Digimon tamers no me pertenece.


Almuerzo

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Rumiko, nerviosa se dirigió a la cocina al escuchar el ruido insistente de sartenes, ollas y cubiertos. Se llevó la mano al pecho rogando para sus adentros de que no fuera un ladrón y persignándose cada que oía un cubierto caer o el sonido del refrigerador o las gavetas abrirse y volverse a cerrar. De repente, oyó una maldición, seguida de otra, y luego otra. Al reconocer esa voz, respiró aliviada de saber de qué no se trataba de ningún malhechor.

¿Qué estará haciendo ahí dentro? Se preguntó internamente.

Sigilosa, asomó su cabeza y lo que vio la dejó entre sorprendida y enternecida. Su hija, su temperamental y orgullosa hija, se encontraba ataviada con un coqueto delantal blanco, totalmente concentrada amasando con las manos unas bolas de arroz. Se llevó las manos a la boca intentando no gritar de alegría ¡Oh, por kami! Jamás se llegó a imaginar que algo así estuviera pasando frente a sus narices.

El aroma del pescado le llegó a sus fosas nasales y supo enseguida que Rika preparaba Onigiri con pescado frito ¡Qué bien olía! Se sintió orgullosa porque su hija heredó sus dotes culinarios y porque al fin ella ponía su granito de arena en la casa preparando una deliciosa cena para toda la familia. Lo que ignoraba es que aquel manjar no era para ella ni Seiko, sino para alguien más que le robaba el aliento.

La rubia feliz, iba a ingresar a la cocina a felicitarla con su habitual alegría y agradecerle inmensamente, sin embargo fue interceptada por su madre, quien con una seña y una sonrisa en sus labios le indicó que ni se atreviera a interrumpirla, de lo contrario, aparte de enfurecerla también arruinaría la bonita sorpresa que su nieta le tenía preparado a su apuesto novio. Obvio, esto Rumiko no lo sabía, no obstante captó el mensaje y volvió de nueva cuenta la vista hacia su hija.

La pelirroja, ignorando que su madre y abuela se hallaban observándola desde la entrada de la cocina, al fin daba los últimos detalles a su obra maestra. La verdad ella misma estaba asombrada por su inusitada hazaña; nunca, ni en sus más locos sueños se imaginó cocinando para alguien y que ese alguien fuera el mismísimo Ryo Akiyama, su guapísimo novio. Novio... esa palabra le llenaba de jubilo y porque no, también de sorpresa, porque ni siquiera llegó a sospechar que él llegaría a serlo y que ella lo aceptaría. Lo que hace el amor.

Ya ansiaba ver la cara de sorpresa que pondría él, eso era algo que le encantaba hacer. Sorprenderlo. En especial con este, su primer almuerzo que le preparaba. Se sonrojó furiosamente pensando que eso solo lo hacían las parejas casadas, sin embargo fue algo que a ella le nació hacer, le importaba un comino lo que los demás pensaran de ellos.

– ¿Lo dices en serio, mamá? – la rubia estaba atónita hincada en el corredor que daba al estanque de su residencia. Vaya, después de todo, su hija también tenía el derecho de amar y ser amada. Debía agradecerle a Ryo por lograr conquistar el corazón de su testaruda hija y tal parecía que ella le correspondía.

Una sonrisa adornó el rostro de Rumiko y se fue ensanchando al imaginarse a su hija en brazos de ese joven. Admitía que el chico era sumamente apuesto y seguramente cuando se casaran y tuvieran hijos, serían tan preciosos como ellos. Si, ya se imaginaba verla vestida de novia, un vestido que ellas mismas escogerían... y luego el tocado. Se llevó las manos al rostro emocionada.

– Hija, deja que disfrute su primer noviazgo con Ryo en paz – Seiko le cortó cualquier pensamiento e inspiración que tenía en esos momentos – No le hagas preguntas incomodas ni la avergüences. Recuerda que ella apenas está empezando a compartir su espacio personal con otra persona y fue algo que le costó bastante aceptar.

Rumiko suspiró y le dio la razón a su madre, de igual forma se sentía feliz por ella, su única hija. Se lo merecía.

OoOoOoOoOoOoOoOoO

Rika se maravilló por lo grande e imponente que era la Universidad de Tokyo y se imaginó a Ryo caminar muy galante por aquellos verdes jardines y amplios pasillos. Él, a pesar de ser un tanto fiestero también era responsable en sus estudios. Buscó y buscó con la mirada hasta hallarlo sentado en una de las bancas que adornaban el jardín leyendo muy concentrado un libro. Ella enseguida sonrió y le envió un corto mensaje y luego notó como sonreía cuando lo leyó y le contestaba entusiasmado. Guardó su teléfono para dirigirse hacia él muy segura de sí misma, dispuesta a iluminarle el día con su sola presencia. Paró en seco. Hasta sus mañas ya se le estaban pegando.

– ¿Muy ocupado? – Ryo respingó, no esperaba verla tan pronto en ese lugar. Sonrió de lado porque Rika era una cajita llena de sorpresas.

– Para ti nunca, preciosa.

El moreno la observó sin dejar de sonreír, advirtiendo que llevaba el uniforme de la preparatoria.

– ¿No crees que ya es hora de almorzar? ¿No tienes hambre? – le preguntó como quien no quiere la cosa.

– ¡Cierto! Me había olvidado de la hora que es ¿Qué se te antoja? Mira que el otro día pasé por un café donde venden unos deliciosos panecillos dulces...

Rika se mordió el labio, bien que él la conocía perfectamente y sabía que esos panecillos eran sus favoritos pero ahora tenía preparado algo diferente para almorzar. Enseguida le sostuvo la mano y lo obligó a sentarse, esa acción tomó desprevenido a Ryo.

– Mejor calla y empecemos a comer ¿Quieres? – le dijo apresurada y un tanto sonrojada.

El joven la observó interrogante y luego abrió de más los ojos cuando ella comenzó a desenvolver lo que traía en las manos ¿Acaso ella...?

– Rika... tu... – el tamer legendario tartamudeaba y no sabía que decir. Su mirada viajaba del rosto de su amada hasta el bento que se asomaba apetecible ante sus ojos.

– Vamos que se enfría. No de en balde me esmeré en prepararte este almuerzo.

A Ryo se le formaron dos lagunas de agua en los ojos. No sabía que decir, encima ella le preparó uno de sus platillos favoritos. Onigiri. De inmediato reaccionó y abrazó a su novia por los hombros alzándole la barbilla y besándola tiernamente. La joven pelirroja no se esperaba esa acción, bueno, tal vez si y era algo que le gustaba mucho. Se aferró entonces a los bordes de su chaqueta intensificando el beso, olvidándose por un instante del almuerzo.

Ryo detuvo sus besos y la contempló unos segundos, acariciándole la mejilla. Cada día la encontraba más guapa, que afortunado se sentía de tenerla a su lado. Rika abrió lentamente los ojos topándose con el azul de su mirada.

– Esto es lo más maravillo que alguien ha hecho por mí. Gracias, amor – Rika le sonrió y le dio un pedazo de onigiri con los palillos en la boca tratando de ocultar sus mejillas coloreadas, a lo que Ryo gustoso lo recibió. Ahora entendía el mensaje que hace unos minutos recibió de ella.

"¿Almorzamos juntos?"

Decía. Con que ya tenía todo preparado, dios, como la adoraba. Suspiró enamorado deleitándose en el delicioso sabor del onigiri. Mientras tanto Rika lo observaba de vez en vez, los gestos que hacía y sus facciones masculinas. Que afortunada era de estar a su lado, si bien lo amaba, también disfrutaba molestarlo un rato pero hoy quería admirarlo a sus anchas y contemplarlo enamorada.

Fin.

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¡Ufff! Más de un mes ha pasado desde la última actualización. Espero no se me hayan empalagado con tanto azúcar, quise hacer a una Rika enamorada de Ryo hasta la médula, claro sin perder su esencia ¿Lo hice bien o lo hice mal? xD

Zuuuuuu: Ando con los lagrimones infinitos, estoy bien, muchas gracias por preocuparte :') Disculpa la tardanza en actualizar pero mi cuarentena se terminó y de nueva cuenta me incorporé al trabajo y luego la inspiración se fue y no sabía que escribir y como no tienes cuenta tampoco sabía cómo responderte :c pero bueno, aquí te dejo otra historia de esta bella pareja. Mil gracias por estar al pendiente, espero que te haya gustado este capítulo :D

Rizu: ¡Oh! ¡Nueva lectora! No te preocupes por tu español, estoy feliz porque te gustó el primer capítulo, espero que hayas disfrutado los demás. Gracias por leer C:

Guest: Thank you for reading... I also love this couple :)