Capítulo 12
Ambas parejas salieron de la guardería y se dirigieron a sus respectivos apartamentos.
–Miriya y sus ideas, algo descabelladas –comentó Lisa.
–¿Te lo parece?
«Boda… Casarme con Lisa, sería lo mejor que pudiera pasarme en la vida. No es una idea tan descabellada» pensaba Rick cuando la voz de Lisa lo trajo a la realidad.
–Bueno, es que a Miriya se le ocurre cada cosa –respondió ella.
–Quizá es porque Max y Miriya se casaron enseguida, después de su primera cita –añadió Rick pensativo.
–¿Fue amor a primera vista?
–Sí, se identificaron desde el primer momento. Casi como nosotros…
–Es broma, ¿verdad? –cuestionó Lisa con una risilla.
–No, Lisa, me gustaste desde que te vi en la pantalla del varitech, dándome órdenes y confundiéndome con un piloto militar –decía Rick mientras sus mejillas se ruborizaban un poco.
–¡No lo creo! Si en la primera oportunidad que tuviste, me dijiste vieja comadreja parlanchina.
–Lo… siento –dijo Rick apenado–. Pero en verdad que me llamaste la atención.
–Solo que también conociste a Minmei, con su personalidad arrebatadora y el resto es historia… –respondió MIsa con melancolía–. Mejor cambiemos de tema.
–Está bien –contestó Rick muy apenado.
Llegaron al dormitorio de Lisa. Rick colocó al pequeño Jack en la cama de la recámara principal. Rick observó todo. «Así que aquí fue donde tú y Jack hicieron de todo. Bueno, ni sé por qué estoy pensando en estas cosas si Jack se ha ido y ahora tú y yo volvemos a ser pareja. Creo que es mi yo indomable el que siempre tiene este tipo de cuestionamientos. Me gustaría tomarte aquí mismo y que olvidaras lo que viviste con Jack» pensaba Rick cuando Lisa le habló.
–Amor, mi historia con Jack es ciclo cerrado –dijo Lisa.
–¿Por qué lo dices? –cuestionó Rick extrañado.
–Por la forma en que tu ceño está fruncido y tus ojos se oscurecieron al analizar la cama –respondió Lisa–. Seguro estás pensando en lo que hicimos aquí, cómo lo hicimos y, bueno, ese tipo de cosas...
–Lisa, me conoces tan bien… Creo que puedes leer mis pensamientos...
–Y tú los míos, piloto… –respondió Lisa con una voz muy sensual.
–Así que dígame, Mayor, ¿en qué estoy pensando ahora? –preguntó Rick con voz grave mientras sus pupilas comenzaban a ensancharse.
–En que aún no quiere irse a dormir a su habitación…
–Es correcto. ¿Algo más?
Lisa fue acercándose hacia Rick con un caminar elegante, sensual y coqueto, empujándolo hacia afuera de la recámara. Lisa cerró la puerta y en un movimiento intempestivo, colocó a Rick recargado sobre la pared. Él se dejaba guiar sin resistirse.
–Sí, algo más… –dijo Lisa mientras ponía sus finas manos en el pecho de Rick.
–¿Como qué?
–Que desea ser devorado a besos y que ninguna parte de su cuerpo quede sin mis caricias, señor –respondió Lisa, mientras comenzaba a desabrochar el saco de Rick–. ¿Me concede el permiso, Almirante?
–Concedido, Mayor. Ejecute la operación cuanto antes y como mejor le plazca.
–Necesito que coopere, señor –le dijo Lisa, al oído con una voz enronquecida.
–Cooperaré sin objetar, Mayor Hayes.
Ambos se miraron a los ojos y sonrieron juguetonamente. Era la segunda vez en ese día que Rick veía a Lisa tan sensual, sexy y segura de sí misma. Le encantaba esta Lisa madura, seria pero a la vez juguetona y sobre todo, decidida. Él solo se dejaba guiar hacia donde ella lo llevara. No ponía objeción a la serie de besos y caricias que la bella militar le estaba prodigando.
Lisa tomó la mano de Rick y lentamente lo dirigió hacia el sofá principal de la sala, donde horas antes habían tenido su primer encuentro amoroso, después de muchos años. Ella continuó con su labor de quitar las prendas de uniforme del almirantazgo mientras delicada y placenteramente besaba la piel bronceada de aquel piloto desobediente que se había convertido en un hombre maduro que la amaba con todo su ser.
Lisa hizo que Rick se sentara en el sofá y él por inercia, echó su cabeza hacia atrás, despejando su cuello, señal que fue captada por Lisa y comenzó a besarlo en esta zona, desde sus clavículas, regresando al cuello, la barbilla, llegando al lóbulo de su oreja derecha y le susurró frases sexy al oído.
–Almirante… ¡Usted me encanta!
–Y a mí me encanta todo lo que hace, mayor, es usted la mujer de mis sueños.
–Estoy lista para su contraataque, señor –dijo Lisa mientras se quitaba su saco y bajaba considerablemente el cierre de la blusa de su uniforme.
La blanca piel de la militar quedó expuesta, lo cual animó a Rick a terminar la tarea que Lisa había iniciado. Continuó bajando el cierre hasta que el pecho y el abdomen de ella quedaron expuestos. Él comenzó a besarla con locura y ambos se deshicieron de las prendas que aún cubrían sus cuerpos y que no permitían el contacto total de sus pieles.
Lisa se sentó a horcajadas sobre los muslos de Rick, colocó sus manos sobre los amplios hombros de él y comenzó a amarlo con pasión, mientras él se ocupaba de acariciarla en sus formas femeninas, deteniendo sus manos en la breve cintura de ella. Lisa lo besaba en los labios en sincronía con el vaivén de su cuerpo. Rick estaba extasiado y no podía hacer nada más que dejarse amar por la mujer que él también amaba, sentía que su cuerpo iba a estallar y no podía hacer desistir porque ahora era ella quien le estaba prodigando todo el amor y placer que sus sentidos podían tener.
Cuando Lisa sintió que el cuerpo de Rick se tensaba y ya no aguantaba más, lo besó tiernamente en los labios y lo abrazó, mientras le susurraba al oído.
–Te amo, Rick
–Yo… también te amo, Lisa… con todo mi ser.
Las explosiones corporales de ambos, hicieron que cayeran rendidos ante las sensaciones que acababan de experimentar, quedando exhaustos. Se recostaron en el sofá, dándose un amoroso abrazo y diciéndose todo con la mirada. Ambos sonrieron cariñosamente.
–Amor, si seguimos así, creo que ya no necesitaremos ir al gimnasio porque estamos haciendo demasiado ejercicio –dijo Rick.
–Es que tenemos que aprovechar las oportunidades de estar juntos, amor –respondió Lisa.
–¡Claro que tenemos que aprovechar!
–Me refiero a que cuando lleguemos a Haydon y comience la colonización con los tripulantes civiles del SDF-3, no tendremos tiempo para nada –dijo Lisa con serenidad.
–Habla la voz de la experiencia.
–Sí, Rick, estaremos muy ocupados.
–¿Estaremos? ¿Quieres decir que trabajaremos juntos, aunque el SDF-2 ya haya hecho su misión colonizadora? –preguntó el Almirante.
–Somos un equipo, amor. Por supuesto que trabajaremos juntos.
–Primero tenemos que ver cómo llegaremos a Haydon, si navegando a la velocidad que vamos o hacemos una transposición.
–¿Amor? Acabamos de hacer el amor y ya estamos pensando en los deberes laborales. ¿En qué nos hemos convertido? –comentó Lisa en tono de broma.
–Sí, amor, tener los deberes siempre presentes lo aprendí de la mejor –respondió Rick con una risilla.
–¿Ah sí? Debe ser muy buena maestra porque aprendiste bien.
–Sí, Lisa. Es una especie de super chica.
Ambos rieron con el comentario y se abrazaron más.
–Eso mismo me dijiste en la nave de Breetai, cuando intentábamos escapar de los Zentraedi y queríamos regresar al SDF-1.
–Sí, amor. Siempre me has parecido una super chica, además de hermosa, inteligente y elegantemente sexy.
–¿Sexy? –dijo Lisa, dándole un pequeño beso en los labios.
–Hermosa y sexy.
–Creo que te has ganado otro premio, piloto.
–Estoy dispuesto a recibir todos los premios que me quiera dar –respondió Rick con una voz sensual.
Comenzaron a besarse nuevamente. Se acariciaron y se dijeron dulces palabras de amor, hasta que el sueño y el cansancio se apoderó de ellos, haciendo que cayeran en un sueño profundo, quedándose dormidos uno en los brazos del otro, con sus cuerpos desnudos y sus piernas entrelazadas.
Los días transcurrieron en relativa calma con respecto a los alienígenas. Seguían acercándose al planeta Haydon. Habían estado en comunicación con la base militar del planeta para analizar las posibilidades de llegar a éste de la manera más segura posible.
Las fortalezas espaciales habían sufrido los embates del enemigo, aunado a que el SDF-2 aún tenía niveles tóxicos ambientales, por lo que estaban planeando realizar una transposición a cargo del SDF-3, con un posicionamiento en paralelo de las fortalezas para que ambas pudieran realizar el salto espacial en sincronía y con la misma energía.
–Sí, Mayor. Cuando ustedes aparezcan en el espacio de Haydon, podríamos abrir la barrera de energía para que entren a nuestro espacio, en el menor tiempo posible y así no correr riesgos para nuestra colonia –contestó el comandante Wright.
–Sí, comandante –respondió la Mayor Hayes–. Le enviaremos un mensaje cifrado cuando tengamos la fecha definitiva, pues debemos revisar los reactores del SDF-3 y asegurarnos que nos aportarán la energía necesaria para la transposición de ambas fortalezas.
–Enterado, mayor Hayes.
–¿Han tenido avistamientos de la tropa invid? –preguntó el Almirante.
–No, señor. Afortunadamente los invid no nos molestan porque no tenemos nada interesante para ellos. Y los haydonitas, que es una raza guerrera, han abandonado el planeta.
–¿Qué riesgo hay con las fortalezas espaciales cuando estemos ahí? ¿Consideraría que seríamos un blanco deseable para los invid?–siguió preguntando el Almirante.
–Señor, ellos tienen fortalezas espaciales con tecnología muy avanzada también –respondió Wright–. Supongo que usted mismo pudo ser testigo de ello en la última batalla. Lo que a ellos les interesa es la protocultura. Mientras no utilicemos esa energía, se reduce significativamente el riesgo de ser un objetivo para ellos.
–¿Y si quieren atacarnos y destruir nuestras fortalezas? –preguntó Rick.
–Eso es siempre una posibilidad, Almirante –respondió Lisa–. Es por eso que la colonia en Haydon está protegida por la barrera de energía. Lo importante es minimizar los riesgos.
–Tiene razón, Mayor –respondió el Almirante.
–El tiempo del enlace cifrado está próximo a concluir, nos volvemos a comunicar por este medio cuando tengamos definida la estrategia para llegar al planeta –dijo la mayor Hayes.
–De acuerdo, Mayor, Almirante. Cambio y fuera –dijo el comandante Wright.
–Cambio y fuera –dijeron la Mayor y el Almirante al unísono.
–Voy a citar a una junta operativa para mañana. Quiero analizar las posibilidades –afirmó el Almirante Hunter.
–De acuerdo, Almirante. Veré que todo esté listo para mañana –respondió la mayor Hayes.
La junta se llevó a cabo en la sala principal de reuniones y se determinó que se utilizaría el pliegue espacial para llegar al planeta Haydon. Previamente se tendrían que alinear el SDF-3 de forma paralela superpuesta al SDF-2, por lo que habría que viajar a la fortaleza para posicionarla.
Finalizada la reunión operativa, Rick se notaba intranquilo. Lisa lo notó enseguida, por lo que esperó el momento adecuado para que ambos fueran a la oficina del almirantazgo y hablar en privado.
–¿Qué sucede, Rick, amor? –preguntó ella.
–Es que no quiero que vayas al SDF-2 –respondió Rick –. La última vez que fuiste, fue en la batalla invid. Casi te pierdo.
–Amor, esta vez no hay batalla con los invid, solo iré con mi equipo a posicionar la nave. Soy la capitana del SDF-2, lo concerniente a la nave es mi responsabilidad.
–Lo sé, amor, pero me preocupa. Sé que debo permanecer firme, soy el pilar de la expedición pero tratándose de ti, me desarma por completo –dijo Rick.
–Entiendo, amor. Lo mismo me sucede contigo y con Jack, pero juntos vamos a superar todo. Tenemos la experiencia, el equipo técnico y las herramientas necesarias para llevar a cabo la misión de posicionamiento sin que nada pase.
–Ambas fortalezas sufrieron averías en la última batalla.
–Por eso vamos a revisar que los sistemas tengan las condiciones óptimas para la transposición –habló Lisa muy optimista–. El fold va a ser exitoso, amor. Ya tenemos experiencia en ello.
–Tienes razón. Entonces vamos a preparar todo.
Los días transcurrieron con mucho trabajo pues se realizaron pruebas de control y funcionamiento de los sistemas de las fortalezas (navegación, control, monitoreo, comunicaciones, energía, entre otros). Lisa y su equipo multidisciplinario de trabajo habían hecho constantes viajes al SDF-2 para efectuar dichas pruebas y verificar que, a pesar de las averías de la nave, todo estuviera en buenas condiciones para el salto espacial. Finalmente el SDF-2 fue posicionado.
La fecha del salto espacial había llegado. La tripulación se encontraba en el SDF-3 mientras que el SDF-2 era controlado remotamente. Dieron aviso a la base en Haydon, quienes iban a monitorear el fold. La base avisó que no había avistamientos de tropas invid y también en el espacio donde se encontraban ambas fortalezas, estaba totalmente despejado.
Tanto el sistema de transposición y los sistemas de energía estaban funcionando correctamente, así que iniciaron la ejecución de las maniobras. Transcurrieron varios días terrestres hasta que salieron del salto espacial. La operación había sido exitosa y ambas fortalezas aparecieron cerca de la órbita de Haydon y solo les tomaría algunas horas llegar al planeta. En el puente de mando del SDF-3, la tripulación estaba gustosa, pues una diferencia mínima en los cálculos, podía dar lugar a resultados desastrosos, como aparecer en otro lugar del espacio o perderse durante el pliegue espacial.
Por unos segundos, la base en Haydon desactivó la barrera de protección para que las fortalezas pudieran entrar a la colonia humana. La base les indicó las coordenadas para colocar las fortalezas y el personal militar estaba listo para apoyar al posicionamiento de las naves. Con toda precisión, fue posicionado el SDF-3. Posteriormente, Lisa y su grupo de trabajo volaron en sus varitech para ir al SDF-2 y posicionarlo de forma manual.
Finalmente, las tripulaciones empezaron a descender de las naves. A la distancia, Rick buscaba a Lisa hasta que tuvieron contacto visual y ambos sonrieron. El personal militar de la base en Haydon estaba muy animado al tener de vuelta a la Mayor Hayes, quien había sido la responsable del éxito de la primera misión expedicionaria, así como también, establecer la primera colonia humana en otro planeta, por lo que habían acaparado su atención.
Asimismo, habían organizado un comité de bienvenida para recibir al Almirante Supremo, quien se encontraba atendiendo a las personalidades de la base.
Terminados los actos oficiales de bienvenida, había un tiempo de descanso para degustar alimentos y después continuarían con una breve reunión para acordar los puntos a tratar para una junta operativa que se realizaría al día siguiente.
Durante el receso, Rick y Lisa pudieron verse y conversar fuera de protocolo. Se dirigieron al área del comedor de la base y eligieron una de las mesas más alejadas.
–Al fin en suelo firme, amor –dijo Rick mientras abrazaba a Lisa y le daba un pequeño beso en la frente.
–Sí, amor, después de tantos años navegando –comentó ella.
–Han sucedido tantas cosas…
–Cierto, Rick. Gracias por rescatarnos cuando estábamos a la deriva. Sé que además de la misión expedicionaria, paralelamente tenías la misión de localizar al SDF-2.
–Así es, Lisa. Fue una misión planeada cuidadosamente por el Almirante Gloval, Claudia, Roy, Max, Miriya y tus fieles seguidores zentraedi, el General Breetai y Exedore.
–¿Mis fieles seguidores zentraedi?
–¡Claro, Lisa! ¿No sabías que te admiran? –dijo Rick con una sonrisa.
–No, no lo sabía. –respondió ella.
–Breetai dijo que cómo era posible no haber recibido noticias tuyas en años. Que de ser posible, él iría a buscarte.
–No tenía idea de haber causado esa reacción con los zentraedi.
–Creo que se enamoraron de ti desde que nos vieron besándonos. Me alegra que tú hayas puesto los ojos en mí y no en un gigantón como Breetai –dijo Rick en tono burlón.
–¡Vaya! De haberlo sabido antes, hubiera sido más fácil conquistar a Breetai que a ti –dijo Lisa, riéndose.
–¡Hey! Eso no es gracioso –dijo Rick fingiendo estar enojado y esponjando las mejillas y haciendo pucheros como si fuera un bebé.
Ambos rieron con ese gesto.
–Pese a todo lo que vivimos, amor, ahora estamos juntos –afirmó Lisa.
–Sí, finalmente, estábamos destinados a estarlo –confirmó Rick–. ¿Sabes? Alguna vez Jack me dijo que si dos personas estaban predeterminadas a estar juntas, no importaban los caminos que hubieran seguido, los enlaces del destino iban a unirlas en algún momento de sus vidas.
–Tampoco tenía idea de que platicaras así con Jack –comentó Lisa mientras miraba fijamente a Rick.
–Nuestras pláticas eran muy esporádicas pero muy sustanciosas –comentó Rick–. Él era un buen hombre, Lisa y siempre habló francamente conmigo.
–Sí, fue un buen hombre, gran militar, esposo y padre –dijo ella dejando escapar un suspiro–. Espero haber contribuido a que se sintiera feliz y ojalá se encuentre en paz, donde quiera que su alma esté –respondió Lisa con una mirada nostálgica hacia la nada.
Esta vez, Rick había asimilado la relación de Lisa y Jack y comprendió las palabras de Lisa, sin generarle sentimientos negativos. Rick sostuvo la mano de ella entre las suyas en señal de apoyo. Los bellos ojos verdes de la mujer que amaba, voltearon a verlo con tanto amor, que él reafirmó por qué la amaba tanto.
–Te amo, Lisa –dijo Rick sin bajar la mirada y manteniendo sus manos entrelazadas con las de ella.
–Te amo, Rick –respondió ella, sonriéndole tímidamente.
–Esa sonrisa… Es una característica tan tuya, Hayes.
–Y así me amas, Hunter.
–Sí, amor, te amo con todo mi ser…
–Y yo te amo con todo mi corazón…
Sus rostros fueron acercándose y lentamente comenzaron a cerrar sus ojos, cuando Lisa se detuvo súbitamente. Extrañado, Rick abrió los ojos.
–¿Qué sucede, amor? –preguntó Rick.
–Los protocolos de conducta, amor. Estamos dentro de la base –respondió Lisa rápidamente.
–¡Amor! Tú siempre tan propia y disciplinada.
–Dejaría de ser yo si no lo fuera –afirmó Lisa y sonrió.
–Estoy completamente de acuerdo, Hayes. Ésa es tu esencia, amada mía –respondió Rick con una risilla.
Tan ensimismados estaban Rick y Lisa que no notaban que las miradas de los demás comensales eran dirigidas hacia ellos. Eran miradas de admiración a esos dos seres con grandes responsabilidades a cuestas, esas dos personas que habían llevado a cabo misiones exitosas y que ahora, estaban en ese planeta, para dejar otra colonia y seguir expandiendo a la raza humana fuera de su hogar y sus orígenes en la Tierra.
–Par de tórtolos, ni cuenta se han dado que toda la base tiene su mirada puesta en ellos –dijo Max.
–Sí, amor. Ellos viven su idilio cada momento que pueden –dijo Miriya–. Así como lo vivimos nosotros, dentro de nuestra habitación.
–Mir, amor, aquí no comentes de eso –dijo el piloto de cabello azul, apenado.
–Tienes razón, mejor nos lo demostramos esta noche.
–Será un placer, mi amor.
–Amor, tengo una duda… –dijo Miriya.
–¿Qué es? –respondió Max.
–¿Que son tórtolos?
Max comenzó a reír.
–¿Me contestaste sin siquiera saber qué son tórtolos? –cuestionó Max a su esposa.
–Bueno, deduje que te referías a lo enamorados que están Rick y Lisa.
–Sí, amor. Tórtolos son unas palomas. Con la expresión par de tórtolos me refería a que parecen palomas que todo el día están juntas, acariciándose o teniendo muestras de afecto.
–Ya entendí. Ustedes los humanos tienen muchas expresiones raras.
Ambos rieron con ese comentario y se sujetaron de sus manos.
Las arduas labores de la construcción y establecimiento de la nueva colonia en el planeta ya llevaban varios meses, en los cuales, el personal militar de la base en Haydon, del SDF-2 y SDF-3 habían estado trabajando en conjunto. Hubo reasignaciones de funciones, nuevos rangos y ascensos para varios militares. Rick y Lisa, al ser las máximas autoridades, habían estado muy ocupados con la planeación y dirección de las actividades por lo que tenían muy poco tiempo libre, hasta ese día en que decidieron tomarse una tarde libre pues ya era necesario un descanso.
–Lo ves, Rick, te dije que debíamos aprovechar el tiempo cuando pudiéramos, porque con la construcción de la colonia, estaríamos muy ocupados –afirmó Lisa, haciéndole un guiño a Rick.
–Estamos más que ocupados, amor. Aunque es un gran avance que ya estemos instalados en nuestra casa. Bueno, tu casa… –corrigió Rick, apenado.
–Nuestra casa, amor. Es la casa en la que viví hace años. Me alegra que el comandante Wright haya ordenado el mantenimiento de la casa, así que estuvo disponible a nuestra llegada.
–Sí, amor. Es muy acogedora y el poco tiempo que pasamos aquí, es más que agradable.
–Y qué bueno que hemos compaginado bien nuestros descansos para atender a este precioso príncipe –decía Lisa mientras abrazaba a Jack.
–¿También hay un abrazo para tu príncipe mayor? –preguntó Rick, sonriéndole a Lisa.
–Claro, mi amor. Siempre hay abrazos para mi príncipe encantador –respondió Lisa.
Lisa y Rick se abrazaron amorosamente mientras Jack se acercó a ellos y los abrazó también.
–¡Los amo, mamá y papá! –dijo Jack.
–Te amo, cariño –respondió Lisa.
–Yo también te amo, hijo –contestó Rick.
–Bueno, príncipes, iré a la cocina a ver cómo está el manjar real que disfrutaremos en unos instantes.
–Sí, amor, ve –respondió Rick.
Rick y Jack se quedaron en la sala, jugando con aviones y naves espaciales a escala.
–¿Papá? –le decía Jack con una sonrisa.
–¿Sí, hijo? –respondió Rick mientras comenzaba a tener pensamientos internos.
«Jack, me enorgullece que me llames papá, aunque no seas mi hijo biológico, yo te quiero como tal, además, eres hijo de la mujer que amo, tienes su carisma, su ángel, su sonrisa… Estoy tan enamorado de tu mamá. Ustedes son la familia con la que siempre soñé» pensaba Rick, entre tanto, Jack lo observaba y su vocecita lo trajo de nuevo a la realidad.
–Me gustaría volar en un avión. ¿Cómo se ve el cielo, papá? –preguntaba Jack con entusiasmo–. Mamá me ha enseñado fotos, pero quiero saber cómo es el cielo visto por un piloto.
–Pues… verás, Jack. Para mí, el cielo es libertad. Es sentir que puedes volar a la par de los pensamientos, de tus sentimientos, de las ideas que surgen en tu mente.
Jack se quedó contemplando a Rick quien con una sonrisa, siguió la conversación.
–Disculpa, Jack, creo que utilicé expresiones adultas, lo puedo ver en tu carita con expresión confundida –dijo Rick mientras simulaba mover un avión en el aire–. El cielo lo veo como ser libre, sin límites y depende de la hora del día en que vueles, podrás ver diferentes colores sobre él –añadió–.
–¡Me encantaría verlos! Mi mamá me ha explicado que los colores dependen de la luz del sol.
–Sí. Puedes ver tonos azules, anaranjados, rosas, amarillos, dorados, rojizos, azules fuertes, azules oscuros y colores completamente oscuros.
–Eso mismo dijo mi mamá –respondió Jack–. ¿Alguna vez volaremos juntos, papá?
–Sí, hijo, cuando visitemos la Tierra, volaremos juntos –respondió Rick con una sonrisa.
–¿Papá? Mi papá Jack también era piloto como tú, ¿verdad? –preguntó Jack con mucho entusiasmo–. Platícame de él, papá. Mi mamá me ha platicado algunas de sus historias.
–Bueno, Jack, yo traté poco a tu papá, pero te puedo decir que él es un héroe. Si estamos vivos es porque él hizo una gran maniobra para salvarnos –dijo Rick con serenidad.
Los hermosos ojos del pequeño, resplandecían al escuchar decir que su padre biológico, Jack Archer, había sido un héroe y una gran sonrisa de satisfacción se dibujó en el rostro del niño.
–Cuéntame más –pidió el chiquillo.
Rick siguió relatando sus vivencias hasta que recordó que Archer había tomado algunas fotos cuando Jack nació. En ese tiempo, las fotos fueron muy incómodas para Rick, pues le dolía ver que Lisa había formado su propia familia con otro hombre que no era él. Sin embargo, el destino lo había vuelto a unir a la gran Lisa Hayes, la mujer que lo amó sinceramente desde que él era un piloto insufrible y que ahora, él la amaba con todo su ser.
–¿Amor? ¿Ya le enseñaste a Jack los álbumes de fotos que Archer estaba haciendo para él? –preguntó Rick.
–¿En verdad hay álbumes de fotos que papá Jack hizo especialmente para mí?
–Yo, bueno, Rick, amor… No, no se los he enseñado… –contestó Lisa dubitativamente.
–¿Por qué no?
–Porque… ¿Recuerdas lo que pasó cuando rescaté un álbum de fotos del SDF-2? –dijo Lisa–. Así que para evitar un nuevo conflicto, preferí guardar los álbumes y solamente mostrarle a Jack algunas fotos en digital y así, todos felices.
Rick se sonrojó y contestó muy apenado.
–Lo siento, Lisa… Ese comportamiento estuvo fuera de lugar –respondió él cabizbajo–. Si me dices dónde están, podemos verlos Jack y yo, en lo que está la comida.
–Claro, amor. Están en el cajón de enmedio del pequeño librero de la sala.
–Bien, amor –respondió Rick, enviando un beso al aire, para Lisa.
–¿Voy a ver las fotos que papá hizo para mí? –preguntó Jack.
–Sí, Jack. Ven, vamos a verlas juntos –contestó Rick con tranquilidad.
Jack se acurrucó en el sofá y recargó su cuerpecito en el torso del firme cuerpo de Rick y comenzaron a ver el álbum que Jack Archer empezó a formar desde que supieron que Lisa estaba embarazada. Aparecieron fotos de las primeras semanas de embarazo, impresiones de los ultrasonidos, después más fotos del embarazo, luego del nacimiento de Jack, de bebé Jack con el personal de las fortalezas y las últimas vivencias de Jack con Lisa y su bebé.
El pequeño Jack estaba impresionado y sonreía gratamente. Era un niño risueño y juguetón, inteligente y a veces impulsivo. Delgado y alto para su edad. Tenía el cabello algo alborotado y oscuro, como el de su padre y piel blanca, unos grandes y hermosos ojos color esmeralda, como los de su madre.
–Papá Jack es un héroe. –repitió el niño con una gran sonrisa y unos ojos brillantes.
–Lo es. Siéntete siempre orgulloso de él. –le decía Rick.
–Sí, papá. Y tú también eres un héroe, además de que te pareces mucho a papá Jack –afirmó el pequeño–.
Rick le sonrió, pues efectivamente el parecido entre él y Jack Archer siempre había sido evidente.
–¿Rick? –dijo el niño expectante.
–¿Qué sucede, hijo? –respondió Rick.
–Yo te quiero mucho. ¿Vas a ser siempre mi papá? –preguntó el niño, mirando fijamente a Rick con esos ojos esmeralda que brillaban de una manera especial.
Desde la cocina, Lisa contemplaba la escena enternecida. Sabía que su hijo apreciaba con sinceridad a Rick y que éste se había comportado verdaderamente como un padre para Jack.
–Claro que sí, hijo. Soy tu papá de corazón y siempre seré tu papá, si así lo quieres. –contestó Rick, abrazando al niño.
–Sí, papá, quiero que siempre seas mi papá –afirmó Jack, abrazando también a Rick y colocando su cabecita en el pecho de él.
Lisa se abrazaba a sí misma y lloraba ante tal escena. Ver a su hijo Jack y Rick, juntos, sentados en el sofá, platicando como padre e hijo, la llenaba de emoción. Recordaba a su finado esposo Jack y le agradecía haberle dado el hijo que ahora tenía y también, haberles dado a todos la oportunidad de vivir. Su recuerdo ya no dolía, sino que la inundaba de paz y tranquilidad y trataba de vivir feliz, conforme a los últimos deseos del gran Jack Archer. Ella se secó las lágrimas, puso la mesa y llamó a comer a sus grandes amores.
Terminada la cena, Rick y Jack H. siguieron platicando pues el niño se había entusiasmado tanto con las historias de vuelo de Rick. Jack lo escuchaba atento hasta que ya no pudo más pues sus párpados se cerraron, cargados de sueño y se quedó dormido en el sofá. Rick tomó al niño en sus brazos y lo llevó a su habitación, colocándolo sobre la acolchonada cama y cubriéndolo con su cobertor. Encendió la lamparita de noche que simulaba un cielo azul color neón, con auroras boreales en tonos verdes y estrellas iluminadas en tonos amarillos brillantes y cuidadosamente cerró la puerta para no hacer ruido y se dirigió hacia donde estaba Lisa.
–Se quedó dormido. Lo dejé en su habitación –comentó Rick.
–Gracias, amor… –dijo Lisa, ocultando un poco su rostro.
–Lloraste, mi vida…
–Sí, amor. Es que saber que tú y Jack se llevan tan bien… Me emocionó muchísimo verlos así en el sofá y escuchar tus historias… –respondió Lisa.
–Lo sé, Lisa. Ya no llores, bonita, por favor… –dijo Rick mientras la abrazaba.
–Ya no, amor, ya estoy bien –dijo Lisa, haciendo una sonrisa hacia un solo lado.
–¿Qué pasa, amor?
–Ven, mi vida, quiero mostrarte algo que únicamente sucede este mes. –dijo Lisa mientras rompía el abrazo para sujetar a Rick de su mano y lo llevaba apresurada hacia el jardín trasero de la casa.
–¿Qué es? ¿Modelarás para mí en la oscuridad del planeta? –bromeó Rick.
–¡Hunter! Qué cosas dices… –reclamó Lisa. –¡Hombre al fin! –dijo entre risas.
–¡Pero así me amas, mi vida! –dijo Rick entre risas– Y siempre sucumbes ante mis besos, caricias y mis demás encantos... «¿Yo dije eso? ¡Ni yo puedo creerlo!».
Lisa lo miraba incrédula. El rostro de Rick se había sonrojado intensamente, lo cual le causó gracia a ella.
–Te pusiste rojo, Almirante –dijo ella en tono burlón.
–Tú también te ruborizaste, Almirante –respondió él, haciendo hincapié en el nuevo rango que ella ostentaba.
–¿Yo? –preguntó ella, llevándose ambas manos al rostro, cubriendo sus mejillas.
–Sí, tu cara se puso roja como una deliciosa manzana. ¿Sabes? Creo que se me antojó una fruta.
–Deja las frutas y mejor ven a mirar esto –dijo Lisa cuando finalmente estuvieron en el jardín.
–¿Quieres que vea el jardín sin plantas?
–Mira al cielo, Rick.
Rick levantó la mirada y se quedó maravillado con lo que veía.
–Wow, ¡es increíble! ¡Qué hermoso! –exclamó él.
–En esta época, los satélites naturales de Haydon, se alinean y pueden apreciarse juntos, en la misma vista, compartiendo el mismo espacio, el mismo cielo. Sus tonalidades azul-violáceas los hacen verse muy peculiares, pues nosotros estamos acostumbrados a ver a la Luna, con su diversidad de tonalidades claras.
–¡Sí, Lisa! ¡Qué maravilla poder apreciar este fenómeno natural! ¡Es fantástico!
Ambos estaban parados en el jardín, que si bien, estaba sin plantas, aún conservaba mobiliario para exteriores que Lisa había dejado hace años cuando habitaba esa casa. Ella le platicaba a Rick que la noche anterior había limpiado todo porque salió a observar los satélites con Jack H. Incluso habían sacado un cobertor para colocarlo sobre el terreno y se acostaron a ver las estrellas. Lisa le platicaba al niño cómo era el cielo terrestre y la belleza de las noches estrelladas e iluminadas con la luz de la Luna. Rick y Lisa se sentaron en una banca con espacio para dos personas y siguieron mirando a los satélites.
–¿Y con Jack? ¿También observaste los satélites? –preguntó Rick.
–No, nunca. Estábamos tan ocupados con nuestros trabajos. Él patrullando y controlando al grupo aéreo y yo, organizando al personal y los recursos para la construcción de la ciudad, además de estar a cargo de la nave. Y aún no éramos novios, solo colegas de profesión.
–Pero sus lazos fuera del trabajo ya eran muy fuertes, supongo –comentó Rick.
–Sí, Rick. Él siempre se empeñó en apoyarme en todo, en ser mi soporte principal y en ganar mi atención –respondió Lisa.
–Y se ganó tu corazón también… No desperdició el tiempo, como yo –dijo Rick con melancolía.
–Eso ya es pasado, Rick. La vida nos dio otra oportunidad y el destino volvió a enlazarnos.
–Él fue un gran tipo.
–Sí, lo fue y tú también lo eres, amor.
Los atractivos militares seguían observando a los satélites. Inconscientemente, fueron acercándose hasta que sus brazos comenzaron a rozarse. Rick fue consciente de ello pero Lisa seguía absorta mirando hacia el espacio. Era como si fueran dos adolescentes iniciando un noviazgo. Rick empezó a mover su mano derecha, hasta tocar la mano izquierda de Lisa que la tenía colocada sobre el bordo de la banca. Siguieron platicando por largo rato. Lisa le platicaba a Rick la experiencia y peripecias vividas en Tirol y luego en Haydon. En ocasiones Rick reía junto con ella cuando le contaba cosas graciosas que le habían pasado. Él la observaba atentamente y no se perdía detalle de los gestos de ella. La miraba con admiración, ternura, cariño y amor. Mucho amor.
Hubo una pausa cuando Lisa finalmente reaccionó a la mano de Rick y en ese momento se dio cuenta que sus manos se encontraban ya entrelazadas. Ella volteó a verlo y se encontró con los hermosos ojos azules de Rick que la observaban sin parpadear. La penumbra hacía que los ojos de Rick se vieran de un color azul intenso. Después de varios meses de estar tan ocupados, ella volvió a poner atención a los rasgos finos que él aún conservaba y que tiempo atrás la habían conquistado. Lisa se estremeció al recordarse enamorada de Rick, al sentir la cercanía de él y al hacerse consciente de que tenían sus dedos entrelazados.
Por su parte, Rick se sentía dichoso de estar con Lisa. Se veía tan bella en la penumbra, su piel lucía tan tersa, sus ojos se veían verde oscuros, con unas pupilas de gran tamaño por la poca luz, sus largas y tupidas pestañas, sus cejas delineadas, el cabello color miel cayéndole sobre sus hombros lo que hizo que él se enamorara más y más de ella.
Como hechizados, ambos se movieron un poco para intentar verse de frente. Rick, con su mano libre, acomodó un poco del cabello de Lisa que había caído sobre su rostro. Esto tomó por sorpresa a Lisa quien movió su cabeza en dirección de la mano de Rick, rozando su mejilla con la palma de la mano de él, lo que ocasionó que ambos sintieran como una descarga eléctrica con tal contacto.
Rick aprovechó el movimiento de la cabeza de Lisa para acariciar su rostro. Ella, por inercia, cerró sus ojos con esa acción y se permitió sentir esas caricias tiernas. Cuando finalmente abrió sus ojos, vio el rostro de Rick tan cercano a ella. Rick le sonrió tiernamente, se fue acercando poco a poco hasta rozar sus labios con los de ella.
Lisa cerró sus ojos. La mano de Rick bajó a la nuca de la atractiva militar, acercando la cabeza de ella hacia él, quien le dio un beso tierno y suave en los labios. Para Rick, fue como tocar un pedazo de cielo. Se sentía tan dichoso y enamorado de Lisa.
–Te amo, Lisa –dijo Rick con voz apenas audible–. Siempre te amaré.
–Rick… Yo también te amo y siempre te amaré.
Rick siguió besando tiernamente a Lisa. Besó nuevamente sus labios, luego sus mejillas, su frente, sus párpados, nariz, barbilla, para continuar otra vez con sus finos labios. Amaba a Lisa con todo su corazón y con toda su alma. Los besos tiernos se convirtieron en besos cargados de cariño, amor y pasión. Comenzaron a abrazarse, sin soltar sus manos. Lisa colocó su mano libre en el hombro de Rick y él rodeó a Lisa con el brazo que tenía libre también. Por largo rato, continuaron besándose, dándose caricias y abrazos.
La vida tan dura que les había tocado vivir, el amor y el desamor, los años que llevaban conviviendo juntos en el trabajo y en sus vidas personales y las emociones a flor de piel que sentían esa noche, hicieron que dieran rienda suelta a sus sentimientos. Querían amarse nuevamente.
El frío que comenzaba a sentirse, hizo que lentamente se levantaran de la banca del jardín y entraran a la casa, para continuar lo que había quedado pendiente, en el calor acogedor de la recámara principal.
Las prendas fueron cayendo una por una, hasta que sus pieles quedaron expuestas a los ojos del otro. Rick besó a Lisa, la cargó y la colocó sobre la cama.
–Eres tan hermosa, mi amor. No me canso de admirarte. Estoy tan enamorado de ti, bonita.
–Y yo de ti, mi amor. Eres tan guapo, eres… a quien yo quería para mí.
Rick besó a Lisa en sus labios, extendiendo sus besos al cuello de ella, pasando por sus clavículas, su pecho, su firme abdomen hasta llegar a sus finas y largas piernas.
Para Lisa era la locura, sentía millones de descargas eléctricas en su interior mientras que Rick parecía no poder contener la emoción que sentía con la cercanía física de su amada.
Lentamente, comenzaron a amarse, entregándose completamente el uno al otro, fundiendo sus cuerpos y sus corazones en un solo ser, incrementando la cadencia de sus movimientos hasta que la pasión los hizo estallar de placer. A pesar de estar agotados, su corazones necesitaban sentir el amor del uno al otro.
Perdiendo totalmente la noción del tiempo, se amaron las veces que fueron posibles, como si no hubiera mañana. Finalmente, quedaron exhaustos, cayendo en un sueño profundo. Durmieron abrazados y entrelazando sus piernas para evitar separarse mientras descansaban.
Los días transcurrieron entre múltiples ocupaciones pues la etapa final de establecimiento de la nueva colonia humana estaba por llegar. Rick y Lisa dispusieron de un fin de semana para descansar del ritmo de trabajo que llevaban y decidieron invitar a comer a sus amigos, los Sterling, para convivir un rato, fuera del trabajo.
Degustaron de una deliciosa comida que Lisa preparó. Las niñas de los Sterling jugaban muy ameno con Jack. Miriya se ofreció a lavar los platos pero Lisa se opuso, llegando al acuerdo de que Lisa los lavaría y Miriya los secaría. Mientras Lisa estaba ocupada con los platos, Miriya la observaba detenidamente.
–Rick y tú han estado muy activos últimamente, ¿verdad? –preguntó la zentraedi.
–Sí, Mir. Con tanto trabajo de reconstrucción, hemos estado en constante actividad –respondió Lisa.
–No me refiero al trabajo, Lisa, sino a ustedes como pareja.
Lisa se sorprendió con el comentario que casi deja caer un plato.
–¿Por qué lo preguntas, Miriya? Quiero decir, ¿cómo es que lo sabes? ¿Otra vez se me nota en los ojos? –dijo Lisa sonriendo mientras sus mejillas comenzaban a ruborizarse.
–Sí… –dijo Miriya–. Pero hay algo más…
–¿Algo más? ¿A qué te refieres?
–¿No lo has notado?
–¿Notar qué?
–Estos humanos… En verdad que son despistados o no ven más allá de su nariz –dijo Miriya haciendo una expresión de incredulidad.
–Mírate, Lisa. Tus ojos, tu rostro, tu piel, tu energía…
–¿Qué hay con ello?
–Han cambiado –respondió Miriya–. Luces radiante, alegre, hermosa, reflejas un brillo y mucha paz.
–¿En serio?
–Sí, estás resplandeciente.
–¿Será porque estoy enamorada?
–Sí, es porque estás enamorada y además… –Mir hizo una pausa.
–¿Además? –preguntó Lisa.
–Y además, estás embarazada, Lisa –respondió la hermosa zentraedi.
–¿Cómo? –preguntó Lisa reaccionando con sorpresa–. ¡¿Embarazada?! ¡¿Yo?!
Continuará...
Nota de autor:
Hola a todos. Aquí está la continuación de esta historia. Dejando un poco de lado la parte técnica de la serie, éste es un capítulo con mucho romanticismo en el que se retoman algunos pasajes anteriores y surgen otros momentos significativos entre la pareja favorita de muchos, Rick y Lisa, quienes se están consolidando como una familia (¡Al fin!).
Agradezco sus comentarios y el seguimiento que han estado dando a este fic, en especial a Maonome, Fabiola Collao, Katy, ZayMel, Anto y a los guest en español y en inglés.
¡Saludos a todos!
