Digimon Tamers no me pertenece.
DOLOR
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– ¡Auch!… Rika, eso arde... – se quejó terriblemente Ryo al recibir las "atenciones" de su amiga.
– ¡Deja de quejarte y moverte! Eso te pasa por meterte en cosas que no te incumben. A ver, explícame ¿¡Qué demonios hacías en ese lugar de mala muerte!?
– Nada interesante, solo desahogar mis penas.
– Si claro y que mejor que hacerlo a golpes ¿no? Encima vienes a mi casa a despertarme a media noche.
– Lo siento, no tenía a donde ir.
Rika suavizó su semblante un tanto acongojada, adivinando enseguida de que se trataba, más bien dicho de quien.
– Peleaste con ella otra vez – más que una pregunta, era una afirmación.
– ¿Puedes creer que me corrió? Es una loca, además muy enojona.
– ¿Más que yo? – le preguntó en tono de broma.
– Por favor. Ella ni te llega a los talones.
– Que considerado, tomaré eso como un cumplido.
Ryo sonrió y calló dejándose curar sin chistar. Se sentía ridículo haber ido a un bar después de que su rara noviecita lo corriera de casa ¿Qué hizo? No tenía ni la más remota idea pero por dentro gritaba de felicidad, esa mujer resultó ser una maniaca, celosa, compulsiva, psicópata. Espiaba sus llamadas, sus mensajes, su trabajo, con quien se juntaba, sus amigas... en fin ¡Todo! ¿Quién en su sano juicio se junta con alguien como ella?... Mejor ni contestar esa pregunta, tan lo menos se zafó de aquel lío sin problema alguno, bien sabía que esa "relación" no iba a durar ni un suspiro, como todas sus demás conquistas.
Aunque no precisamente fue a aquel bar por romper con esa mujer. Ya, lo admitía, estaba celoso y dolido porque Rika, a meses de haber terminado de común acuerdo, de la nada inició un noviazgo con un chico de la universidad y como venganza se juntó con la primera chica que encontró. Guapa y sexy pero terriblemente desquiciada. Se quejó de nuevo cuando su reina, aunque ya no la sentía tan suya, le puso un curita en su ceja y otra más en la comisura de sus labios.
– Creo que ya estás presentable, agradece que tu guapo rostro no necesitará de puntos ni tendrá marcas.
El castaño se carcajeó ante su comentario. Su pelirroja siempre encontraba la manera de relajarlo y subirle los ánimos, últimamente su vida era un desastre, no quería preocuparla pero hasta para eso era un completo tonto.
– Y bien ¿Me vas a decir porque te peleaste con esos sujetos?
– Son unos idiotas, en especial el tipo con el que inicié la discusión – la joven solo rodó los ojos guardando el botiquín de primeros auxilios.
Ryo suspiró sin dejar de mirar sus movimientos, si supiera que ese fulano al que llamaba novio no era lo que parecía, si supiera que él era el tipo con el que inició la pelea ¿Cómo decirle que ese imbécil hablaba de lo aburrido que era Rika al no darle el pase a algo más íntimo? ¡Idiota! Por eso lo molió a golpes, no soportaba seguir escucharlo insultando a su amiga, sin embargo no contaba con que sus amigotes lo defendieran. Afortunadamente el dueño del bar salió en su auxilio y los corrió de su negocio, él, algo adolorido le agradeció y fue que terminó en casa de la pelirroja a esas horas de la noche, solo en ella podía confiar y en nadie más.
– ¿Por qué cortamos? – preguntó de repente.
Rika se quedó quieta de espaldas a él analizando sus palabras y agachó la mirada. Ella también se lo había estado preguntando últimamente.
– Te extraño, Rika.
Ella se dio vuelta con la intención de replicarle pero enseguida unos musculosos brazos rodearon su cuerpo.
– Ryo...
– Shhhh... Déjame tenerte así una vez más – le susurró el castaño.
La reina digimon no puso objeción y le correspondió refugiándose en su fuerte pecho, Ryo no lo pensó dos veces y escondió su cara en el níveo cuello aspirando el dulce aroma que emanaba. La sintió estremecerse y eso... eso le congratuló sobremanera y a la vez le dolió el alma porque ella ya no le pertenecía.
¡Por todos los dioses! Rika no podía negar la vorágine de emociones con tan solo estar en sus brazos, sentía que se derretía, la verdad que lo extrañaba. Por un momento maldijo estar con otro hombre... cerró los ojos y quiso detener el tiempo y no separarse de aquella prisión tan acogedora.
No supieron cuánto tiempo estuvieron abrazados escuchando solo el sonido de su respiración y corazones desbocados.
– Creo que debo irme – Ryo se separó a regañadientes y Rika asintió.
Era lo mejor, si no lo hacían iban a terminar haciendo el amor y eso tal vez no era una buena opción es esos momentos.
La joven pelirroja lo vio alejarse desde la entrada de su casa, quiso detenerlo, decirle que se quedará, sin embargo no se atrevió a hacerlo. Suspiró derrotada y se adentró a su morada, decidida a olvidar con todo el dolor de su corazón al único hombre que en verdad amaba.
Fin.
