ¿No te das cuenta? ¿Por qué eres tan terca?
A esas alturas la voz de Juri era un eco, no pudo soportar seguir escuchándola y comenzó a correr hasta desaparecer de la vista de su amiga. Katou no hizo más que suspirar con desgano.
– Ay, amiga, yo lo único que quiero es que seas feliz.
Ryo llegó agotado a su apartamento, ser instructor en un gimnasio y estudiar ingeniería en sistemas era algo cansado pero le gustaba, aparte la independencia le daba sus ventajas. Es cierto, dentro de unos días cumpliría veintiún años, aunque no tenía muchas ganas de celebrarlo, que importaba cumplir la mayoría de edad. Para él, el vivir solo y pagar sus propias cosas ya era común desde los dieciocho.
Se desplomó en el sofá después de haber picado lo que encontró en el refrigerador, no tenía mucha hambre que digamos. Su mente era un remolino de emociones que no lo dejaban pensar con claridad, estaba confundido. Sacó su celular e instantáneamente la imagen de cierta pelirroja inundó sus ojos, no pudo evitar suspirar. Rika admirando caer los pétalos de cerezos en flor era un espectáculo digno de apreciar, capturó ese momento en primavera sin que ella se diera cuenta. Desde que tenía catorce quedó prendado a esa chiquilla, al principio pensó que eran sus hormonas de adolescente pero con el paso de los años se dio cuenta que le gustaba mucho, no que va ¿Gustar? Estaba enamorado, de inmediato cerró los ojos como si doliera, él estaba enamorado ¿Pero ella? su comportamiento para con él dejaba mucho que desear. Es cierto que le encantaba hacerla rabiar, así tenía la dicha de admirar esa mirada felina que siempre le cautivaba; sin embargo, últimamente se comportaba de una manera muy agresiva con él y para ser sincero estaba cansado de sus insultos.
Para colmo de males había una chica muy linda en su clase que gustaba de él. Alta, delgada, ojos azules, piel blanca y con un largo cabello negro ¿En qué momento entabló amistad con ella? Ni siquiera reparó en ello, simplemente por ser tan sociable, aquello se volvió costumbre, no fue hasta que dio cuenta que se la pasaba bien a su lado, a tal grado que llegó a olvidarse por un instante de Rika y terminó por besar a esa joven.
¡Tonto! ¡Mil veces tonto! ¿Por qué lo hizo? Bueno, si lo pensaba bien, nada costaba intentarlo; aunque... ¿Sería capaz de olvidar su amor por aquella pelirroja que habitaba en lo más profundo de su corazón? Una sonrisa triste adornó su rostro, la respuesta era obvia, por eso aún no tenía en claro lo que le diría a Naoko; así se llamaba la chica, porque muy en el fondo tenía la esperanza de que su reina fuera en su rescate.
Ingresó corriendo a su habitación azotando la puerta, no quería interrupciones, ni de su madre ni de su abuela. Botó todo lo que tenía en su mesita, colocando en seguida una preciosa tela polar roja, la textura era tan suave y calentita. Después de escuchar las fuertes palabras de Juri, fue directamente a la tienda de telas. Estuvo tentada a no hacerlo; es más, estuvo tentada a echar todo por la borda, el cumpleaños de Ryo, su regalo, su tonta noviecita, sus sentimientos por él...
Si, lo confesaba, estaba enamorada de Ryo Akiyama y no permitiría que una cualquiera se lo arrebatara ¿Quién se creía esa al intentar desplazarla del lugar que por ley le correspondía? Bueno, no es que fuera su novia ni nada por el estilo pero igual no lo consentiría. Estaba decidida, Rika no perdía ni una batalla y ésta definitivamente no la iba a perder. Presurosa puso manos a la obra, contaba solamente con tres días. Ryo tendría un cumpleaños inolvidable.
– ¡Feliz cumpleaños! – corearon un grupo de jóvenes de diferentes edades. Una fiesta sorpresa, no se lo esperaba.
Todos sus amigos se encontraban ahí, tanto los de ingeniería, como sus amigos tamers: Takato, Henry, Juri, Hirokazu, Kenta... A Rika no la divisaba entre el grupo, se entristeció por ello. De repente, unas suaves manos cubrieron sus ojos y por un segundo pensó en ella, pero se desilusionó, Rika no demostraba ese tipo de afecto en público, además de que el tacto de su piel no era el mismo.
– Feliz cumpleaños, Ryo.
– Ah, Naoko, gracias – Juri observó con tristeza el efusivo abrazo por parte de aquella mujer y el pequeño beso en los labios que sorprendió al castaño.
Admitía que hacían bonita pareja, tenían la misma edad, bien parecidos, los más populares entre sus compañeros de la universidad y seguramente la tal Naoko se preguntaba que hacían unos niñatos de diecisiete años en una fiesta de universitarios.
"Rika ¿Dónde estás?" pensó apesadumbrada la joven Katou. A su lado, Takato estaba ajeno a los pensamientos de su novia, platicando animadamente con Henry y los demás.
– Malditos tacones – farfullaba corriendo.
A mera hora se le ocurrió ponerse unos botines con medio tacón ¿Quién iba a imaginar que, precisamente la ruta que la llevaría a casa de Ryo se encontraba fuera de servicio por reparaciones? Menuda suerte. Tanto esmero en su arreglo para nada, el viento se encargó de estropearlo mientras corría velozmente a su destino. Igual no se iba a rendir, pensó en Akiyama y su encantadora sonrisa, lo maldijo mil veces por ser tan arrebatadoramente sexy. Rogaba con que no fuera demasiado tarde, al mismo tiempo en que se aferraba al pequeño paquete en sus brazos. Con eso en mente, aceleró sus pasos.
Demasiado agitada llegó al apartamento de Ryo, la música y el barullo se escuchaba de fondo en aquel edificio. Su corazón martilleaba una y otra vez, no por la carrera recién sino por lo que estaba a punto de hacer. Se acomodó un mechón de cabello rebelde detrás de su oreja e inhaló y exhaló aire. Decidida se dispuso a tocar el timbre cuando escuchó su varonil voz.
– Pensé que no vendrías – dijo sorprendido y sorprendiéndola al mismo tiempo. Al verla sin decir palabra continuó – Fui al súper a traer más bebidas, quería salir un rato. Tantos abrazos me estaban ofuscando.
– Ya veo que sí – quiso actuar normal pero los nervios le estaban ganando.
– ¿Quieres dar una vuelta? – preguntó dudoso, podía sentir la tensión en el aire. Ella asintió y le pidió que lo esperara un momento. Justo cuando el castaño salía nuevamente, alcanzó a ver a Juri desde la ventana haciéndole una seña de "Tú puedes". Le sonrió, ya después le agradecería.
Los dos no tardaron en llegar a un pequeño parque que se encontraba a una cuadra del apartamento de Ryo, se hallaba vacío y únicamente el sonido de algunos coches se alcanzaba a distinguir. El castaño detuvo sus pasos dispuesto a hablarle seriamente, odiaba sentirla distante. La vio y se dio cuenta del tiritar en su cuerpo.
– ¿Tienes frío? Si quieres podemos regresar.
– No te preocupes, estoy bien – la joven Nonaka mintió.
Si hacía demasiado frío, más sin embargo no tenía deseos de regresar a la fiesta, intuía que él tampoco. Lo observó apenada, los faroles alrededor alumbraban tenuemente sus facciones masculinas un tanto acongojadas.
– Yo... – comenzó a hablar – Sé que últimamente me he mostrado agresiva contigo.
– No tienes que decir nada, en parte también tengo la culpa por provocarte. No lo haré más si eso te molesta.
Rika se sorprendió por el tono frío de su voz, nunca le había hablado así. Es cierto que le exasperaba su forma de tratarla, venerándola como si fuera una diosa, comportándose como un tonto enamorado. Por eso se escudaba, porque le asustaba exteriorizar esa parte blanda. Era lindo tener a alguien que se desviviera por ella, pero ¿Y si desaparecía algún día? ¿Si se enamoraba y la dejaba por otra? Eso simplemente no lo soportaría, es más, no soportaría escuchar de sus propios labios que ya tiene novia mientras ella perdía el tiempo ofendiéndolo.
El castaño se lamentó ante lo dicho, no quería ser rudo con ella, no podía enojarse con ella pero no pudo evitarlo, sus sentimientos también contaban. Entonces la observó de pies a cabeza, no se había percatado de su atuendo, vestía un suéter de lana de cuello largo rosa, el abrigo negro, los pantalones ajustados del mismo color y los botines de tacón le daban un toque muy femenino, el cabello lo llevaba suelto y ninguna gota de maquillaje, no lo necesitaba. Era tan bonita. Se percató entonces del pequeño paquete que no dejaba de apretar y con temor se atrevió a preguntar.
– ¿Para... mí? – la chica reaccionó inmediatamente y le alcanzó el obsequio sonrojada, no podía articular palabra.
– ¿Puedo abrirlo? – Rika simplemente asintió.
Con manos temblorosas, Ryo comenzó a abrir cuidadosamente el regalo pulcramente decorado. De su interior extrajo un pedazo de tela roja que se sentía muy suave ¿Una bufanda? La contempló por unos segundos, en la parte inferior tenía bordado su nombre completo en hilo dorado, adornado de una pequeña figura en forma de corona en la esquina superior de la "o", también alcanzó a distinguir las iniciales RN en letras más pequeñas, adivinando enseguida que eran las iniciales de ella.
– Acaso tu...
– Quería darte algo hecho por mí misma y que mejor que una bufanda, se lo mucho que te gusta coleccionarlas.
– Rika... – Ryo se mostraba extasiado. Su reina, la chica de quien estaba profundamente enamorado le obsequió algo hecho por sus propias manos. No tenía idea de ese talento suyo, iba a atesorar esa bufanda por siempre – Gracias, es el mejor regalo que he recibido – le agradeció mientras se colocaba el presente, ese pequeño detalle le confirmaba lo que tanto anhelaba, ella sentía algo por él y no iba a desaprovechar esta oportunidad.
Despacio, fue acercándose a la pelirroja, ansiaba abrazarla y besarla, aunque si hacía eso ultimo probablemente recibiría un par de impropios, inclusive una sonora bofetada. Sin embargo, no contaba con que Rika se le adelantase, Ryo se paralizó al tenerla tan cerca y oler el delicioso perfume que desprendía su cuerpo.
Sin previo aviso y sin darle tiempo de reaccionar, la joven tomó el rostro del muchacho. Era ahora o nunca, si no lo hacía se lamentaría toda la vida. El castaño no previó lo que vendría, abrió desmesuradamente los ojos al sentir el tacto de esos labios tibios en los suyos, eran tan suaves. Si esto era un sueño no quería despertar, se sentía en las nubes. Instintivamente colocó sus manos en la cintura de ella, había besado otras veces pero sentir esos labios, sentir a Rika temblar bajo su tacto era indescriptible.
Por otro lado, Rika no podía describir la sensación que experimentaba en ese momento. Eran tantas emociones ¡Por kami! Su primer beso. Ni en sus más locos sueños se imaginó a Ryo protagonizar tan inesperada escena, ni que ella se atreviera a hacerlo. Se separó lentamente aún con el sabor de su boca, sus alientos chocaban dejando escapar pequeñas volutas de vaho. Ryo juntó su frente con la de ella, estaba sonrojada y esos ojos... esos increíbles ojos brillaban más que nunca. La joven estaba por decir algo, cuando él se lo impidió posando un dedo en su boca.
– Te amo – susurró el joven. Le sonrió y de nueva cuenta volvieron a juntar sus labios, esta vez con más ímpetu.
El moreno simplemente olvidó todo a su alrededor, sus amigos, su fiesta de cumpleaños, Naoko. Para él, únicamente existía Rika, la joven pelirroja que suspiraba entre sus brazos. Este cumpleaños no lo olvidaría nunca, lo atesoraría por siempre en su memoria.
La nieve empezó a caer anunciando la llegada del invierno pero para los dos, fue la llegada de una nueva etapa por iniciar en sus jóvenes vidas ¿Qué les depararía el futuro? "Quien sabe", pensaba la pelirroja abrazándose fuertemente a él. Pero de algo estaba segura, deseaba estar siempre a lado y en los protectores brazos de Ryo Akiyama.
Fin.
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Pequeño one shot meloso que se me ocurrió. Mil gracias a Zu y guest por sus comentarios. Zu, por lo mismo de que no hay casi fics de esta pareja me atreví a subir estas mini historias.
Gracias por leer.
