Disclaimer: Si leen algo y les parece familiar, no es mío (y).


Ignatia Fenwick estaba considerando seriamente, seriamente dedicarse a escribir un libro.

Pero no cualquier libro. Iba a escribir un diccionario completo, de la A a la Z, sólo para redefinir la palabra "cansancio".

Iba a poner una larga y bonita definición describiendo cómo alguien podía llegar a decir "a la mierda, estoy demasiado cansada, no pienso respirar más" y simplemente morir.

Y al final, bajo la definición, iba a colocar una foto suya, tirada en el piso de su librería.

Ah, el diccionario se vendería como pan caliente, Ignatia estaba segura. Y con las ganancias de las ventas, compraría una tonelada de manjar y tres esclavos. Dos para que manejaran su librería (porque no iba a dejar a un solo esclavo a cargo...ella ya lo había intentado, manejar todo sola, y no se lo desearía ni a su peor enemigo, menos a sus queridos y recién adquiridos esclavos) y uno para que le preparara alfajores, repletos de manjar.

Y el resto del dinero lo utilizaría para contratar un abogado, para cuando la demandaran por esclavizar gente.

Ignatia suspiró, pensando en lo bonito que se veía ese cuadro en su mente y se enderezo en la silla en la que había estado descansando, detrás del mostrador principal de su librería. Hizo una mueca cuando su espalda protestó al abandonar su anterior posición: desparramada sobre el mostrador.

Reacomodando la montura de sus anteojos sobre su nariz, Ignatia dirigió la vista hacia el pequeño reloj que había sobre el mueble bajo el mostrador, junto a una fotografía de su padre. Una de las muchas que había por ahí y por allá en Iggy Books.

Ah, su padre. Ignatia sólo esperaba que pudiese vivir los suficientes años como para alcanzar a llenarlo de orgullo, sea donde sea que estuviese. Sobre una nube esponjosa, o a su lado, sonriendo condescendiente.

Ya habían pasado varios días desde que llegó la estúpida carta, echando abajo su más grande anhelo. Ser Auror.

Había tenido el tiempo necesario para pensar y repasar aproximadamente trescientas veces todo en su cabeza y agradecía haber podido hacerlo. Pensar. Porque ahora veía las cosas con un poco más de claridad.

"Tienes cara de haber descubierto algo digno de un premio Oscar" le había dicho Eva, el día en que llegó una de las conclusiones más importantes de su vida en los últimos años.

Bueno, quizá exageraba un poco, pero de verdad había sido una gran conclusión.

Aunque primero, por supuesto, se burló de Eva por confundir los Novels con los Oscars, ambos premios muggles. Es que no podía dejar de molestar a su amiga cada vez que podía. Se conocían tan bien que podían decirse casi de todo, sin ofenderse, porque ninguna de las dos haría nada para hacerle daño a la otra a propósito y las dos lo sabían.

Con la burla ya realizada (destacando el hecho de que Eva no se perdía ninguna alfombra roja de los premios Oscars, porque le encantaba criticar los vestidos de las mujeres muggles, pero que aun así no sabía cómo se llamaban los benditos premios), le explicó la conclusión a la que había llegado.

Ser Auror le daba un miedo de mierda.

Y, por alguna razón extraña, había pensado que ser una Auror, incluso cuando se moría de miedo, haría feliz a su padre.

Una razón, por lo demás, muy extraña, porque de lo poco que aún recordaba de Benjy Fenwick, sabía que él habría sido el primero en negarse rotundamente, alegando que sería muy peligroso. Su padre había sido tan sobreprotector como una gallina con sus pollitos recién nacidos. Nacidos prematuramente y en la mitad de una tormenta eléctrica.

Ignatia casi podía oír las palabras (más bien gritos) de su padre al escuchar, de la boca de su pequeñita, que pensaba dedicarse a entrenar para detener y encarcelar magos oscuros. Lo escuchaba tan claro, como si de verdad hubiese tenido la oportunidad de escucharlo de su boca.

Pero Ignatia había querido hacerlo de todos modos. Ser una Auror.

Analizando bien todo, Ignatia entendió que todo ese tiempo se había escondido tras el "quiero hacer sentir orgulloso a mi padre" para hacer algo que ella simplemente sentía como…correcto. Y se había visto en la obligación de usarlo como excusa sólo porque no acostumbraba a verse a sí misma como una persona valiente.

"¿Valiente? ¿Me estás jodiendo, Iggy? El Sombrero se rió en tu cara y gritó Ravenclaw justo después. Y antes de que digas nada, sí, también me puso en Ravenclaw, pero no se rió sobre mi cabeza antes de hacerlo. Claramente, debes ser la persona menos valiente en todo el mundo, mi amiga".

Eso le había dicho Eva cuando le comentó sobre su conclusión. Si no hubiese por la parte dónde al final le decía "mi amiga", Ignatia habría dudado que la muy malnacida era precisamente eso, su amiga. Ignatia aún maldecía el día en que se le ocurrió comentarle a Eva que en su primer día en Hogwarts, apenas habían posado al Sombrero Seleccionador sobre su cabeza, el estúpido trozo de tela con boca se había echado a reír. Ignatia no tenía idea de qué había encontrado tan gracioso, aunque su primera teoría era que le había hecho cosquillas con su cabello. No era una teoría muy buena, pero era la mejor que tenía. O que era graciosamente inteligente.

El punto era que, aunque le daba un miedo tremendo, ser Auror había sonado como una idea malditamente buena en su mente. Le gustaba su vida, sí. Era tranquila y, dentro de todo, estable. Tenía lo que necesitaba, comida, un techo, un negocio (y una tremenda deuda con los duendes). Tenía una muy (casi siempre) buena amiga. Tenía sus libros.

Pero…¿tenía que haber algo más no? No podía ser sólo eso. Eso esperaba, al menos.

Ser Auror se había transformado por muchos años en su primera opción para ese "algo más". Y ahora, después de la maldita carta, quizá era el momento de considerar algo más.

¿Qué? Ni idea.

Volviendo a la realidad, Ignatia recordó que, antes de caer en un eterno tren de ideas, pensamientos y recuerdos, había mirado la hora con una intención en particular. Saber cuánto tiempo lo quedaba antes de asistir a otra sesión de "¿cómo es posible que no encontremos el vestido perfecto para ti? Quizás no son los vestidos y es tu cuerpo".

Si no fuese su amiga…

Llevaban días y días, revolviendo entre las profundidades de la tienda de la madre de Eva, Madam Malkin. ¿Quién diablos iba a pensar que ese lugar tendría más ropa almacenada que todos los almacenes de la galaxia y el Universo entero, juntos?

No estaba mentalmente preparada para otro round de moda con Eva. La chica podía ser muy intensa cuando se lo proponía. Cuando se trataba de buscar la vestimenta adecuada para un evento como la boda del hermano de George y Fred Weasley (por quien, por cierto, Eva sentía un…cariño especial), su amiga lograba reducir a Ignatia a un montón de nerviosos "está bien, está bien" y "okey, pero no grites más, por favor". Y eso que Eva era tres años menor que ella.

Y hoy estaría especialmente…intranquila. La boda era en tres días y aún no encontraban nada. No quería ni imaginarse cómo se pondría en su propia boda.

Merlín los protegiera a todos.

Faltaban 20 minutos para las 6 de la tarde. Debería empezar a cerrar si quería llegar a "Madam Malkin, Túnicas para todas las ocasiones", a la hora acordada con Eva.

Aunque, hablando de túnicas…quizá debería ponerse una de esas. Una túnica negra y simple amarrada al cuello y listo. Y abajo podría ponerse jeans y una camiseta y olvidarse de los vestidos y ser feliz.

Y después morir estrangulada en manos de su mejor amiga, indignada por su elección de atuendo. Diablos.

Miró hacia la mesa donde estaba sentada una niña morenita de unos 13 años. Era alta para su edad, bonita y pecosa y era la tercera vez que venía a la librería y se sentaba a leer el mismo libro. Mujercitas, un libro muggle, uno de los muchos que había en su librería.

Le gustaba la literatura, más allá de si sus autores era mágicos o no y le gustaba poder darle la opción a niños y jóvenes, como a aquella niña, para que conocieran libros que no encontrarían en otro lugar.

Esa niña en particular, que se llamaba Ann Marie (se había presentado a sí misma frente a Iggy, en su segunda visita a la librería), había descubierto el maravilloso mundo de May Alcott y, con la palabra "guerra" sonando cada vez con más fuerza en esos días, la novela tenía un brillo especial. Entendía claramente por qué Ann Marie estaba tan enganchada con la novela, donde podía leer como chicas jóvenes se desenvolvían y enfrentaban los problemas de su familia, con la Guerra Civil muggle de fondo.

Normalmente, Ignatia permitía que miraran los libros antes, para que compraran algo de lo que no se arrepintieran luego, pero Ann Marie, con su don de lectura veloz, con sólo tres días de lectura ya iba en la mitad de libro.

Aún así, Ignatia no tuvo corazón para decirle que era el momento de comprar el libro y leerlo en su casa. No podía, viendo el brillo en los ojos de la chiquilla. No podía, viendo las sonrisas que aparecían en su cara, casi sin darse cuenta, cuando leía algo que le causaba gracia.

Quizá no tenía dinero, pensó Ignatia. O quizá sí, pero simplemente no quería gastarlo en un libro. O vaya a saber Merlín. De todas formas, no podía saberlo con seguridad, así que si a la niña de verdad le gustaba la novela, si de verdad la estaba disfrutando como ella creía, podía venir a diario si quería. Quizás después le preguntaría qué le había parecido, para intercambiar opiniones. Y después le recomendaría Orgullo y Prejuicio, que a su parecer era una de las mejores novelas del mundo y el Universo.

–Hey, Ann… –dijo Ignatia en voz alta, logrando que la niña diera un salto y la mirara sobresaltada – Uh, perdón, pero ¿ya viste la hora? Tus padres van a preocuparse.

–No creo que noten que no estoy. –dijo Ann Marie encogiéndose de hombros y cerrando el libro.

Bueno…

–Ah, no digas esas cosas. A veces los padres son raros. Hay que quererlos igual, raros y todo. –le respondió Ignatia, intentando elevar el ánimo de la chica.

Una pequeña sonrisa apareció en su carita redonda. Misión cumplida.

–Vamos, enana. Tengo que cerrar. Debo ir a probarme vestidos para una boda. –dijo Ignatia tomando el libro de las manos de Ann y colocándolo en una de las muchas librerías de madera, a una altura que permitiera a una niña de 13 años alcanzarlo. Porque definitivamente la niña volvería, de eso estaba segura.

–¿Te casas? ¿Con quién? ¿Puedo ir?

Ignatia no pudo evitar reírse de la chiquilla…¿Ella? ¿Casándose? Pfffff.

–No, por Merlín…un amigo se casa, yo soy invitada –le dijo Ignatia –Pero si algún día me caso, prometo invitarte, ¿qué dices? –agregó cuando la vio bajar la cabeza con desánimo.

Unos minutos después, Ignatia despedía con la mano a Ann Marie, desde la puerta de entrada. Le agradaba la pequeña mujercita. Le recordaba a ella misma, con un buen par de años menos.

Suspirando cansada, cerró la puerta tras ella. Debía ordenar su librería y además asistir a la sesión de tortura con Eva, pero tenía energías para una sola.

Sesión de tortura sería, entonces.


Hola! Iggy's back.
Vamos a ver si me resulta y mezclo un poquitito esta línea con la de Cassandra en el siguiente capítulo (siguiente capítulo de ambas historias) (:
Espero que este capítulo haya sido de su agrado, si pueden, cuéntenme qué les pareció!
Y gracias a Rober C, Valkyria 15, Ana C y Sayuri por sus review y gracias a quienes pulsaron ese hermoso botoncito de Fav/Follow!
Besos y amor para todos!
(Ah, y si tienen alguna idea de cómo mostrarles las imágenes de los vestidos y looks de todas para la boda...me cuentan, no se me ocurre cómo, sin llenar acá de links -si es que se puede puede poner links-.)