Disclaimer: Si leen algo y les parece familiar, no es mio (y).


–¡¿Qué?!

–Oh vamos, Iggy, no me pongas esa voz. Algo debe andar mal contigo, es imposible que te hayas probado casi todos los vestidos existentes en este lado del país y ninguno te quede bien.

–Sólo me he probado los de esta tienda, Eva.

–Exacto…exacto.

Dios, estaba tan agotada. Si el día anterior había estado cansada cuando salió de su librería, cuando terminó la sesión nocturna con Eva…estaba muerta. Y no habían conseguido nada.

Y como se estaban quedando sin días, a la muy brillante de su amiga se le había ocurrido que era una buena idea continuar a la mañana siguiente, y aprovechar el único día libre de la semana de Ignatia, para seguir con la interminable búsqueda del maldito vestido perfecto.

Como el movimiento de gente en el callejón Diagon era mayor los sábados y domingos, no podía darse el lujo de tener la librería cerrada en esos días. Pero se negaba rotundamente a trabajar siete días a la semana.

Como resultado, Iggy Books habría sus puertas al público de miércoles a lunes y el martes quedaba para su muy necesario y merecido descanso.

Martes que, sin sentir culpa alguna, Eva estaba usando para su pequeño proyecto de pasarela. Y no sólo malgastaba su tiempo de descanso, sino que además la había hecho levantarse a las siete de la mañana.

Siete. De. La. Mañana.

Oh, qué mala e injusta era la vida a veces.

En ese momento, Ignatia estaba aprovechando el único momento que Eva le había dado para descansar. O más bien Ignatia aprovechó de hundirse en uno de los mullidos sofás que estaban repartidos por el lugar, mientras Eva se sumergía en un aparador en busca de otro vestido, murmurando maldiciones enfadadas entre dientes. El vestido que Ignatia tenía puesto, color champagne, no había sido del gusto de su amiga.

Para variar.

Por lo demás, Eva estaba tan al límite ese día que le había gritado buena parte de la mañana, logrando que la gente que deambulaba por la tienda le dedicara miradas sobresaltadas a su amiga y miradas de pena a Ignatia, para terminar huyendo lejos de ellas.

–No, no, Eva. Eres tú la que opina que no puedo ponerme nada. A mí sí me han gustado un par de los que me he probado. –le dijo Ignatia a Eva, el mal humor asomando en su voz.

–A ver, ¿cuál, por ejemplo? –le respondió Eva, saliendo del mar de ropas y telas y llevando las manos a sus caderas, mirándola con enfado.

–El azul de escote cuadrado –dijo Ignatia tragando saliva, su amiga daba miedo a veces –, era brillante y bonito.

–No, el color era demasiado fuerte, opacaba el color de tus ojos. –le respondió, sentándose a su lado.

¿Qué podía decirle cuando se ponía así tan…profesional?

–Bueno...¿y qué hay del gris de cuello alto? –intentó nuevamente Ignatia.

–¿Me estas jodiendo? –respondió Eva, sobresaltada –Ni siquiera sé por qué permití que te probaras ese. ¡Parecía sacado de una pesadilla medieval! –Eva se acostó en el respaldo del sofá y cerró los ojos, soplando algunos mechones de cabello lejos de sus ojos. –De hecho, estoy bastante segura de que ese vestido lo usó alguien en la época de la Inquisición, para cazar brujas.

Carajo. Ahora le daba un poco de miedo seguir preguntando.

Lo hizo de todas formas.

–¿Y el verde que se amarraba al cuello? –preguntó Ignatia, cruzando los dedos mentalmente. Sólo quería que la tortura acabara. –Dijiste que el color combinaba con mis ojos.

Eva abrió sólo un ojo y la miró a la cara con expresión seria.

–Sí, el color sí…pero era largo. No puedes usar vestidos largos.

¡Oh, vamos!

–¿Qué? ¿Por qué infiernos no? Los vestidos largos son elegantes y necesito algo elegante. Es una boda, no una despedida de solteras, Eva, por Dios.

–Lo que pasa, mi despistada amiga, es que eres muy baja –sentenció Eva, poniéndose de pie nuevamente –Y un vestido largo sólo hará que te veas más baja aún. Parecerás uno de esos hombrecitos del libro que me obligaste a leer. Muy mal libro, por cierto.

Ignatia no lo podía creer. La muy infeliz la estaba comparando con un hobbit. Con. Un. Hobbit.

–Primero, mi muy ofensiva amiga, El Hobbit es un excelente libro. Muy superior a tu nivel literario, permíteme agregar. Es imperdonable que te leas en dos días la basura que escribía Lockhart, pero que tuviese que amenazarte para que terminaras esa obra de arte. Y, por cierto, tampoco puedo creer que encontraras atractivo al tarado ese, con su sonrisa asquerosamente falsa y cabello de…

–¡Hey! No te metas con mi gusto por los hombres, Iggy, no te conviene. No con el historial que tienes. –Le respondió, elevando una ceja en su dirección –Además, ¿Quién dijo que le miraba los dientes? No lo quería para que me sonriera, lo quería para jod…

–¿Ignatia?

La voz vino desde la derecha de Ignatia, cortando el acalorado discurso de Eva en el proceso. Gracias a Merlín por eso.

Ignatia se giró y se encontró cara a cara con una mujer que no veía hace años. Mujer que, además, era probablemente uno de los principales (si no el único) motivos por los que estaba precisamente en esa delicada situación de muy poco glamouroso modelaje.

–¡Señora Weasley! –gritó Ignatia, levantándose de golpe para abrazar a la mujer pelirroja.

–¡Por Merlín, sí eres tú! Por un momento te desconocí, querida, ¡estás tan bonita!–le dijo la señora Weasley, separándose de su abrazo y tomando sus manos–. Te pareces mucho a tu padre.

Ignatia le sonrió más que encantada.

Hace mucho tiempo que no la veía, ni a ella ni a su familia. Cuando estaba en Hogwarts, solía verlos en la estación de Kings Cross y siempre la invitaban a quedarse un par de días en La Madriguera. El resto del tiempo lo pasaba en Saint Mary's Heart, un orfanato muggle donde la había puesto la hermana de su madre.

La mujer no conocía nada de magia cuando la recibió y al aparecer Ignatia, con siete años, frente a su puerta, sin padres que la recibieran en ningún lado…la acogió en su casa. Por como tres días, antes de inscribirla en Saint Mary's.

–Gracias, señora Weasley. –el comentario sobre ella pareciéndose a su padre era mucho más valioso viniendo de ella, que lo había conocido bien.

–Oh, detente, ya no tienes 13 años, Iggy, querida. Es Molly.

Nah, no iba a ganar esa discusión.

–Nop. Ha sido demasiado tiempo señora Weasley como para que pueda llamarla de otra forma –le dijo sonriendo encantada. La mujer lograba ese efecto en todos. Excepto cuando se enfurecía. No, en ese caso había que huir en la dirección contraria.

La Señora Weasley enfuerecida…algo digno de observar.

Ignatia notó que Eva se había puesto de pie a su lado y se dispuso de inmediato a hacer las presentaciones.

–Señora Weasley, le presento a Evadine Malkin, mi mejor amiga. También amiga de Fred y George, por cierto.

Eva, con su natural y hermosa sonrisa bien puesta, alzó la mano para tomar la de la señora Weasley.

–¡Oh, encantada! Un honor conocer a quien crió a ese parcito. Están un poco locos, pero son siempre muy caballeros y amables.

Y con eso, Eva la tenía comiendo de su mano. Molly sonrió de oreja a oreja, claramente encantada con el comentario. No que a Ignatia le sorprendiera, pensó sonriendo mentalmente. Eva tenía ese efecto en la gente, siempre tenía las palabras adecuadas.

–Oh, eres muy amable, Evadine…

–Es Eva, sólo Eva –la interrumpió Eva con voz dulce.

–Oh, muy bien. Me alegra saber que algo logré con ellos, Merlín sabe que me costó. –Ignatia casi se rió cuando la mujer dijo eso último. Oh, no sólo Merlín lo sabía, sino toda la humanidad. Los gemelos eran todo un caso. –¿De dónde los conoces, si no te molesta que pregunte?

–Bueno, iba un curso sobre ellos en Hogwarts, pero en Ravenclaw. Eran famosos, aunque quizá no por tan buenas razones como ahora. Y bueno, acá tienen un buen negocio y son amables con todos, es difícil no conocerlos. –terminó Eva con una pequeña sonrisa.

La señora Weasley estaba prácticamente babeando sobre ella.

–Además, entre trabajadores del Callejón, hay que mantenerse unidos, ¿no? –interrumpió Ignatia –Mi tienda está no tan lejos de Sortilegios Weasley y Eva trabaja acá, es hija de Madam Malkin y la ayuda con el negocio.

Muchas personas, sobre todo jóvenes, podrían haberse molestado por haberlos presentado relacionándolos con su madre. Les gustaría resaltar por ellos mismos y no considerarían para nada atractivo que sacase a colación a los padres.

Pero no era el caso de Eva. Su amiga estaba muy orgullosa de lo que habían logrado ella y su madre con "Madam Malkin, Túnicas para todas las ocasiones".

–¡De Madam Malkin! Si veo el parecido, sí…–dijo la mujer pelirroja, sonando tan encantada como seguramente lo estaba –E Ignatia, querida, no sabía que tenías una tienda acá, ¿hace cuánto tiempo?

–Eh…tres años, más o menos, pero es una tienda chiquita, una librería. –dijo Ignatia inmediatamente bajándole el perfil a su respuesta, no quería que la señora Weasley se sintiera mal por no saber que tenía un local-librería en el Callejón, incluso cuando venía todos los años a comprar…libros, precisamente.

–Oh…

–Bueeeeeno, como puede ver –continuó Ignatia cambiando el tema rápidamente –estoy buscando un vestido para la gran ocasión. ¿Quién diría que Bill sería el primero en casarse, eh? ¿Qué tal la novia?

La señora Weasley pareció meditar seriamente su respuesta.

–Es…especial. Hay que aprender a conocerla, pero ama mucho a Bill y eso es lo más importante. –dijo la señora Weasley.

–Oh, estoy totalmente de acuerdo, señora. Es usted una muy buena madre, al pensar de esa manera.

Oh, ya basta Eva, un comentario más y se divorciará del señor Weasley para pedirte matrimonio.

La señora Weasley le sonrió tímida, haciendo ademán de alejar sus palabras con un movimiento de la mano. Y luego sus expresión adquirió un filo pensativo, posando los ojos en Ignatia y luego en Eva.

–Sé que es poco tiempo de aviso, pero deberías venir a la boda también, Eva. Así podrás acompañar a Ignatia y podrás saludar a Fred y a George. Estoy segura de que se alegrarán de verte.

El tono de la señora Weasley le dijo a Ignatia una sola cosa: modo Casamentero.

Chica bonita (más bien despampanante) de sonrisa brillante y personalidad encantadora y que además encontraba "caballerosos" a los gemelos…por supuesto que la mujer le saltaría encima para engancharla con alguno de sus hijos. Sip, modo Casamentero, definitivamente.

Si Eva lo notó…no lo demostró. Estaba demasiado ocupada intentando controlar su entusiasmo.

Sin éxito alguno, pero al menos lo intentó.

–¡AAAH! ¡¿En serio?! No quiero ser molestia…¡pero me encantaría ir! ¡Y tengo el vestido perfecto!

Ignatia perdió la audición de un oído por unos segundos. Y por supuesto que tenía listo el vestido…oh, a veces la odiaba.

–Oh, pero qué dices, no es ninguna molestia. –dijo la señora Weasley sonriendo ante la emoción que escapaba por todos los poros de Eva. –Bueno, me están esperando afuera, las veo el viernes entonces. Tú ya sabes cómo llegar Ignatia, querida. Pero tienen que aparecerse en la colina que da a la parte trasera, por temas de…seguridad.

Um…okey.

–Muy bien, le da mis saludos al señor Weasley. –se despidió Ignatia abrazando a la mujer.

Y luego quedaron las dos solas. Las dos y la TREMENDA felicidad de Eva. Por lo menos una de las dos lo estaba disfrutando.

–La señora Weasley quiere emparejarte con un gemelo pelirrojo, lo notaste ¿no? –le dijo Ignatia, su voz llena de risa.

–No sé de qué estás hablando, Ignatia.

Uh, dijo su nombre completo. Señal para la retirada.

–Ahora sí que debemos encontrar el vestido más espectacular de todos para ti…–dijo su rubia amiga, la sonrisa había quedado en el pasado –no puedo permitir que vayas mal vestida conmigo al lado. Vamos a estar tan espectaculares que nadie mirará a la novia.

Oh, mierda.


Listo, damas y caballeros.
Próximo capítulo: resultado final de la larga búsqueda (esperemos que encuentre algo, ir desnuda es la opción que queda), boda, Charlie y caída del Ministerio.

Una vez actualice mis dos historias, les dejaré un link en mi biografía: una carpeta de Google Drive con las imágenes de los vestidos de todas (De los dos fics c: )
Espero que les haya gustado y, si pueden, cuéntenme que piensan (: Besos y amor para ustedes! Y gracias por la paciencia! (':