Digimon tamers no me pertenece.
FUTURO
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Después de caminar sin sentido por las transitadas calles de Shinjuku, Rika decidió que ya era hora de regresar a casa, seguramente Rumiko estaría molesta por la escena que armó en la sala de modelaje ¡Ja! ¿Pues quien se creía ella? Obligarla a ponerse ese ridículo vestido y posar para la cámara. Si, era su madre y todo pero ya no permitiría que la usase a su antojo.
Al principio pensó que sería divertido molestarla dándole ese gusto, luego se sintió un poquito halagada porque todo el mundo afirmaba que ella tenía unas facciones muy lindas, hasta sonrió con el cumplido. Sin embargo, al ser asediada por el fotógrafo y percatarse de todos los pares de ojos que la observaban, no pudo evitar retroceder y sentirse ofuscada por tan desmedida atención, así que no aguantó tanta presión y empujó sin cuidado a esos pobres hombres que nada tenían la culpa ante los caprichos de su progenitora.
La verdad no lamentaba haberlo hecho, se lo merecían. Demonios ¿Cómo rayos su madre soportaba todas esas miradas y a cambio les mostraba una enorme sonrisa? ¿Por qué le insistía en participar en algo tan banal e insignificante? Para ser sincera, a ella no le gustaba en absoluto ser modelo, odiaba ese mundo y más que nada estaba resentida con Rumiko por desvivirse demasiado en ese trabajo sin sentido.
– Oye, niña – Rika se sobresaltó al escuchar de repente una voz totalmente desconocida.
Miró por todos lados hasta toparse con la figura de una anciana quien se encontraba sentada en la esquina del edificio donde justamente ella pasaba. Quiso ignorarla e irse de largo pero por extraño que pareciera, su mera presencia le atraía. Sin más, se acercó hasta quedar frente a ella y se agachó a su altura, señalándose con el dedo.
– ¿Me habla a mí? – la extraña mujer asintió y le indicó silencio mirándola fijamente, para enseguida sacar un montón de cartas y empezar a maniobrarlas con destreza en el piso.
La pelirroja supo de inmediato que esa señora se trataba de una adivina, bufó molesta dispuesta a irse, odiaba a esa gente que se dedicaba a predecir el destino de las personas.
– Flashes, fama, fortuna y exquisitas ropas te esperan...
La temperamental niña se detuvo en seco cuando escuchó aquello ¿Exactamente que le estaba queriendo decir? ¿Qué se dedicaría a trabajar igual que su madre? Vaya manera de empezar a adivinar su futuro.
– Deja el orgullo, perdona, vive, ama... Tendrás inseparables amigos, amistad duradera y pretendientes a diestra y siniestra.
– ¡¿De qué diablos está hablando, anciana?! – la joven Nonaka le gritó contrariada al escuchar la palabra pretendientes.
Nuevamente la mujer le indicó silencio e ignorando los reclamos de la chica continuó con su monologo.
– ¡Oh... pero que veo!
Esta vez, la pitonisa elevó su voz, asombrada ante lo que le revelaban las cartas.
– Vislumbro un hombre... – susurró de repente y Rika frunció el ceño – ese hombre será tu amor verdadero, al principio lo aborrecerás, no obstante con el paso del tiempo lo amarás como a ningún otro – la reina digimon casi se cae de bruces al suelo ante tales palabras – Su piel bronceada, dientes brillantes y una sonrisa que te desarmará de mil maneras...
Harta de toda esa cantaleta, Rika optó por largarse, se estaba impacientando y encima lo que le decía era absurdo y perturbador. O sea, contaba con diez años y esa loca hablándole de un hombre, amor verdadero y todas esas cosas que consideraba cursis y tontas. Además, tenía cosas más importantes en que pensar. Renamon, por ejemplo. Le preocupaba mucho que no regresara después de irse con ese otro digimon, no lo pensó mucho y en un parpadeo, Rika se fue dejando a la anciana con las palabras en la boca.
La mujer en cuestión la observó alejarse y negó con la cabeza divertida, si supiera el brillante futuro que le esperaba a esa chiquilla.
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Cuando lo vio se quedó sorprendida, por alguna extraña razón le resultaba familiar las características de ese chico pero no lograba recordar del todo el porqué.
– ¡Te dije que te detuvieras!
Rika se conmocionó ante la profunda y autoritaria voz de aquel joven. Era inevitable despegar la vista de él, su perfil, su porte, su aura.
– Estuvo muy cerca.
Su corazón se detuvo por un momento al advertirlo sonreír y ya no supo que decir. No podía creer que ese niñato la dejara sin habla.
– Mi nombre es Ryo, mucho gusto.
Al hacer contacto con su mano, ella se paralizó... ¿Por qué? Sino era más que un simple niño, como todos los demás, encima esa bendita mano sosteniendo la suya no la dejaban pensar.
– ¿Estas bien?
Le escuchó decir dirigiéndose a Kyubimon y no pudo evitar mirarlo con desprecio. De repente lo odió, lo odió por ser tan... tan... tan irritante y sobre todo por su piel bronceada, dientes brillantes y más que nada, por aquella sonrisa. No se explicaba de donde podía salir tanta jovialidad y frescura de alguien... Lo detestaba.
Con el paso de los minutos sintió que lo odiaba mucho más y no ayudaba el hecho de que el inútil de Hirokazu lo alabara de mil maneras, restregándole en su cara que ese era mucho más fuerte y que había ganado la única batalla que ella logró durante las semifinales del campeonato de cartas. Idiota. Ni siquiera lo había visto en su vida como para decir tales sandeces.
Como era de esperarse, Rika ignoró olímpicamente al chico moreno, yéndose del lugar junto con Kyubimon y dejando solos a esos tres. No lo soportaba. Por su parte, Ryo pensó que aquella niña era muy necia y caprichosa, sin embargo no pudo evitar preocuparse al no saber lo que le esperaba en ese mundo y lo mal que lo podía pasar si se perdía.
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– ¡Hola, Rika! ¿Cómo has estado? veo que por fin te reuniste con tus amigos – un muy animoso Ryo mencionó al verlos a todos juntos, en especial a esa niña que llamó su atención desde un principio.
– Pues ya vez, yo pensé que ya te habías muerto – el rey digimon hizo un gesto apenado.
– Eres genio y figura.
– Y tú sigues sintiéndote el guapo de la película. No podría ser más sencillito.
– ¡Rika, por aquí, deprisa! – el joven Ryo se apresuró a salvaguardar a la pelirroja de aquel peligro inminente.
– ¡Porque siempre actúas sin pensar en las consecuencias! – fue inevitable gritarle, por un momento pensó que Rika desaparecería y eso le asustó en demasía.
– Como puedes decirme eso, tú también llegaste hasta aquí sin preguntarle a nadie. Por cierto ¿Qué haremos? las burbujas se están haciendo cada vez más grandes.
– ¿Eh? ¡Rika, apresúrate!... ¡Rika, tienes que ir más aprisa!... Rika ¿Qué pasa?
– No lo lograremos...
– ¡Espera! ¿¡A dónde vas!?
– A detener esas burbujas...
– ¿¡Estás loca!? ¡Jamás lo conseguirás! ¡Espera! ¡Rika!... ¡Rika!...
– Gracias a su ayuda podré regresar a casa después de un año – el castaño vio de reojo a la pelirroja esperando su reacción.
– Que chico tan malo eres – Rika ni tarda ni perezosa le remató golpeando su mejilla en modo de broma.
– Mira quien lo dice – todos rieron ante el comentario del chico. Lo que nadie se imaginaba en esos momentos es que esa amistad se profundizaría en un futuro no muy lejano.
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– Por eso es muy peligroso para ustedes que hagan eso – mencionó angustiada y un tanto irritada Rika al escuchar el plan de Ryo.
– Pero esa es la única alternativa que tenemos ¡Ayudame, Rika!
La joven pelirroja conmovida, no pudo evitar enternecerse ante la petición del castaño.
– Me estas demostrando que tú eres el más valiente – le dijo sincera y sin un atisbo de burla o sarcasmo. El rey digimon sonrió.
– Es la primera vez que me halagas.
Y tenía razón, Rika por vez primera demostraba empatía hacia el moreno. No quería por nada del mundo que le pasara nada en esa pelea, por eso accedió a darle los poderes de Sakuyamon, porque confiaba en Ryo y en los demás. Desde ese entonces empezó a verlo de diferente manera, ignorando que él se convertiría en la persona más importante en su vida.
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Rika contemplaba a través del cristal el paisaje que les regalaba el atardecer en las afueras de Shinjuku. Después de un año lejos de su ciudad natal, regresaba de nueva cuenta acompañada de su joven esposo quien la abrazó por los hombros al verla tan ensimismada.
La joven señora Akiyama volteó a verlo perdiéndose en el hermoso color azul de sus ojos. Era increíble como ese hombre le demostraba de mil maneras cuanto la amaba y ella agradecía cada detalle respondiéndole amorosamente. Suspiró enamorada recargándose en su fuerte pecho, Ryo besó sus rojos cabellos y cerró los ojos volviendo a dormir junto con ella, aún faltaba para llegar a su destino.
Eran las siete de la noche cuando llegaron a casa de Rumiko, pasarían unos días ahí para tomar un merecido descanso. Ser una súper modelo no era nada fácil, tampoco lo era ser un arquitecto de prestigio en todo Japón, así que decidieron optar en tomar un mes de vacaciones obligadas, esto porque Rika lo requería debido a su estado. Dentro de siete meses se convertirían en papás y eso les alegraba sobremanera.
No estaban cansados y decidieron estirar las piernas caminado un rato por las calles. Iban tomados de la mano mientras veían las luces de la ciudad y oían la algarabía de la gente, eran fiestas decembrinas y todo se mostraba tan colorido. En otra época, Rika no soportaría tanta pomposidad pero ahora, a lado de su marido se sentía extremadamente feliz y más aún con la noticia de su embarazo, se acarició el vientre y se apegó a su brazo.
Al pasar por una esquina, un flashback inundó la mente de la pelirroja, justo ahí tuvo un encuentro muy extraño con una mujer quien le intentó adivinar su futuro, recordó todo lo dicho y sonrió. Esa anciana le atinó en todo, consiguió amigos inseparables, se convirtió en una súper modelo y ese misterioso hombre a quien amaría como a ningún otro, resultó ser Ryo ¿Quién lo diría? El chico que no soportaba cuando eran niños, ahora estaba ahí; a su lado, como su esposo y padre de ese pequeño ser que crecía en el interior de su vientre, sosteniendo su mano tierna y posesivamente.
– ¿En qué piensas, preciosa? – le preguntó sonriendo y ella se deleitó en su deslumbrante sonrisa, tan única de él que siempre la desarmaba de mil maneras.
Rika le devolvió el gesto besando levemente sus labios.
– En el hoy. En ti, en mí y en la familia que estamos formando. Gracias por estar siempre conmigo, amor – ella lo abrazó rodeando el cuello de él con sus brazos.
– A ti, mi reina. Por permitirme construir un futuro a tu lado.
Fin.
N. A. Me tomé la molestia de agregar algunos diálogos del anime.
