Digimon Tamers no me pertenece.


Amor prohibido

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Universo Alterno

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Esta historia es una precuela de "Dulce Espera"

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La joven pelirroja caminaba en compañía de su mejor amiga yendo para el centro comercial de Shinjuku. La universidad absorbía parte de su tiempo, sobre todo cuando de exámenes se trataba, aunado al proyecto que presentó y aún no recibía respuesta para su cambio a la universidad de Hokkaido, la dejaron estresada y sumamente exhausta. Aunque eso no les impidió a las dos salir a pasear por los alrededores, se lo merecían luego de haber terminado esa racha interminable de estudios.

Rika bostezaba a ratos y esto a Juri no le pasaba desapercibido, ultimadamente su amiga se notaba cansada, algo demacrada y con mucho sueño, cosa muy rara en ella. Se aventuró a preguntar sabiendo de ante mano que no iba a obtener una respuesta concreta.

– Rika ¿te sientes bien?

– Porque lo preguntas.

– Has estado bostezando mucho, eso sin mencionar esa cara de cansancio que te cargas.

– Los exámenes me dejaron agotada, es todo.

Juri hizo una mueca, no muy convencida con su respuesta.

– A mí se me hace que es algo más... ¿Todo bien con Ryo?

– Todo está bien entre él y yo. No te angusties.

La castaña prefirió no seguir indagando, ya conocía el fuerte carácter de su amiga y no quería disgustarla bombardeándola con demasiadas preguntas. Las dos jóvenes siguieron su camino en silencio buscando algo de interés que las distrajera. Al pasar junto a un escaparate donde exhibían toda clase de accesorios de bebé, Rika no pudo evitar asomarse y perderse en aquella marea de enseres. Cunas, mamelucos, mantas, sonajeros, carriolas, ropa... Se tocó el vientre instintivamente olvidando que Juri se encontraba a su lado y un sentimiento puramente maternal le invadió por completo. Una vida se estaba formando en su interior y esa vida es producto del amor que Ryo y ella se profesaban. Que importaba si él rondaba los treinta y ella los dieciocho, a veces el amor toca el corazón de las personas de diferente manera y su caso no era la excepción...

¿Cómo sería su bebé? ¿Heredaría los ojos azules de Ryo o el color de sus ojos violetas? ¿Castaño o pelirrojo? ¿Niño o niña? Sonrió a más no poder, ya no quería darle más largas, hoy mismo se lo diría. Estaba completamente segura que se alegraría.

– ¿Hay algo que quieras contarme? – le interrumpió Juri sacándola de sus cavilaciones.

Rika dejó de rozar su vientre y volteó a donde su amiga quien la miraba preocupada. Bueno, Ryo ya no sería el primero en saber lo de su estado.

– Estoy embarazada – soltó con los ojos radiantes.

Katou enmudeció sin saber que decir, analizando esas dos palabras. Segundos después, su expresión cambió a una de completo entusiasmo.

– ¡¿Es en serio?! ¡Wow! ¡Esto es fantástico! ¡Felicidades, Rika! – Juri la abrazó, ella era de esas chicas que veía el lado bueno de las cosas y eso a Rika le aliviaba sobre manera – ¿Ya has ido con un médico?

– Si, me lo confirmó ayer.

– ¿Fuiste sola? – la pelirroja asintió.

– No quiero que ni mi madre ni mi abuela se enteren antes que Ryo. Tú no cuentas porque eres una metiche curiosa.

– ¡Oye! yo no estoy sobándome el vientre y viendo cosas de bebé – se defendió ella – Por cierto ¿se lo has dicho a Ryo?

– Pienso decírselo hoy en la noche, quiero sorprenderlo.

Rika esbozó una ligera sonrisa y su amiga la imitó no pasándole desapercibido su semblante demacrado.

– ¿Sabes? aunque se te ve feliz te noto cansada, también un poco pálida. Rika, tienes que cuidarte, no solo por ti, sino también por esa personita que viene en camino.

– Eso lo sé de sobra... – suspiró un poco preocupada – Descuida, las náuseas y el cansancio son normales, apenas estoy de dos meses y medio.

– Ni se te nota.

Juri quedó mirando soñada el vientre de su amiga. Observándolo bien, apreciaba una pequeñísima curvatura, aunque no se lo diría. Sabía de ante mano que Rika era muy recelosa con su figura. La vio agarrarse la sien y recargarse en la pared. Se preocupó.

– Será mejor que regreses a casa, siento que en cualquier momento te desmayaras. Creo no fue buena idea salir a caminar ¿Y si mejor te llevo con el doctor? la verdad se te ve mal, Rika.

– No te preocupes, las náuseas se desvanecen cuando Ryo aparece ¿puedes creerlo? En fin, te tomaré la palabra y me iré a casa a recostarme un ratito en la cama ¿me acompañas?

– Por supuesto, Ryo no me perdonará si algo te pasase. Vamos.

La joven pelirroja rodó los ojos y juntas se encaminaron hablando de sus planes a futuro.


Después de haber convencido a Juri que se encontraba perfectamente, Rika se hallaba en la cocina preparando un poco de té, esto para calmar las terribles nauseas que no cesaban. A decir verdad, no se sentía muy bien que digamos, tal vez debió haber hecho caso al consejo de su amiga e ir con el médico y no decirle esa pequeña mentirilla, pero es que a ella no le gustaba depender de nadie ni que la trataran como a una niña enferma.

Trató de relajarse tomando el primer sorbo, meditando el error de salir a deambular sin sentido y a ver si de una vez por todas con esa infusión, desaparecía su malestar. Justo cuando quiso dirigirse a la sala, sintió una punzada en su bajo vientre, quiso ignorarla e irse de largo, pero otra punzada hizo que soltara la taza quebrándose en sus pies. Ni siquiera lo caliente del líquido ambarino lo resintió tanto como el dolor que presentó en ese momento, haciéndola doblarse del fuerte retortijón, asustándola.

Con el corazón en vilo, buscó a tientas su celular para llamar a Ryo, las manos le temblaban y su vista se tornó borrosa. Otro dolor, fue mucho más intenso que los anteriores, el celular cayó de sus manos y fue entonces que percibió una viscosa humedad empapando su entrepierna, percatándose enseguida que se trataba de sangre.

– No... musitó horrorizada. Algo no andaba bien.

Con la respiración entrecortada y las fuerzas abandonando su cuerpo, se apoyó en el refrigerador deslizándose en el frio aparato hasta llegar al suelo perdiendo poco a poco el conocimiento.


Seiko llegó al apartamento donde vivían su nieta y su novio, anduvo tocando el timbre un buen rato sin obtener respuesta. Llamó a su celular y nada, aunque le pareció escuchar la melodía de su teléfono desde dentro. Se preocupó, porque Juri le dijo que la había dejado en su casa un tanto indispuesta. Sostuvo la perilla fuertemente y esta se abrió sorprendiendo a la matriarca.

– ¿Rika?

La mujer mayor se asomó y se adentró al interior, todo estaba en absoluto silencio y eso no le gustó.

– A lo mejor está durmiendo – se dijo para sí misma tratando de quitarse esa sensación extraña de angustia e incertidumbre.

Volvió nuevamente a marcar y esta vez el sonido del celular lo escuchó desde la cocina. A paso raudo se dirigió a ella y su corazón se detuvo espantado al ver a su nieta tirada en el suelo, con una palidez extrema y una enorme mancha de sangre asomándose entre sus piernas.

– ¡Rika!

OoOoOoOoOoOoOoOoO

Ryo a duras penas se vistió, saliendo veloz de su apartamento.

"Rika ha despertado..."

No dejaba de pensar en lo que conllevaba esas tres palabras, necesitaba verla, sentirla, escuchar su voz, perderse en sus ojos violetas. Corrió como pudo dejando abandonado su auto en medio del tráfico, temía que si llegaba tarde ella ya no estaría. Apresuró sus pasos ignorando el pitido de los autos y el reclamo de los conductores.

– Mi niña... Gracias al cielo has despertado.

Seiko habló con la voz temblorosa mientras sostenía la mano de su nieta, Rumiko no pronunciaba palabra, tenía recargada su frente con la de su hija, llorando en silencio.

– Mi... bebé... – habló la joven con un nudo en la garganta.

Las dos mujeres negaron con la cabeza en una clara muestra de infinita tristeza e inmediatamente a Rika se le nublaron los ojos, ladeó el rostro mirando a la nada sin saber que pensar o decir, era como si una parte de ella hubiera muerto. Cerró los ojos preguntando por su amado.

– Ryo... quiero verlo... ¿Dónde está?

– Él vendrá, cariño, pronto estará aquí. No te esfuerces mucho.

Rumiko la recostó cuando ella quiso tratar de levantarse, enseguida apretó su mano entre las suyas. Al instante, la mano de su madre se unió transmitiéndole fortaleza.

– ¡Rika!

Las tres mujeres voltearon hacia la entrada de la habitación. Ryo se apoyaba preocupado en el marco de la puerta, también se le veía agitado, ansioso, nervioso y emocionado. Dudaba si ir o no a su encuentro, sentía que invadía un momento familiar.

– Ryo... – murmuró la joven con los ojos llorosos, alzando su brazo tembloroso instándole a acercarse. Él enseguida se adentró y la rodeó delicadamente en sus fuertes brazos.

– Llamaré al doctor – dijo Rumiko saliendo del cuarto.

Seiko solo era testigo del amor que esos dos se profesaban, no podía estar más feliz por su nieta. Salió en silencio para darles su espacio.

Ryo le palpó suavemente el rostro comprobando si en realidad ella estaba despierta. Le besó los parpados, las mejillas, la boca, agradeciendo al altísimo no habérsela llevado.

– Yo...

– Shhh tranquila, no quiero que te sientas culpable de nada. Hablaremos luego, ahora solo descansa, amor. Tienes que recuperarte.

Rika asintió sollozando.

– Te amo.

– Yo también te amo, mucho, más que mi vida.

Besó sus labios, advirtiendo el sabor salado de sus lágrimas.

El carraspeo del doctor hizo que el joven deshiciera a regañadientes el abrazo, dándole paso para que la auscultara. No sin antes darle un beso en la frente y susurrarle otro te amo.


Recostado delicadamente sobre el vientre de su novia, Ryo la miraba atento a las reacciones que pudiera tener. Ella se hallaba dormida luego de la extenuante revisión del doctor, aun no daba luz verde, pero estaba estable. Eso de algún modo le aliviaba, de ahora en adelante no se separaría de su lado hasta verla completamente recuperada. Se incorporó sin dejar de sostener su mano pensando en lo cerca que estuvo de perderla. Oh, kami-sama, su corazón se estrujó, estaba feliz pero a la vez triste, acababa de perder un bebé sin siquiera él saberlo, ella estuvo a punto de darle un hijo, él estuvo así de cerca de ser padre; sin embargo, el destino o quien quiera que haya sido, los golpeó de una manera dolorosa. Agachó la cabeza derramando lagrimas silenciosas, ni siquiera podía imaginar la tristeza de su novia, si de por si él se sentía abatido... Recordó entonces, hace mucho la plática que tuvo con el padre de Rika días antes de morir, cuando ni siquiera había sentimientos de por medio entre ellos.

Flash back

El joven profesor dio por terminado la revisión de apuntes, daban las cinco de la tarde y la escuela prácticamente se hallaba vacía. Aprovechando esa soledad, se dirigió a la ventana a respirar aire fresco, a pesar de que amaba su profesión, un respiro y descanso de tanto bullicio adolescente, aunque sea un ratito lo relajaba.

– Disculpe, profesor.

Ryo volteó hacia atrás, encontrándose con la figura de un hombre, lo reconoció enseguida.

– ¿Señor Makino?

– Lamento molestarlo ¿está muy ocupado?

– No, no. Ya he terminado, justo estaba por irme a casa.

– En ese caso, vendré otro día. Creo que fui inoportuno venir sin avisar.

– No hay problema, adelante.

Tadahiko hizo una reverencia adentrándose al interior.

– Quisiera hablar con usted, si me lo permite. Se trata de Rika.

Ryo lo invitó a tomar asiento en uno de los pupitres mientras él se recargaba en su escritorio.

– Usted dirá.

– Mire, yo sé que mi hija le ha hecho la vida imposible y la verdad estoy muy apenado por esa actitud huraña de ella.

Ryo mostró una ligera sonrisa recordando los dolores de cabeza que le ocasionaba esa niña.

– He tenido peores experiencias. La señorita Makino ha demostrado ser un hueso duro de roer, tiene carácter, pero debe aprender a comportarse y a controlar sus emociones.

– Se de sobra como es mi hija, en casa ella se comporta como una adolescente normal, a veces tiene sus arranques, nosotros siempre vivimos en carne propia su mal humor. Hemos recibido notificaciones de los profesores por su comportamiento tachándonos de malos padres excusándose que es una niña problemática que ya no tiene remedio. Usted es el único que ha sabido tratarla adecuadamente y no entiendo cómo ella se ensaña tanto hacia su persona.

– Quizá le caigo mal – dijo en tono de broma para aliviar un poco la preocupación de aquel hombre.

El padre de Rika se pasó una mano por su pelirrojo cabello, obviando el comentario del docente, sobándose el cuello dudando si contarle aquello.

– ¿Sabe? Al inicio de nuestro matrimonio, mi esposa y yo tuvimos algunos problemas para concebir, y cuando al fin se nos concedió ese privilegio, ella perdió al bebé.

– Lo lamento.

Tadahiko asintió.

– Al segundo intento, sucedió lo mismo. Resignados y sumamente dolidos decidimos no tener hijos, no queríamos pasar nuevamente ese sufrimiento. Fue una sorpresa para los dos al enteramos de que esperábamos a Rika y un verdadero milagro que Rumiko haya superado el primer trimestre. No queríamos ilusionarnos con falsas esperanzas, el doctor fue claro y directo que muy probablemente ese bebé nacería muerto. Gracias al cielo no fue el caso, aunque mi hija nació prematura, de seis meses y medio. Estuvimos a punto de perderla, pero ella luchó y se mantuvo fuerte.

Tadahiko sacó de su cartera una pequeña fotografía muy bien cuidada, Ryo vaciló un segundo si verla o no. Decidió no ser grosero y tomó el pedazo de papel que Tadahiko sostenía. Un bebé recién nacido luchando por su vida conectado a cables y tubos.

– Disculpe si eso le incomoda.

– No se preocupe.

– Esa fotografía me recuerda la gran responsabilidad que tengo como padre y que a pesar de las duras batallas que tenemos, al final siempre habrá una recompensa. Mi niña tuvo muchas complicaciones de salud, nuevamente los doctores nos dijeron que ella no sobreviviría. Pero mire, dieciséis años después, mi hija está aquí, viva, respirando el mismo aire que nosotros. Lo que quiero decir, profesor. Tenga paciencia con ella, tal vez se cansé, decida rendirse y expulsarla definitivamente. Mi hija no es mala muchacha, la conozco, es enojona y tiene su orgullo. Ha pasado por mucho desde que nació, tuvo secuelas que con el tiempo las ha superado, por eso ella se esconde bajo una fachada dura. Claro que no apruebo su conducta, pero trate de entenderla. Rumiko me regaña porque soy muy blando y dejo que haga lo que le venga en gana, aunque eso no sea cierto. Tengo mi manera de corregirla y educarla.

Ryo, atento a las palabras del padre de Rika, habló.

– Señor Makino, agradezco su confianza en contarme algo tan personal para usted. Sinceramente he tratado de contenerme en no expulsar a su hija en reiteradas ocasiones. Debería hacerlo, pero créame, una expulsión no es la solución. Tal vez en algunos casos, pero no el de su hija. Quiero que ella entienda que tiene un gran futuro por delante.

– Me alivia saber que alguien más aparte de nosotros tiene esperanzas en mi hija. Tampoco quiero decir que la deje hacer lo que le conviene. Por favor, siga enérgico con ella. En verdad le agradezco el enorme esfuerzo que hace usted al ayudarla, a ella y a muchos otros estudiantes.

Tadahiko y Ryo siguieron conversando un buen rato, hasta darse cuenta que la noche había caído. Ryo nunca olvidaría lo que le dijo al despedirse.

Los jóvenes de hoy en día son el futuro del país y los hijos son una gran bendición, profesor. Cuando los tenga, lo sabrá. Que tenga buena noche.

Ryo se despidió de él sin saber que sería la última vez que lo vería.

Fin del flash back

– Hijos – susurró el castaño, pensando que nunca tendría el privilegio de tener uno.

Sacudió su cabeza, no era el lugar ni el momento pensar en eso. Lo primordial era la salud tanto física y emocional de su novia.

Todavía recordaba aquella fotografía, donde ella apenas era un bebé recién nacido de seis meses, conectada a tubos y cables. De nueva cuenta la veía postrada allí, luchando por su vida y él sin saber que hacer. Ahora entendía el sentir de Tadahiko...

¿Qué hubiera pasado si el padre de Rika estuviera vivo? ¿Ellos estarían juntos? O simplemente serían dos extraños más en este mundo. Por alguna causa sucedían las cosas y la muerte del señor Makino fue un aliciente a su acercamiento. Agradeció y oró en silencio por el eterno descanso de su fallecido suegro.

Rumiko observaba desde la entrada de la habitación al novio de su hija, miraba lo atento que Ryo era con ella.

– Rika se ganó el cielo al conocer a ese muchacho, ¿no crees?

La rubia solo asintió ante el comentario de su madre sin dejar de ver la escena frente a ella.


Una semana después, Rika ya se encontraba recuperada para darle el alta. Aunque por indicaciones del doctor, ella seguiría reposando en casa.

– Yo creo que deberían quedarse una temporada con nosotras, me sentiría más tranquila sabiendo que la abuela estará cuidándote en lo que Ryo trabaja.

– No soy una niña, mamá.

– Eso ya lo sé, pero sigues delicada, necesitas a alguien cerca y Ryo no puede encargarse de todo al mismo tiempo.

El moreno decidió intervenir al darse cuenta que su novia estaba a punto de estallar y eso no era bueno para su salud.

– Señora Makino ¿me permite hablar un momento con Rika, por favor?

Rumiko, asintió renuente saliendo de la habitación, dejando a la pareja sola.

– No quiero ir, mamá siempre quiere controlar mi vida.

– No digas eso. Tu mamá se preocupa por ti, solo quiere que estés muy bien cuidada, yo también quiero que estés segura y en buenas manos. A decir verdad, tengo mucho trabajo acumulado en la escuela y eso me impide estar a tu lado todo el día. Qué más quisiera botarlo todo y apapacharte, pero los dos sabemos que eso es imposible.

Rika posó su mano en la mejilla del muchacho, tenía razón. Lo notaba cansado y no quería ser una carga para él, lo apoyaría en lo que fuere necesario y salir los dos juntos de esto sin la presión constante de su madre.


Ya en casa, Rika se encontraba en el interior de su antigua habitación con los shojis abiertos, miraba con nostalgia esa primera ecografía que le hicieron cuando se enteró de su embarazo. Cerró los ojos, su bebé ya no estaba, se había ido, tal vez al mismo lugar que su padre.

Alzó la vista hacia el exterior, escuchando los pájaros trinar, el sol brillar, el viento soplar. Una lágrima rodó hasta caer en la imagen de su bebé, un pequeño puntito negro que apenas empezaba a desarrollarse.

– Llegaste temprano.

– El ensayo se canceló, mis amistades fueron a comer algo, no quise ir. Preferí venir a ver a Rika.

– Rika ha estado un poco desanimada, justo le iba a dejar su almuerzo.

– ¿Y Ryo?

– Tuvo que viajar de urgencia a Hokkaido.

– ¿Hasta allá? Debió haber cancelado.

– Es parte de su trabajo.

– ¿Que es más importante, mi hija o su trabajo?

– Que yo recuerde, cuando Rika era una niña tu trabajo era más importante.

– Eso no es cierto, mamá. Sabes que no podía dejarlo de lado, Tadahiko no ganaba lo suficiente y necesitaba darle un buen sustento a mi hija.

– Ryo hace lo mismo, quiere darle lo mejor a tu hija, sobre todo en estos momentos difíciles para los dos. Recuerda que Rika perdió un bebé y bien sabes lo doloroso que es eso. Lo pasaste dos veces.

– Tadahiko siempre estuvo conmigo.

– Ryo también lo está con Rika, estos días él la acompañado, han hablado, han llorado juntos. Lo que necesita además del apoyo moral de su novio es el apoyo y el consejo de una madre, de su madre, aunque no lo creas, ella se da cuenta de la indiferencia que tienes hacia Ryo. Y ni se diga del pobre hombre.

– Todo esto pasó por juntarse con él. Debieron esperar.

– Oh, vamos, no seas anticuada.

– Está bien, lo confieso. Estoy celosa de Ryo, se robó a mi hija, acapara toda su atención y ella nada más piensa en él.

– Eso es normal. Ryo ha demostrado con creces ser un buen hombre para ella y ella le corresponde de la misma manera. ¿Y de dónde sacas que se la robó? se enamoraron, vinieron a pedirnos nuestra aprobación, viven juntos como cualquier pareja normal ¿Qué esperabas? ¿Que tu hija se quedase a vestir santos? Además, tu bien sabes que en el fondo Rika te adora, eres su mamá. Así que deja de comportarte tan infantil y ve a llevarle el almuerzo a mi nieta. Por kami, que ustedes dos son tan testarudas cuando se lo proponen. Tenían que ser madre e hija.


– Rika, ¿puedo pasar?

La pelirroja se secó la lagrimas inmediatamente guardando la ecografía entre su yukata.

– ¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar trabajando?

– Salí temprano hija, te traje el almuerzo.

– ¿Y la abuela?

– La abuela se sentía cansada.

– No tengo hambre.

– Necesitas comer.

Rumiko no recibió respuesta y decidió que ya era hora de hablar.

– Se que ya no eres una niña, pero para mí y tu padre siempre serás nuestra niña, nuestro milagro...

– Mamá...

– Yo también perdí dos bebés antes de ti, sabes. Nunca te lo dijimos, no lo creíamos necesario... – Rika se sorprendió ante la confesión de su madre, jamás imaginó que ella hubiese pasado por lo mismo – En verdad se cómo te sientes, piensas que eres de lo peor y que no mereces nada, te sientes culpable, poca cosa... – Rika agachó la mirada sin saber que decir – Fue gracias a tu padre y abuela que salí adelante. Después de un tiempo, imagínate la sorpresa al enteramos que venías en camino, no lo podíamos creer y cuando naciste te veías tan frágil, tan chiquita, temíamos que en cualquier momento te irías de nuestras vidas, pero luchaste, hija, te mantuviste fuerte, así como también te revelaste contra la madre naturaleza pensando que ya no podíamos concebir. Se que piensas que la vida te está pegando duro, que es cruel e injusta, sin embargo, tú eres valiente y no te dejas intimidar por nadie. Yo sé que saldrás adelante, porque tu siempre lo haces. Debes hacerlo, por ti y por Ryo – Rumiko notó como el rostro de su hija se contraía, se aclaró la garganta – Se que estos días he sido dura con él. Rika, perdóname si te he hecho sentir incomoda, he de admitir que al principio tenía mis dudas con respecto a Ryo y confieso que le eché la culpa de tu pérdida y del sufrimiento que estas pasando por causa de ello. Hasta ahora me doy cuenta del gran amor que te tiene y de lo mucho que tú también lo amas. He sido una ciega.

Rika se limpió las lágrimas que salían sin control de sus ojos.

– No sabes lo mucho que me alegran y alivian tus palabras. Yo pensé que...

– ¿Que lo odiaba? al principio no, por eso acepté su relación. Luego de tu accidente si llegué a detestarlo, pero él no tiene la culpa, ni tú, ni nadie. Él es un buen hombre, hija y tú eres muy especial para él, para todos los que te rodeamos.

– Mamá... – la pelirroja abrazó a su mamá, rara vez lo hacía – Gracias por aceptarlo, significa tanto para mi.

– Tu felicidad significa todo para mi. Te quiero tanto, hija, papá igual y desde el cielo vela por nosotras.


Entrada la noche, Rika se encontraba hincada en el tatami hojeando un álbum de fotografías, de cuando ella era una niña, compartiendo vivencias a lado de sus padres y su abuela.

– Ya llegué, preciosa.

– Me alegra que estés aquí – ella extendió sus brazos para recibirlo y él gustoso fue en su encuentro.

Rika nunca había llegado a amar con tanta intensidad como amaba a Ryo. Lo necesitaba, lo necesitaba como el aire que respiraba.

– ¿Cómo estás? – le preguntó acomodando un mechón de cabello detrás de su oreja.

– Extrañándote – el sonrió encantado besando sus manos.

– Te tengo buenas noticias.

Ella alzó las cejas y él enseguida le contestó.

– Te han admitido en Hokkaido.

– ¿En serio?

– Quieren que te presentes iniciando el otoño.

Rika jugaba con aquellos dedos varoniles, pensando en lo bueno que sería radicar en ese lugar.

– Quiero ir, necesitamos cambiar de aires.

– Sabía que no te echarías para atrás y por eso me demoré más de la cuenta. Pedí mi transferencia.

– ¿Hiciste qué?

– Lo que oíste, mi reina – Ryo agachó su rostro alcanzando los labios de su amada – Desde hace mucho me ofrecieron un puesto en la preparatoria Niseko, solo que lo postergaba debido a que en ese entonces mis sentimientos por ti estaban floreciendo, ahora es una buena excusa para aceptar. Sobre todo ahora, Rika... lo he estado pensando mucho, tal vez no sea el momento oportuno, pero quiero... no, deseo, anhelo compartir una vida a tu lado.

– Ya lo hacemos, Ryo.

– Lo que quiero decir es... Rika ¿quieres casarte conmigo?

Ella abrió de más los ojos ante la inesperada propuesta, ser la esposa de Ryo Akiyama sería un sueño hecho realidad. Su mirada se nubló ante la emoción y se abrazó a él con todas sus fuerzas.

– Si, si quiero ser tu esposa.

Ryo correspondió el abrazo llenándose de su suave fragancia, la apartó ligeramente, posando sus manos en las caderas de ella acercando su frente con la de ella.

– No sabes lo feliz que me haces, mi futura señora Akiyama.

– Señora Akiyama, suena bien.

Él la besó nuevamente saboreando el dulce néctar de su boca. No podía creer que aquella chiquilla malgeniuda que hacía unos años fue su alumna y que hizo su vida de cuadritos desde que la conoció terminaría siendo su mujer. No cabía de la emoción, rompió el beso que estaba saliendose de control y se percató enseguida de algo que le llamó la atención, el atuendo que llevaba puesto debajo de su yukata entreabierta.

– Oye, ¿esa camiseta negra no me pertenece?

– En tus sueños, Akiyama, bien claro dijiste que la regalara o me deshiciera de ella.

– Entonces si es...

– Es la camiseta que me prestaste cuando, bueno, cuando papá falleció.

– No puedo creer que aún la conserves. Jamás te la vi puesta hasta ahora.

– Tiene un enorme significado para mi, la encontré entre mi ropa que dejé aquí. No tuve el valor de tirarla. Siempre te estaré agradecida por esa vez que me ayudaste tanto, a pesar de lo dura que fui contigo.

– Rika...

Ryo la miró enternecido, ya no quedaba rastros de aquella joven fúrica que estallaba cada que se encontraban, bueno a veces salía a relucir su carácter, pero él sabía apaciguarla. Obviamente ya no con castigos, tareas extracurriculares o amonestaciones, sino con besos, palabras cariñosas, caricias, hechos y amor, mucho amor. Ese amor prohibido que fue creciendo poco a poco hasta convertirse en un amor real, sincero y verdadero, de esos que duran para siempre.

Fin.