CAPÍTULO 15

El corazón de Lisa comenzó a latir rápido, quiso hablar pero una contracción se lo impidió. Su cara mostró signos de dolor y cerró sus ojos, perdiendo contacto visual con aquel hombre vestido con ropa quirúrgica. Juntando sus fuerzas, Lisa abrió los ojos y regresó su mirada a la persona que ahora se encontraba sujetando su mano. Ella sonrió al poder identificar los hermosos ojos azules que ella tanto amaba.

–Estás aquí o… lo… estoy imaginando… –volvió a decir Lisa cuando otra contracción nubló sus sentidos.

La figura masculina a su lado, bajó su cubrebocas por un instante y le sonrió, con la sonrisa más tierna que se complementaba con los ojos azules que expresaban tanto amor al verla.

–Sí, mi amor, soy yo, Rick, tu piloto desobediente, tu esposo que tanto te ama… –dijo Rick suavemente y volvió a colocarse el cubrebocas.

–Rick… –dijo Lisa con voz apenas audible.

–Te dije que regresaría con ustedes –respondió el atractivo piloto–. Te amo…

–Yo también te amo…

Los médicos comenzaron a hacer su trabajo para traer a los bebés al mundo. Rick presenció la cirugía y embelesado, contempló el nacimiento de su primer hijo y minutos después, nació su primera hija. Ambos bebés nacieron en buen estado de salud. Los limpiaron y enseguida se los mostraron a los orgullosos almirantes. Lisa solo pudo ver a sus bebés por unos instantes ya que enseguida, los médicos la anestesiaron de manera general para finalizar la cirugía.

Rick estaba feliz pues sus sueños se estaban concretando. Estar con la mujer que amaba, tener una familia con ella y su hijo Jack y finalmente, aumentar su felicidad con sus mellizos que acababan de nacer. «Estoy tan agradecido… Después de tanta guerra, destrucción, sufrimiento y de mis decisiones no acertadas, finalmente estoy casado con el amor de mi vida y tengo mi propia familia. Lisa y mis tres niños son mi todo, les dedicaré mi vida entera… Yo, un pequeño niño granjero que le encantaban los aviones, cuya pasión era volar, heme aquí, en otro planeta, convertido en un militar de alto rango y con mi propia familia. ¡Qué más puedo pedir!» pensaba Rick mientras contemplaba a sus bebés que ya estaban vestidos y colocados en sus cunitas, esperando a que su mamá despertara de la anestesia para llevarla a la misma habitación con ellos.

Cuando Lisa fue llevada a la que sería su cama en el hospital, se encontró con la habitación decorada con algunos globos y con un ramo de rosas naturales, lo cual era muy especial pues se requerían costosos tratamientos para hacer crecer rosas fuera de su ambiente natural en la Tierra.

Lisa sonrió al ver lo alegre que se veía la habitación y sus ojos se iluminaron más al ver a Rick, esperándola a un costado de su cama y junto a él, estaban los dos hermosos bebés recién nacidos. Ella fue colocada en su cama, Rick se acercó para besarla en los labios. El amor de él por ella se desbordaba de sus ojos, la veía embelesado.

–Te amo, Lisa –dijo Rick, acariciando el cabello de LIsa, mientras acomodaba unos mechones que habían caído en su frente.

–Yo también te amo, Rick –le contestó ella.

–¿Quieres ver a nuestros bebés?

–Sí, amor.

Rick colocó a los mellizos a la vista de Lisa, quien pidió sostenerlos entre sus brazos.

–Están pesados, amor. Si te cansas, yo te ayudo.

–Sí, Rick. Solo quiero cargarlos un momento, aún me siento mareada por la anestesia, pero necesito verlos…

Rick colocó a los bebés en los brazos de Lisa, ella los miraba con tanto amor. Ambos eran parecidos, tenían la piel blanca con ligeros matices rosas y el cabello oscuro, corto, abundante y alborotado, como el de su papá.

–Mis bebés hermosos… Finalmente ya están con nosotros… Los amo –dijo Lisa con ternura–. Solo falta…

–Jack –mencionó Rick–. Max y Miriya van a traerlo, ya deben estar por llegar.

–Gracias, por todo, Rick.

–Gracias a tí, Lisa, todo lo que tengo y todo lo que soy, es por ti…

–Es por tu esfuerzo, amor.

–Y por tu guía, mi vida. Sin ti, no creo que en este momento estaría aquí. Siempre fuiste tan estricta conmigo, bueno, con todos los pilotos y hasta que tuve gente a mi cargo, comprendí que lo hacías para nuestra seguridad. El más mínimo error puede hacernos perder la vida en un combate. Fuiste la única que creyó en mí, a pesar de ser un piloto de circo, sin bases militares y recuerdo cuando me dijiste que esperabas grandes cosas de mí como militar y que algún día yo sería parte importante de la RDF.

–Sí, amor, eres parte importante de la RDF y de mí… –dijo Lisa–. Y también recuerdo que esa vez me contestaste que ni en sueños serías un militar de alto rango como yo, y mírate ahora…

Ambos rieron con ese comentario.

–Rick, ¿me ayudas a cargar a uno de los bebés? –dijo Lisa con una voz tierna.

–Claro, mi amor –respondió Rick, tomando a la bebé en sus brazos–. Ven con papá, princesa hermosa…

–¡Papá! ¡Mamá! –se oyó la vocecita de Jack que estaba entrando a la habitación–. Quiero ver a mis hermanitos.

–Mira Jack, ella es tu hermanita… –dijo Rick.

–Elizabeth –añadió Lisa.

–¿Elizabeth? ¿Así se va a llamar? ¿Como tú, mamá? –preguntó Jack.

–Sí, mi amor –respondió Lisa–.

–Elizabeth Hunter –añadió Rick–. Hunter-Hayes.

–¡Oh! Qué bonito se oye –dijo el niño–. Es una bebé hermosa, como tú, mamá… Bueno, creo que tiene cara de papá, no sé… pero está lindísima.

Los tres rieron con las ocurrencias de Jack.

–Y él es tu hermanito –dijo Lisa mostrando el bebé a Jack.

–¡También es muy hermoso! –respondió el niño– Yo soy tu hermano Jack, yo te enseñaré todo de la vida, jugaremos y volaremos juntos.

–Se llamará Roy, Roy Hunter-Hayes.

–¡Como tío Roy! –exclamó Jack– ¿Algún día iremos a la Tierra para conocer a todos mis tíos?

–Sí, hijo, iremos –respondió Rick.

El momento era sublime, ver a la familia de Rick y Lisa, reunida y feliz, transmitía paz y tranquilidad. Esa escena fue captada por la cámara fotográfica de Max, cuyo pasatiempo era tomar fotos, ahora que su familia había crecido con 4 hijas.

–Felicidades, amigos –dijo Max.

–¡Max! –exclamó Lisa–. Gracias por cuidar de Jack.

–Lo hago con gusto. Jack es como mi familia también, además, se lleva muy bien con mis niñas –respondió Max–. Por cierto, Miriya se quedó cuidándolas, por eso no pudo venir, Nosotros vinimos en cuanto terminé los reportes del combate… ¡Oh! Bueno, no hay que hablar de eso, lo importante es que ya estamos aquí, conociendo a los mellizos.

Lisa escuchaba atenta a Max. A pesar de haber dado a luz, ella era militar y le interesaba saber de los últimos acontecimientos, en los cuales, casi perdía a su eterno amor, su piloto desobediente que ahora era la máxima autoridad de las Fuerzas Robotech. Por unos instantes, el rostro de Lisa cambió, denotando una inmensa tristeza y preocupación. Su amado esposo lo notó enseguida.

–¿Pasa algo, amor? –preguntó Rick.

–No… –respondió ella con melancolía–. Es que recordé que casi te perdía, mi amor –añadió mirando con amor a los ojos de Rick.

–Estoy aquí, mi vida… Ya pasó –dijo Rick mientras con su mano libre, sujetaba la mano libre de Lisa.

Ambos sonrieron y se siguieron viendo con tanto amor. Mientras, Max seguía tomando fotografías.

–¿Qué sucedió? Lo último que recuerdo fue un estallido y una luz enceguecedora. Perdimos comunicación y pensé que el SDF-3 había sido absorbido hacia el portal… Me preocupé mucho por ustedes, Rick, por ti… –relataba Lisa con mucho sentimiento en su voz.

–Cielo, ya no te acuerdes de eso, estamos juntos, con nuestros hijos, es lo que importa –respondió Rick.

–Pero… –dijo Lisa sin poder terminar la frase porque Max comenzó a halbar.

–Bueno, Lisa, después de que me preguntaste si lograba ver al SDF-3, de principio no podíamos localizarlo. Una vez que nuestros radares lo detectaron, apoyamos su ataque con el armamento del SDF-2, que por cierto, está muy bien diseñado –interrumpió Max.

–La energía generada por el armamento de ambas naves, revirtieron la discontinuidad espacial e hicieron que el mismo portal succionara a los cruceros enemigos. Nosotros tuvimos que retirarnos a la máxima potencia antes de ser alcanzados por esa energía y así es como sobrevivimos –relató Rick–. Una vez que llegamos a la base, Max se quedó a cargo de todo para que yo pudiera venir al hospital, contigo… Y heme aquí –finalizó Rick con una sonrisa.

–Gracias al cielo que estás vivo –dijo Lisa–. Bueno, que están y que estamos vivos, gracias a ustedes y la tripulación de las fortalezas.

–Lisa, ya no te preocupes. Lo único en que debes pensar es en disfrutar a tus bebés y a tu familia –dijo Max–. Iré con Miriya y regreso en unas horas por Jack. Felicidades, a los tres.

–Gracias, Max –contestaron al unísono.

El tiempo transcurría en el planeta. Tanto el SDF-2 y el SDF-3 estaban siendo reparados después de haber sufrido los embates del último combate. También se realizaba la revisión de la fortaleza espacial que había sido construida para evacuar el planeta, en caso de requerirse.

Las familiar Hunter-Hayes, Sterling y las nuevas familias formadas por Diego y Sammy, Kim y Vanessa con sus respectivos esposos, estaban disfrutando de una reunión familiar en casa de los almirantes.

–¿Mami? ¿Alguna vez iremos a la Tierra a ver ese cielo azul del que tanto habla papá? –preguntó Roy.

–Sí, mi amor. Iremos allá –respondió Lisa.

–No me puedo imaginar cómo es el cielo azul –comentó Elizabeth.

–¿Es como el cielo artificial que tenemos aquí, mamá? –preguntó Jack.

–Es parecido, campeón –respondió Rick–. El cielo natural es hermoso, tiene diversas tonalidades de azul.

–¡Cuéntanos más, papá! Nos encanta escuchar tus historias –decían Roy y Elizabeth.

–También queremos conocer toda la Tierra. Los lagos, el mar, los bosques, ¡todo! –decían los demás niños.

–¡Vaya! Con tantos niños, ahora parecemos un colegio –dijo Max.

–Claro que sí, Max. Y si tú quisieras, podríamos seguir intentando tener más bebés. Tú sabes lo mucho que disfrutamos fabricándolos –añadió Miriya.

–Mir… este… No debemos comentar eso frente a nuestros amigos… –dijo Max apenado.

–¿Por qué? –preguntó Miriya–. Todos tienen niños, los han fabricado de la misma manera que tú y yo.

–Bueno, es que los niños pequeños no deberían escuchar nuestras pláticas de adultos –dijo Max ruborizado.

–En eso tienes razón, amor –respondió Miriya.

Las demás parejas escuchaban atentos y sonreían ante los comentarios de la zentraedi, que no importaban los años que ella tenía de convivir con los humanos, seguía expresando sus pensamientos directamente.

Ese día, las familias se olvidaron un poco de sus obligaciones militares y se relajaron junto con sus hijos.

Tras varios meses de arduo trabajo, las fortalezas dimensionales estuvieron reparadas y en funcionamiento óptimo.

–¡Es increíble cómo pasa el tiempo! –dijo Rick, que se encontraba en el puente de mando.

–Sí, Almirante. Y no hay fecha que no se cumpla… –respondió Lisa–. Al algunos meses más, finalmente nos encontraremos en la Tierra.

–Sí… Será un sueño regresar a nuestro planeta orígen, con nuestros hijos… que nacieron fuera de casa… –dijo Rick.

–Aunque… Creo que las fortalezas y el planeta Haydon también podemos llamarlos nuestra casa. –reflexionaba Lisa.

–Sí, amor, tienes razón –dijo Rick, abrazando a Lisa–. Y viajar contigo y nuestros hijos es como un sueño hecho realidad.

–Para mí también lo es, amor –respondió Lisa–,, pero creo que nos estamos saliendo un poco del protocolo militar al estar abrazados en el puente de mando.

–Lisa, Lisa, Lisa… Dejarías de ser tú si no te preocuparas por el protocolo –dijo Rick con una sonrisa–. ¿Crees que te puedan llamar la atención?

–Sí, mi superior podría llamarme la atención –respondió ella entre risas.

–Bueno, quizás sí, pero te la llamaría en privado… No aquí –afirmó Rick con una voz sexy, mientras guiñaba un ojo.

–¡Rick! –replicó Lisa.

–¿Qué te parece llamarte la atención, esta noche, en nuestra habitación, solos tú y yo? –le susurró Rick a Lisa al oído.

–Amor, ¿cómo me dices esas cosas aquí, en el puente, en nuestro horario de trabajo? –contestó Lisa ruborizada.

–Sí, amor, disculpa, es que te amo tanto. Pero lo de esta noche, es verdad. Las chicas van a cuidar a nuestros niños, así que tendremos la habitación para nosotros dos.

–¡Vaya, vaya! Ya tienes todo preparado –dijo Lisa sonriendo–. Y estas chicas que se unen a tus confabulaciones.

–Claro, mi amor, es nuestro aniversario de bodas, así que nos merecemos una noche especial –respondió Rick.

–Sí, mi amor, yo también tengo algo especial para ti –contestó Lisa–. Ahora regresemos a nuestro trabajo.

–¿Me puedes dar alguna pista? –preguntó Rick con ojos de chiquillo.

–Mmm… pues… no lo creo.

–¿Please? –bromeó él.

–Está bien… –dijo Lisa con voz tenue, sonriendo y acercándose al oído de Rick–, Es rojo, dos piezas, solo de encaje.,,

–Uhm, amor, mejor sí concentrémonos en nuestro trabajo, porque ya no voy a responder de mí…

–Sí, señor.

Ambos rieron y regresaron a sus puestos de trabajo en el puente del SDF-3.

Habían pasado 5 años desde aquélla decisiva batalla entre los humanos y los alienígenas, en la que defendieron sus vidas, cerca del planeta Haydon, que el tiempo de regresar a casa, a la Tierra, el hermoso planeta azul, había llegado. El SDF-2 era comandado por el Coronel Max Sterling. En la fortaleza iban también Miriya y sus hijas. También se encontraban Diego, Sammy y sus bebés.

En el SDF-3, además de Rick, Lisa y sus niños, viajaban Kim, Vanesa y sus respectivas familias.

Para fortuna de los tripulantes de ambas fortalezas espaciales, el viaje estaba transcurriendo sin novedad. Se tenía planeada la realización de 3 pliegues espaciales, dos de ellos de manera dimensional y el último se realizaría ya en la vía láctea, para avanzar en el sistema solar y poder llegar a la Tierra que era el objetivo final.

Los cálculos de las transposiciones debían ser exactos. Los equipos de expertos de ambas naves trabajaban de forma virtual, enlazados por videoconferencia. Sin embargo, para determinar las rutas finales, el equipo de trabajo del SDF-2 viajó al SDF-3 para prevenir que ninguno de los datos fuera interceptado. Al respecto, ambos almirantes sostenían una junta en la oficina del almirantazgo.

–Ya autoricé las rutas oficiales, Rick. Solo falta tu firma de autorización –decía Lisa mientras le entregaba un fólder impreso con el trayecto oficial, así como un dispositivo de memoria que contenía las rutas de forma digital, mismo que sería cargado en los sistemas digitales de navegación de ambas fortalezas.

–Listo, Lisa, acabo de autorizar todo, de forma física y digital. Solo hay que solicitar a Max que envíe a personal del SDF-2 para entregarles las rutas digitales.

–De eso quería hablarte, amor –dijo Lisa fuera de todo protocolo.

–¿A qué te refieres? –preguntó Rick–. No me digas que quieres ir tú a dejarlas…

–¡Exacto! Me conoces muy bien… Quiero ir al SDF-2, es información sumamente importante.

–Pero… Lisa… ¿por qué tú? Le puedo decir a Max que envíe a Diego o alguien de su entera confianza.

–Bueno, me sentiría más tranquila si lo hago personalmente… ya sabes… cómo soy –dijo Lisa–. Además, sólo será un viaje sencillo de una nave a otra, puedo llevar escolta.

–¡Claro que irías con una escolta! Como ya sé que no voy a hacerte cambiar de idea, al menos, déjame elegir al escuadrón que te escoltará –concluyó Rick.

–De acuerdo, almirante –respondió Lisa.

Ambos almirantes hicieron los arreglos necesarios para que Lisa fuera hacia el SDF-2. Una vez que llegó a la fortaleza, Lisa, Max y el equipo científico tuvieron una reunión. Ella entregó directamente a Max, las rutas de navegación y acordaron los últimos detalles para sincronizar las rutas de ambas fortalezas. Posterior a la reunión oficial, Lisa aprovechó unos minutos para saludar a Miriya. Ambas militares se saludaron efusivamente y se dieron un abrazo.

–¡Lisa! ¡Qué gusto verte! –exclamó la zentraedi.

–¡Lo mismo digo, Miriya! –respondió Lisa–. Si bien, nos hemos visto por videoconferencia, verte en persona es mucho mejor. ¿Cómo has estado? ¿Cómo están las niñas?

–Estamos bien, gracias. Ellas están creciendo muy sanas –contestó Miriya.

Platicaron brevemente. Miriya observaba detenidamente a Lisa, con una mirada casi escudriñadora. Lisa lo notaba pero sabía que su amiga en ocasiones era muy obsesiva con sus observaciones, así que no le tomó mayor importancia. Pasados algunos minutos más, Lisa se despidió de Miriya, pero ésta la detuvo.

–Amiga… –hizo una pausa Miriya y sonrió–. Amiga, así he escuchado que se dicen las humanas.

–Sí, MIriya, es una forma de referirse a las amistades y verdaderamente somos amigas –explicó Lisa.

–Amiga, ¿cuándo tienes que ir a revisión médica? –preguntó la zentraedi.

–Cada año –contestó Lisa–. Acabo de ir hace tres meses.

–Hum, ya veo…

–¿Por qué, Miriya? ¿Qué sucede? ¿Notaste algo en mí, alguna enfermedad?

–No, ninguna enfermedad pero te sugeriría que fueras a revisión médica –dijo la zentraedi con seguridad–. Es más, vamos enseguida, yo te acompaño.

–¿Y las niñas? Tu jornada laboral ya terminó, ¿tienes quién las cuide?

–Claro. Está la niñera con ellas y Aurora, ya es una jovencita, como dicen ustedes. Ella apoya mucho en el cuidado de sus hermanas.

–Está bien, pero… me quedé con la duda… ¿Qué has notado? –preguntó Lisa con cierta preocupación en su voz.

Miriya solo sonrió. Sus ojos se iluminaron y destellaron como dos brillantes.

–Lisa… Tu piel está tan bella y tienes ese hermoso resplandor que solo se da con una nueva vida… –mencionó la zentraedi con tranquilidad.

El comentario sorprendió a LIsa, quién solo acertó a abrir su boca, como si quisiera emitir una exclamación pero no salió palabra alguna. Sus ojos se abrieron a más no poder y llevó ambas manos a sus mejillas.

–¿Quieres decir que…? –dijo LIsa sin poder terminar la pregunta.

–Sí, eso mismo. Vamos al médico ahora mismo –comentó Miriya y sonrió.

Todo estaba listo para el regreso de Lisa al SDF-3. Max y Miriya despidieron a Lisa, cuyo rostro reflejaba paz y ternura. En sus ojos había ensoñación e irradiaban felicidad.

–Te ves muy contenta, amor –dijo Max.

–Lo estoy, mi amor –respondió Miriya sonriendo para Max–. Me agradó ver a Lisa. No es lo mismo por videoconferencia. Ojalá pudiéramos vernos más seguido.

–Lo sé. Aunque yo creo que a Rick no le agradaría la idea de que Lisa regresara al SDF-2 sin él acompañándola.

–Ya lo creo, amor. Y más ahora…

–¿Ahora?

–Ahora que Rick no solo va a recibir a Lisa… Sino también a alguien más….

–¿Qué quieres decir, amor?

–Que Lisa lleva a otro bebé de Rick –respondió Miriya–. Está embarazada.

–¡¿Embarazada?! ¿Estás segura?

–Sí, fuimos con el médico y lo confirmó con análisis de laboratorio.

–¡Vaya! ¡Sí que será una sorpresa para Rick!

–Es como dicen ustedes los humanos, Rick y Lisa no ven televisión –dijo Miriya entre risas.

–Ehm, Mir… al parecer, ¡nosotros tampoco! –contestó Max riéndose también.

–Lo sé, amor –respondió la zentraedi, acercándose a Max y colocando sus manos en el pecho de él–. Y debido a que nuestro turno de trabajo ya finalizó y… las niñas están con Aurora y la niñera… ¿Qué te parece si dedicamos unas horas… para nosotros… solos? –añadió con sensualidad en su voz.

–Sí, mi amor… Vamos, que cada minuto cuenta…–respondió el militar de cabello azul.

Entre tanto, Lisa viajaba ensimismada al SDF-3, sujetando un sobre con una mano mientras con su otra mano, acariciaba su vientre. «Un bebé… otro bebé… tuyo y mío, mi amor… » pensaba.

Finalmente, Lisa y su escuadrón escolta arribaron al SDF-3. Cuando Lisa descendió de la nave, Rick la estaba esperando, se olvidó de todo protocolo y la recibió con un beso.

–Te extrañé, mi amor –le dijo Rick.

–Nosotros también, amor –respondió ella.

–¿Nosotros? –cuestionó él.

–Sí… yo…

–¿Sí?

–¿Podríamos ir a tu oficina, amor?

–Claro, pero, ¿estás bien? Palideciste de pronto…

–Creo que debe ser por el viaje.

–Ven, vamos a mi oficina.

Rick y Lisa caminaron juntos. Él la sujetaba protectoramente del hombro y ella lo abrazaba de la cintura. Llegaron a la oficina del almirantazgo y se sentaron en un sofá. Ella le sonrió.

–Lisa, sigues pálida, me preocupas… Vamos a la enfermería –sugirió Rick.

–No es necesario, amor –respondió Lisa mostrándole un sobre–. De hecho, fui al médico en el SDF-2.

–¿Al médico? ¿Te pusiste mal allá? Por eso no quería que fueras y mucho menos sola. No estoy yo para protegerte.

–Pero estaban Miriya y Max…

–Te amo, Lisa, no quiero que nada malo te suceda –dijo Rick mirándola a los ojos y sujetando su delicado rostro de porcelana con ambas manos.

–Yo también te amo… –respondió ella sonriéndole mientras colocaba sus manos sobre las de él que aún seguían enmarcando su rostro–. Abre el sobre, mi amor.

Rick abrió el sobre y revisó su contenido. Abrió los ojos lo más que pudo y la expresión de su rostro cambió completamente, pasando de sorpresa a admiración y después mostró una alegría inmensa, reflejada en el brillo de sus ojos y en la amplia sonrisa que comenzó a formarse en sus labios.

–¡Lisa! ¿Estás…? ¿Voy a ser…? –exclamaba Rick–. ¡Vamos a ser papás! ¡Nuevamente!

–Sí, mi amor. Estoy embarazada –afirmó Lisa.

Rick abrazó a Lisa y la besó tiernamente en los labios.

–Mi amor, ¡qué gran noticia! Estoy… estoy impactado… Estoy tan feliz –dijo Rick, volviendo a besar a Lisa.

–Yo también, no me lo esperaba y más por mi edad, yo pensé que ya no…

–Lisa, si tú estás completamente sana, tu salud es muy buena, además, ahora tenemos tantos avances tecnológicos y nuestro equipo médico es de lo mejor. Todo va a estar bien, mi amor –dijo Rick muy emocionado.

–Gracias, mi amor. Así será –respondió Lisa.

Cuando Lisa y Rick le comunicaron a sus tres hijos que un bebé estaría pronto con ellos, los niños se pusieron felices. Los mellizos, que eran muy efusivos, saltaban de alegría y decían que ahora ellos serían los hermanos mayores del bebé.

El tiempo transcurría veloz. Después de varios pliegues espaciales y de seguir las rutas planeadas, las fortalezas dimensionales se encontraban ya en la Vía Láctea. Afortunadamente para la tripulación de ambas naves espaciales, no había habido ningún tipo de ataque ni avistamiento de seres alienígenas.

Una transposición era lo único que faltaba para que ambas fortalezas estuvieran cerca de la órbita terrestre.

Entre tanto, en el puente de control, los almirantes sostenían una conversación.

–Solamente un pliegue espacial, amor –dijo el Almirante Hunter con emoción en su voz.

–Sí, amor, ¡y estaremos en casa! –respondió Lisa emocionada dejando de lado todo protocolo, mientras sujetaba la mano del Almirante, su ahora esposo–. Gracias, Rick, por encontrarme en la inmensidad del espacio, por tu amor y por la hermosa familia que hemos formado.

–Gracias a tí, Lisa, mi único y eterno amor. Finalmente estamos juntos por los enlaces del destino que se formaron desde el día en que nos conocimos –mencionó Rick con mucho amor, abrazando a Lisa por la cintura–. Te amo, Lisa Hayes.

–Yo también te amo, Rick Hunter… –le respondió Lisa mientras se acercaba a Rick para estrechar el abrazo de él –, ¡y siempre te amaré!

El apuesto almirante sonrió ante tal declaración de amor. Miraba a Lisa, su esposa, tan enamorado y tal sentimiento encontraba réplica en los ojos de ella.

–Siempre te amaré y estaré contigo, aquí, en esta vida, en mi otra vida, en la Tierra y en las estrellas… mi amor –dijo Rick enamorado.

–Juntos, mi amor, en las estrellas y más allá –afirmó Lisa recargando su cabeza en el hombro de Rick, su amado esposo.

Aún abrazado a Lisa, Rick la besó en los labios y posteriormente, solicitó que enlazaran la comunicación al SDF-2. Así el Almirante Hunter dio la orden que los llevaría de regreso a su hermoso planeta origen: La Tierra.

–Transposición espacial… ¡Ahora!

FIN

***Capítulo dedicado a ti, que ahora eres un ángel en el cielo***

Nota de Autor:

¡Hola a todos! Comparto el final de esta historia, que fue muy emotiva escribirla. Espero hayan disfrutado de la lectura. Si llegaste hasta aquí, agradeceré escribas un comentario de este fic.

También quiero agradecer el interés de los lectores que dejaron sus reviews, pues a través de ellos, compartieron sus ideas y pensamientos conmigo.

Gracias especiales a Maonome y a Patricia Collao. Sus palabras me sirvieron de motivación para continuar ante ciertas adversidades.

Habrá un epílogo para dar conclusión a algunos "enlaces del destino" que quedaron pendientes y así "cerrar con broche de oro" esta historia.

¡Saludos a todos!