CAPÍTULO 5

La pareja se miraba a los ojos, pudiendo notar el dolor, desconcierto y tristeza que había en ellos.

Muy lento, Lisa cerró la puerta, se detuvo recargando su espalda en la pared y trató de ordenar sus pensamientos. Finalmente, entró de lleno en la habitación, no pronunció una sola palabra pues se sentía emocionalmente devastada. Se dirigió hacia Jack, mientras se formaba un silencio incómodo y se generaba tensión en el ambiente. Lisa solo veía a Jack, quien sabía lo mal que Lisa se sentía pues en los años de conocerla, ella siempre había tratado de conversar para solucionar los malos entendidos.

Jack no sabía cómo iniciar la conversación pues efectivamente, él había dudado de Lisa sin tener razón alguna. Fueron los celos los que lo cegaron al escuchar la plática de esos pilotos y reconoció que se había portado como un chiquillo inmaduro. Finalmente, se atrevió a pronunciar una palabra.

–Amor… –habló Jack haciendo una pausa–. ¡Perdóname! –dijo con voz suplicante.

Jack hizo el intento de tomar las manos de Lisa, pero se detuvo, no tuvo el impulso de hacerlo pues no sabía la reacción que ella tendría.

–¿Por qué dudas de mí, Jack? No te he dado motivos para ello. –dijo Lisa con su voz entrecortada y haciendo un esfuerzo mayúsculo para evitar llorar.

–Es que escuché a unos pilotos hablar de tu historia de amor con Hunter, años atrás y… los celos me descontrolaron… Dejé que la furia se apoderara de mí. Lo siento –dijo Jack sinceramente arrepentido.

–Lo que quieras saber, puedes preguntármelo a mí –respondió Lisa con molestia evidente–. El Almirante y yo, únicamente tenemos una relación profesional. Lo que pasó entre nosotros, fue hace más de diez años… solo él y yo lo sabemos y ha quedado en el pasado. Ya no es relevante ahora –añadió ella terminantemente.

–Lo sé, es solo que… bueno… no sé qué exactamente decirte, no tengo justificación –respondió Jack apesadumbrado.

–Fuiste a preguntarle al Almirante, antes de aclarar todo conmigo. Gracias a Dios que él es un hombre con valores y se mantuvo neutral. No quiero ni imaginarme lo que hubiera pasado si él quisiera haber sacado provecho de esta situación –añadió Lisa con seriedad–. Probablemente ahorita ustedes estuvieran en la enfermería pues se hubieran golpeado con toda su furia. Conociéndolos, ¡sé que ganas no les faltaron!

–Yo… Lisa, ¡perdóname! Solo quise confirmarlo con Hunter…

Estas palabras desencadenaron la furia de Lisa. Casi se podía ver un fuego verde que salía de los ojos de ella pues estaba verdaderamente molesta. Estaba tan enojada que prefería no hablar. Jack nunca la había visto así, quiso abrazarla para tratar de calmarla pero ella rechazó el abrazo y se dio media vuelta.

–¿Confirmarlo? ¡Es que no había nada que confirmar! –contestó Lisa sin compostura.

–No me des la espalda, amor, necesito verte, ¡te amo! –contestó Jack, haciendo un intento por abrazarla nuevamente.

Lisa siguió dándole la espalda y volvió a soltarse del abrazo de Jack. Su respiración se había vuelto acelerada, podía verse como su pecho se movia por entre el uniforme. Flexionó sus brazos pero tenían una tensión que podía notarse en los músculos.

–Yo también te amo, pero... quiero estar sola. Necesito despejar mi mente, antes de hablar contigo.

–Háblame, por favor.

–No debo… necesito calmarme… puedo decirte algo que no quiero y las cosas no son así –respondió Lisa–. Voy a mi oficina. No me sigas y espera aquí, por favor. –le dijo Lisa con tono autoritario.

Pasaron algunos minutos. Jack permanecía impávido en la habitación, recapitulando lo que había pasado. Pensaba que ese ataque de celos había acabado con su matrimonio y que había perdido a Lisa. «Lisa, mi amor, Vas a tu oficina para calmarte, es tu zona de confort, tan tú...» pensó Jack mientras se formaba una ligera sonrisa en su cara, pensando que Lisa siempre se calmaba con trabajo. «¡Oh, Lisa! Te amo tanto, no quiero perderte, ¡no puedo perderte!»

–¿Y qué hago aquí? Obviamente no voy a esperarte, Hayes, ¡voy por ti! –habló Jack en voz alta para sí.

Rápidamente Jack salió a buscarla pero ella ya venía de regreso, caminando por el pasillo. Ambos intercambiaron miradas. Lentamente caminaron el uno hacia el otro. Después aceleraron el paso para acortar la distancia y se abrazaron como si ese día fuera el último, despejando sus corazones de la tristeza que los invadía. Por la diferencia de estaturas, la cabeza de Lisa quedó apoyada en el pecho del Jack, mientras que él apoyaba su barbilla en la cabeza de ella. Él acariciaba el hermoso cabello color miel mientras ella, con sus brazos, rodeaba el cuerpo del capitán y con sus manos, lo acariciaba por la espalda. Con lágrimas de tristeza que se convirtieron en felicidad, reafirmaron sus sentimientos con ese abrazo.

–¡Te amo, Lisa, perdóname, no quiero perderte! ¡Tú eres mi vida, mi razón de ser y quiero vivir el resto de mis días contigo y para tí!

–¡Yo también te amo, mi amor! Y quiero vivir mi vida contigo.

Después de decirse cuánto se amaban, rompieron el abrazo, separaron sus cabezas solo lo suficiente para verse a los ojos. Eran miradas cargadas de amor. Ambos esbozaron una sonrisa y sellaron ese momento uniendo sus labios, besándose con el amor que sentían el uno por el otro.

Al final del pasillo y sin que la pareja lo notara, unos hermosos ojos azules contemplaban tal escena. Rick sentía un dolor inmenso en su corazón. Imaginaba que podría ser él a quien Lisa estuviera abrazando y dirigiéndole esas palabras de amor, que años atrás, ella ya le había dicho. De cualquier forma, sonrió tímidamente, sintiéndose bien por Lisa, pues ella se veía muy feliz. El almirante vio cómo la pareja entró al dormitorio, quedándose en el pasillo únicamente él, el silencio y su soledad.

En la habitación de la pareja, Lisa y Jack tenían sus manos entrelazadas y sus rostros estaban sonrientes. Sin embargo, el rostro de Lisa cambió a un aspecto serio, lo cual fue notado enseguida por el capitán.

–¿Qué sucede, amor? –preguntó Jack.

–Amor… –respondió Lisa con seriedad–, que esta sea la primera y la única vez que dudas de mí.

–Sí, amor, no volverá a pasar.

–Debes tener seguridad que solo te amo a tí y que tú eres el único para mí –dijo Lisa con voz cálida–. Esta situación que vivimos casi nos cuesta nuestro matrimonio y no tiene que volver a pasar. Tenemos que aclarar todo como pareja y no que salgas corriendo a preguntarle a terceros.

–¡Entendido, capitana! –contestó Jack mientras hacía un saludo militar.

–¡Oh, Jack! No estoy jugando.

–Ni yo, mi amor. Aprendí la lección, mi vida.

Diciendo esto, Jack soltó las manos de Lisa y en un movimiento rápido, la cargó en sus brazos. Jack era muy alto y delgado pero tenía una gran fuerza. Lisa, que tenía una altura considerable, se veía como una muñeca pequeña al lado de él, así que no le costó ningún trabajo alzarla y sostenerla en sus brazos. Esta acción sacó a Lisa de su seriedad y rió, contagiando a Jack también.

Así, entre risas, Jack se dirigió a la habitación mientras Lisa acomodaba sus manos en el cuello de él. Jack abrió la puerta como pudo, activó el controlador de iluminación con luz tenue y colocó a Lisa en la cama y ella se apoyó en sus codos, para guardar el equilibrio.

Jack puso una de sus manos en la nuca de Lisa y con lentitud, la fue guiando hacia atrás hasta que ella quedó completamente acostada sobre la cama. Él se colocó sobre ella, sosteniendo su peso en sus codos y antebrazos. Con una de sus manos, el capitán comenzó a acariciar el rostro de ella y después, comenzó a besarla tiernamente. Lisa correspondió a los besos, mientras abrazaba a su piloto y perdía sus manos en los sedosos cabellos oscuros de él.

Poco a poco, los besos tiernos comenzaron a llenarse de pasión, de euforia y no fueron suficientes para expresar el amor que sentían el uno por el otro. La ropa empezó a estorbarles, por lo que ambos se ayudaron a deshacerse de esas incómodas prendas que les impedían disfrutarse a plenitud.

La pareja se deleitaba en complacer al otro. Jack acariciaba a Lisa, besaba sus bellas formas femeninas y también le susurraba palabras al oído. Para el capitán, ella era la mujer perfecta. Él la amó, haciéndose uno con ella hasta que estallaron de amor.

Después de esta demostración, ambos se miraron y sonrieron. Siguieron abrazados, con sus piernas entrelazadas y apoyaron sus cabezas en las almohadas, Seguían mirándose con amor y Lisa acariciaba la cara de Jack.

Los ojos ámbar de Jack tenían un brillo cristalino y dejaban ver sus oscuras pupilas dilatadas. De los ojos esmeralda de Lisa emanaba un brillo especial, parecían tener fuego, deseo y pasión. Esto no pasó desapercibido por Jack, que inmediatamente comenzó a besarla. Se colocó encima de ella pero sintió cómo Lisa lo empujaba de los hombros para guiarlo nuevamente hacia la cama.

–Déjame amarte, mi amor –le dijo Lisa al oído con una voz suave que casi era un susurro.

–Soy tuyo, amor –contestó Jack extasiado.

Lisa besó el cuerpo de Jack y éste comenzó a estremecerse. Ella se posicionó sobre él y comenzó a amarlo. El capitán se deleitaba y acariciaba la hermosura de su esposa y finalmente, descansó sus manos sobre la cadera de ella, hasta que llegó el momento cúspide. Lisa dejó caer su cuerpo sobre el cuerpo de su amado y descansó su cabeza sobre el pecho de él. Jack le acariciaba la espalda y le acomodaba su hermoso cabello, mismo que había caído como una cortina sedosa sobre sus cuerpos.

Sin saber cómo, el cansancio y el sueño fue venciendo a la pareja de enamorados hasta que cerraron sus ojos y se quedaron dormidos por completo.

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La vida continuó su curso. Lisa seguía trabajando en el puente como de costumbre. Veía a Rick todos los días pero solo hablaban lo necesario y la comunicación era estrictamente profesional. Jack y los demás escuadrones del SDF-2, habían sido incorporados a los escuadrones del SDF-3.

Por otra parte, el SDF-2 estaba siendo desinfectado por cuadrillas especializadas, pero el nivel de toxicidad no disminuía. El equivalente a la sangre de esos seres alienígenas era como veneno para la raza humana.

El SDF-2 era controlado remotamente desde SDF-3. Si bien, no se podían utilizar las armas de la fortaleza espacial vía remota, al menos podían dirigir su ruta sin tripulación en sitio. Esporádicamente, Lisa iba con la cuadrilla a supervisar los trabajos de desinfección, como ese día en especial. Revisaron varias áreas, principalmente el puente y el taller donde había sucedido el evento con el alienígena. Verificaron la calidad del aire pero desafortunadamente seguía con niveles altos de toxicidad.

Al final del día, regresaron al SDF-3. Lisa se sentía extremadamente fatigada y su semblante lucía demacrado. Sin importar su cansancio, se reportó con el almirante Hunter para rendir el informe de la visita al SDF-2. Rick notó el aspecto físico de Lisa pero como percibió que ella estaba diciendo su reporte con normalidad, no hizo ningún comentario con respecto a su semblante.

–Bien, almirante, con esto concluyo mi reporte. En breve se lo envío de manera digital –afirmó la capitana.

–Excelente reporte, capitana –contestó el almirante mientras esbozaba una sonrisa –. Completo y detallado, como siempre.

–Gracias, señor –dijo Lisa.

Rick admiraba cada detalle de Lisa, la forma en cómo exponía la información del viaje al SDF-2, el tono de su voz, su lenguaje corporal, su elocuencia y el empleo de tecnicismos, lo que ocasionó que su mente viajara muy lejos y se perdiera por unos segundos.

–Almirante, ¿escuchó mi petición? –preguntó Lisa con un poco de confusión.

–¿Eh? –dijo Rick que acababa de regresar del viaje mental que había tenido –. Disculpe capitana, ¿me decía?

–Solicito permiso para retirarme, señor.

–Concedido.

Lisa se puso de pie rápidamente pero se sintió mareada. Se llevó su mano izquierda a su cabeza y con su mano derecha se apoyó en el escritorio del almirante, quien notó esta acción y enseguida dejó su asiento para ir a ayudar a la capitana, colocándose detrás de ella pero dudó en sujetarla. Finalmente, la sostuvo de sus brazos. Lisa no rechazó el apoyo que le estaba prodigando el almirante, pues verdaderamente sintió que se iba a caer.

–Estoy… bien –dijo ella con algo de sopor–. Creo que me puse de pie muy rápido.

Rick sentía que esos instantes en que estaba sujetando a Lisa, eran como un regalo para él. Sin embargo, estaba preocupado por ella.

–Lisa, deberías ir a la enfermería. Quizá hayas inhalado aire viciado en el SDF-2 –dijo él.

–No lo creo porque nunca me quité el casco ni el equipo de aire autónomo –respondió ella como casi un susurro.

–Me preocupas…

–No tienes de qué preocuparte –respondió ella con más energía–, ya me siento mejor –añadió Lisa mientras giraba su cabeza para encontrarse con los ojos de él.

Rick sintió que su fuerza de voluntad lo estaba abandonando e iba a sucumbir ante el impulso de abrazar a la mujer que amaba. Esos ojos verdes que lo miraban con agradecimiento lo estaban sacando de su estabilidad emocional. Lisa notó esa mirada de él y supo leer el conflicto de sentimientos que el almirante estaba experimentando por lo que decidió que sería mejor retirarse, antes de que pudiera suscitarse algún mal entendido.

–Señor, me retiro –dijo la capitana, anteponiendo el rango para marcar distancia.

–Sí, capitana.

Lisa giró su cuerpo para dirigirse a la salida, quedando frente a frente con el almirante, quien sintió que la capitana lo sujetaba de los brazos y lentamente se desvanecía sobre su pecho.

–¡Lisa! –gritó el almirante con sorpresa –. ¡Lisa! ¿Qué te pasa?

Pero no hubo respuesta. La capitana se había desmayado sobre el torso de él y lo único que pudo hacer, fue detener la caída de ella. La sostuvo mientras él recobraba el equilibrio, la cargó en sus brazos y la acomodó en el sofá de la sala de su oficina. Rick vio que Lisa se veía muy pálida, por lo que inmediatamente llamó a la enfermería.

En lo que el personal de paramédicos llegaba, Lisa volvió en sí y tardó unos segundos en reconocer en dónde se encontraba.

–Rick… almirante… ¿Qué me pasó? –preguntó ella muy confundida.

–Te desmayaste… –respondió él –. ¿Cómo te sientes?

–Bien –dijo ella mientras hacía el intento por sentarse.

–Tranquila, Lisa, no te esfuerces. El personal médico llegará pronto. Te van a llevar a la enfermería para hacerte una revisión médica.

–Creo que puedo caminar a la enfermería, de verdad. No es necesario que ellos vengan.

–Como sé lo testaruda que eres y que no puedo hacerte cambiar de opinión, te acompaño a la enfermería –dijo Rick con una leve sonrisa.

–Y como sé que tampoco puedo hacerte cambiar de idea, dejaré que vayas conmigo –respondió ella, sonriendo también.

–Creo que hemos madurado pero seguimos igual de necios.

–Yo no soy necia. ¡Tú eres el necio! –refutó Lisa.

–¡Vaya! Sí que te sientes mejor, señorita necia –contestó Rick en tono de broma.

–Y tú no has dejado de ser tan terco –respondió ella, siguiendo la broma de Rick.

–Bueno, entonces estamos en igualdad de condiciones, capitana. –afirmó Rick mientras le ofrecía la mano a Lisa para que se pusiera de pie.

Rick avisó que se dirigía a la enfermería con la capitana. Él se sentía realmente preocupado por Lisa, pues en todo el tiempo que la conocía, ella siempre había gozado de excelente salud. Una vez que llegaron al recinto médico, el personal se llevó a la capitana para hacerle la revisión médica pertinente.

Por otro lado, el almirante trató de localizar al capitán Archer. Le informaron que estaba de patrullaje y que regresaba en 45 minutos aproximadamente, por lo que le dejó instrucciones para que, una vez en la fortaleza, se dirigiera de inmediato a la enfermería.

En lo que hacían una pausa en la revisión médica de Lisa, Rick se acercó a ella para despedirse.

–Lisa, me retiro. Dejé instrucciones para que Jack venga a la enfermería una vez finalizado su patrullaje, así que no quiero generar ningún conflicto –dijo Rick en voz baja.

–Entiendo... Gracias por todo, almirante –respondió Lisa –. ¿Quiere que le avise de mis resultados?

–No será necesario, capitana. Los estaré monitoreando en el sistema médico –respondió él con una sonrisa–. Ser almirante tiene algunos privilegios… Usted sabrá.

–Lo sé, señor –respondió ella sonriendo también.

A la capitana le hicieron análisis de sangre de rutina y los resultados estarían listos en unos cuantos minutos. Jack llegó en ese lapso y buscó a Lisa, quien se encontraba en la sala de observación. Su semblante había mejorado y se sentía mucho mejor.

–¡Amor! ¿Cómo estás? ¿Qué te pasó? –preguntó consternado Jack.

–Me desmayé, amor –respondió Lisa –, pero ya me siento mejor.

–¿Qué te han dicho?

–Estoy en espera de los resultados. ¿Tienes que regresar para entregar tu reporte?

–No, amor. El teniente Richardson va a entregarlo por mí –dijo Jack haciendo una pausa –, hay una dispensa directa del almirante… –añadió el capitán con incomodidad.

–Tranquilo, Jack. Él lo hace por apoyarnos.

–Lo sé, Lisa. Disculpa.

La conversación de los esposos se vio interrumpida por el médico que estaba atendiendo a Lisa. El doctor les dio a conocer los resultados de los estudios: el oxígeno en sangre estaba en nivel normal y el funcionamiento pulmonar era el adecuado. En resumen, Lisa no solo estaba completamente sana, sino que dentro de ella, una vida estaba gestándose, lo cual había causado el desvanecimiento que tuvo en la oficina del almirante.

–Estoy… ¡¿embarazada?! –dijo Lisa con alegría mientras sujetaba la mano de Jack–. Amor, ¡vamos a tener un bebé!

–Sí, amor, ¡vamos a ser papás! Bueno, tú mamá y yo papá… ¡Nuestro primer hijo viene en camino! –respondió Jack que no cabía de gusto.

La noticia alegró por completo a la pareja, se abrazaron y fue una esperanza y un sueño de vida para ellos. Jack estaba eufórico, pensaba en ser el mejor padre para ese bebé que nacería en varios meses más. Ambos pusieron sus manos sobre el vientre de ella. Jack miraba a Lisa con adoración, la besó cálidamente en los labios y una y otra vez le decía que iba a ser papá.

–¡Voy a ser padre, amor! Gracias por este gran regalo. Nunca pensé que llegaría a vivir este momento. Entre tanta guerra y destrucción, pensé que moriría antes de poder engendrar una vida. –dijo Jack con furor en su voz.

–Gracias a ti, amor. Vamos a ser papás, de un bebé fruto de nuestro amor. –respondió Lisa.

Entre tanto, en la oficina del almirantazgo, Rick accedía al sistema médico para revisar los resultados de los análisis de Lisa. Su vista estaba fija en la pantalla, leyendo la información. «Oxígeno en sangre: normal. Funcionamiento pulmonar: normal. Funcionamiento hepático: normal. Electrocardiograma: normal. Glucosa, colesterol, triglicéridos, hemoglobina, leucocitos... ¿Uh, tantos parámetros tenemos? Bueno, todo está normal.» Los hermosos ojos azules del capitán se abrieron a más no poder con lo que estaba leyendo en ese momento «Estado de gravidez: positivo… ¡Positivo! ¡Por eso fue el desmayo! Lisa, estás… embarazada.»

Rick tenía sentimientos encontrados. Por un lado, se sentía tranquilo porque el estado de salud de Lisa era satisfactorio pero por otra parte, saber que ella estaba embarazada lo había devastado. Él deseaba que Lisa fuera feliz, sin embargo, la noticia del embarazo le dolía... Le dolía al pensar que Lisa y Archer estaban formando una familia. «Una familia que yo tuve en mis manos y la dejé ir por mi inmadurez y la obsesión por un amor que nunca existió. Lisa, sé que mereces ser feliz... Solo que me siento tan triste de que tu felicidad no sea conmigo.» pensaba Rick mientras las lágrimas descendían involuntariamente de sus ojos hacia sus mejillas, delineando su barbilla y perdiéndose en el cuello alto de la camisa de almirante.

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Los días transcurrieron con cierta normalidad en la fortaleza espacial y aunque la pareja Archer-Hayes trató de ocultar la noticia del embarazo, finalmente no pudieron encubrirla más pues la pancita de Lisa crecía día a día. La noticia se extendió en el SDF-3 como arena movida por los vientos del norte. La capitana más famosa tendría un heredero con uno de los capitanes más experimentados de la milicia.

Para Rick, saber del estado de Lisa, verla todos los días en el puente y notar cómo su embarazo avanzaba, le dolía en el alma y en el corazón. Pensaba que él debería ser el padre de ese bebé y no Archer, quien se había quedado con la familia que Rick quería para él. «No te lamentes, Hunter. Simplemente Archer tomó la oportunidad que tú dejaste ir cuando Lisa estaba totalmente entregada a tí, De cualquier manera, deseo de corazón que ese bebé nazca con bien, porque será hijo de la mujer que amo. Al menos, uno de los dos podrá concretar sus sueños.» decía el Almirante para sus adentros.

El día esperado llegó y Jack Henry Archer había nacido. Fue uno de los días más felices para Lisa y Jack y uno de los más difíciles para Rick, pues si alguna vez pensó en poder recuperar a Lisa, el nacimiento de ese bebé lo hacía perder la más mínima esperanza de tener a la capitana con él otra vez. A pesar de todo, él se sentía feliz por Lisa y su bebé. En silencio, se prometió velar también por ese pequeño ser.

Mes con mes, Jack le había tomado fotos a Lisa y había formado un álbum, para recordar el primer embarazo. Seguro estaba que quería tener más bebés con la mujer que amaba, si el destino se lo permitía. Ahora que bebé Jack H. había nacido, Jack le tomaba fotos y videos al por mayor: si el bebé bostezaba, si se dormía, si abría sus ojitos, cuando movía sus manitas, cuando tomaba pecho, cuando despertaba, pues no quería perderse ningún instante de la vida de su primer hijo.

También se tomaron fotos familiares: Jack, Lisa y bebé Jack, con las chicas del puente quienes se nombraron oficialmente tías del bebé, con la tripulación del puente del SDF-2, con el escuadrón de Jack y los demás escuadrones, pero la foto más difícil de tomar, fue con Jack, Lisa, bebé Jack y el Almirante Hunter.

La toma de esa foto había sido un momento incómodo para Rick, quien accedió a la solicitud de Jack de posar para la cámara junto con la familia de éste. Además, Archer le agradeció a Rick haber intercedido esa noche de dudas por su matrimonio con Lisa. Esa foto significaba el cierre de un acuerdo de paz entre ambos pilotos de cabello oscuro y alborotado. Lisa se mantuvo al margen, pues era un asunto que debían resolver únicamente entre ellos.

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En el SDF-3, los días siguieron su curso. Era una noche particularmente tranquila como cualquier otra. De pronto, las alarmas se encendieron. El Almirante inmediatamente se presentó en el puente, enseguida llegaron Sammy, Kim, Vanessa y los dos tenientes que laboraban en el puente. Lisa y Jack llevaron al bebé a la guardería y se despidieron tiernamente de él. Jack dio un beso al bebé en su frentecita, diciéndole cuánto lo amaba.

Jack fue a dejar a Lisa al puente del SDF-3. Se dieron un gran abrazo y un beso cargado de cariño y amor. Lisa entró al puente y Jack fue al área de pilotos pues todos debían estar en alerta y disponibles.

–Estamos detectando altos niveles de energía, señor –dijo Vanessa.

–¿Es una transposición? –preguntó Rick.

–No, Almirante. Es otro tipo de energía, el nivel de radiación es muy elevado y está creando una discontinuidad espacial. –contestó Vanessa.

–¿Una discontinuidad espacial? –cuestionó el almirante, muy extrañado.

–¡Una discontinuidad! ¡No puede ser! –exclamó Lisa abriendo sus ojos sorprendida. –¡Son ellos! ¡Nos encontraron!

Continuará…

Notas de autor:

¡Feliz año 2021! Bendiciones para ustedes y sus familias.

Gracias a quienes han publicado sus comentarios, saludos y felicitaciones.

Este capítulo ha sido muy emotivo, con muchas muestras de amor y desamor. Los personajes principales están redefiniendo sus caminos y aún faltan decisiones importantes por tomar.

También se avecina un evento desconocido para la tripulación del SDF-3 ¿Cómo lo enfrentará el apuesto Almirante de la fortaleza espacial?

Nuevamente, agradezco de antemano sus comentarios para este capítulo.

¡Saludos!

Author's Notes:

¡Happy New Year 2021! Blessings to you all and your families!

Thanks to those who have posted their comments, greetings and congratulations for the new year.

This chapter has been full of emotions, with love demonstrations and heartbreaking scenes. The main characters are redefining their paths and there are still important decisions that have to be made.

An unknown event for the SDF-3 crew is coming. How will the attractive Admiral of the Spacial Fortress face it?

Again, thanks in advance for your new comments.

Greetings!