Digimon Tamers no me pertenece.
LA PRINCESA Y EL GUERRERO ESPADACHÍN
(PARTE 3)
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UNIVERSO ALTERNO
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Estaba cansado, respiraba dificultosamente, la vista le fallaba un poco e intentaba detener sin éxito la abundante hemorragia que brotaba del costado de su estómago. Tenía un enorme corte muy feo que le impedía moverse con mayor agilidad y la pérdida de sangre empezaba a hacerle mella en su adolorido cuerpo.
– ¡Ryo! – el joven guerrero reaccionó al escuchar el grito de su esposa. Ni loco cedería, no se iba a rendir, la salvaría a toda costa de las garras de ese malnacido.
Con dificultad se puso de pie apoyándose con su espada viendo impotente al muy desgraciado aprovecharse de la situación y tocarla sin descaro alguno.
– ¡Suéltala, maldito! – gritó a todo pulmón corriendo en su auxilio. Aquello no fue buena idea porque de nueva cuenta cayó de rodillas y no pudo evitar escupir sangre.
– ¡Ryo! – Ruki se sentía tan inútil, no podía hacer nada más que verlo agonizar mientras ella era sometida por ese gusano.
– ¿Tanto te importa la vida de esta chiquilla? – Yamaki apretó el agarre en el cuello femenino, bien que se regocijaba sentirla temblar del miedo y manosearla a su antojo ante la mirada sufrida de su estúpido esposo.
Sonrió socarrón y lentamente posó sus labios en el lóbulo de la oreja de la chica, para enseguida deslizarlos por todo el contorno de su mejilla. Ruki se retorció asqueada, este hombre era el mismo demonio en persona, ganas no le faltaban de golpearlo. De repente, dio un brinquito aterrada al sentir la filosa punta de su espada rozarle toda su columna.
– Nunca te perdonaré por haberte casado con ese hombre, Ruki ¿Cómo pudiste siquiera revolcarte con semejante basura? Eres una... – el rubio la asió más para si – Perdiste tu oportunidad de gobernar a mi lado, pudiste obtener todo lo que quisieras pero decidiste mezclarte con la plebe – Mitsuo no perdió oportunidad de aspirar el dulce aroma de la sangre que emanaba su cuerpo y besó delicadamente su mejilla, para luego hundir la filosa espada en su frágil cuerpo.
El tiempo se detuvo para el castaño, abrió desmesuradamente los ojos horrorizado al observar a Yamaki atravesar sin compasión desde el vientre de Ruki hasta su pecho y luego ver anonadado como la vida de su amada se iba apagando.
– No... – susurraba estático. Yamaki sonrió victorioso deshaciéndose del cuerpo de la chica de una forma despreciable.
– No... – lágrimas abundantes surcaban sus mejillas al mirar a su esposa yacer inmóvil, tirada en medio de un gran charco de su propia sangre, sin vida.
– No te preocupes, dentro de poco la alcanzaras, Ryo Akiyama – dijo burlonamente el terrateniente acercándose lentamente a su enemigo, blandiendo su espada para darle muerte.
El moreno ya no escuchaba, estaba perturbado. Lo único por lo que valía la pena vivir se había ido. Ya no la vería esperarle en su pequeña casita donde habían convivido y compartido momentos maravillosos, esa que fue testigo de su amor florecer. Su mirada, su sonrisa, sus arranques, sus abrazos, sus besos... Nada, ese maldito se la arrebató cruelmente. Su cuerpo comenzó a convulsionar hundiendo sus dedos en la tierra, hasta convertirse en un grito doloroso.
– ¡Nooooooo!
– ¡Ryo! ¡Despierta!
El moreno despertó abruptamente agitado y sudoroso en el futón, respiraba dificultosamente tanteando a su lado buscando y llamando desesperadamente a su mujer.
– Ruki... Ruki... – palpó su cuerpo cerciorándose de que ella se encontrase con bien, sin ningún corte o herida mortal.
– Ryo, tuviste una pesadilla – la pelirroja nunca había visto a su marido tan asustado, el pavor adornaba su semblante e inmediatamente lo acercó a su pecho, acunándolo. Tenía lágrimas recorriendo sus mejillas y lo sentía tiritar levemente, no le gustaba verlo así.
– Estoy bien, mi amor. Ya pasó, tranquilo – Ruki le consolaba abrazándolo fuertemente – Aquí estoy contigo... Ten presente que hoy fue un gran día, ya estamos casados ¿Recuerdas? No me iré a ninguna parte.
Poco a poco el castaño fue calmándose escuchando la voz de su mujer, resultaba ser un bálsamo de alivio y paz en esos momentos. Cerró los ojos y rememoró la celebración de su matrimonio. Fue bajo los cerezos en flor en donde ellos unieron sus vidas sellando su enlace con un beso. Ella lució hermosa con un sencillo kimono blanco diseñado por las mujeres de la aldea y él... bueno, él solo le presumió su kimono tradicional y su brillante sonrisa, esa que la desarmaba completamente. Recordaba también a todos los aldeanos festejando ese gran acontecimiento, se notaba el cariño que sentían por su linda esposa. Sonrió divertido al recordar aquellas palabras que le dijo hacía casi un año cuando llegó al pueblo y se sintió observada.
– Te dije que te querrían con el tiempo – le susurró ya más tranquilo.
– ¿Dijiste algo?
– Nada, amor... Disculpa si te desperté – le dijo incorporándose sin dejar de abrazarla, no quería soltarla para nada.
– ¿Ya te sientes mejor?
– Sí, solo... ¡Kami! – agachó su cabeza recordando el terrible miedo que sintió al saberla muerta en sus sueños. Ella alzó su barbilla limpiando una lágrima rebelde resbalando en su mejilla. Besó todo su rostro y lo acostó apoyándose en su pecho inspirándole seguridad.
El gustoso la recibió besando su frente y solo así pudo volver a dormir, abrazado a ella a su lado, viva y respirando.
OoOoOoOoOoOoOoOoO
– Si ya descubriste donde se esconde Ruki ¿Por qué no te has decidido ir por ella? – preguntó Rumiko curiosa hincada en el corredor que daba al estanque de peces Koi, leyendo muy entretenida un pergamino.
El rubio se le unió abrazándola por detrás llenándola de besos y la mujer se dejó hacer ladeando su cabeza dándole libre acceso a su cuello.
– ¿Acaso no te diviertes conmigo?
– Sin duda lo hago, mi señor. Solo que ya han pasado cinco meses y tú no te decides a hacer nada. Yo no soy tu esposa y no es correcto que duermas conmigo. Les he faltado a mi marido y a mi hija acostándome contigo.
– Tu marido está muerto, y tu hija se largó, además ni siquiera es mi esposa... Últimamente quise divertirme contigo.
Rumiko lo miró furiosa apartándose de su agarre.
– ¡Y con tu otra amante! De una vez te digo que a mi hija le debes respeto. Recuerda que ella es una princesa y pronto la desposaras.
– Mientras no esté presente puedo hacer lo que me venga en gana y traer a todas las geishas que quiera a mis aposentos ¿No me digas que tu marido nunca te fue infiel?
– ¡Por supuesto que no! él jamás me faltó. Era un hombre entre hombres y no te permito hablar de él, deshonras su memoria.
– Ya lo has hecho acostándote conmigo ¡Ahora calla y compláceme!
La rubia no tuvo opción más que ceder a sus deseos y conducirlo a prisa a sus aposentos. Admitía que el hombre era un excelente amante y la dejaba totalmente satisfecha pero ya estaba harta. Maldijo la hora en que lo conoció y cedió a sus encantos, su hija siempre tuvo la razón. Tarde se dio cuenta de que cometió un terrible error.
Después del acto, Rumiko se vistió no sin antes asegurarse que Yamaki dormía profundamente. Salió de los aposentos de él y se dirigió sigilosamente a las afueras de palacio, allí se encontró con una joven castaña quien ya la esperaba impaciente.
– Juri, dale esta carta al joven Jianliang y dile que vaya urgentemente a Harima y le entregue expresamente a Ruki este mensaje.
– ¿Harima? O sea que Ruki-Sama...
– Sí, Juri, por favor, date prisa – la castaña asintió obedeciendo a su señora.
Ryo se hallaba arreglando el techo de su casa, la paja y la madera empezaban a desgastarse y tenía que cambiarla antes del inicio de las lluvias. Contempló el cielo soleado y se limpió el sudor de la cara, desde allí podía oler el delicioso aroma a comida que su adorada esposa preparaba con la ayuda de la señora Ume, últimamente Ruki se había sentido mal.
– A Ryo no le gustan los huevos crudos, los prefiere entre cocidos, una parte cruda y otra parte cocida.
– Te estas adaptando muy bien en tu papel de esposa Ruki pero te noto demacrada ¿No será que tus malestares se deben a que estas embarazada?
– ¿Qué?
– Embarazada, un bebé en camino. Se casaron en primavera, ya han pasado dos meses. Muy posiblemente estás encinta – la pelirroja se quedó muda ¿Un bebé? Se tocó el vientre instintivamente. Un hijo, de ella y Ryo. Sus pensamientos fueron interrumpidos por el grito de un aldeano a la lejanía.
¡Soldado! ¡Viene un soldado de Kioto!
Ryo saltó de inmediato acercándose rápidamente al extraño hombre de armadura imperial y cabellos azules.
– ¡Ruki-Sama! estoy en busca de Ruki-Sama. Sé que ella está aquí.
– Que te hace pensar eso.
– Solo contéstame. Tengo un mensaje urgente de su madre.
– ¡Jianliang! – gritó la pelirroja desde la entrada de su hogar, el joven chino no pudo evitar alegrarse.
– ¡Ruki Sama! Me alegra que este a salvo. Tomé, su madre le envía esta misiva, tengo que irme. Lea la nota, por favor.
El joven matrimonio y la señora Ume lo vieron alejarse rápidamente montado en su caballo. Una vez adentro después de haberle agradecido a Ume por su hospitalidad, Ruki se dedicó a leer la misiva de su madre ante la expectativa del joven guerrero.
– No puede ser.
– Que pasa, preciosa.
– Yamaki sabe dónde me encuentro – a Ryo se le paró el corazón al escucharla. De repente se acordó de aquella horrible pesadilla.
– Puede que en cualquier momento venga a emboscarnos ¿Qué vamos a hacer, Ryo?
– Iré... iré a enfrentarme con él.
– ¿Estás loco? ¡No puedo permitir eso! Ese sujeto tiene muchos soldados a su disposición, tu solo no puedes contra ellos. Iré contigo.
– ¡NO! – Ruki saltó ante la negativa firme y dura de su marido y ella enseguida le gritó enfurecida.
– ¡Esto es mi asunto! ¿Qué te pasa?
– ¡Pasa que eres mi mujer y no voy a permitir que vayas!
– ¡No tienes derecho a prohibirme algo que me concierne solo a mí!... Nunca debí venir, no debí meterte en esto, estoy involucrando en mis problemas personales a ti y a la aldea que no tienen nada ver.
– Claro que tengo que ver. Soy tu esposo ¿Recuerdas?
– Ryo...
– Entiende que no quiero que te pase nada... yo... no soportaría perderte – Rika entendió rápidamente su reacción y lo tomó del rostro para que la viera fijamente a los ojos.
– Ryo, no me va a pasar nada – juntó su frente con la de él y continuó – Yo tampoco quiero que te enfrentes solo contra él, es muy peligroso... – el chico suavizó su semblante abrazándola por la cintura, ella siempre tenía el poder para calmarlo.
– Discúlpame por gritarte.
– No, discúlpame tú a mí.
– Mira, tengo un plan pero necesito tu ayuda para poder realizarlo – ella solo asintió, escuchándolo.
OoOoOoOoOoOoOoOoO
Era media tarde del primer día de junio, Yamaki Mitsuo montado en su caballo, se dirigía a Harima con dos de sus mejores soldados de Yoshino. Tampoco quería armar tanto alboroto por una caprichosa muchacha que no valía ya la pena, sin embargo su ambición al poder lo dominaba por completo. Debía desposar a Ruki para convertirse en un shogun y así adueñarse de Kioto y sus alrededores.
No tardaron en llegar a las afueras de la capital de Himeji, Harima era una pequeña provincia que bien valía la pena conquistar, aquella aldea poco a poco crecía en producción agrícola, de artesanías y armamento. Sonrió astuto, mataría dos pájaros de un tiro.
De repente la sonrisa en su rostro se esfumó al advertir a un hombre que los esperaba en las afueras de la aldea. No estaba solo, dos hombres también lo acompañaban, los reconoció al instante.
"Conque Rumiko me traicionó y envió a los guardias de esa mocosa para hacerme frente. Ya verá esa zorra cuando regrese" pensó furioso el rubio.
– Tengo miedo Juri, temo por Ryo y los demás.
– Tranquilízate Ruki, recuerda que tienes que descansar por tu estado. Debes pensar positivamente, sino le hará mal al bebé.
La pelirroja asintió preocupada, sus planes se habían venido abajo al enterarse de su embarazo y ahora no podía estar al lado de su esposo pero rogaba conque todo saliera bien y ninguno de los tres resultase muerto.
– Vaya, con que al fin tengo el gran gusto de conocer al hijo de Akiyama Musashi, pensé que eras solo un mito pero me equivoqué, estas vivito y coleando. Se puede saber ¿Qué haces estorbando la entrada?
– No voy a tolerar que hagas tus desmanes en esta aldea y mucho menos permitir que te lleves a Ruki – el hombre mayor enarcó una ceja confundido.
– ¿Y tú qué derecho tienes sobre ella? ¿Acaso la conoces?
– Soy su esposo.
– ¿Qué has dicho?
– Lo que oíste, ahora ella es mi mujer.
Yamaki Mitsuo en un movimiento rápido ya estaba sobre él dispuesto a cortarle el cuello pero Ryo fue más veloz eludiendo su ataque con su espada.
– ¡Que esperan! ¡Vayan a buscar a Ruki! Y si alguien se interpone en su camino ¡Acábenlo! – los samuráis asintieron pero Takato y Jianliang les impidieron el paso comenzando a luchar contra ellos.
– Eres rápido muchacho, así que son ciertas las historias sobre ti.
– No sé de qué historias hablas pero te sugiero dejes de hablar y pelea – los dos se alejaron arrastrándose hacia atrás.
Ryo contaba con mucha más ventaja al ser más joven pero Yamaki lo rebasaba en experiencia, sin embargo a pesar de ser un excelente y respetado Daimio carecía de la verdadera esencia de un guerrero. En él solo emanaba odio, maldad, sangre, muerte, poder y ambición. No tenía por quien luchar más que para él mismo.
En cambio Ryo luchaba por su aldea, pero por sobre todo, por Ruki y por su hijo, ahora que estaba al tanto del embarazo de su esposa con mucha más razón no tenía derecho a perder esta batalla. Por ellos pelearía, por su pequeña familia, por los suyos.
Los dos se abalanzaron en extraordinarias técnicas de pelea, empuñaban sus espadas con precisión y destreza, sin pestañear. No obstante tenían un límite y fue el rubio quien tropezó distraído y recibió un corte en una de sus piernas.
– Ríndete ahora que puedes, Yamaki. Tus subordinados han caído – mencionó serio el castaño al advertir a Takato y Jianliang darles el golpe final a aquellos soldados.
– ¿Crees que voy a dejarte el camino libre? ¡Ella va ser mía, quieras o no! – el joven guerrero atacó fiero hacia su oponente y el rubio lo esquivó apenas recibiendo otro corte en la mejilla.
– Maldito... – musitó Yamaki, se estaba desesperando, ese muchachillo resultó ser un inconveniente en sus propósitos. Tendría que usar su última alternativa.
– Hagamos un trato. Dejaré en paz a Ruki si tú te unes a mi ejército, eres un buen espadachín. Sería un desperdicio si te niegas, podrías limpiar el nombre de tu padre y seguir sus pasos.
– ¡Nunca! Jamás me uniría a ti, jamás derramaría sangre inocente por tus caprichos o por los de alguien más y no metas a mi padre en esto, el decidió abandonar esa vida sin sentido – su rostro se tornó más furioso – Y te prohíbo llamar por su nombre a mi esposa.
– Muchacho insolente ¿Qué no sabes quién soy? – Mitsuo arremetió contra él apenas y rozando sus cabellos, el chico era muy hábil, lo admitía. Nunca había luchado contra alguien como él.
De nueva cuenta se lanzaron en otra ronda de golpe de espadas, Ryo tenía las de ganar porque Yamaki empezaba a bajar la guardia debido a su exasperación pero de igual forma el castaño admitía que el sujeto era bueno, aunque no más que él.
En un descuido del rubio, Ryo logró despojarle de su espada con un simple movimiento y apuntaba directo a su cuello, sin darle oportunidad de escapar. Los dos respiraban agitadamente, uno más que otro, viéndose fijamente y cada uno con raspones y cortes superficiales.
– Me rindo, chico. Tú ganas – dijo Yamaki en un intento de sonar convincente.
El moreno dudaba si creerle o no, quiso ser benevolente y darle la razón. Bajó la guardia y Mitsuo aprovechó para sacar una daga de entre su armadura y clavársela en el pecho pero falló clavándola en la parte superior de su pecho provocándole una herida profunda pero no mortal.
– Eres un... – en un ataque de furia el joven guerrero aferró su espada y embistió contra su cuello cortándole la garganta.
El rubio lo miraba aterrado. Se alejó de él tambaleándose, perdiendo chorros de sangre en el camino. No podía creerlo, asesinado por un niñato. Maldito fuera y maldita Ruki por conducirlo a esto.
Cayó hincado y tirándose al piso gargajeando sangre y saliva, no pudo más que levantar su mano al aire tratando de recuperar el aliento perdido. No supo porque pero la imagen de Reika apareció en su mente sonriéndole como ella solía hacerlo, brindándole un poco de esa paz que tal vez siempre necesitó en su vida. Solo ella fue la única mujer que lo estabilizaba pero en su orgullo nunca le daba pase a algo más serio por no ser de linaje. Le pidió perdón silenciosamente, llorando y maldiciéndose a la vez para enseguida exhalar su último aliento de vida y cerrar los ojos para ya nunca volverlos a abrir.
Ryo cautelosamente se acercó al hombre con mano en pecho, cerciorándose de que ya no respirase. El peso de otra mano se apoyó en su hombro, era Takato quien le sonreía feliz, el devolvió el gesto y junto con Jianliang se dieron a la tarea de incinerar a los hombres en la orilla del camino.
La noche caía y los tres se encaminaban a darles la buena noticia a los aldeanos pero sobre todo a curar sus heridas. Ryo caminaba un poco más aprisa ante la divertida mirada de sus nuevos amigos, ansiaba ver y abrazar a su mujer y darle la buena nueva.
– ¡Ryo! – Ruki salió de su hogar al igual que Juri, recibiendo a sus hombres contentas de saberlos vivos, heridos pero vivos.
Ryo abrazó a su mujer fuertemente, feliz de tenerla en sus brazos. Ella quiso auxiliarle pero el castaño no le tomó mucha importancia aquella herida, la besó posando su mano en su pequeño vientre, ahí donde yacía su hijo. Solo quedaba decirle a la madre de Ruki que la pesadilla había acabado y que muy pronto sería abuela.
Una nueva vida les esperaba a la joven pareja, una nueva vida donde juntos vivirían y criarían a sus hijos, sin ningún obstáculo para ser felices. Solo ellos, sin títulos ni linaje. La princesa y el guerrero espadachín ya no existían, solo eran Ruki y Ryo, un hombre y una mujer que se conocieron por azares del destino y se enamoraron profundamente.
Fin.
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Y colorín colorado este cuento se ha acabado, la verdad estoy satisfecha, no soy buena escribiendo, lo admito pero me gustó. Zu ¿Tu qué piensas?
Siempre te voy a agradecer por estar al pendiente de mis locas ideas y bueno me despido para seguir escribiendo más sobre esta hermosa pareja. No crean que he terminado con esta serie de relatos ¿eh? xD
