CAPÍTULO 8

Los días siguieron su curso. Al inicio de cada jornada de trabajo, Lisa y Rick tenían una reunión operativa en la cual acordaban los avances que se derivarían de la nueva tecnología a desarrollar así como observaciones que resultaban de los patrullajes. Después de la jornada de trabajo, invariablemente Rick se dirigía a su oficina del almirantazgo. En diversas ocasiones había tratado de acercarse a Lisa, quien únicamente conversaba con él de aspectos laborales, evitando tocar temas personales, por lo cual, Rick desistió en tratar de hablar con ella acerca de su vida privada, sintiendo a Lisa alejarse más y más.

La distancia entre las vidas personales de Rick y Lisa empezó a hacerse cada día más amplia. Podría decirse que la amistad había pasado a segundo plano y ahora sólo eran el Almirante Hunter y la Mayor Hayes. A Rick le dolía este hecho pero él no podía hacer nada más si no encontraba réplica en Lisa. Sin embargo, desde lejos, seguía al pendiente de ella y de su bebé.

Al respecto, había tenido conversaciones con las conejitas del puente, quienes se enteraban de todo y le informaban a Rick que Lisa se encontraba bien solo que evitaba tener contacto alguno fuera de su horario de trabajo. También el Almirante había hablado con Max. El piloto de cabello azul le decía que Lisa hablaba muy poco con él pero que a menudo ella conversaba con Miriya, por la convivencia de Jack con Dana y Aurora. Sin embargo, comentaron la preferencia de Lisa por mantenerse aislada de cualquier contacto que no fuera laboral. Rick se sentía contrariado porque quería retomar la comunicación con ella pero respetaba su decisión de mantenerse aislada de todo y de todos.

Las cavilaciones de Rick se vieron interrumpidas por la despedida de la tripulación del puente que ya se retiraba pues un día más de trabajo había llegado a su fin. Sammy, Kim y Vanessa se despidieron de él, así como los demás comandantes. Lisa se quedaba en el puente porque le tocaba hacer guardia ese día. Rick también se quedó unos minutos puesto que quería aprovechar el espacio a solas con ella para tratar de entablar una conversación más personal pero Lisa no daba pie a ello y seguía enfocada en su trabajo.

«Ya llevamos muchos meses distanciados. No sé por qué esperaba que este día tu reacción fuera diferente. Es sólo que quisiera que hablaras conmigo, te he brindado mi amistad sincera sin esperar nada más y todos los días no obtengo respuesta alguna de parte tuya. También sé que te lastimé mucho en el pasado pero creí que ya habíamos hablado al respecto, aclarado lo sucedido y hasta cierto punto, habíamos decidido dejar todo por la paz y retomar la comunicación entre nosotros. ¿Hasta cuándo estarás así? Te extraño, Lisa. Añoro tanto tu faceta como mi amiga, la que solía pasar horas y horas conversando conmigo cuando coincidían nuestros descansos y qué decir de extrañar a Lisa, la mujer que me dio todo de ella, sus besos, sus caricias, su cuerpo, su primera vez, su amor… Nadie como tú, Lisa, nadie...» pensaba Rick con desánimo, por lo que decidió retirarse a su oficina, a trabajar en sus pendientes laborales y evitar compartir el mismo espacio que Lisa.

–Mayor Hayes, voy a mi oficina a terminar mis pendientes –avisó el Almirante.

–Sí, señor. Yo me quedaré aquí hasta terminar mi guardia –afirmó Lisa.

–Hasta mañana, Mayor –dijo Rick sin emoción.

–Hasta mañana, Almirante –respondió Lisa secamente.

Lisa terminó su guardia e hizo enlace con el personal que estaba a cargo de la guardia nocturna. Se retiró con rapidez pues debía ir por su bebé a la guardería y aún debía hacer compras en el supermercado.

Por otra parte, Rick seguía en su oficina. Últimamente su mente se perdía reflexionando y pensando en lo que había hecho con su vida. Si bien, profesionalmente no podía estar mejor pues se había convertido en un militar de alto rango y tenía su propia nave al mando, en su vida personal las cosas no eran como él lo había soñado. Aunque sus compañeros de trabajo cercanos se habían convertido en su familia, él se encontraba solo, no había formado su propia familia como lo había imaginado cuando era más joven y la mujer que amaba lo evitaba a toda costa.

«Suficiente por hoy. Iré a mi habitación a descansar, ¿qué otra cosa puedo hacer? Quizá pudiera ir al centro de la ciudad, pero no, no tengo ánimo» pensó Rick, mientras apagaba su dispositivo móvil de cómputo y presionaba el interruptor de iluminación para dejar su oficina en total oscuridad.

Tomó otra ruta para ir a su habitación. Colocó sus manos dentro de las bolsas de su saco color índigo e iba ensimismado meditando en su situación personal «Si tan solo me hubiera decidido por Lisa, mi vida hoy sería distinta, pero ni hablar, no puedo cambiar el pasado. Ya tengo más de 30 años y al parecer, no voy a tener la familia con la que siempre soñé. Max me dice que aún estoy esperanzado en Lisa, aunque no es así, pues he intentado salir con algunas chicas para relacionarme de manera seria, sin embargo, ellas no son sinceras. Me buscan solo por mi rango o por las comodidades que yo pueda darles. Me ven como un trofeo y no me aprecian por mí, por ser Rick Hunter, un ser humano sencillo que solo quiere sentirse comprendido y amado por una mujer sincera con la cual formar una familia propia». En automático, sus pasos lo dirigieron al elevador que lo llevaría al piso de su dormitorio, cuando de repente sintió una presión en sus piernas.

–¡Papá! –dijo el pequeño que sujetaba las piernas del Almirante.

La atención del Almirante fue captada por ese niñito que sujetaba a sus muslos y que además lo había llamado papá. Corriendo detrás del niño, venía la mamá que difícilmente podía moverse con las bolsas de compra que traía en las manos, motivo por el cual, el pequeño se había soltado tan fácilmente de la mano de ella para correr efusivamente hacia quien creía era su padre.

Rick se sorprendió con el abrazo del pequeño y lo saludó.

–¡Hey, campeón! ¿Cómo has estado? –dijo Rick, mirando alrededor tratando de localizar a su mamá.

–Disculpa… se me soltó de las manos –dijo Lisa, levantando sus brazos para mostrar las bolsas de compra que llevaba.

–¿Puedo cargar al bebé? ¿O quieres que te ayude con las bolsas? –preguntó Rick.

–¡Yo! ¡Yo! –dijo el pequeño Jack.

–¿Quieres que te cargue, bebé? –dijo Rick.

–¡Sí! –respondió el pequeño muy efusivo

–Ven, Jack –le dijo Rick mientras lo levantaba hacia el techo y lo bajaba para sostenerlo en sus brazos–. ¡Eso es!

Rick dirigió su mirada a Lisa. Él intentó sonreírle ampliamente pero recordó la frialdad con la que ella se había comportado los últimos meses, así que sólo esbozó una tímida curvatura de labios. Lisa correspondió con una pequeña sonrisa.

–Gracias, Rick. –dijo Lisa muy introvertida. ¿Cómo… cómo has estado?

–Normal, gracias por preguntar –respondió Rick de forma fría.

Él tenía ganas de contarle cómo se había sentido y todos los pensamientos que tenía últimamente pero sabía que Lisa no quería hablar con nadie así que evitó hacer plática. Solo se concentró en jugar con Jack, quien estaba muy contento en los brazos de él. Se formó un silencio muy incómodo, ninguno de los dos sabía cómo romperlo. A Rick se le ocurrió irse por preguntas sencillas.

–¿Van para su habitación? –preguntó él.

–Sí. ¿Tú también? –respondió ella.

–Sí, también.

–Y… ¿ya pediste el elevador? –preguntó Lisa con curiosidad.

–Este… no –contestó Rick con una sonrisa nerviosa mientras se llevaba su mano libre detrás de la nuca– Quizás es por eso que el elevador no viene, ¿verdad? –añadió con una risilla–.

–Yo creo que sí –respondió Lisa con una sonrisa más franca.

«Lisa, qué hermosa te ves alegre. Tenía meses sin verte sonreír. Tan mal que me sentía hace unos momentos, pero verlos a ustedes me ha hecho el día» se dijo Rick para sus adentros, mientras pasaba su mano por el botón térmico para solicitar el elevador. Cuando éste llegó, con toda caballerosidad, Rick le cedió el paso a Lisa para entrar al ascensor.

Ambos entraron al elevador. Lisa trató de presionar el botón del piso de los dormitorios pero las bolsas de compra se lo impidieron. Entonces Rick iba a presionar el botón pero le dijo a Jack que presionara el botón del piso número 9. Rick pensó que el niño no sabría cuál número oprimir pero para su sorpresa, el niño presionó el botón correcto.

–¡Wow! ¡Ya te sabes los números! –dijo Rick emocionado–. Bueno, con esa mamá tan inteligente que tienes, seguramente ya te ha enseñado los números hasta el 1000 –añadió sonriente mientras miraba a Lisa–.

–Solo le he enseñado hasta el 10 –dijo Lisa con timidez.

–¡Es perfecto! La escuela se te hará muy fácil, pequeñín –le decía Rick a Jack Jr.

En lo que el ascensor iba al piso seleccionado, el bebé jugaba con Rick. Lisa los observaba, se veían tan felices los dos. Jack era un niño muy alegre pero en ese momento reía a carcajadas.

Lisa dirigió su mirada hacia Rick. Si bien, lo veía todos los días en el trabajo, tenía mucho que no le prestaba atención detallada. Los ojos de Rick conservaban su hermoso tono azul pero habían perdido su brillo. Tenían signos de preocupación, ojeras y comenzaban a reflejar los primeros signos del paso del tiempo. El piloto y ahora Almirante tenía un rostro muy atractivo, varonil y con señas de madurez, sin embargo, se veía demacrado, pálido y muy delgado. Su cabello, que seguía siendo algo alborotado, lograba controlarlo con lo que Lisa pensaba que eran litros de gel o acondicionador y los primeros cabellos grises comenzaban a aparecer cerca de sus sienes.

«¡Oh, Rick! ¿Tanto tiempo ha pasado que no me había percatado de tu aspecto desencajado? Me he encerrado en mi dilema personal que me he olvidado de todos, incluso de tí, que tanto apoyo me has dado. Tienes una gran responsabilidad a cuestas y segura estoy que estás tomando todo muy a pecho, solo para ti, sin compartir tus preocupaciones con nadie más y eso te está acabando. Tengo que salir de mi ostra, no es lo más sano y ahora es mi turno de corresponder las atenciones que tuviste conmigo y con mi familia, cuando más lo necesitábamos. Siento haberme comportado así contigo, Rick...». Lisa fue sacada de su tren de pensamientos por el sonido de la alarma del elevador que avisaba que ya estaban en el piso deseado.

Los tres se dirigieron a sus habitaciones. Llegaron al dormitorio de Lisa y Jack. Rick esperó a que Lisa tecleara la clave de acceso para tratar de poner al niño en el suelo pero éste se abrazó lo más que pudo para no desprenderse de los brazos de Rick.

–No, papá –dijo el pequeño.

Rick se sentía apenado ante tal comentario y volteó a ver a Lisa, quien también lucía nerviosa con las palabras de su hijo.

–Jack, yo soy el tío Rick –afirmó el militar.

–¿Papá Rick? Pero papá es Jack –decía el pequeño sin comprender.

Para todos era bien sabido la similitud física de Archer y Hunter, la diferencia era el color de ojos y la estatura. De igual manera, para el pequeño Jack no fue la excepción pues estaba teniendo un momento de confusión con el aspecto físico entre su papá y Rick. Ya eran varios meses en que Jack había partido, por lo que su pequeño estaba creando imágenes con el recuerdo de su papá y con la presencia de Rick.

El ambiente comenzaba a ponerse tenso así que Lisa trató de romper esa pesadez que se sentía.

–Rick, ¿quisieras quedarte a cenar? –preguntó ella con sinceridad.

–No, gracias –respondió Rick de forma brusca.

«¡Eso me pasa por tratar de ser amable! Aunque merecido me lo tengo, por portarme distante contigo durante estos meses» pensó Lisa. Rick pareció leer los ojos de Lisa y se reprendió a sí mismo de haberle contestado así.

–Como tú digas, pero por favor, pasa y siéntate mientras dejo las bolsas en la cocina y regreso por Jack –contestó Lisa de manera neutral–. Veo que Jack no quiere despegarse de ti

–Discúlpame, Lisa, no debí contestarte así. Si aún sigue en pie la invitación, con gusto me quedo a cenar con ustedes –mencionó Rick apenado.

–Seguro, Rick. Claro que puedes quedarte. Sé que la cena va a encantarte.

–Gracias, Lisa. Tengo tantos meses comiendo cenas congeladas, que incluso un pan recién tostado me sabría delicioso.

–Hunter, ¿dudas de mis capacidades culinarias? –dijo Lisa bromeando.

–No, para nada. Sé que además de buena estratega, eres una gran chef –respondió Rick.

–Muchas gracias, Rick.

–¡Lo dije para hacerme merecedor de esa deliciosa cena! –respondió Rick entre risas.

–¡Riiick! –contestó Lisa siguiéndole el juego–. Si así vas a estar, te daré de cenar una comadreja parlanchina a la mantequilla –añadió Lisa, tratando de sonar molesta.

–¡Ah! ¿Sí? ¿Te vas a auto-cocinar? Si bien lo recuerdo, tú eres la comadreja parlanchina, aunque... últimamente se te haya quitado lo parlanchín –dijo Rick con melancolía.

–Discúlpame, Rick. No debí portarme así en estos meses. Es solo que quise aislarme de todo…

–Nada que disculpar, Lisa. Cada quien vive su duelo a su manera.

–¿Jugamos? –dijo Jack con su dulce vocecita

–¡Seguro! Solo deja le pregunto a mamá –dijo Rick buscando la aprobación de Lisa– ¿Podemos?

–Claro, jueguen mientras yo preparo la cena.

El pequeño Jack sujetó la mano de Rick y lo hizo caminar hacia su cuarto de juegos. Lisa observaba la escena conmovida y una lágrima resbaló por su mejilla. El niño escogió unos aviones y cochechitos y se sentó en una alfombra que tenía disponible para sus juegos. Rick siguió su ejemplo y también se sentó. Ambos comenzaron a jugar, principalmente con los avioncitos, imitando el ruido de los motores y del vuelo en el espacio.

Varios minutos después, Lisa los llamó a cenar pero ninguno acudió al llamado, por lo que ella se acercó a la recámara del niño y vio lo ensimismados y entretenidos que estaban con los juguetes. Era muy tierno ver al pequeño Jack jugando con el Almirante de la flota, quien también se comportaba como un niño más.

–¡Vaya! Parece que ahora tengo dos hijos en lugar de uno –dijo Lisa con una sonrisa–. Les avisé que fueran a cenar.

–Disculpa, Lisa, no escuchamos –respondió Rick–. Es que estamos probando nuestra flota de aviones.

–Es lo que veo, pero creo que la prueba aeronáutica tendrá que esperar porque la cena se enfría –dijo ella entre risas–. Ven amor, te ayudo a lavarte tus manitas.

–¿A mí? –preguntó Rick, causando que Lisa se sonrojara un poco.

–Me refería a Jack…

–Lo sé, es solo que… –Rick intentó decirle que a él también le gustaría que lo llamara "amor", pero no se atrevió.

–¿Solo qué?

–Es solo que intenté hacer una broma –dijo él cambiando el sentido de su frase–. Yo le lavo las manos al bebé, Lisa. Déjame ayudar.

–Está bien, Rick, gracias.

Los tres se sentaron a la mesa. Lisa sirvió las porciones y comenzaron a cenar. Rick devoraba su platillo, parecía que no había comido en días.

–¡Lisa! ¡Es el estofado de res más delicioso que he probado! ¡Te quedó riquísimo! –decía Rick.

–Muchas gracias, Rick. Trataré de hacerlo más seguido para que lo comas.

–¿Quieres decir que puedo venir a cenar algún otro día con ustedes?

–Pues… En eso estaba pensando –dijo Lisa haciendo una pausa–. ¿Qué te parecería si cenamos juntos?

–¿Quieres decir todas las noches?

–Sí... –respondió Lisa mientras fue interrumpida por Rick.

–¡Me encantaría! –contestó él rápidamente–. Bueno, si no causo mucha interferencia con la rutina de ustedes…

–Claro que no, Rick –dijo Lisa–. Nosotros cenamos todos los días, así que si nos acompañas, no se genera ningún cambio en nuestra rutina.

Rick se sentía acogido y cobijado con estas acciones de Lisa. Comenzaba a sentir por fin un sentido de pertenencia a alguien y qué mejor que fuera con Lisa, aunque bien sabía que no debía confundir esa muestra de amabilidad con los sentimientos que él tenía por ella. Y qué decir del pequeño, lo había visto algunas veces de bebé recién nacido pero ésta era la primera vez que convivían y se identificaron desde el primer segundo. Era como si de un día para otro, la vida le daba la familia que él siempre soñó.

–Ahora, este jovencito tiene que irse a dormir –dijo Lisa refiriéndose a Jack.

–¿Puedo ayudarte en algo? –preguntó Rick.

–Si quieres, puedes llevarlo al sanitario y ponerle su pijama.

Lisa le indicó la rutina a Rick, le dejó lista la ropita de dormir de Jack. Todas estas actividades eran nuevas para Rick, por lo que se sentía entusiasmado y sobre todo, feliz de estar conviviendo con Lisa y su bebé. No se hubiera imaginado que ese día en que se sentía tan cabizbajo, se convertiría en un parteaguas en su vida. Al parecer, Lisa había dejado de lado su coraza de reina de hielo y había comenzado a hablarle.

–Mamá, ya estoy listo para dormir –dijo Rick, cargando a un Jack casi dormido y emulando la voz de un pequeño, haciendo que Lisa sonriera.

«Lisa… te ves hermosa cuando sonríes. Es increíble que me hayas dejado entrar de nuevo a tu mundo. Te amo tanto que con el solo hecho de tenerte cerca, alimentas mi vida.» pensaba Rick.

–Ven, Rick, vamos a mi recámara para que lo acuestes en mi cama.

Rick hizo caso de las instrucciones de Lisa y dejó a Jack en la cama, cubriéndolo con su cobertorcito. Aunque bebé Jack tenía su propia camita al lado de la cama principal de la recámara, Lisa prefería que el niño durmiera en la misma cama con ella. Lisa notó que ese hecho le causó extrañeza a Rick.

–Es que… me sirve de compañía… –dijo Lisa con melancolía–. Hay veces que me siento tan sola... y mi bebé me da la fuerza para seguir adelante –añadió mientras una lágrima recorría su mejilla.

–Lisa… –dijo Rick, tomándola de la mano–. Ven, salgamos de tu recámara para no hacer ruido a tu bebé –añadió mientras salían del dormitorio–. ¿Quieres platicar?

–En realidad creo que no hay mucho que platicar… Ya estoy mejor, es solo que… –Lisa hizo una pausa… –Nada, Rick. Disculpa.

–¿Nada? Platícame, Lisa, en nombre de esos días en que nos teníamos tanta confianza que nos contábamos todo.

–Eso fue hace años, Rick. Para volver a tener ese nivel de confianza, tendríamos que trabajar mucho para recuperarlo.

–Yo estoy dispuesto a hacerlo. ¿Y tú?

–¿Tiene caso?

–Para mí sí, Lisa. Eres de las personas más importantes de mi vida.

Lisa le sonrió pero no le dijo nada. No quería que en ese momento en que las emociones estaban tomando control, ella pudiera decir algo que se malinterpretara y que le diera algún tipo de esperanza a Rick. Lisa lo conocía muy bien y podía darse cuenta del amor de él en su mirada, cómo la veía, cómo le hablaba y ahora, cómo se dirigía con amor hacia el pequeño Jack. «Oh Rick, si tan solo con ese amor me hubieras visto hace más de 10 años, quizá en este momento estaríamos juntos con nuestra propia familia. Tanto que te amé… Y ahora que estás aquí, tu presencia y tu físico me recuerdan a Jack, pero sé que no eres él, sino tú… Me está haciendo tener un remolino de pensamientos...» pensó ella.

–Hello? –preguntó Rick, aún sujetándola de la mano.

–¿Eh? –respondió ella.

–¿Quieres contarme?

–¿De… qué?

–¿En qué estabas pensando? Te perdiste, Lisa.

Rick no obtuvo respuesta otra vez. Lisa solo lo miraba sin decir nada pues no quería hablar mientras no definiera sus ideas.

–Estás muy callada, ha de ser porque ya es tarde. Creo que mejor me retiro –dijo Rick.

–No es eso, Rick, Es solo que…

–Cuéntame, por favor…

–Tengo tantas ideas en mi cabeza, no me dejan pensar concretamente así que prefiero no hablar –respondió ella.

–No entiendo muy bien, pero respeto que no quieras hablar.

–Por favor, no me malinterpretes. Es que no sé qué es lo que estoy transmitiendo… –dijo ella y continuó–. Es decir, me agrada mucho que hayas cenado con nosotros…

–A mí también, Lisa. Es como si hubiera recuperado una parte de mí. Gracias por la invitación y seguro seguiré cenando con ustedes, sin ningún tipo de intención más que disfrutar de tu compañía y de tu bebé –dijo Rick–. Pero por lo pronto, ya me retiro para que descanses, señorita encantadora.

–¿Señorita encantadora? ¿En dónde quedó la comadreja parlanchina?

–Este… ya subió de nivel. Ahora es una señorita encantadora.

Ambos rieron con el comentario. Sus manos seguían entrelazadas y el ambiente se había tornado relajado. Caminaron hacia la puerta de salida y con la mano libre, Rick la abrió pero se detuvo.

–Buenas noches, Lisa. Que descanses. –se despidió él –. Gracias por todo.

–Buenas noches, Rick. Hasta mañana.

Finalmente se soltaron de sus manos y no sabían cómo despedirse. Rick tomó la iniciativa, se acercó tímidamente a ella, depositando un pequeño beso en la mejilla de Lisa, sonrió y se retiró.

Al día siguiente, en la oficina del Almirantazgo se encontraban Rick y Max, en espera de Lisa y Miriya para comenzar la junta operativa. Ellas habían ido a la guardería a dejar a sus bebés antes de iniciar su día de trabajo. Max notó que Rick se veía sonriente, relajado y ¡feliz!

–Jefe, te veo muy contento, ¿hay algo que deba saber? –preguntó el capitán de cabello azul.

–¿Por qué, Max? Todo está normal –respondió Rick para tantear el terreno.

–¿Seguro? –siguió cuestionando el capitán.

–Bueno, ¿qué podría haber pasado? Simplemente estoy feliz.

–¡¿Feliz?! ¡Vaya! Hace mucho tiempo que no te escuchaba decir que estabas feliz. Me da gusto, Rick. Y… ¿esa felicidad tendrá que ver con… alguna chica?

–Pues, en realidad es con dos… –dijo Rick pero se vio interrumpido por Max.

–¿Dos chicas? –preguntó Max sorprendido.

–No, Max, dos personas –respondió el Almirante entre risas–. ¡Qué mal pensado eres!

–¿Dos personas? –preguntó el capitán de cabello azul.

La puerta de la oficina se abrió, entrando Miriya con Lisa. Se entendía que ellas venían platicando muy ameno pues ambas sonreían. Cuando Lisa entró a la oficina, Rick le dirigió una mirada brillante y una tierna sonrisa, a las cuales, Lisa correspondió, sonriéndole también sin bajar la mirada. Esas acciones fueron evidentes para Max y Miriya quienes sonrieron en complicidad. «Entonces ella es el motivo de tu felicidad. No sé qué haya pasado entre ustedes, pero me alegra verte contento» pensó Max.

La junta se llevó a cabo con normalidad, al terminar, Max y Miriya se fueron al área de pilotos para prepararse para el patrullaje diario, en tanto Rick y Lisa se dirigieron al puente, mientras platicaban de los detalles de la junta, sin embargo, la conversación era amena y fluida, a diferencia de las ocasiones anteriores en que la carga tensional se sentía álgida y ríspida.

En el puente, la tripulación enseguida notó lo relajado que lucían el Almirante y la Mayor y todos se miraron entre sí. El cambio de actitud de ambos militares se evidenciaba entre más transcurrían las horas. Las chicas se sentían contentas pues querían a su amiga Lisa y también apreciaban a Rick, quien por meses había estado taciturno y muy tensionado tanto por la situación de su misión como por su situación personal.

Los días se convirtieron en meses y los meses en años que transcurrieron sin novedades. Rick y Lisa seguían reuniéndose al final de su jornada de trabajo para cenar junto con Jack. La cohesión familiar entre los tres se había fortalecido día con día y Rick y Jack estaban unidos cada vez más, lo cual agradaba a Lisa. Sin embargo, ninguno de los dos militares había intentado sobrepasar esa delgada línea que dividía la amistad que existía entre ellos y el amor que podían llegar a desarrollar nuevamente.

Al día siguiente, tuvieron una junta operativa para conocer el avance relativo a los sistemas de energía de la nave, habían logrado adaptar la tecnología del SDF-2 en el SDF-3. Los equipos científicos de ambas naves habían trabajado hombro con hombro, a marchas forzadas para desarrollar los nuevos sistemas de energía del SDF-3, los cuales ya estaban listos para ser probados.

–Si están de acuerdo, podemos programar la prueba de los sistemas en cinco días –sugirió el Almirante.

–Señor, de ser posible, sugeriría que las pruebas se llevaran a cabo cuanto antes –habló la Mayor Hayes–, las razas alienígenas a las que nos hemos enfrentado, son muy poderosas. Una de ellas está ávida por obtener la protocultura a toda costa.

–Almirante, apoyo la moción de la Mayor –dijo el Dr. Lang, jefe del grupo científico del SDF-2.

–La proximidad al planeta Haydon incrementa la probabilidad de encontrarnos con los invids pues generalmente rondan ese espacio porque anteriormente los haydonitas producían gran cantidad de protocultura –añadió la Mayor Hayes.

–Es ahí donde se estableció la colonia de la misión expedicionaria, sorteando a esos enemigos.

–Fue un gran reto, Almirante. Como ya hemos mencionado en otras ocasiones, tuvimos que realizar un salto espacial para prácticamente permanecer escondidos de ellos hasta que el equipo del Dr. Lang desarrolló energía que no dependiera de la protocultura. Posteriormente, regresamos al planeta, por tener las condiciones ideales para la vida humana. Tuvimos grandes batallas con los invids, quienes finalmente se decidieron a conquistar otros planetas como Tirol porque al parecer, no fuimos lo suficientemente atractivos al no tener la protocultura que ellos tanto quieren.

–Entiendo… –dijo el Almirante.

–La energía de la colonia que establecimos en Haydon no depende de la protocultura –aclaró la Mayor.

–Además, creamos un sistema de barrera omnidireccional para repeler cualquier ataque invid –dijo el Dr. Lang.

–Asimismo, nuestro armamento cuenta sensores dirigidos directamente a la parte central de los invids, específicamente en la parte que parece ser el visor, pues es el punto débil de la carcasa. Todo gracias al estudio de estrategias y el gran trabajo realizado por el Dr. Lang y su equipo. Y como ya es de su conocimiento, nosotros permanecimos en Haydon hasta que se terminó de construir otra fortaleza espacial en la cual puedan evacuar los humanos que ahí residen, en caso de contingencia.

–Mayor Hayes, es admirable la labor que han hecho. Como siempre, su desempeño es excelente, al igual que el de su equipo de trabajo. El Almirante Gloval tomó una decisión acertada al elegirlos como tripulación del SDF-2 para la misión colonizadora.

–Gracias, señor. Usted también está haciendo un gran trabajo –dijo Lisa, reconociendo el trabajo de su superior.

Ambos militares se miraron con profunda admiración y respeto. Para Rick, era evidente el potencial estratega y la inteligencia de Lisa, cada día la admiraba más como militar y su amor por ella crecía abundantemente.

–Por otra parte, Dr. Lang. ¿cree que mañana podamos iniciar las pruebas de los sistemas de energía? Salvo la mejor opinión del Almirante –continuó diciendo la Mayor.

–Sí, Mayor, podemos iniciar las pruebas. Cuanto antes, mejor.

–¿Contamos con su aprobación, Almirante? –preguntó la Mayor Hayes.

–Si, Mayor. Programemos las pruebas para mañana a las 0800 horas –dijo el Almirante–. Si no hay más que agregar, podemos dar por terminada esta reunión. Pueden retirarse.

El personal asintió y poco a poco fueron saliendo de la sala de juntas, quedándose únicamente Lisa y Rick, quienes se dirigieron al puente. Sin embargo, antes de entrar, Lisa detuvo a Rick.

–Señor, ¿puedo hablar con usted un momento? –preguntó la Mayor.

–Sí, Mayor. Podemos hablar fuera de protocolo si lo desea.

–Está bien…

–Te veo preocupada, Lisa. ¿Todo bien?

–Rick, es solo que no estamos listos para una contingencia con los invids. El SDF-3 maneja grandes cantidades de protocultura y seremos un blanco preciado para ellos. Una vez que hagamos el salto espacial, debemos estar preparados, por lo que espero que los nuevos sistemas de energía funcionen en su totalidad.

–Lo estarán, Lisa. La transposición está programada en algunas semanas, así que tenemos tiempo suficiente para tener todo listo.

–En ese sentido, la próxima semana quisiera ir al SDF-2 con la cuadrilla de desinfección y llevar a mi grupo de tripulación y de control de armamento, para revisar que los sistemas de la fortaleza, así como las armas y los reactores, estén funcionando normalmente. Tenemos que estar preparados por si necesitáramos usarlos.

–Como estamos fuera de protocolo, debo confesarte que me preocupa cada vez que sales del SDF-3 y yo no puedo escoltarte. Me siento impotente… no me perdonaría que te pasara algo.

–Nada va a pasar pues hasta el momento no ha habido avistamientos del enemigo, por eso debemos aprovechar esos días de calma para tener todo listo. No sabemos qué nos espera una vez que salgamos de la transposición. ¿Me autorizas a ir?

–Está bien, Lisa. Me quedo con el pendiente pero confío en ti, en tu experiencia y en la pericia de los pilotos.

–Gracias, Rick.

–Gracias a ti, preciosa.

Ambos se miraron y se brindaron una tierna sonrisa. Rick se dispuso a entrar al puente de mando pero fue detenido por Lisa, quien sujetó su mano y lo atrajo hacia ella. Le dio un cálido abrazo, cerrando todo el espacio entre ellos. Rick correspondió el abrazo, envolviéndola con sus fuertes brazos y embriagándose del fresco aroma del perfume de ella.

–Estamos juntos en esto, Rick. Gracias por preocuparte por mí.

–Gracias a tí, Lisa, por estar en esta expedición conmigo.

–Entre toda la inmensidad del espacio, de las galaxias y de las posibilidades infinitas que existen, el destino nos volvió a unir –expresó Lisa.

–Sí… Son los enlaces del destino –dijo Rick, haciendo alusión a las palabras de Jack.

Se separaron de su abrazo y entraron al puente de mando, sintiéndose reconfortados para iniciar su trabajo en ese lugar.

Al día siguiente, el equipo científico inició las pruebas con los sistemas energéticos diferentes a la protocultura. Instalaron un sistema de energía de fusión y otro de energía de fisión, los cuales producirían una radiación de neutrones que sería utilizada para detonar el armamento principal.

Las pruebas de los sistemas de producción de energía para el armamento fueron exitosas, pero no así las pruebas para la generación de la energía eléctrica para el abastecimiento general de la nave.

–¿Qué sucede, Dr. Lang? –preguntó Lisa.

–Estamos obteniendo menor cantidad de energía eléctrica. No es suficiente para abastecer la nave una vez que quitemos los sistemas de producción basados en protocultura.

–¿Puede solucionarse? –cuestionó el Almirante.

–Sí, Almirante, solo que tomará más días. Probablemente el fallo se encuentre en los circuitos de potencia. Revisaremos todo a conciencia.

–¿De cuántos días estamos hablando aproximadamente? –preguntó Lisa con voz neutra, tratando de ocultar su preocupación.

–Quizá en 72 horas ya hayamos encontrado la solución. Después, volveremos a hacer pruebas.

–De acuerdo, Dr. Lang. Al menos, el armamento funciona. La Mayor y yo nos retiramos, para dejarlos trabajar –dijo el Almirante–. Infórmenme de cualquier novedad.

Rick y Lisa se dirigieron al puente de mando. El silencio se apoderaba del pasillo. Rick podía notar lo tensa que estaba Lisa por lo que trató de hacer una plática neutral, mientras que suavemente pasaba uno de brazos por encima de los hombros de la Mayor. Esta vez, Lisa no fue inmune a esa afectuosa demostración y buscó la cercanía de Rick.

–Tranquila, Lisa, todo va a estar bien –dijo el apuesto militar.

–Eso espero, Rick –respondió ella con duda–. Es solo que la experiencia que hemos vivido con los invids, me hace ser precavida. Como ya hemos platicado, son una raza voraz, vuelan a altas velocidades y sus armaduras están tan bien diseñadas que tienen pocos puntos débiles. Quiero que estemos preparados.

–Lo estaremos... –mencionó Rick mientras la abrazaba con más fuerza.

La Mayor pasó uno de sus brazos por la cintura del Almirante. Para él fue extraño este ademán, sin embargo resultó tan placentero. Era de las pocas veces en que ella tenía demostraciones de afecto hacia él, pues Lisa siempre había marcado su distancia ya que no permitía ninguna demostración de afecto con Rick, más allá de acercamientos cordiales, como medidas de educación o urbanidad.

«Lisa… verdaderamente estás muy preocupada. Ni cuenta te has dado que me estás abrazando. Aunque es buena señal, porque es tu subconsciente el que está actuando. Cómo quisiera que siempre me abrazaras así… que buscaras apoyo en mí, compartiendo tus pensamientos y preocupaciones. Algo debo hacer para que te sientas más tranquila, pero además, te noto inquieta… Hay algo más que no me has dicho» pensaba Rick.

–¿Hay algo más que deba saber o que quieras decirme? –cuestionó Rick.

–En realidad, sí… –respondió Lisa–. No puedo ocultarte nada, ¿verdad?

–En lo absoluto –dijo Rick, deteniendo su caminar y mirándola a los ojos–. Eres tan transparente para mí… –añadió–, entonces… ¿Qué es lo que debo saber?

–Rick, quiero ir al SDF-2 tan pronto como sea posible. ¿Me autorizarías el traslado en 48 horas? –preguntó Lisa.

–Pero Lisa… El traslado ya está autorizado para la semana entrante…

–No puedo esperar, Rick. Quiero revisar que los sistemas de armamento de la nave estén funcionando en su totalidad. Debemos estar prevenidos.

–No te voy a hacer cambiar de idea, ¿verdad?

–No…

–Está bien, Lisa. Genera la documentación necesaria y avisa a las áreas. Voy a autorizar el traslado…

–Gracias, Rick.

–Solo que…

–¿Solo qué?

–Que me preocupa cada vez que sales de la nave y… –Rick hizo una pausa–, … yo no puedo protegerte. Ya no puedo escoltarte como lo hacía en nuestras misiones hace años… Me importas, Lisa… y mucho…

Lisa se giró para verlo de frente y con su mano derecha le acarició la mejilla, dedicándole una tierna sonrisa.

–Oh, Rick, sé que te preocupas por mí y créeme que me cuidaré bien pues no quiero que me pase nada. Si voy al SDF-2 es para asegurarme que tenemos un plan alterno para defendernos porque… –ella hizo una pausa para continuar– porque tampoco quiero que le pase algo al SDF-3… Además de las personas, esta fortaleza alberga mis más grandes tesoros… Jack y…

Una alarma de celular comenzó a sonar, evitando que Lisa terminara su frase y tuvieron que romper la tierna escena de caricias en la mejilla y del abrazo protector de Rick. «¡Vaya! Justo cuando iba a decirte lo importante que también eres para mí… Pero así ha sido nuestra historia, siempre con situaciones que nos unen y nos separan» pensaba Lisa cuando parte de la conversación de Rick le llamó la atención.

–No sé por qué quieres verme después de tantos años... –dijo Rick–. Creo que fuimos lo bastante claros cuando terminamos y quedamos en buenos términos...

Inconscientemente, Rick se giró, dando la espalda a Lisa quien interpretó que él quería privacidad, por lo que ella poco a poco se fue alejando sin que Rick se diera cuenta de ello.

Conforme caminaba, en su cabeza revoloteaban muchos pensamientos «Bueno, Hayes, ahí tienes la realidad. Tú tratando de decirle que él es uno de tus tesoros y mientras, una mujer hablándole a su celular, pidiéndole que se vean... En fin, él también tiene derecho a ser muy feliz, aunque no sea conmigo… ¡¿Pero qué estoy diciendo?! ¿Conmigo? ¡Mi subconsciente me traiciona! Primero tengo que cerrar ciclos y con Jack fui muy feliz, completamente feliz. Eché a volar mi imaginación, pero pongo nuevamente los pies sobre el suelo. Rick, voy a apoyarte en lo que pueda así como tú lo has hecho conmigo y en verdad, quiero que tengas la felicidad que te mereces».

–¡Lisa! ¡Espérame! –dijo Rick mientras aceleraba su paso para alcanzar a la Mayor –¿Por qué te retiraste?

–Para darte privacidad.

–¿Privacidad? No la necesito. No tengo nada que ocultar y menos contigo.

Ella se detuvo y le sonrió.

–Ven, Rick, entremos al puente.

Llegó el día del traslado al SDF-2. Lisa y su equipo de trabajo fueron en el mismo transbordador en que viajaba la cuadrilla de saneamiento. Llevaban sus equipos de aire autónomos, los que duraban aproximadamente 4 horas, lapso en el que se llevaron a cabo las pruebas del funcionamiento de sistemas del SDF-2, los cuales respondieron satisfactoriamente. Esto significó un descanso para Lisa, pues podía pensar en un plan alterno si es que eran atacados por los invids una vez que estuvieran acercándose al planeta Haydon.

Faltaban varios minutos para reunirse con la cuadrilla de desinfección y regresar al SDF-3. Lisa quiso aprovechar ese tiempo para visitar su habitación en la fortaleza. Necesitaba enfrentarse a sus recuerdos para ir cerrando capítulos en su vida.

–Comandante Delacroix, iré a mi dormitorio. Estaré de vuelta aquí justo antes del regreso al SDF-3.

–Está bien, Mayor. Cuídese mucho o el Almirante Hunter descargará su furia sobre mí.

–¿Por qué lo dices?

–Bueno, es un decir. Usted es su mano derecha y es una pieza fundamental para la RDF –dijo Diego, tratando de ocultar la verdadera razón por la cual el Almirante lo regañaría si algo le pasaba a Lisa.

Lisa se dirigió a su dormitorio. Entró y lanzó un suspiro encajonado en su casco. «¡Tantos recuerdos!» dijo para sí. Revisó rápidamente su habitación, llamándole la atención su álbum de fotos. Lo tomó lentamente y sonrió. Había muchas fotos de ella y «Jack… en esta fortaleza fue donde nos conocimos… Y pensar que ya no estás conmigo, pero vives en mi corazón y en nuestro amado hijo. Admiro tu temple, fuerza y filosofía de vida...». Los pensamientos de Lisa fueron interrumpidos por una señal audible.

–¿Todo bien, Mayor? –dijo una voz masculina.

–Sí, Almirante –respondió Lisa y sonrió.

–Ví que se separó del grupo. ¿Sucede algo?

–No, enseguida me reintegro con ellos, señor. –dijo ella–. No me puedo ocultar de ti, ¿verdad?

–En lo absoluto, Hayes. Te sigo a donde quiera que vayas así como tú estás conmigo en donde quiera que yo esté.

–Si no fuera porque estamos en una misión, esas palabras sonarían tan románticas.

–¿Lo crees?

–Claro que sí. No conocía ese lado poético tuyo –dijo Lisa entre risas–. Ya llegué al grupo.

–Sí, Lisa. No te separes, por favor, o al menos, no vayas sola.

El transbordador regresó al SDF-3. Antes de descender, Lisa buscó a la sargento Kelly, quien era una química de la cuadrilla de desinfección.

–Sargento Kelly, yo sé que no es su función, pero, ¿me ayudaría a desinfectar este álbum? –preguntó Lisa.

–Claro, Mayor. El proceso de desinfección lleva algunos días. ¿Le urge el artículo? –respondió la sargento.

–No, no es urgente. Solo quiero tenerlo conmigo, tome el tiempo que sea necesario. Muchas gracias por su apoyo, sargento.

El personal descendió del transbordador y se dirigieron a los vestidores para cambiarse, sin embargo, Lisa fue interceptada por una atractiva figura masculina con uniforme azul, quien sonrió al tener contacto visual con la Mayor.

–Me da gusto tenerte de regreso –dijo Rick.

–Solo me ausenté unas horas… ¿Tanto me extrañas?

–Oh, sí, Hayes. No tienes idea cuánto… porque… ¿Quién haría de cenar para mí en tu ausencia? –respondió Rick entre risas.

–¡Hey! Entonces es tu estómago el que me extraña –contestó ella siguiendo la broma.

La relación de Rick y Lisa se había hecho tan estrecha. Las muestras de cariño entre ellos se habían hecho evidentes. Había regresado la amistad, la camaradería. Se conocían tan bien que estaban completamente acoplados en sus actividades y eso era notable para cualquiera.

–En serio, me alegra que ya estés de regreso, Lisa y… pasando a temas formales, necesito un reporte verbal. El reporte escrito puede ser entregado en las próximas 48 horas.

–Claro, Almirante, solo iré a los vestidores y enseguida me reporto en su oficina.

Así Lisa rindió su reporte, informándole al Almirante que los sistemas, equipo y armamento del SDF-2 funcionaban en su totalidad. Únicamente la desinfección de la nave seguía tomando más tiempo. El nivel de toxicidad únicamente había descendido al 70%.

–El poco oxígeno hace que los agentes tóxicos no puedan eliminarse con facilidad –dijo Lisa–. Quisiera que el SDF-2 ya fuera habitable otra vez.

–¿No te sientes a gusto aquí? –preguntó Rick con cierta tristeza.

–Sí… es solo que… siento que el SDF-2 está siendo desaprovechado en estas condiciones –respondió ella con serenidad.

–Pero la salud de la tripulación es lo más importante. Vivir en ese ambiente tóxico ya hubiera dañado su organismo.

–Estoy de acuerdo. Lo digo en el sentido de que debemos estar preparados para algún futuro ataque.

–Sigues preocupada…

–Sí, Rick. El salto espacial está programado para los próximos días. Los nuevos sistemas de energía del SDF-3 aún no están listos. Al realizar el fold y acercarnos a Haydon con el SDF-3 funcionando 100% con protocultura, atraeríamos la atención de la flota invid.

–Los sistemas estarán listos, Lisa. Tenemos un buen equipo científico y de ingenieros –respondió el Almirante.

Y así fue, en los días siguientes, se hicieron pruebas de los sistemas de energía, mismos que funcionaron satisfactoriamente, haciendo el cambio de energía y dejando inactivos los sistemas de protocultura.

Asimismo, se llegó el día en que se realizaría el salto espacial. El SDF-3 se alineó al SDF-2 para que ambas naves realizaran el salto espacial con la energía proporcionada por el SDF-3. Programaron las coordenadas para la transposición, misma que consumió varios días sin que en realidad se sintiera el transcurso del tiempo.

La tripulación del puente realizaba el control y monitoreo de la transposición, la cual se estaba llevando a cabo sin mayor novedad. Finalmente, el proceso terminó y ambas fortalezas surgieron al espacio cercano al planeta Haydon.

Segundos después de completar la transposición, la energía eléctrica del SDF-3 comenzó a fallar, apagándose área por área y dejando a la fortaleza en total oscuridad. El sistema de energía ininterrumpible se encendió, mismo que proporcionaba aproximadamente una hora de suministro energético, únicamente para los sistemas y equipo de la nave.

–Kim, comuníqueme con el Dr. Lang –solicitó el Almirante.

–Enseguida, señor.

–Habla Lang –contestó del otro lado de la conversación.

–Doctor, ¿qué ocurre? –preguntó Rick.

–Hubo una sobrecarga en los nuevos sistemas de energía. Al parecer, hacer el salto con el SDF-2 requirió mayor demanda energética, lo cual desestabilizó a los sistemas de fusión y de fisión. Los estamos tratando de reestablecer. Sin embargo, hemos encendido el sistema de energía de protocultura para mantener el sistema de navegación en funcionamiento.

–Restablezca también la electricidad, antes de que nuestro armamento quede inactivo y estemos a merced de las razas alienígenas.

«Si encienden los sistemas de protocultura, de igual forma estaremos en la mira… No puede ser, esto es lo que tanto temía...» pensaba Lisa, sin embargo, no quiso emitir ningún comentario para no contradecir en público las órdenes del Almirante.

–Almirante, sugiero que se refuerce el personal que se queda de guardia, para prever cualquier contingencia.

–De acuerdo, Mayor. Organice las guardias según convenga.

–Yo realizaré la guardia de hoy en el cambio de turno de la tarde-noche, en lo que programo las guardias de los demás turnos.

De esta forma, transcurrió el turno normal de labores. La tripulación del puente se despidió, quedándose de guardia el comandante Delacroix con la Mayor Hayes.

–Lisa, ¿quieres que me quede contigo? –preguntó Rick.

–No, Rick. Ve a descansar. Estos días serán muy pesados para todos. Necesitas estar descansado como cabeza de la flota.

–Gracias, Lisa. Aunque tú también necesitas descansar.

–Sí, pero este es mi turno de guardia…

–Está bien, sé lo gran profesional que eres. Así que… hoy toca que yo prepare la cena.

–¡Excelente! Es un gusto disfrutar de tus deliciosos platillos –dijo Lisa con una sonrisa.

–¿Es broma? –replicó Rick riéndose.

–Claro que no. Lo dije en serio.

–Muchas gracias –respondió él–. Entonces cuando termine tu turno, pasas por Jack y los espero en mi apartamento.

Lisa asintió con la cabeza. Ambos quedaron sonriéndose. Sus miradas estaban cargadas de la admiración que tenían el uno por el otro. Los ojos de Rick estaban inundados del amor que sentía por Lisa y ella comenzaba a sucumbir ante un sentimiento que por años guardó en su corazón. El Comandante Delacroix, de reojo, miraba la escena y sonrió al ver que su superiora al fin salía de la tristeza en la que se había hundido después de perder a Jack.

El turno transcurrió sin novedades. Lisa hizo su cambio de guardia con Kim y Sammy. Se generaron los reportes correspondientes y se subieron a la base de datos del sistema de información.

Como ya se estaba haciendo tarde y casi era la hora para cenar, Lisa solo pasó por Jack a la guardería. Ella quería ir a su apartamento a cambiarse el uniforme pero ya no le dio tiempo. Ambos fueron directamente con Rick. Lisa tocó a la puerta la cual se abrió unos segundos después y apareció el atractivo Almirante, aún con su uniforme, sin su saco reglamentario, pero usando un delantal, hecho que causó la sonrisa de Lisa y Jack.

–Wow, tenemos chef de lujo –dijo Lisa.

–Claro Hayes, tienen el privilegio de ver al Almirante con delantal. Nadie me ha visto así –dijo Rick, siguiendo el humor de la conversación–. Jack, debes guardar el secreto, ¡eh! –añadió el militar, dejando pasar a Lisa y Jack.

–Seguro, papá –contestó Jack.

–Jack, es tío Rick –aclaró Lisa apenada.

–Pero a mí me gusta decirle papá. Además, ese es un acuerdo que hice con Rick. Me dijo que le puedo decir papá –refutó Jack.

–¡Oh! ¿Un acuerdo? –preguntó Lisa con una sonrisa–. ¿Cómo es que no me enteré de esos acuerdos que andas haciendo con el Almirante?

–Es que fue un acuerdo entre hombres, por eso tú no lo sabes, mamá –respondió el pequeño.

–Ya entiendo, un acuerdo entre hombres –dijo Lisa, guiñando un ojo a Jack.

–Bueno, hijo, ve a lavarte tus manitas, porque la cena estará servida en un instante –dijo Rick mientras le dedicaba una tímida sonrisa a Lisa.

Ella correspondió al gesto y saludó a Rick, dando un beso en su mejilla, gesto que hizo que él sintiera descargas eléctricas en su cuerpo. Rick abrazó a Lisa con mucho cariño hasta que un sonido extraño los distrajo.

–¡Hey! ¡Debes tener hambre! –dijo Rick.

–Yo, bueno… Creo que un poco –contestó Lisa apenada, pues su estómago comenzaba a hacer ruidos.

–Generalmente soy yo el hambriento, pero no te preocupes, hice tu comida favorita…

–¡¿Lasagna y spaghetti? –preguntó ella como una chiquilla.

–¡Bingo! Enseguida la sirvo.

Finalmente, Rick se quitó el delantal, quedando solo en la camisa azul marino reglamentaria. Lisa también se quitó su saco y al igual que Rick, quedó usando su blusa reglamentaria, roja de cuello alto. Rick pensaba que Lisa se veía hermosa y sexy con esa blusa roja, aunque extrañaba verla con la típica blusa amarilla que usaba durante su estancia en el SDF-1 y la Tierra. De igual manera, Lisa contemplaba lo atractivo que se veía Rick, con su ropa oscura, que contrastaba con sus bellos ojos azules.

Los tres cenaron con tranquilidad, degustando la deliciosa comida italiana que Rick había preparado, en la cual, se notaba el esmero y el cariño que él había puesto en la preparación de los alimentos. Hicieron sobremesa platicando de cosas cotidianas y escuchando las historias infantiles de Jack, quien ya comenzaba a bostezar.

–Creo que ya deberíamos regresar, antes de que este jovencito se quede dormido a la mesa –dijo Lisa.

El semblante de Rick cambió de inmediato, pasando de alegría a tristeza. Él no quería que se fueran, se sentía tan bien, tan completo y en familia cuando convivía con Lisa y Jack.

–Campeón, podrías ir a lavarte los dientes y dormir en mi recámara, en lo que tu mamá y yo continuamos platicando. ¿Qué te parece? –sugirió Rick.

–Sí, porque no me quiero ir de aquí –contestó Jack.

Así, el niño estuvo listo para dormirse. Rick lo arropó en su cama, le dejó una lámpara de noche encendida y esperó hasta que el pequeño se durmiera. Lisa observaba desde la puerta de la habitación. La escena era muy tierna. «Rick, como padre, eres genial. Tratas con tanto cariño a Jack. Pareciera como si tú, él y yo fuéramos una familia… ¡Lisa! Deja de tener esos pensamientos. Rick debe seguir con su vida… Algún día encontrará a una buena mujer, tendrá sus propios hijos y se dedicará a su propia familia… Solo me preocupa Jack, la cohesión que él tiene con él es tan fuerte, que sufrirá en el momento en que tenga que separarse de Rick...». Los pensamientos de Lisa quedaron atrás cuando Rick comenzó a hablarle.

–Jack es un buen chico, Lisa. Gracias que me das la oportunidad de convivir con él que es lo más cercano a mi sueño de ser papá –dijo Rick mientras cerraba la puerta de la habitación.

–¿Por qué dices eso? Podrías tener hijos cuando quisieras –respondió ella.

–Al paso que voy, no creo tener hijos ya –contestó Rick con melancolía–. Y si los tuviera, parecería su abuelito en lugar de su papá –añadió con tristeza–.

–¿Cómo crees? Eso no es cierto. ¿Cómo que el abuelito de tus hijos?

–Es por la edad que tengo, Lisa… Dejé pasar muchos años.

–¿La edad? –preguntó Lisa abriendo sus ojos en señal de sorpresa–. Ven, Rick –dijo ella sujetándolo de la mano.

Lo guió hacia un espejo de cuerpo completo que Rick tenía cerca de la puerta de entrada. Hizo que Rick se acomodara para que él mismo viera su reflejo. Lisa se colocó detrás del apuesto militar, puso sus delicadas manos en los amplios hombros de él y comenzó a hablarle acercándose al oído derecho de Rick.

–¿Qué es lo que ves? –preguntó ella.

–A mí… –respondió Rick.

–Mírate, Rick… –dijo Lisa, mientras se paraba de puntitas para alcanzar mayor altura y poderse ver en el espejo también–. Mira tu rostro.

Lisa movió su mano derecha hasta alcanzar la barbilla de Rick.

–Tienes un rostro hermoso cuyo atractivo ha mejorado con los años –dijo Lisa mientras acariciaba la barbilla de Rick.

Conforme describía el rostro de Rick, Lisa iba delineando con sus dedos cada una de las partes de las que estaba hablando. Rick se sentía nervioso por la cercanía de Lisa y sentía que de un momento a otro, iba a estallar de amor al sentir los dedos de Lisa acariciando su cara.

–Tienes los ojos azules más hermosos que he visto... Una nariz fina, labios carnosos… –continuaba diciendo Lisa mientras miraba a Rick a través del espejo y en ocasiones volteaba a verlo, haciendo que su rostro tuviera contacto con el cabello de Rick, hecho que lo enloquecía.

Rick estaba a punto de voltearse, abrazar a Lisa y comenzar a besarla ahí mismo, pero hizo uso de todo su autocontrol, pues no quería echar a perder los años de convivencia y amistad que había logrado, después de que Lisa había decidido levantar su muro de hielo.

–… Con esos atributos, seguramente habrá alguna mujer para tí, con la que puedas tener tus propios hijos y la familia que tanto deseas… –seguía diciendo Lisa–. Pero…

–¿Pero?

Lisa movió su mano del rostro de Rick, pasándola por detrás del torso de él, hasta abrazarlo por delante y llegar a su corazón.

–Pero lo más bello de ti, está aquí –mencionó ella, dando ligeras palmaditas en donde estaba el corazón de Rick.

La cercanía del cuerpo de Lisa en la espalda de Rick hacía que él se sintiera en la locura, sus músculos empezaban a tensionarse para contener las ganas de abrazarla y besarla. No quería romper ese momento tan especial que estaba viviendo con ella.

–Tienes un corazón noble, que solo una buena mujer puede llegar a cuidarlo y a amarlo… Y a amarte como tú te mereces –añadió Lisa, mientras con su otra mano, repetía el movimiento pasando su otro brazo entre el brazo de Rick y su torso, cerrando el abrazo completamente, juntando sus manos al frente del pecho de él.

Rick le sonrió por el espejo y colocó sus manos sobre las de Lisa. Ella también le sonrió.

–Lisa… Gracias… –dijo Rick emocionado–. Todo lo que has dicho me emociona sobremanera y más viniendo de ti.

–Encontrarás a una chica, Rick. Estoy segura.

–Lo he intentado, pero solo quieren mi rango, buscan al Almirante y sus beneficios, no buscan a Rick, el hombre sencillo que soy…

Lisa sintió una punzada en el corazón con ese comentario, pero sabía que Rick debía seguir con su vida.

–¿Has salido con muchas chicas? ¿O ha habido alguna en especial? –preguntó ella.

–Recuerda que los caballeros no tenemos memoria… –respondió él de forma suspicaz.

–Recuerda que me dijiste que no tienes secretos conmigo…

–Cierto… –sonrió Rick–. Lisa, me conoces, no soy el tipo de hombre que anda con una y con otra. Intenté salir seriamente con una chica, pero no funcionó. Quedamos en buenos términos.

–¿Es la chica que te llamó al celular? –cuestionó Lisa.

–Ella misma.

Rick sintió cómo Lisa quiso retirar sus manos de su pecho, pero él la detuvo.

–Y tú sabes que solo hay una mujer en mi corazón –dijo Rick–, pero no quiero preocuparte con eso.

Rick quitó sus manos de las de Lisa, se giró para tenerla de frente y verla a los ojos.

–Suficiente estrés tienes con el fold espacial, los invids y Haydon. Quiero que estés tranquila –le dijo Rick mientras con sus manos, sujetaba su rostro y le daba un beso en la frente.

–Gracias, Rick. Sí, me siento muy estresada –confirmó Lisa.

Ambos se abrazaron. Rick embriagaba sus sentidos con el delicado olor fresco de Lisa. Lo enloquecía tenerla cerca y no poder demostrarle su amor completamente.

–Ven, Lisa… –dijo Rick conduciéndola hacia el sofá.

Caminaron hacia el mueble y Rick hizo el ademán de ofrecerle asiento a Lisa.

–Siéntate, por favor –mencionó el militar.

Lisa accedió. Se sentó en el cómodo sofá, recargando su espalda en el respaldo. Después se sentó Rick, quien colocó su brazo entre las espalda de Lisa y el sofá.

–Gira un poco –dijo Rick, moviendo a Lisa al grado en que la espalda de ella estuvo al alcance de él.

–¿Qué vas a hacer? –preguntó Lisa.

Rick acercó su cuerpo hacia la espalda de Lisa. Con sus fuertes manos comenzó a acariciar el sedoso cabello de ella, moviéndolo en conjunto hacia el lado derecho de fino cuello y pasándolo hacia la parte frontal.

–Tranquila, preciosa… –le susurró al oído–. Solo relájate.

El atractivo Almirante colocó sus manos en las clavículas de la Mayor y comenzó a darle un masaje con dulzura. Lisa se tensó al sentir las varoniles manos de Rick. Habían pasado varios años sin que ella tuviera contacto físico con alguien que su cuerpo reaccionó por inercia. Sentir los movimientos suaves y cadenciosos, comenzaron a relajarla.

–Respira profundo, siente mis manos y trata de no pensar en nada más.

Lisa sentía que esas caricias la iban a llevar muy lejos de ahí. Inconscientemente empezó a hacer ronroneos.

–¿Te gusta? –preguntó Rick.

–Sabes que sí… –contestó ella con su voz casi un susurro.

–Qué mal que los uniformes tengan los cuellos altos. Si no, podría darte el masaje directamente sobre tu piel.

–Es una pena que los uniformes del SDF-3 sean de cuello cerrado… –respondió Lisa–, pero… los uniformes del SDF-2 sí pueden abrirse… –añadió ella con voz sensual–.

Ella se giró para tener de frente a Rick. Buscó el casi imperceptible cierre de su blusa reglamentaria y con lentitud comenzó a bajar el zipper. Los ojos de Rick se abrieron a más no poder. No creía que eso estuviera pasando justo en ese momento.

Por entre la blusa, comenzó a notarse la blanca piel del cuello de Lisa, quien continuaba bajando el cierre con delicadeza. Empezaron a verse sus clavículas. El cierre bajaba más y más. La tersa piel del busto de Lisa comenzaba a aparecer. Rick estaba estupefacto mientras su cuerpo empezaba a reaccionar ante tales estímulos visuales. «Lisa, no sé qué pretendes con eso que estás haciendo, ¡pero me tienes loco! No sé si pueda controlarme… Eres sensualidad pura. Con los años te volviste segura de ti misma y lo demuestras con cada uno de tus movimientos. Siempre tuviste esa sensualidad innata, pero la timidez que tenías de mostrarte tal cual eres, opacaba a la mujer sexy, hermosa y sensual que muestras ahora sin tapujos».

Rick dejó de pensar en cuanto vio que el cierre se detuvo justo antes de que pudiera verse el sostén de la militar. Él se quedó sin aliento, su corazón latía acelerado y sentía el impulso de abalanzarse sobre Lisa.

–Y bien, Almirante… –habló ella con voz tenue, sensual y haciendo un delicado movimiento de torso–. ¿Así está mejor?

–S… Sí… –contestó Rick como hipnotizado.

–Entonces… puede continuar con el masaje, señor.

Lisa se giró para volver a dar la espalda a Rick. Asimismo, acomodó su blusa dejando sus hombros al descubierto para recibir el delicioso masaje que le estaban prodigando las fuertes y varoniles manos de su piloto bocafloja.

Con un suave movimiento, Rick colocó sus manos sobre los hombros de Lisa. El contacto piel con piel fue electrizante para ambos. Las emociones estaban encendidas y a flor de piel. Rick empezó a masajear delicadamente, con movimientos rítmicos y cadenciosos que hicieron reaccionar a Lisa, emitiendo un ligero gemido y teniendo un espasmo corporal. Rick sonrió pícaramente y se acercó a hablarle al oído.

–Aún te despierto sensaciones… –le dijo con suave voz ronca.

–Es que… nunca he sido inmune a tus manos, piloto… –respondió ella–. Siempre me han hecho vibrar…

Rick se sorprendió ante tal comentario, dicho sin rodeos. Inmediatamente abandonó la espalda de Lisa. Se cambió al otro lado del sofá, para quedar de frente a tan bella mujer, mirarla a los ojos y preguntarle mientras acercaba su cuerpo hacia ella.

–¿Hablas en serio, Hayes? –preguntó Rick con su voz cargada de deseo.

–¿Cuándo te he mentido, Hunter? –respondió ella muy sensual, sin bajar su mirada.

Los ojos de ambos militares irradiaban pasión, deseo y locura. Parecían que tenían un fuego interno que iba a estallar de un momento a otro. Rick no pudo más, de un movimiento intempestivo, abrazó a Lisa, acercando su cuerpo al de él. Necesitaba sentirla, acariciarla. Tenerla en sus brazos y sentir su calor.

–¡Oh, Lisa! Te he extrañado tanto… –dijo Rick con un leve jadeo en su voz.

El varonil militar continuaba acariciando a su hermosa compañera, mientras ella solo se dejaba querer. Él hundía su rostro en el cabello de ella, respiraba su olor, su frescura. Enredó sus dedos en la suave cabellera color miel, acariciándola como si no quisiera que se le escapara de entre las manos. Cerró sus ojos y acercó su rostro al de ella, haciéndole pequeñas caricias con su nariz. Sus mejillas se rozaron dulcemente y ante este hecho, Lisa cerró sus ojos también. Había decidido aflorar sus sentimientos y sensaciones hacia ese hombre que la estaba abrazando con delicadeza, necesidad y con tanto amor, como si ella fuera una pieza de porcelana.

Poco a poco, Rick bajó su cabeza sin que su rostro perdiera contacto con la piel de Lisa. Llegó a la barbilla de ella y comenzó a darle pequeños besos siguiendo la línea de su maxilar, subiendo hasta llegar a su oído y depositar un delicado beso en el lóbulo de su oreja. Lisa sentía que iba a estallar, eran tantas las sensaciones que tenía que no sabía cuánto tiempo más podía aguantarlas sin perder la cordura.

Rick volvió a bajar su cara, descendiendo por el cuello de Lisa mientras le brindaba pequeños besos llegando a sus clavículas, mismas que besó tiernamente, continuando su descenso hasta donde la apertura de la blusa se lo permitió. Rick dudó en continuar, porque ya estaba entrando en terrenos mayores y no quería molestar a Lisa con sus atrevimientos.

De repente, Lisa cerró sus brazos en torno al cuerpo de Rick, envolviendo el torso de él y atrayéndolo hacia ella. Él tomó este movimiento como una señal de complacencia que le permitía ir más allá. Sin embargo, Lisa notó los titubeos de él, por lo que quiso hablarle.

–Rick… –dijo Lisa entre sus jadeos.

–¿Sí? –respondió él jadeante también.

Ella se alejó un poco, sostuvo la cabeza de él entre sus manos y le sonrió. Ambos tenían la respiración acelerada, sus voces eran jadeantes, sus corazones acelerados y sus cabellos lucían alborotados por tantas caricias.

–Tiene permiso para maniobrar, Skull 1 –mencionó Lisa con voz entrecortada.

El comentario provocó una tierna pero muy sexy sonrisa del militar.

–Enterado... Delta 1 –susurró él.

Dicho esto, el apuesto militar se abalanzó sobre el cuello de ella y comenzó a besarla, con besos llenos de pasión y deseo. Lisa echó su cabeza hacia atrás, para permitirle el libre acceso a Rick, quien la besaba con el ímpetu de un lobo hambriento…

Continuará…

Nota de autor:

Hola a todos. Comparto el siguiente capítulo de esta historia, en la cual, poco a poco se van acomodando los hechos que dan origen al título de la misma, pues los enlaces del destino están volviendo a unir a nuestros queridos Lisa y Rick, después de algunos eventos tristes para Lisa o tormentosos para Rick, quien ya merece capítulos alegres :) .

Agradezco el interés que expresan los lectores a través de sus comentarios.

¡Espero sus reviews!

Saludos,

M.I.

For the English speakers: Thanks for being interested in my story and taking the time to translate it! I appreciate your private messages and reviews!