Disclaimer: Si leen algo y les parece familiar, no es mío (y).
El silencio fue tan repentino que Ignatia se asustó más de lo que ya estaba, si es que eso era posible.
Por un momento pensó que moriría ahogada. De verdad pensó que moriría.
Ignatia se quedó un segundo donde estaba. Es decir, en el suelo, apoyada en una de sus manos. No entendía nada y estaba intentando, sin éxito alguno, recuperarse del susto.
Había estado ocupada intentando no ahogarse en su propio pánico, preocupada porque algo podría haberle sucedido a Eva cuando había vislumbrado a Cassandra, la chica pelirroja, desangrándose por las muñecas. Si eso no había sido suficiente para asustar la mierda fuera de ella, después el tiempo pareció congelarse y había sido incapaz de moverse o de meter aire a los pulmones… y luego ya no pudo ver nada más que negro.
Y, de la nada, ahora estaba sentada sobre su culo.
Miró alrededor, buscando a la mujer pelirroja del vestido verde. Estaba oscuro, pero estaba segura de que ya no estaba por ningún lado.
¡Había estado ahí hace un segundo! ¿Y cómo era que ya no había ningún mortífago alrededor?
Ignatia de verdad no entendía qué infiernos estaba sucediendo. Y sentía su cerebro como si alguien hubiese sumergido la pobre masita blanducha en un recipiente de agua soda.
Había venido a una boda, vestido, tacos y maquillaje por todo el lugar, y de alguna forma había terminado siendo parte de una batalla con un sinfín demortífagos.
¿Qué estaba sucediendo? No podía ser una coincidencia. Si lo fuera, sería la coincidencia más enormemente gorda de la historia de las coincidencias. O sea…¿ataque mortífago en LA MITAD de una boda? Y justo cuando había estado tan cómoda entre los brazos de Charlie.
No-oh.
–¡AHG!
El grito la hizo saltar asustada e Ignatia aprovechó el momento para darse una breve reprimenda mental. No era el momento para pensar en los brazos del pelirrojo, sin importar qué tan espectaculares fueran. Aunque era difícil pensar en nada…tenía frío.
Levantó la vista y buscó la fuente del grito. Ver con poca luz era complejo, pero no muy lejos de ella encontró a un hombre caminando de allá para acá, sin ir a ningún lado, casi girando en su lugar. Como si quisiera correr lejos, pero quedarse en el mismo lugar, a la vez. Él parecía ser el dueño del angustiado grito. ¿Conocía a la mujer que se había cortado las muñecas?
–¿Dora? –escuchó gritar a alguien más, haciéndose escuchar por sobre el resto de los gritos que comenzaban a alzarse en la oscuridad –¡Dora!
Varitas se iluminaron por todo el lugar e Ignatia fue capaz de ver en la nueva luminosidad al hombre que gritaba, de bigote y con cabello color paja, mientras pasaba corriendo por delante de ella. Ignatia vio cómo iba directamente hacia una mujer y la abrazaba. Dora, probablemente.
–¿Dónde está Cassie? –dijo entonces la mujer, Dora, sonando asustada –¿Qué está sucediendo?
Excelentes preguntas.
–¿Ginny? ¡Ginny! –esa era la voz de la Sra Weasley.
Oh por dios, que no le hubiese pasado nada a Ginny. Había estado cerca de ella, pensó Ignatia rápidamente, girándose para buscar por el lugar, rogando para no encontrar el cuerpo de la chica tirado sobre lo que había sido la pista de baile.
Mientras entornaba los ojos para ver mejor en la oscuridad, una cara apareció delante de ella dándole un susto de mierda.
–¡AH!
–Shh…tranquila, soy yo.
Charlie, oh Merlín.
–Charlie, ¿qué está pasando? –dijo, diciendo en voz alta la pregunta que había cruzado su mente cerca de 60 veces ya, mientras el pelirrojo encendía su varita. ¿Por qué no había pensado ella en encender su varita también? Habría sido mucho más productivo que intentar descifrar sombras y lo habría visto venir. No que fuera tan terrible que le diera un susto de muerte si a cambio lo tenía tan cerca de su cara, pero... diablos, estaba desvariando.
Quizá estaba en shock.
Bajo la luz azulada proveniente de la varita de Charlie, Ignatia pudo notar que había sangre sobre su cuello y que sus ropas de gala ya no lo parecían, lo que era una lástima. Había sido un buen traje.
Estaba golpeado y sucio, pero dentro de todo se veía bien. Estaba bien.
–Te explicaré todo luego, lo prometo. –Ignatia no dijo nada, sólo se quedó mirándolo – ¿Estás bien, Iggy? Te vi en el suelo y pensé…pensé que…
–Creo, creo que estoy bien. Asustada. Y creo que en shock. Charlie, tengo frío.
–Ven acá…–Charlie la tomó por los hombros y la enderezó. Ignatia levantó la mano en la que se había estado apoyando y la miró, porque se sentía rara. Charlie también miró a su mano y sus ojos se abrieron en sorpresa –Oh, mierda, Iggy.
Mierda, precisamente.
En la palma de su mano había un gran trozo de vidrio. Muy profundamente clavado en su piel. Se veía horrible, pero ni siquiera se había dado cuenta.
Uhm…definitivamente en shock.
Charlie tomó su mano herida con una de las suyas, mientras que con la otra, la que sostenía su varita, tomaba el pañuelo blanco del bolsillo de su elegante chaqueta. ¿Cómo demonios era que el pañuelito blanco seguía estando tan...blanco?
–Seré rápido, ¿sí? –le dijo mirando a Ignatia a los ojos. Ignatia casi no lo escuchó. Estaba demasiado ocupada mirándolo. Sus ojos eran realmente bonitos.
Y sí fue rápido. En un movimiento sacó el cristal de su mano y un segundo después presionó su palma con el pañuelo. Ella no sintió nada.
Ignatia dejó los ojos de Charlie para mirar como el pañuelo rápidamente dejaba de ser blanco.
–Iggy…¿Iggy?
Ignatia levantó los ojos de su mano y miró a Charlie otra vez. Se veía preocupado por algo. ¿Pensaba que los mortífagos volverían?
–¿Sí?
–¿Crees que puedes ponerte de pie? –le preguntó mientras se sacaba la chaqueta y la pasaba por sobre los hombros de Ignatia.
Ignatia no estaba muy segura si podía, pero podía intentarlo. Se sentía mucho mejor envuelta en el calor de la chaqueta. El aroma, exquisitamente masculino y fresco proveniente de la prenda de ropa hizo que su estómago se contrajera.
La tomó de las manos y tiró de ella y dos segundos después Charlie estaba maldiciendo nuevamente, porque ambos notaron que Ignatia estaba descalza y que había más cristal en sus pies.
–¿Charlie? –preguntó una voz a lo lejos.
–¡Acá estoy! –gritó de vuelta Charlie –Ignatia –continuó dirigiéndose a ella nuevamente, hablando muy, muy lento –, voy a llevarte adentro, ¿sí? Todo saldrá bien, estarás bien. Te llevaré con Eva que está…
Oh, Santo Merlín…¡EVA!
De pronto el cerebro de Ignatia comenzó a funcionar a toda velocidad. Oh, por Dios.
–¡Eva! ¿Está bien? ¡Dime por favor que está bien! ¡Oh, no puedo creer que me olvidé de ella! –se apoyó en el suelo intentando ponerse de pie, sólo para terminar nuevamente sobre su trasero –¿Dónde está?
–Ignatia –le dijo Charlie deteniendo su ataque de verborrea y viéndose aliviado –Eva está bien, todos se están moviendo hacia la casa y…
–Charlie, hay que moverse. Llegarán en cualquier minuto. –Ese era Bill. La voz salió de la nada e Ignatia volvió a saltar asustada. Como por décima vez en los últimos diez minutos. Fleur Delacour estaba de pie al lado de su marido, sujetando su mano. –Ignatia, ¿estás bien?
–Eh…creo que sí…
–No te ves bien –le respondió Bill, dudando de sus palabras.
–Estará bien –dijo Charlie entonces, sonando enojado –la llevaré adentro.
Ignatia no tuvo mucho tiempo para pensar en el por qué de su repentino enojo, porque antes de que supiera qué pasaba, Charlie estaba inclinándose sobre ella y, enganchando un brazo tras sus rodillas y otro bajo sus brazos, la tiró contra su pecho. En un momento estaba en el suelo y tres segundos después estaba segura y muy, muy cómoda en los brazos de Charlie Weasley.
Sus muy espectaculares brazos.
Sí…definitivamente en shock.
Charlie pocas veces en su vida se había sentido tan enfadado.
Estaba de pie junto a su hermano mayor, apoyado en una de las paredes de la sala de estar de La Madriguera, mientras una decena de imbéciles iban de allá para acá, revolviendo todo, revisando las habitaciones y haciendo preguntas.
Estaban actuando como si hubiesen cometido un crimen, no como si hubiesen sido atacados hace menos de 20 minutos por un maldito batallón demortífagos.
Charlie no sabía por qué le sorprendía tanto. Eran lo mismo, después de todo. Cambiaron las capas negras por caras serias y túnicas elegantes, pero sus lealtades eran las mismas.
"¿Cómo se deshicieron de todos los supuestos mortífagos?" "¿Dónde está Harry Potter?" "¿Sabe usted que está protegiendo a un asesino?"
Esas eran algunas de las preguntas que le habían escupido en la cara. Charlie no había estado de ánimo de responder preguntas absurdas y nunca lo estaría, así que se había limitado a mandar al infierno a sus interrogadores.
Y se había limitado a eso a sólo porque Bill lo había sujetado contra la muralla para que no le volara los dientes a nadie.
Sí, de muy mal ánimo.
Nadie acusaba a su familia de ser traidores, menos los mismísimos traidores de mierda.
Charlie miró a Bill, que por la cara que tenía estaba pensando en la misma línea que él. Se veía listo para repartir golpes, mientras abrazaba contra su costado a su esposa.
Fleur estaba despeinada y su vestido estaba rasgado, pero estaba de pie con el mentón en alto, como retando a que cualquiera de los idiotas que los rodeaban y vigilaban se atreviera a decirle algo. Su nueva cuñada le agradaba cada vez más.
No sólo era hermosa y había blandido su varita como una experta, sino que además estaba indignada con la situación en la que encontraba su nueva familia.
Los padres de la mujer francesa estaban sentados en el sofá largo, viéndose sacudidos, hablando en voz baja con los nuevos suegros de su hija.
Charlie miró como sus propios padres se veían algo sacudidos también. El vestido de su madre estaba roto en una de sus mangas y la camisa de su padre tenía una mancha de sangre. Pero se veían listos para una nueva batalla, sus expresiones serias y llenas de decisión.
Charlie giró la cabeza hacia el otro lado, su lado derecho, donde estaba Ginny sentada en uno de los sofás, acariciando al gato de Hermione. Charlie sintió que su enojo creía nuevamente cuando su vista encontró un moratón en su delicado hombro. Odiaba que hubiese tenido que participar de una lucha siendo tan joven.
Aunque pensándolo bien le molestaría incluso si tuviese 50 años. Era su hermanita. No debería encontrarse en peligro así. Nunca.
Sus hermanos gemelos parecían pensar lo mismo, porque flanqueaban a su única hermana, disparando miradas asesinas.
Abandonó su rutina de mirar a cada uno de los presentes en la sala cuando un grupo de "hombres del ministerio" entró en la habitación. Charlie rió cuando escuchó de qué hablaban. Habían encontrado el ghoul en la azotea.
Su risa murió de golpe cuando escuchó voces alzarse no muy lejos de él y miró hacia la cocina.
Junto a la mesa, estaba sentada Ignatia, viéndose pequeña dentro de su chaqueta, que aún llevaba sobre los hombros. Había un hombre frente a ella.
–No responderé nada hasta que responda primero mi pregunta –decía Ignatia con voz firme, apretando la chaqueta a su alrededor. Eva, que estaba sentada a su lado se veía tensa –Podrías ser un mortífago y yo no tendría cómo saberlo.
–¿Es eso una acusación? –respondió el hombre, alzando aún más la voz, llamando la atención de todos.
Charlie separó la espalda de la pared y dio un paso adelante. Bill lo tomó del brazo, deteniéndolo.
–Tómelo como quiera, señor, sinceramente me importa una mierda.
El hombre soltó el aire de golpe y se puso rojo como un tomate.
–¡Sígame ahora mismo, tengo instrucciones y pretendo cumplirlas y no me moveré de aquí hasta que todos hayan sido interrogados!
–¡Y yo no pienso ir a ningún lado!
El hombre dio un paso adelante y tomó a Ignatia por un brazo, levantándola sobre sus pies en un solo brusco movimiento. Eva se puso de pie de un salto y sujetó a su amiga por debajo de los brazos, como intentando sostener su peso, mientras Ignatia soltaba un quejido.
Charlie recordó entonces que los pies de Ignatia aún estaban heridos. Su madre había alcanzado a retirar el cristal de las plantas de sus pies, pero la invasión ministerial había comenzado antes de que pudiese terminar el trabajo. Había envuelto sus pies rápidamente en gasa, antes de cubrirlos con unos gruesos calcetines, buscando detener el sangrado mientras atendían a sus nuevos invitados.
No que Charlie hubiese notado eso desde su posición junto a Bill, pues apenas el vio que el cabrón ponía su sucia mano sobre Ignatia, se había desasido del agarre de su hermano y había corrido hasta ella.
Se había movido tan rápido que no había existido tiempo para pensamiento alguno. Sólo después de que llegó hasta Ignatia, se colocó frente a ella y lanzó al hombre lejos, recordó el detalle sobre sus pies heridos. Y registró haberse movido en primer lugar.
Una vez estuvo libre del agarre del hombre, Ignatia cayó nuevamente sobre su silla, soltando un ruidito de dolor. Charlie se sintió listo para cometer asesinato.
–Vuelve a tocarla, bastardo, y te daré verdaderos motivos para arrestar a alguien esta noche.
No alzó la voz, pero no hizo falta. Por la cara que puso el hombre, le había escuchado fuerte y claro. Tanto sus palabras como la amenaza en ellas.
Charlie cerró con fuerza las manos. Nunca en su vida se había sentido más enfurecido. ¿Quién mierda se creía el hijo de puta?
–Muy bien –dijo su padre, apareciendo a su lado, colocando la mano sobre uno de sus hombros, claramente intentando tranquilizarlo. Charlie notó que Bill también estaba junto a él –Vamos a calmarnos todos, ¿sí?
Charlie no estaba de acuerdo con el plan, pero no dijo nada.
Charlie sintió como Ignatia tomaba una de sus manos y desarmaba su puño para poner sus suaves dedos contra su palma. Era un agradecimiento silencioso. Charlie envolvió su delicada mano con la suya y le dio un suave apretón, sin quitar los ojos de encima del imbécil del ministerio.
–Con todo respeto, Wagner –prosiguió su padre –creo que es momento de que se retiren. Esta es mi casa e interrumpieron la boda de mi hijo, una reunión privada para familia y amigos y creo que ya hicieron todas las preguntas que necesitaban. Cualquier cosa que haya quedado pendiente, lo podemos hablar luego, en tu oficina.
La voz de su padre no dejaba espacios para negarse. Charlie sintió como su pecho se llenaba de orgullo.
–Y hablaremos, Arthur –escupió el hombre –que de eso no te quede ninguna duda.
Wagner dirigió una última mirada enfadada a Charlie y dio media vuelta, saliendo por la puerta de la cocina, el resto de los hombres siguiéndolo de cerca.
La Madriguera quedó en absoluto silencio por algo así como medio minuto, antes de que la actividad estallara en el lugar.
Remus tomó a Tonks de la mano y salió por la puerta a toda velocidad, prometiendo noticias de Harry en cuanto tuviese la oportunidad y pidiendo que le dieran el mensaje a Sirius, cuando volviera de su escape en forma de perro.
Por supuesto dijo todo eso en clave, era obvio que aún estaban siendo observados de cerca.
Apenas desaparecieron por la puerta, su padre llamó a Bill y salieron tras ellos con la intención de revisar el perímetro de la propiedad y asegurarse de que todo estuviese bien.
Charlie, en cambio, no se movió de su lugar. Se giró y se acuclilló para quedar al nivel de Ignatia.
–¿Estás bien?
–Estoy bien. Gracias por eso, por cierto. No hacía falta que…
–No te disculpes, Iggy. Y sí hacía falta. –le dijo tomando sus manos en las propias. Se sentían pequeñas y frías –El idiota no tenía derecho a tocarte.
Sólo yo puedo…
Charlie se sacudió mentalmente. ¿De dónde había venido eso?
–Bueno, gracias. –le dijo sonriendo.
Al diablo con las sacudidas mentales, Charlie no pudo evitar devolverle la sonrisa.
–Muy bien, todos a cambiarse –dijo su madre apareciendo por la puerta de la cocina y acercándose a ellos – Prepararé algo caliente para que entremos en calor. Iggy, querida, veamos esos pies, ¿sí?
Eva dio un rápido beso en la mejilla de Ignatia y diciendo que iría a solucionar su cara y cabello, salió por la puerta hacia la sala de estar, donde la esperaba Fred. El resto de la gente se apresuró a hacer caso y se fue a cambiar de ropa.
Mientras su madre trabajaba y movía su varita con una expertiz que no tenía ni siquiera el mejor de los sanadores de San Mungo y que sólo podía adquirirse habiendo criado a siete hijos, Charlie se dedicó a mirar atentamente a Ignatia.
Ni siquiera se molestó en disimular. Le importaba un pepino si alguien lo estaba viendo. Le importaba un pepino que Ignatia lo notara también.
Algo que él sabía que sí había hecho. Primero, porque era francamente imposible que no notara que alguien la miraba fijamente, no cuando ese alguien estaba tan cerca y, segundo, porque se veía algo incómoda. Había intentado liberar suavemente sus manos del agarre de Charlie, pero él no lo había permitido.
Charlie miró su cara, como su pálida piel adquiría el más adorable de los tonos rosados que él había visto en su vida. Sus ojos se desviaron hacia sus mejillas acaloradas y se fijó en las muchas pecas repartidas sobre su piel. Charlie quería tocarlas, pero se refrenó en un último momento.
Por suerte.
Los ojos de Charlie siguieron recorriendo su cara. Sus labios, que ahora formaban una línea seria. Su mentón, que estaba levemente alzado. Su nariz levemente respingona. Sus ojos verdes y brillantes.
A Charlie le costaba creer que no la hubiese reconocido apenas la vio aparecerse junto a Eva, detrás de la colina. Es cierto, no la había mirado exactamente a los ojos, pero aun así, era difícil olvidar el color que tenían. El verde más profundo que él hubiese visto. Le recordaba a los bosques de Rumania.
Habían sido cercanos cuando eran pequeños y en algún momento de su paso por Hogwarts habían dejado de serlo. Pero habían sido amigos por muchos años.
Aunque pensándolo bien, Charlie sintió que no podían culparlo por no reconocerla. La Ignatia Fenwick que estaba sentada frente a él no se parecía mucho a la que había conocido tantos años atrás.
Ignatia siempre había sido baja comparado con el resto de sus compañeras.
Qué demonios, comparada con el resto del mundo. Cuando había entrado a Hogwarts, comenzaron a molestarla diciendo que parecía un ratón.
Con su nariz respingada y su pobre estatura, Charlie había estado de acuerdo. Era como un pequeño ratoncito. Y era delgada como una escoba, lo que con el paso de los años también se había prestado para que sus menos amistosas compañeras se burlaran. Más de una vez Ignatia le había comentado que le decían "plana" y que ni siquiera lo hacían a sus espaldas, sino en su cara.
Más de ocho años después, su nariz seguía respingona, pero distaba mucho de hacerla parecer un ratón. La hacía parecer...elegante. Le gustaba su nariz, le daban ganas de besar la puntita respingona. Y, qué diablos, lo había hecho.
Su estatura no había variado mucho tampoco, cuando había bailado con ella, su cabeza apenas había alcanzado su mentón, y eso que llevaba puestos sus enormes zapatos rojos.
Pero el asunto de su estatura no había impedido en nada que Ignatia se defendiera esa noche. La mujer se había movido como una experta, disparando con rapidez y exactitud a los mortífagos que atacaban en la oscuridad. Aunque, sinceramente preferiría no verla en acción nunca más.
Los ojos de Charlie se movieron un segundo hacia su cuello, donde un horrible morado en forma de mano comenzaba a hacer aparición.
Hijos de perra.
Charlie intentó concentrarse en seguir su anterior línea de pensamientos, para evitar romper algo en la mitad de un ataque de ira.
Lo que sí había cambiado y mucho en Ignatia, era su figura. Si alguien la llamara "plana" ahora, Charlie se reiría en la cara de esa persona. La mujer tenía curvas espectaculares. En qué momento las había desarrollado, Charlie no tenía idea, pero le importaba poco.
Sus caderas eran amplias, tenía unas piernas de muerte y sus pechos, que por lo demás eran el motivo por el cual no la había mirado a los ojos al comienzo, sólo podían describirse como hermosamente generosos.
Su madre se aclaró la garganta a su lado y Charlie sintió como el calor subía a su cara cuando notó que había estado mirando atentamente la cremosa piel que dejaba ver el escote del oh-maravilloso vestido que Iggy tenía puesto.
Ignatia también se aclaró la garganta y Charlie se puso de pie tan de golpe que se mareó.
–Gracias, Señora Weasley. –dijo Ignatia poniéndose de pie y quitándose la chaqueta de Charlie de los hombros –Creo que es el momento de regresar a casa.
–Gracias por venir, Iggy –le respondió su madre, sonando repentinamente muy cansada, su expresión hizo que el pecho de Charlie doliera un poco –lamento que no haya resultado como esperábamos.
–Oh, no diga eso, Señora Weasley, lo que yo esperaba era asistir a una hermosa boda, disfrutar de la música y probar exquisitos postres y eso fue exactamente lo que hice. –Su madre sonrió feliz y Charlie tuvo ganas de besar a Ignatia ahí mismo –El resto de los eventos estaban fuera de mis planes…aunque creo que no de los suyos…
Charlie hizo una mueca similar a la que hizo su madre. El momento de las explicaciones.
–Sobre eso…
–No, no se preocupe –se apresuró a interrumpir Ignatia –algo me dice que esta noche es una muy mala noche para responder preguntas, así que no las haré. Quizá otro día. Ahora buscaré a Eva, volveré a casa, me daré una larga ducha y luego dormiré 40 horas seguidas.
Charlie tuvo una muy nítida visión de Ignatia desnuda bajo el agua caliente de una ducha. Una ducha que él no conocía, pero que imaginaba lo suficientemente amplia como para hacer espacio para dos…
Repentinamente sus pantalones se sintieron más ajustados.
Santo Dios.
–¿Estás segura que no quieres quedarte un rato más? Haré chocolate caliente –escuchó que decía su madre.
SU MADRE. Que estaba parada a medio metro de distancia, mientras él tenía pensamientos muy poco inocentes sobre la mujer que tenía en frente. ¿Dónde carajo había dejado abandonado el auto control y la vergüenza?
–Oh, con lo tentador que suena, creo que me retiraré de todas formas –dijo Ignatia, empujando hacia Charlie la chaqueta que le había prestado–. Gracias por el préstamo, Charlie.
Charlie se la recibió, pero de inmediato la recolocó sobre los hombros de la mujer, acercándose a ella un paso y obligándola a pasar los brazos por las mangas. La chaqueta le quedaba tan grande que cubría por completo su vestido y las largas mangas escondían sus manos de la vista.
Charlie fue levemente consciente de que su madre decía "iré por Eva" antes de salir de la cocina. Él estaba demasiado ocupado sacando el cabello rubio de Iggy de debajo del cuello de la chaqueta y cerrando las solapas por sobre su pecho. Afuera hacía frío.
Cuando estuvo seguro de que la chaqueta estaba segura sobre su figura, Charlie la miró a los ojos. Se arrepintió de inmediato, porque le fue imposible no perderse en las profundidades verdes.
Sólo cuando vio que los ojos de Ignatia se abrían unos milímetros en algo similar a sorpresa, Charlie notó que había acortado el espacio entre sus caras sin que ni siquiera lo notara.
Se retiró de inmediato, restableciendo la distancia entre ellos. No podía besarla. Después de todo por lo que había pasado, la lucha, incluso una maldiciónCruciatus, por Merlín…lo último que necesitaba la mujer era que algún tarado le cayera encima.
¿Cómo es que alguien besaba a una mujer sin notarlo? ¿Sucedía? Charlie apostaba una buena suma de dinero a que no.
¿Qué mierda estaba mal con él?
Algo similar a decepción apareció en la cara de Ignatia, pero desapareció lo suficientemente rápido como para que Charlie se preguntara si de verdad había estado ahí o se lo había imaginado.
La segunda opción parecía mucho más creíble que la primera, debía admitir Charlie.
Su madre volvió a la cocina, haciéndolos saltar en sorpresa. Eva, Ginny y los gemelos venían tras ella. Y absolutamente todos les dedicaron caras de "uhm, sospechoso".
Ignatia se sonrojó como loca y Charlie no pudo evitar sonreír ante su exagerada respuesta. No estaban haciendo nada malo.
Aún.
Ignatia lo miró enfadada, haciendo que su sonrisa se ampliara aún más, antes de caminar hasta alcanzar a su amiga.
–¿Todo bien, Iggy? –preguntó la chica rubia, mirando de ella a Charlie.
–Todo bien, Eva, todo bien. ¿Lista para irnos?
–Oh, sí. Muchas gracias por todo, Molly, incluso con una pequeña guerra de por medio, la velada logró ser maravillosa.
Charlie vio como Eva besó a su madre en la mejilla, para luego hacer lo mismo con los gemelos, antes de acercarse a la puerta.
Ignatia la siguió, repartiendo sonrisas y despidiéndose con la mano. No hacia él, claro. A él lo estaba ignorando, notó Charlie molesto.
–Vuelve cuando quieras, Iggy, querida –escuchó Charlie que decía su madre –Eres siempre bienvenida en esta casa. Y gracias por…por quedarte y ayudarnos. No era necesario que lo hicieras y bueno…
Era cierto, pensó Charlie. Ignatia no tendría por qué haberlo hecho. No conocía la situación en la que se habían dado las cosas, pero no había dudado un segundo en ponerse de parte de ellos y devolver el fuego, incluso cuando él le había gritado que se fuera.
–Claro que hacía falta, señora Weasley, no hay nada que agradecer. Y después de que mencionó ese chocolate caliente, me siento más que…tentada de volver.
Sus ojos encontraron los de Charlie al decir la palabra "tentada" y algo en su voz le dijo a Charlie que el brebaje dulce no era lo único que la estaba tentando.
Pues ella no era la única siendo tentada.
Un minuto después, Charlie miraba desde la ventana como las dos mujeres rubias caminaban tomadas del brazo, atravesando el patio. Ignatia llevaba sus zapatos rojos colgando en una mano, sus pies aún cubiertos por los gruesos calcetines. Caminaron hasta cruzar la cerca de madera y ante su atenta mirada, desaparecieron en la mitad de la oscuridad.
Charlie Weasley era conocido por dejarse llevar cuando algo lograba captar su atención. Con el tiempo y debido a sus acciones, a su trabajo y al amor que sentía por lo que hacía, se había ganado la fama de ser una persona imprudente y temeraria.
A él, en cambio, le gustaba pensar en sí mismo como una persona apasionada. Lo suficiente como para lanzarse de cabeza a algo sin importar consecuencias o el esfuerzo que tuviese que poner para conseguir sus metas.
Muy bien, pensó Charlie, su sonrisa reflejándose en el cristal de la ventana.
Ignatia Fenwick tenía ahora su completa y absoluta atención.
Hola, hola! Tardó un poco pero salió! Y desde la visión de Iggy y de Charlie. Espero que les haya gustado (: Estoy un poco en blanco con lo que ocurrirá después, pero ya saldrá algo. Tengo pensado que el próximo capítulo sea algo "tranquilo", sólo nuestras dos rubias...y el que viene...quizá una nueva visita a la Madriguera? Le prometieron chocolate caliente después de todo, no? ;D
Si pueden, cuéntenme qué les pareció! Todo comentario es muy bien recibido! Gracias por leer y gracias por la paciencia!
