Digimon Tamers no me pertenece.


TAL VEZ, ALGÚN DÍA

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Universo Alterno

Advertencia: Contiene lime


– Ay, no... no de nuevo – se lamentó Ryo cuando empezó a escuchar los fuertes gemidos que provenían de la habitación contigua.

Tuvo que taparse toda la cara con la almohada para no oír esa tortura, aunque no le sirvió de mucho, de todas formas alcanzaba a percibir el goce que su amigo Henry en ese momento disfrutaba. Y qué decir de ella, quien también gozaba de las placenteras atenciones del peli azul, tal parecía que se habían olvidado de su presencia, como siempre solían hacerlo.

Molesto, se destapó incorporándose y vistiéndose rápidamente, no soportaba seguir escuchando aquel acto. Tomó sus llaves y salió como bólido de ahí. No es que le disgustara que su amigo tuviera una vida sexual activa ¡por kami! Si él fue el intermediario para que de una vez por todas, Henry dejara de trabajar tanto y se dedicara a prestarle más atención a su novia, de lo contrario, la iba a perder. Ahora se arrepentía de ello, Alice se mudó con ellos y no había noche en que ese par de tórtolos no se amara.

Un escalofrío le invadió todo su cuerpo y se ajustó el cuello de su delgada chaqueta, fue tanta la prisa en salir de ahí que olvidó abrigarse adecuadamente. El frio le estaba calando pero no le importaba, era eso o estar encerrado en su habitación padeciendo la calentura de esos dos. Debía conseguirse un lugar nuevo para vivir y pronto. A lo mejor reconsideraría nuevamente habitar en su dojo, lo dejó por cuestiones de remodelación, por eso pidió asilo a su amigo, solo que no contaba con que la rubia se les uniría tiempo después.

Agachó la mirada caminando sin rumbo en la solitaria calle ¿Cuánto tiempo tenía sin sentir el calor de una mujer? La última vez fue aquella noche hace seis meses, cuando le pidió matrimonio a la que en ese entonces era su novia y ella encantada se lanzó a sus brazos celebrando su compromiso en la cama. Cuanta dicha sintió aquella vez, todo lo contrario cuando descubrió que ella le era infiel. Que tonto fue ¿Por qué no se dio cuenta antes? Después de aquello, no quiso saber más de mujeres, ni relaciones, ni nada en lo que le quedaba de vida, a sus treinta años lo mejor era vivir y disfrutar la vida solo y al máximo.

Miró su celular y se dio cuenta de la hora, la una de la mañana. Resopló, seguramente Henry y Alice estaban por terminar una ronda para comenzar con otra. Par de suertudos.

– Niña, te pagaremos el doble o el triple si consideras atendernos a los dos. No te hagas del rogar, te encantará.

El castaño paró en seco al advertir a dos hombres muy divertidos y de lo más confianzudos rodeando a una mujer.

– Ustedes están locos si piensan que accederé a sus deseos. Solamente atiendo a un cliente por noche y si no quieren se pueden largar. Hay gente esperando como ya se habrán dado cuenta.

Ryo respingó al ser observado por los tres. A donde rayos fue a parar. Aquellos sujetos hicieron caso omiso y uno de ellos la agarró fuertemente del brazo.

– Mira, chiquilla, vas a cumplir con lo que te digamos, quieras o no.

Uno de ellos la tomó de la quijada estampándole un beso mientras que el otro intentaba quitarle su abrigo. El moreno estuvo a punto de intervenir cuando ella se zafó ágilmente de sus brazos, clavando la larga aguja de su zapatilla en el pie de uno de ellos.

– ¡Idiotas! ¡Lárguense!

– ¡Muchacha insolente! – gritó el hombre propinándole un golpe en su cara.

– ¡Malditos! ¡Ya déjenla! – Ryo no pudo seguir aguantando ser un espectador y se abalanzó contra ellos.

No le fue difícil noquearlos, siendo un maestro en artes marciales esto era pan comido para él. Se sacudió su ropa e inmediatamente se acercó a la mujer que yacía en el piso.

– ¿Estas bien? – le preguntó preocupado y fue en ese momento que se percató de su atuendo.

El grueso y felpudo abrigo blanco se había removido dejándole ver un cortísimo y atrevido vestido rojo ajustado. Tragó duro al contemplar lo bien que aquella prenda se amoldaba a su figura, sus senos sobresalían de aquel escote y esas largas, blancas y bien torneadas piernas le invitaban a imaginarse toda clase de situaciones lujuriosas. Sacudió su cabeza alejando esa clase de pensamientos y enseguida reparó que ella era una prostituta.

La chica abrió los ojos molesta y él se sorprendió por el color amatista de su penetrante mirada. Un vuelco muy fuerte sacudió su corazón pero enseguida se esfumó cuando ella le gritó.

– ¡No necesito de tu ayuda! ¡Lárgate!

– ¡Oye! ¿Así me agradeces que te salve de esos sujetos?

– ¡Acabas de echarme a perder la noche! Uno de ellos es un cliente frecuente.

– Si claro ¿A esa clase de sujetos les llamas clientes? ¿Permites que te golpeen antes de acostarte con ellos?

– Eso no te incumbe, metiche. Lo tenía todo controlado, eres... Auch – la joven mujer se quejó al querer ponerse de pie, esos ridículos zapatos la estaban matando y su labio le ardía debido al fuerte puñetazo.

– Permíteme llevarte a tu casa – Ryo de inmediato olvidó su enojo y en un santiamén la ayudo a incorporarse.

– ¡No! – la temperamental chica manoteó su brazo fuera de su alcance.

– Oh, vamos. No seas necia. Ni creas que te voy a dejar sola en esas condiciones – para desgracia de ella, el joven le guiñó un ojo y le mostró una deslumbrante sonrisa. No tuvo de otra que dejarse hacer escondiendo el leve sonrojo que adornó su rostro.

El trayecto no fue largo, en poco tiempo llegaron a un edificio que contaba con cinco pisos y enseguida se dirigieron al de ella. Al entrar a su morada se dio cuenta de lo sencilla y modesta que era, nada que ver a lo que se imaginaba.

– Si piensas que aquí traigo a mi clientela, estás muy equivocado. Este es mi lugar sagrado, ningún hombre entra aquí, para eso existen los moteles.

– Entonces ¿Soy el primero? – Ryo no tardó en coquetear con aquella desconocida, prostituta o no, ella era muy bonita.

– Sabes a lo que me refiero y no intentes seducirme que no lograras tu cometido... Gracias, ya puedes irte – para el chico, no le pasó desapercibido la mueca de dolor que intentaba en vano esconder ante él.

– Déjame ver ese labio – dijo de repente como si fuera alguien conocida de años.

– ¿Quién te crees que eres? Ni creas que... – la pelirroja no terminó su oración cuando sintió esas fuertes manos tomar delicadamente su mentón y examinarla detalladamente.

– ¿Tu botiquín? – la joven señaló automáticamente en el baño y Ryo se dirigió presuroso a buscarlo, volvió de nueva cuenta y se dispuso diligentemente a curarle esa magulladura.

– ¿Cómo te llamas? – preguntó el castaño tratando de disipar el incómodo silencio y concentrarse en su labor, aquel aroma a mujer empezaba a hacerle mella en su cuerpo.

La chica se quitó su grueso abrigo y para Ryo fue el paraíso.

– Rika... – susurró quedamente, no sabía porque pero ese hombre le atraía y mucho.

– Oye, que bonito nombre – ella ladeó la cabeza en señal de molestia.

– Bien, Rika. Ya estás. No quedará marca en tu precioso rostro – la joven simplemente se limitó a rodar los ojos y desafiarlo con la mirada, aquello fue mala idea para el moreno quien no dejaba de contemplar sus bellas facciones.

A Rika no le pasó desapercibido su mirada y tuvo nuevamente que ladear el rostro molesta de las intenciones del chico.

– Ni creas que obtendrás algo de mí por haberme salvado.

Ryo ignoró su comentario girando delicadamente el rostro de ella y fue acercándose lentamente. Ella le atraía bastante, su fuerte carácter, su mirada felina, su increíble belleza, deseaba conocerla a fondo, sus gustos, sus miedos, todo... mientras tanto, no quería desaprovechar la sensación de robarle aunque sea solo un beso.

Aunque todo se salió de control al sentir el suave y cálido aliento cerca de su boca, lo estaba volviendo loco, hasta que por fin se decidió a tomar esos labios y empezó a degustarlos glorioso. Esa acción fue un choque eléctrico para los dos, quienes ansiosos comenzaron a besarse desesperados. Sin un atisbo de cordura se deshacían de sus estorbosas prendas, las manos impacientes de ambos recorrían sus cuerpos. Ella palpando ardorosamente la dureza de sus músculos, él recorriendo ávido la suavidad de su piel.

La temperatura en la habitación aumentaba con cada beso, con cada caricia, con cada palabra entrecortada y con el pasar de los minutos los fuertes gemidos se ahogaban con el sonido del choque de sus cuerpos sudorosos, disfrutando por primera vez esa danza de placer y deleite que solo existe entre un hombre y una mujer enamorados.

Con una última embestida y totalmente agitado por el éxtasis, Ryo se derramó dentro de ella, nunca lo había hecho, siempre fue muy cuidadoso en ese aspecto, ni siquiera con su ex-novia, la chica que él siempre creyó amar. La observó jadear excitada y no pudo evitar acariciar sus rojos cabellos.

Rika no podía negar la vorágine de emociones al momento del clímax, por un momento se sintió querida y amada, sonaba ridículo pero jamás nadie había procurado su propio placer. De repente se sintió extrañamente feliz, lo abrazó fuertemente impregnándose de su aroma varonil.

Al terminar, el joven la atrajo a su cuerpo, cubriéndola con sus brazos y ella gustosa se acomodó en su fuerte pecho.

– Por cierto. Me llamo, Ryo – Rika rio y le dio un palmadita en el hombro.

– Vaya manera de conocernos – mencionó ella quedamente – Has de pensar que soy una cualquiera y si lo piensas me importa un comino.

– Yo no he dicho que eres una cualquiera y si te hace sentir mejor, también me dejé llevar... Para serte sincero me gustó.

– A mí también – los dos quedaron en silencio unos segundos, disfrutando del calor que emanaban sus cuerpos.

A Ryo no le pasó desapercibido la forma en que ella se aferraba a su cuerpo y sonrió enternecido, era curioso que con tan solo haber tocado su piel, se haya vuelto adicto a ella, sin embargo no solo era eso, sino que en verdad sentía una conexión muy fuerte desde que vio sus hermosos ojos violetas. A Rika le sucedía lo mismo, ella jamás se había sentido plena como hasta ahora al estar con él y compartir más que solo sexo, sino más bien haber compartido su corazón. Instintivamente se acurrucó como pudo a su torso tratando de colarse en su piel y Ryo le correspondió inmediatamente con un beso en su sien.


El joven Akiyama, despertó unas horas después unos minutos antes del amanecer. Contempló a la chica que aun dormía, agotada luego de haber hecho el amor de nueva cuenta. Se incorporó lentamente tratando de no despertarla y con cuidado acarició su mejilla. Para ser honesto, sentía una opresión en el pecho al dejarla, él no quería hacerlo.

– Eres una mujer increíble, Rika... no fue simple casualidad haberte conocido. Destino o no, te agradezco toparme en mi camino.

La pelirroja suspiró entre sueños esbozando una sonrisa y a Ryo le dio un vuelco. No, no podía quedarse.

– Nunca te olvidaré...

Y con el corazón hecho un nudo se fue sin saber si la volvería a ver, tal vez, algún día coincidiría con ella, el esperaba que sí, porque en verdad quería conocerla y ofrecerle un futuro mejor.

Fin.

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Sinceramente yo quería escribir un one shot de terror para estos días de muertos, sin embargo no se me ocurría nada y decidí escribir esto. Espero que les haya gustado, a veces ya ni sé que escribir, aunque tengo muchas ideas pero armar la trama se me hace algo complicado.

Zu, amiga, de nueva cuenta me haces sonrojar con tu comentario y espero no decepcionarte al seguir escribiendo, a veces me desanimo porque no sé si lo estoy haciendo bien pero gracias a ti y recordar que no hay muchas historias de ellos dos juntos me alienta a escribir más :3

Entonces "Almuerzo" y "Futuro" han sido de tus favoritos, interesante... me alegra saber que estos últimos fueron de tu agrado y no te equivocas, si fue mi primer hurt/confort... también ansío saber cuál es ese top diez de tus fics favoritos jejeje, tomate tu tiempo al elegirlos ;)

Descuida, ya ando trabajando en los hechos de lo que me pediste, poco a poco, pero ahí la llevo. Muchas gracias por tus buenos deseos, tu también cuídate mucho y nos estamos leyendo.