Digimon tamers no me pertenece.
Manos frías
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La siguiente canción en su celular empezó a escucharse a través de sus audífonos mientras esperaba impaciente en la estación del metro Nishi-Shinjuku. Después de haber estado casi todo el día metida en la oficina, así como realizando alguna que otra diligencia, ya ansiaba llegar a casa, tomar algo caliente, despojarse de toda su ropa y cobijarse en los acogedores, fuertes y cálidos brazos de su apuesto novio. Sabía de antemano que él también anduvo muy ocupado y acordaron verse en ese lugar al terminar sus respectivas actividades pero el muy sinvergüenza no llegaba. Ya era un hecho que si no se apresuraba lo dejaría, palabra que lo haría porque comenzaba a sentir los estragos del aire gélido en el ambiente.
Instintivamente se frotó las manos dándole calor con el aliento de su boca, conforme pasaba el tiempo se tornaban cada vez mas frías. Detestaba tener las manos heladas, maldijo la hora de salir a toda prisa sin sus preciados guantes ¿A quien se le ocurre salir sin aquel útil accesorio en pleno invierno?
Un estornudo la agarró desprevenida, kami, no quería enfermar estando con mucho trabajo en esos días. Desechó esos pensamientos inmediatamente, se dio cuenta que entre más pensaba en ello, posiblemente si se enfermaría.
Desvió su mirada un momento visualizando a una pareja alejada de ella pero que bien sabia lo que hacían, se devoraban a besos en la soledad de aquel rincón, sin ningún tipo de pudor. Par de críos, rodó los ojos divertida acordándose de las picantes travesuras que compartió con Ryo en la preparatoria y en la universidad. Desvió su mirada hacia el otro extremo observando a una señora mayor y a su esposo tomados de la mano platicando muy animadamente, esperando también el bendito tren. Si la vida les concediera llegar a esa edad, seguramente Ryo y ella se verían así disfrutando con tranquilidad de su vejez.
Las risas de unos niños atrás de ella la desconcentraron, se hallaban jugando alrededor de su madre fingiendo ser unos tamers con sus digimon imaginarios. Sonrió sin poder evitarlo ¿Hace cuanto tiempo de aquellos lejanos recuerdos? Sin todas esas preocupaciones mas que ir a la escuela, dormir, hacer tareas y jugar con las digicartas, además de estar en compañía de su inseparable compañera digimon, Renamon.
Suspiró nostálgica advirtiendo al metro llegar y abrir sus puertas para sus ocupantes. Oteó a todos lados a ver si su hombre aparecía; nada. Ingresó autómata, se sentó en uno de los asientos vacíos, recargó su cabeza en la ventana de cristal y esperó a que el transporte avanzara y la llevara a su destino.
Justo cuando las puertas se cerraban, un joven moreno corrió apresurando sus pasos consiguiendo alcanzar a duras penas adentrarse al vagón. Respiró varias veces apoyando sus manos en sus rodillas, por poco y no lo lograba. Se incorporó lentamente pasando su brazo en su frente buscando a su pareja con la mirada.
Entonces la vio, sentada unas sillas adelante de espaldas a él, reconocería a distancia esa larga cabellera pelirroja semi cubierta por una boina violeta y una bufanda del mismo color. Era ella, no tenía la menor duda.
Una sonrisa adornó su varonil rostro, se acercó sigiloso a la chica, tomó asiento a su lado y sin decir nada entrelazó sus dedos con los de ella.
Rika recibió el agarre gustosa alejando su cabeza de la ventana para enseguida apoyarla en el hombro del moreno.
– Te extrañé – hablaron los dos al mismo tiempo, soltando una leve sonrisa por aquel hecho.
Ryo se percató de la baja temperatura en su mano, frunció el ceño pero no dijo nada. Se quitó los guantes y se los colocó con cuidado en sus blancas manos, la pelirroja se dejó hacer.
El tamer legendario le dedicó una mirada de ternura, la abrazó por los hombros y ella nuevamente recargó su cabeza escondiendo su rostro en el cuello masculino, él depositó un beso en su sien recargándose levemente.
Se mantuvieron en silencio todo el camino, dejándose mecer por el leve vaivén del metro.
Al llegar a su destino, se fueron directamente a la habitación que compartían desde hace unos meses y nuevamente sin emitir palabras, los dos se fundieron en un poderoso beso para enseguida entregarse al placer de ser uno solo.
Ryo despertó percibiendo el suave aroma a jazmines de su mujer, sin mencionar el roce de sus delicados dedos en su torso advirtiendo así la calidez de su mano y su piel.
– Buenos días, mi reina – la saludó alegre.
– Buenos días.
Ella le sonrió besándolo pausadamente, el moreno no opuso resistencia, le acarició la desnuda espalda hasta posar sus grandes manos en su cintura y asirla mucho mas a su cuerpo.
– Al parecer ya no tienes las manos frías, sirvió de algo darte calor toda la noche – mencionó jocoso una vez terminó sus arrumacos y empezar a besar sus dedos.
– Pervertido – musitó bromeando muy cerca de sus labios.
Ryo contempló su hermoso rostro, siempre tan bonita a sus ojos. Acortó la poca distancia que lo separaban de su amada, dispuesto a darle todo el calor que quisiera con tal de sentir su tibio cuerpo encenderse bajo el suyo.
Fin.
