Digimon tamers no me pertenece.


FERIA

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– ¿Se puede saber qué haces aquí, Akiyama? – preguntó una molesta Rika al ingresar al comedor de su casa. No se esperaba encontrar al chico muy quitado de la pena disfrutando de una refrescante bebida que muy probablemente su abuela le había ofrecido.

– Hola, Rika – le saludó muy animado el castaño – al parecer alguien no se levantó de buen humor hoy.

– Aishhh – se quejó la pelirroja hincándose en el tatami – Para empezar ya pasamos más de medio día. Y sí, estoy de malas, no sé a quién diablos se le ocurrió impartir clases los sábados.

El tamer legendario simplemente sonrió, le encantaba esa forma de ser de ella. Tan fiera y orgullosa.

– Precisamente por eso estoy aquí – la chica alzó una ceja temiendo un plan que la involucrara a ella – Te invito a la feria que se instaló a un lado del parque – lo que faltaba, Ryo era muy predecible, aunque no dejaba de sorprenderla.

– ¡Ni loca! mis planes son quedarme acostada lo que queda de la tarde, estoy exhausta. Ve a invitar a Hirokazu, seguro él sí querrá ir contigo.

– ¿A Hirokazu? – Ryo parpadeó los ojos y con una sonrisa traviesa en sus labios agregó – Me ofendes, no soy de esos. Yo prefiero a una pelirroja salvaje de ojos violetas que gusta hacerme la vida de cuadritos.

Rika ladeó la cabeza un tanto sonrojada ¿Qué se creía este? Venir a su casa y empezar a decir tonterías, tonterías que a veces la dejaban sin habla. Lo mejor era aceptar su invitación, de lo contrario lo iba a tener toda la tarde ahí, fastidiándola.

– Ni hablar, iré contigo. Solo porque no tengo nada que hacer pero no intentes nada raro ¿Queda claro?

– Como el cristal.

Ryo festejó por dentro, no era un secreto que le gustaba mucho esa niña temperamental.

– ¡Abuela, voy a salir! ¡No tardo! – gritó encaminándose a la salida.

– Con cuidado – Seiko sonrió al asomarse y ver a su nieta salir energúmena con ese muchacho. Le caía muy bien Ryo, era perfecto para su nieta, se notaba a leguas la atracción entre ellos.


La feria se encontraba llena de gente de todas las edades, adultos, jóvenes, niños, familias enteras, ruido por todas partes, luces de colores, adornos... A Rika le exasperaba demasiado todo ese alboroto. El castaño de inmediato la tomo de la mano y se dirigieron al puesto del tiro al blanco, quería impresionarla con su excelente puntería.

– ¿Qué crees que haces?

– Quita esa cara, estamos aquí para divertirnos – la joven no le quedó de otra más que seguirlo, entre más pronto terminara esto, regresaría a la comodidad y tranquilidad de su hogar.

Llegaron a un puesto de peluches y otras baratijas, donde Ryo rápidamente pidió ser atendido. Con destreza apuntó concentrado al blanco, tenía en mente obsequiarle el peluche amarillo en forma de zorro que llamó su atención desde que lo vio, estaba seguro le gustaría, especialmente porque se parecía a Renamon en su etapa bebé, Viximon. Hacía cuatro años que sus amigos digimon regresaron al digimundo y aún los extrañaban, así que le daría una bonita sorpresa.

La joven Nonaka estaba atenta a los movimientos de su amigo, no creía que el chico lograse atinarle a la primera, aunque siendo Ryo Akiyama el tamer legendario, cualquier cosa podría pasar. Un disparo falso se escuchó y el grito de emoción de varias niñas la aturdió.

¿De dónde rayos salieron? se preguntó molesta al verlas. A la primera oportunidad el joven dio en el blanco, aunque a la chica no le pasaba desapercibido la cara de bobas de aquellas niñatas.

"Locas" pensaba ella un tanto enojada.

– Para ti – la voz del castaño le hizo girar la cabeza, sorprendiéndola con un peculiar peluche en sus manos.

– Esto es...

– Vamos acéptalo. Sé que lo quieres, no seas tímida.

– Tonto – susurró con el ceño fruncido aceptando el muñeco, en seguida su semblante se suavizó – Gracias – Ryo pudo apreciar una pequeña sonrisa en su rostro, aquel gesto le alegró y agitó su corazón.

– Vamos que esto aún no termina.

Las ahí presentes no pudieron evitar entristecerse al percatarse de que aquel chico tan guapo tuviese novia.

Los jóvenes recorrieron varios puestos de atracciones, admiraron actos de magia callejera, disfrutaron de algunos juegos típicos japoneses, comieron algodones de azúcar y diferentes alimentos hasta saciarse. Cualquiera que los viera pensaría que estaban en una cita, su primera cita. Cosa que no era cierto pero a quien le importaba, solamente ellos sabían lo que hacían.

Por alguna extraña razón, Rika ya no se sentía incomoda, al contrario de lo que pensaba, estar con Ryo le esfumó la molestia generada por las clases en sábado, inclusive no era tan malo convivir con él. Lo observó por un momento, sus facciones relajadas, siempre con una sonrisa en el rostro, totalmente despreocupado ¿Cómo podía tener esa expresión a diario?

– Mira allá – señaló contento Ryo sacándola de sus pensamientos – Ven tomémonos unas fotos de recuerdo – la reina no objetó, por primera vez admitía que se la estaba pasando bien a su lado.


– ¿Sabes cómo funciona esta cosa? – le preguntó curiosa cuando ingresaron al fotomatón*

– Oye, soy Ryo Akiyama. Sé cómo funcionan muchas cosas.

– Seguramente con tantas niñas pululando alrededor de ti ya sabrás de sobra demasiadas cosas.

– ¿Acaso estas celosa?

– ¿Celosa? Ya quisieras, no te creas el centro del universo porque estoy contigo...

– ¡Sonríe! – el chico le cortó abrazándola alegremente y no tardó ni un segundo en hacer gestos graciosos, contagiando enseguida a su amiga. Al momento que la maquina terminó, Rika sacó una moneda de más, otra ronda de fotos no estaría mal, se vengaría por interrumpirla.


– ¿Te estas divirtiendo? – preguntó Ryo después de salir del fotomatón.

– Debo reconocer que tienes un don, Akiyama – le sonrió guiñándole un ojo, siguiendo su camino.

El castaño no pudo disimular la cara de asombro ¿Acaso fue eso un cumplido? Vaya... Además presenciar a Rika sonreírle era algo inusual, sin duda alguna la invitaría a salir más a menudo.

– Mira – esta vez fue la pelirroja quien habló apuntando con la mirada la rueda de la fortuna.

– Subamos – mencionó sosteniendo su mano, Rika ni se inmutó siquiera. Tenía tantas ganas de subir a ese juego que ni tomó en cuenta la acción del castaño.

Una vez adentro se dedicaron a observar en silencio las luces de la feria y de algunos edificios que se mostraban majestuosos a lo lejos en la negrura de la noche. La pelirroja contemplaba asombrada la vista pero a la vez con nostalgia, en cambio Ryo la contemplaba a ella, notó entonces los pequeños cambios en las facciones de su rostro, no la acosaría con preguntas, no era el momento, el tiempo se encargaría de hacerlo. Mientras, se conformaría acompañándola, al fin y al cabo no fue un día perdido. Obtuvo lo que quería, verla y salir un rato con ella, además de sacarle una sonrisa y alegrarle la tarde después del fastidioso día que tuvo.


– Hemos llegado. Sana y salva a su morada, mi reina.

– No seas ridículo – calló un momento apretando un poco más el peluche en sus brazos – Gracias, fue divertido – le dijo sinceramente la pelirroja.

– Cuando quieras, siempre es un placer... Nos vemos – Ryo se despidió agitando la mano mientras se alejaba, cuantas ganas de darle un beso en la mejilla pero no se atrevió, iría despacio con ella. Aún era una chica de secundaria y el apenas un joven recién ingresado en la universidad. Ya habrá tiempo.

Rika lo observó irse hasta que se perdió en la oscuridad de la noche.

– ¡Ya llegué! – se anunció entrando a su hogar. Su abuela ya la esperaba en el recibidor.

– ¿Cómo te fue?

– Me la pase bien ¿Y Rumiko?

– Tu madre habló recién. Llegará tarde ¿Tienes hambre?

– No gracias, estoy llena – Seiko la miró con tristeza, sabía que a su nieta le afectaba el hecho de que su madre llegase tarde. No la quiso contradecir.

– No te desveles, descansa, Rika.

– Gracias abuela, igualmente.

La chica ingresó a su cuarto desplomándose en su futón, estaba cansada que ni ganas le dieron de cambiarse de ropa. Contempló el pequeño zorro y sonrió, lo abrazó fuertemente a su pecho recordando lo sucedido, inmediatamente saco la tira de fotografías capturadas esa misma tarde. Por kami, que ridículos se veían pero valió la pena cada segundo esa salida.

Por otro lado, Ryo se hallaba recostado en su cama, su habitación estaba en penumbras, solo la luz de la luna lo alumbraba contemplando aquellas fotografías, no dejaba de mirar la figura de su pelirroja amiga. Sonrió divertido, esa chica era una caja llena de sorpresas, una caja que él estaba dispuesto a descubrir, con más razón trataría de ganarse su confianza y más que nada su corazón. Palabra que lo haría.

Fin

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*Fotomatón: es una cabina automática para obtener fotografías de forma instantánea.

Agradezco a Once L por su review me alegra que te gusten estas mini historias c: igual agradezco a Zu por estar al pendiente c: también agradezco a los que leen en silencio.

Saludos.