Digimon Tamers no me pertenece.


Dulce espera

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Universo Alterno

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– ¿Te gusta lo que ves, amor? – preguntó Ryo muy divertido a su esposa, a quien notó muy entretenidamente callada del otro lado de la pantalla.

Rika no le respondió de inmediato, eligiendo seguir concentrada en la sensual vista que le regalaba el bien fornido cuerpo de su marido, un hombre que exudaba masculinidad en donde quiera. No pudo evitar morderse el labio deseando estar ahí y acariciar cada poro de su dura piel.

Ryo no tenía que ser adivino y ensanchó aún más su sonrisa al saber la razón del escrutinio de su pelirroja. A propósito, siguió secándose (para tortura de la chica) su torso desnudo, pasando lentamente la toalla por cada músculo de su húmeda anatomía.

Descarado.

De inmediato, la joven esposa se dio cuenta de sus intenciones y enseguida salió de su estupor sacudiendo la cabeza. Qué casualidad que el muy sinvergüenza le marcó justo a la hora de terminar de ducharse. Desde que iniciaron su relación, sobre todo cuando comenzaron a intimar, a ella se le había hecho costumbre rozar y estar en contacto físico con ese cuerpo del deseo y él bien lo sabía, aun así osaba hacerla rabiar y sonrojar hasta la médula con sus acciones.

Bufó y recuperó el sentido mostrándole su lado rudo y restándole importancia a su pregunta, sin embargo, no podía dejar de admirar disimuladamente su tono bronceado maldiciendo a esa bendita toalla por obstruirle ver más allá.

– Bien lo sabes – le contestó con deleite luego de pensarlo mucho.

Al diablo su pudor y su orgullo, lo extrañaba horrores y una video llamada no le iba a impedir contemplarlo a sus anchas.

Ryo se congratuló al percatarse del brillo en aquella mirada felina que tanto amaba. Se le habían hecho eternos estos días lejos de ella ¿Cómo pudo aguantar tanto tiempo sin sentir el calor de su cuerpo?

En lugar de eso, tenía que soportar a una clase llena de ruidosos estudiantes deseosos de obtener conocimiento. No es que le desagradara su profesión; al contrario, amaba su trabajo, no obstante, deseaba estar ya con su esposa. Por fortuna, esas dos semanas frente al montón de chiquillos de preparatoria habían concluido y mañana en la tarde partiría a Hokkaido, no sin antes comprar uno que otro recuerdo de la ciudad natal de su amada.

Ahora que lo recordaba, fue en esa misma escuela de Shinjuku donde él la conoció, una alumna problemática que le causó muchos dolores de cabeza pero que al final de cuentas terminó conquistando su corazón. No fue mucho problema para estar juntos, solo los doce años de diferencia que los separaban y el que no los cacharan en la escuela. Afortunadamente su suegra lo aceptó al igual que la abuela de su esposa, unas mujeres encantadoras que rápidamente lo acogieron y demostraron su apoyo. Cuan feliz era al contar con una familia, sobre todo porque él quedó huérfano desde los catorce años y nunca sintió el cariño ni amor de nadie hasta que conoció a Rika, el amor de su vida.

– Que pasa, de repente te quedaste callado.

Él sonrió volviendo a la realidad.

– No pasa nada, solo me perdí un rato. Por cierto, esa camiseta negra te queda bien ¿Te he dicho que te vez muy sexy con mi ropa puesta?

Rika sonrió con gusto, esa camiseta era su favorita de entre todas las prendas que usaba para dormir, en especial cuando su amado se ausentaba (que por fortuna no era seguido) además, tenía un valor sentimental muy grande como para desecharla o devolvérsela a su marido.

Sin pensarlo, se incorporó dejándole ver su curvilínea silueta, se enderezo y comenzó a soltarse el cabello que traía amarrado en una coleta alta y enseguida se paseó por toda la habitación fingiendo acomodar algunas cosas y preparando su cama para dormir.

– ¿Qué haces? – le dijo entre divertido, nervioso y porque no, deseoso de estar ahí a su lado.

La joven no le contestó, no por nada estuvo dando vueltas en la alcoba. Se dirigió al ropero buscando algo que desde hace rato ansiaba mostrarle y cuando lo encontró, se volvió a sentar en la cama. Ryo estaba expectante, cuando su esposa se mostraba misteriosa sin decir palabra, significaba peligro o sorpresa.

Ella le sonrió dulcemente, algo extraño y fascinante, ya que raras ocasiones sonreía de esa manera y agradecía que esas sonrisas fueran exclusivamente para él.

Con parsimonia, Rika fue extrayendo cada artículo que contenía aquella caja; un mameluco, un sonajero, un biberón... Ryo contuvo el aliento. Tanto tiempo añorándolo pensando que tal vez nunca sucedería después de lo ocurrido cuando eran novios.

– ¿De cuánto estas? - preguntó emocionado y con los ojos acuosos.

– De dos meses.

El futuro padre no podía describir lo que sentía en ese instante. Siempre quiso formar una familia, su sueño desde jovencito y ahora su querida esposa le iba a cumplir ese deseo.

– Ya no quise esperar a decírtelo. Sabes de sobra lo que significa para los dos...

– Estaré allí hoy mismo.

– ¿Te estas escuchando? será de madrugada cuando llegues – lo reprendió al verlo guardar presuroso y sin cuidado la ropa en el interior de su maleta.

– Rika, déjame consentirte.

Ella no se pudo negar ante esa cara de inocente cachorrito. Lo comprendía.

– Está bien, te espero.

Una sonrisa de felicidad adornó el rostro del castaño.

– Te amo.

– También te amo... maneja con cuidado.

Los dos se desconectaron esperando volver a verse cara a cara y celebrar tan maravillosa noticia. Increíble del cómo pasó un momento íntimo y sugerente a ser un momento de amor, alegría y esperanza de esa dulce espera.

Fin.


Un corto one shot medio picante, romanticón y dulce. Tenía en mente escribir otra cosa pero de repente me surgió la idea de plasmar esto y hacerlo como secuela de otro one shot que estoy escribiendo.

Zu, no creas que se me ha olvidado lo que me pediste de "Futuro", también estoy en eso. Ya llevo escrito un buen tanto, solo que la inspiración se va, me surgen otras ideas y lo dejo a un lado, luego vuelve y empiezo a retomar en escribir. En otras palabras, lo estoy escribiendo por partes, poco a poco. Quiero que salga bien :3

Gracias por leer.