CAPÍTULO 2
En el puente del SDF-3 hubo una algarabía. Todos se alegraron con la noticia del hallazgo del SDF-2. El almirante también sonreía discretamente y esperó a que se calmara la euforia de las chicas del puente, para responder el mensaje al capitán Sterling.
–¿Están bien todos? ¿Pudiste comunicarte con ellos? –preguntó el almirante.
–Negativo, señor, no logro hacer contacto con ellos. –respondió Max. –Solicito permiso para entrar a la nave con una escolta, manteniendo abierta la comunicación con el puente y con mi escuadrón. La capitana Sterling hará guardia afuera de la nave junto con el resto de los varitech, por si algo sucede.
–Permiso concedido, capitán. –dijo el almirante. –Max, cuídate. No sabemos qué encontraremos dentro de la nave. Algo debe haber pasado, por eso la tripulación no contesta.
–Entendido, capitán. ¡Cambio y fuera!
–¡Cambio y fuera!
Una vez que Max y su escolta entraron al SDF-2, todo parecía tranquilo, en orden, pero había un ambiente de desolación. Siguieron caminando con los varitech hasta que el tamaño de los pasillos se lo permitió.
–Capitán Sterling, los pasillos se reducen. Ya no podemos entrar con los Battleloids. –dijo el teniente Diego Delacroix. –¿Cuáles son sus instrucciones?
–Dejemos las naves en modo de espera. Procederemos a bajar y recorrer los pasillos a pie. –respondió Max. –Lleven sus armas consigo, estén alerta y mantengan la radio encendida.
Descendieron de sus naves, fueron caminando lentamente. Pasaron la escotilla que les daba acceso a los talleres de las naves. De lejos, podía verse que una parte de la nave estaba destruida, como si se hubiera llevado a cabo una batalla. Se acercaron con cautela y lo que vieron, los dejó horrorizados: todo el personal estaba sobre el piso, probablemente estaban inconscientes o en el peor de los escenarios, estaban sin vida. En medio de ellos, se encontraba un varitech, que probablemente haya tenido una feroz batalla con un armatoste que nunca antes habían visto. Era un robot enorme, de color rojo oscuro, cuyo casco había sido arrancado por el varitech, pues aún lo conservaba en sus manos mecánicas. Dentro de ese raro robot, había un alienígena de extraña apariencia. Tenía una forma de insecto gigante, como oruga, en cuya cabeza tenía un líquido viscoso, de color amarillo anaranjado fluorescente, del cual emanaba un vapor.
De pronto, se encendieron las alarmas de las computadoras de pulso de Max y la escolta.
–Capitán, el nivel de toxicidad del aire es elevado. Es nocivo para la los humanos. –dijo el teniente Anderson.
–Ahora entiendo. La tripulación ha estado expuesta a esta toxicidad, probablemente derivada de los vapores de ese líquido fluorescente. Debemos pedir ayuda inmediatamente. No sabemos cuánto tiempo han estado así, ¡quizá aún podemos salvarlos! –contestó Max. –Escuadrón, por ningún motivo se quiten el casco. Verifiquen el nivel de su oxígeno constantemente, para que podamos salir sanos y salvos de esto.
Max se comunicó inmediatamente con Miriya y con el SDF-3, explicando la situación. El almirante en el SDF-3 ordenó que fueran escuadrones de rescate. Asimismo, ordenó que prepararan una zona de cuarentena en el hospital militar.
–Max, ¿cómo está ella? –preguntó el almirante.
–Aún no localizamos el puente, Señor. –respondió Max.
–Dirígete hacia allá enseguida. Los escuadrones de rescate llegarán en cualquier momento, deja que hagan su labor. ¡Encuéntrala, por favor! –ordenó el almirante, cuya voz parecía más de súplica.
Conforme Max y la escolta iban avanzando, se iban encontrando con más y más cuerpos, que no sabían si estaban con vida, sin embargo, no podían detenerse pues tenían órdenes precisas del almirante, de dirigirse al puente de mando de la nave.
Una vez ahí, el panorama fue desalentador. Parte de la tripulación yacía en el suelo y otra parte en sus consolas de monitoreo. La silla del capitán de la nave estaba vacía. Lisa no estaba allí. Max siguió caminando en el puente, para tener una vista completa de toda el área. Mientras se iba acercando a las consolas del primer oficial y la oficial de armas, alcanzó a divisar una cabellera color claro y una fina figura femenina que estaba sobre el piso, sobre su costado izquierdo, dando la espalda a la mirada de Max.
–¡Lisa! –dijo el capitán Sterling quien había dejado su intercomunicador en línea directa con el almirante en el SDF-3.
–¿La encontraste? ¿Está bien? –preguntaba el almirante.
Max se dirigió hacia donde estaba Lisa, la sostuvo en sus brazos y volteó el cuerpo de ella para poder verla.
–¡Dios mío! –exclamó Max.
–¿Qué sucede? –preguntaba el almirante al otro lado de la línea.
–Está tan… demacrada… sin color… muy delgada… pero ¡respira! –dijo Max con alegría. – ¡Está viva, almirante! ¡La capitana Hayes está viva!
Se iniciaron las labores de rescate. Revisaron los pasillos de la inmensa nave. Así como iban encontrando a los tripulantes, éstos eran llevados al SDF-3 a un área de confinamiento en el hospital. Muchos tenían signos vitales, otros, desafortunadamente no habían sobrevivido a la exposición de los altos niveles de toxicidad del aire o habían muerto debido a que no habían ingerido líquidos ni alimentos.
Había muchas interrogantes al respecto, por lo que revisarían las bitácoras electrónicas del SDF-2, que conociendo a Lisa, debían estar al día. Les llamaba la atención que había pocos tripulantes, quizá un tercio de la plantilla original que abordó la nave.
El almirante diariamente preguntaba por el estado de salud de la capitana Hayes, quien, al igual que el resto de su tripulación, se encontraba en coma, deshidratada, en periodo de desintoxicación, alimentada por suero, sonda y conectada a varios monitores. Los tripulantes más afectados habían sido los que se encontraban en el área de talleres, pues habían tenido exposición directa al fluido viscoso y sus vapores, que eran la probable fuente tóxica.
Días después, unos bellos ojos verdes examinaban el lugar en donde se encontraba. Vio un techo alto, blanco, paredes color crema, escuchaba un sonido suave, como de alarma electrónica constante. Alcanzó a ver muchos equipos electrónicos con cables que no alcanzaba a enfocar hacia dónde se dirigían. Hizo el intento por incorporarse, pero se sentía tan débil, desorientada, cansada. Sentía que algo le molestaba en su cara, como una careta. Quiso mover su mano derecha para acomodarse lo que fuera que tenía en su cara, pero no tenía la fuerza necesaria para hacerlo. Intentó con la mano izquierda y sintió una leve punzada, así que decidió tratar de no moverla, hasta descubrir qué pasaba, qué hacía ella ahí.
Cerró los ojos, tratando de recordar lo que había pasado. Regresó a su etapa en la Tierra. La despedida con Rick, el despegue del SDF-2. Los años en que viajaron en el espacio, la lucha contra los maestros de la Robotechnia, contra los Invid, el establecimiento de las colonias humanas en Haydon y Tirol donde la mayoría de la tripulación y los civiles se habían quedado. También recordó estar en una especie de celebración con… Su cabeza siguió pasando imágenes vagas de lo que parecía ser un hoyo negro del que salían hordas de objetos no identificados que los atacaban. Entonces empezó a recordar los detalles. Se vieron forzados a disparar el arma principal de la nave, así como lanzar los misiles de fotones y de neutrones, que eran los misiles más poderosos que tenían, para hacer retroceder a esa horda de insectos que parecían hormigas gigantes. Arriesgó todo con los misiles, enviando a esos seres horrorosos de regreso por ese hoyo interdimensional. La energía que desprendieron los misiles, fue capaz de cerrar el agujero, sin embargo, uno de esos seres desconocidos pudo entrar a la nave cuando los diezmados escuadrones hacían su regreso.
El corazón de Lisa empezó a latir aceleradamente, recordando el ataque enemigo dentro de su nave, en la zona de talleres, siendo el capitán Archer quien tomó su varitech y se enfrentó directamente a ese artefacto rojo, pero todos los ataques eran inútiles. En un intento desesperado por vencer al alienígena, el capitán disparó a la cabeza del extraterrestre cuya carátula fue arrancada de tajo por el varitech del capitán. Esa cosa horrorosa, deforme, de consistencia rugosa, estaba herida. De esa herida comenzó a salir un líquido viscoso que emitía un vapor, el cual empezó a contaminar el aire inmediatamente.
El alienígena comenzó a hacer sonidos raros y a enviar ondas de comunicación que fueron captadas por los sistemas del SDF-2, por lo que Lisa inmediatamente ordenó un fold espacial para no ser localizados por los enemigos. Sin embargo, los vapores tóxicos ya habían entrado al sistema de ventilación de la nave e hicieron que toda la tripulación que no tuviera el casco puesto, se desmayara o falleciera.
En el hospital, las alarmas audibles de los monitores conectados al cuerpo de Lisa, empezaron a encenderse, debido a que su corazón y su respiración comenzaron a agitarse al recordar esos eventos. Recordó ver caer uno a uno de colegas en el puente, ella trató de cerrar manualmente el sistema de ventilación pero el esfuerzo fue inútil porque se desvaneció y de ahí no recordaba más.
Los médicos llegaron en ese momento a verla y le explicaron que el SDF-2 había sido rescatado y que ahora, ella y sus tripulantes se encontraban en el SDF-3. Le hicieron análisis de rutina. La capitana estaba un poco desorientada, pero recordaba hechos exactos. Ella preguntó por su tripulación. Le dijeron ella era la única que había despertado de ese estado de coma y que si requería mayor información, ésta sería dicha por la persona al mando del SDF-3, pues el equipo médico sólo era responsable de vigilar el estado de salud de la tripulación.
El almirante en el SDF-3, fue informado de que la capitana Hayes había despertado, por lo que de inmediato se dirigió al área de cuarentena. Asimismo, ella fue informada que el responsable de la nave hablaría con ella.
Finalmente, el almirante llegó. El personal médico militar se cuadró ante él y lo saludaron militarmente. Lisa no podía creer lo que estaba viendo. No sabía si era ilusión o era realidad.
El "capitán" del SDF-3 o quien ella creía que era el capitán, portaba un impecable uniforme, saco de color azul marino, camisa de cuello alto color rojo, pantalón blanco, la boina característica del capitán de la nave, sin embargo, tanto las insignias de la boina como las del uniforme denotaban más que el rango de un simple capitán. Eran las mismas insignias que ocupaban el Almirante Gloval y su fallecido padre, el Almirante Hayes, por lo que la sorpresa de Lisa fue mayúscula, pues ella creyó que hablaría con el "capitán" pero no, era el propio Almirante quien dialogaría con ella. Sus ojos color esmeralda estaban abiertos a más no poder, no se imaginaba a quién tenía ella enfrente ni mucho menos, en sus pensamientos más remotos se imaginó volver a ver a esa figura tan conocida para ella.
Debajo de esa boina de Almirante, se encontraba un cabello negro algo alborotado que cubría unos ojos azules que comenzaban a cristalizarse
El color esmeralda se encontró con el color azul océano. Ambas miradas parecían decirse todo. Por un segundo, las vivencias del pasado salieron a flote y las emociones comenzaron a desbordarse como un huracán. El portador de esos hermosos ojos azules, rompió el silencio y comenzó a hablar.
–Soy Richard Hunter, Almirante Supremo de las Fuerzas de Defensa Robotech y las Fuerzas Expedicionarias Robotech, del Gobierno de la Tierra Unida, a cargo de esta fortaleza espacial, Super Dimensional Fortress 3 –se presentó el apuesto Almirante.
–Capitana Lisa Hayes, a cargo de la Super Dimensional Fortress 2. –contestó Lisa con voz tranquila pero sin poder ocultar su sorpresa.
–¡Lisa! –exclamó Rick.
Las lágrimas habían comenzado a salir y escurrían por las mejillas de Rick, quien se olvidó del protocolo y abrazó a Lisa, que no salía de su sorpresa al ver a Rick y sobre todo, de saber que él era el Almirante Supremo. Mientras la abrazaba, pudo sentir la fragilidad y delgadez del cuerpo de Lisa, pues estuvo varios días sin comer tras haber estado en coma durante un salto espacial debido al aire tóxico inhalado.
Lisa correspondió al abrazo, cerrando los ojos. Aún estaba asimilando el cúmulo de información que había recibido. «Rick… qué abrazo tan cálido» pensaba Lisa para sí, cuando súbitamente su inconsciente habló:
–¡Nunca pensé en volver a verte! –exclamó Lisa. –¡Desde un principio supe que llegarías muy lejos!
–Te he buscado por años, Lisa. Soy tan afortunado de tenerte así conmigo, de que estés a mi lado otra vez. –dijo Rick muy emocionado.
–Disculpe, señor, debo hablarle de usted, por su rango… –añadió ella.
–¡Oh, Lisa! Tan propia como siempre. Olvidemos los rangos por ahora… hermosa comadreja parlanchina.
–¡¿Cómo?! ¡Ni con el almirantazgo se te ha quitado lo boca floja! –dijo Lisa, entre risas.
Ambos terminaron el abrazo, mirándose a los ojos y esbozando una sonrisa. Platicaron brevemente, pues necesitaban hacerle estudios específicos a Lisa y tenía que ser trasladada a otra área.
Rick estaba muy feliz pues finalmente habían encontrado a Lisa, "su Lisa", la había podido abrazar, tenerla entre sus brazos y platicar con ella.
–¡Fue genial, Max! Al fin, Lisa regresa a mí –exclamó Rick.
–Me da gusto verte tan contento, Rick. –respondió Max con una sonrisa.
–Ahora todos mis sueños se harán realidad –dijo Rick esperanzado. – Después de mi divorcio, tras descubrir que verdaderamente amaba a Lisa, he soñado con el momento de reencontrarme con ella y decirle cuánto la amo.
–Amigo, no quisiera ser aguafiestas, pero han pasado varios años… ¿Crees que ella siga libre y enamorada de ti?
–Claro que sí, Max. Cuando ella declaró su amor por mí, dijo que me amaría por siempre.
–Eso era antes de que tú la hicieras a un lado y te decidieras por Minmei.
–Max, ¿en verdad eres mi amigo? –cuestionó Rick. –¡Tienes que apoyarme!
–Te apoyo, Rick, totalmente. Es solo que estás tan ilusionado que no quisiera que sufrieras otra decepción amorosa.
Continuará...
Notas de autor:
Un capítulo más que espero sea del agrado del lector. Agradezco los comentarios a esta historia Hayes-Hunter con un giro especial y también la motivación que me envían para seguir actualizándola. ¡Saludos!
