CAPÍTULO 13

Lisa se quedó meditabunda con el comentario de Miriya, quien solo sonrió y volvió a confirmar lo que había dicho.

–Sí, Lisa. Emanas esa energía que sólo emitimos las mujeres embarazadas.

–¿Embarazada, a mi edad?

–Sí, amiga. Estás embarazada –afirmó Miriya–. ¿Qué tiene que ver la edad?

–Bueno, que yo… estoy llegando a los cuarenta años y –dijo Lisa, sin poder terminar su comentario porque MIriya la interrumpió.

–Yo también tengo casi cuarenta años en edad humana y… estamos en espera de nuestro siguiente bebé.

–¡Oh, Miriya! ¡Qué gran noticia! ¡Felicidades! –dijo Lisa, dándole un cariñoso abrazo a Miriya.

–Felicidades también para tí, para ustedes –dijo la guerrera zentraedi con entusiasmo.

–Pero Miriya, son solo suposiciones tuyas…

–Pues confírmalas, Lisa. Ve mañana al médico para que te hagan análisis y confirmen tu embarazo.

–Iré, solo para descartar esa posibilidad, porque no creo estar embarazada.

Entre tanto, Max y Rick platicaban en la sala y a la vez que cuidaban a los niños que jugaban sentados en la alfombra.

–¡Vaya, Max! ¡Felicidades! ¡Un hijo siempre es una bendición! –dijo Rick con alegría.

–Así es, jefe. La familia crece… Mir y yo estamos muy contentos.

–¡Claro que sí! No tengo la dicha de ser padre biológico pero sé la felicidad que los hijos traen consigo.

–Ya llegarán tus hijos biológicos, Rick.

–No lo creo, pero así estoy bien, me siento muy feliz con Lisa y con Jack.

–Se te ve, amigo. Tus ojos brillan y tu sonrisa lo dice todo –comentó Max–. Por cierto, Lisa y tú, ya están viviendo juntos, ¿verdad?

–Sí, Max, desde que llegamos a este planeta. Yo tengo mi casa asignada, pero rara vez voy para allá. No sabría cómo vivir sin Lisa y Jack, ellos son mi vida… –dijo Rick, mientras se quedaba pensativo.

–¿Qué sucede, jefe? ¿Hay algo más?

–Sí… –dijo Rick y suspiró–. Es algo que debí haber hecho hace mucho tiempo… Hace muchos años, pero estaba enceguecido por una ilusión.

Rick sacó del bolsillo de su chaqueta, una pequeña caja de terciopelo verde. Cerciorándose que Lisa y Miriya no estaban poniéndoles atención, el apuesto almirante abrió la cajita con cautela, mostrándole a Max lo que había dentro.

–¡Wow! ¡Esa piedra debe valer una fortuna! –exclamó Max en voz baja–. Pero no, Rick, no puedo aceptar. Ya estoy felizmente casado –añadió el piloto de cabello azul entre risas–.

–¡Max, por favor! No es momento para bromas. Quiero dar ese gran paso con Lisa, espero que ella me acepte.

–¿Por qué no habría de hacerlo? Además, es un anillo más que hermoso.

–Es un diamante real. Busqué en todas las joyerías hasta que por fin encontré una que aún tenía diamantes que no eran sintéticos. Como en la nave no hay minas, la fabricación sintética de diamantes ha sido una opción viable…

–Amigo, estoy emocionado y muy contento por ustedes. Ambos tienen que ser muy felices ahora que finalmente están juntos –dijo Max.

–Sí, Max. Es lo que más quiero, que seamos felices.

–¿Cuándo piensas proponérselo?

–No lo sé. No sé cuándo sea el momento adecuado.

–Este momento es tan bueno como cualquier otro. Es más, te ayudo un poco…

–Espera, Max, ¿cómo? ¿Así nada más?

–Claro, ¿es que necesitas algo más? Tienes a Lisa, el anillo y estás enamorado de ella.

–Pero… la ocasión especial, la cena romántica a la luz de la luna…

–Aquí no hay luna, hay otros satélites y siempre está de noche.

–Anímate, Rick. Mir y yo cuidaremos de Jack, si nos lo permites, lo podemos llevar a casa a jugar con las niñas y lo traemos más tarde, en cuanto tú nos llames.

–Está bien. Creo que… estoy algo nervioso… –dijo Rick.

–¿El almirante nervioso? Eso sí que es novedad –respondió Max entre risas.

–Quisiera planear algo especial. Acepto que cuides a Jack, pero mañana… Mañana será el día de la cita con mi destino y con la mujer que amo.

–De acuerdo, Rick, ningún problema.

A lo lejos, Miriya se dio cuenta que Max y Rick tramaban algo.

–Míralos, Lisa, parecen niños. Algo han de estar pensando. Vamos a ver qué hacen –comentó la zentraedi.

–Claro, Miriya –dijo Lisa.

–¡Amor! Qué bueno que vienes –dijo Max–. Le estaba comentando a Rick si mañana nos permiten llevar a Jack con nosotros a casa, a jugar con las niñas. ¿Podemos, Lisa?

–Pues, sí –contestó Lisa extrañada–. Pero no sé si Jack quiera ir.

–Sí, mamá. Dana dice que tienen unos videojuegos muy entretenidos en su consola. ¿Puedo ir? –preguntó el pequeño Jack.

–Está bien, mi cielo –aceptó Lisa.

–¡Perfecto! Nosotros pasamos por él –dijo Max.

Las familias se despidieron y la noche transcurrió sin novedad.

Al día siguiente, Lisa fue al hospital, a una revisión médica general y a descartar la idea de Miriya.

Por la tarde, los Sterling fueron a casa de los Hunter-Hayes para ir por Jack. Lisa aún no regresaba de su turno de trabajo porque le tocaba una guardia de dos horas después de finalizar su horario normal, tiempo que aprovechó Rick para comprar un hermoso vestido casual para la bella militar y preparó un traje formal para él, el cual lo escondió en la recámara de Jack. Finalmente, Lisa llegó a casa, se veía un poco cansada, pero contenta. Rick la recibió con mucha alegría.

–¡Amor! Bienvenida a casa –dijo Rick, aproximándose a ella para darle un gran abrazo y un cariñoso beso en sus labios.

–Amor, ¡qué delicioso beso! –respondió Lisa.

–¿Te gustó? –preguntó Rick, guiñando un ojo.

–Claro, mi amor, todos tus besos me encantan.

–¿Incluso el que nos dimos en la nave zentraedi frente a Dolza?

–Incluído ese beso, que fue la primera vez que nos besamos

–¿Amor? Te tengo una sorpresa –dijo Rick.

–¿Una sorpresa? –preguntó Lisa–. Pues… yo también, amor.

–¿Ah, sí? Parece que hoy es el día de las sorpresas –añadió Rick–. ¿Qué te parece si nos cambiamos estos uniformes y después, nos compartimos nuestras sorpresas?

–Bueno, yo quisiera que… –Lisa no terminó de hablar, porque Rick la besó apasionadamente y la llevó a la habitación principal.

–Ven, mi amor. Mira, ésta es la primera sorpresa –dijo Rick.

Una vez que los dos estuvieron en la habitación, Rick le enseñó un hermoso vestido de seda, de color verde esmeralda que estaba extendido sobre la cama.

–¡Rick! ¡Es hermoso! –exclamó Lisa, abriendo sus ojos sorprendida y acercándose a sentir la textura de la tela–. ¡El color! ¡Y la tela! ¡Es de seda! ¿Cómo lo conseguiste? Este vestido debe valer una fortuna, amor. Tú sabes que yo soy muy sencilla y…

–Y no te fijes, amor, yo sé que a ti no te importan esos cánones, pero solo quise consentirte porque te mereces todo lo que yo pueda darte, Lisa. ¡Te amo! –dijo Rick mientras besaba a Lisa con mucho amor.

–Yo también te amo, mi amor.

–Lisa, ¿quisieras ponerte ese vestido? Porque tenemos una cena.

–¿Una cena? ¿Con quién o quiénes?

–Tienes una cena con un piloto desobediente, que también es un Almirante y que te ama con todo su corazón.

–Tengo una cena con el amor para toda mi vida.

–Sí, preciosa. Te dejo para que te cambies y… mira, también puedes usar estos accesorios si gustas –decía Rick mientras le entregaba una caja alargada de terciopelo verde.

Lisa lo abrió, era una gargantilla y unos aretes con brillantes blancos adornados con diamantes sintéticos verdes.

–¡Son hermosos! Combinan perfecto con el vestido. Muchas gracias, Rick. Gracias por todo –dijo Lisa emocionada.

Rick salió de la habitación, aventando un beso al aire para su hermosa amada.

Mientras Lisa se cambiaba, Rick hizo lo suyo. Se puso su traje negro y usó el perfume cuyo aroma sabía era el que le gustaba a Lisa. Se veía muy gallardo en esa ropa color oscuro que contrastaba con la camisa blanca y el moño negro en el cuello de la misma. Intentó acomodarse el cabello usando gel y acondicionadores, logrando controlar un poco su característico cabello rebelde.

Rick salió de la habitación y esperó a Lisa en la sala. Minutos después, Lisa salió de la recámara principal. Su rostro tenía dibujado una gran sonrisa y miraba a Rick con gran amor, mismo que era correspondido con la mirada del militar. Lisa se veía muy hermosa con el vestido verde de seda, entallado a su cuerpo, mostrando su bella figura, acentuada por los tirantes y el escote, que mostraban sus formas femeninas enmarcadas por su suave piel como porcelana blanca. Rick se quedó impactado y se enamoraba cada vez más de ella.

–Te ves hermosa, mi vida –dijo Rick, acercándose a ella.

Lisa veía a Rick con ensoñación. Se veía más guapo usando ese traje oscuro, diferente al traje oficial del almirantazgo. Ella notó el esfuerzo que hizo Rick por acomodarse su cabello y peinarlo hacia atrás, lo cual le daba otra apreciación al varonil rostro de su amado, pues hacía notar más sus hermosos ojos azules, sus cejas arqueadas y tupidas, generalmente escondidas detrás de su alborotado cabello, así como sus largas y rizadas pestañas que se confundían entre los mechones de cabello que caían en la frente del piloto. Los años habían hecho que el rostro de Rick perdiera su forma redondeada adolescente, como cuando Lisa lo había conocido y ahora se mostraba un rostro con un mentón más fuerte, labios carnosos y su nariz seguía siendo pequeña y respingada.

–Tú te ves extremadamente guapo, mi amor –dijo Lisa–. Te amo, Rick Hunter –añadió mientras se acercaba también a él.

–Yo también te amo, Lisa Hayes –dijo Rick, besando tiernamente a Lisa–. Ven, amor…

Dulcemente, Rick tomó la mano de Lisa y la llevó al Jardín, que estaba adornado con muchas velas artificiales de batería que señalaban el camino hacia una acogedora mesa redonda cubierta con un mantel rojo, adornada con un ramo de rosas rojas naturales y candeleros con velas naturales, además de que estaba la vajilla puesta, vino tinto listo para servirse y dos copas para beberlo. También había un pequeño horno portátil en el cual se encontraba la cena que degustarían en unos instantes más.

–Rick… es hermoso… –dijo Lisa sorprendida–. ¡Gracias, amor!

–Me agrada que te guste, amor –respondió Rick.

–Gustarme es poco, estoy fascinada. Se ve el esmero con el que hiciste todo, porque conociéndote, tú preparaste este bello escenario con tus propias manos.

–Así es, preciosa. Lo hice todo yo, para tí, mi amor –contestó Rick mientras separaba la silla de la mesa para que Lisa se sentara.

–Gracias, Rick… –dijo Lisa pero Rick la interrumpió.

Él jaló una silla y la acomodó cerca de Lisa.

–Amor… Sé que eres la única mujer que me ha amado sinceramente, que supo ver el potencial que tenía y que creyó en mí desde el principio, a pesar de que yo era un piloto desobediente. También sé que yo te dejé ir y que dejé pasar valiosos años en los que pudimos estar juntos y vivir nuestro amor –decía Rick con voz suave y amorosa–. Has sido mi guía, mi luz en el camino, mis ojos en combate, la mujer más bella, tierna, transparente e inteligente que invade mis sentidos, la única en quien pienso a cada segundo y a quien amo con todo mi ser.

Lisa escuchaba atentamente a Rick. Sus palabras eran tan bellas que ella estaba asombrada de oírlo hablar así. Sentía un calor especial en su pecho con cada una de las expresiones de cariño que provenían del hombre que ella amaba.

–Toda tú estás grabada en mí. Tus hermosos ojos verdes con tus finas pestañas rizadas, tus cejas delineadas, tus labios de delicados que me enloquecen cada vez que me besan y que rozan mi piel, tu rostro de porcelana que para mí, es el más bello del universo, tus bellas manos, con finos y alargados dedos que se llevan mi razón con sus caricias, tu hermoso cuerpo tan femenino, tus largas piernas que me envuelven cuando hacemos el amor. Te amo tanto Lisa Hayes, que sé que esto debí haberlo preguntado muchos años atrás, pero no puedo retroceder el tiempo y nuestro momento es éste…

El aspecto de Rick se tornó serio pero sus ojos resplandecían. Se puso de pie, tomó la mano izquierda de Lisa y poco a poco fue agachándose hasta quedar hincado en una de sus rodillas. Mirando fija y amorosamente a la mujer que amaba, preguntó lo que más deseaba en la vida.

–Lisa, mi amor, ¿te casarías conmigo? –preguntó Rick con su voz varonil.

Lisa estaba atónita, llevó su mano derecha hasta su boca que había abierto en señal de sorpresa. Rick sonrió y la miraba con ternura. Ella acarició el rostro varonil de su piloto y con la más tierna y amorosa de sus sonrisas, dijo su tan esperada respuesta.

–Sí, mi amor, sí quiero casarme contigo –respondió Lisa muy emocionada.

Del bolsillo izquierdo de su pantalón, Rick sacó un estuche cuadrado cubierto de terciopelo color verde, lo abrió y se lo mostró a Lisa, quien nuevamente volvió a quedarse estupefacta, abriendo sus ojos a más no poder.

–Rick, amor, es… ¡bellísimo! –dijo Lisa asombrada.

–Es para tí, mi amor, para mi futura esposa –afirmó Rick.

–Debe valer una fortuna… Amor, tú sabes que lo material… –intentó decir Lisa pero no terminó la frase. Rick había comenzado a hablar.

–Lo sé, mi vida pero tú te mereces esto y más.

–Tengo tu amor, que es más valioso que todas las piedras preciosas del universo –respondió ella.

–Bueno, mi amor, entonces toma este diamante natural como un símbolo físico que sella nuestro amor –dijo Rick y besó la mano de su amada.

–Te amo, Rick Hunter –dijo Lisa sonriéndole.

–Y yo también te amo, Lisa Hayes –respondió Rick.

El apuesto militar sacó el anillo del estuche para colocarlo en el dedo anular de la mano izquierda de Lisa, que aún era sostenida por la firme mano de Rick, quien se sentía emocionado pues Lisa había aceptado casarse con él. Ella se inclinó para besar los labios de su futuro esposo, pues si bien, ya eran una pareja consumada, la formalidad del matrimonio volvía a hacerlos sentirse enamorados, como si fueran aquellos jóvenes que se conocieron el día de la demostración aérea de las fuerzas Robotech. Lisa volvió a besar a Rick, acarició el rostro del piloto con sus rasgos varoniles y maduros pero que aún conservaban sus formas finas que lo hacían lucir muy atractivo.

–Estoy tan enamorada de ti, Rick.

–Y yo de ti, Lisa. Eres el amor de mi vida, preciosa.

Lisa se levantó de su lugar sujetando la mano de Rick y haciendo la seña para que él también se pusiera de pie. Ella abrazó a Rick, colocando sus brazos alrededor del cuello de su piloto y él la abrazó por su breve cintura. Se miraron a los ojos y volvieron a besarse tiernamente.

El beso terminó lentamente al oír una pequeña alarma que sonaba. Era del mini horno avisando que la comida ya estaba lista.

–Voy por la cena, amor. Toma asiento, enseguida regreso –dijo Rick con entusiasmo.

–Sí, mi vida –respondió Lisa y volvió a tomar su lugar a la mesa.

Lisa admiró el anillo puesto en su dedo. La joya era verdaderamente hermosa y ver un diamante natural de tal magnitud en esos días, era casi imposible.

–Qué bueno que te gustó, amor –dijo Rick a lo lejos, mientras preparaba los platillos.

–¡Me encantó, amor! –respondió Lisa. Ya sabes que no soy mucho de usar joyas, pero este anillo es verdaderamente hermoso. ¡Muchas gracias, Rick! –dijo Lisa, enviándole un beso con sus labios, al aire.

–Bien, señorita, aquí está la cena –comentó Rick mientras se acercaba con una charola con dos platos.

–¿Te ayudo en algo, mi amor? –preguntó ella.

–No, mi vida, solo déjate consentir, amor.

Lisa agradeció todas las atenciones de su amado, quien se esmeraba en atenderla. Primero comieron un spaghetti a la bolognesa, después una deliciosa lasagna y finalmente un postre.

–¡Amor, la cena ha estado deliciosa! –dijo Lisa.

–Y aún falta el postre, mi vida.

–¡Ya quiero saber qué tienes de postre!

–¡Vaya! La señorita tiene mucha hambre –comentó Rick con una sonrisa–. Lo que me intriga es que no quisiste tomar vino.

–Sí, Rick, lo que pasa es que yo… –Nuevamente Lisa no pudo terminar de decir lo que quería comunicar porque la euforia de Rick lo hacía hablar y hablar.

–Bueno, sé que no tomas vino, a excepción de una noche lluviosa… ¿eh, Almirante?

–Uh, amor. Fue la noche en que todo comenzó –dijo Lisa esbozando una sonrisa.

–Una hermosa noche, que espero podamos repetir en unos momentos…

–¡Sí! ¡En cuanto comamos el postre! –exclamó Lisa como niña pequeña

–Nunca te había visto así, amor, tan ansiosa por la comida –dijo Rick–. Quiere decir que soy un chef genial –sonrió–.

–Sí, lo eres –afirmó ella.

–Bien, pues tengo gelato y panna cotta.

–¡Quiero ambos! –dijo Lisa.

–¿De los dos?

–Sí, amor, quiero probar ambos postres.

–Está bien, preciosa. ¡Qué bueno que tienes apetito!

–Gracias por la cena, amor. La comida ha estado deliciosa y la decoración es bellísima.

–No tan bella como tú, opacas a todas las luces. ¡Te amo! –dijo Rick mientras se acercaba con ambos postres en sus manos. Los depositó en la mesa y besó tiernamente a Lisa.

–Éste es el mejor postre de todos –dijo Lisa con mucho amor–. Tus besos son tan dulces…

Lisa no pudo terminar la frase porque Rick volvió a besarla con mucha dulzura y esta vez, había pasión en los labios carnosos de él. La respiración de ambos comenzó a entrecortarse y ese beso que comenzó tiernamente, fue incrementando su nivel de amor, pasión y necesidad física, hasta que la necesidad de respirar los hizo detenerse. Ambos sonrieron, mirándose con mucho amor.

Varios minutos después, los postres habían desaparecido de la mesa y únicamente quedaban las caras de satisfacción de ambos. Lentamente, acercaron sus rostros para volver a besarse sin ningún recato. Parecía que se devoraban uno al otro y la necesidad de sentirse amados físicamente crecía a cada segundo, lo que los llevó a la alcoba principal para continuar con la demostración de amor que finalmente culminó con la unión de esos dos seres en uno mismo.

Ambos dieron rienda suelta a su amor, su pasión y sus muestras de cariño. Esta vez no se guardaron los sonidos, los jadeos, las palabras en voz alta, pues tenían la casa para ellos solos. Se disfrutaron mutuamente hasta que sus cuerpos estallaron de emoción y pidieron un descanso.

Como era su costumbre, la pareja entrelazó sus piernas. Rick abrazó protectoramente a Lisa, sin perder el contacto visual. Mechones de cabello caían sobre el rostro de ella, ante tal encuentro pasionalmente amoroso, por lo que el atractivo militar, fue quitándolos lentamente y así poder admirar los bellos ojos verdes que más amaba en ese rostro de porcelana que lo enoloqueía.

–Te amo tanto, Lisa Hayes… –le dijo él, dándole un beso en su frente.

–Yo también te amo, mi vida –respondió Lisa besándolo en los labios.

El silencio y la tranquilidad se adueñaron de la habitación y solo se podía escuchar la respiración acompasada de la pareja. Lisa acomodó su cabeza en el pecho de Rick pues siempre le gustaba descansar en ese sitio donde se sentía segura, escuchando los latidos del corazón de su amado. Rick pensó que Lisa ya se había dormido, por lo que habló como un susurro.

–¿Amor? –dijo Rick.

–¿Sí, mi amor? –respondió ella.

–Pensé que te habías quedado dormida…

–No, mi amor, aún no… –dijo Lisa mientras notaba que los latidos del corazón de Rick comenzaban a acelerarse–. ¿Sucede algo, amor?

–Sí… No… Bueno… Es que…

Lisa sonrió, pues ser elocuente y expresar sus sentimientos no era el punto fuerte de Rick.

–Solo díme, mi amor.

–¡Quiero que nos casemos lo más pronto posible! –dijo Rick finalmente.

–¿Lo más pronto posible? –repitió Lisa.

–¡Sí! No puedo esperar más para que seas la señora Hunter. Han sido tantos años que lo deseé que ahora que mi sueño está por cumplirse, no quiero demorarlo –dijo Rick con entusiasmo–. ¡Cásate conmigo, futura señora Hunter!

–¡Acepto, futuro señor Hayes!

Rick estalló en risas con ese comentario.

–¡Nunca me imaginé ser el señor Hayes!

–Bueno, si me llamas señora Hunter, tú bien puedes ser señor Hayes también.

–Sería un honor llevar ese apellido y pertenecer a tu familia, mi hermosa Lisa.

–Y para mí, es un honor unir mi vida con la tuya, mi amor.

Se miraron a los ojos que emanaban dicha y felicidad, pues el amor entre ellos que había empezado años atrás se estaba haciendo realidad, independientemente de las etapas que cada uno había vivido, por fin sus vidas estaban uniéndose en todos los sentidos. De pronto, Rick recordó algo.

–Lisa, mi amor… ¿Dijiste que también tenías una sorpresa para mí?

Ella se incorporó y movió su rostro de los pectorales de él, para mirarlo a los ojos.

–Sí, mi amor. Tengo una sorpresa para ti… –dijo Lisa con una sonrisa dulce y sus ojos cargados de amor.

–¿Qué es, amor?

Lisa volvió a sonreír. Se levantó un poco, dejando los brazos de su amado, para poder alcanzar un sobre que estaba en el buró aledaño a la cabecera de la cama. Estiró su brazo, tomó el sobre y se lo entregó a Rick.

–¿De qué se trata, mi vida? –preguntó él.

–Ábrelo, amor –dijo ella con dulzura.

Rick abrió el sobre y sacó unos documentos que parecían ser pruebas de laboratorio. Cada parámetro estaba dentro del rango normal.

–Hoy fui a una revisión médica, Rick –explicó Lisa.

–¡Amor! ¿Te has sentido mal? ¿Estás bien? ¿Qué te pasa? –preguntó Rick consternado.

–Todo está bien, amor.

–Entonces, ¿por qué fuiste? Si nuestro chequeo médico fue hace tres meses... –preguntó Rick mientras miraba a Lisa y a su vez, seguía leyendo las hojas de los resultados de laboratorio.

–Fui por insistencia de Miriya…

–¿Cómo? ¿Por qué?

–Por que me dijo que puede sentir que de mí emana una energía hermosa, positiva y alegre, que solo es posible cuando se gesta una vida…

Justo en ese instante, Rick cambiaba de página y leía un resultado. Sus boca se abrió a más no poder y sus grandes ojos azul profundo se abrieron como dos soles redondos y resplandecientes, al escuchar a su esposa decir: "cuando se gesta una vida" y al mismo tiempo estar leyendo: "Estado de gravidez: Positivo".

–¡Lisa!... ¡Lisa, mi amor! ¡Es lo que yo creo que es, ¿verdad?!

–Sí, mi amor. ¡Vamos a tener un bebé! ¡Un bebé tuyo y mío! ¡Estamos embarazados!

–¡Oh, Dios mío, Lisa, gracias!... ¡Uh! ¡Un bebé! ¡Un bebé de nosotros!

Rick gritaba eufórico la noticia de que finalmente sería papá biológico. Abrazó a Lisa y la besó con pasión, pero súbitamente se detuvo.

–¡Espera! –dijo él.

–¿Qué pasa, amor?

–¡He sido un tosco! ¿No te lastimé con esos besos y abrazos?

–No… –Lisa no pudo terminar porque Rick la interrumpió

–Y… ¡no puede ser! Acabamos de hacer el amor, tú debajo mío y yo sobre tí, ¿y el bebé? ¿Lo lastimaríamos?

–Calma, amor. El bebé aún es pequeño y la ginecóloga dijo que las relaciones íntimas no estaban contraindicadas, a menos que hubiera algún problema.

–¡Ah, amor! Es que todo esto es nuevo para mí, que no quiero que le pase algo al bebé o a tí –dijo Rick.

–Lo sé, amor…

–Lisa, me has dado la mejor sorpresa del universo y de todas las galaxias. ¡Te amo! ¡Los amo! ¡A los tres!

-¿A los tres?

–Sí, a tí, a bebé y a Jack.

–Ya veo, pensé que lo decías porque serían trillizos –dijo Lisa entre risas.

–Eso se lo podemos preguntar a MIriya que tiene laboratorio y equipo de ultrasonido integrado –dijo Rick en tono de broma.

Ambos rieron con ese comentario, se abrazaron y se besaron.

–Como zentraedi, ella percibe más cosas que a nosotros nos pasan desapercibidas.

–Sí, mi vida, solo lo dije de broma.

–Sí, amor. Y… aún hay otra sorpresa más…

–¿Otra sorpresa?

–Mañana, después de mi horario de trabajo, tengo cita con la ginecóloga. Me harán un ultrasonido y probablemente escuchemos los latidos del corazón de nuestro bebé. ¿Me acompañarías?

–¡Claro que sí, mi amor! Ni siquiera tienes que preguntármelo. En esto estamos juntos. Te acompañaré y apoyaré en todo lo que esté en mis manos.

–Gracias, amor.

Volvieron a abrazarse y a besarse, hasta que un sueño profundo se apoderó de ellos.

Al día siguiente, compartieron la noticia con Jack, quien también se puso eufórico al saber que tendría un hermanito. También le comentaron a los Sterling, quienes compartieron la felicidad de los futuros Hunter-Hayes.

–Te lo dije, Lisa –afirmó Miriya–. La energía que emites es inconfundible y es indicativo que una nueva vida está formándose en ti.

–Sí, Mir. Gracias. Te hice caso y fui a revisión médica.

Así, llegó la hora de la cita de Lisa, quien recibió instrucciones para la realización del ultrasonido. Rick la acompañó en todo momento.

–Bien, procederemos a poner gel en su abdomen para que el transductor pueda resbalar bien y transmitir las imágenes de su bebé, a la pantalla del equipo, que a su vez, las va a transmitir en el monitor montado en esa pared, para que ustedes puedan ver.

Rick estaba sentado al lado de Lisa, estaban tomados de la mano. Él se sentía alegre, nervioso, eufórico, dubitativo, pues cómo sería ver los primeros días de vida de su bebé y escuchar los latidos de su corazón por primera vez.

El estudio comenzó y se empezaron a ver unas imágenes borrosas que Rick no entendía. Él miraba a Lisa, a la doctora y al monitor, cuando de pronto, la expresión de la doctora cambió.

–Un momento…

–¿Sucede algo, doctora? -preguntó Rick, tratando de sonar tranquilo.

–¿Pasa algo con mi bebé? –preguntó Lisa.

–Sí, Almirante…

Continuará...

Nota de autor:

¡Hola de nuevo! Comparto la continuidad de esta historia. Al fin, los H2 están juntos y ahora más unidos que nunca, en un capítulo romántico y emotivo. Si bien, no hubo batallas ni argumentos tecnológicos, considero que es un capítulo de enlace de las vidas de los protagonistas. ¿Qué les ha parecido?

Me había sido muy difícil actualizar pues la región donde vivo sufrió varios fenómenos naturales. Tuvimos la fuerza de un huracán, temblores y lluvias, lo cual generó varios días sin el suministro de electricidad, agua, vías y medios de comunicación, incluyendo el Internet. Gracias a Dios, aquí sigo y poco a poco iré actualizando éste y mis demás fics. Por otra parte, subí esta actualización sin mucha revisión, así que si encuentran alguna incongruencia, fue por la premura de compartirla en cuanto volví a tener conexión a Internet.

Agradezco los amables comentarios que han escrito para esta historia y gracias por los nuevos que vayan a publicar.

¡Saludos a todos!