Sagiri continuaba hacia el norte con el resto del ejército para el avance hacia el ataque de Yintos, ella sabía que su hermano y Ronnie estarían bien por lo que no había problema en preocuparse y solo necesitaban llegar a la ciudad portuaria.
- ¿Cómo va el avance de las tropas? – Preguntó esta a Najenda.
- No hay problema alguno con las tropas, por suerte no hemos tenido algún ataque desde la separación.
- Es bueno saberlo. – Sonrió la pelinegra. Por ahora su trabajo era seguir hacia adelante hasta la ciudad portuaria, ahí esperarían hasta saber de los demás para poder avanzar de lleno a Yintos y de ese modo ir a la batalla. – Mientras no nos veamos en algún problema, todo estará bien.
- Seguiremos adelante. – La peligris se adelantó, Sagiri asintió mientras iba a su paso. Desde el ataque que sufrieron, no había vuelto a pasar por lo que estaban a salvo, por lo menos esperaban poder regresar a la normalidad una vez todo termine.
- (Me pregunto cómo estará Roman, ya ha sido unas cuantas semanas desde que dejé la aldea… seguro estará bien, es mi esposo después de todo.) – Sonrió ella. Después de ello pasaron un par de horas que siguieron avanzando hasta finalmente ver la ciudad, Run aterrizó en ese momento.
- Ya la veo, llegaremos pronto.
- Ok, vamos todos. – Señaló Sagiri. Así fue que llegaron finalmente a esta, se veía a la gente caminar por las calles, comprando pescado y demás, Najenda había enviado a Susanoo para un reconocimiento primario, ya el teigu humanoide llegó a avisar.
- No hay rastro del enemigo.
- Buen trabajo Susanoo. – Señaló Najenda. – De ese modo podemos relajarnos.
- Menos mal. – Lubbock estiró los brazos. – Es bueno que nuestro viaje haya sido tranquilo, sin enemigos o problema alguno.
- Eso es cierto. – Sonrió Run. – Ahora solo debemos esperar al arribo de los demás.
- Así es. – Se dirigió Sagiri al resto. – Pueden descansar por ahora, yo tengo algunos asuntos que tratar. – Se separaron en ese momento, todo estaba bien, excepto por algo y es que había algo que se dejó pasar, ahí se encontraba cierta mujer rubia que se las había arreglado para poder entrar sin ser vista.
- Jeje, es bueno que el general Kayzo decidiera esos cambios de último momento… sé que Alissa debió acompañarlo pero fue mejor para ella ir tras los generales y en mi caso, seguir por mi cuenta a este grupo… podré hacer uso de mis habilidades. – Courtney había seguido en secreto al grupo por su cuenta, ya que su mayor habilidad era el sigilo, trabaja mejor sola que los demás y en ese caso Kayzo estaba confiando en ella. – Aprovecharé para causar un poco de caos en este grupo… y en ese caso, me vengaré de cierto peliverde que me rechazó…
Najenda y Lubbock estaban caminando por las calles, por ahora no había algún trabajo para Susanoo así que le dijo que podía ver ingredientes para cocinar, el teigu pelinegro se vio entusiasmado a su propio modo y se separó de ellos.
- En ese aspecto, sigue siendo alguien un poco infantil. – Soltó una risa por debajo la peligris.
- Es cierto… finalmente estamos solos. – Comentó Lubbock con un poco de vergüenza.
- Es verdad, seguro deseas hacer cosas que solo una pareja casada quiere hacer ¿no? – Preguntó ella, Lubbock miró al suelo algo avergonzado, causando una risa en su esposa. – Llevamos diez años casados y sigues avergonzándote.
- E-Es que no puedo evitarlo… durante mucho tiempo siempre había soñado con ese momento desde que te conocí, de poder estar con la persona que amo y que finalmente se haya cumplido… sigue siendo un sueño a mi parecer.
- Exageras. – Sonrió ella. – Durante mi tiempo como soldado, nunca me preocupé de ese tipo de cosas y realmente, antes que una mujer, siempre me vi como una guerrera pero me alegra haber contado con alguien tan fiel a mi lado luego de mucho tiempo, eso me da seguridad de que nunca me engañarás.
- ¡Por supuesto que no! – Exclamó Lubbock en voz alta. – No soy esa clase de persona, es cierto que en el pasado era un pervertido de remedio con otras mujeres pero eso ya no es, ahora solo lo soy contigo. – Eso avergonzó un poco a Najenda.
- Eres un tonto, no digas eso en voz alta… - Exclamó por debajo. – Como sea, aprovechemos este tiempo libre para divertirnos un poco, ir a cenar y otras cosas.
- Claro. – Los dos se fueron, justo por detrás estaba la figura de Courtney que les seguía y esta sonrió al ver al peliverde.
- (Supongo que esa mujer que está a su lado es su pareja ¿no? No está nada mal, quizás un poco marimacha pero no puedo negar que tiene buen cuerpo… seguro han de estar bien enamorados ¿no? Por venganza a ese maldito, haré algo más que matarlo… arruinaré su vida…) – Soltó una risa por debajo, tenía un plan malvado que llevaría a cabo.
- Entonces Najenda-san ¿Qué deseas comer? Yo lo pagaré. – Preguntó Lubbock, ella se puso a pensar mientras veía las posibles opciones.
- A decir verdad… he tenido cierto interés sobre los… dulces, ya que Mine y Sheele han hablado tanto sobre estos pero nunca he tenido la oportunidad de comerlos, ya sabes, pasteles y todo eso, ya que… no va realmente conmigo. – Se rascó la mejilla, Lubbock entendió la preocupación de su esposa.
- Descuida, no te hace ver rara que pruebes algo nuevo, después de todo una guerrera solo se alimentaba de raciones y carne ¿no? – Ella asintió. – Entonces vamos a abrirte un nuevo mundo ahora mismo.
Los dos entraron a una pastelería, los postres mostrados en la vitrina eran bastante coloridos y hermosos a su punto de vista, así ambos llegaron al mostrador en ese momento.
- Bienvenidos ¿quieren algo?
- Claro, si pudiéramos llevarnos un pequeño pastel. – Ordenó el peliverde, el tendero asintió.
- Sale en un momento. – Así se fue, ya los dos siguieron viendo, en eso se posó la mirada de Najenda sobre un pastel gigante de bodas.
- Se parece al que tuvimos en nuestra boda.
- Es verdad. – Respondió Lubbock observándolo. – Debo decir que no fue una boda normal… no te pusiste vestido de novia.
- E-Es que eso… no se iba a ver bien en mí, tengo los hombros y brazos bastante anchos, para alguien musculosa como yo no es algo adecuado, por eso preferí llevar un smoking como tú. – Lubbock soltó un suspiro.
- Es una lástima… enserio Najenda-san, creo que deberías confiar un poco más en tu lado femenino, con solo saber que tu guardarropa sigue siendo de puros trajes, igual quisiera verte en algún vestido alguna vez.
- Eso nunca pasará. – Respondió ella con rostro inexpresivo, Lubbock se sintió decepcionado.
- Aquí traigo su pedido. – Volvió el tendero que les pasó una pequeña casa la cual él recibió. – Disfrútenlo.
- Gracias. – Al pagar, ambos salieron, de cierto modo Najenda se veía un poco entusiasmada, ya que hasta la fecha no había probado un pastel, siempre fue una mujer de café solamente.
- ¿Iremos a nuestro hotel a comerlo?
- Claro, a menos que desees ir a algún otro sitio antes. – Respondió él.
- Podríamos acompañarlo con café.
- Siempre con el café, vamos a comprar igual. – Así fueron a otro establecimiento a comprarlo, ya que ella era la conocedora, se lo dejó mientras Lubbock estaba a un costado, observando.
- Ey. – Escuchó una voz que le llamaba, miró a ver y encontró a una persona encapuchada. – Si, te hablo a ti.
- ¿A mí? – Se señaló.
- ¿A quien más? Veo que eres un hombre bien parecido.
- … Jeje, bueno, cuando me dicen que tengo el porte, es que lo tengo. – Se mostró bastante engreído, la figura encapuchada sonrió por debajo.
- Verás, soy un mercader que vende un material muy poco… usual… lo que vendo es… - Susurró por debajo. – Afrodisiacos…
- … ¿Afrodisiacos? – Eso sorprendió al peliverde.
- Así es, he observado como te acompaña una encantadora mujer ¿es su esposa?
- Bueno, no quisiera presumir, pero lo es.
- Entonces seguramente mis productos le serán de interés, si desea complacer a su señora en la cama más de lo que ya lo hace.
- Complacerla… - Durante unos segundos Lubbock se imaginó una situación con Najenda la cual hizo que pusiera una sonrisa pervertida. – jejeje…
- Entonces… ¿Qué dice señor? ¿Le interesa?
- P-Por supuesto. – Respondió exhalando humo por la nariz.
- Perfecto, mi establecimiento se encuentra por aquí, vamos. – Lubbock siguió al mercader extraño mientras dejaba a Najenda. Así le siguió hasta entrar por un callejón, ahí este vio una cortina por la cual este entró y le señaló que debía entrar, quizás al ser algo exclusivo, no era algo que pudiera estar al frente, así es que entró. – Gracias por venir.
- No hay de que, entonces… ¿Dónde están los afrodisiacos? – Preguntó de forma pervertida, en ese momento el encapuchado soltó una risa por debajo.
- Enserio… ¡Eres un idiota! – Se quitó la capucha, mostrando ser Courtney, eso sorprendió al peliverde.
- Un momento… ¡Eres esa mujer sádica! – Señaló como acusación.
- Debes ser realmente estúpido para haber caído en una trampa como esa. – Respondió ella con una sonrisa segura. – Ahora que estamos aquí solos, podré empezar mi venganza contra ti.
- Supongo que no has olvidado cuando te humillé ¿cierto? – Expresó él, la pelinegra gruñó por debajo.
- Jamás te perdonaré al no haber caído ante mis encantos, por esa razón es que decidí atacarte a ti primero, luego iré por la zorra de tu esposa y el resto de tu grupo. – Eso hizo molestar al peliverde.
- No te acercarás a Najenda-san.
- Eso veremos, ahora Polaris. – Sacó el látigo el cual movió para atacar a Lubbock pero este saltó al costado.
- Ya conozco tus trucos, así que no caeré en la misma trampa dos veces. – Exclamó él de forma confiada.
- Eso es lo que estás por presenciar, ya que tengo un as bajo la manga. – Respondió ella de regreso, siguió con sus ataques hacia él que continuaba esquivando, no entendía que clase de truco ahora tendría Courtney para derrotarlo, pero si era un ataque, eso estaba lejos de suceder.
- Ya no hay que seguir perdiendo el tiempo, usaré a Cross Tail para rebanarte de una vez por todas. – Empezó a lanzar los hilos, justamente lo que ella esperaba.
- Te tengo donde quería, ahora. – En ese momento ella hizo un movimiento inesperado y es que con su látigo, atrapó los hilos de Cross Tail.
- ¿Qué diablos? – En ese momento sintió que fue jalado debido a las ataduras que llevaba, entonces Courtney empezó a jalarlo hacia ella. - ¿Qué harás?
- ¿Qué haré? Esto. – Y en ese momento ocurrió algo que no esperaba, la pelinegra lo jaló pero no para atacarlo sino para besarlo, unió sus labios a los de él causando que abriera los ojos, no sabía que estaba pasando, Courtney estaba besándolo hasta meterle la lengua.
- E-Espera, no pode…
- Jeje, no besas tan mal.
- ¿Lubbock? – Y entonces una voz adicional se hizo presente, una la cual causó temor en Lubbock y es que, al ver en la entrada estaba la peligris, viendo todo con asombro e ingenuidad.
- Najenda-san… - Apartó a Courtney rápidamente. – N-No es lo que piensas, ella me obligó, es una enemiga y…
- Entiendo… - Respondió ella por debajo, levantando la mirada. – Yo… creí que habías cambiado y lo dijiste cuando los casamos, pero verte besando a otra… no pensé que doliera demasiado.
- Por favor, esto es una trampa que me han tendido, podemos hablarlo.
- No hay necesidad, porque yo… - Ella levantó la mirada y fue algo que Lubbock jamás creía que iba a ver, ella estaba llorando, por primera vez veía su rostro lloroso. – No quiero verte nunca más. – Y se fue corriendo.
- ¡Najenda-san! – Quiso detenerla pero fue demasiado tarde, Lubbock bajó la mirada, apretando su puño con fuerza. – Por qué sucedió eso…
- ¡Jajajaja! – Courtney empezó a reír con fuerza. – Jamás creí ver una escena tan divertida, esto es grandioso.
- Tú… ¿Qué piensas ganar con todo esto? – Preguntó él, obviamente molesto.
- ¡Es mi venganza! – Respondió ella de forma malévola. – Matarte sería muy misericordioso así que no hay forma que acabar con tu matrimonio, te haré sufrir hasta que quedes solo, así como me humillaste, yo te humillaré haciendo que la persona que más amas ahora te odie. – Ella siguió riendo, Lubbock solo pudo apretar los dientes, deseaba matarla pero tenía asuntos más importantes, fue a la entrada no sin antes verla.
- Cuando todo esto termine… ¡Juro que te mataré! – le prometió y entonces se fue. – (Najenda-san… ¡Por favor, no te vayas!)
El matrimonio de ambos estaba en peligro ahora y eso era lo que Courtney buscaba, Lubbock tenía que arreglarlo de algún modo para no dejarla ir, una dura batalla estaba a punto de empezar para él.
Ninja Britten 11: Realmente la muerte es un castigo más misericordioso en comparación a lo que Esdeath le hará en tortura jaja, ella sufrirá hasta no poder más y eso es lo feo, no la dejarán morir.
Ya pasamos con el tercer grupo, aquí tenemos enfoque en Lubbock y Najenda, viendo un poco de ellos y Courtney que hace su venganza en el peliverde, su matrimonio peligra, a ver como se las arregla para salvarlo, hasta el próximo cap. Saludos.
