Digimon tamers no me pertenece.
AMARTE DUELE
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– Hola ¿Le conozco? – preguntó confusa Rumiko al ver a un atractivo moreno en la puerta de su residencia.
– Soy Ryo Akiyama ¿No me recuerda?
La rubia se quedó pensando. Le sonaba ese nombre. Rápidamente se le vino a la mente un jovencito muy agradable pasearse algunas veces por la casa ante la fingida molestia de su temperamental hija. Oh, sí. Ya lo recordaba, aunque jovencito ya no tenía nada, ahora frente a ella se encontraba un hombre muy alto y apuesto.
"No se puso nada mal, mi hija siempre tuvo buen gusto" pensaba Rumiko analizándolo de pies a cabeza.
– Eh, señora...
– Nada de señora – le corrigió enseguida – Llámame Rumiko, querido. No te quedes ahí parado, pasa. Disculpa por no haberte reconocido, Ryo – fingió demencia, claro que lo recordaba pero no con muy buen agrado.
– No se preocupe, es normal luego de varios años sin verles... "Cinco para ser exactos" – pensó eso ultimo un tanto apagado.
– ¿Gustas algo de beber? – el castaño negó amablemente – ¿Cómo has estado? – le cuestionó luego de haberlo invitado a la sala de estar.
– Se podría decir que bien, gracias. He estado muy ocupado en el trabajo y bueno...
– Pues me alegra verte bien y que hayas cumplido todos tus propósitos – Ryo notó cierto tono de molestia en su voz, además de la forma un tanto tajante en que lo interrumpió.
– Supongo que no los he cumplido todos. Aún me falta uno y vine a remediarlo – la señora Nonaka suspiró acongojada.
– Mira Ryo, no te voy a mentir. No me alegra tenerte aquí, ni tampoco te voy a preguntar el motivo por el que te fuiste, eso lo deben resolver tú y mi hija. No te odio ni te guardo rencor, bueno... al principio si lo hice. Solo que no puedo permitir que mi hija sufra otra vez a causa de ti.
– Ella sufrió mucho en mi ausencia ¿Verdad?
– Como no tienes idea ¿Sabes que estuvo a punto de suicidarse? – se tapó la boca arrepintiéndose inmediatamente por haberle dicho aquello – por dios, no debí decírtelo – el tamer legendario no pudo evitar horrorizarse y temblar ante tal confesión.
– ¿Ella está bien?... ¿Está aquí?
– Sí y sí... Ryo, eso sucedió a un mes de tu partida. A estas alturas ya lo superó y no quiero que al verte tenga alguna recaída ni nada por el estilo.
– Entonces ¿Por qué actuó como si nada al momento de reconocerme? ¿Por qué me dejó entrar? – Rumiko bajó la mirada empezando a jugar con los dedos su brazalete.
– Ante todo soy una mujer educada, Ryo, aunque ganas no me faltaban de echarte a patadas – calló por un segundo agregando – ¿Sabes? A pesar del tiempo, a pesar de que ella sigue con su vida, el brillo en su mirada se apagó al momento de tu partida. Tú eras el único que la hacía realmente feliz y aunque lo niegue sé que todavía te extraña.
Ryo agachó la cabeza sintiéndose responsable por lo acontecido a la mujer que amaba. Vaya manera de amarla.
– Si no es molestia... Quisiera verla – la mujer dudó unos segundos pero bien sabía que él le debía muchas explicaciones a su hija.
– Adelante. Ya sabes dónde encontrarla.
Ryo le agradeció aliviado con un asentamiento de cabeza y se encaminó a la habitación de la pelirroja. Conocía ese camino como la palma de su mano, tantas veces lo recorrió con ella, nada había cambiado salvo uno y otro detalle sin importancia. El sonido de sus pisadas rechinaba en la duela de madera, como si de un ladrón se tratase, deambulando por el pasillo buscando desesperadamente lo más valioso para llevarse. Finalmente llegó a su destino, se preparó mentalmente, cosa que venía haciendo desde hace unos días, después de todo cinco años sin verla era demasiado tiempo como para arrojarse a sus brazos.
Deslizó el shoji lenta y silenciosamente impregnándose del sutil perfume de la joven, seguía teniendo ese aroma que no había podido olvidar. La oscuridad reinaba en la habitación, solo la tenue luz de una lámpara iluminaba parte de la pieza. Escuchó un leve suspiro y entró cerrando cuidadosamente, despacio se fue acercando a ella hasta estar frente suyo e hincarse a su lado. No pudo evitar enternecerse al verla acostada en el futón vistiendo únicamente un sencillo y bonito camisón rosa. El calor del verano de seguro la obligó a descansar destapada exhibiendo sus bien torneadas piernas, el chico sonrió divertido, algunas cosas nunca cambiarían. La recorrió con la mirada y recordó la última vez que estuvo ahí, con ella en sus brazos, sintiendo el calor de su cuerpo desnudo con el suyo, trazando un futuro que por su tonta inseguridad nunca logró cumplir.
Acercó su mano apartando un par de mechones rebeldes y a su vez acariciando dulcemente su mejilla. Cuanto la había extrañado, que tonto fue al haberse ido y abandonarla sin ninguna explicación. La sintió moverse y murmurar algo incoherente que no supo que hacer, que estúpido pensar eso, ya no era ese joven inmaduro de veintitrés años, ahora era un hombre adulto dispuesto a recuperar a su mujer.
La joven despertó percibiendo cierta presencia a su lado, por un instante se asustó pensando que podría ser un ladrón y quisiera propasarse con ella. Reaccionó torpemente y de un salto se incorporó prendiendo las luces, delatando a un guapo hombre que no reconoció en el momento.
– Tranquila, soy yo – habló quedo disimulando en vano de calmar sus nervios.
Rika se quedó de una pieza. Esa voz, conocía esa voz perfectamente, apretó las manos en puños y no pudo evitar gritarle.
– ¡¿Qué demonios haces aquí y quien te dio permiso de entrar?!
– Rika, permíteme explicarte...
– ¿Explicarme? No tienes que explicarme nada. Te largaste y esa fue tu decisión.
– Lo sé. Fui un cobarde y no sabes cuánto me arrepiento de haberme ido así como así.
– Si... Te fuiste dejando una escueta nota con unas simples dos palabras escritas sin ningún reparo. Eres un... – el castaño se sintió un monstruo al recordar ese pedazo de papel.
"Lo lamento" decía el muy maldito.
Rememoró ese suceso luego de la increíble noche que pasaron juntos, cuando le prometió siempre estar a su lado jurándole amor eterno ¿En que estaba pensando en ese entonces? Absolutamente nada, tal vez fue la pasión del momento que no reparó cuanto peso acarreaban esas palabras, y como un cobarde huyó no sin antes contemplarla por última vez y regalarle un beso en la frente.
– Tenía miedo al compromiso y aunque yo te amaba...
– Si como no... Vaya manera de hacerlo – le cortó la chica.
– Sabes que nunca me gustó estar en un solo lugar, tenía que hacer algo. Me fui a Europa a estudiar mi residencia en medicina. Estuve ahí cuatro años, luego quise regresar pero me fui al Congo, necesitaban personal voluntario y no pude negarme.
– Tu carrera y tus pacientes resultaron ser más importantes que yo ¿No?
– Rika...
– Que Rika ni que nada. El hecho de estudiar y sobresalir intelectualmente no justifica lo que hiciste, ni siquiera recibí una llamada, una carta, un mensaje ¡Nada! Te hubiera entendido si lo hubieras hablado conmigo. No dejarme como una tonta enamorada. Seguramente conociste un sinfín de mujeres que buscaran satisfacerte – Ryo cerró los ojos sintiéndose por demás culpable ante esa declaración.
– No lo niego, tuve una que otra aventura... – se pasó la mano por sus cabellos, frustrado – ¡Rika, por favor perdóname! Esa experiencia me sirvió para darme cuenta de que fui un estúpido al dejarte. No era feliz, practicaba la medicina, ayudaba a la gente, sin embargo no me sentía completo. Me faltabas tú y tu am...
– ¡Basta! ¡No quiero escuchar más! – la pelirroja trataba de controlar en vano las lágrimas que estaban a punto de salir de sus ojos.
Le dolía escucharlo, le dolía saber que otras mujeres gozaron de sus besos, de sus caricias, de su cuerpo. Mientras ella se retorcía en el dolor, en la soledad y en la desesperación de no saber su paradero. Ahora aparecía de la nada a decirle, después de cinco malditos años lo mucho que la ama ¡Sin vergüenza! Furiosa se acercó a él propinándole una sonora bofetada y luego comenzó a insultarlo golpeándolo una y otra vez en el pecho. El castaño se dejó hacer, se lo merecía, aunque no vio venir el fuerte abrazo con que fue sometido en seguida.
– Te lloré mucho, sabes – comenzó a hablar sintiendo el fuerte latir de su corazón y la calidez de su pecho – Incluso intenté suicidarme... Sin éxito alguno – murmuró quedamente recordando ese hecho tan oscuro de su vida. Ryo no podía imaginarse siquiera el dolor tan profundo por el que la hizo pasar, se maldijo internamente por lo bruto e inepto que fue. La apretó un poco más a su pecho.
– Afortunadamente hubo alguien a mi lado que me ayudó a salir del hoyo poco a poco. Ese mismo año que dijiste ibas a regresar y te fuiste al Congo, me casé con un hombre maravilloso – Ryo abrió desmesuradamente los ojos ¿Ella casada? Era obvio ¿No? Tenía todo el derecho de hacerlo.
– Aunque consumamos nuestro matrimonio y convivimos lo suficiente, nunca llegué a amarlo, lo intenté pero no pude, mi corazón te pertenecía desde hacía mucho. Él lo sabía y lo respetaba – Rika apretó fuertemente los bordes de su camisa al recordar el rostro afable de Henry al decirle que no se preocupara – Quise olvidarte, en verdad quise hacerlo, por él, por su sincero amor que no pude corresponder del todo. Soy una tonta.
Los jóvenes se hincaron en el suelo, él apretándola con todas sus fuerzas y ella aferrándose a ese hombre que nunca pudo olvidar y que amaba con todo su corazón. Lloró por el peliazul y por lo bellos recuerdos que le dejó. Después de un rato, ya más calmada y sintiendo las manos del tamer acariciarle suavemente el cabello, continuó.
– Él falleció seis meses después de casarnos, un estúpido le arrebató la vida ¿Puedes creerlo? Nuevamente sola. Sin embargo aquí estoy, abrazada a ti y contándote parte de mi vida que nunca debiste saber.
Se soltó de golpe de aquel abrazo, si seguía un segundo más en sus fuertes brazos no cedería y lo besaría. Enseguida reparó en su indumentaria ¡Por kami! Cuanto habrá visto él, que vergüenza. Rápidamente se puso una bata, aunque hiciera calor no quería que Ryo la viera en aquellas fachas, ni mostrarle de más su cuerpo.
– No tienes por qué taparte, ya te he visto desnuda en el pasado – mencionó el castaño sin tomar en cuenta la reacción de ella.
– ¡Degenerado! – Rika se sonrojó al recordar sus encuentros. Nerviosa simuló hurgar entre su ropa ¿Cómo era posible siquiera permitirle decir tal cosa?
– Te amo – le dijo repentinamente – Nunca dejé de hacerlo y jamás lo dejaré de hacer – ella simplemente quedó muda ante sus palabras, dándole la espalda sin saber qué decir – No quiero presionarte, aún sigue en pie el recuperarte aunque se me vaya la vida en ello. Ni todas las disculpas del mundo serán suficientes para recibir tu perdón pero ten por seguro que si de algo vale la pena vivir es poder contemplar tu sonrisa iluminar mi miserable vida... Te veo luego.
Escuchó que deslizaba el shoji y con ello sus pasos alejarse. La pelirroja apretó la prenda en sus manos y se dejó caer derramando silenciosas lágrimas ¿Por qué ahora? ¿Por qué se le ocurrió aparecer y poner su mundo de cabeza nuevamente? ¿Por qué la ponía en una encrucijada?... Todo esto era absurdo.
Molesta, se limpió rápidamente las lágrimas, ya no derramaría ni una sola por él. Igual no se la pondría fácil, ya no era aquella chiquilla ingenua de diecinueve años. Si Ryo en verdad estaba dispuesto a recuperarla, le daría la oportunidad que pedía. La tacharían de loca por hacer semejante locura pero ese era su problema, necesitaba cerrar de una vez por todas esa parte de su pasado y eso incluía darle pase a Ryo nuevamente en su vida.
Fin.
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Cuanto drama, como de telenovela xD Fue lo que se me ocurrió escribir, quise darle un final más dramático pero no me gustan los finales tristes.
Un saludo y agradecimiento a Zu por estar siempre al tanto de mis locas ideas c:
Gracias por leer.
