Digimon tamers no me pertenece.


CALOR

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Advertencia: Contiene un poco de lime.


– ¡Estoy en casa! – se anunció algo exasperada una linda pelirroja cuando ingresó a su hogar sin recibir respuesta alguna.

"Qué raro" pensó confundida alzando una ceja.

Le pareció extraño que a estas alturas no estuviera atrapada en los acogedores y musculosos brazos de su atrevido e intrépido novio ¿A dónde se habrá metido?

Desde que su madre y abuela habían dejado su hogar yéndose por un año sabático a recorrer el mundo, ella y Ryo decidieron vivir juntos. Bueno, Ryo más bien se mudó a la residencia Nonaka en lo que encontraban un apartamento donde vivir y aprovechando la ausencia de las dos mujeres y no queriendo dejar sola la casa, se aventuraron a experimentar esta nueva odisea en sus jóvenes vidas.

Alzó lo hombros despreocupada, seguramente su hombre estaría durmiendo en alguna parte de aquella casona. Se dirigió entonces a la cocina en busca de una bebida, afuera hacía un calor de los mil demonios y quería saciar su sed tomando algo refrescante.

Cuando pasó por el corredor que daba al dojo familiar, escuchó el sonido de golpes en la duela de madera, además de una que otra exclamación de pelea. Adivinando de quien se trataba, se acercó a paso lento, últimamente Ryo se le dio por practicar artes marciales y ella agradecía el hecho de que a su novio le gustase una actividad como aquella.

Se asomó sigilosa por la entrada principal y lo que vio la dejó sin habla. Ryo realizaba múltiples patadas y golpes al aire de una manera certera y precisa, pero eso no fue lo que la dejó anonadada, sino de que el muy sinvergüenza no traía puesto nada que cubriese ese apetecible torso. Tragó duro, quedando hipnotizada ante cada músculo de su tonificado cuerpo y que se contraían con aquellos increíbles movimientos.

El calor que hasta hace poco sentía se intensificó aún más, lo odió por un instante por ser tan seductor sin siquiera proponérselo. De espaldas a ella, el castaño era ajeno a la mirada lujuriosa por parte de su novia, andaba tan concentrado en lo suyo que no advirtió ese par de ojos amatistas que se oscurecían de deseo con tan solo verlo.

Rika se quedó un rato contemplándolo, debía admitir que su novio había sido bendecido con un atractivo inimaginable ¡Rayos! no sabía si eso era una bendición o una maldición y es que, cada que salían a la calle, no soportaba la cara de bobas de esas molestas féminas que no dejaban de comérselo con la mirada ¡Descaradas! ¿Qué no les daba vergüenza? por fortuna, Ryo ni caso les hacía y al parecer ni se daba cuenta de lo que causaba su mera presencia, tal vez Rika no lo sabía o tal vez sí, pero él solamente tenía ojos para ella.

Saliendo de su ensimismamiento, la joven pelirroja decidió retirarse lo más pronto posible, si se quedaba otro segundo, era capaz de abalanzarse sobre él, comérselo a besos y terminar enredados debajo de las sabanas. Cosa que en verdad anhelaba, ya que ansiaba ponerle fin a ese intenso calor que empezó a sentir en su bajo vientre.

De repente, una idea invadió su mente, sonrió para sí y rápidamente se escabulló divertida directo a su habitación.


Con el cuerpo dolorido, Ryo terminó su entrenamiento con un último difícil movimiento, respiraba agitado pero feliz de haber maniobrado aquella kata. Ya le contaría a Rika su grande hazaña. Aquel hobbie empezó con el simple hecho de querer impresionar a su novia pero poco a poco le fue tomando el gusto hasta que se dio cuenta que le encantaban las artes marciales y le pidió asesoramiento a Henry para comenzar desde cero, además quería mantenerse en buena forma.

Tomó un poco de agua de la botella que había dejado en el piso, cualquiera le diría loco por ponerse a entrenar con ese calor insoportable pero era algo que a él le gustaba hacer. Entonces decidió aplacarlo con un buen y relajante baño y porque no, invitar a una fisgona pelirroja a acompañarlo, sonrió lujuriosamente, vivir en pareja tenía sus ventajas y una de ellas era bañarse juntos y cuanto lo disfrutaba, caray. La llamó y al no obtener respuesta se dirigió a la habitación que compartían, que decepción, no obstante ya habría ocasión de pasar un rato con ella. Tomó sus enseres personales y se encaminó al cuarto de baño.

Grande fue su sorpresa al deslizar el shoji y verla sentada en la orilla del ofuru, ataviada con una pequeña y delicada bata de seda.

– ¿Por qué tardaste tanto? Te estaba esperando.

Rika se incorporó lentamente y con un andar que resultó muy sensual para el chico, se acercó felina a él. Recorrió con su dedo aquel pecho varonil hasta llegar a la barbilla y estamparle un apasionado beso. El castaño reaccionó abrazándola por la cintura y apegándola más a su cuerpo y con la intención de quitarle esa molesta bata recorrió ávidamente con sus manos su espalda hasta llegar al borde que a duras penas cubrían sus glúteos pero ella inmediatamente lo paró en seco.

– Aun no, quítate la ropa y metete – le ordenó.

Con una sonrisa de oreja a oreja, Ryo en un parpadeo se encontraba totalmente desnudo frente a ella y obedeciéndola se encaminó al ofuru. Rika no perdió de vista su musculosa espalda y su bien formado trasero, se mordió el labio suspirando de placer. Que hombre, por kami.

– Rika, porque no dejas de jugar y me acompañas, el agua está deliciosa.

Por mucho que le fascinaba estos juegos previos, lo que más deseaba ahora, era recorrerla con sus manos, sentir la piel mojada bajo su tacto e internarse en su cálido interior.

– No desesperes. Déjame consentirte – le susurró seductora al oído comenzando a masajear sus duros hombros.

El tamer legendario suspiró profundamente, aquello se sentía demasiado bien, no se había dado cuenta de lo cansado que estaba y los mimos que le otorgaba su pelirroja no hacían más que relajarlo y excitarlo sobremanera. No pasó mucho tiempo cuando Ryo sintió las delicadas manos de su reina recorrerle ardorosamente su pecho y abdomen, volteó hacia ella queriendo alcanzar sus labios y Rika gustosa los capturó iniciando así una batalla de besos y caricias que culminaron en una entrega sublime donde el calor que cada uno sentía quedó en el olvido, tomando uno de los mejores baños de su vida.


La noche cayó sin que ninguno de los dos se diesen cuenta, ahora yacían recostados en el futón, abrazados y platicando de su día a día, en eso Ryo le contó entusiasmado de su hazaña que realizó esa misma tarde.

– Te felicito, amor. Llevas queriendo hacer ese movimiento desde hacía mucho.

– Gracias, preciosa. No lo hubiera logrado sin cierta pelirroja que se puso a espiarme – Rika sonrió con las mejillas coloradas empezando a acariciarle el pecho con sus dedos.

– ¿Sabías que estaba ahí?

– Tu perfume te delató... por cierto ¿Qué hacías allí espiándome en lugar de entrar y reclamar lo tuyo? – le preguntó jocoso el castaño acariciando su denuda espalda.

– Nada en especial, solo... solo quería...

Rika no terminó la oración porque en ese momento comenzó a sentir de nueva cuenta aquel calor abrasador que solo Ryo podía apagar y lo besó... lo besó demandante perdiéndose en el sabor de su boca y la humedad de su piel. Al final de cuentas el calor que sentían los dos era mutuo y que mejor que apaciguarlo con una buena dosis de placer y deseo.

Fin

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Y de nueva cuenta aquí les va otro one shot Ryo y Rika, espero lo hayan disfrutado =)

Zu: Muchas gracias por tus buenas vibras y vaya que hemos tenido mucho trabajo estos dos meses. ¿En serio el fic anterior se convirtió en uno de tus favoritos? ¡Woow! Cuéntame, ¿Cuáles han sido tus favoritos de esta serie de relatos? Me siento curiosa por saberlo xD

Krimtz: ¡Hola! Qué bueno que sigues por aquí c: bueno, aunque no pelearon tal vez escriba algo donde se reconcilien por alguna tonta pelea, sí, creo que merecen una dosis de drama chusco o lo que se me ocurra escribir :P

Espero no tardar tanto en escribir el siguiente :/