CAPÍTULO 11

Aún recargada sobre la puerta de la habitación de Rick, Lisa secó sus lágrimas con una de sus manos y decidió regresar a su dormitorio. Entró y dejó caer su peso sobre la puerta. Necesitaba pensar y relajarse. Dio un gran suspiro y se dirigió a su habitación. «Rick, ¿por qué ese cambio, mi amor? ¿Es que acaso no confías en mí? Me está empezando a doler la cabeza, no quiero pensar. Creo que iré a bañarme para esperar a que termine el periodo de alerta e ir por mi niño… Sí, un baño con agua tibia me caería de maravilla» pensó.

Así, Lisa buscó el uniforme limpio que iba a ponerse, lo extendió en su cama, se quitó la ropa, tomó una delicada bata de seda y se fue a la regadera a disfrutar de las gotas de agua que la relajaban. Aumentó un poco la temperatura del vital líquido, pasando de tibia a caliente, para que se relajaran sus tensos y adoloridos músculos del cuello y la espalda. Tomó su shampoo para baño favorito y lavó su cuerpo con él «¡Riquísimo! Ahora, mi cabello» dijo para sus adentros la bella mayor.

En la habitación contigua, Rick seguía recriminando su comportamiento hacia Lisa. «¿Cómo pude decirle eso? Lo arruiné todo. Yo y mi gran bocota… Lisa, te amo y te extraño tanto… Quisiera abrazarte, besarte y decirte cuan importante eres para mí» meditaba Rick, aún inmóvil en la puerta de su dormitorio.

–¡Claro! ¿Qué me detiene? ¡Iré a verte para pedirte perdón, mi amor! –dijo el apuesto militar en voz alta.

Presuroso, ansioso pero con una gran sonrisa en su rostro, Rick se dirige al dormitorio de Lisa y tocó a la puerta y no obtuvo respuesta. Volvió a tocar y nada pasó. Presionó un pequeño timbre para ver si tenía mejor suerte y tampoco. «¿Será que no está en su habitación? ¿Se molestará si uso su código para entrar y esperarla en su sala? Voy a intentarlo. No creo que se enoje tanto, quizá me regañe pero no creo que haya peores regaños que los que me daba cuando era sargento en el SDF-1» pensó Rick, sonriendo para sí.

«¡No puede ser! Apenas estoy disfrutando de mi baño y hay alguien afuera tocando el timbre. Lo bueno es que ya me quité toda la espuma. ¡Qué manera de interrumpir! ¿Y si es una emergencia y no oí los altavoces? Debo darme prisa» pensaba Lisa mientras cerraba abruptamente la llave de la regadera. Ni siquiera se secó el exceso de agua que de su cuerpo, sólo se puso su bata de seda y salió apresurada a atender el llamado a su dormitorio.

Abrió la puerta del baño y salió con rapidez, deteniéndose enseguida al ver la figura masculina que estaba parada junto a la puerta de la habitación. Sí, era él, Rick Hunter, su amor del pasado y su amor del presente. Estaba ahí, inmóvil, taciturno y cabizbajo. El militar alzó su cabeza y sus miradas se encontraron. Los cristalinos ojos verdes humedecidos aún por el agua que escurría del cabello de ella, miraban a los hermosos ojos azules compungidos por el comportamiento que había tenido momentos antes.

Ambos estaban inmóviles, sólo observándose. «Lisa… ¡Qué hermosa eres! Te ves irresistible con tu cabello suelto y húmedo. ¡Tengo tantas ganas de besarte que te devoraría en este momento!» pensaba Rick mientras Lisa tenía sus propias cavilaciones «¡Qué esperas, Rick! ¡Dime algo! Si fuera por mí, ya te hubiera abrazado pero no sé qué reacción tendrías. Será mejor que espere a que tú des el primer movimiento y...» su tren de pensamientos fue interrumpido por la suave pero grave voz del guapo Almirante.

–¡Te amo! –dijo Rick de una sola vez–. ¡Perdóname!

Los ojos de Lisa comenzaron a humedecerse por sus propias lágrimas. Ella caminó hacia él y Rick se dirigió hacia ella, abrazándola con amor, devoción, ansias y cariño contenido. Lisa apoyó su cabeza entre el cuello y la clavícula del almirante, colocando sus manos en los amplios hombros de éste.

–¡Te amo, Lisa! ¡Te amo! ¡Perdóname, no debí hablarte así, bonita! Eres mi vida, mi razón de existir, no quiero perderte, sin ti, mi vida no es vida. ¡Perdón, mi amor! –dijo Rick a quien también las lágrimas corrían por su rostro.

–¡Yo también te amo, Rick! Si en el pasado estuvimos juntos y después de que la vida nos separó, ahora es el destino que nos vuelve a unir y no pienso dejarte ir. Te quiero conmigo, aún con tus berrinches adolescentes.

Al oír esto, Rick se separó un poco y subió sus manos para rodear el rostro de Lisa y verla a los ojos. Le sonrió y comenzó a hablarle tiernamente.

–Podré ser el Almirante de la RDF, tendré autocontrol necesario pero una parte de mí aún conserva el ímpetu juvenil y temperamental de aquel chiquillo insufrible que agotaba tu paciencia.

–Eso es lo que veo –respondió Lisa entre risas–. Sin embargo, señor sabelotodo y piloto desobediente, así me enamoré de ti y así te amo ahora.

–¡Perdoname! –suplicó él.

–Amor, no hay nada que perdonar. Te amo…

Lisa no pudo continuar hablando porque Rick había envuelto sus labios con los suyos. El apuesto militar le estaba prodigando muchos besos con tanto amor, ternura y deseo. Rick se detuvo. Sus ojos estaban oscurecidos y la miraban como un lobo acechando a su presa. Él la había estudiado de pies a cabeza. Verla con su cabello húmedo, desenfadado, con la piel mojada y únicamente cubierta con una bata de seda que poco dejaba a la imaginación pues se transparentaba al haber absorbido parte del agua remanente en el cuerpo de la capitana, hacía que se encendieran los sentidos de él, quien pudo notar que ella no portaba ropa interior y estaba cubierta únicamente por la diminuta y sexy bata blanca.

La cercanía con Rick era tal, que Lisa podía sentir el palpitar acelerado del corazón del militar. También podía sentir que el cuerpo varonil de él respondía al tenerla tan cerca. Rick volvió a besarla, esta vez con amor y pasión. Parecía que quería devorar a la capitana con cada beso, que quería fusionar sus labios con los de ella. Él comenzó a acariciar la espalda de Lisa, hasta que bajó sus manos y se encontró con el borde final de la delicada bata de seda, introduciendo sus manos debajo de la prenda, encontrándose con los firmes muslos y glúteos de la mujer que tanto amaba. Lisa se sentía al borde de la locura mientras Rick seguía acariciándola y besándola con fervor hasta que él comenzó a jadear y ya no pudo más.

–Lisa… –decía Rick con su voz ronca y respiración entrecortada–. Amor… si no me detienes ahora... yo… no respondo de mí.

Ella lo miró a los ojos y con respiración acelerada y su voz como un susurro, le respondió.

–Amor, no pienso detenerte… –dijo Lisa y le sonrió.

Rick correspondió a esa sonrisa y de un movimiento intempestivo, se deshizo de la bata de seda, dejando a Lisa completamente desnuda a la vista de él, quien se enamoraba más de ella y su deseo por amarla se incrementaba con cada segundo. La madurez de Lisa salía a flote pues no se sentía intimidada de mostrar su cuerpo a Rick, lo cual le llamaba la atención de sobremanera al militar, pues en su mente existía el recuerdo de aquella Lisa tímida que le daba pena mostrar su desnudez, no importando que era una belleza y aún lo seguía siendo.

–Eres hermosa, Lisa –afirmó Rick–. Te amo…

–Muéstrame todo tu amor… Ámame, Rick.

Con estas palabras, Rick cargó a Lisa y la colocó en el amplio sofá de la sala de la habitación. Comenzó a acariciarla y besarla en todo su cuerpo, sin dejar espacio alguno. Lisa se deleitaba con cada uno de los besos amorosos que su amor del pasado le prodigaba ahora y Rick no podía más con el placer que estaba sintiendo.

Las largas y finas piernas de Lisa, comenzaron a envolverlo y ella, con sus manos, comenzó a liberar el cuerpo de Rick del pesado uniforme del almirantazgo hasta quitar la última prenda que los separaba para unir sus pieles en su totalidad. Lisa se sentía complacida de volver a tener la piel bronceada natural de Rick, volver a sentir su bien torneado cuerpo, sus brazos, sus músculos pectorales, sus amplios muslos, su abdomen firme, sus hombros sobre los cuales le encantaba depositar su cabeza después de que hacían el amor, años atrás. Ella estaba absorta en su atractivo piloto, que ahora ostentaba el más alto rango que pudiera tener.

Prolongaron la secuencia de besos, caricias y palabras de amor, hasta que sus cuerpos no pudieron aguantar más pues se necesitaban el uno al otro y se hicieron un solo ser de una forma mágica, sutil y amorosa.

Finalmente, sus cuerpos, sus corazones y sus miradas volvían a estar conectados tanto física como emocionalmente. Ambos se veían a los ojos, observaban el placer y felicidad de sus rostros, lo cual los llenaba de alegría y confirmaban los sentimientos del uno hacia el otro.

Muchos años habían pasado desde la última vez que habían hecho el amor, que estarse amando justo en estos momentos, los llevaba al éxtasis. Se amaban, se necesitaban, se querían tanto que no iban a desaprovechar que los enlaces del destino los habían vuelto a unir.

Consumado el acto de amor, ambos se abrazaron y descansaron un poco pues estaban exhaustos. Lisa acomodó su cabeza entre el hombro, la clavícula y el cuello de Rick, su lugar favorito para sentirse cobijada y Rick la abrazó protectoramente.

–¿Lisa? –preguntó Rick.

–¿Sí, amor?

–Esto no es un sueño, ¿verdad?

–No, amor, es la realidad –respondió ella–. Aunque hacer el amor contigo, siempre ha sido un sueño para mí.

–Para mí también, solo que no sabía cómo aceptarlo. Te amo tanto…

–Y yo a tí… También te amo…

–Amor, nunca te vuelvas a alejar de mí, por favor –dijo Rick como una súplica–. Sé que he cometido muchos errores. Sé que esto debió pasar hace muchos años y debí ser sincero contigo acerca de mis sentimientos, pero… yo… no sabía… no supe que estaba enamorado de tí hasta que…

Rick se vio interrumpido por Lisa, quien amorosamente lo beso en los labios.

–Ya no te atormentes más con el pasado, mi amor –dijo Lisa–. Estamos juntos ahora y eso es lo que importa.

–Sí, mi amor, es solo que te amo tanto que me hubiera gustado disfrutar de estos momentos años atrás –respondió Rick con melancolía–. Sin embargo, por fin se acabaron mis años de soledad y podré tener la familia que tanto he añorado... Contigo, mi amor.

Lisa permaneció en silencio, meditando en lo que acababa de escuchar.

–Rick… con respecto a la familia que deseas formar, ¿has pensado en que quizá yo ya no pueda darte hijos? –preguntó Lisa mirándolo fijamente a los ojos.

–Amor, ya tenemos uno –respondió Rick sin dudar, mientras la abrazaba con más fuerza acercándola hacia él–. Tú sabes que amo a Jack como si fuera mi hijo.

–Oh, Rick –dijo ella mientras sus ojos comenzaban a nublarse por las lágrimas que se habían formado en ellos.

–Aunque yo no lo haya engendrado, él es hijo de la mujer que amo. Él es parte tuya y yo amo todo de ti, Lisa –afirmó Rick con amor–. Además, le prometí a Archer que cuidaría de él y así será. Lo haré por convicción y no como obligación por haber dado mi palabra.

Las lágrimas brotaban copiosamente de los ojos de Lisa, escurriendo hacia el lado derecho de su cara y mojando el brazo de Rick, donde ella descansaba su cabeza. Las emociones que sentía Lisa en ese momento ante tales declaraciones de Rick, hacían que la voz se negara a salir.

–Hermosa, ¿por qué lloras? –preguntaba Rick mientras que con su mano libre secaba las lágrimas de su amada–. ¿Algo de lo que dije, te puso triste?

Finalmente, ella habló.

–Estoy muy emocionada, Rick –respondió ella juntando sus fuerzas–. Lloro de felicidad.

–Entiendo, amor. En ese caso, llora, mi vida. Aquí estoy yo para compartir tus lágrimas, tus risas, tus besos y tu amor –dijo Rick comprensivamente, mientras que con ternura, acariciaba la aún húmeda cabellera de Lisa.

El sonido de una alarma digital los sacó de su ensimismamiento amoroso. Era el celular de Lisa que estaba en la mesita del centro de la sala. La capitana había programado el dispositivo para que sonara cada hora durante el periodo de espera.

Dolorosamente, Lisa se incorporó, separándose de Rick y apagó el beep de su celular. Volteó a ver a Rick y lo besó dulcemente en los labios, que reclamaban más y más de ella.

–Amor, creo que iré a vestirme. Una vez que pase el periodo de alerta, voy a ir por Jack.

–Yo te acompaño, amor –dijo Rick con voz ronca.

Él la miró a los ojos. Lisa entendió esa mirada. No había necesidad de palabras para entender lo que Rick quería expresarle, por lo que ella se sentó a un costado de él, acariciando su rostro que denotaba la forma varonil que sus facciones habían obtenido con el paso del tiempo, dejando atrás los rasgos adolescentes que él tenía cuando Lisa lo conoció.

Rick sentía el amor de Lisa con cada caricia. Los finos dedos de la capitana prodigaban sensaciones indescriptibles en el cuerpo de él. Lisa apartó un mechón de cabello rebelde que se había quedado adherido a la frente de Rick, la cual tenía una fina capa de sudor provocado por la entrega de amor que acababan de vivir. Él le sonrió enamorado. Sus pupilas estaban tan dilatadas que sus ojos se veían de un azul oscuro como las profundidades del océano.

Fue entonces que ella empezó a darle pequeños besos en el rostro para después recorrer el cuerpo de su amado con caricias y besos en todas partes. El cuerpo de Rick se estremecía con el contacto de las manos y los labios de su bella Lisa, quien comenzó a amarlo lentamente mientras que él disfrutaba con cada movimiento y se deleitaba acariciando el cuerpo de su amada.

Sin perder el contacto corporal, Lisa se inclinó hacia el rostro de Rick. La sedosa cabellera color miel cayó como cascada sobre los hombros de ella y a los costados del rostro de él, formando una cortina que hacía del momento íntimo, algo más sutil.

–Te amo, Rick Hunter –le susurró Lisa al oído–. Y siempre te amaré…

Al escuchar esas palabras, aunadas a las sensaciones que él sentía en ese momento, hicieron que el cuerpo de Rick estallara de placer, generando esa misma reacción en Lisa, quien cayó rendida sobre el pecho de su amado.

Se quedaron inmóviles por algunos minutos mientras que sus cuerpos, que acababan de experimentar sensaciones al máximo, recobraban la estabilidad y sus corazones acelerados volvían a la tranquilidad. Siguieron en reposo varios minutos más, hasta que decidieron bañarse rápidamente.

Juntos, se metieron a la regadera y tiernamente se bañaron el uno al otro. Nuevamente las sensaciones querían apoderarse de sus cuerpos pero decidieron dejar ese momento de intimidad para otra ocasión en que no estuvieran tan recortados de tiempo, pues aún debían reportarse en el puente de mando para concluir el periodo de alerta.

–Amor, me vestiré pero creo que iré a mi habitación a ponerme otro uniforme, porque éste, muestra huellas de la batalla de amor que acabamos de tener –dijo Rick en tono de broma.

Lisa rió ante tal comentario.

–Sí, amor, que no queden vestigios de lo que acaba de pasar, porque es algo entre tu y yo –respondió Lisa entre risas–. No queremos que el trío terrible se entere –añadió.

–¡Claro que no! Sería como publicarlo en la gaceta de la nave –respondió Rick riéndose–. En un momento regreso, mi amor y vamos juntos al puente.

–Sí, mientras me da tiempo de secarme el cabello, para no levantar sospechas.

Rick se despidió de Lisa con un gran beso y se dirigió a su habitación. Después pasó por ella para ir al puente de mando. No había novedades ni avistamiento de los enemigos, por lo que se dio por terminado el periodo de alerta.

Para no evidenciarse, ellos se seguían hablando por sus rangos, o bien, por sus nombres, pues Kim, Sammy y Vanessa eran muy suspicaces.

–Almirante, si ya no es necesaria mi presencia en el puente, me gustaría ir por mi hijo a la guardería –dijo Lisa con voz serena.

–Solo quiero comentar unos detalles con usted en mi oficina y ya puede retirarse, Mayor –respondió el Almirante–. Comandante Porter, sigue usted en la guardia. Cualquier novedad, me informa a mi celular –añadió Rick.

–Sí, señor –dijo Sammy.

–Vamos, Mayor Hayes –mencionó Rick, cediéndole el paso a Lisa, caballerosamente.

Una vez en la oficina del Almirantazgo, una intrigada Lisa le preguntaba a Rick.

–¿De qué es lo que quieres hablarme? –cuestionó Lisa.

–De nada en especial, Es solo que quiero ir contigo a traer a Jack, pero no quería decirlo delante de las chicas –respondió Rick.

–¡Oh! Entiendo.

–De una forma o de otra, se enteran de todo, pero que les cueste trabajo –dijo Rick riéndose.

–Claro. Tienen ese don de enterarse de todo –respondió ella riéndose también–. ¿Nos vamos, amor?

–Sí, mi vida.

Llegaron a la guardería y se reportaron con la encargada del lugar.

–Venimos por nuestro hijo, Jack. Aquí está su mamá, la mayor Hayes. –dijo Rick.

Lisa se sorprendió gratamente. «Nuestro hijo… ¡Qué hermoso se escucha que te refieras a Jack como nuestro hijo!» pensó.

–Sí, Almirante. Jack está profundamente dormido. Creo que lo tendrá que llevar cargando –dijo la encargada de la guardería.

–Eso no es problema, puedo cargarlo. Así lo traje hace unas horas –añadió Rick.

–Pase por aquí, por favor –respondió la encargada.

En eso, Miriya venía saliendo de otro pasillo, con Aurora en brazos quien también estaba profundamente dormida. Ambas se sentaron en la sala de espera y se saludaron.

–¡Lisa! ¡Qué bueno verte!

–¡Miriya! Tenía mucho que no coincidíamos. ¡También me da gusto verte!

–¿Te van a entregar a Jack? –preguntó la Zentraedi de cabello verde.

–Sí. Bueno, Rick pasó por él porque Jack está dormido –respondió Lisa–. ¿Y Max?

–Fue por Dana, que también está dormida. Si no logran despertarla, él la va a tener que cargar. Espero que pueda porque ya está muy crecida.

–Sí, está muy grande y hermosa.

–Gracias –respondió la zentraedi.

Miriya miró fijamente a Lisa, como si estuviera analizándola y finalmente, le sonrió.

–¿Qué sucede, Miriya? –preguntó Lisa algo confundida.

–Tú y Rick, ya son pareja, ¿no es así?

Por unos instantes, la pregunta desubicó a Lisa pero al fin y al cabo, le contestó. Miriya era una buena amiga, muy cercana a ella y no podía negarle lo que ya era evidente para la zentraedi.

–Sí… –dijo Lisa mientras se sonrojaba un poco–. ¿Cómo lo supiste?

–Por tus ojos. Tienes la misma mirada que tiene Max después de que hacemos el amor –respondió Miriya con tranquilidad–. Recuerda que soy una guerrera zentraedi entrenada para detectar detalles. Además, he tenido que estudiar el comportamiento de los humanos para adaptarme mejor. Así que percibo todos esos cambios, aunque los humanos no los noten.

Lisa se sorprendió y abrió sus ojos a más no poder.

–Lisa, que no te dé pena conmigo. Soy tu amiga. –respondió la zentraedi–. Ya se habían tardado pues pasaron varios años en que los dos seguían solteros y sin declararse su amor. Justo como en la época de antaño, en la que fueron la novela en la tele más famosa de la base.

–Telenovela, amiga.

Las dos chicas rieron con el comentario, cuando vieron que venían Max y Rick, cargando a Dana y a Jack, respectivamente y se despedían del personal de la guardería.

–Ahí vienen nuestros amores –dijo MIriya.

–Será mejor irnos pronto, porque los niños pesan mucho –afirmó Lisa.

–Y que lo digas, Lisa. Hola. Disculpa que te salude tan rápido –dijo Max.

–Hola, Max. No te preocupes, ya habrá tiempo para todo –respondió Lisa.

–Sí, amor. Debemos reunirnos para que nos cuenten de sus planes como pareja –dijo Miriya.

Rick y Max se sorprendieron ante tal comentario.

–¿En serio, Rick? ¿Por qué no me habías dicho nada, jefe?

–Sí, bueno, es que apenas lo decidimos hoy –contestó Rick–. Nos despedimos, amigos. En verdad que Jack pesa mucho.

–¡Y Dana también! –respondió Max.

–Nos avisamos de la reunión –dijo Lisa.

–Y nos avisan de la boda, también –añadió Miriya.

Los ojos de Rick y Lisa se abrieron lo más que pudieron, sus caras tomaron una expresión de sorpresa y ambos quedaron casi paralizados.

–¿Boda? –repitieron Lisa y Rick, nerviosamente, al unísono.

Continuará...

Nota de autor:

¡Hola, estimados lectores! Comparto el siguiente capítulo de este fanfic. Finalmente la pareja protagónica, nuestros queridos H2, logran expresarse su amor, después de haber pasado por infinidad de vivencias que se empeñaban en separarlos. Sin embargo, tarde o temprano, lo que va a ser, será.

Para compensar los sinsabores que vivieron Rick y Lisa, está el presente capítulo romántico, lleno de amor y comprensión, en el cual se describe la relación de los protagonistas, ahora como pareja madura y entregada totalmente al amor que sienten el uno por el otro. La narración conserva el comportamiento original de los protagonistas, algunas veces temperamental, otras veces serio y en otras más, simpático y con el humor característico de los Hunter-Hayes.

Saludos especiales a Fabiola Collao, Maonome, Anto y a un guest de habla inglesa, quienes han seguido la historia desde un principio y se toman el tiempo de escribir sus comentarios.

Agradezco sus reviews.

¡Saludos a todos!