Digimon tamers no me pertenece.


PARAISO

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Advertencia: Este one shot contiene lemon, escenas no aptas para menores de edad.

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El sonido de la regadera interrumpió el placentero sueño de una joven pelirroja acostada en el enorme futón matrimonial ¿Quién osaba despertarla tan temprano? A duras penas el alba se asomaba entre el delgado shoji entreabierto. Gimoteó molesta y se dio la vuelta volviéndose a dormir, la suave brisa que se colaba por el shoji acariciaba su desnuda espalda descubierta por la acción recién hecha pero ni siquiera aquella caricia la despertó de su profundo sueño. Estaba agotada, después de una agitada y apasionada noche ¿Quién no lo estaría?

En el umbral de la puerta del ofuro se hallaba recargado un atractivo moreno con una sonrisa adornando su varonil rostro. Observaba con detalle a la mujer que en esos momentos dormía, no podía apreciar demasiado ya que aquel fantástico cuerpo que recorrió la noche anterior se ocultaba entre las sabanas, únicamente sobresalía su blanca espalda y su brillante cabello rojo. Una chispa de deseo brilló en sus ya oscurecidos ojos y con parsimonia se dirigió a donde descansaba su amada, deshaciéndose de la toalla enrollada en sus caderas, unas cuantas gotas resbalaban por su fornido cuerpo dándole un aire demasiado sensual.

No tardó ni un segundo en acurrucarse junto a ella, aspirando el dulce aroma natural de su piel mezclado con el suyo y el suave perfume de ella. Empezó a recorrer con húmedos besos esa apetecible espalda, como deseaba volver a perderse en el cuerpo de su mujer. Adivinando sus pensamientos, la joven esposa despertó somnolienta pero sonriendo, y en pocos minutos ya se encontraba encima suyo, cabalgándolo. Jadearon al mismo tiempo y de nueva cuenta sentían el placer al ser uno solo en cuerpo y alma, tal como la noche anterior donde dieron rienda suelta a su pasión, no una, sino varias veces hasta que juntos alcanzaron el cielo cayendo exhaustos y satisfechos.

Flash back.

Entre risas y besos furtivos, Ryo y Rika se encaminaban a lo que sería su paraíso personal por dos semanas.

¿Qué haces?

Es la tradición, mi reina.

Con delicadeza, el rey digimon alzó a su ahora esposa internándose en la suite matrimonial que había reservado para ese gran acontecimiento.

Rika rio divertida colgándose del cuello de su flamante esposo, mientras era ingresada por él en sus brazos. Una vez adentro, se liberó de su agarre estampándole uno de esos besos que sabía lo dejaba embobado por un momento.

Sin desaprovechar esa oportunidad, contempló el sitio decorado a la tradición japonesa, justo como a ella le gustaba, salvo con algunos toques de occidente, se veía tan acogedor e íntimo, ideal para esa ocasión especial. Se dirigió al exterior que daba a una terraza donde se podía escuchar el sonido de las olas del mar. Definitivamente Ryo la sorprendió con el lugar adonde se casarían y pasarían su luna de miel, Kyushu, una de las islas principales del Japón y famosa por sus volcanes activos, sus playas y aguas termales. La posada era pequeña, con pocas habitaciones, una esplendida vista al mar y cada habitación contaban con su propio onsen. Una sonrisa iluminó su rostro, Ryo la conocía demasiado bien, sabía que ella disfrutaba estar en lugares donde la naturaleza predominaba y con poca afluencia de personas. Suspiró enamorada disfrutando de la cálida brisa del mar.

¿Qué hace mi guapa esposa tan sola y sin acompañante? – susurró el joven en su oído abrazándola por la cintura y besando su delicado hombro al descubierto.

A Rika se le erizó la piel al sentir el cálido aliento de su marido y esas gruesas manos acariciando el contorno de sus senos. Habían tenido sus encuentros cuando novios pero decidieron abstenerse por unas semanas antes de la boda. Y ahora, se hallaban aquí, como marido y mujer, dispuestos a hacer el amor como la primera vez, como las veces que le siguieron. Ansiosos, deseosos, expectantes, anhelantes, incluso se encontraban un tanto nerviosos por la nueva etapa que empezaban como pareja.

La joven mujer se dio vuelta y enseguida Ryo capturó sus labios, su hombre se mostraba impaciente por recorrerla toda y ella gustosa le daría ese regalo. Los dos gimieron al profundizar sus besos, degustando cada uno el sabor de su boca y su lengua, que más quisieran arrancarse la ropa ahí mismo pero estaban en el exterior y aunque fuera la terraza y no hubiera un alma alrededor, no querían dar tremendo espectáculo. Poco a poco fueron bajando la intensidad de sus candentes besos hasta convertirlos en pequeños roces cariñosos. Rika apoyó la cabeza en aquel musculoso pecho mientras sentía como los dedos de su rey acariciaban tiernamente su cabello. Luego de eso, sintió la mano de Ryo en su espalda para guiarla al interior de su morada.

Una vez adentro, Ryo no pudo soportar tener las manos alejadas de su linda esposa y de ese cuerpo que le clamaba tocarlo. El precioso vestido de novia fue la primera víctima, era muy bello y Rika se veía hermosa en el pero le estaba empezando a estorbar ya que le impedía tocarla con total libertad. El castaño quedó sin aliento al verla ataviada en un conjunto de lencería muy sexy de encaje, dándose su tiempo en contemplarla. Su cabello rojo caía en cascada resaltando su armonioso rostro, su blanca piel brillaba bajo la tenue luz de la pieza, el delicado sostén le remarcaba generosamente sus pechos y aquella tanga delineaba el valioso tesoro que ansiaba invadir. Toda ella era una beldad ante sus ojos.

¿Te gusta? – habló divertida la pelirroja ante la mirada ardiente de su esposo, bien sabía que su sorpresa lo hipnotizaría.

Ryo salió del trance y sonrió de lado, se acercó ella tomándola de la mano y girándola lentamente. Por unos segundos contempló su redondo trasero, al instante pensó que tendría una hemorragia nasal. Kami, ya no era un crío pero su esposa sacaba la fiera que tenía dentro. De un jalón la pegó a su cuerpo acariciando sus suaves nalgas y pegando su boca a la suya propia.

¿Qué si me gusta? Amor, mira como me tienes – le musitó totalmente excitado.

Rika sentía la poderosa erección que se escondía entre sus pantalones rozarle su plano vientre.

Tu turno – murmuró en su boca.

De a poco la pelirroja fue despojándolo de aquel molesto traje, cada prenda fue quedando en el olvido en algún lugar de la habitación, quedando al fin los dos completamente desnudos.

El castaño la recostó suavemente en el futón besando sus labios, recorriéndola con sus manos, no quería dejar ningún centímetro de piel sin palpar. Fue bajando lentamente hasta llegar a sus senos donde se entretuvo a degustarlos a su antojo. A su vez, la pelirroja le correspondía impaciente, instintivamente abrió las piernas e inmediatamente los dedos de su amado cobraron vida propia, empezando a acariciar los pliegues de su intimidad. Ryo le masajeó suavemente sintiendo como ella se estremecía ante su toque, pronto introdujo un dedo dentro y luego comenzó a acariciar su interior con maestría, la joven dejó escapar un gemido largo y profundo, arqueando su espalda al sentir fuertemente el orgasmo.

Ryo no tardó ni un segundo en acomodarse a sus anchas entre sus piernas, guío su miembro a la intimidad de ella y de una estocada se introdujo en su interior. Para los dos fue inevitable gemir de placer, después de una larga espera nuevamente volvían a unir sus cuerpos, sus mentes, sus corazones, sus almas. Se abrazaron fuertemente iniciando aquella danza que los llevaría a la cúspide del placer.

El tamer legendario no paraba de embestirla, primero lento y suave, gozando de la humedad de su interior, besando delicadamente su boca, su cuello, sus pechos, volviendo a sus labios y observarla con deseo... cariñosamente le apartaba un par de mechones de su rostro a la vez que aceleraba el ritmo de una manera desenfrenada, se sentía en la gloria admirarla y perderse en la pasión que los consumía. Los fuertes jadeos de ella no se hicieron esperar, eran música para sus oídos y le instaba a penetrarla con más ímpetu.

La reina digimon acariciaba y arañaba su ancha espalda, pasaba sus manos una y otra vez, de arriba abajo, quería sentir más a fondo aquel mástil que se hundía hondo en su cavidad, dirigió sus manos a los glúteos de él apretándolo hacia ella sin piedad para enseguida enroscar sus largas piernas en su cintura.

Rika... Te amo, Rika... – escuchó la joven decirle entrecortadamente.

Ryo...

Ella buscó nuevamente sus labios y el los recibió gustoso, besándose apasionadamente. Estaban al límite, sus respiraciones agitadas y sus cuerpos bañados en sudor, en pocos segundos llegaron juntos al clímax. Ryo se dejó caer encima de su mujer, mientras ella acariciaba dulcemente su húmedo cabello castaño. Así se quedaron un momento, en silencio, disfrutando de la cercanía mutua, de sus corazones desbocados y la piel perlada en sudor.

Fue increíble – habló Rika luego de un rato de agradable silencio, el muchacho se incorporó besándola pausadamente.

Admítelo, me extrañaste... extrañaste sentirme dentro tuyo.

Eres un engreído. Mira quien lo dice, con eso de que me arrancaste el vestido impaciente. Mejor tú admite que me extrañaste como un loco.

Como un loco enamorado de mi mujer – Rika se sonrojó, su marido era un romántico empedernido.

Te amo, Ryo. Eres lo mejor que me ha pasado en la vida.

Antes de que el castaño dijera algo, ella se abalanzó sobre él besándolo vorazmente. Ryo sonrió entre su boca, la amaba como ninguna otra, así era ella y nunca la cambiaría por nada ni por nadie. La noche era joven todavía y tenían el suficiente tiempo para amarse y alcanzar las veces que quisieran las estrellas.

Fin del flash back.

Los recién casados se hallaban en el onsen deleitándose con un delicioso baño caliente, la vista era sublime, los rayos del sol iluminaban sus siluetas.

¿Quieres ir a nadar un rato? – preguntó la pelirroja recargada en su pecho.

Primero vamos a comer, tanta actividad física me abrió el apetito – Rika bufó y le golpeó una mano que descansaba en su hombro.

Se besaron nuevamente... Que maravillosa sensación era aquello, estar con la persona amada, disfrutando de la cálida cercanía, juntos en aquel paraíso.

Fin.

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Es la primera vez que escribo un lemon, así que juzguen ustedes si me salió bien, mal, horrible, lo borro xD

Gracias por leer, en especial a Yaoyorozu.