CAPÍTULO 10
–¡Buena cacería! Mayor Hayes, fuera –dijo Lisa.
–Señores, ya escucharon a la Mayor. ¡Vamos por esos invid! –exclamó el líder del escuadrón Wolf.
–¡Vamos! –contestaron varios pilotos al unísono.
–Bien hecho, Mayor –dijo el Almirante–. Es un análisis muy preciso.
–Gracias, Almirante… –contestó Lisa.
–Algo te preocupa –afirmó Rick.
–Sí, es esa nave. No la identifico ni tampoco podemos visualizarla con el radar. Estoy tratando de imaginar qué tipo de artefacto será…
–Podría ser de ataque o de transporte de naves...
–Yo creo que es de ataque…
–Carga de armas principales al 70 % –informó Sammy.
–Mayor Hayes, esa nave comienza a moverse. Está desplegando las partes móviles –informó el comandante Stevens.
–¿Cómo son? –preguntó la Mayor.
–¡Mayor! ¡Las naves invid se han vuelto como locas! Están atacándonos despiadamente –se escuchó la voz del líder del escuadrón Gold.
–Carga de armas principales al 85 % –seguía informando Sammy.
–¡Es por las armas principales! Utilizan protocultura pura. Los invid tienen sensores que detectan la protocultura y la energía de las armas principales debe estar estimulando a esos escarabajos espaciales –dijo Lisa–. Rick, ya han detectado que tenemos protocultura, ahora estarán tras el SDF-3.
–Almirante, hordas invid se dirigen hacia nosotros y hacia el SDF-2 –dijo Vanessa.
–Activen la barrera de energía omnidireccional –ordenó el Almirante.
–¡No puede ser! ¡Más protocultura! Es lo que me temía –exclamó Lisa–. Kim, comunícame con el Dr. Lang.
–Lang…
–Doctor Lang, habla la Mayor Hayes. ¿Cuál es el estado del restablecimiento de los sistemas de energía de fisión y fusión?
–Aún no logramos restablecerlos, Mayor. Nos va a llevar más horas.
–Los necesitamos activos a la brevedad o estos aliens van a querer apoderarse de la protocultura a toda costa.
–Lo sé, Mayor. Seguimos trabajando en ello –mencionó el Dr. Lang.
–De acuerdo, doctor. Lo dejo hacer su trabajo. Cambio y fuera –se despidió Lisa.
«Piensa, Lisa… ¡Piensa! Tenemos al SDF-2 con sus sistemas de energía alternos y sus armas principales en funcionamiento… Solo tendríamos que trasladarnos… Solicité el equipo de aire autónomo… Sí, será arriesgado pero más arriesgado es quedarse aquí sin hacer nada y con los sistemas de protocultura trabajando al máximo» dijo Lisa para sí.
Rick veía que Lisa estaba muy concentrada, viendo hacia el ventanal del puente. Enseguida supo que ella estaba ideando alguna estrategia de combate.
–Almirante… –habló ella en tono muy serio y profesional.
–Diga, Mayor –respondió Rick.
–Solicito permiso para ir al SDF-2 con mi tripulación del puente y del control de armas.
–¡¿Cómo?! –refutó Rick con sorpresa.
–El SDF-2 está en completo funcionamiento con energía diferente a la protocultura. Si no lo usamos, lo atacarán y no habrá manera de defenderlo, pues el SDF-3 apenas se podrá defender a sí mismo.
–Mayor, es muy arriesgado que salgan en estos momentos. El espacio está plagado de flotas invid –afirmó Rick.
–También es arriesgado quedarse aquí en el SDF-3 que está funcionando con base en sistemas de protocultura –objetó Lisa.
–En dado caso que lo autorice, ¿cómo piensan transportarse? ¿Con el transbordador?
–No, señor. El transbordador no puede moverse a la velocidad de ataque de los invid. Seríamos presa fácil de su ataque y moriríamos todos en un instante.
–¿Y así es como quiere ir? –refutó el militar.
–No, señor –replicó Lisa–. Hay otra manera...
–Entonces, ¿qué sugiere, Mayor? –preguntó Rick algo contrariado.
–Tendríamos que trasladarnos en varitechs –respondió ella.
–¿Cómo dices? ¿Volarías un varitech? –cuestionó el militar intrigado, olvidándose del protocolo.
–Sí. Todo el personal militar del SDF-2 recibimos capacitación en simulador y prácticas en el espacio. Fue un programa que implementó Jack... es decir, el capitán Archer.
–Ya veo… Lisa… No te arriesgues. No quiero que te pase algo –mencionó Rick con consternación.
–Corremos más riesgo sin hacer nada. Además, necesito defender al SDF-3 a toda costa. Mi hijo está aquí… –dijo Lisa con la voz cargada de sentimiento.
–Está bien. Autorizaré el traslado y ordenaré que tengan listos los varitech que trajeron del SDF-2 –afirmó Rick.
–Gracias, Almirante. Organizaré a mi equipo e iremos como parte del escuadrón Argentum, que es al que tengo en espera para esta misión –respondió Lisa con serenidad–. ¿Puedo dar las instrucciones a mi equipo de trabajo y retirarme después, señor?
–Sí, Mayor… –respondió Rick, con pesar.
Enseguida, Lisa dio las instrucciones a la tripulación del SDF-2 que iría con ella, mismos que ya estaban previamente enterados pues Lisa era muy previsora y ya tenía elaborado y ensayado ese plan de contingencia. Una vez que terminó de dar las órdenes, la Mayor procedió a retirarse del puente, haciendo una venia militar hacia el Almirante y salió del puente.
–¡Lisa! –exclamó él.
Ella detuvo su paso y se giró para verlo. Rick había salido al pasillo y corrió para darle alcance a Lisa y abrazarla con tanto amor y cariño, pues sabía bien que podría ser la última vez que sus ojos la vieran.
–Cómo me preocupa no estar pilotando mi nave y no poder protegerte –dijo Rick muy consternado.
Ella lo tomó del rostro con ambas manos y acarició una de sus mejillas. Vio sus hermosos ojos azules cuya mirada imploraba que se quedara. Ella le sonrió y le habló con serenidad.
–Estaré bien, Rick –respondió Lisa–. Y me estarás protegiendo desde el SDF-3. Además, también estarás protegiendo lo más preciado de mí: a Jack.
–A nuestro Jack –contestó él con una tímida sonrisa.
–Sí, a nuestro Jack –afirmó ella con una sonrisa.
–Te amo… –le dijo él con ternura.
–Yo… también te amo –respondió Lisa.
Era la primera vez en todos esos años que Lisa volvía a decirle que lo amaba. Rick se sintió tanto o más enamorado de ella, sonrió y le dio un delicado beso en los labios al cual Lisa correspondió totalmente. Por unos segundos, el tiempo pareció detenerse y no había más preocupaciones, solo las sensaciones que ese tierno beso les estaba prodigando. Con dolor, Lisa abrió sus ojos y terminó el beso, separando sus labios de los de Rick.
–Debo irme, Rick, o no estaré a tiempo para el despegue –dijo Lisa.
–Sí, amor. Cuídate, por favor –respondió Rick con enamoramiento en su voz.
–Así lo haré –respondió ella.
Lisa se alejó con rapidez y antes de dar vuelta para seguir su camino hacia los vestidores, alzó su mano para despedirse de Rick a lo lejos.
El atractivo Almirante regresó al puente, encontrándose con noticias desalentadoras. El enemigo los superaba en número, aproximadamente 3 invid por cada varitech. Además, estaban llegando naves ovaladas de gran diámetro, lo que parecían ser naves de transporte de guerreros invid que se dirigían hacia el SDF-2 y por si faltaba más, la inmensa nave de forma redondeada había comenzado a acercarse al SDF-3.
Una horda de naves invid intentaban atravesar la barrera omnidireccional del SDF-3, atacaban sin cesar, motivadas por la protocultura pues la querían a toda costa. Otra horda, se posicionaba sobre el SDF-2 para destruir su armadura metálica.
La atención de Rick fue captada por un mensaje que se oyó en una de las líneas de comunicación.
–Mayor Hayes reportándose desde la zona de despegue. En espera de instrucciones –dijo Lisa.
–TA de despegue: 5 minutos –informó Sammy.
–Sammy, iré a la zona de despegue. Regreso enseguida –dijo el Almirante.
El corazón de Rick latía acelerado mientras él corría hacia la zona de despegue. Necesitaba verla una vez más. Necesitaba tener cerca al amor de su vida, a esa mujer que después de tantos años, acababa de recuperar y que justo momentos antes, ella también le había confesado que lo amaba.
–¡Almirante en cubierta! –se oyó un anuncio.
Todos los militares se cuadraron ante la presencia del Almirante, quien solo tenía el objetivo de encontrar el varitech en el que estaba Lisa. A lo lejos, vio que se abría la cabina de un varitech de la cual salía una fina figura, con uniforme de pilotaje de color blanco, entallado, con vivos rojos. La larga y frondosa cabellera de Lisa estaba sujeta en una coleta de caballo y acomodada dentro del casco reglamentario. Sus miradas se encontraron a la distancia.
–Tres minutos para el despegue –se escuchó en los altoparlantes.
Rick y Lisa corrieron a encontrarse y se abrazaron, ante las miradas de los militares ahí presentes, aunque dadas las circunstancias, no les importaba que los vieran.
–Rick, quiero pedirte algo –dijo Lisa.
–Lo que quieras, Lisa –respondió él mientras la sostenía de su cintura.
–Si algo me pasa, ¡cuida de Jack, por favor! Él te ama como si fueras su padre –dijo Lisa casi como una súplica–. ¡Prométeme que lo cuidarás, por favor!
–Lisa, amor, no va a pasarte nada –contestó Rick.
–¡Prométemelo, Rick! –volvió a decir Lisa, con ojos humedecidos–. Por favor…
–60 segundos para despegar –seguían anunciando.
–Te lo prometo, Lisa. Siempre cuidaré de él.
–¡Gracias! ¡Debo irme!
Con gran dolor, Rick y Lisa se separaron. Ella se apresuró a subirse a su varitech, acomodarse el cabello, el casco, los cinturones de seguridad y cerró la cabina de su nave.
El conteo para el despegue había iniciado. Rick, a través de un ventanal, se quedó viendo cómo iban despegando los varitech, uno a uno. El varitech de Lisa se encontraba en medio de una de las líneas de formación, seguido por el VT del teniente Richardson y del comandante Delacroix, a quien Rick había designado para acompañar a la tripulación de Lisa. «Lisa, eres admirable. Lo das todo por la humanidad. Dios, protégela, por favor. Debo regresar al puente para monitorear la llegada del escuadrón al SDF-2 y también ver cómo se está desarrollando la batalla».
Rick entró al puente de mando y enseguida sintió la tensión en el ambiente.
–Novedades, Sammy –preguntó el Almirante.
–Almirante, la nave enemiga se dirige hacia nosotros. Tiempo aproximado de contacto, 3 minutos.
–Vanessa, ¿cuál es el estado actual de la barrera? –volvió a preguntar el Almirante.
–Estado activo y funcionando en su totalidad –respondió Vanessa.
En una de las líneas de comunicación se escuchó un mensaje del líder Argentum.
–Escuadrón, rompan formación y peleen uno a uno. Estas bestias son muy veloces y como escuadrón estamos volando muy lento.
–Líder Argentum, tiene a un invid con cañones de plasma tras de usted. Delacroix, tienes a tres tras de ti, guarda distancia para que no puedan usar sus garras –se escuchaba a Lisa dando instrucciones.
–Mayor Hayase, tiene a uno de ellos tras de usted –mencionó Delacroix.
–Sí, bestia horrorosa, ¡no logro perderla! –se escuchaba a la Mayor.
–Lisa, incrementa la velocidad –intervino el Almirante.
–Sí, señor –contestó ella.
La distancia entre la nave invid y el varitech de Lisa se hacía cada vez más corta. El artefacto enemigo comenzó a dispararle.
–¡Rayos, engendro espacial! ¡Tienes cañones! –dijo Lisa enérgicamente.
Así, Lisa y el invid se enfrascaron en una persecución, en la cual, la Mayor era el objetivo principal.
–¡Almirante! La nave invid se está posicionando sobre nosotros. ¡Parece que va a atacarnos! –informó Vanessa.
–Almirante, aquí líder del escuadrón Wolf. –dijo el comandante Stevens–. Parece ser que la nave enemiga se va a posicionar sobre la barrera omnidireccional.
–¿Cómo dice? –respondió Rick.
–El invid se alimenta de protocultura. Ese artefacto probablemente se va a alimentar de la barrera omnidireccional o bien, del SDF-3 hasta dejarlo sin energía y quedará indefenso para contraatacar. ¡Tengan cuidado!
–¡Enterado, líder Wolf! –respondió el Almirante–. Ahora entiendo el plan de la Mayor Hayes para atacar con el SDF-2.
–Es correcto, señor –respondió el líder Wolf–. Ella previó que esto pasaría.
En ese momento, Rick reflexionaba del nivel de cohesión que Lisa había formado con su tripulación del SDF-2. Se comportaban verdaderamente como un equipo pues se habían acostumbrado y adaptado a la forma de trabajo tanto de la Mayor como de cada uno de los miembros. Habían pasado por tantas batallas que pusieron sus vidas en peligro y habían comprendido que sólo colaborando como uno mismo es que lograrían sobrevivir. Sin embargo, una de las tantas conversaciones que se escuchaban, llamó su atención.
–¡Mayor Hayes! ¡Tenga cuidado!–se escuchó por la línea de comunicación.
–Diego, ponte atento a tus enemigos, yo me hago cargo de lo mío –respondió Lisa.
«No puede ser, esas máquinas están muy cerca de ella. ¡La van a atacar!» pensaba Rick con preocupación.
–¡Acelera, Lisa! –exclamó Rick.
–¡Lo hago pero no logro quitármelo de encima! –gritó la mayor Hayes –Diego, Richardson, Stevens, si algo me pasa, ya saben qué hacer. ¡Sigan con la estrategia que tenemos planeada!
–Pero Mayor… –respondió el comandante Delacroix.
–¡Delacroix! –gritó Lisa.
Justo en ese instante, la comunicación se cortó. Hubo un enorme silencio seguido de un estruendo fuera del SDF-3.
–Sammy, reporte la situación –ordenó el Almirante.
–No logro identificar nada con los radares… pero… ¡Mire por el ventanal!
Empezaron a verse unas partes metálicas, como si fueran las extremidades de una araña gigantesca que comenzaba a envolver a la barrera de energía del SDF-3.
–¿Cuál es el tamaño de esa cosa? –preguntó Kim sorprendida.
–Debe ser inmensa pues casi alcanza a envolver a la barrera de energía –respondió Sammy.
«Seguro es más grande que el SDF-3… Lisa, ya no te escucho, tampoco puedo monitorearte. La situación es crítica. Debo confiar en que tú sabes defenderte y yo me ocuparé del SDF-3».
–¡La barrera de energía comienza a debilitarse! Operabilidad al 90 % –informó Vanessa.
La comunicación con el exterior regresó y esta vez, los radares y monitores estaban funcionando. Rick localizó en su pantalla al varitech de Lisa y pudo observar que ella volaba a máxima velocidad, hizo una maniobra impredecible que provocó que su varitech quedara de frente al invid.
«Un ataque frontal… ¡Lisa! ¡No! ¿Qué haces?» pensó el Almirante con suma preocupación. «También debo ocuparme de esta cosa gigantesca. ¡Lisa! ¡Cuídate, amor!»
–¡Preparen el arma principal! Vamos a freír a esa nave –ordenó el Almirante.
–¡Arma principal lista! –informó el oficial de armas.
–¡Disparen! –dijo el Almirante con voz firme.
El arma principal fue disparada. Su potente rayo pasó a través de una zona de la barrera que ya se encontraba debilitada y dio justo en el cabezal que parecía ser el control del artefacto gigantesco. Una potente emisión de luz encegueció por unos segundos a los oficiales en el puente del SDF-3, quienes pensaron que la nave invid debería estar debilitada pues habían dado en el blanco.
Su sorpresa fue mayúscula al ver que la nave, al contrario de las expectativas, se erigía con mayor potencia.
«Lisa, ahora entiendo tu preocupación al utilizar la protocultura. En lugar de destruir a los enemigos con nuestro armamento, los estamos alimentando, dándoles energía y fortaleciéndolos. Todos nuestros esfuerzos están actuando en nuestra contra… Pero, ¿de qué otra manera les podemos hacer frente? Lisa… amor, te necesito...» pensaba el Almirante quien nuevamente desvió sus pensamientos a su monitor, debido a la conversación que él estaba escuchando.
–¡Ahora verás, chatarra cochambrosa! ¡Me tienes harta! –exclamó la Mayor con enfado mientras dirigía su ataque a la bestia invid.
Rick se enfocó en su monitor y vio como Lisa disparaba en el visor central del invid, destruyéndolo por completo. «¡Asombroso! Hasta como piloto de combate, es muy buena. Sin embargo, estoy preocupado por ti, mi amor. ¡Cuídate!» pensaba Rick cuando Kim intervino,
–Almirante, la barrera omnidireccional se debilita rápidamente. La nave enemiga parece estar succionando nuestra energía. Nuestro disparo dio en el blanco y no le causó ningún daño –dijo la comandante.
–Llamada entrante del líder Skull –informó Sammy.
–Adelante, comuníquela. –respondió el Almirante.
–Rick… Almirante, no sé hasta cuándo podamos resistir. El armamento del SDF-3 parece haber sido un catalizador para estas bestias, nos están atacando ferozmente…
–Lo sé, Max… Estoy pensando en alguna estrategia –dijo Rick pero Max lo interrumpió.
–Podríamos consultarlo con Lisa, ella es excelente como estratega y conoce bien a los invid –sugirió el líder Skull.
–Mayor Hayes al Almirante Hunter… responda Almirante, cambio.
–¡Lisa! Mayor Hayes, ¡qué gusto escucharte! –expresó Rick con alivio por medio de su línea directa.
–Estoy a bordo del SDF-2. Tuvimos algunos inconvenientes pero hemos llegado.
–La situación es crítica, Lisa… –le informó Rick.
–Niveles de protocultura descendiendo al 90% –informaba Kim.
–Barrera omnidireccional funcionando al 50% –informó Sammy.
–Almirante, estamos preparando nuestro armamento. La carga está al 40%. Todo depende de nuestros reactores. Lo primero que voy a hacer es quitarles a ese parásito espacial –informó Lisa.
–Ahora entiendo todas tus estrategias y tus escenarios. Seguiremos tus instrucciones –respondió el Almirante.
–Gracias, Rick.
–Arma principal al 60% –informaba el teniente Richardson, en el SDF-2.
–Rick, me ocuparé de algunas cosas aquí, dejo la línea abierta contigo –le comunicaba Lisa.
–Sí, Lisa, ¡Cuídate!
–¡Tú también!
Entre tanto, el Dr. Lang le informaba al Almirante que los sistemas de neutrones comenzaban a funcionar.
–¡La máquina invid ha debilitado la barrera, Almirante! ¡Se prepara para atacarnos! –informó Sammy.
La bestia mecánica expandió sus tenazas para sujetarse al SDF-3 cuando intempestivamente fue golpeada por un rayo enceguecedor, ante el asombro de la tripulación de la nave comandada por el Almirante Hunter.
–¿Qué fue eso? –preguntó Kim.
–Fue un disparo proveniente del SDF-2 –informó Sammy.
«Lisa, gracias. Nos estás protegiendo» pensó Rick.
Inmediatamente, la nave invid se lanzó al ataque del SDF-2.
–Mayor, la nave viene a atacarnos pero las armas principales aún están en preparación –informó Richardson con preocupación.
–¿Cuánta energía tienen? –preguntó Lisa con serenidad.
–70 %
–Bien… –respondió Lisa pensativa–. Enciendan barrera omnidireccional.
El SDF-2 quedó completamente protegido. Cuando la nave alienígena quiso atacarlos, simplemente fue rechazada por la barrera. Lisa ya tenía experiencia en el ataque invid a pesar de que nunca se había enfrentado a una nave que succionara la energía de esa manera.
Las armas del SDF-2 volvieron a estar listas, por lo que Lisa descargó la energía de las armas principales de la fortaleza en aquella nave invid, la cual era muy resistente pero su carcasa comenzaba a ceder. Dentro de la barrera de energía, Lisa ordenó la transformación modular de la fortaleza a modo de ataque, para incrustar un golpe del brazo de la fortaleza en el armazón de la nave invid, misma que comenzó a partirse en pedazos y hasta quedar destruida.
–No ibas a poder con nosotros, chatarra espacial –dijo Lisa, dejando salir un suspiro a manera de relajación.
«En el SDF-3 están las personas que más amo, los voy a proteger a toda costa y no iba a dejar que esa nave les hiciera daño a mi amores...» pensaba la atractiva Mayor.
En el puente del SDF-3, la tripulación se admiraba de la capacidad de reacción del SDF-2, aunque era de esperarse porque conocían la calidad de la dirección táctica de Lisa, además, los años en que el SDF-2 estuvo solo en el espacio, le sirvieron para adquirir experiencia y capitalizarla en ventajas de ataque y defensa.
«Lisa, eres una gran líder, has adquirido más experiencia estos años en que has estado navegando en el espacio, tú sola al mando. Creaste un gran equipo de trabajo y desarrollaron nueva tecnología de defensa… Eres un gran ejemplo para todos… Te amo tanto...». El Almirante fue sacado de sus pensamientos por un mensaje entrante del Dr. Lang:
–Almirante, los sistemas alternos de energía están operables al 100%.
–¿Ya se pueden poner en funcionamiento?
–Sí, señor. En cuanto usted dé la orden –dijo el científico.
–Entonces active los sistemas alternos enseguida. Así nos defenderemos de los invid y nos uniremos a la lucha con el SDF-2.
–De inmediato, Almirante.
El cambio de sistemas de energía se produjo exitosamente, apagándose por completo los sistemas con base en la protocultura.
–Ahora verán, naves invid, ¡ya no estamos a su merced! –dijo el Almirante–. Sammy, hay que identificar a las naves colmenas y dirijamos el ataque de nuestras armas hacia ellas. Informa a nuestros varitech para que despejen las áreas circundantes a las colmenas.
–Sí, Almirante –respondió la comandante Porter.
Desde el SDF-2, Lisa veía cómo el SDF-3 estaba atacando a las naves colmenas, las cuales se encargaban de liberar a las hordas invid y poco las colmenas fueron desapareciendo.
Las naves invid parecían desorientadas, sin embargo, seguían atacando ferozmente a los varitech. Las naves alienígenas se reorganizaron para atacar a las fortalezas, quienes estaban protegidas por sus barreras de energía. Al no poder hacer nada más y quedarse sin dirigentes, las naves invid emprendieron la retirada.
–Mayor Hayes al Almirante Hunter –se escuchó en el intercomunicador del SDF-3.
–Adelante, Mayor –respondió el Almirante.
–Señor, los invid se han retirado. Nosotros tenemos aproximadamente 3 horas más de aire autónomo. Nos quedaremos aquí un tiempo considerable hasta asegurar que la amenaza ha pasado.
–Está bien, Mayor. Pasado ese lapso, regresen enseguida.
–Sí, señor –respondió la Mayor Hayes.
El tiempo transcurrió y la tripulación del SDF-2 regresó a la fortaleza comandada por el Almirante Hunter. Los militares comenzaron a descender de sus varitech y cierto atractivo militar con uniforme azul marino, esperaba a que su amada atravesara la puerta de metal gigantesca hasta llegar al área donde él la esperaba pacientemente.
Los militares que pasaban al lado del Almirante, lo saludaban oficialmente y él los despachaba mientras que ellos atravesaban las compuertas que les daban acceso al área de talleres, donde ya se escuchaba la algarabía por estar con vida después de su primer enfrentamiento con los invid.
A lo lejos, Rick vio que el comandante Delacroix y el teniente Richardson atravesaban las estructuras metálicas, seguidos de la fina figura de la mujer dueña de su corazón. Al pasar delante de él, el Almirante hizo un gesto de agradecimiento al comandante Delacroix, a quien había incluído en el equipo de trabajo de Lisa para que éste fuera los ojos del almirantazgo y cuidara de ella.
Finalmente, Lisa atravesó las puertas. Ambos se miraron a lo lejos, sintiendo cómo sus corazones se alegraban con ese contacto visual. Lisa aceleró su paso para encontrarse con Rick, quien comenzó a correr hacia ella para terminar su recorrido en un emotivo abrazo. La bella militar pudo sentir el amor y preocupación que Rick le prodigaba con sus brazos y con sus fuertes manos, él le envolvió su cabeza a manera de protección.
Lisa se separó un poco de él, lo miró a los ojos y le sonrió. Rick vio a Lisa y creyó que jamás la había visto tan hermosa. Sintió que su alma le había regresado al cuerpo pues la tenía otra vez en sus brazos, sólo con él y para él. Lentamente, comenzaron a mover sus cabezas hasta cerrar la distancia que había entre sus rostros. Buscaron sus labios y se prodigaron un largo y tierno beso, con el cual se demostraron cuánto se amaban sin necesidad de palabras. Terminaron de besarse y Rick observaba enamorado a Lisa, puso sus manos en el rostro de ella y con su voz, llena de cariño y amor, le dijo cuánto la amaba,
–Te amo, Lisa Hayes –afirmó Rick, mientras volvía a besarla.
–Yo también te amo, Rick Hunter –respondió Lisa al final del beso.
–Temía que algo malo te sucediera, amor –dijo el militar con preocupación.
–Ya ves que no, amor –respondió Lisa–. Agradezco tu preocupación, Rick, pero no iba a dejarme vencer tan fácilmente por esos invid. Ya los enfrentamos varias veces pero ahora es diferente. Tengo dos grandes motivos para vivir –añadió con voz dulce y acarició la mejilla de Rick–.
–Sí, mi amor y yo vivo para ustedes –dijo Rick.
Lisa sonrió.
–¡Y eres temeraria! Mira que girarte para enfrentarte de frente a esa máquina que estaba tras de ti –exclamó Rick–. ¿Dónde aprendiste eso?
–Bueno, son horas de vuelo en el simulador, de práctica en el espacio y con Jack… Él me enseñó esa maniobra.
–Ya veo… Ustedes pensaron en todo –afirmó Rick.
–Sólo tratamos de generar estrategias para los posibles escenarios –aclaró Lisa–.
–¡Y eres muy buena pilotando! En verdad me sorprendiste, aunque era de esperarse, porque siempre has sido la mejor en todo, ya sabes, desde la Academia Robotech.
El comentario sonrojó un poco a Lisa, quien a los ojos de Rick, se veía tan tierna como si fuera una niña pequeña. Él acarició una de las mejillas sonrojadas de ella y le dio un pequeño beso en los labios. La pareja fue sacada de su ensimismamiento cuando oyeron que se abría la compuerta detrás de ellos y el personal de mantenimiento comenzaba a entrar en el área para revisar los varitech.
–Disculpe, Almirante, no sabíamos que… –dijo apenado el jefe de mantenimiento.
–No se preocupe, continúen con su trabajo –respondió el Almirante.
Con amor, Rick volvió a dirigir su mirada a Lisa, mientras le sonreía y pasaba su brazo izquierdo por la espalda de ella.
–Ven, amor, vayamos a mi oficina a un reporte preeliminar junto con los líderes de escuadrón y en 48 horas, haremos los reportes oficiales.
–Sí, mi Almirante, como usted ordene –dijo Lisa con una sonrisa.
Ambos rieron con el comentario y antes de dirigirse a la zona donde estaban los demás militares con su euforia, volvieron a besarse. Conforme iban adentrándose en la zona de talleres, los militares se cuadraban ante el Almirante y la Mayor, se podía sentir el respeto que sentían por ambos y sobre todo, que los habían liderado hacia la victoria durante la batalla que parecía incierta. A lo lejos, una figura trataba de abrirse paso para encontrarse con la pareja, pero no le fue posible por tantos militares que se encontraba en su camino.
La reunión se llevó a cabo con rapidez. Los líderes de escuadrón y la Mayor, dieron su informe preliminar. Al igual el doctor Lang que también rindió su informe.
–Entonces seguiremos en estado de espera 4 horas más, hasta que la alerta haya pasado –dijo el Almirante.
–Entendido, señor –dijeron los militares al unísono.
–Bien, señores, pueden retirarse –ordenó el Almirante.
Los militares comenzaron a retirarse. Rick y Lisa salieron al pasillo de la oficina y seguían hablando de los pormenores de la batalla. Tímidamente, se acercó hacia ellos una solitaria figura.
–Almirante Hunter… Mayor Hayes… –habló la chica con timidez e hizo el saludo militar.
Ambos militares voltearon a verla.
–¡Sargento Kelly! –dijo Lisa–. ¿Cómo está? ¿Puedo ayudarla en algo?
–Solo vine a entregarle su… –dijo la sargento en voz baja.
–¡Oh, sí! ¡Muchas gracias, sargento! –respondió Lisa tomando el álbum fotográfico que la sargento le estaba dando.
–Está completamente desinfectado. Puede manejarlo con toda confianza.
–Muchas gracias. ¿Puedo hacer algo por usted para agradecerle sus atenciones?
–Para nada, Mayor. Fue un gusto haberla ayudado. Disfrute sus recuerdos –respondió la sargento Kelly y se despidió con el saludo militar.
–Amor, voy a cambiarme el traje de pilotaje –dijo Lisa, dirigiéndose a Rick.
–¿Necesitas ayuda con tu traje? –preguntó Rick con coquetería–.
Lisa le sonrió muy sensual.
–Podría ser… –dijo LIsa–. Creo que el Almirante está hambriento por la batalla…
–Claro, todos mis sentidos están en alerta, después de esta batalla… –respondió Rick con voz ronca–. Así, que imagina, preciosa, lo que podríamos hacer juntos…
Rick observó de pies a cabeza a Lisa, quien se veía muy sexy con el traje de pilotaje pegado a su cuerpo. Sin embargo, el objeto que Lisa tenía en sus manos llamó la atención del apuesto militar.
–¿Qué es eso? –preguntó Rick mientras intempestivamente tomaba el álbum en sus manos–. ¿Podría verlo?
–Sí, es un...
–Un álbum de fotos… –la interrumpió Rick, respondiendo ríspidamente mientras comenzaba a hojear el contenido del álbum –. ¿Por qué, Lisa?
–No entiendo, amor. ¿A qué te refieres? –preguntó Lisa con confusión.
–¿Por qué mandaste a traer este álbum de Jack? –seguía preguntando Rick con voz áspera.
–No lo mandé traer… –respondió ella con serenidad–. El álbum lo traje yo la vez anterior que fui al SDF-2. Solo le pedí a la sargento Kelly que lo desinfectara para…
–¿Tú lo trajiste? –interrumpió Rick–. Aún no lo olvidas, ¿verdad? Sigues enamorada de Archer –afirmó con brusquedad–.
La furia podía notarse en los oscurecidos ojos azules del Rick. En su mente no concebía por qué Lisa había traído su álbum de fotos con Archer. «Lisa, nosotros estamos iniciando una relación. Esperé con tanta paciencia para volver a tener tu amor y ahora resulta que traes al presente tus recuerdos con Archer. No puedo entenderlo… Me hierve la sangre de solo pensar que tu corazón le pertenece a Jack… No es posible...».
–Las cosas no son así. Traje el álbum porque quiero cerrar ciclos.
–¿De verdad crees que soy tan ingenuo para creer eso? –respondió Rick muy tajante.
–¿Qué sucede, Rick? ¿Por qué estás a la defensiva? –contestó Lisa, aún con serenidad.
–¿Cómo no estarlo? Tanto tiempo esperando por ti, verte tan feliz con Jack aguantándome el cúmulo de dolor que sentía cada vez que los veía juntos y ahora que finalmente vuelvo a estar contigo, me sales con esto… –dijo Rick.
En la voz del militar había confusión, decepción. En su cabeza se estaban formando una serie de historias en las cuales reinaban los sentimientos encontrados. Sus temores estaban saliendo a flote y se estaban apoderando de su cordura. En ese momento se sentía inseguro de un fantasma de un hombre que fue importante en la vida de la mujer a la cual le estaba entregando su corazón. «¿Cómo puedo luchar contra tus recuerdos, Lisa? ¿Cómo? Archer nunca te decepcionó, desde un principio te brindó su interés y después su amor, no fue un idiota como yo lo fui contigo… Esto no puede estar pasando justo ahora que podemos ser felices juntos». La voz de Lisa trajo a Rick de vuelta a la realidad.
–Escúchame, amor… –dijo Lisa muy tranquila–. Es sólo un álbum. Únicamente deseo guardar esos recuerdos para finalizar mi ciclo con Archer y estar completamente libre para ti.
La mente de Rick terminó por traicionarlo y él perdió su control, por lo que sin pensar, respondió con la inercia de las emociones que sentía justo en ese momento.
–Lisa… No sé cuál sea tu juego, pero ¡no pienso jugarlo! –respondió Rick muy molesto.
–Rick, no hay ningún juego…
–¡Adiós, Lisa! –contestó Rick con enfado.
Intempestivamente, el Almirante se dio media vuelta, dando la espalda a Lisa y se alejó por el largo pasillo, que comenzó a sentirse helado, tanto como el frío que empezaba a sentirse en su corazón.
«Rick, amor… Te asaltaron los sentimientos reprimidos que estuviste acumulando durante los años en que no estuvimos juntos, los dejaste salir y generaron historias alejadas de la realidad. No puedo cambiar lo que piensas, sino sólo tratar de hacerte comprender que Jack fue parte importante de mi vida y que ahora es a ti a quien amo… Tuvimos un día pesado, una batalla difícil, tenemos el estrés y la adrenalina a flor de piel. Espero que cuando estés tranquilo, recapacites y regreses a mí» pensaba Lisa para sí, viendo cómo Rick se alejaba y ella se quedaba en la soledad y en el silencio del pasillo.
El taciturno militar de cabellos oscuros caminaba lentamente hacia su dormitorio. Sus pies parecían pesar toneladas, en contraste con su corazón que se sentía tan ligero, tan vacío, tan… sin vida… «¿Por qué tuve que hablarle así? Descargué en ella todas las emociones de la batalla, todos los sentimientos de impotencia que había guardado durante años… No puede ser, soy un hombre, no el chiquillo malcriado que no medía sus palabras. Lisa, perdóname.»
Finalmente, Rick, más calmado, llegó a su habitación, abrió la puerta sin realmente tener la intención de entrar. Momentos después, entró a su dormitorio y en ese instante, Lisa aparecía en el pasillo, sin embargo, él no se dio cuenta pues justo acababa de cerrar la puerta. La vida volvía a jugarles una pasada, pues si él se hubiera esperado unos segundos, hubiera coincidido con Lisa y quizá, arreglarían sus diferencias.
Lisa entró a su habitación, dio un gran suspiro y exhaló lo más que pudo, sintiendo que dejaba ir las emociones contenidas. Se relajó un poco. Vio las fotos del álbum. Eran de las primeras veces en que había salido con Jack, hasta finalmente, llegar a las fotos de su boda con él. Se veían tan felices, tan guapos, como una pareja digna de una película romántica. Lisa sonrió para sí. «Ahora entiendo tu reacción, Rick, viste estas fotos y reviviste momentos en los que yo estaba con Jack. Pero ya pasó, son parte de mi historia. Este álbum se quedará guardado así como el amor que sentí por mi gigante Jack Archer» pensó Lisa, mientras depositaba el álbum en un cajón de un mueble que tenía en la sala de su apartamento.
–Hasta siempre, mi querido Jack –dijo Lisa–. Ahora, a arreglar las cosas contigo, mi amado Rick Hunter.
Lisa salió de su habitación y se dirigió a la puerta contigua. Rick y ella habían intercambiado claves numéricas de acceso, por lo que colocó los números correctos pero se detuvo antes de darles acceso. Una lágrima rodó por su mejilla y ella recargó su cabeza en la puerta de la habitación. «Creo que es mejor dejarte descansar, amor. Hablaremos cuando te encuentres más tranquilo. Te amo.» dijo Lisa para sus adentros, mientras posaba sus manos en la puerta del Almirante.
Del otro lado de la puerta, un meditabundo Rick Hunter recargaba sus manos y su frente sobre la puerta de su habitación, como si hubiera sentido que Lisa estaba ahí. «Amor, me comporté como un niño berrinchudo, haciendo esa escena contigo. Perdóname. Te amo y trataré de arreglar las cosas entre nosotros. Espero me des esa oportunidad» pensaba Rick mientras gruesas lágrimas empezaban a formarse en sus ojos, nublando su vista.
Así, en ese mismo instante, ambos militares tenían sus cabezas y manos conectadas, pensando el uno en el otro, sin siquiera saber que estaban cerca… tan cerca… que sólo bastaba abrir la puerta.
Continuará...
Notas de autor:
¡Hola a todos! Comparto el siguiente capítulo de esta historia (¡Por fin!). No había tenido tiempo de actualizarla, al igual que mis otros fanfics que están pendientes. Poco a poco voy a irlos actualizando. Como ya había mencionado antes, esta historia ya está terminada, solo que la edición de los capítulos está requiriendo de más tiempo.
Es un capítulo con grandes batallas: la batalla de las fuerzas Robotech contra los invid y las batallas de la mente, los recuerdos y el corazón de nuestros protagonistas.
Muchas gracias a Fabiola y a Anto por mantener el interés en este fic, cuyos enlaces del destino mantienen muy ocupados a los protagonistas.
Los aspectos técnicos de las SDFs están relatados de forma somera y la nave invid que succiona energía, es la llamada Invid Capture Ship.
Gracias por sus comentarios en español e inglés. Me gusta leerlos.
¡Saludos!
