Digimon Tamers no me pertenece.


CUMPLEAÑOS

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Tenía la cocina hecha un batidero, manchas de harina por doquier; en la pared, el suelo, la mesa, incluso hasta en el techo. Los trastes sucios se hallaban apilados en el fregadero, el libro de recetas que muy amablemente Juri le prestó estaba cubierto de harina, afortunadamente con una limpiadita quedaría intacto, como nuevo; sino, con qué cara la vería cuando se lo entregase. Su delantal, antes blanco, tenía manchas de huevo con todo el batido de chocolate que torpemente derramó. Ni idea cuantas veces tuvo que repetir la receta al pie de la letra pero al fin, después de varios intentos, sus galletas se horneaban debidamente en el horno.

Suspiró agotado sentándose en la silla y limpiándose el sudor de la frente, esto de cocinar no era lo suyo pero por su adorada reina valía la pena arriesgarse a quemarse, todo para complacerla, sobre todo por la ocasión tan especial que celebrarían hoy: su cumpleaños número dieciocho. Bien sabía que su novia no era de festejos y esas cosas pero ¿Acaso él seguía las reglas? La conocía perfectamente, sacarle una sonrisa o sorprenderla formaba parte de su vida y de sus actividades favoritas, encima se consideraba todo un experto, así que ya tenía preparado un cumpleaños inolvidable, además esta era su primera celebración como pareja oficial y estaba completamente seguro que le encantaría su sorpresa.

La campanita de su celular le indicó que sus galletas ya se encontraban listas para salir y contento las extrajo del horno. Que bien olían, probó una y se felicitó a sí mismo por su gran hazaña. Una a una las fue colocando en una pequeña canasta que ya tenía preparada, junto con todo lo demás que necesitarían en su corto viaje. Vio la hora y se dio cuenta que tenía tiempo suficiente para limpiar el tremendo cochinero que dejó. Guardó todo en su lugar, limpió, lavó y enseguida se dirigió al cuarto de baño, necesitaba una ducha urgentemente.

OoOoOoOoOoOoOoOoO

– Al fin llegas, pensé que ya no vendrías – mencionó la pelirroja indicándole a su novio que pasara.

– Lo siento, tu sorpresa me entretuvo.

– Ya te dije que no es necesario que me des nada.

– Sí que lo es... A propósito de eso, te debo tu abrazo ¡Feliz cumpleaños, preciosa! – antes de que su pelirroja escapara, Ryo la envolvió en un fuerte abrazó impidiéndole irse.

Ella, ya no puso resistencia y le correspondió de inmediato para enseguida capturar esos tentadores labios y perderse en sus besos que la volvían loca de deseo.

A pesar de haber sido el primero en felicitarla desde las primeras horas de la mañana, enviándole montones de mensajes, le encantaba sentir el calor de su cuerpo con el suyo y escuchar su molesta pero a la vez seductora y varonil voz.

– ¿Nos vamos? – dijo él después de ir a la luna besándola. Ella solamente asintió sonrojada y juntos se encaminaron a la salida.

– Que se diviertan – mencionó alegre Rumiko despidiéndose de la pareja junto a su madre, felices de ver a su hija y nieta ser correspondida por un hombre como Ryo Akiyama.

– Descuiden, la traeré el domingo en la tarde sana y salva – las dos mujeres no pudieron evitar sonreír ante el comportamiento de la chica quien le dio un codazo en el estómago al pobre castaño.

Ryo como todo buen caballero le abrió la puerta de su auto y luego de esa acción, rápidamente se montó a su lado. Estaba ansioso por mostrarle el lugar a donde la llevaría; Shibuya, específicamente al poderoso e imponente santuario Meiji Jingu, un lugar muy tradicional y rodeado de la naturaleza. Al ser fin de semana, se hospedarían en una posada y disfrutarían dos días enteros totalmente solos, sin padres alrededor, ni amigos inoportunos que los molestasen.

Cuando llegaron a su destino, a Rika le brillaron los ojos, aunque lo disimuló muy bien. Siempre quiso visitar ese lugar, sin embargo por alguna u otra razón nunca fue posible hacerlo, y ahora Ryo se lo concedía trayéndola precisamente el día de su cumpleaños. Apetecía llenarlo de besos ahí mismo pero el sitio se hallaba atestado de gente, no mucha pero si la suficiente y no quería darles un espectáculo como ese. Una sonrisa pícara adornó su rostro, ya tendría tiempo en la noche para besarlo y algo más que besos.

Lo que quedaba de la tarde, la joven pareja se dedicó a turistear los alrededores del santuario, rodeado de frondosos árboles compuestos de diferentes especies, esto al estar situado literalmente en un bosque. Conforme avanzaban, el guía les fue explicando que en ese lugar se veneran las almas del emperador Meiji y su esposa, la emperatriz Shoken. En su recorrido, admiraron los magníficos Toriis, (puertas sagradas del recinto) pasaron sobre el puente Jingu Bashi que conecta la calle Omotesando con el Meiji Jingu, en donde disfrutaron de artistas urbanos haciendo música, modelos de la extravagante moda de Harajuku y también se sorprendieron por alcanzar a ver una boda tradicional Shinto. A Rika no le pasó desapercibido el agarre en su mano, Ryo se mostraba fascinado por ese acontecimiento y como no, no todos los día se aprecia algo como aquello. Simplemente perfecto.

Después del interesante recorrido, se alejaron a un punto donde se les permitía hacer un día de campo. Los Tōrō (linternas japonesas hechas de piedra, madera o metal) iluminaban todo a su alrededor, dándole un aire sereno, mágico y romántico.

– ¿Qué te pareció la visita? ¿Te gustó?

– Sabes cómo sorprenderme y nunca dejas de hacerlo... gracias, Ryo – él asintió ensanchando su sonrisa y sacó el pequeño presente que con mucho esmero le preparó esa misma mañana.

– Toma.

– ¿Y esto?

– Tu cumpleaños aún no termina, ábrelo.

La pelirroja hizo lo pedido abriendo lentamente la cesta, alzó una delineada ceja ante lo que veían sus ojos, adivinando de inmediato aquel detalle.

– No me digas que... ¿tú las cocinaste? – preguntó emocionada, a lo que él asintió – no es por reprocharte ni nada pero... ni siquiera sabes cocinar.

– Pues resulta que tu novio tiene súper poderes cuando se trata de ti, amor.

Rika abrió desmesuradamente los ojos con las mejillas coloradas. Ese hombre era todo un caso y bien sabía sorprenderla, eso la enamoraba aún más de lo que ya estaba de él. Sin pensárselo dos veces y no importando que estuvieran rodeados de gente, la joven se abalanzó sobre él estampándole un beso abrasador. No era común en ella ser tan afectuosa ni mucho menos efusiva, sobre todo en público, no obstante la ocasión lo ameritaba.

– ¡Woow! – exclamó el joven después del fantástico beso y recuperar el aliento – si así me vas a dar las gracias, creo que no estaría mal cocinar de vez en cuando para ti.

La chica le dio un golpecito en el hombro y se dispusieron a disfrutar de las deliciosas galletas y demás aperitivos preparados con mucho amor por el joven Akiyama.


Mas tarde, esa misma noche...

– Rika, tú... ¿tu piensas en casarte algún día? – preguntó serio y meditabundo el moreno acariciando suavemente con sus dedos el delicado hombro desnudo de ella. Se hallaban abrazados en el lecho después de una apasionada y placentera entrega.

– ¿Lo dices por la ceremonia Shinto que vimos recién?

El castaño asintió con un quedo "si" y Rika suspiró apretándose a él y oler el delicioso aroma de su colonia y su piel.

– Haya boda o no, compartir una vida a tu lado es lo que más deseo – susurró ella rozando con su mano el musculoso pecho.

El corazón de Ryo dio un vuelco de alegría ante aquellas palabras e inmediatamente se acomodó de lado quedando frente a frente, la contemplaba sonrojada. Su mujer no era de muchas palabras, más sin embargo siempre se mostraba sincera en lo poco que le decía. Acercó su rostro acunando su mejilla y besándola pausadamente, disfrutando del sabor de su boca para enseguida acomodarse encima de ella.

– Te amo – dijo vehemente la joven entre sus deliciosos besos, él colocó un par de mechones rebeldes detrás de su oreja, sonriéndole tiernamente.

– También te amo, feliz cumpleaños, amor – musitó besándole el níveo cuello y adentrándose en su cálido interior para comenzar a moverse lentamente llevándola nuevamente al paraíso.

La reina digimon gimió y se dejó envolver por las placenteras atenciones de su guapo novio, sin duda alguna estaba agradecida por tan maravilloso regalo de cumpleaños y tener a un hombre como él en su vida.

Fin.


Creo que las galletas quedaron en segundo plano xD Ay, perdón, no se porque termino escribiendo a este par en este tipo de situaciones lujuriosas jeje. Si, lo admito, me encanta que terminen así y bueno... espero les haya gustado.

Zu: Con respecto a tu petición... Dile a tu gusanito que lo pensaré, yo creo que lo entenderá ¿verdad? ando con muy poca inspiración, además tengo que terminar lo otro que me pediste, estoy atrasada pero de que lo termino, lo termino. Palabra, aunque me tarde en subirlo. Y ahora que lo mencionas, se oyó muy raro al decir que fui muy cruel con Rika al hacerle eso jajajaja, pero tu entendiste :P

De nada, de nada, lo hice con cariño y para que no te quedaras con ese sabor amargo de lo que hizo Ryo, además de agradecerte nuevamente del que siempre has estado al pendiente de mis fics ¡Gracias, chica! Nos estamos leyendo, cuídate :)))))